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LOS ESTUDIOS DEL FUTURO:

problemas y métodos

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JOSEPH HODARA

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Los Estudios del Futuro.
e) Derechos del autor de Joseph Hadara. Editado en México
el 20 de febrero de
1984 por el Instituto de Banca y
Finan­
zas,
A.C. en Carmen
No.
1,
Chimalistac
San Angel. 01070,
México.
D.F
Prohibida su reproducción parcial o total
excepto con la autorización expresa por escrito del autor.
Contenido Presentación ';'¡j Introducción, 8 2, Evolución de la Prospectiva: marco e irradiaciones, 11
Contenido Presentación ';'¡j Introducción, 8 2, Evolución de la Prospectiva: marco e irradiaciones, 11
Contenido
Presentación
';'¡j
Introducción,
8
2, Evolución de la Prospectiva: marco e
irradiaciones,
11
,~2, 1 El Axioma de Thomas
12
·~2,2, Determinantes de la Reflexión

Prospect;va, ~23 Dialéctica de la 'Predicción,

2.4 Progresos Recientes,

2,5 Prospectiva y Subdesarrollo 2,6 Efectos de la Imprevisión,

2 7 Modelos de Sobreviviencla "-'T Mirtcos'C6h-cepWales-e-tnsTirucinmrte,,- -

-

3.1 Las Preguntas a la Pregunta

~·3.2 Hacia un Marco Teórico.

J:"'3.3 El Crecimiento de los Estudios

 

del Futuro.

4.

Técnicas Formales.

'.

4.1

Encuadre.

42

Extrapolaciones.

4.3

Impactos Cruzados.

4.4

Simulación y Teoria de Juegos

-);'4.5

El Pronóstico Tecnológico.

4.6 Discoritinuidades Tecnológicas

4.7

La Evaluación Tecnológica.

*,48

El Método Délfico.

49

Recapitulación.

15

20

23

25

30

37

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3

'\ """5. Técnicas Informales. 5.1 Observaciones Preliminares. "'5.2 Las Intuiciones Sistemáticas

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"""5. Técnicas Informales.

5.1 Observaciones Preliminares.

"'5.2 Las Intuiciones Sistemáticas

!/¡5.3 Las Imágenes Alternativas.

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4l:

5.4 Las Analogías.

~55 Escenarios.

4.6. R,~fÍ'?tep~,iasBibliográfica#,;

Apéndice l' Preguntas Ilustrativas.

Apéndic¿ 2: Glosario de Términos

Indice.

Ilustrativas. Apéndic¿ 2: Glosario de Términos Indice. -'--- 79 79 80 82 8,7 89 93 1

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- Presentación .'.~79 ,-,'so ~'·~8? "J ­ • 87 ::;89 ~ 93 ~ f!!J ,Jpl
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Cuando mi buen amigo Joseph Hadara me invitó para escribir este preámbulo a su Hora sobrs
.Los estudios del futuro: problemas y métodos», le agradecí y accedí con gusto no sóio por si
hecho de que, aunque no soy experto en estas cuestiones, sí tengo un marcado interés en el
tema y le asigno, además, una gran importancia. También lo hice porque considero qUe se trata
de una aportación significativa al estudio de estas cuestiones y, en especial, si une considera
lo reducido de los esfuerzos que se han hecho en el área latinoar¡;lericana y, desde juego, en
México, para explicar de una manera clara qué son y qué pretenden los estudios sobre !l1turC)o
logía.
:/­
Como lo reconoce el propio Joseph Hadara, la elaboración del texto que ahora nos pre·
senta fue posible gracias al apoyo que le proporcionaron el Instituto de Banca y Finanzas, A C.
y ei propio Banco Nacional de México. No está de más destacar que no es la primera vez que
estas instituciones u otras a ellas vinculadas (como Fomento Cultural BanamexJ. ha" apoyado
aigunas otras investigaciones sobre el tema y una de ellas del propio J. Hadara. Este última fue
un estudio aparecido en 1978 sobre «Los futuros de México
que fue también uno de íos ensa·
yos en qUE por primera vez se examinaban las perspectivas a largo plazo de ia economía mexi­
.~
~a.Da y O,.uB
.
.aportó elementos novedosos ~I cuestionar una tesis-m1:iy--en-boga- en esa época
sobre los efectos de la bonanza petrolera en el desarrollo de la econom.ía y la sociedad me­
xicana.
De más está decir que parece sumamente
deseable que a pesar de .las difíciles C!;-CU;¡SÍSr1­
cias de corto plazo por las que atraviesa el país, puedan el Banéo Nacional de México e ;r.stitu­
ciones similares continuar apoyando estudios básicos para definir en blanco y negro 10 que un
tanto eufemísticamente en muchos planes y documentos del Gobierno se llama. ei tipo de Daís
que aspiramos ser
Tarea que, por lo demás, no es monopolio de ninguno de los sectores· ­
dentro de nuestra economía mixta y en que, como es obvio, también corresponde a¡ Gobierno
una responsabilidad importante.
.
lQ~_propósitos del libro que ahora se nos .m:esenta.n son f!,Jndal1J.e.o.talme.n.ta-Jr~!upri- .
rnefO~ar-de HAa
Hlaoera
eisteD'látre"a
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aeª-arrollo de los estudios
rlaLilJtuLQ;
si segundo
es reflejar las situaci es restricciones que determinan la trayectoria de la prospecTiVa én
-
'1l0S.que---es-~rlos-arcances y las limitaCIOnes de las metodolog¡ss Gua·
litativas y cuantitativ~_de las técn.icas prospectivas. El primero de esos objetivos, come 'o
-sefuH~ra, no es de ninguna maneraracil y de hecho surge un probiem& de S6­
lección porque, con todo y que los estudios de futurología son relativamente nuevos, iG c1EO'ÍG
es que se han multiplicado a tasas geométricas en los últimos años. QUizás el aspecto 'JU8 más
Ises como -os latinoamericanos;
,~arrrr~ósitode carácter i . 'ca
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~i3:; ===================================== deb~"destacarse es el propósito fundamentalmente didáctico de este

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=====================================

deb~"destacarse es el propósito fundamentalmente didáctico de este libro. En lo personal con· sidero que éste es un aspecto que constituye uno de los mayores atractivos de este trabajo, dado que, a pesar de la explosión en el número de obras que aparecen en nuestros días sobre futurología, hay muy pocas que explican de una manera sencilla y relativamente clara sus al·" canees, metodologias y limitaciones. En el idioma español, de más está decirlo, esta ausencia es todavia más notoria.

Me parece que ha sido precisamente el interés en ser didáctico y claro lo que explica laF'o,:

división del libro en cuatro capítulos relativamente simples, en los cuales se da cuenta de lo que' ha sido la evolución de la prospeetiva, los esfuerzos por ir integrando una «teoría», y se analizan;' someramente las técnicas utilizadas, tanto aCfJellas de carácter formal como las informales. Des·' de e! mismo punto de vista debo decir que. en lo particular, encontrará especialmente útiles dos" secciones que aparecen al final del texto principal y en las cuales se trata respectivamente al_Le'

gunas preguntas ilustrativas y un glosario de términos. Sin embargo. en este último punto habrfa.".;,c. algunos aspectos que me parecieron cuestionables. Pero estas diferencias serían fáciles de expli.(;'SC" cal', en primer lugar, porque Joseph tiene la formación de sociólogo y yo tengo la de economis- ,'-"o

ta y, de manera más importante, por lo novedoso del tema de la futurología aún en nuestros días.~~'

-

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Como es natural, hay múltiples definiciones sobre la prospectiva. Algunas de ellas se dan en el propio texto c;,omo -nombre genérico que comprenderá de ahora en adelante a los estudios de( largo plazo ya los instrumentos de decisión de planificación que deben acompañarlos» (p. B. 2).

La función social de la prospectiva es «sensibilizar a un público determinado respecto a tenden·\ cias prevaleéientes en un tema que considera central. La sensibilización llevará (es de esperar) .

a deslindar opciones, reducir sorpresas e incrementar los insumas para decisiones óptimas». (p 32) . Me parece importante destacar que. contra el error en que frecuentemente se incurre, y en' especial en la formulación de planes. se tiene el buen tino de diferenciar claramente entre lo que s9n proyecciones propiamente dichas de aquellos esfuerzos analíticos que constituyen más adecuadamente un ejercicio prospectivo. Esto es '10 que explica también, entre aque!los que se dedican a los estudios del futuro, el hincapié en el carácter eminentemente científico de los aná·· lisis realizados. La comprensión de estos aspectos por el gran público no ha sido \0 amplia o

profunda que sería de desearse_ y. Jl!?.tº-

op_ede.ce.5 ln gran medida, al hecho de que los métodos;

-

"-. -pr6'specffvos-·so-n-a~nnov-edosos.

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-

-

Considérese la circunstancia, señalada fambién por ei propio ---

Hadara, de que no fue sino hasta los años cuarenta que aparece en forma más frecuente el térmi·

pará describir la interrogación sistemática y organizada del futuro al acuñarse

no "futurologia

este término por Flechteim (p. 68). Como disciplina académica propiamente dicha, es decir, con ~:~~:

académica propiamente dicha, es decir, con ~:~~: t.;n reconocimiento relativamente amplio entre los propios

t.;n reconocimiento relativamente amplio entre los propios medios académicos, su origen es tao -~ davía más reciente y podria situarse entre fines de los cincuentas y principios de los sesentas. Pero fue solamente hasta que esto se logró que fue posible comenzar a agrupar y clasificar de una manera relativamente sistemática los trabajos sobre el futuro. Es conocido de práctica· ,:

mente todos, y se ha hecho ya referencia a él, el crecimiento casi explosivo de los estudios del '. futuro a partir de esas fechas. A mediados de los sesenta se amplió considerablemente el ámbito de los estudios prospectivos pa· ra referirse ya no únicamente a sectores. naciones o regiones geográficas sino a nivel global conside­ rando el mundo en su conjunto. Estos estudios fueron promovidos por el Club de Roma y tuvieron un fuerte impacto a nivel mundial Y. sobre todo, para aportar elementos que permitieran conducir

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de Roma y tuvieron un fuerte impacto a nivel mundial Y. sobre todo, para aportar elementos
sobre bases más firmes y más realistas el llamado "Diálogo Norte-Sur". Otro resultado importante fue
sobre bases más firmes y más realistas el llamado "Diálogo Norte-Sur". Otro resultado importante fue
sobre bases más firmes y más realistas el llamado "Diálogo Norte-Sur". Otro resultado importante
fue que estos análisis permitieron posteriormente, a nivel regional, realizar exámenes en torno a !a
estructura ya la evolución probable de nuestros países.
Es
así
Que toda
persona
preocupada por el
devenir de América Latina,
y,
en
particular, de
México encontrará en estas páginas instrumentos útiles de análisis y previsión.
GERARDO BUENO

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particular, de México encontrará en estas páginas instrumentos útiles de análisis y previsión. GERARDO BUENO ,
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10 Introducción o Esta obréLtikJ.f.le tres pr9pÓsítos fundamentales cernientes a los estudios del ¡cente viene
10 Introducción
o
Esta obréLtikJ.f.le tres pr9pÓsítos fundamentales
cernientes a los estudios del
¡cente viene creciendo
no
sólo geométricamente, sino con
sión en los futuros revela puntos de partida y de llegada muy desiguales.
Para
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-~ Gastor~1'918; RQ:oára'f9'8Zf'­
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Uno es presentar de una manera razonable7-'

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mente' s' emática el desenvolvimiento, roblemas, métodos ncialidades y perspectivas con:'

uturo. No es una tarea liviana. Las indagaciones de cada uno ¿'

"'estos asuntos son abundantes, como advertirá el lector a lo largo del texto. La literatura perti~

un desorden considerable Por estO ,

motivo, es imposible afirmar de momento que las exploraciones en torno a tendencias globaiesc

m!crosociales siguen premisas teóricas y metodológicas semejantes. Por el contrario, la inctr''"

algunos, esta pluralidad de ángulos e intereses pondría en tela de juicio el carác€,'

/: <;ientífico" (atributo susceptible de múltiples interpretaciones) de ia prospectiva como estü \'" dio razonado de propensiones, alternativas e incertidumbres. Preferirán tal vez la "bola de cri" '\ ':ai ". el juicio- intuitivo 0, simplemente, el acoplamiento inercia! y ciego a las modas en marcha Sin e:T1bargo, sería ésta una visión equivocada de la disciplina. Pues los exámenes del lar

i ~iaz6 sobre probiemas como la energía, la inflación, la robotización industrial, el surgimient( ,," de nuevos tipos de servicios, la asimetría creciente entre las naciones, han logrado volúmen­ apreciables de coherencia cognitiva, además de la necesaria legitimidad

En otras palabras, las interrogaciones ordenadas del futuro ya contienen componentes '-, Quer.acer cientifico, a saber: definición acotada y rigurosa de problemas. constante revisió ; ajuste de métodos, difusión pública (al menos entre íos especialistas) de lOS resultados de,' investigaciones, intercambios regulados de información, amén de ritos sociales (conferenc¡a~ premios. reconocimientos profesionales). Estos componentes caracterizan los procedimieni aceptados en la ciencia moderna (Ziman 1972; Cale & Cale 1973; Sklair 1973: Salomón 19',"

¡' La prospectiva (nombre genérico que comprenderá de ahora en adelante a jos estudios d~ r largo-plazo-y a'los Tristrumentos de decis'ión yde planificación que deben acompañarlos) es " acción que se efectúa dentro y entre las hOnteras marcadas convencionalmente por las discip

nas En gran medida, constituye un desafío a las separaciones aceptadas entre especialidac!'o',';

Es siste-m'aticay estructuralista.Sfst"mática,pues aspira a tomar en cuenta simutáneamente'," en momentos previamente establecidos, factores que pertenecen de ordinario El disciplinas eL'. reneiadas. Asi, por ejemplo, la evoiución probable de los precios del petróleo no depende s'e;!' ",ente de circunstancias económicas: cálculos políticos y estratégicos,tanto de los países cor~, :nidores como de los productores,gravitan sustancialmente en esa evolución; asimismo, aptituL tecnoiógicas, capacidad de ajuste y de negociación y desequilibrios ambientales tienen ¡w dable importancia (Hablützel 1981; National Geographic, Special Report. rebrero 1981). Estru_

tienen ¡w dable importancia (Hablützel 1981; National Geographic, Special Report. rebrero 1981). Estru_
k)~ ~¡ I ralista, puesto que ei quehacer prospectivo [la se lim.ita a.1 recuento superficial
k)~ ~¡ I ralista, puesto que ei quehacer prospectivo [la se lim.ita a.1 recuento superficial

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I ralista, puesto que ei quehacer prospectivo [la se lim.ita a.1 recuento superficial de los hechos ¡li a las descripciones pormenorizadas; .pretende descubrir los enlaces profundos, los "códigos" que presiden tendencias reconocidas! Los encadenamientos empíricos son visualizados come expresiones de un "lenguaje» cuya sintaxis debe ser descifrada (Richard & Fernand de Geo"ge

 

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1972; He!!einer

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~,~¡ disciplinas p,evaleciente

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·Úí carácter sistemático y estructuralista de la prospectiva hace más difícil su unión con 'as

No

obstante,

trátase

de

una

dificultad

transitoria.

Consi:Jérese

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por una Darte. que las separaciones entre especialidades constituyen fenómenos históricos; nue­

como la

astrcf i si·C2

vas circunstancias pueden alterarlas. De hecho, hay señales que indican que ª.Jgunas cie"cias 8S' tán ¡na' constrCilcasJ sor' ,,,neotas» en relación a ios requerimientos de sitüaciones ¡r.,esoe­

radal' (Siik íS7S)

la biotecno:cgia, fa ingeniería médica. la antropología económica. la psicología cognitiva dern:.¡es­

Pe:- otra parte: lOS avances logrados por combinaciones

¡ tran que i", ;¡'ts'c i s:'p!l,,9: i edad es una demanda intrínseca de ja investigación mcdern& :3e:¡

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1980}. fta

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mcdern& :3e:¡ r 1980}. fta científica'? ~~üSp2C-:¡'jé. p\-cetende ajustarse a estos cambies

~~üSp2C-:¡'jé. p\-cetende

ajustarse

a estos cambies externos e internos en la eVOlución

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lV .~ segundo propósito de este escrito es. reflejarsiJuacjone::; restriccion_es_ ue 'ot • . an

l§.yay'eCfm':a de :::rlJi'f spéctiva en paísescDruoJos JatinoamerjcaQ.Q.§

spéctiva en paísescDruoJos JatinoamerjcaQ.Q.§ Se encararán visiones des­ de ei subdesan-o i lo. Ef!
spéctiva en paísescDruoJos JatinoamerjcaQ.Q.§ Se encararán visiones des­ de ei subdesan-o i lo. Ef!

