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El pastor al "frente" de su comunidad

La ejemplaridad de Pablo

Somos pastores. Y el ejercicio del pastoreo incluye con


frecuencia el ejercicio sufriente de la presidencia de la comunidad.
Nuestra identidad recae sobre tres pies de apoyo que como
sostén incluyente se exigen mutuamente: "llamados, consagrados y
enviados". El envío supone aceptar que nuestra misión tiene un punto
de partida: "Dios que envía". Y por tanto también un punto de
llegada: "la comunidad confiada". Y digo "confiada" para evitar ya una
falsedad: el ministerio lo ejercemos como enviados a una comunidad.
No escogemos un grupo de amigos, se nos confía una porción del
pueblo de Dios, con su ambivalencia, con sus contradicciones. "Los
amigos se escogen; los hermanos nos vienen dados". Nuestra tarea
misionera es convertir el mundo en familia, cada hombre en
hermano. Ello supone la disparidad, la divergencia. Todos somos
conscientes, por experiencia, que nos vienen más problemas de la
familia que de los amigos. Y a estos últimos los podemos
simplemente obviar, pero es más difícil obviar al familiar díscolo o
reincidente.

1. Una relación rica y difícil.

Nuestra relación con la comunidad confiada -la parábola de las


99 restantes- la vamos a analizar releyendo algunas páginas de un
"maestro de comunidades", él supo fundarlas (engendrarlas en la fe),
él fue atento observador de su crecimiento en el Espíritu, él fue
paciente objetivo de sus amores y desamores. Me refiero a Pablo1.
Lo mismo que la persona humana es un misterio, así, y aún
más, lo es la comunidad. Y cuando hablo de comunidad me quiero
referir a una comunidad primordial, yo diría eminentemente paulina,
a la comunidad parroquial: el grupo de personas que pertenecen a la
porción de la diócesis que el Obispo me ha confiado, como presbítero.
En nuestro caso, casi todos bautizados, aunque vivan en una
consciente amnesia de fe. Pues bien, lo mismo que la persona
humana es un misterio, así, y aún más, lo es la comunidad. De hecho,
es una imagen del misterio trinitario -por eso es misteriosa, deseada,
enriquecedora-, pero una imagen marcada por los límites humanos y
el pecado.
Cuando hablamos entre nosotros de comunidad, casi siempre
1
Cf. MARTINI CARD., Para ti tocaré el arpa de diez cuerdas, Verbo Divino, Estella
1995.

1 El pastor al frente de la comunidad


abundan más los aspectos negativos que las alabanzas, al
considerarla simplemente como un grupo humano con defectos que
no se deberían tener. Sin embargo, si supiéramos mirar a la
comunidad desde una mirada evangélica, con ojos de pastor,
nuestras quejas se convertirían muchas veces en lamento desgarrado
como el de Jesús: "están como ovejas sin pastor" o "no saben lo que
hacen". La mirada de fe nos permite no absolutizar los aspectos
negativos, ni exaltar lo positivo sin un justo discernimiento de los
defectos.
Al hablar de comunidad, hay que tener en cuenta que vivimos
un entorno social y respiramos un ambiente de influencia que no
favorece mucho la idea comunitaria que está en la base de nuestro
ministerio: "la insistencia en la cultura de la autonomía personal y de
la actuación según la propia conciencia y subjetividad, hacen difícil la
obediencia, la aceptación de las tradiciones, los límites objetivos
puestos por la ley, los sacrificios y la mortificación de la propia
voluntad en función del bien común más amplio. La idea misma de
solidaridad está degradada por el predominio de la lógica
individualista. Junto a ello, el sentimiento moderno de que todo es
provisional, la incapacidad de compromisos duraderos... Por otra
parte, el hombre moderno, nunca más que hoy lobo estepario, busca
afanosamente un entorno comunitario en el que reconocerse como
individuo. Esta ambivalencia ya nos demuestra que no es fácil la
relación con la comunidad.
Confrontemos la experiencia de Pablo. Pablo vivió con sus
comunidades tres situaciones típicas: desconfianza, alegría y
frustración.

