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LA BUSQUEDA DE LA IDENTIDAD EN LAS LETRAS


ARGENTINAS- ANTONIO PAGÉS LARRAYA
Mi indagación estuvo y sigue estando puesta a prueba. Sin una selección arbitraria en el
"corpus" de la literatura argentina, he procurado que ciertas articulaciones profundas se
manifiesten en esa búsqueda de la identidad literaria como expresión de la identidad
nacional. La identidad de nuestra literatura se borra si la metáfora es reemplazada por la
linealidad, si el sistema acumulativo de las historias literarias logra interponerse y ocultar
la última y profunda desnudez de la escritura.

Uno de los rasgos de nuestra identidad literaria es: la improvisación, el apresuramiento. El


hecho de que tantas obras argentinas (como El Matadero, La Bolsa, La Gran Aldea, los
poemas de Almafuerte, etc.) resultan de escrituras exasperadas, anticlásicas, liberadas de
modelos rígidos.

Considero una locura intentar una mirada totalizante a nuestra literatura. El sustento
esencial de mi discurso es que la literatura argentina posee una individualidad irreductible,
que precisa cualificarse. Usualmente se utiliza el término identidad como sinónimo de
originalidad. La identidad no es un museo de máscaras poéticas. Surge de creaciones
vivas que expresan las condiciones histórico-sociales y personales que las engendraron.
No existe ninguna escritura fija. Los textos de rehacen, se ocultan, burlan a sus distintos
receptores, bordean a veces lo agónico. En cada lectura debemos superar fronteras ya
trazadas.

Mi discurso se inscribe en un camino hacia la identidad totalmente opuesto a


teorizaciones dogmáticas. Lo que identifica a nuestra literatura, desde la Elegía de Luis de
Miranda a EI Matadero, o desde el Facundo hasta Los siete locos, es el entrelazamiento.

EN EL PRINCIPIO FUE LA ELEGÍA.

Aquí citamos a la elegía de Luis de Miranda, que lamenta la destrucción de la primera


Buenos Aires. Es la aldea miserable, destruida y abandonada la que llora su “triste”
Suerte y no Miranda. El poeta solamente Encarna y verbaliza artísticamente el ser
destruido de la ciudad, que habla con su voz expresando el terror al aniquilamiento y
hasta con una oscura fascinación Trágica.
Estos versos fueron los primeros escritos en el río dela plata, y los primeros escritos en
todo el nuevo mundo. reúnen muchos de los rasgos que señalan nuestra identidad
literaria, Ricardo rojas fue el primero que estudió detenidamente el poema, que hasta
entonces sólo se lo reconocía con un documento indiano olvidado.

Los versos de Miranda nos remontaban a los orígenes de la Argentina, y al mismo tiempo,
alcanzaban un sentido profético anunciando la persistencia del odio, la crueldad, la
muerte inexorable, ensañándose furiosamente en guerras civiles, revoluciones,
tragedias.

Vemos en las coplas de Miranda un rasgo muy común en nuestra poesía: el carácter
innovador y artístico de la versificación en contraste con el tema trágico.

El poeta introduce la prosopopeya de Buenos Aires, con convertir en hembra traidora.


Buenos Aires es Sencillamente la “Tierra” o, ya trocada en fatalidad femenina, la “enemiga
del marido, la manceba, la señora, la traidora, La cruel.

La identificación de la tierra con la mujer es tan antigua como la literatura y el mito. mujer
y tierra se asocian por fuerza germinativa, por su proximidad al “mysterium tremendum”,
por multiforme

En fin, en Coplas de Miranda, hay dos rasgos que constantemente caracterizan a nuestra
literatura: La prosopopeya que presenta a Buenos Aires Cómo una mujer y su carácter
elegíaco Interesa destacar la perduración de la imagen femenina en la literatura de
nuestro país, que muestra a Luis de miranda como un Genuino fundador. Para José
Hernández “Tierra” y “madre” son términos equivalentes.

El carácter elegíaco tendrá fuerte continuidad en nuestra literatura. La elegía señala uno
de los momentos más intensos. En la mayoría de poesía de los años ‘40 prevalece la
elegía.