Se

encararán visiones des­

de ei subdesan-o i lo.

Ef! ·'á"mines genéricos, es la prospectiva una «ciencia joven

(Kuhn ~971) :

pero su juve¡-;uci es ·:odavia más notoria en contextos donde tanto jos costos comparativos de la !nTormació(> co",o las incertidumores son muy altos. Como se comprobará. muchos de los ",éto­ dos y conceDÍes corrier.tes en los estudios de los futuros suponen realidades y ventajas aCc;8:J­ ¡"das ':::~;e s ¡as sociedades industriales avanzadas. Como si !a prosoectiva no tuviese :.,;­

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gar en la sIe;:>2 ore-industria! o en los estadios iniciales de la modernizaciÓn económica. ?o:- si contra rio. CDD.!.QsQeb.idus_ ajustes •.las _mé.tDdo.s-rl.e .la_pwspect ¡va son.J ndisp.ensa bJ.esp.re.c¡S¡¡í.;,e~;~-- te pa!-a oaises ::;o::'''os D vulnerables que padecen coerciones externas o desorganización ¡nter­

-

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'1a, como ",a:&s s;-,démiccs Con el auxilio de indagaciones de largo alcance estos países pueden

i-. v'slumbra, f --'eL'I,21iza, amenazas y aprovecharoportunidades. Pues estas indagaciones seña'an

~~;.~ que el subdesarrollo no es una cuestión meramente económica o social; dadas las inter¿e;::,er­ ceneias inre¡·'iaciona1es y las 'epercusionesprobables de las tecnologías avanzadas (Knor> 197':'

~f ¡ Norman 19S·';.:a oersistencia del subdesarrollo compromete la sobrevivencia física de estos pa i ­

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las ::/éxi:~!2S décadas.

De aquí que la p·rese¡-'tación de las cuestiones y los métodos contemplados por ia prosoe~;. ¡¡va se,¿ '10;-"'3d2 po~ la estructuración particular de las sociedades latinoamericanas. Visié)'"'82

de otras iatiLdes serán «traducidas» en este contexto. Se verá entonces cómo, análisis concci­ dos (CE;:lt:;.L '97S~¡ aac¡uieren, con esta perspectiva, aristas adicionales que elevan su relieve.

(9Ei tercer vc¡;;ósito de esta obra es didáctico. Se dirige a un lector interesado en los Drot¡e­ mas de estos tiempos. que necesita nuevos instrumentos de examen y decisión, pero que 'as metodologías cualitativas y cuantitativas de la prospectiva y de la planificación de largo piaza na le son familiares. Ests propósito entraña una economicidad selectiva en los tecnicismos yen

las .referencias bibliográficas. Cada término alejado del lenguaje corriente será explicado opo'tL'­

namente; ai f~"21 de :a obra aparecen un glosario y el indice de nombres y ternas, con ei cbje:;:¡

de enriouecer !CS i"tereses dei lector. Por añadidura, las indicaciones bibliográficas serán ap:ir;­ tadas, por capitulo, a! cierre dei texto. También con un designio didáctico se proponen pregu'ltas

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ap:ir;­ tadas, por capitulo, a! cierre dei texto. También con un designio didáctico se proponen pregu'ltas

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en torno a los tópicos centrales de cada sección; estas preguntas. agrupadas en el recodo final del texto~constituyen un género de «provocaciones intelectuales" dirigidas a acentuar la inquie­ tuó y la curiosidad de los lectores.

(

Estos tres objetivos (caracterizar a la prospectiva en cuanto disciplina. iluminar!a desde el ¿"gulc del desarrollo latinoamericano y proponer nuevas herramientas para la formulación y a¡:;licación de políticas), no implican en modo alguno agotar las posibilidades de examinar siste­ máticamente los futuros de diferentes sistemas. Representan apenas un inicio, un asomo a un gé· nero de especulación y discurso que es susceptible de auxiliar en la captación y manejo de pro­ blemas de indoledesigual. No se persigue aquí la originalidad o el avance de hipótesis osadas. si bien la exposición revelará giros acaso inesperados.

r

Cabe una nota personal. Nuestra curiosidad por ios estudios del futuro no es producto del azar. Tiene como trasfondo la intensa y permanente inquietud del autor por las incidencias de constelaciones externas e internas en la evolución latinoamericana. Esta inquietud fue abonada por la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL), organismo regional al cual el autor sirvió durante una década. Tuvo expresión parcial en su escrito auspiciado por Fomento Cultura! del Banco Nacional de México (Hadara 1978). Y fue influida constantemente por los destellos múltiples de Víctor L. Urquidi.

Este texto fue posible merced al apoyo del Banco Nacional de México y de! instituto de Ban­ ca y Finanzas, A. C. (IBAFIN), que nos concedieron el raro obsequio de una libertad intelectual sólo restringida Ror prejuicios y preferencias del autor.

Algo Jnás. Como en otras aventuras intelectuales que nos han aparejado tensiones yenclaus­ tíamiento, queDamos en deuda irredimible con seres cercanos que nos toleran pacientemente. Para vislumbrar futuros colectivos hubimos de descontarles porciones personales del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto pero irrefrenable sa­ crificio.

del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto
del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto

10

del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto
del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto
del pasado y del presente. Como en el caso del Abraham biblico. es esta obra injusto
2. Evolución de la prospectiva: '" marco e ¡rra08ac;ones Cuestiones centrales de este capítulo:
2. Evolución de la prospectiva:
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marco e ¡rra08ac;ones
Cuestiones centrales de este capítulo:

¿Cuáles son las raíces de la exploración prospectiva? ¿Qué factores determinan el encuadramiento de sus problemas? ¿Cómo se verifica la institucionalización de esta disciplina? ¿Cuál es el marco del "debate global»? ¿Cuál es ia utilidad social de la prospectiva en países latinoamericanos?

Objetivos:

Puntualizar la importancia del futuro en los modelos que norman la interpretación de! pre­ sente y ios procesos de toma de decisión. Advertir cherencias cualitativas en los ejercicios de prospectiva en sociedades ;ndustriaies yen países en desarrollo. +rus tra reómo--j as pefce!3c-toAeB·-s·Gb-re·-interdepe+ldencias. internac.ion.alEs -.adquier.en _Sl,Jslen· _ to más sólido con el auxilio de la prospectiva.

Conclusiones principales

al

La prospectiva es producto de la confluencia de valores con elementos empíricos.

bj

En países latinoamericanos. la prospectiva encara dificultades intrínsecas; es indispen­ sable superarlas.

cl

El debate sobre el "orden

planetario» afecta el desenvolvimiento futuro entre el Norte

industria! y el Sur dividido y marginado.

Términos-clave: axioma de Thomas; ciones suicidas; orden planetario:

consumo

conspicuo;

culturas

prefigurativas;

predic­

neomalthusianismo; la modernización de la pobreza.

"Nuestra era no es la primera que piensa poder predecir el futuro. Los griegos consultaban los oráculos; la Edad Media a los clérigos; el Racionalismo a los filósofos e historiadores. La úni­ ca diferencia es que nosotros se lo pedimos a los científicos» (Heilbroner 1972).

.-I Este párrafo es instructivo por varias razones. Señala, primero, que la inclinación humana l a explorar f~terntltivas en un horizonte de largo plazo exhibe amplios antecedentes; segundo, que esa actiVTtiaé1satisface necesidades psicosociales profundas relacionadas, bien

(como la periodificación y el tránsito de las generaciones) que

! toda. sociedad requiere, bien con las imágenes ° representaciones colectivas que imprimen

I con el ordenamiento temporal

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sis :Je: capitalismo moderno,
yelte de jos países industriales?
ciales y en las relaciones internacionales, !ª
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cohere\Jcia y legitimidad a las acciones individuales (Dror 1970; Lukes 1977}; por último, que en si curso de la historia ha variado el carácter del consultado, más no la tendencia aparentemen. te j~ceprimib!ea la consulta.

Sir. embargo, !a expresión .da única diferencia» invita a postular una continuidad sin sobre·

sa!tos entre las especulaciones de ayer y los ejercicios de hoy. No es así. En la ISGtura del futuro han ocurrido cambios cualitativos tanto en la sustancia de las preguntas olanteadas como en jos métodos empleados. El propio Heilbroner (1974, 1976) io reconoce en sendas obras que preter,· 6en estabiecer las probabilidades de sobrevivencia de la especie humana y, 3:1 particular, ja cri·

.

la especie humana y, 3:1 particular, ja cri· . '­ ¿ Cuáles son ¡os fundamentos de

¿Cuáles son ¡os fundamentos de estos cambios? ¿Qué factores part'cularizan y condicion2r1

la reflexión prospectiva en los días que corren? ¿Es la prospectiva una ventaja exclusiva y exciJ' i'.

.

Conrormea este axioma (Thomas 1980) , que goza de amplia aceptación en ;as ciencias so·

conducta de sistellias co~p¡ejos (inclüyendo al pro·

pio individuo) está determinada en gran meO.ida_ppr las definiciones que esos sistemas impo::sn .

la realidad: ES,lp percepción dominante, por fuerza selectiva pero no neCaSSr!2"'e!~tearbitraria. ;8 Que enjuicia y clasifica los datos empíricos. Estos a su vez reacciona" ¡-:¡odificar;j:::; ei enjuiciamie;;· to original. Esta interacción entre valores y realidad fluye de dos parámetros o :::;onst3:i·'SS que peCi.J1'2­

par e! otro, ,3

rizan la conducta humana: por un lado, la capacipad finita de aprende; {y de otvidEJr); v carác;ter infinito de los estímulos ambientales, '

Esta tensión entre imágenes iniciales sobre una realidad y íos datos empíricos qJe la con pe· ;le" se traduce en términos de una .definición", vaie decir, de un significado o interpretación que ordena los estímulos que se reciben del mundo exterior. A su \fez, ¡as dehlic:ones toma;" 'forma de símbolos que des~mpeñan papel ir:nportante en cualquier orden soc;a:' (

~¡énsese, para precisar este tema, en la moneda, Come se saoe, \os s¡s',srnes de transac·

ei cursi.

:::;~ón de bienes y servicios (o simplemente mercados) han cambiado sustanciaimer;te en

de la historia (Gilpin 1977), Desde los intercambios más primitivos, basados Si: la reclprocidag"

en la redistribución, se ha pasado por las economías monetarias hasta Hega:-, en algunos p,l~i:

ses, a mercados quasi-monetizados o desmonetizados, En cualquier caso, la moneda (o su eq",¡vs­ 'ente) desempeña varias funciones reales: es u n medio de intercambio; es una medida de valo;;, es una forma de pago, Sin embargo, las "definiciones de la moneda" puede;, trascender esta­ Dese empírica creando nuevas realidades socialmente válidas, Po, ejemplo, 1,nnoneciaesufl &¡rr·~·' tofo de prestigio personal; es un objeto de manipulación política eil ías relaciones inter!lac¡o'ja~'

,es (como en las depreciaciones competitivas); y puede conferir seguridad psicoiógica a Uf] c'viduc en momentos de crisis o desorganización (desempleo, enfermedad, v3jez, etcétera},

psicoiógica a Uf] c'viduc en momentos de crisis o desorganización (desempleo, enfermedad, v3jez, etcétera},
; En suma. el axioma de Thomas postula que «la realidad» tiene un estatuto inter-subjetivo,
; En suma. el axioma de Thomas postula que «la realidad» tiene un estatuto inter-subjetivo,
; En suma. el axioma de Thomas postula que «la realidad» tiene un estatuto inter-subjetivo,
~0>ensible a los
significados que diferentes autores le imprime~_,i
,. ·Este es ei origen psicológico y cognitivo de los «modelos», vale decir, cuerpos ordenados de
, 'definiciones e hipótesis que se refieren a sistemas complejos y que interactúan con las bases
"'. empíricas de la realidad: Por cierto, los grados de articulación y coherencia de estos modelos di­
¿jííeren conforme a la apUud de individuos y organizaciones para entender. discriminar y controlar
las variables que determinan un ambiente determinado (Faludi 1973, McKenzie-Tullock 1978).
ti'ilPero el carácter de! ambiente (y las «turbulencias» que encierra) depende de la modelación, es
""decir, de la definición significativa y simbólica de la realidad.
~
--
. Cabe añadir, para aclarar más este asunto, que ,laaxJqmatizacióncondiciona las percepcio­
''',nes de lo que fue. O como sugiere Me Hale: «La idea deLfu.turo es unode loScsímbolos centrales/~
;:conapego al cual los seres humanos ordenan el presente'y '~(;nceden-sig~ificado al pasado»¡'¿/
;_(McHa!e 1978;. Esta sugerencia ayuda a comprender el origen de la constante reconstrucción de
::'Ios hechos oc:.:rridOs oue es materia profesional de los historiadores. No sólo nuevas eviden-
Cias obligan a erec-::uar ü:la oermanente !evi.sLó~historia:combinaciones ex~!l91iyas.-que(t

'llenen raíZ en ei preseme, conducen a una repro.,Yección o redefinicLó

acontecido. Cierta­

d~-'o

n

méñfe-,-esTa-pfap'¿-ns!Ü,-;-;; revislOnísta "-efe-la historia es frecuente en dos situaciones: cuando la

investigación del pasado encara constantemente nuevos diltos y evidencias;,y cuando regíme­ nes "totales" ['::;offman 1970) o totalitarios imponen al pasadO'aeflnlCIOnes tomadas del presen­ ,te a fin de legitimario.

Ahora tú,,;: lo oue le interesa a la prospectiva es la validez creciente de las imágenes o re­

, ' presentacio',es de' ·:~t'-'roen la modelación del presente. Se trata de una axiomatización desde

-~'.~ll---devef!i-r-Errt:f)Rtrtls-te- :oA.1e~ ~Qstltl;¡rlf)&dási-Bes--deips~GanáWs¡s--vAe:.la bi"torjograf~_

,

;".:I,wosp~\ja s;!9iere 9.ue~s deCISiones que se acuerdan en sistemas CQQJpl.etosdeFood.~ho

.,.-

Considérense var:os eiemplos tomados de esferas diferentes. Aclararán este tema. Desde el ~ punto de vista de une emp-resa dinámica (que crece a tasas superiores a un 10 por ~ientoanual). ~'" el sostenimiento de esa expansión depende en amplia medida de la aptitud anticipadora de. los . ~." tipos de ambientes e ¡"certidumbres que habrá de encarar y que acaso ella misma genera (Ray­ S' nolds 1972). E! anrendizaje (y el ajuste) de los directores de esa empresa debe ser ágil; ·<10 que "

,

",,-- como este 2:Jrendiz8je entraña transformaciones rápidas en las actitudes y en los métodos de tra­ bajo. los costos personales para esos directores, metidos en las turbulencias del cambio apre­

directores, metidos en las turbulencias del cambio apre­ ' ::2~ies

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::2~ies d~.i_fu11:Trd=:tmltt'r1a-;;'memor¡a~~rganlzacl0ñf:_'¡

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fue" en poco puede ayudarlos. pues lidian permanentemente con situaciones inéditas, nuevas. Y

'" . miante. pueden o3receries aitos o intolerables. En esas condiciones, serán víctimas fáciles de la "tentación ai estancamiento", es decir, preferirán contener ei crecimiento -con el fin de apo­

.,.~ yarse en el pasado-oreseflte y mantener así posiciones de influencia. En un contexto competiti­

curva de rendimien­

tos decreciertes. 1

miento» fluye de uno incapacidad descompensada para enfrentar opciones que se suceden rápi­

.,.;.

vo. este auto-·:;or;ge!amier;to organizacional suele implicar la entrada 3

2

una

Quiebra de la organización no tardará en Ilegar.Tia (ctentación al

estanca~

"oc dilmente.,

.