a) Desconfianzas: tanto al inicio de su vocación como después


de apóstol experimentó dolorosas desconfianzas de la comunidad
cristiana en general y de algunos de sus miembros en particular:
- Su primer choque lo experimenta con la comunidad de
Damasco (Act 9,21). Era un grupo pequeño de relaciones intensas.
Pablo comienza predicar. Y la comunidad de Damasco desconfía de
él: ¿No es éste el que perseguía a los cristianos? ¿Habrá venido a
llevarnos encadenados? El asombro ante el converso se convierte
rápidamente en resquemor ¿será verdad que se ha convertido?
Incluso se extrañan de que el Espíritu se haya derramado también
sobre los paganos" (Hch 10,45).
Pablo que pensaba que sería acogido con los brazos abiertos -
¡he aquí el perseguidor finalmente convertido!- , se da cuenta de que
la comunidad no deja sus costumbres y esquemas propios. No se fían

2 El pastor al frente de la comunidad


de él. En el fondo es la misma expresión de los paisanos de Jesús ¿no
es éste el hijo del carpintero" (Lc 4,22).
- La segunda comunidad con que se encuentra es con la de
Jerusalén (Hch 9,26): "Cuando llegó a Jerusalén, intentaban unirse a
los discípulos, pero todos le tenían miedo, pues no acababan de
creerse que fuera discípulo de verdad".
Nos puede extrañar que las primeras comunidades, llenas de
fervor, de Espíritu Santo, de alegría, tuvieran tantos sentimientos
humanos, entre ellos dos tan humillantes como el miedo y la
desconfianza.
Estos sentimientos llevan a Pablo a la marginación: traman un
complot contra él y los hermanos, "lo bajaron a Cesarea y de allí lo
enviaron a Tarso". Se lo quitan de encima sin defenderlo. Este
alejamiento se repite de vez en cuando en el ministerio paulino, hasta
hacer exclamar al apóstol con cierto desencanto "He servido al Señor
con toda humildad y con lágrimas, en medio de las pruebas que me
han ocasionado las asechanzas de los judíos" (Hch 20,19), sus
correligionarios, los de su raza que creían en el único Señor y
observaban la ley.
Estos datos nos indican ya que el Señor ha querido la
comunidad, la ha puesto en funcionamiento como instrumento de
santificación, pero no como lugar perfecto, sino como camino y
verdadera purificación.

b) Alegrías: además de desconfianzas, las comunidades, sobre


todo a partir de cierto momento, procuran al apóstol Pablo inmensas
alegrías y satisfacciones.
- Así, en Hch 13,2 Pablo oye nombrar su nombre entre los
elegidos por el Espíritu Santo y los profetas, los doctores de
Antioquía: "Un día mientras celebraban la liturgia del Señor y
ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «separadme a Bernabé y a Saulo
para la misión que les he enconmendado»".
Oye pronunciar su nombre en la comunidad, o lo que es lo
mismo, es considerado digno de confianza. Es una alegría para el
perseguido Pablo.
- En Hch 14,21-22: se nos muestra ya a un Pablo en el "lo vivo
del ministerio": "volvieron (junto a Bernabé) a Listra, Iconio y
Antioquía, confortando a su paso los ánimos de los discípulos y
exhortándolos a permanecer firmes en la fe".
Pablo conforta y exhorta porque su relación con los cristianos
de estas comunidades ya se ha establecido, se ha creado confianza
mutua, se puede hablar con el corazón en la mano. Son esos

3 El pastor al frente de la comunidad


momentos bellos de la comunidad en los que nos sentimos acogidos,
comprendidos, respetados: donde la corrección fraterna nos permite
incluso las palabras duras porque cada uno las entiende en su justo
sentido.
- Incluso la misma comunidad que no le escuchó y desconfió de
él al inicio, la emblemática comunidad de Jerusalén, al final reconoce
al marginado y alejado Pablo: "toda la multitud guardó silencio, y
escuchaba a Bernabé y Pablo contar las señales y prodigios que Dios
había hecho entre los paganos por medio de ellos" (Hch 15, 12). La
comunidad y el apóstol se dan aquí un abrazo estrecho.
Estos momentos de gratificación humana, personal, forman
parte del camino del Espíritu, son queridos por Dios, que nos
construye tanto con las desconfianzas y las pruebas, como con las
alegrías y las satisfacciones. Momentos que Pablo experimentó
muchas veces.

