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conducta humana. Es cierto que el acto de intención puede realizarse por


separado del acto de elección, como sucede cuando se toma una firme decisión
de alcanzar un objetivo futuro sin pensar siquiera en los medios que se elegirán
(por ejemplo, una persona que está en el penúltimo año de escuela secundaria
decide ser periodista, pero no piensa aún la forma de lograrlo: puede
inscribirse en una facultad universitaria de ciencias de la comunicación, o
comenzar con un aprendizaje en un periódico y luego, si es necesario, realizar
un master, etc). Sin embargo, en muchas ocasiones, la intención y la elección
de los medios son dos momentos de un mismo movimiento de la voluntad, que
podría describirse empezando por cada uno de los extremos: el objetivo es
alcanzar una meta usando ciertos medios, y entonces hablamos de intención, o
bien se eligen determinadas acciones para alcanzar esa meta, y entonces
hablamos de elección73.

En términos absolutos, la intención del fin (de lo que realmente interesa)


es más significativa y refleja mejor la disposición de ánimo de la persona que
la elección de los medios. La perspectiva de la moral, sin embargo, está
determinada por el principio «bonum et malum sunt in rebus, verum et falsum
sunt in mente»74, es decir, la moral considera los diferentes momentos de la
conducta como un proceso de realización de metas que tienen valor positivo o
negativo y, desde esta perspectiva, la intención se presenta como el proyecto
interior de un bien que se realizará o negará mediante las acciones que se
elijan.
El gerente de una sociedad industrial, por ejemplo, puede plantearse un problema
económico complicado, con intención de resolverlo según justicia, respetando los
derechos de los trabajadores, de los accionistas, de los acreedores, etc. Después
establece un programa de acción que, de hecho, no respeta los derechos de todos, e
incluso uno de los grupos en cuestión sufre una grave injusticia; en este caso, intención
original correcta ha sido negada por las acciones elegidas. La intención de vivir la
justicia se rechaza en el momento mismo en que, para realizarla, se eligen acciones
injustas: la justicia no puede obtenerse a través de la injusticia. La distinción entre el fin
justo y los medios injustos, que analíticamente es posible, no debe enfatizarse
demasiado, porque en realidad quien proyecta la realización de un objetivo justo
usando medios injustos nunca ha tenido una intención real de justicia 75. El ejemplo

e lib. II, d. 40, donde Santo Tomás desarrolla un profundo estudio sobre la relación entre
intención y elección.
73
Cfr. S.Th., I-II, q. 12, a. 4.
74
De veritate, q. 1, a. 2.
75
«Finis autem dicitur ad quem actus proportionatus est; et ita etiam si finis est bonus, et
actus bonus; quia actus malus non est proportionatus ad finem bonum. Unde dicit
Philosophus in 6 Ethic., de his qui per malos actus bonos fines consequi intendunt, quod
quaerunt sortiri finem inconvenienti medio; sicut enim non quaelibet materia est disposita ad
quamlibet formam, nec quodlibet instrumentum ad quemlibet effectum, nec quodlibet