Otro ejemplo: La "seg'Jnda revolución industrial" impulsada por tecnologías avanzadas (prin­ cipalmente fe f',:croeiectrónica), ir]Volucra amenazas macrosociales para los países incapaces

13

.;' ~-'"::
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de vislumbrarlas o carentes de una infraestructura cient;fica-tecnoiógica-empresariai adecuada/' No stl.trata sólo de 1a posibilidad de procesar información y programar instrucciones en una apre- ' ciabie variedad de máquinas y herramientas (desde aparatos domésticos que funcionan con mi­ cro-ondas hasta cohetes y robots). Esta revolución altera las ventajas dinámicas de los países, crea fuentes de desempleo masivo y estructural, conduce a la «reindustrialización» de los países avanzados y les concede capacidades de control internacional apenas sospechadas (Evans 1980; " Rush-Hoffman 1980; Hodara 1981). No sólo se produce una diferenciación más acusada en los" sistemas productivo"s; se ponen en marcha prácticas de "imperialismo cibernético» (Hodara(·~:ii' 1981) ante las cuales los países de incipiente industrial ización no han reveiado resistencias Si ¡as tendencias del futuro fueran advertidas cuidadosamente, las amenazas macroeconóm.icas~~ y para la seguridad nacional involucradas en estas tecnologías serian vislumbradas con mayor ciaridad. También aquí el pasado no puede dar consejos

Recuérdese, en fin, un ejemplo extraído de la antropología. En tiempos pasados (y aún ac-, '. ·~uaimentel. !a generación presente aprendía de la anterior; era «postfigurat¡va» en la caracteri-'';;~;:-' zación de Margaret Mead (1972). Merced a la internacionalización y a la densidad creciente de" ¡os contactos humanos, ahora una generación tiende a aprender de la otra que le es coetánea: es{i~J "corigurativa». Sin embargo, el aceleramiento hi stórico es tan intenso y la capacidad de aprendi- , zaJe tan baja, que el modelo actitudinal y conductuai debe fundarse necesariamente en los vi,a-@

.~es anticipados; debe ser «prefigurativa». Conforme a este modelo.

n¡¡os; los maestros, de los alumnos; y los gobernantes, de especialistas más jóvenes y ajustados:. r '>

los padres aprenden de los

El tránsito al estilo prefigurativo no está libre de tensiones personales y colectivas; pero condi­ ciona, en última- instancia, la continuidad generacional y organizacionai. Adviértase que en ¡as re-i­ ¡Bciones_ internacionales las normas prefigurativas fluyen de las sociedades

Ofrecidos estos ejemplos ilustrativos sobre el peso del futuro en las interpretaciones y de-:

cisiones que se articulan en el presente, cabe hacer dos reserv.as. El énf.9,s.ls futuro de nin­ cuna manera anula la importancia de los pasados personales o cOlectivos: Se arrastrá!o cue fUe; está en nosotros;'Yli"aYquienes gusfcffirUmiaYcon Tamemor'ia Más todavía, existen se~ti­ mientps primordiales que sólo pueden explicarse recordando el pasado. Por ejemplo; las acti,. 'ludes de México respecto a los Estados Unidos se remontan a un desgarramiento territorial que t¡e'le más de un siglo: las angustias de los países industriales por el desempieo y el descon-( cierto de las políticas económicas tienen raíz en la Gran Depresión; y, en fin, tendencias neuró-' tieas de un individuo pueden explicarse principalmente por algún trauma infantil.

A pesar de estas concesiones razonables al pasado, no cabe restar importancia a las opcio­ nes que se configuran necesariamente en el devenir. La historia contemporánea es incomprensi-'-;

bie si se

'l!tidamente en el curso del texto:

La segunda reserva: el relieve que se imprime a las previsiones de alternativas, oportunida-. c :' des y amenazas en modo alguno entraña un subjetivismo absoluto. El axioma de Thomas no es'~:;';' un j~icio autista, desprendido de cualquier base emg,Lrica.Se insisteEm-que e-st1f'W<iOmásubraya.

~r:u:d,

desprecia fa axiomatización significativa del futuro. Esta aseveración se perfilará más

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dumbres de ambientes reales.' Esta transacción condiciona la libertao decisiona! (EmerY--Y977)
éTe7i8mente, las definíciones-'-ae la realidad pueden ser inadecuadas, equívocas o faisas; en ta-'
les casos, esa libertad es severamente lesionad3. Ya Von Ranke observó que existen sistemas
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(y personas) que se dirigen a la autodestrucción no por ignorancia, sino con lucidez [19'77}, Poco a poco (o de repente) se deslizan hacia abismos que hubieran querido evitar, Podría decir­ se que son incapaces de dominar fuentes de entropía y de rendimientos decrecientes.

22. Determinantes de la Reflexión Prospectiva

La refiexión prospectivatiene orígenes múltiples (Toffier 1972J ' Interesa aquí considerar un conjunto selecto de factores que explican su rápida evolución precisamente en estos tiempos,

En este orden de ideas y con un marcado criterio de selectividad se distinguen tresti·;:¡os de

determinantes: los macrosociales, los políticororganizaciona+escy'-lbSptofesional~s,

al Los factores macl'Osociales constan a su vez de varios componentes, Uno de elios es !a revolución ¡"formática y teiemática que imprime complejidad a procesos clave de !a sociedad moderna (Be:! 1980). Esta ¡-evolución tiene importantes ramificaciones en la diferenciación ocu, pacionaL en :a división internacional del trabajo, en las disparidades llamativas entre países, y en el potencia! destructivo (HeHbroner 1974; Koestler 1979]. Algunos analistas distinguen dos situaciones extremas en el acervo relativo de información. De una parte, el exceso de datos (y de "ruidos,,) que suele abrumar a ciertos sistem as que carecen de procedimientos efieientes de

absorción y recuperación; y, por otra, la insuficiencia crónica de información, Huérfanos de da­

tos, los sistern::ls se mueven dentro de una «cortina informática», en una tiniebla que puede ser

-- autojndoC'¡da-hmprevisiór;;-desOf-gani~eiéft--€flclém-f€a-),o€ulHvada por intereses externo:: _Esta

asimetría gesta una "pugna cibernética» (Hodara 1980): los que poseen inf.ormación pertinerte

(Hodara 1980): los que poseen inf.ormación pertinerte ~ :: --" no sóiC;UlerÍe.c;,c.Lon&fl ventajas

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los que poseen inf.ormación pertinerte ~ :: --" no sóiC;UlerÍe.c;,c.Lon&fl ventajas dinámjcas.-y

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métodOS-de-n.a9D'c:L~OLJ.?_~·CoDJi¡¡lan.aUwtu­

métodOS-de-n.a9D'c:L~OLJ.?_~·CoDJi¡¡lan. aUwtu­ r6-;-ae los desinformados, Desde este punto de vista,\la r

r6-;-ae los desinformados, Desde este punto de vista,\la r ectiva es un instrumento de los ií­ deYesdé'!a 'rE~vo!u-c'¡6nTñfor'máticapara maximizar beneficios ara países vulllera es que-a vier­

'-~cho, la prospeét1va pue e convertirse en un Ins· l:l- to de negociación defensiva y hasta agresiva,

Aparte de ¡a re';o!ución informática, hay que subrayar la velocidad de los cambios en la sa­ ciedad contemporánea, Estos transcurren y se yuxtaponen sin cesar, Abruman y ponen en tensión la capacidad física, económica y psicológica de ajuste. Se han propuesto diversos expedientes y ceremonias para atenuar los efectos de esta velocidad fenomenológica (Toffier 1970) , pero es­ tos consejos no pueden sustituir la necesidad de recurrir a proc.édimientos de planificación de largo plazo y a previsiones contingenciales a fin de lidiar con las 't-urbulencias ambientales. Cier­ tamente, es una trágica ironía que países como los latinoamericanos, que experimentan un COil­ junto simultáneo de revoluciones y perturbaciones (industrialización, desempleo y subempieo, ,secularización, descoordinación ¡nter e intrasectorial, oscilaciones externas y caprichosas er, ei comercio y en los flujos rínancieros),no han prestado suficiente atención a la prospectiv3, Gen esta omisión han acentuado su vulnerabilidad secular. Todavía es tiempo de repararla,

En tercer lugar, los estudios del futuro han sido estimulados por el incremento de los con· tactos entre naciones, entre estratos sociales y entre "sub-culturas". Se ha verificado una con­

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m

taminación"mutua que ha/acentuado. al mismo tiempo. los universalismos y ios particularismos

en ¡os valor'es' colectivos. Las posibilidades de «encapsularse

o de "pobreza» son restringidas. salvo en el campo de la información estratégica (información directamente ligada con los mecanismos de poder) que es hábilmente dosificada por !os siste­ mas que la poseen.

La intensificación de los contactos sociales ha acarreado dos efectos. Por un lado. se ha di­ fundido una marejada de expectativas crecientes que suele traducirse en demandas de consumo incontenibles que el aparato productivo (especialmente en los países pobres}, apenas puede sa­ tisfacer. En estos países, el hedonismo y el consumismo han precedido al desarrolio industria!, dislocando la acumulación de capital. Las reacciones a estas expectativas crecientes han oscila­ do entre el populismo que se traduce en el reparto de «ingresos psicológicos» a los estratos en ascenso y de algunos servicios asistenciales. y la inflación inducida. bien por un gasto púbilco desmesurado, bien por la necesidad de incrementar los ingresos gubernamentales sin provoca confictos inmediatos. En los casos en que estos expedientes fracasan, se desencadenan los re­ cursos de una represión más o menos masiva. Sin embargo, parece claro que estas medidas (populismo. inflación inducida, represión) aparejan costos sociales muy altos (desorganización, incertidumbre endémica, deslegitimidad de los sistemas) y que no pueden convertirse en cons- """,,; tantes. De aquí la necesidad de identificar alternativas (incluyendo costos de oportunidad) con ei auxiiio de las herramientas que la prospectiva puede suministrar.

, de levantar cortinas de "hiena»

Por otro lado. también se advierte en los últimos años una revoiución de «expectativ¡;s de­ clinantes". ocasionaáa por esos intensos contactos inter-culturales. En un mundo de recursos finitos, los sistemas activos desencadenarán luchas darwinistas: pero los pasivos y íos derro­ tados CUltivarán la apatía. De aquí los ejercicios recientes -que oportunamente serán est;J­ diados-dirigidos a lograr «crecimientos orgánicos»,-precios justos». «transferencia ;jO recipro· ca de recursos» y reconstrucción global de instituciones y valores (Pe'stel-Mesarovic i 975). Este cortejo a las utopías no es sólo una manifestación ostensible de hacer compatibíe ;0 que, en si corto piazo, parece incompatible; emana de una visión de amplio horizonte que anticipa el que­ brantamiento de las tendencias actuales.

Finalmente, la prospectiva se ha visto favorecida por los costos de la imprevisión. en otros períodos históricos. la mayoría de los desastres han tenido efectos reversibles o han ocurrido en contextos de fataltsme--soci-a-l-:--No- es así en la edad contemporánea. Los" balances de terror", :8 transnacionalización de las economías y sociedades y las actitudes activas en relación al cambio se traducen en una sensibilidad más acentuada respecto a las amenazas y oportunidades del fu· turo. Ai menos en sociedades avanzadas, es convicción compartida de que un colapso estratégico puede arrojar efectos irreversibles. Tienden, por tanto. a minimizar y distribuír riesgos a la luz de anticipaciones más o menos fundadas. Así. hoy el futuro es importante: no puede ser dejado en manos dei accidente o de la contemplación.

Aparte de estos factoresmacrosociales que-nan. gestado unambíente favorabie para ¡as

indagaciones del largo plazo. hay que mencionar los factores político-organizacionales. Entre eilos cabe recordar la institucionalización de la planificación, el ascenso de entidades transnacionaíes, ia poiítización-militarización del sistema internacional, y las incongruencias entre cícios econó· micos y ciclos políticos. Conviene detenerse brevemente en cada uno de estos tópicos.

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micos y ciclos políticos. Conviene detenerse brevemente en cada uno de estos tópicos. al 16 -
Los origenes de la planificación son múltiples (8hagwati-Eckaus 1973). Arrancan de la fe racionalista (difundida
Los origenes de la planificación son múltiples (8hagwati-Eckaus 1973). Arrancan de la fe racionalista (difundida
Los origenes de la planificación son múltiples (8hagwati-Eckaus 1973). Arrancan de la fe
racionalista (difundida pOrComte. Marx. Saint Simon. Weber, Mannheim, entre otros) que se tra­
dujo en la convicción de entender y controlar procesos sociales. debido a la marcada insuficien­
cia (o imperfecciones) de los mercados. Keynes, en particular. ofreció las bases teóricas y los
instrumentos de política con vistas a ampliar la intervención del Estado en el comportamiento
económico interno e internacional. Sus ideas cayeron en suelo fértil en los años treinta. cuando
el mundo habia experimentado la Gran Depresión y estaba padeciendo los males del desempleo
masivo, las devaluaciones caóticas y la retracción generalizada de los mercados de bienes y de
capital. En este contexto de inestabilidad creciente, diferentes estilos de planificación tomaron
forma

Esquematicamente. se pueden distinguir cuatro situaciones en cuanto a la eficacia relativa ya la legitimidad ideológica de la planificación. En un primer caso, la planificación goza de apoyo extenso y es relativamente eficaz en términos macroeconómicos (economias socialistas avan­ zadas y democracias capitalistas europeas); esto no quiere decir que las diferencias en el con­ cepto y en la practica de la planificación no sean importantes, ni que no se hayan verificado reac­ ciones en contra de ella (Dentan y otros 1970). Segundo, hay países en los que el discurso gu­ bernamental y público niega legitimidad a la planificación y glorifica las virtudes del mercado y

la presumibie «soberanía del consumidor»; sin embargo, expedientes de la pia/1ificaciónson usa­

dos considerablemente. en particular en la política exterior, en la investigaciónmi[itar y en los grandes conglomerados. Tal es el caso de Estados Unidos. Tercero. se observan paises que se adhieren ideológicamente a la planificación y que han ampliado ~D,~cóñsecuencia.la magnitud y las intervenciones del sector público, con resultados modestos,),"contraproducentes (como en !a mayoría de los paises de América Latina). Esta discrepancia entre ideología y realidad se maní­

f.le.S.taOJ Estado. ora en una planificación ilusoria y autista (Ava­

!os-Antonorsi 1980; Hadara 1982). Finalmente, se presenta el caso de- naciOfleS-rnJeV8S 'tparti­

cuiarmente en Africa y en algunas porciones de Asia) que carecen de ideolo.gia y de mecanismos . " de planificación Tampoco cuentan con mercados monetizados que aseguren «equilibrios» gioba­ les o parciales Los arecios son determinados merced a mecanismos pre-capitalistas, conforme

a los intereses de !~s élites gobernantes. A largo plazo, estos paises e;'caran una problemática viabilidad.

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paises e;'caran una problemática viabilidad. ¡ .• !,: ,. aeD.uQcreci.el1t~J:;ªp-italismo de De todos modos.

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aeD.uQcreci.el1t~J:;ªp-italismode

De todos modos. \a planificación. como concepto y como práctica. abrió cauce a jos ejerci­ cios prosoectivos La aceptación de un régimen de precios administrados y negociados la cau­ sa del debilitamiento de la competencia. de la inmovilidad relativa de los factores y de! arbitraje activo por parte de los gobiernos en asuntos económicos, sociales e internacionales), acentuó la importancia de anticipar factores que actúan aparentemente independientemente de los mer­ cados, pero que los afectan profundamente.

El ascenso y propagación de las entidades transnacionales es otra circunstancia catalizado­ ra de la prospectiva Con el designio de maximizar ventajas dinamicas y economías de escala. estas entidades deben operar con horizontes amplios y en ambientes dispares. Deben :eaucir factores comerciales, tecnológicos y politicos de inestabilidad. No se olvide que estas empresas se mueven en un clima de competencia oligopólica y que. en consecuencia, dependen gra demen­ te de los a'Jances tecnológicos y del perfeccionamiento constante de los servicios de lOrorrna­ clón respecto a mercados, productos. procesos y eventuales competidores. En cuanto a a inves­

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tigació'1 tecnológica, ésta posee un ciclo de vida (desde los estudios básicos hasta la colocación come"cia1. de los productos) extremadamente largo. Con frecuencia, la secuencia real del ciclo es muy diferente de la normativa o esperada (Roman 1980); y, en todo caso, tiene irradiaciones no SÓlO en la empresa sino en el ambiente que la rodea (Mansfield 1968; Vernon 1971). En paí­ ses avanzados pero pequeños (Suecia, Israel, Holanda), el ciclo tecnológico vinculado con la cons­ trucción, por ejemplo, de un avión multifuncional altera el comportamiento macroeconómico de ¡os mismos durante dos ° tres décadas.

A,lgo más. La transnacionalización impone una flexibilidad organizacional extrema; los ajus­ tes deben ser oportunos y rápidos: y esta flexibilidad no puede lograrse sin una previsión razo-' nablemente sólida de la capacitación y flujos de personal, fuentes de crédito y financiamiento, \/3riaciones ambientales, etcétera.