c) Rupturas y abandonos: Lo cual no quita para que haya


también alguna ruptura grave en sus comunidades.
- "Pablo y Bernabé mantuvieron una fuerte discusión contra..."
(Hch 15,2) algunos que habían llegado a Antioquía para enseñar la
doctrina de la circuncisión". La comunidad se divide hasta el punto de
que se hace necesario un concilio en Jerusalén.
- Pero la ruptura más grave, personal y casi imprevista acontece
precisamente entre el apóstol Pablo y Bernabé, que había sido uno de
los grandes guías, de los puntos de referencia de Pablo. Bernabé lo
alentó, lo presentó en público y le acompañó en el primer viaje, lleno
de dificultades. Y resulta que cuando Pablo quiere emprender un
segundo viaje se produce la disputa que al final lleva a la separación,
y por un motivo realmente nimio: "Bernabé quería llevar consigo a
Juan Marcos. Pablo, en cambio, opinaba que no debían llevar consigo
al que se había separado de ellos en Panfilia, y no les había
acompañado en la tarea apostólica. Este asunto produjo entre ellos
una discusión tan acalorada que terminaron separándose" (Hch
15,37-39). (Traslademos la experiencia a nuestro consejo parroquial,
a nuestro grupo de catequistas...). Y los dos amigos dejan de
entenderse por una discusión aparentemente banal.
Hemos hecho un recorrido sólo por los Hechos de los Apóstoles,
podríamos leer las Cartas paulinas descubriendo alegrías,
constatando rupturas y desconfianzas: la vida del apóstol con su
comunidad no es un "camino de rosas". Cojamos como muestra la
emblemática comunidad de Corinto: "Los de Cloe me han informado
de que hay discordias entre vosotros. Me refiero a eso que unos y

4 El pastor al frente de la comunidad


otros andáis diciendo «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de
Pedro, yo de Cristo». Pero ¿es que está dividido Cristo? ¿Ha sido
crucificado Pablo por vosotros o habéis sido bautizados en su
nombre? (1Cor 1,11-13). Cambiemos el nombre de Corinto por mi
propia parroquia, comunidad, descubramos al informador Cloe, al
nuevo Apolo, a Pedro, a Pablo...
Pablo también abre su corazón a Timoteo; en la 2ª carta,
encontramos frases de gran desaliento: "Ya sabes que todos los de
Asia me han abandonado..." (1,15); es decir las personas por las que
se ha desgastado día y noche, dedicando su vida. "En mi primera
defensa nadie me asistió, todos me abandonaron..., ¡que Dios los
perdone!” (4,16-17).

2. Claves para una relación.

La historia de Pablo con sus comunidades es rica y podemos


descubrir una serie de características de su relación con ellas, que
puede ser ejemplar para nosotros. Pablo se relaciona con sus
comunidades:

a) Desde una profunda libertad interior. Pablo manifiesta


que tiene necesidad de muchas cosas; por consiguiente, también del
afecto de los filipenses, de sus dones, de su gratitud, de gratificación;
pero concluye que, con la gracia de Dios, puede prescindir de todo
ello: "Mi alegría como creyente ha sido grande al ver renacer vuestro
interés por mí. De hecho lo teníais ya, pero no habíais tenido ocasión
de manifestarlo. Y no os digo esto porque esté necesitado, pues he
aprendido a arreglármelas en cualquier situación. Sé pasar
estrecheces y vivir en abundancia. A todas y cada una de estas cosas
estoy acostumbrado: a la hartura y al hambre, a que sobre y a que
me falte. De todo me siento capaz, pues Cristo me da la fuerza" (Flp
4,10-13).
Extraordinaria su libertad: aunque todos necesitamos de la
comunidad, el Señor basta. Es decir, la Iglesia, es estar ante todo en
el Señor, mi comunidad es estar ante todo con El. Cuando la
comunidad me da lo que necesito, doy gracias, y doy gracias también
cuando me veo privado de ello, porque el Señor me basta. Esa es la
verdadera libertad del corazón, a la que Dios conduce a través de las
alegrías y las pruebas comunitarias. Es el sentimiento profundo de
nuestro celibato.