El sustrato elegíaco de los grandes libros argentinos (Martín Fierro, Don Segundo
Sombra) se manifiesta con ímpetu romántico o contención clásica, pero se revela como
una de las constantes más firmes en nuestra literatura.

La sobriedad con la que Luis De Miranda poetiza escenas de hambre y dolor, acentúan la
emoción. El poeta bloquea todos los adornos que le ofrecía la poética su tiempo. Logra
así que se visualice con más nitidez la personificación que centra la elegía.
Tenemos un empleo sutil de sus recursos de recomposición estructural, por ejemplo, el
distinto tratamiento de un mismo rema; hambre, antropofagia, que enlutaron la primera
Buenos Aires.

Luis de Miranda se ciñe en un ordo “naturalis”. En cambio, RUY DÍAZ DE GUZMÁN, trata
el mismo asunto desde una perspectiva novelesca, en el capítulo XIl de “La Argentina
Manuscrita”. En esta obra encontramos una patente elaboración novelesca, incluso con
derivaciones a lo imaginario, como la escena de la leona y la fugitiva. Hay tanto en el
poeta Luis de Miranda, como en el prosista Ruy Díaz de Guzmán, una retórica heredada y
una práctica literaria que se ciñe a la realidad del Nuevo Mundo.

La literatura, como todos los aspectos de la cultura española, se altera en función de las
experiencias alucinantes, ciertamente difícil de imaginar en su compleja vastedad, que
define la Conquista. No se trata de una mutación retórica externa, de un juego mágico de
figuras, sino de una verdadera "operación" lingüística, del surgimiento de un nuevo
lenguaje imaginario. Releyendo las coplas elegíacas surgen nuevas notas que subrayan
su carácter precursor, su tremendismo patético, su carácter político y autobiográfico, pues
con ese doble valor fueron elevadas a la Corona, por lo cual surgen parecidos con las
autobiografías de Paz y Lamadrid o los alegatos de José Hernández; las escenas en el
real donde la ferocidad extrema colinda con lo grotesco y lo erótico en la recreación de La
Misteriosa Buenos Aires de Mujica Laínez.

Beatriz Curia, en su "Múdenos tan triste suerte" nos hace ver la presencia de leves
despuntes o notas de humor negro y comprender más otro rasgo, la extrañeza, que Curia
logra rescatar de la estricta textualidad "Fue el hambre más extraña/ que se vio". Es
precisamente la extrañeza la que nos acerca y la que nos distancia de muchos libros
argentinos que se juegan la vida a la reserva, el secreto, al contra discurso.

LA ELEGÍA DE MIRANDA ES LA PRIMERA FUNDACIÓN MITOLÓGICA DE BUENOS


AIRES.

LA EXTRAÑEZA:
Una misma extrañeza es la que suscita en el Matadero, relato trágico, de un fuerte
naturalismo, que no se publicó en vida de Echeverría y Juan María Gutiérrez editó en el
año 1874. Son 33 páginas cargadas de inmediatez, de agresividad y pintoresquismo.
Como en las coplas elegíacas de Miranda, vibra en el texto el PATHOS TRÁGICO.
Echeverría presenta el Matadero de la Convalecencia después de una larga lluvia. El
tropel mazorquero somete a vejaciones inicuas a un joven unitario que muere estallado en
sangre; es brutal el espectáculo de la matanza. El lenguaje soez, el niño sacrificado,
aspectos que la literatura posterior ha ampliado y diversificado. El Matadero se acerca a la
elegía de Miranda, incluso por sus pinceladas grotescas. La crudeza salvaje, la sangrienta
crueldad, son características que encontramos también en el Martin Fierro. La veracidad
de los sucesos salvajes, la intercalación de la ironía en sus cuadros de soledad, muerte y
agonía.

La elegía de Luis de Miranda es el poema fundador de nuestra lírica. El Matadero inicia


nuestra narrativa. Ambos textos no son únicamente testimonios del pasado. La crítica, con
iluminación salvadora los rescata de su sueño. En estas obras aparece la misma Buenos
Aires recostada en el lecho de un río ancho como un mar. La sangre y el barro, la
inextinguible violencia, su impetuoso y sobrecogedor patetismo se abren a un silencio
espectral, donde ni los pájaros gorjean en una tierra inmóvil que ha castigado el orgullo de
sus conquistadores.