Adviértase que este requerimiento no toca sólo a las empresas multinacionales. 1',1 borrarse ce facto muchas fronteras poi íticas y al extenderse los espacios económicos, también los go·

biernos deben afinar sus métodos de defensa contra una transnacionalización lesiva a sus intere· ses como estructuras de poder (Díaz, Alejandro 1981; Vernon198í). De esta manera, tanto los grandes conglomerados que tienen interés intrínseco en al extensión y oligopoiización 'de los mercados, como los gobiernos que propenden a estrechar el espacio político y a cuidar sus soberanías, precisan anticipar signos y configuraciones que pueden afectar a esos intereses. Ciertamente, en la realidad existen también alianzas o complicidades entre gobiernos y grandes

ni incondicionales.

empresas, pero a nad,ie se le escapa que estas alianzas no son ni "sagradas

La oolitización y militarización del sistema internacional apremian, por añadidura, a las ex­ piCíaCtOnes de 10& signos del futuro. Este proceso involucra e! uso de la violencia a través de los s'stemas nacionales, violencia que se ejerce de diferentes maneras y con límites convenidos ;Srar¡dt 1980; Hadara 1981). La descolonízación no ha sido acompañadó:, como bien se sabe, ni por e; crecimiento sostenido ni por la paz universal. Se advierte un marcado desencanto en iDS paises subdesarrollados, especialmente entre aquellos que han ganado ascendiente y presencia gececonómica en los organismos internacionales. Al mismo tiempo, las ex-poténcias imperialis­ tas v'enen incrementando el comercio de armas a ritmos sin precedente (Time, octubre 1981 J, y !lasta a;ounas naciones en desarrollo (como Brasil) tienen lugar prominente en estas transaccio· "les [S8;"0 Jugar). La conversión del mundo en un arsenal se traduce.e-n-ufl-juBgopeiigrcrs1Jae---

i'i.TJe.r;;;;z3s v~o'i-eTrCfr~"- 18~
i'i.TJe.r;;;;z3s
v~o'i-eTrCfr~"-
18~

y contraamenazas. Guerras comerciales, cierre probable de vías a bases estratégicas,

y "12sta insinuaciones de chantaje internacional (atómico, quimico o financiero) son modalidades

.

de ese juego [Heilbroner 1974).

--i'~'

:

Cat)e advertir que la militarización del mundo tomó ritmo inusitado a partir dei último lus­
Cat)e advertir que la militarización del mundo tomó ritmo inusitado a partir dei último lus­
tre, debido a la "crisis de ene"qía
y al estancamiento-can-inflación Desde el ángulo del vendedor,
:2 venta de armas es una form~de compensar déficits en la balanza de pagos y, además, provocar
¡''''lovaciones (o spin offs) a partir de las industrias e inversiones paramilitares. Para eicompra·
dar. las armas representan .expresi.ones de" consumo conspicuo
, ocasionadas ya
sea por pugnas
entre ¡as éiites gobernantes, ya sea por la posibilidad creciente de insurgencias popUlares, o ya
sea por nuevas concepciones geopolíticas. En todo caso, politízaciól1
LOlilitarización
favorecen
:a ref'ex:ór; Q.ms.pe.cJiva en un contexto~f' incertidumbres crecientes y empleo irref~nado""dela
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dos por inversiones, gasto públ icü- c rcio internacional, .y.JQ.S.-.G.iG!os a los'earnb+us--t (, que re~nder:

dos por inversiones, gasto públ icü- c rcio internacional, .y.JQ.S.-.G.iG!os

a los'earnb+us--t (,

que re~nder: ia. Hoy se acepta no
que re~nder:
ia. Hoy se acepta no

pnJj.t.iQLs

Finalmente, cabe apuntar una apreciable incongruencia entreJ.os cicles se-onóA'lioos-im'tDcl­

normados) de gobierno y de es eras de in

; ,. sóló"qüe-~iclos políticos han acortad'ó . ICOS, sino que los afectan sustancialmen­ te. Pero en muy pocos casos se registra una correspondencia consistente entre esos dos ciclos. y cuando tal correspondencia se verifica (con algunas reservas, es el caso de México) ,.¡;l <:;i"c.io político domina acarreando un alto costo económico (Hadara 1973). En forma acumulativa, es­ toscostcis-p-üeden Inc;di, eñTIi' regularidad d'erp';:Opio ciclo político (Hodara 1978; Wheeler 198;)

_i

En suma, estos nuevos factores políticos y organizacionales que extienden considerabieme r te los espacios y los impactos decisionales, obligan a mirar a lo lejos y desde lejos. La hisfo;ia ha perdido su inocencia: los hechos del presente están preñados con el futuro:\~1 problema cen­ trel consiste ahora en organizar relaciones de incertidumbre. mediante nuevos tipos de conjett ;­ ras, indicadores y modelos. Tal es el propósito cardinal de la prospectiva.j Su descuido bordea !a irresponsabi lidad en el plano comunitario o empresarial, dependiendo del asunto y de lOS ¡,.,­ tereses de los actorf,S (Time, noviembre 30, 1981, donde se explica la actividad del Stanford i'ie­ search instituteJ. Es probable que los sistemas de hoy sean más inteligentes que sus directores. Pero los sistemas no se programan automáticamente ni las relaciones de incertidumbre He',en normas constantes: sus líderes deben formular los cuestionarios al porvenir.

cl

Factores profesionales también han contribuido al progreso de la prospectiva. Uno de ­

ellos es !a diferenciación en los mercados de trabajo académico Esta diferenciación tiene varias causas: la explosión informática, los requerimientos de la planificación, el rumbo de ;a invest:­

~ .: gación hacia problemas concretos, la fertilización mutua de disciplinas. Es muy d!ficil corferi'

·pBSG-<l-eacia.llQQ_1:te_fistO$ elementos: y la lista no es exhaustiva. Pero en cualquier caso. se ad· vierte que la oferta de profesionales dedicados a escudriñar e!_ devenir de sistemas complejos

(desde los

ciales

crecido "épicamente. A pesar de que en algunos casos esta oferta crea maliciosameñte su propi:;:

de :3 ¡.,.-,!croelectrénica en los métodos de trabajo y en la estratificación 'de las clases) he

usos de los r~yos !asers para librar guerras desde

he usos de los r~yos !asers para librar guerras desde el espa'¿io"ha;;ta'los-'jmpact~s so· --

el espa'¿io"ha;;ta'los-'jmpact~s so·

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demanda, no hay duda de que responde a requerimientos concretos de la conducta de mercados y sistemas.

Hasta los afias cincuenta, especialistas en ciencias naturales mostraron predilección por as· pectos sustantivos y metodológicos de la prospectiva; pero en las últimas décadas se han adheri­ do a ella los analistas sociales. Institucionalmente, pueden depender de algún gobierno 6empre- . sao o bien actuar con autonomía (Dickson 1971).

,,-.;' ~ Otro factor profesional toca la creciente importancia de las "industrias del conocimiento" que atenúan sensiblemente e! peso de los factores clásicos de la producción y eievan e: valor de! capital humano y del acceso rápido a la información (Bell 1976; Bell 1980; Hadara 1982). Por ejemplo, innovaciones como la hidroponia (cultivos sumergidos en agual y la aeroponia (cuitivos tratados químicamente, sin agua ni tierra) habrán de introducir una genuina revolución en ja agri­ cultura (inaugurando la agricultura urbana) y si sus efectos probables no son previstos er, pai· ses .con una constelación clasica de recursos. podrá acarrear una catástrofe en ellos. Ya existe un antecedente ampliamente investigado en la «revolución verde», que en modo alguno reSOiV!O los problemas sociales del campo.

19

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2.3. La Dialéctica de la
Predicción

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~n suma, la reflexión prospectíva CObra fuerza y sistematización en las últimas décadas. No;" es ni episodio ni accidente. Demandasobjetívas alimentan crecientemente a esta disciplina. Se' han hecho comentarios (en algunos casos deliberadamente provocativos) sobre algunas de elias.( .;. Podría añadirse que los estudios del futuro son muy importantes para las soci~dacfes industria· les, pues éstas no parecen tan invulnerables como de ordinario se piensa; encaran no sólo las amenazas crecientes de algunos países en desarrollo [Mesarovic 1981), sino la competencia cada vez más apremiante entre los propios países avanzados. Sin embargo, para América Latina estos estudios constituyen una necesidad impostergable. La postergación de sus reformas agra:

rlas, el mantenimiento de regímenes industriales excesivamente protegidos, la expansión impru;.-:~

los

sectores privados: estas circunstancias -entre otras- explican la margina\¡dad comercial, tec· nológica y cultural de este continente. Si los signos del porvenir también son descuidados. iL marginalidad podría tornarse sistemática e irreversible.

dente del sector público, el anquilosamiento de los intelectuales, la estrechez de mira de

··

Los adelalltos de la prospectiva en modo alguno significan que se hayan superado los pro:

biemas epistemológicos. teóricos y metodológicos de la predicción. Es ¡a prospectiva Ulla di cioiina joven, y en cuanto tal todavía debe articular paradigmas y consensos.

i Por otra parte, ~as conclusit;}lles 41e. cualquieri;;9nticipaci6n tienen impactos en el devenir. Es tos
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Por otra parte, ~as conclusit;}lles 41e. cualquieri;;9nticipaci6n tienen impactos en el devenir. Es
tos Impactos a su vez pueden áfecúrr ~os'Pr~ri~os-de-de'eisién,'.¡:¡eut¡:alizando.D_aweS-i,¡rªn_d9 t!,'
anticipación.,
De aquí la dialéctica de las previsiones. Afectan sin duda a las "políticas» en cuanto ¡nst
mentos de control que afectan a ambientes. sociedades e individuos. Una ilustración es OpOI
tuna. Las experiencias de algunas sociedades latinoamericanas en el manejo del petróleo .;
;:.'
cuanto rubro importante de producción y exportación encierran tres tendencias aparentement'
contradictorias, Una es la marcha hacia un capitalismo de Estado: los excedentes petroleros r: .
. ministran. ingresos, liquidez y capacidad de maniobra al sector público, de suerte que éste pue'éf
influir considerablemente en los ciclos macroeconómicos e, incluso, en las expectativas de '.:
empresas. Otra es el ascenso de un populismo económico que descansa en el gasto púbi,,,
como una forma de pacificar a los estratos medios y a las agrupaciones obreras organizadas. ro.:
se trata en rigor de un "Estado benefactor», puesto que el apoyo estatal a esas clases es a,~
mente selectivo e intermitente. Sin embargo, esta forma particular de popu!ismo ofrece" inq­
20
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) sos psicológicos". simbólicos (además de un conjunto de servicios y bienes publicos) que per­
) sos psicológicos". simbólicos (además de un conjunto de servicios y bienes publicos)
que per­
miten ya sea imprimir legitimidad a las intervenciones gubernamentales. ya sea postergar ei
estallido de demandas genuinamente populares. Finalmente. la adhesión directa o ¡f"ldirecta de
estos países a la OPEC los compromete en una pugna internacional con las naciones consumido·
'., ras de hidrocarburos. e implanta en las élites de los mismos sentimientos en contra de esas na­
;" :;
se
:~)
ciones. El caso de! Ecuador. por ejemplo. ilustra estas tres tendencias (Philip 1980). p.caso
noten también en México (Hadara 1981).
Ahora bien. estos efectos probables del petróleo condicionan las políticas económicas y so­
ciales de los países que lo poseen. asi como las reacciones internacionales que habrán de encono
trar en contextos diferentes. Desde este punto de vista. la previsión es una herramienta útil
de esas políticas. Sin embargo. genera también una propensión crítica. La Jn'Qspebtiva puede
reaccionar contra la polit:ié'i3 cuando ésta no se ajusta a las anticipaciones o es guiada por defini­
ciones estrechas o burocriíticas de la realidad. Eli·Tale·ss:1tü?E:i€!f1e~
l,a<·prospectiv~puede
aC'
tuar como un "fermento :insurreccional;. que abre·caWC.€í'auná·resjsf§'jic¡:á:sóstellida
a las orie'rl~
taciones gubernamentales.

Asi. por ejemplo, !a visión de los efectos plausibles del petróleo debe conducir a una políti­ ca exterior flexible respecto a paises productores (que fijan los precios por la vía de !a nego­ ciación multilateral) y consumidores (que son la fuente de ingresos de los proyectos de des­ arrollo) Si esta delicada oscilación es estropeada por medidas que obedecen a presiones de! corto plazo. los costos sociales de desviarse de las tendencias entrevistas ascienden ap'recia­ b!emente.

En otras palabras. I¡> prpspec;tiya eSl.Jnin$J.r!JITljmtº~~í~iY~/.?:eja~~cI?<;UjJ.icªsencuaT}to lesé:

confiere flexibi lidad. infbrtnacio!i:y.;horizonte,;; pero es tarilbiéíi' uninstfümerito' normativo¡ que pone en claro desv'3ciones gubernamentales ocorporativas apenas razonables. No ciehe .sorpren· der que trabajos producidos por instituciones especializadas (como el Hudson Institute. Broak· ings. la Rand. el Ciub de Roma. y otras) despierten inevitablemente discusiones enardecidas. Es­

se

sabe de un lado el precio de un avión de combate, las rutas viables de adquisición, las funciones

tas tienen raíz en las cargas positivas y normativas de la prospectiva. De nuevo un ejemplo:

que puede desempeñar en tareas civiles y militares; estos datos son importantes como insumes de la decisión pertinente Pero también se sabe el costo de oportunidad de ese avión: cuántas escuelas, hospitales o caminos no habrán de abrirse como resultado de la 'mísma~esté- ChO· que reside la dialéctica de la prospectiva.

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que reside la dialéctica de la prospectiva. \.:; ' No obsta¡1te, ¡as exploraciones del futuro deben

No obsta¡1te, ¡as exploraciones del futuro deben seguir a pesar de sus dificultades metodo·

Comprender;

asuntos demasiado importantes (Peccei ',1981 J. Pretenden. en primer lugar. i.~te~.!~ alternativas

s y en los sistemas d~coritro4:t!dblicoy/oempresariaL. segundo, proponer nuev9.§.

en.!9.-s

lógicas y de las reacciones

iracundas que suelen provocar en algunos círculos.

politica

díS_E!ños

y·-e~~~aceptablg;,

tercero. ag~dízarla sens;~I[dad RúlJJi­

ca 'podaU.Qflg'~Ll~cambios

experienci.as

pJ.sEQ~LCQID

o_ielas

cualitatiyos; cuarto. e.stimular el ~~

las

propeosjooes prevaleciente.::>: y. en fin. exc.it9.~,la imagina·

¡~cjaLde

CiÓjLc,oJ.ec.tiva--y~.uefuLQi.9lUli.zadQ.:JDror1972) con el fin de aminorar la rigidez de sistemas

complejos y detectar oportunamente las repércusiones de una acción (Hetman 1973) .

Debido a esta dialéctica. los especialistas en la prospectiva (en-asuntos que tocan

las

mo­

21

a y 2?
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y
2?

d2iidade~ futuras del terror interno e internacional y el cambio radical de valores) encaran una \­ respetabiiidad socia! ambivalente. Se les necesita y se les teme simuitáneamente; son materia de atención y de burla, pues iluminan el presente y sus grados de apertura y libertad; al mismo tiempo, afinan el sentido crítico dentro de la sociedad y de las organizaciones que no aprovechan justificadamente la posibilidad de «inventar los futuros".

Esta actitud ambivalente suele traducirse en términos institucionales.-Así, en algunos pai­ ses (Unión Soviética, Francia, Japón) la detección de tendencias se efectúa en los organismos de planificación, o muy cerca de ellos; en otros (Estados Unidos), en cambio, existe una diferencia­ ción deliberada entre los ejercicios de anticipación y los procedimientos para asumir decisio­ nes. SÓlO en circunstancias concretas (y no en el plano abstracto) puede aconsejarse cuál es la configuración institucional óptima.

Cabe hacer un apunte epistemológico. Los pronósticos suelen «suicidarse» (Henshe! 1979); vale decir, levantan resistencias en el momento en que son publicados. Piénsese en la anticipa­ \ ción respecto a las tasas de interés_ Algunos razonamientos económicos pueden conducir a la conclusión de que éstas habrán de subir en los próximos meses o años; pero esta previsión, que puntualiza también los impactos negativos, puede alterar los precios del capital.

Pero hay también pronósticos que se autorealizan (independientemente de su fundamento empírico) merced a la aceptación pública que reciben. Por ejemplo, la proliferación internacional del armamento nuclear podría autocumplirse, pues se trata de una expectativa generaiizada (Ra­ se-Lester 1978); y.este evento ocurrirá a pesar de que realidades del subdesarrollo aconsejan una acumulación de capital en proyectos sociales y civiles.