b) La relación de Pablo con sus comunidades era una

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relación muy seria, o sea, muy afectuosa, muy apasionada,
muy comprometida. Pablo no es un funcionario, sino que tiene en
su corazón a cada una de sus comunidades, y a rostros concretos
dentro de ellas.
En 2Cor 6,11-13, el apóstol está inmerso en una discusión con
una comunidad que lo ha insultado, rechazado, calumniado; que ha
puesto en duda su autoridad y su legitimidad de apóstol, hiriéndolo
así en lo más íntimo; que no lo ha entendido precisamente en lo que
más le enorgullecía (el ser siervo de Jesucristo, a quien predica); pero
escribe: "Nos hemos desahogado con vosotros, corintios; y se nos ha
ensanchado el corazón. No os amamos con un corazón estrecho; el
vuestro, en cambio, sí parece estrecho. Pagadnos con la misma
moneda -os lo pido como a hijos- y ensanchad también vosotros el
corazón".

c) Una relación fundada sobre una fe agradecida. Pese a


los enormes defectos de la comunidad, suele comenzar las cartas
dando gracias a Dios por aquellos a quienes escribe.
Sorprendentemente la misma 1Cor en la que se denuncia toda
clase de errores, divisiones, soberbia, orgullo, desordenes sexuales y
en el culto, comienza con estas palabras maravillosas: "Doy gracias a
Dios continuamente por vosotros pues os ha concedido su gracia
mediante Cristo Jesús, en quien habéis sido enriquecidos
sobremanera con toda palabra y con todo conocimiento" (1Cor 1,4-5).
Pablo ve la llamada a la fe como un gesto tan extraordinario del amor
de Dios que ilumina con una grandeza inaudita a los bautizados. Y a
esa luz ve los defectos, con gran misericordia.
Si existe la actitud de fe, los defectos se pueden ver "después".
En cambio, si falta la mirada de fe, toda realidad, todo evento, todo
don -y la comunidad, lo repito, es un don- se analizan simplemente
con criterios humanos, y es un gran error.

d) Desde la paciencia y el perdón. Toda comunidad es ante


todo una "comunidad de perdón y de fiesta". Pablo vive
profundamente este aspecto. Y expresará a los corintios: "En realidad,
quien tiene vuestro perdón, tiene también el mío (notad que el
ofendido era él), pues lo que yo he perdonado -si es que he
perdonado algo- ha sido por vosotros en presencia de Cristo" (2Cor
2,10).
Pablo sabe que en el perdón nos jugamos la propia salvación, se
juega el seguimiento de Cristo Jesús.
En el diálogo con nuestras comunidades, uno de los pasajes que

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solemos leer como emblemático de la vida comunitaria lo extraemos
de los Hechos de los Apóstoles, 4, 23: "El grupo de los creyentes
pensaban y sentían igual, y nadie consideraba como propio nada de
lo que poseía". Pero a veces nos falta pasar la página. Es necesario
también llegar al capítulo siguiente para constatar que a esta
comunidad pertenecían un tal Ananías y su esposa Safira, que
cayeron fulminados en su mentira.
Nuestra comunidad no es perfecta. Y nosotros somos pastores
de un rebaño que no conocemos por el nombre, que con frecuencia
se sale del aprisco y que a veces busca otros pastos. Y esto nos hace
sufrir, porque flaquean las fuerzas, para salir por la oveja perdida y
para cargar con las 99 restantes.

3. Una mística para el día a día del ministerio: pedagogía


mistagógica.

