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Cultura digital

 “La cultura abarca toda la realidad y las relaciones que el hombre establece con
ella y surge como respuesta del hombre mismo a sus necesidades y aspiraciones
desde las más elementales hasta las más sofisticadas” (P. Carlos Bravo). La cultura
es por su naturaleza un fenómeno social y su actualización es posible a través del
individuo y de las relaciones intersubjetivas. Es un fenómeno complejo, cuyas
manifestaciones en el orden material, espiritual o simbólico están sometidas a un
proceso, o sea, se forma y modifica con base en la dinámica histórica y vital de los
pueblos.
 
Aunque se suele hacer la distinción entre cultura y civilización, configurada esta
última por la técnica al servicio de necesidades externas y utilitarias, sabemos que
cuando la civilización contribuye a un auténtico desarrollo del ser humano, pasa a
ser factor cultural. La cultura es un proceso dinámico de construcción permanente a
través de la historia, en el cual los entornos materiales técnicos han tenido su
repercusión en las simbologías, creencias y valores de los pueblos. Y en este
cambio de época del siglo XXI, lo más característico de la ciencia y la tecnología es
que se han fusionado como un sistema ciencia-tecnología. Por ello algunos
analistas hablan de la tecnociencia y de cómo la educación es para una ciencia y
una tecnología responsable.
 
La revolución de la tecnología digital y la información modifican la relación con el
conocimiento, con el espacio y el tiempo. La compleja interacción socio – técnico
cultural que integra la idea de cultura digital exige investigar adecuadamente sus
consecuencias. De tanto o mayor alcance y trascendencia que la revolución cultural
operada por la escritura. Se considera la cultura digital como un híbrido inseparable
de entornos materiales electrónicos y entornos simbólicos digitales. Así se diluye la
frontera ente civilización y cultura, en la medida que la educación de las tecnologías
digitales se oriente hacia la emancipación del ser humano.
Sabemos que las culturas evolucionan de acuerdo con la capacidad crítica de las
diversas generaciones que ejercen una actividad selectiva, generalmente polémica,
respecto a lo transmitido; rechazan ciertos valores tenidos en gran estima por las
generaciones precedentes y desechan diversos puntos de vista, criterios y formas
de convivencia que quedan sometidos a la prueba de la experiencia histórica, que
hará posible valorar su autenticidad
 
Por tanto, es todavía prematuro hacer un juicio sobre lo que significa esta prueba de
la experiencia histórica, aunque algunos estudios empíricos realizados en diversas
latitudes permitan aproximaciones sobre los cambios que ya se experimentan,
incluida la concepción de identidad, por su complejidad y evolución dinámica. Ni la
cultura objetiva como suma de realizaciones del ser humano, ni la cultura subjetiva
como formación y capacitación de individuos y grupos pueden separarse entre sí, ni
del proceso histórico en que surge, evoluciona y se transmite y que constituye la
tradición. De otra parte, la identidad se concibe hoy como raíz en movimiento, en
permanente cambio. El eje transversal de la cultura digital es la comunicación, más
allá del intercambio de la información y del paso de lo analógico a lo binario de 0 y 1
de lo digital.
 
Es la capacidad humana del encuentro, la relación expresiva, la búsqueda del
sentido del ser solamente en comunicación con el otro. Nos dice Manuel Martín
Serrano que todos los comportamientos comunicativos son actuaciones expresivas,
es decir indicativas y que la experiencia comunicativa se convierte en el objeto de la
interacción comunicativa, de modo que no se concibe la posibilidad de intercambiar
con otras personas sin que intervenga la comunicación
 
Aunque en la comunicación se maneje información, no todas las informaciones se
obtienen por vía comunicativa. Según este autor, cuando cualquier relación se
considera pertinente para construir modelos de la comunicación, se hace todología
de la comunicación. Mientras que la información materializa la realidad, la
especializa, la comunicación la desmaterializa, transformándola en un proceso
eminentemente intersubjetivo, regido por otras modalidades de tiempo.
 
Así, comunicación y cultura son dos dimensiones indisolublemente unidas, ya que la
cultura se constituye a base de comunicaciones repetidas; es preciso buscar la
cultura en la comunicación y no a la inversa, por cuanto es la capacidad simbólica,
expresiva la que configura el ser cultural. El debilitamiento de las identidades puede
verse también como la posibilidad de transitar al establecimiento del diálogo
intercultural, interreligioso, interdisciplinar, Inter ideológico, intergenérico, etc.
(RIIAL, 2019 )