En ambos CflSOS los pronósticos se "alteran a sí mismos» (Merton 1980), pues desencadenan secuencias que los desmienten o corroboran, independientemente del contenido intrínseco de esos pronósticos. Aquí reside el dilema epistemológico: cómo es posible distinguir entre el fundamento empírico que lleva a cristalizar o destruir una anticipación y el fundamento público que apareja un resultado semejante. Para resolver este dilema hay que observar no sólo los he­ chos inmediatos pertinentes al pronóstico, sino el ambiente cualitativo y los núcleos de poder que admite01 o rechazan el pronóstico.

Un ejemplo de actualidad ayudará a esclarecer este punto. Estados Unidos y Japón están li­

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brando una áspera competencia por Jo.s. mercados- de JOJ;¡PJº9!otct9~LPJº!=~sº~EJ.Le_c!1':9f)ic;_ºs

gunos' datos empíricos, como la tradición de las empresas norteamericanas en este rubro y el-- +~ apoyo que merecen de parte del Departamento de Defensa, invitan a concluir que USA habrá de ganar esta batalla e'conómica (Servan Schreiber 1980). Sin embargo, esos mismos datos y la posibilidad de una hegemonía norteamericana en la telecomunicación y en la miniaturización de procesos han provocado reacciones en la política económica norteamericana, como ei subsidio

----­

las empresas electrónicas ¿:f1 una vasta escala, la elevación de las tarifas a las importaciones,

ei apoyo institucional del Ministerio Japonés de Comercio Internacional e industria (M!TI) Si esta reacción tiene éxito, el pronóstico inicial será "falsificado» Q desmentido por e! devenir -tReich 1981). Deslindar la causalidad de estos pronósticos es tarea ardua pero indispensable; :JO es posible comprender el encadenamiento de reacciones y respuestas sin este deslinde.

De aquí un coroiario importante: la "realización» de un pronóstico no puede ser el único pa­ irón de medida de la «cientificidad» de la prospectiva. No es el caso de la metereoiogía o de ia

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Aparentemente, el dilema podria ser superado Gon pronósticos «sellados», es decir, previsiones
¡;! que quedan encerradas en los círculos de expertos; o bien con pronósticos que se enuncian y
.-, operan en «tiempo real», es decir, que poseen rapidez y complejidad tales que ningún sistema
j decisionaí puede frenarlos. Pero cabe pl'eguntar si este procedimiento no mella la ética personal
y profesional de! especialista.
r:'.
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Un ejemplo aclaratorio es el siguiente. Supóngase que sea posible trasplantar el corazón de "'" Ln joven a un anciano y que el trasplante, para lograr éxito, debe hacerse a los pocos minutos ~ de fallecido el joven. En términos generales, este pronóstico llenará de esperanzas a los aneja­ r,,; nos. Pero supóngase que la posibilidad cristaliza en una sociedad donde el poder y la 'riqueza se distribuyen muy desigualmente, o donde algún género de discriminación tiene alta difusión, entonces no es desatinado esperar que los trasplantes se ajusten a normas anti-humanistas .) (como el asesinato de jóvenes). Si este pronóstico se cobija en el hermetismo de especialistas o de políticos, este tipo de conducta podría acontecer. Y en tal caso ¿cuál es la calidad ética del pronosticador?

Este ejemplo parecerá fantástico. Desafortunadamente no lo es. Al lector atento y especiali­ zado de una obra reciente (Collins-Lapierre 1980) rtO se le habrá escapado que todas las posibili­ dades tecnológicas que en ella aparecen son factibies y que muchas de ellas operan en la real;­ dad: acontece que ei público tiende a considerarlas como ficticias debido a una desinformación deliberada.

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cometido es 'T,2S b'8': s8>1sibiijzar a :

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a : público determinado respecto a tendencias prevalecien­ j F éi;.mes,reducir sorpresaste :r.;:.~ ;;-, 2.4.
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tn los últimos años han proliferado estudios sobre el futuro del sistema internacional, so-'

ore una sociedad determinada y sobre instituciones y valores particulares. Kahn, por ejemplo,

é',", 979) ha continuado apuntalando su optimismo tecnológico, en contrapunto con las premisas

neomalthusianas avanzadas, desde principios de los setenta, por la literatura sobre el «crecimien­ to cero". Así, según Kahn, de no intervenir «la mala suerte" o una «administración inadecuada», el

crecimiento mundial habrá de continuar incluso en los países menos desarrollados. Este autor sostiene que la expansión demográfica debe bajar sensiblemente en las próximas décadas, debi­ do a los imperativos de la modernización y, en particular, de la etapa post-industrial. En esta etapa aparecerán fenómenos (como una cultura «sensata»,-Ia institucionalización del cambio téc·

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niGlp, el auge de ¡as industrias del conocimiento, la difusión de las meritocracias) que pondr(~.
límite a esa expansión por vías directas o indirectas. Mientras tanto -Kahn sugiere- la densid?~,.
urbana podría ser resuelta mediante el aprovechamiento más razonable del espacio; la contar',
nación, con castigos fiscales: y las confrontaciones internacionales que tienen como telón d,
fondo una desigualdad creciente, mediante una «despolitización. selectiva de los términ,.
usados.
Otro género de actitudes es menos optimista y lineal. Presupone considerables turbulenciú,',
en las interdependencias globales, a menos de que «la humanidad organizada» en las Nacionj?-"",
Unidas instaure voluntariamente una reconstrucción internacional (Tinbergen í977). Este. proC"·
so de cambio planificado comprenderá simultáneamente el orden monetario, la redistribucié>
mundial de ingresos y recursos, el redespliegue del comercio y la industria, la diferenciación'·
las fuentes energéticas, la administración conjunta de los océanos, y la supervisión de las com'.
nicaciones de masa.
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~ Hay también testimonios sombríos sobre el futuro de la humanidad (Peccei 1981). Desp(}¿~'
de distinguir redes y puntos nodales críticos en las interdependencias (como en el empleo, rd:'
:.--, usos dei agua, la contaminación ambiental, el comercio), estos testimonios destacan signos ,é,:
una decadencia sistemática y acumulativa. Entre ellos: un crecimiento demográfico desordeÑP
do, la ausencia de planes y previsiones contingenciales en vastas áreas del globo, la degrarl'
ción de la biósfera, la carrera de armamentos, la incomunicación Norte-Sur, ia existencia de' ~
-vacío» de valores. En estas condiciones, no sólo se instituyen medidas y gobiernos «demenc¡'
les», sino que la humanidad entera padece un desequilibrio tal vez irreparable. ! •
Aparte del global, los estudios recientes del futuro tocan planos regionales (Mesarovic-P
te' 1975; CEPAL 1981). Los autores de estos estudios observan con lucidez !a heterogeneidad d
la situación internacional y el consiguiente eS,colio (y tal vez futilidad) de formular planes ge r
rales, cuasi-planetarios. Mesarovic-Pestel, por' ejemplo, proponen dividir el mundo en parcel"
relativamente homogéneas tomando en cuenta la calidad de los problemas que enfrentan y <"~o
faCultades de auto-gobierno Conforme a estos criterios, sugieren géneros de "crecimiento 0':\1,
¡¡ico» (que contrastarían con el -crecimiento canceroso" vigente) basados en la cooperación j ,
'
ternacional y en la movilización de recursos locales.
o .E¡:¡.j.o-que -!espe.cta-a_Amérlca_Latina
C.EPAL.bace.hÜtac.apLé_
e.nJ<;t Q.ºbr~uu;:rítLc-ª JmJ.S".Q.(
prendería al 40 por ciento de la población), la inestable recuperación de las economías nacían:
les, la escalada incontenible de los precios, el incremento de la deuda externa, la marginali(
comercial y tecnológica y el acentuamiento de las convulsiones internas. Para enfrentar este
cuestiones se necesitaría instalar un tipo de planificación normativa que defina cuál debe se~{.:,
calidad deseable de las estr:Jcturas regionales. Mientras no se fije un «blanco» social y un pÓ'
to de llegada, habrá confusión en los puntos de partida.
Tampoco faltan estudios de carácterintra-regional. Algunos advierten en la «transnacion
¡ización» de economías y culturas (VillamiI1981) una variable clave para explicar los ritmos
ferenciales de modernización económica y de dependencia externa. Otros (Hodara 1979) advie
ten, además de estos procesos externos, la existencia de fuerzas internas que crean escisio·
y «esferas de influencia" dentro del área latinoamericana. Así, por ejemplo, estos trabaios r
ócultan que la integración económica viene tropezando con obstáculos tal vez insalvable~; ,.
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dos países económicamente grandes de la región están reproduciendo los nexos de asimetría y ~':1Jependencia
dos países económicamente grandes de la región están reproduciendo los nexos de asimetría y
~':1Jependencia en contra de los países pequeños: que algunos países (Brasil, Argentina) estár
~'CJuebrando objetívamente delicados balances geopolíticos: que el fermento revolucionario en
,América Central le dicta a México y Venezuela nuevos dilemas tanto en la política exterior como
,.;.n
1:1 inlerna.
,. No se ha descartado !3 indagación de sociedades nacionales. Muchos países han concitado
,,"~nterés debido al papel que desempeñan (o pueden desempeñar) en el juego internacional de
O:7fuerzas. Es el caso de México, por ejemplo, que ha provocado una copiosa literatura con ánimo
~íospectivo (Koslow 1977; Looney 1978; Hadara 1978; Creasey-Langston 1979; Wheeler 1981).
""entre ¡os parámetros y variables que han merecido detenida atención en este caso cabe resaltar:
,~Ia evolución demográfica, las tensiones distributivas, la legitimidad de las instituciones políticas,
:a
estatización creciente de la economía, las nuevas formas del ascendiente norteamericano y
otros tópicos de cardinal significado. Ciertamente, la evolución externa
e interna de los
merca­
_oos del petróleo es un factor critico en la determinación de las tendencias mexicanas.

Los estudios han descendido al nivel sectorial, esto es, el análisis de algún cuello de bote·

'Ila o escollo estratégico En esta esfera se encuentran los exámenes prospectivos sobre la ener­

gía (CONACYT, México, 1980). la educación y los valores (E. Boulding 1977), Y la secuencia probable de los mercados financieros y de seguros (Boucher-Ralston 1980J,

, Como puede anora comprobarse con los comentarios hechos, el impulso hacia las explora­

,

. ciones del futuro no ha cesado. Antes al contrario, tiene ya dinámica propia, aunque obedece a ';.fines desiguales: la reducción de neblinas o "ruidos" en la percepción de las trayectorias veni­ 'deras, como insumo indispensable de las politicas y estrategia3 de largo alcance, y, en fin, como "f1ueva:; modali-dades--de+-ffltihear--o -legitimar un ordenamiento vigente;

Ahora bien: si se acepta que estas indagaciones son necesarias, ¿pueden los paises en des­ arroilo -los latinoamericanos en particular-emprenderlas con recursos y marcos de referencia ~~~Jropios?

'O' 2.5. Prospectiva y Subdesarrollo

? 'O' 2.5. Prospectiva y Subdesarrollo Si se ponderan los asuntos que han suscitado la atención

Si se ponderan los asuntos que han suscitado la atención de los estudios recientes en pros­ _ pectiva, ei interés de los países subdesarrollados en ellos deberia ser ubicuo y permanente. Oes­ :~:'afortUriadamente.no es así. Sólo en algunos paises (México, Brasil, Argentina. Venezuela, Egip­ - to, India) se advierten destellos fragmentarios de interés: se ha ensayado incluso elaborar un modelo latinoamericano" como respuesta a los análisis en boga en las sociedades industriales, con logros modestos (Herrera 1977) He aqui una paradoja: despuntan varias tendencias en terre­ )lOS estratégiCOS (tecnología, comercio, financiamiento, terrorismo, energía. gustos de los con­

que, si no son manejados 0pOJ'tunamente. pueden ocasionar no sólo la ampliación

· sumidores)

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as¡ eonstar¡,te de la brecha-ingreso, sino la perpetuación del subdesarrollo. Y sin embargo, es mar­

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eonstar¡,te de la brecha-ingreso, sino la perpetuación del subdesarrollo. Y sin embargo, es mar­ cado el 'tiesinterés por el estudio de esas tendencias. Si se rechaza la hipótesis de que este des· cuido no es producto de la »malicia internacional», habrá que buscar factores estructurales ¿Cuaies son los obstáculos internos a la institucionalización de los estudios de! futuro? ¿Hay QOsit-;'!ioad de relTloverlos?

Para contestar a estas interrogantes se ensayara una respuesta compleja que pone énfasis en elementos internos y estrücturales. De ninguna manera se subestiman factores externos (Ha· dara i981) que, en conjunto, abren cauce a un nuevo tipo de vulnerabilidad y de control que ei término "imperialismo cibernético» pretende caracterizar (Hadara 1981). Sin embargo, la adjudi· cación sistemática de responsabilidad a factores externos conduce a una demonologiéi" estériL

.~c--'j¡jj¡~~
.~c--'j¡jj¡~~

.lHgn·!:I. glzaclón a eiperí"sa's~ill:iJ'7a't'a a).La información es un prerequisito de la prospectiva En pági· "as anteriores, al examinar los determinantes de la reflexión institucionalizada sobre el futuro, se afirmó que el desenvolvimiento de la informática ha brindado a las sociedades industriales instrum<:ntos muy eficientes de control ambiental. Los resultados de este ava'nce no se limitan

huma­

2 esa rnanifestaci{)n. La estructura de los servicios

ro) y las configuraciones de costos y de ventajas comparativas se vienen modificando sustan­ cia,mente-en u.na medida que análisis algo tradicionalistas (por ejemplo Ruiz Nápoies 1981) apeo ras sospechan Algunas cifras ilustrativas. en 1962, un circuito integrado costaba alrededor de se dólares; seis años mas tarde, el costo bajó a 2 dólares. Este proceso volvió a repetirse en el

.,eñl1fr~l'lff't~ftltwct~·ékagéiadá'1j;",,~rfdeQI0;·

(que se tornan intensivos en capital

caso de la robótica industrial: hechas las inversiones iniciales, una hora de operación por robot asciende a 5 dólares, mientras que el costo correspondiente por obrero oscila entre 15 y 20 dó· lares (Time, diciembre 8, 1980). No se precisa mucha imaginación para suponer que ei carác· ter de la inflación (inducida. entre otros factores, por los incrementos en e! costo del factOr t,abajoJ y dei redespliegue industrial será afectado por los nuevos géneros de ja informatica

'f'BrD'AmériCcd~atina-S"Óto-e's"tá'eTl' tns unmral-es-'crel-a-teierm:ihca-:Aúrr -encaT3"Lin' problema mucho más elemental que frena el progreso de la planificación de largo plazo; ¡as modestas do· taciones de datos básicos sobre variables y series estratégicas. Por ejemplo es tarea ardua (s:

no imposibie) proyectar y planificar con base en coeficientes de producción, consumo, inflación o escolaridad apenas confiables Y cuando las escasas fuentes de información se contradicen muo tuamente, el encildenamientLJ de las conclusiones es empíricamente frágil. Existen dos situacio· nes todavía más perversas Una, cuando las redes formales e informales de información no son. ofrecidas a, ni cooperan con los organismos que p-esumiblemente deben adoptar decisiones [Boyd ~980;. y la otra, muy di"fundida, qüe involucra un verdadero m.onopsonio Eln la información: las instituciones rectoras que dependen de informaciones cardinales para enunciar politicas reciben estimulos contradictorios a causa de la heterogeneidad burocratica, de las pugnas internas entre sectores y de la ausencia de un sistema homogéneo de recolección y recuperación de datos

la información conforme a sus intereses organizacionales

Cada orq~nismo o grupo 26
Cada orq~nismo o grupo
26

filtra

y recuperación de datos la información conforme a sus intereses organizacionales Cada orq~nismo o grupo 26
y recuperación de datos la información conforme a sus intereses organizacionales Cada orq~nismo o grupo 26
i'':; Este monopsonio Informativo. además de la dispersión cuasi-feudal de los datos. conlleva uÍla Ignorancia
i'':; Este monopsonio Informativo. además de la dispersión cuasi-feudal de los datos. conlleva
uÍla Ignorancia estructura!. Esto es. muy probablemente cada actor de un sistema nacional cuen­
~, con una suma necesaria de unidades de información que le permite ajustes oportunos; pero
,j colectividad es presa de una neblina informática. No es casualidad que sus pasos y decisio­
P',lS sean irracionales. muy alejados de una meta que se mueve constantemente
Err \,stecDnteX!o<o !a.prospectivacor e eJ r.ies·gó.dEvcQn\Íe,-·tir?eeouna·.\I~lJ:>iºn~soGial:prome­
r
"",,;Ió;::qúe;no puede cu·mplir. Más todavia. este encadenamiento de datos'y series parciales reduce
Ybs horizontes de decisión y planeación y se transforma en un conducto autónomo de incerti­
§;Jmbres
Tényase presente que esta fractura informativa no tiene relación directa con los niveies
~e escolaridad prevaiecientes en la región. De hecho. éstos han aumentado sustancialmente, en
los últimos veinte años. en todos los segmentos por edades Se recordará que la tasa de esco­
.Jridad. en el estrato de 6 a 11 años. ha subido de 57.3 a 82.3 en ese intervalo; y que el incr,;­

mento ha sido aun más notable en el grupo de 18 a 23 años: del 6.3 por ciento al 26.1. Por países. ,:' escolarización es casi total en Argentina, Barbados. Guyana, Costa Rica. Cuba. Chile; en Méxi­ co. el avance fue muy rápido (de 58 a 94 por ciento en el estrato primario). Pero las tasas de es­ )Iaridad (para mayor información véase Iglesias 1981) no corrigen automáticamente la desinfor­ mación. Este es un problema sistémico y de organización Por cierto. cuando se incrementa ia

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:"pac!dad

socia!

de asimilar y difundir conocimientos,

se

colocan

bases

para una sociedad~~:

'informada Pero suele suceder en países en vía de desarroilo que estos conocimientos son exce­

corno para garantizar ajustes óptimos. Por lo demás.