Cuando miramos a nuestro alrededor, podemos decir que hoy


estamos rodeados de "la ausencia de Dios". Esta aparente
contradicción no es tal. Estamos rodeados de ausencia... pero quizás
sea este el primer eslabón para repetir la experiencia del Génesis:
"Dios está aquí y yo no lo sabía". Hay que descubrir rumores de
trascendencia en la sociedad secularizada.
Cuando el hombre se mira en su interior y se hace las
preguntas fundamentales, intuye y araña el misterio. El hombre sigue
siendo un ser "con un misterio en su corazón": el hombre supera
infinitamente al hombre y necesita del otro... y la relación es un
peldaño de la trascendencia.
Pero al interior de nuestras comunidades, en nuestra propia
persona de creyente y presbítero, es necesario promover hoy la
unidad en la diversidad, provocar síntesis creativas. Dada la
tendencia del hombre a la dispersión y por la compleja variedad de
aspectos que contienen tanto el Misterio como el hombre que lo ha de
asimilar, en muchas personas, la dispersión es tal, que les resulta
prácticamente inasequible una verdadera experiencia espiritual ya
que ésta es por su propia naturaleza global2. Un signo de cierta
inmadurez prolongada más allá del tiempo juvenil apropiado es la

2
"Una forma frecuente de inmadurez espiritual es la facilidad para
entusiasmarse por un valor de fe o aspecto del misterio. Con menosprecio u olvido
total de los demás. La historia vive de acciones y reacciones extremas y
unilaterales. Con este sistema, la historia globalmente se equilibra, pero no los
individuos que viven cada uno enjaulado en su propio exclusivismo" (DE LUBAC H.,
El sacerdocio según la Escritura y la Tradición, en Seminarios, 18 (1972) 557-558).

7 El pastor al frente de la comunidad


incapacidad para la síntesis armónica3: integrar sinfónicamente, en un
retrato global, piezas que nos pueden ir viendo sueltas.
La vida es síntesis, abierta a la incorporación de realidades y
verdades, a experiencias o matices de experiencias, siempre nuevos,
más complejos, más variados. El cristiano debe saber respetar el
Misterio, y mantener simultáneamente valores del evangelio, de la
tradición, del presente de la iglesia, aun cuando no haya conseguido
todavía explicar satisfactoriamente su compatibilidad. Para aprender
ese arte, necesita de un método apropiado.
La "mistagogía" como pedagogía o iniciación al misterio, se
ocupa y preocupa de la transmisión y de la asimilación del Misterio.
Ayuda a saberlo proponer y a saberlo acoger en la propia experiencia.
En esta perspectiva, el Misterio mismo, por ser vivo y dinámico, es el
que establece el modo de acercamiento y comunión a varios niveles.
La actitud del sujeto es acoger y actuar en correspondencia, con
respecto a la trascendencia del Misterio y al modo gradual de su
experiencia4.
La mistagogía ha venido a poner de relieve dos carencias en
la experiencia espiritual: la primera, es que llevamos dentro una
grandísima cantidad de verdades no integradas en la persona y en la
vida. No se trata de verdades ornamentales de cultura religiosa. Son
verdades esenciales, de ser o no ser cristianos, de ser o no ser
presbíteros (p. e. la Trinidad)5. La segunda, es la escasez de
verdaderos maestros y «mistagogos». Hay muchos escritores,
profesores, catequistas, directores. En cambio, escasean y casi faltan
por completo los hombres que envuelven las verdades de la fe en la
verificación de la propia vida, y la verdad de la propia vida en los
contenidos precisos de la fe; y son además capaces de comunicar
experiencia, y sobre todo de ayudar a que otros hagan la experiencia