“Facundo”, como “Martín Fierro”, son testimonios del Nuevo Mundo y es imposible
mirarlos como una continuidad de la Lit. española. Estas obras tienen un pasado, que
lejos de extinguirse, se recrea constantemente en nuestra literatura porque nos remonta al
origen, a la tragedia de las fundaciones. Después de la elegía de Luis de Miranda, Martín
del Barco Centenera editó su libro “Argentina y conquista del Río de la Plata”. Centenera
rompía con los cánones del buen gusto, desnuda el crimen y el asalto a las mujeres, la
depredación y la lujuria de los conquistadores, el despojo a los indios, es decir, un mundo
infernal sin atenuantes. Este mismo procedimiento de aceptación lo sentimos en el
Facundo, en el Martín Fierro. Presenta con crudeza escenas de hambre, terror y soledad
y se abre también a un espacio imaginario y a la acotación moralizante. El mismo
Centenera resume los motivos de su libro: "Hambre, muerte, lacrimoso llanto suspiros,
gritos, lamentos". Se siente el libro sacudido por un tremendismo a veces macabro, a
veces sensual, autobiográfico, inconexo, personalísimo. La escritura de Centenera se tiñe
de rojo. Sangre de conquistadores y sangre de indios.

HUMOR Y FANTASÍA.
En La Argentina de Centenera también abundan episodios íntimos, aventuras amorosas.
En contraste con la veracidad naturalista cruel y repugnante, aparece el curioso
imaginismo, el deslumbramiento por la opulencia del mundo vegetal, la magnificencia de
los ríos, la maravilla del ave rara y la flor de curiosa contextura.
Su desenfrenada imaginación se abre hacia lo fantástico como cuando cuenta el caso del
gran marino Carreño que hizo un viaje de Indias a Españas en tres días porque su nave
estaba tripulada por una legión de demonios. Resulta así pues centenera, el primero que
pobló de canoas navegadas por ninfas cantoras, de mito y poesía al "río de sureña de
barro"

mira ca Plela

En nuestra literatura, tampoco faltan las expresiones de humor y la magia. Chisporrotean


en el Martín Fierro, en el Matadero, e inspiran obras de un criollismo- juguetón. Mucha de
nuestra mejor literatura nace de esos brotes de humor que Martel llamaba "chisporroteos
maliciosos de la terminología criolla".

UNA MANERA DE MORIR


Hay, en Facundo, un inesperado momento textual en donde Sarmiento se aparta de la
descripción de la naturaleza y del apunte costumbrista. En un vuelo catártico sacude su
angustia frente a guerras y matanzas inservibles, y se acerca al gaucho como
protagonista de una cultura de la violencia y la muerte. Se refiere Sarmiento a "la
inseguridad de la vida que es habitual y permanente en las campañas. Caracteriza al
argentino por su manera estoica de morir más que por sus rasgos como criatura viviente.

Sorprende en la obra de Borges la cantidad de gauchos o malevos que se juegan porque


sí, en un duelo apetecido. Al igual que otros duelos como los del Martín Fierro, o Don
Segundo Sombra, o tantos otros que se vinculan en una irradiación imaginaria. Gauchos y
malevos suburbanos pueblan nuestra literatura. Su única seguridad (que los unifica), es
que practican "la dura y ciega religión del coraje", siempre dispuestos a matar o morir.