él ocultamiento de la información. en una sociedad aquejada pOl perturbaci.Qoes.y 8scisLoue.s.ln, '-"~"1'rras.'es un instrumento dE! poder. En Una escala microsocial ocurre en estos países lo que se jidvierte en el escenario mundial: la posesión de "mapas cognitivos" correctos sobre tendencias ­

'-.¡vamente estáticos

(cuando no obsoletos)

jcentros de poder es l1n2 forma de conseguir y acumula'r influencia.

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Las mqdalidades de ¡decisión prevalecientes en países en vías de desarrollo p.rés8ntan

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en países en vías de desarrollo p.rés8ntan ~§.,s:aracteristicas principa1es. Por una parte.

~§.,s:aracteristicasprincipa1es. Por una parte. 1);¡~jófJ'~'i:iRé¡,a;·.q¡;í)Jic!Qr~é:s;j:t~~GQ¡-to.¡:iI~z().·~~9W.,~¡j[(jo

¡jsta·s". parece ser mucho más pronunciada que en las sociedades industriales. Por la 6ttaJa'ad­

~~¡rÍ'istraciónde crisis e incertidumbres _esºrgi6a:i;!a~h.i~h1jI¡Inade'bu¡'¡d:a$;¿ Cuáles son las causas

~:tructurales deeste·fenómeno? .

O¡ígopo!iO y monopsonio en los mercados de información representan una de ellas. Cuan­ ) la ¡"rormación es fragmentaria (por exceso de centralización o de dispersión) los centros de

~eCisíó¡'pueden actuar de las siguientes maneras: i); postergar constantemente las acciones (el , ;¡tablecimiento de "comisiones de trabajo", por ejemplo, suele representar un instrumento legí­ :imo de postergación) hasta tanto se reunan los datos pertinentes que permitan reducir riesgos y ")sponsabi!idades; ji) desencadenar acciones «en la oscuridad". a pesar de las cortinas informé­

designio de crear imágenes y sensacíones de "movimien­

~icas ysin ponderar alternativas. con el

:. organizacional,,; o bien, Hi) detener o precipitar decisiones intermitentemente, conforme 2 ~~remios coyunturales

" Estas formas de conducta no son necesariamente «irracionales". Los desafios existen y pre­

,,¡qnao. y ame-la orfandad de datos, es preciso asumir algunos de estos comportarnientos. Pero

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27

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(o son débiles) las fuerzas que tienden a contrarrestarlos y corregirlos. Esta segunda causa de
(o son débiles) las fuerzas que tienden a contrarrestarlos y corregirlos. Esta
segunda causa de las imperfecciones decisionales.
sueie estar acompañada de una "amnesia institucional
esta discrepancia, salvo entidades abstractas como· la historia
.'" ,
o ya sea porque los rastros de sus acciones (y embrollos)
'+c.~
---"-miemo de€al'Jlb«)s- superliciales,Jos
imperªtivqs
t>
texto, la prospectiva es una ·diversión social" dispensable.
jos ambientes son «fríos», hostiles, involucrando choques organizacionales. Esta

observación.

ei cost~ social de los errores puede ser sustancial. Entre otras circunstancias, porque no existen

.toca la

En organismos conflictuales, escasamente solidarios (podrían denominarse "órdenes socia­ les hobbsianos,,) y que padecen ya sea una separación social nítida entre los estratos, o ya sea una fuerte dependencia "patrón-cliente», la lógica de las decisiones sigue un curso cortop!acista Gue apenas toma en cuenta las irradiaciones amplias y de largo alcance de una acción. La hete­ rogeneidad estructural (Touraine 1978) impide y facilita a la vez esta cortedad de miras y mira­ mientos. Para los sectores dominantes, infortunios como desastres naturales, pobreza crítica, ~~ desequilibrios ambientales y regionales, son conceptuados como "problemas de los otros". Ellos pueden -minimizar. o absorber los costos de una actividad equivocada o de las catástrofes que resultan de la acumulación de errores.

Adviértase que estas realidades no se desenvuelven sólo en países en vías de desarrollo. Tipifican también a comunidades donde la fractura entre los objetos y los sujetos de la decisión es apreciable. Por ejemplo, se ha observado (Weinberg 1972) que la construcción de usinas ató­ micas sigue diseños desiguales en Estados Unidos y en la Unión Soviética en cuanto al estable­ cimiento de mecanismos de prevención y seguridad contra filtraciones radiactivas. En el primer país, estos mecanismos gozan de atención prioritaria debido al peso de la opinión pública y a la

, organización de los consumidores respecto a este asunto. No así en la Unión Soviética, donde fa ¡" separadón entre-sujeto y objeto en las decisiones tecnológicas es marcada.

Sin embargo, esta distancia suele ser permanente en sociedades donde prevalece el disen­ so sociaL Recuérdese que el ciclo político de los gobernantes es con frecuencia excesivamente

corto y tropieza con crisis intermitentes de credibilidad y legitim!dad. Pero el ciclo de las reper­ cusiones de sus actividades (o pasividad) es relativamente extenso. Esta discrepancia -que

pronunciada- inhibe el interés en ¡as

incidencias mediatas, de mediano alcance, de una decisión. Nadie asume responsabilidad por

,

,la dependencia externa», o el .carácter nacional". Ya sea porque los actores poseen corta vida,

, la «configuración estructural

quedan borrados merced al acelera­

del corto plazo son dominantes. En este con-

Por añadidura, la administración de las crisis (disciplina que ya conquistó estatura intelec­ tual propia) se apoya en bases precarias, Como se sabe, todo sistema en expansión progresa en ambientes desiguales. Algunos se ajustan mansamente a sus intereses: pero en muchos casos t~i

situación de

equilibrio inestable (que en algunos países es de desequilibrio estable) demanda el afinamien­ to constante de los instrumentos de adaptación y negociación. Cuando este requisito no se satis­ face, las crisis estallan de una manera desordenada, generando oscilaciones y perturbaciones vio- lentas en sistemas y ambientes.

y perturbaciones vio- lentas en sistemas y ambientes. Ocurre que en segmentos amplios de la región

Ocurre que en segmentos amplios de la región latinoamericana no se han instituido mecanis­ mos adecuados de compensación y ajuste. Esto no se debe a la .ceguera. de ¡os gobernantes ni

mecanis­ mos adecuados de compensación y ajuste. Esto no se debe a la .ceguera. de ¡os

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1 1 I ! 1 ¡ I ~" ," ¡ ~'.;al "egoísmo de las empresas»;
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~'.;al "egoísmo de las empresas»; hay que distinguir variables estructurales que modelan la COí'­
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ducta de los sistemas y sus grados de libertad
i
Considérese, orimero, el carácter relativamente abierto de las economías latinoamericanas.
Esto es, el peso re'lativamente considerable del entorno internacional que se manifiesta a través
de! comercio, la ¡nflación. la tecnología y la cultura, Por ejemplo. el hecho de que las transac­
ciones internacionales no hayan aumentado en términos reales en 1980 (CEPAL 1981) por prime­
?-,:~,ra vez en las últimas dos décadas, tuvo repercusiones significativas en los ritmos internos de cre­
<C' cimiento de las economías de !a región. Se sugiere que este parámetro (la dependencia comercial
~}"de expansiones externas) tiene una importancia declinante respeéto a otros (como la tecnología.
t· el proteccionismo y los «controles cibernéticos» l. especialmente en los países de mayor dimen·
"
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sión que han. logrado una apreciable div~rsificacióneconómica. Sin embargo. las actitudes sue­
len ir a remolque de los hechos. La dependencia externa ha sido interligada por círculos gober­
.
nantes. confiriéndole una causalidad excesiva, Y si el motor de la economía es externo. las crisis
. son aceptadas con voluminosas dosis de resignación y fatalismo que, como efecto secundario.
paralizan o contienen el estudio de la «parametrización», es decir, de los factores-clave del de­

venir regional En estas condiciones, la aptitud interna para manejar crisis apenas se desarrolla, parece inútil.

Hay que tener presente. por añadidura, que los logros de la planificación (incluso de corto plazo) en América Latina han sido pobres, erráticos y contradictorios (Cibotti-Bardeci 1972; Ava- los-Antonors i i980). La intervención estata!.que tenia como intención primera la de crear «si-

nergismos

memos adversos) se ha deslizado hacia un intervencionismo burocratizante. Así. \a previsión co- 'U

lectiva se ha visto desacreditada a menos que asuma formas·-paternaHstas·en-ilpeYD de-a~R-'gfU-'-

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, o cancpíementaciones, en favor de la acumulación de capital (o

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'.

) po particular La crisis de la planificación apareja el debilitamiento del racionalismo económico y socia! que implica no sólo la maximización de la acumulación de capital sino la coordi(1ación

.-

institucional y la ponderación de necesidades globales (Hoogvelt 1978). No debe sorprender en·

".

tonces que modalidades estrechamente monetaristas que involucran un liberalismo económico

;;,} selectivo [que opera en mercados ya oligopól icos) sin liberalismo político (Prebisch 1981) se

'. vengan enseñoreando de las economías latinoa merícanas. Hay un desencanto con los modelos

J anteriores de desarrollo (incluyendo a la planificación) que hacen resucitar la presunta sabiduría

. delmercad.o, Como.en el caso de la dependenci a. también aquí se entrega la responsabilídad pú-' . ~ biica a una entidad extrínseca que tampoco esti mula las visiones de amplio alcance,

La administración de las crisis y de ambientes hostiles e inciertos no se ha desarrollado a causa de otros dos ractores. Uno es la ausenciJ relativa de corporaciones (privadas o públicas) oue operen, desee América Latina, en los mercados internacionales. Como se sabe, la gran em­ ~.~ pres8 sigue cuitivandD la racionalidad como una forma de reducir incertidumbres (Vernon 1981). La multinacional facilita la flexibilidad y la reflexión prospectiva; sin ellas sucumbe, aun cuando

en e! plano ideológico y declarativo 910rifique las fuerzas sabias del mercado (Aharoni-Vernon 1980). Estos géneros de empresa educan hacia la previsión organizacional. Las megacorporacio­ ciones extranjeras bien lo saben; de aquí el interés sistemático que revelan en los climas eco­ -; nómicos y políticos de la región. Pero no se verifica el fenómeno inverso con la debida intensi­

- dad: multinacionales latinoamericanas que decidan incursionar. en forma sostenida y consisten­

29

te, en ios entornos internacionales. Tal vez hay que advertir ciertas excepciones en Brasil México~.donde
te, en ios entornos internacionales. Tal vez hay que advertir ciertas excepciones en Brasil
México~.donde se revelan propensiones modestas en este sentido.
y
,
El segundo factor que inhibe la habilidad para administrar crisis, especialmente en situacio­
nes de emergencia en las que el tiempo y la información son variables críticas, es ia debilidad
'-e!8t i Va de ¡as instituciones científicas que podrían formar el capital humano necesario. La inves­
tigaci6n nc es cultivada sistemáticamente en el área, incluso en los paises de mayores propor­
ciones (Pérez Tamayo 1980); antes al contrario. es penalizada de diferentes maneras (desde 18 _
disfuncional estructura de los salarios hasta, en algunos países, la intolerancia policial). Es sab¡~
do que el investigador «progresa» en su carrera abandonando la investigación. En este contexto,
se gestan de hecho climas anti-intelectuales que no pueden vislumbrar con simpatía las «es­
peculaciones» de la prospectiva, especialmente si éstas arrojan conclusiones que ponen al des­
cubierto la obsolescencia de estructuras y de juicios.
e] La sobrealimentación ideológica emana del fracaso sistemático para lidiar pragmática­
:-:lente COn ¡os hechos. La han cultivado, en América Latina, tanto Jas derechas como Jas izquier­
Das, aunque por razones desiguales. ¿En qué consiste? En una actitud romántica de hostigamiei1­
to 31 mundo empírico (que tiene raíces en el «arielismo» de principios de siglo) debido a Que
éste encierra «fealdad", «mecanicismo., «incongruencia
«injusticia». Desde luego, esta actitud
.~. se manifiesta también en la sociedad avanzada (Bell 1978; Roszak 1978: Hodara 1982); pero en
ésta existen instituciones que la contienen y dosifican. No es el caso desafortunadamente de
nuestra región. Este género de romanticismo no sólo refuerza el clima anti-inteiectua!, sino que
ensancha la incol1lprensión de las tendencias objetivas que están modelando las interdependen­
cias internacionales.
Entié~dasebien: las ideologías son necesarias como sistemas de interpretación y legitima­
ción de las realidades circundantes;
sin
ellas se crea un «vacío existencial
, se borran significa­
dos y valores. Pero cuando la ideología es excesivamente autoritaria y dominante, trastorna loS'
criterios de racionalidad. Regímenes fascistas y comunistas (Beyerchen 1978; Bernstein 1978)
ilustran íos costos de la sobrealimentación ideológica aun en sociedades industriales. Son ma­
yores en los países de incipiente modernización económica.
Recapitulando,los
estudios del futuro no han progresado en América Latina a causa de un
Si ¡os estudios del futuro no prosperan, '¿cuáles serán los costos?
2.6, Efectos de la Imprevisión
----
~.
uviera sólo el valor de un ejercicio intE:lect~teresante,o de un insumo
----
indispensable para una planificaclon
--- --­ macro-economica y corporativa) tieXíbTe~a-ypoii­
30
_

,. SOil!Ui1tO de factores estructurales que llevan a concentrar la mirada en el corto plazo. No sen .' :es 'únicos, por cierto. Pero alcanzan para revelar esta infeliz paradoja: países que más necesi­ tan de la prospectiva para 'asegurar su viabilidad y vitaiid-ad' en 'las prox-imas ·déeadaS-etlentaH-;:~.·-··- son una débil ¿ot;;¡ción para montarla.

­

W:lSioRal, sería una disciplina pl~LlQ Qlentejustificada. Pero es más que ello. Se procura demos­ ~frar
W:lSioRal, sería una disciplina pl~LlQ
Qlentejustificada.
Pero es más que ello. Se procura demos­
~frar aquí que el aceleramiento' de' los procesos no sólo recorta los
plazos de decisión sino que,
,,~;;>araoaises en desa,rollo como los latinoamericanos, la negligente atención al largo plazo podría.~
"'~par~jardistorsiones irreversibles.
/}. uno de esos erectos se le ha ¡Iamado el efecto-sorpresa. Se arguye que la ausencia od.e.bj­
~dad de lil~apacidadprevisora hace que círculosdirigentessea~constá-ñfementesorp¡:encildos­
-¡Jo r el g i·ro_d·e:.~i;;conteél[ñ(e·ntos'TfénaEÚicias.\ianCéíñstanteme'nt-é~a'-¡:emoIqüé:-REicibE;n-éstl m uIos
%- datos con atraso-percepiTblé--'-cü'áñdcf\iá-~-b=sonútiles,o cuando sóloes posible reaccion.arpar­
. CJ.aJm·en~~Rec!.Q Por éré"mplci','cábepregLJ'nta'r-'sTlasdTferendas-'notábles entre ej
a_eilos.
'''r-apitalismo en los paisesperiféricos y el capitalismo en las sociedades industriales no se ex"
"plican sólo por dotación diferenciada de factores (Prebisch 1981), sino por un encadenamiento de
"> sorpresas retardadas" Este encadenamiento conduce a una copia que desvirtúa al original
~.~
.,,;
Téngase presente que este t<fe_ct~R[e~ªno se limita a los eventos externos. El descuido
.~~ R¡ ~ll ~ \J
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de las con.~_ec!

de"segundo

y

n

orden" de una actividad repercute negativamente en

"'[a aptit~d interna para formular y poner en marcha políticas correctoras. Y no sólo por una esca·

.- sez de información, sino porque la imprevisión fomenta modalidades excesivamente lineales de

,cref!ex!ón que apenas sirven para entender cabal mente sistemas complejos (Forrester 1969).