3
El concepto de "integración" nos puede aportar luz. Integración significa
esencialmente unidad funcional; significa armonía en el interior de la personalidad
del individuo: armonía entre deseos, tendencias, pensamientos, ambiciones,
propósitos, entre mentalidad y comportamiento. La integración se refleja en la
unidad de intencionalidad, así como también en la unidad de acción; se manifiesta
en la capacidad de tomar decisiones sin una excesiva perplejidad frente a las
dificultades que es preciso afrontar. Avanzar en esta integración -madurez
psicológica de la persona- es un soporte básico en el que se realiza también, en
interferencia creativa, la experiencia cristiana globalizante.
4
RUIZ SALVADOR F., Caminos del Espíritu, o.c., 43 y ss. Tomo también otras
ideas expresadas en sus clases.
5
Quizás estamos hoy más informados que nunca sobre Dios. Esto origina que "el
dato de la fe" se quede en la antesala de la misma experiencia personal; sin
apropiación de vida, "hablamos de Dios de oídas", pero no podemos exclamar "Te
han visto mis ojos": no ha habido experiencia integrada del Misterio, "no se ha dado
el paso de una situación de fe heredada, poseída, «inercial» a una fe personal": Cf.
MARTIN VELASCO J., Experiencia cristiana de Dios, en Trotta, Madrid 1995, 45.

8 El pastor al frente de la comunidad


propia acompañados. Quizás sean estos los nuevos profetas, desde el
silencio, que reclama nuestro pueblo.
Esta pedagogía espiritual, la mistagogía, es lenta, gradual.
Como la pedagogía de Dios en la historia de la salvación. La
transformación personal del sujeto necesita el ejercicio de la libertad,
y éste tiene lugar en el tiempo. No hay asimilación honda sin
proceso6. La mistagogía lleva a la espiritualización progresiva del
sujeto, y con él de la historia. Es el objetivo de la espiritualidad. Y
tiene lugar en todos los niveles: conocimiento, afectividad, acción,
lenguaje7. La mística de nuestro ministerio, hoy, es volver la mirada
a Dios. Pero no es suficiente una mirada cualquiera. Estamos muy
condicionados por el entorno:
- No aparece Dios a la mirada del hombre distraído, a la
persona perdida en la diversión, disipada en el olvido sistemático de
sí misma. Dios sale al encuentro de quien camina hacia él. Para que
las dos miradas se encuentren, hoy más que nunca, es necesario
pasar de la dispersión a la concentración, de la superficialidad a la
profundidad, de la multiplicidad a la unificación interior.
- Dios no aparece a una mirada anónima como la que
caracteriza al hombre masificado. Dios se revela al hombre
entregándole un nombre y creando una relación personal que exige
relación de responsabilidad, en el amor y el diálogo, lugares para la
revelación de la verdad.
- Dios no aparece a la mirada dominadora, como la del hombre
manipulador que se pasea por el mundo haciendo y deshaciendo,
explicando y dominando... la mirada de Dios es mirada gratuita, que
exige desasimiento y entrega.
Es la mirada de la vida vivida, mística de la experiencia8.
Aquella que nos hace exclamar con Job: "Hasta ahora hablaba de ti de

6
Eliminar éste equivale a dejar las realidades divinas colgadas de la información
intelectual o de una decisión voluntarista, vías de comunicación muy superficiales
para los graves contenidos del misterio.
7
Una formación integral no puede descuidar ninguno de ellos sin el riesgo de la
deformación. Y al hablar hoy de Formación Permanente, habría que hablar de
experiencia permanentemente formada, personal y comunitaria.
8
G. Lonhfink y R. Pesch, los primeros críticos que saltaron a la palestra para
puntualizar la obra de Drewermann, reconocen en ella una constatación acertada:
"En la Iglesia actual y en la teología nos encontramos hoy con un déficit de
experiencia de fe. La teología pierde su razón de ser, si su reflexión no arranca de
una auténtica experiencia de fe. Y no sólo de unas experiencias de fe que han
tenido otros en el pasado, sino de las propias experiencias del presente... Así pues,
las críticas de Drewermann en este campo hay que tomárselas en serio": BOADA J.,
Método histórico-crítico, psicología profunda y revelación. Una aproximación a E.
Drewermannn, en Actualidad bibliográfica 53-54 (1990), 19. Citado por ORTIZ DE
URTARAN F., Una palabra en tono menor sobre el sufrimiento, en Surge 53 (1995),
201.

9 El pastor al frente de la comunidad


oídas. Ahora te han visto mis ojos" (Jb 42,5).
Junio 2008. Año Paulino.
Alfonso Crespo Hidalgo.

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