ESPEJOS INMÓVILES
Si acudimos a los "espejos inmóviles" que según Coleridge permiten recrear de una
manera visionaria todo lo que se reflejó en ellos aparecerá, junto a nuestras sagas
hermosas y terribles, la epopeya porteña. A partir del Facundo, se ordenan los textos que
ponen de relieve en el fondo del carácter argentino una apuesta a la trascendencia. La
escritura salva todo lo rígido del mundo. No es herencia pasiva. Busca siempre llegar a la
secreta identidad argentina, la que escapa a las cronologías históricas, a la ordenación
impuesta desde afuera. Logra así traspasar los límites prohibidos. Al acercarnos a nuestra
escritura en una actitud totalmente refractaria a la homogeneización, van surgiendo
imágenes imprevistas
SENTIDO TRÁGICO Y LITERATURA MILITANTE
Es la nuestra, una literatura teñida de partidismos, de pasión. Los libros ambiguos sin
fuego ni sangre, se marchitan y desaparecen. Sarmiento opina que el escritor debe, ante
todo, ser un obrero de la palabra. "El escritor americano, debe sacrificar al autor en
beneficio del adelanto de su país, el amor propio en las aras del patriotismo; hacer brillar
la buena intensión sin curarse de la fama de buen literato". En nuestro país, hasta hoy,
sólo han quedado como "clásicos" los libros sacudidos por la pasión y el combate. Libros
que fueron protestas, gritos desgarrados de batalla.

La Literatura es una inquisición horizontal y vertical de la Argentina. Los escritores lanzan


voces en el desierto de una patria traicionada por invasores y mercaderes. Nuestra
literatura surge en identidad profunda con la nación y se expresa a través de signos en
incesante movimiento que dicen siempre -por lo menos en el momento de la percepción-
algo nuevo. La relación entre conciencia, voz y territorio expresiva y ontológica. Hay una
implacable sensación de vacío cuando esos vínculos se debilitan o se rompen. un país sin
voz es un país seco, estéril. Extremos de dolor y esperanza, de elegía y de celebración,
revelan en contraste, oposiciones desgarradoras de nuestra conciencia estética. El poeta
surge así como el testigo sufriente, como el invocador originario que, llama a las cosas del
mundo en su ausencia y en su presencia. Es también, aun en el mayor desamparo, el que
funda la morada y los nombres de nuestro ser como nación.