~,,;

Desde !.a."e.rLsls

Saudita han

hecho

dB

ene[gí.ª!>

depender

LVe[l:Lo_n_t!l7.BL,'pajse_s.c()IT.!.0_~~

su

desarrollo

y

diversificación

0ezuela,

;, Se ofrecerán en seguida varios ejemplos para captar las ramificaciones de este efec·'o·sor-

,presa

México. Irán y Ara·

_,ibia

. petroleros (Hadara 1977; Lustig 1980). Esta perspectiva permitió alentar la esperanza·no sólo en

prodüc1:ivacle- ros'ingres6s'-"--";~f

)una ,<industrialización instantánea", sino en poner en marcha un modelo de crecimiento con redistribución [Adeiman 1980). es decir, un conjunto de políticas económicas y soc:iales Que ¡le· ~ven a superar a !a vez !os conflictos sociales y la lenta acumulación de capital. Muchos a~á!isis parecían suministrar evidencias favorables a esta esperanza; sin embargo, se produjeron sorpre­ 5)sas. En Irán, por ejemplo, convulsiones populares trajeron la des-industrialización, el desmembra· • miento militar y el fundamentaiismo religioso. Venezuela comprobó un vuelco negativo en el cre­ ,,)cimiento (0.7 y 1.0 por ciento en 1979 y 1980, según CEPAL 1981) que se tradujo adversamente ;~ en los movimientos de capital yen el balance de pagos. Y, en fin, México tropieza con dificul­ ".'. tades en 1980·1981 debido al brusco recortamient'o de los ingresos esperados para financiar ;:) ambiciosos planes de desarrollo; esta circunstancia se aparta de algunos alentadores pronósti­ ''', cas (Business International Corporation 1981] y lleva a un replanteamiento crítico de las estra·.~ ,¡.i tegias de este país (Eatwell·Sing 1981 l.

Cabe preguntar en qué r;;9dida estas sorpresas resultan tanto de las distorsiones inherentes " a la ><tentación petrolera" (Hadara 1980) como de una subestimación de la capacidad de ajuste ;,;' de los países consumidores. Como se sabe, Arabia Saudita ha asumido una posición conserva­ dora en materia de precios dei petróleo por dos cá!culos interrelacionados: su limitada capaci· ':' dad de absorción y desarrollo le permiten prescindir de volúmenes mayores de ingresos (en contraste con otros países petroleros que ya cuentan con un mercado monetizedo y amplia in­

31

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fin no están preparadas para una parálisis total. 32 ---'--'-_-'--'--'----'--
fin
no están preparadas para una parálisis total.
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fraestructura) y, además, las élites de este país, educadas en paises occidentales, perci­ ben quE? la aptitud innovadora de éstos podría verse reinstigada por un cambio dramático de lOS precios"de materias primas estratégicas. Una subida real de precios, acompañada de una depen· dencia estratégica marcada, aceleraría transformaciones en las fuentes de energía a expensas del petróleo. Hay signos de que es te proceso habrá de ocurrir en esta década. a Desar del estancamiento, la inflación y el desempleo de las economías industriales (OECO 1981)

Pero todavía hay lugar para sorpresas mayores l3aradójicamente en temas y ordenamientos donde la participación de los paises en desarrollo -parece decisiva. Se toca el problema de los ¡imites y costos de un crecimiento indefinido (Forrester 1971; Meadows y otros 1972) que se

acompaña de una transferencia global de recursos a fin de compensar desigua!dades (Tinber-

~{;~

gen 1977) También aquí la ingenuidad producida por la imprevisión o por la subestimación del poder de control de las sociedades industriales (ejemplos adicionales de esta aptitud. en Vogei 980) es perceptible, como se pone de manifiesto en las respuestas contempladas por paises hoy hegemónicos (Laqueur 1980). Como se sabe. este problema no se reduce a las dimensiones económicas. ,ll,tañe a la plani­ ficación y manejo de sistemas complejos (Laszlo 1972). a la carrera armamentista desatada en el Tercer Mundo (Brandt 1980), a las pretensiones legítimas de los países recientemente descoloni­ zados [Bauer-Yamey 1980), a la viabilidad de las aspiraciones que éstos preconizan (Wionczek 1980), a la difusión regulada o irrestricta de artefactos nucleares. a la transnacionalización de! terrorismo incluyendo la posibilidad (que ahora parece infundada: no es así) de que multinacio­ nales también us.en este recurso con medios sofisticados [Black 198í), a políticas fiscales glo­ bales. y a otros asuntos. Los oebates en torno a esta agenda compleja tienen consecuencias prácticas, al menos en mecanismos y criterios de decisión de las sociedades industriales [Time, 5 de enero de 1981)_ No cabe duda de que el escepticismo social respecto a los mundos creados por la tecnología (Roszak 1979) y por el crecimiento constante (Daly 1974) está a!Jmentando. Se cuestiona la fac­ tibilidad y la deseabilidad de la expansión material indefinida Por el contrario, se extiende ia con­ viccióR de que los incrementos seculares del producto, de la productividad. del ingreso, del pro­ greso tecnológico, de las transacciones financieras, podrían conducir aun desequilibrio radical y a llr. remate víolento de las tendencias conocidas (Freeman-janoda 1978J . Para países, como los latinoamericanos, que depositan esperanzas en el desarrollo sostenido y en el alejamiento cons­ tante de los espectros malthusianos, estas convicciones entrañan repercusiones sombrías_ To­

davía no han percfOrdoque--et crectmiento-pfJGF-ia encarar,.e[Lv_er_dªc;l,j!9_nt~!§s':"'~_S!:~~tura¡esy/o:

proteccionismos darwinistas que reducen perceptiblemente su factibiiidad. Las generaclohe-sla:-l

--··

- tinoamericanas se han acostumbrado a un crecimiento" osci lante". incierto. pero crecimiento al

osci lante". incierto. pero crecimiento al Tampoco se comprende cabalmente la dinámica del conflicto

Tampoco se comprende cabalmente la dinámica del conflicto Este-Oeste y sus rasgos dis­ tintivos (Pipes 1980). Este conflicto es inestable, total y comprensivo. involucrando amenazas severas para los países en desarrollo Ya no es posible sostener la esperanza de que una fricción de ":os grandes" será un conflicto de los "otros" que se traducirá en beneficios netos para los países­ suministradores de las materias primas, La Segunda Guerra incentivó la industrialización de algunos '-,'­ países latinoamericanos; no hay bases para suponer razonablemente que un conflicto adicional de estas proporciones arrojará efectos equivalentes.

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suponer razonablemente que un conflicto adicional de estas proporciones arrojará efectos equivalentes. _ ---.---- --.­

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en lás porciones

débiles o vulnerables (Polonia, Centroamérica) de los contrin­

o vulnerables (Polonia, Centroamérica) de los contrin­

p;~ante-s-irege'l'T'tÓftic-e&~~A-gef-¡g1l1),y es comprensiva pues reviste aspectos que oscilan entre e;

idenfrentamiento armado, la contestación ideológica y el manejo medido de los «equilibrios de te­ ~ror» Pero acontece que los estudios prospectivos sobre esta dinámica no se efectúan desde la ¡:;1óptica de los países latinoamericanos, abriendo cauce a sorpresas.

~

&! Considérese otfa ilustración: las tensiones Norte-Sur, o más rigurosamente, Oesté-Sur ",,'¡puesto que se verifican dentro del sistema capitalista) que se manifiestan en la denuncia cons­ :·-·tante de las disparidades en la dinámica yerradicaciones del crecimiento complican las interde­ o .pendencias globales. L.as flaquezas del sistema monetario, las incertidumbres que caracterizan

de hidrocarburos, la militarización del Sur, los proteccionismos practicados po,

"",ei Norte, y, en fin, 12 erosión ideológica de los- regímenes verticales de cooperación añaden

(jvolumen a estas tensiones De aquí la demanda de un «nuevo orden» que plantea ahora, no

~J"a los mercados

_ la Alemania nazi

.):os procesos de descolonización (Carr 1970), por el desarreglo objetivo de las articulaciones internacionales (Block 1977), y por la transnacionalización ideológica de la lucha de clases (Ho­

(donde la expresión tuvo origen). sino los países en desarrollo animados por

:

·~jara 1982]

:"

-~

Si los paises del Sur hubieran encontrado Caminos expeditos de desarrollo y de atenuación

-

>';al vez apremio. 1\10 es el caso, desafortunadamente Una de las sorpresas que se descubriÓ e" ja -última década conSiste en que el desarrollo es una empresa colectiva mucho más ce~plej& de ;-'lo Clue se ¡rnaoinó a ür;nci;Jios de los cincuenta (Prebisch 1976). No es una mera reconstruc­ =->'ció~económic~,como la que aconteció en Europa. Se trata más bien de un conjunto o síndrome 5e revoluciones simultáneas [en la agricultura, la industria, el comercio internacional, los valo­ ~res, los sistemas de administración) que desencadenan inestabilidades sinérgicas, canee te­ ~ladas En 'a mayor!3 de les cases, los líderes del Sur no han podide lidiar con este síndrome b-(reto 1:jue no debió enfrentar el Norte durante su despegue) con resultados conocidos L~_gJ_e~ ~<,CJuieta es que con toda probabilidad el encadenamiento de sorpresas e incertidumbreshabr3 de

:-d.e.Jas brecbas-ingre"o-prGGlict'¡v·idaG-poder nacional, las exploracioi}es del futuro no_preSej]tf;lx.illn

-_

;":~mpliarse en lbs :Jrójúmos'-af1os -debTdo~ entie-üfros-f¡:fctOFés:a-las'Tii'iíovacicines cualitativas gue

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es una de las consecuencias sobresalientes del descuido de

.Jos estudios de! futuro. Los paises en desarrollo están perdiendo el control de las decisiones ai

En suma, el «efecto-sorpresa

tiempo que se reduce drásticamente el margen de maniobra. El devenir los sorprerui.e

~nente enuna medida que rebasa los grados que se justifican por el peso de variables ajeate, .

::~rrase·¡n~~terñii6a'bi.~~~fero podr(a-·oc-ür~rot;:ac-onsecueñcTa-'tod·avíarrias-'sombría «e I efecto­

~egregac!on"

~cto.segregació~

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corneciales,

se manifiesta, f?n America Latina, en la Q.articipaCló n cipoP,;inn+.¡:; en

tecnológicas

reducido

y culturales.

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r:ail parciales y pasajeras.
Hay que cuidarse del optimismo fácil
(que cultiva no sólo esperanzas
evangelismos paternalistas) como del pesimismo apocalíptico
1981)
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----------
.

su parcela en las transacciones mundiales a menos d~ un cinco por ~iento: su producció~ toe> de '!;llenes y serVICIOS no alcanza los niveles de un pals como Alemania Federa!: y el renolmleri to científico de todos ellos apenas equivale al de un país 'pequeño como Israe!. Considerad(', dinámicamente, estos indicadores no ofrecen lugar al optimismo. La superioridad comercial·tec' nológica de las naciones industrializadas altera constantemente ventajas reiativas y com¡-' naciones óptimas de factores. Así, por ejemplo, la producción y la productividad de bienes p'" marias no ha declinado en varias de estas naciones (Estados Unidos. Hoianda); en tanto que,I., robotización y el redespliegue industrial habrán de empequeñecer ¡a importancia del factor ti;,; bajo manual-salario en la competencia internacional. Se insinúa una nueva división del traba>r, que podría'lPrescindir o menoscabar sensiblemente la participación de la mayoría de iospaíst3'1 en desarrollo. Así, se gestarán dos tipos de civilizacione~yuxtapuestas a sistemas (capitalista,s socialistas, periféricos) y facciones (Norte·Sur) con-eerdas. Esperaría a estos países no só una satelización permanente sino una «excomunión de la historia •.

Las especulaciones recientes hechas por Kahn (1979) ofrecen todavia ¡a esperanza de 0\.I< este trágico escenario no tome cuerpo. Conforme aellas,el crecimiento poblacionai habrá de 9",>, ciinar en los noventa. Esta tendencia decreciente desactivaría los erectos de la "bomba demog~~:" fi~a" y sus repercusiones conexas: ecocidío, incremento de la agresividad a causa de la ?ong~~;;"

,ion y la pobreza, consumo voraz de recursos a expensas de las generacIOnes venloeras\;';:-?

desempleo crónico, especialmente de los estratos juveniles. Según la visión ootimista de Kahp

el declive de la población sería acompañado por una «urbanización envolvente» que cristalii' ría_ en megalópolis sin perjuicio agudo a la calidad de la

(J}/s.in emb;rgo, KJlhn no recha~posibilidadde CbOQIIAS y discontinuidades si los aObl§m1;/ ;,:.:.emPresas no actl'¡aQ adecuadameJ}}N.Por ejemplo, una hambruna gener~!¡zadapodría .verificp·, se en el mundo en desarrollo a causa del deterioro IrreverSible de la agricultura y de lOS slst\:;' mas rurales. Así, el espectro malthusiano no sería una som.bría metáfora, sino c~uda realida,; Pero (sugiere Kahn) si las sociedades industriales transfieren recursos y relocaiizan industril. en los paises pobres, y si la racionalidad preside el gobierno de los mismos, ¡as hambrunas Sf'

(

injustificadas si(

que encierra un "catastrofismo

cue precipita las catástrofes. En términos generales, Kahn suele exagerar la existencia ~.~AL aptitüd paracoñ'uu1-ardl::¡-continuidades y de las facultades 'colectivas de aprendizaje. No parec~'

probable que las sociedades industriales decidan, espontáneamente y con generosidad inéditO

detener la segregación de los países en desarrollo de 100s flujos internacionales de comerc¡;"':

tecnología. a menos que la universalización del balance del terror (instigada por la diseminac(:'/:::

de artefactos nucleares y bioquímicos y/o nuevas formas de terrorismo internacional) ap¡emf~' esa decisión. Por lo demás, Kahn parece ignorar que el ciclo decisional de muchos gobiemos (:', , paises periféricos es excesivamente corto respecto a los plazos y rezagos (iead times) inhen~'¡-( tes a la administración de las revoluci()nEJ~sil12ul!ánea~ a_las que se aludió anteriormente. Dr:; afortunadamente, una alta proporción de estos gobiernos padece una incapacidad íntrínseó para gobernar racionalmente; la alternativa es una dictadura sorocante que abriría cauce a J'­ neo-barbarismo Sin duda, hay que encontrar y perfeccionar nuevas formas de gobierno (D~,-,