PRESENCIA DE LA PAMPA
La presencia de la Pampa marca a nuestra literatura y es parte activa de su identidad.
Enfrentando a la pampa, a su horizonte y sus constelaciones, se apaga toda
espectacularidad. Es de esa dimensión ausente, de esa inmensidad, de donde mana un
inagotable manantial poético. Esa Pampa real y sobrenatural, con las lanzas y los gritos
salvajes que nunca se borran del viento, es la que marca nuestra literatura. De su
espacio, de su insoldable profundidad, nace Don Segundo Sombra. La Pampa se vuelve
desde La Cautica un integrante arquetípico del alma argentina. En el apego a la pampa se
mezcla el éxtasis y la nostalgia. La Pampa marcada por la extensión, la soledad, el
peligro. El estoicismo, la sobriedad, el coraje del gaucho, su culto de amistad viril, su
fatalismo, su gracia, su reserva, están unidos al mismo espacio real. Nuestra literatura,
crea también el territorio como morada del hombre, con su suelo y cielo, su realidad
humana y su historia carnal. No es ya el territorio de la naturaleza desnuda a la que suele
exaltar con cierto vago panteísmo, sino la tierra, sencillamente la tierra: cuna, tumba,
sustancia eterna y transfigurada de nuestro ser.
2. Rastrea en Romance de Luis de Miranda la presencia/ ausencia de esos tópicos. Para ello
selecciona y copia los versos en los que crees que se da la ejemplificación.
Año de mil y quinientos la gente y el general A todos nos derribaste
que de veinte se decía, y capitanes. la soberbia por tal modo
cuando fue la gran porfía Trabajos, hambres y afanes que era nuestra cara y lodo
de Castilla, nunca nos faltó en la tierra todo uno.
sin quedar ciudad ni villa, y así nos hizo la guerra Pocos fueron o ninguno
que a todas inficionó, la cruel. que no se viese citado,
por los malos, digo yo, Frontera de San Gabriel sentenciado y emplazado
comuneros, a do se hizo el asiento, de la muerte.
que los buenos caballeros allí fue el enterramiento Más tullido el que más fuerte,
quedaron tan señalados de la armada; el más sabio más perdido,
afirmados y acendrados cosa jamás no pensada, el más valiente caído
como el oro. que cuando no nos catamos y hambriento.
Semejante al mal que lloro de dos mil aun no quedamos Almas puestas en tormento
cual fue la comunidad en doscientos. en vernos, cierto, a todos.
tuvimos otra en verdad Por los malos tratamientos De mil maneras y modos
subsecuente: muchos buenos acabaron ya penando.
en las partes del poniente, y otros los indios mataron Unos contillo llorando
en el Río de la plata. en un punto. por las calles derribados,
Conquista la más ingrata, Y lo que más que esto junto otro lamentando echados
a su señor nos causó ruina tamaña, tras los fuegos,
desleal y sin temor, fue la hambre más extraña del humo y ceniza ciegos,
enemiga del marido, que se vio. y flacos, descoloridos,
que manceba siempre ha sido La ración que allí se dio otros de desfallecidos
que no alabo. de harina y bizcocho, tartamudos.
Cual los principios al cabo fueron seis onzas u ocho, Otros del todo ya mudos
aquesto ha tenido cierto, mal pesadas. que huelgo echar no podían;
que seis maridos ha muerto Las viandas más usadas así los tristes morían
la señora. eran cardos que buscaban rabiando.
Y comenzó la traidora y aun estos no los hallaban Los que quedaban, gritando,
tan a ciegas y siniestro, todas veces. decían: Nuestro General
que luego mata al maestro El estiércol y las heces ha causado aqueste mal,
que tenía, que algunos no digerían, que no ha sabido
Juan Osorio se decía muchos tristes los comían, gobernarse, y ha venido
el valiente capitán que era espanto. aquesta necesidad.
Juan de Ayolas y Luján Allegó la cosa a tanto Causa fue su enfermedad,
y Medrano. que como en Jerusalén, que, si tuviera
Salazar por cuya mano la carne del hombre también más fuerzas y más pudiera
tanto mal nos sucedió; la comieron. no nos viéramos a punto
Dios haya quien lo mandó Las cosas que alli se vieron, de vernos así tan juntos
tan sin tiento no se han visto en escritura. a la muerte.
tan sin ley ni fundamento, ¡Comer la propia asadura ¡Múdenos tan triste suerte,
con tan sobrado temor, de su hermano! ¡Oh, juicio dando Dios un buen marido,
con tanta envidia y rencor soberano sabio, fuerte y atrevido
y cobardía. que notó nuestra avaricia a la viuda!
En punto desde aquel día, y vio la recta justicia
todo fue de mal en mal, que allí obraste!
LA ESTRAÑEZA: Si bien seleccioné solo estos fragmentos, todo el poema deja entrever la
situación tan cruda y salvaje que debieron soportar, mientras iban hacia una muerte
segura.
HUMOR Y FANTASÍA: No quiero restar importancia a esta característica por seleccionar
solo unos versos, sino que por la temática trágica y de sufrimiento que trabaja el poema,
solo denota en esos versos un poco de humor irónico, si se quiere, al dar como cierre una
súplica por la viuda, para que consiga marido fuerte, atrevido y sabio.
UNA MANERA DE MORIR: En estos versos podemos observar la inseguridad de la vida que
es habitual y permanente en las campañas. manera estoica de morir. También vemos
reflejada la manera estoica de morir.
ESPEJOS INMÓVILES: ya que este tópico alude a llegar a la secreta identidad argentina y al
surgir de imágenes imprevistas, estos versos recrean imágenes que quizás uno no se las
hace posible, y que sabe que realmente eso ha sucedido en situaciones extremas, esto
también es parte de la identidad argentina.
SENTIDO TRÁGICO Y LITERATURA MILITANTE: en estos versos podemos observar en
primer lugar, la falta de equidad y justicia al momento de repartir lo poco que tenían para
comer y en segundo lugar vemos que se pone en evidencia el abuso del poder político,
que arrastra y arrasa con todo a su paso, sin importar las vidas de los subordinados.
3. Elabora un gráfico que exprese estas problemáticas que se plantean en torno al texto.

4. Anota en el costado del poema aquellas consideraciones temáticas y características que


resalta Curia en su libro. Ejemplo:

Año de mil y quinientos


Que de veinte se decía,
Cuando fue la gran porfía
En Castilla,
Sin quedar ciudad ni villa,
que a todas inficionó
por los malos, digo yo,
comuneros