~t=X-;

cauce a J'­ neo-barbarismo Sin duda, hay que encontrar y perfeccionar nuevas formas de gobierno (D~,-,
I ~ Estudios empíricos que se refieren a un sector y a un pais (alimentos
I
~
Estudios empíricos que se refieren a un sector y a un pais (alimentos en México, según Mon­
~.;, tes de Oca-Escudero Co!un¡na. 1981) llevan a oponer reservas a las generalizaciones de Kahn.
~, Las tasas de crecimiento y la participación de la industria alimentaria en el conjunto manufactu­
rero flan decrecido en los últimos quince años. Cayeron, en efecto, de un 12.8 por ciento en 1960
I
a un 52 por ciento en 1975, mientras que el valor de la producción se encogió de un 22.2 a un
" 17.0 por ciento en e! mismo periodo. Este declive está acompañado por un proceso intenso de
transnacionaiización que influye fundamentalmente en las pautas de consumo, equiparándoias
:J -sin una irradiación social similar- a las de Estados Unidos. Como las empresas transnacic­
roales cuentan con ventajas considerables respecto a las nacionales (mayor integración, articu­
Wlaciones más efectivas en la producción, distribución e investigación) controlan estos mercados
~
I ~
declinantes mediante
recursos financieros, tecnológicos
y publicitarios. Si quisieran, podrían
~<.:\ ocasionar una catástrofe colectiva.
Podría objetarse que los mecanismos de mercado evitarían esta posibilidad (Solow 1976),
'. como se demostró en el caso del mejoramiento relativo del ambiente. Sin embargo. la objeción
es débil; primero, puesto que se trata. en paises como los latinoamericanos, de estructuras oli­
.j gopólicas dominames que contradicen los supuestos clásicos sobre la atomización de los merca­
dos y la «soberania de! consumidor,,; y segundo, la precipitación de una catástrofe el'] el corto
piazo podría representar. para estas empresas, un "acto de racionalidad" conforme a las normas
de! mercado. pues su capacidad de negociación y ganancia aumentaría después de un controlado
desarreglo
c), l
ºümo se ve~. pO ,ofecto-se
.
s una licencia literaria ni una consecuencia intra~s~
c:~~d_e~~e~oe,¡~.¡m;Jrev¡s¡6n.Presenta seña!es ciar
realided Q<; flQY· :~-
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Considérese el caso de la microelectrónica (Rush~Hoffman1980; Norman 1981).- Ya conduce

:,.- el desarrollo industria! de países avanzados, y, hacia finales de la década, será más importante

~ que la producción de automóviles, acem y derivados químicos. La microelectrón1ca adquirió dl­ ~~. namismo en !2 última década gracias a la miniaturización y a la integración de circuitos. Una pequeña unidad (chip) de silicón que ocupa menos de cinco milímetros puede albergar 100000 ;;; componentes electrónicos. Al final de los ochenta. este número se multiplicará por diez. Aí mis­

mo tiempo, íos costos de producción batan f:Ons·taAtemente una vez hechas las inversiones irii­

ciales. No obst2nte, el mercado crece a tasas espectaculares (un treinta por ciento anual) , y ya alcanza ¡os 10 mii mi!!ones de dólares anuales. Esta revolución no sólo posibilitará la «economía computadorizade» y las «oficinas sin papeleo", sino que inaugurará un .crecimiento sin empleo". Esta perspectiva en modo alguno es al~ntadora para paises que ya cuentan con amplias masas :.:.;' desempleadas o subempieadas y que no han desarrollado sistemas de rápida acumulación de capital humeí1o, incluyendo el periódico re-aprendizaje de habilidades requeridas por las innova­

'.'.C ciones. Por añadidura ,ei acceso financiero a este tipo de producción se estrecha con el tiempo;

se tornan infranqueables. De este modo se perfilan dos amenazas

que habrán de acentuar la ma,ginalización internacional de los países de menor ingreso: la anula­

o.

'

las "barreras a !a entrada

tico

ción de sus ventajas relativas a causa de la automatización de los procesos y el «control telemá­

de sus economías La primera amenaza ya se cierne en paises que fueron dinámicos hasta

: los últimos años: Hong Kong, Singapur. Corea del Sur y Taiwan. Las exportaciones tradicionales de estos países se están reduciel'ld-o. Sobre la segunda amenaza se cuenta con menos evidencias

35

~.

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es oercibida como «terminal vencia darwinista , especialmente en el mundo en personas (proyeccion baja
es oercibida como «terminal
vencia darwinista
, especialmente en el mundo en
personas (proyeccion
baja conforme a las estl maclones
hechas
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e" '¿¡ literatura pública, pero se sabe que la "guerra fría» (no sólo entre el Este y el Oeste) es [("¡ 7ur~iamentalmenteuna batalla electrónica.

El «efecto-segregación» no debe inducir un catastrofrsmo injustíficado. Visiones de largo pe lO presentan tambi én componentes apocal ipticos (Pi rages-Ehrl ich 1974) que han suscitado d iver. sas críticas (Cole 1978) . El catastrofismo desean sa en tres premisas: a) La tierra es un sister:',' finito e interdependiente: explosiones atómicas en Nevada inciden en la calidad de !a leche ma Terna de Turquía; el DDT usado en la agricultura argentina afecta la fauna marina australiai",:. al Las principales variables del crecimiento (población, contaminación, use de recursos) aumeri' ¡a,! geométricamente. de modo que al acercarse a una cierta pared o «techo» se tornan asinté@"" cas, cayendo más tarde con rapidez. Si esta expansión geométrica no es contenida, epidemias' desastres naturales y guerras brutales habrán de tener lugar. cl En caso de una crisis global q(

, las sociedades avanzadas habrán de aplicar normas de «sobrev'i

No hay que despreciar estas premisas (Ferkiss 1978). incluso si se acepta una versión m~",:. suave del catastrofismo, las repercusiones, si no son atendidas oportunamente, serán gravÉ:¿':

Po, ejemplo, si el incremento mundial de la pob lación se detuviera en íos siete mil :niilones ~~~;

Unidas),

NaCiOnes

ef&:

tos negativos todavía podrían verificarse. La percepción social de un «sistema compr.imidQ> aumentará sin duda las patologías colectivas, como el uso intensivo y extensivo del terror, < abuso de drogas y las agresiones reales e ideológicas contra el racionalismo. Sólo gobiernos .~ sistemas nactonales capaces de absorber estas crisis sin una perturbación profunda tendrí" viabi¡ipad en el largo plazo (Forrester

El tercer costo de la im revisión es la sobre:reacción/apatía., Cuando ias sorpresas ocurrec constantemente y la se regaclOn SIS emlca parece insos ayable, brotan dos actitudes extren-¡r sas. iJna es la agresión verbal desmesurada que se nota, por ejemplo, en íos organismos ¡nte,­ ;¡acionales cuando se discuten el contenido y la factibilidad'del «nuevo orden». Argumentos E"" ravor y en contra sobre la «recolonización., el «imperalismo», .,Ia injusticia distributiva», «la d~~ da moral», los «pecados económicos de los pobres», ofrecen chispas y poca luz. Son modalid.él­ des de desbordamiento emocional que en nada auxilian a comprender y resolver problemas. L lugar de una táctica legítima, las agresiones suelen convertirse en un fin en sí mismo. En muchos peíses de menor ingreso. estas actitudes suelen carece¡: d.e-una.ba~.-mo-Ha¡-~e.git~ma;-fJues--i4:-·-.- cambios que se reclaman 'en el plano internacional son resistidos internamente. -

Adviértase que en esta agresividad n6 sólo se distinguen cálculos fundados (como forzar \10 transferencia no recíproca de recursos, «tranquilizar» a las izquierdas locales, o adherir a b\#;;;;,., ques regionales con fines de negociación), sino reacciones reflejas a una frustración acumulaó-a:' La historia transcurre, las brechas se dilatan, las innovaciones abruman, sin que los países ma[, ginados tengan la posibilidad de controlar (yen algunos casos de comprender) los mecanismei· de causalidad de estos fenómenos. Víctimas y victimarios caen en una trampa de resentimient0 ytentacinnesqaeseacBrca a una neurosis colectiva. ! .

Brota, por añadidura. la apatía. Si la dependencia es absoluta e irreversible (todavía no,' es): si el nuevo orden internacional se está conformando al margen de los intereses de países ;)oDres y pequeños (hay bases para esta premisa). y si el subdesarrollo es irremediable (lo es

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de países ;)oDres y pequeños (hay bases para esta premisa). y si el subdesarrollo es irremediable
orevalecen las pautas de hoy), entonces sólo cabe u[Ja «orgía fatalista». Nada se puede hacer;
orevalecen las pautas de hoy), entonces sólo cabe u[Ja «orgía fatalista». Nada se puede hacer;
todo está decidido o modelado por fuerzas omnipotentes. Se produce entonces una esc!erosls
funcional en estos sistemas: dejan de reflexionar para entregarse a una neo-demonología.
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'2.7. Modelos de Sobrevivencia

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ustria es; e

esencanto SOCia! y

en el escenario internaciona:

filosófico con la ciencia contemporánea; el desmantelamiento de los regímenes de integración

económ ica y -de cooperactón de- afgttrms'b-Jeques-regionales;-ladHat-aGión d~la-brecha.ingr.esc=' Ah' ~i

productividad

entre países dotados desigualmente por la historia, la naturaleza y los recursos

humanos; las perturbaciones en el abastecimiento regular de materias primas' estrptégicas; el

­

«apagón» del espíritu empresarial en las economías avanzadas; los monopolios de Estado que

{:'.':

crecen en países de incipiente industrialización, y, en fin, la carrera armamentista que convier-

te al mundo en un verdadero arsenal.

Desde ei punto de vista de la teoría social, estos esquemas también han sido modeiados

por las críticas que se vienen difundiendo en .torno al desarrollo económico y a sus estrategias (Bell 1980). No hay duda de que ni el capitalismo ni el socialismo revisten hoy las formas "clá­ sicas», esperadas y preconizadas originalmente. Han tomado otras modalidades, apremiadas por los imperativos de la sociedad industrial. Por otra parte, los «modelos de desarrollo" muchas ve­ ces han carecido de la claridad conceptual necesaria, y, al ser puestos en marcha, encararon y generaron distorsiones económicas, sociales y éticas.

Autor

Visión

Diagnóstico-Escenario

Kahn Progreso indefinido, estabili­ Marcha hacia la sociedad post-industrial. "Ne­

gociación Fáustica que implica desajustes pero remata en equilibrio.

dad, abundancia creciente con pobreza crítica.

n

Erhiích

Población

excesiva.

Colapso

Desaceleración general. Aplicación razona6ie

37

I

".--, 1 ¡ '. ecológico. Descenso niveles en los subdesarrollados. de la tecnología. Recurrencia selectiva
".--,
1
¡ '.
ecológico. Descenso niveles
en los subdesarrollados.
de la tecnología. Recurrencia selectiva a me­
canismos maithusianos.
Meadows
Límites físicos se presenta" en
menos de un siglo.
Reducción poblacional. Moratoria tecnológica.
Consumo medido de los recursos.
Heiíbroner
Desastre malthusiano en los
pobres. Regímenes totalitarios
o anarquía general.
Ajustes
de
largo plazo posibles
só!o si
se
atiende el ecosistema.
Fundación
El desastre ya existe. Las difi­ Reconstrucción política e institucional. Trans·
Bari!oche
cultades crecerán en As i a y ferencia geográfica de
Africa hacia fines del siglo.
recursos.
Leont~ef
Los esfuerzos de la ONU fraca­
Crecimiento
selectivo: más entre ¡os pobres,
sarán. Crecerá la brecha. menos entre los ricos. Redistribución mundial
de recursos.
Modrzhinskaya
Refuta
mecanismos
neomal­
thusianos.
Postula
sociedad
Prosperidad global sólo limitada por sistema
capitalista.
socialista post-industrial.
(Según Coie, 1978, con ajustes del autor).
Préstese atención al hecho de que estas visiones y diagnósti.cos en modo alguno agotan !a
gama de -futuros probables» que se han propuesto hasta la fecha; íos esquemas sóio ilustran
direcciones básicas y servirán en el análisis que se hará en el próximo capítulo. Por otra parte,
estos escenarios tienen carácter global; no especifican ni estrangulamientos sectoriales ni los
encadenamientos causales que podrían llevar a formaciones alternativas del futuro. Estos asun·
tos específicos serán contemplados en la presentación de las metodologías cualitativas y cuan­
titativas que se están empleando en los estudios prospectivos.
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:: . 3.Marcos conceptuales e institucionales Cuestiones centrales de este capítulo ¿Cuál es la orerta
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3.Marcos conceptuales e institucionales
Cuestiones centrales de este capítulo
¿Cuál es la orerta y la demanda de los estudios del futuro?
¿Cuáles son los nexos entre prospectiva y mecanismos de decisión?
¿Puede llegarse a JdJ:!'ª- teoría de la prospectiva?
¿Cómo vienen creciendo los estudios del futuro?
Objetivos
Presentar paradojas particulares en los" mercados intelectuales» de la prospectiva. Se­
ñalar tendencias contradictorias en el orden social. Proponer elementos para un marco teó­
rico de alcance intermedio.
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Conclusiones principales
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«mercados intelectuales» de la prospectiva no ostentan las mismas características
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en sistemas nacionales.
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nes y decisión.

e) Existen elementos para Slrticu lar un marco teórico provisional ~

sóiidos. .
sóiidos.
.

_t.as

Términos·clave: grupos teóricos; refeudal ización; aprendizaje organizaciona l ; ~onducta hob­ asiena; historicismo; industrialización del espacio

siste!T'Jls

G.o'~1Píeio~ (g0)Jiernos. empresas. hospitales) en donde·lasinterveRci0.Jlesexternas y I-ª§ conduc­

;;;:J

. El estilrlio del futurQ Qresenta una paradoja} Por una parte.E ind.l~Q.§D_§

ab.ku~.ª-!1J

ineso_e.radi:JS. C!1Us.tituyen rasgos predominantes. Por la otra, tropieza con teorías y métodos

gue DO trad!(Ceo "0 conseoso significativo entre especialistas. La demanda por este genero de

estudios parece ser más imperativa que la oferta; las expectaÜvas apenas se basan en ¡ogros

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Esta paradoja~varios orígenel U~elloses la brech.-ª

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')' emnlrlcas. I.a tooria US.-apllf.~.!Q!@§ ba tiiJliosRec,ti.\Lfl., " marchado más_~lill a le

ba

tiiJliosRec,ti.\Lfl.,

"

marchado más_~lill a

le acontecer en muchas disciplioas bóvenes tMulljns 1971J. Los investigadores deben resoiver

la problemas de organización. comunicación y liderazgo después de haber alcanzado un or­

. den cor.ceptual razonable.

-

.:

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.

Qtra raíz de la paradoiª~el amhi.ente

eo--eL:.uaUos

estudios del futuro están des~.rJ.:L9ivL~D;

Como las perturbaciones en el entorno de la _sociedad industrial son recurrentes y gra­

.ves-. y existe escasa fe en la «resiliencia» (es decir, la aptitud de absorber cambios cualitativos

.dose

39

sir; destrozar el sistema), la tolerancia al error es baja. No se tiende a una constante experimen­ tación cO,n la realidad a fin de perfeccionar modelos y despejar la ignorancia, debido a que una equivocación apareja altos costos. En estas condiciones se tiende a preferir adaptaciones pasi­ vas que, en el corto plazo, disminuyen los riesgos. Ciertamente, esta conducta es miope, pues

a la larga los factores lentos de cambio se acumulan y manifiestan en una explosión o catástrofe (Rabinovich 1981).

Dicho en otras palabras, la demanda social por las previsienes es significativa y abrumado­ ra: sin embargo, la demanda gubernamental-empresarial no l'iene equivalente magnitud, debido

a ¡os riesgos que todo estudio hipotético-experimental (como la prospectiva) genera. Si se quie­ re, existe una analogía de esta desigualdad en las demandas en el campo de la investigación y ei desarrollo: los sectores privados tienden sistemáticamente a subinvertir en este campo, pro­ yectando los riegos al sector gobierno (Roman 1980).

Por añadidura, cuando se producen períodos de pronunciada incertidumbre, gobiernos y em­ prssas recurren a la prospectiva como "último recurso», sometiéndola a las presiones intrínse­ cas a este comportamiento (Emerson 1981). Como los remedios ordinarios han fracasado, se ape,ia a promover lecturas del largo plazo como un medio casi desesperado de encontrar formas de superar las perturbaciones. Esta "búsqueda con alta presión» ofrece oportunidades a la pros­ pectiva, pero simultáneamente levanta, con· gran efervescencia, las expectativas respecto a sus resultados. Esta tensión puede conducir a interpretaciones apresuradas del estado de Ur> siste­ ma, aumentando paradójicamente los grados de incertidumbre. t) )

A. ll,€sa!" de estas dificultades que emanan de Las i.pt€+~u;d(}ne~4&-la p~iJiva como dis­

ciplina 'oven con un ambiente •u uro an ro resada tanto e

las esferas aplicativas. Breve­

'mente, estas exploraciones se han institucionalizado en las socieda es 1ni1üSTFT131es aoñde alejar

ed

las ex jpracIQr;8s aei

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e oexa

era

¡¡;certidumbres e incrementar la optimización constituyen imperativos sistemáticos y estructura­ les. \fa se ha visto que una tendencia equivalente encara dificultades en países en desarroilo, a pesar de que estos imperativos son objetivamente (pues gobiernos y organizaciones aún no iQS nen internaiizado) por lo menos de igual apremio.

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"";;1 :18rnb~e, sino queJWbtmH:ambién v.o p r ogta!Ji1a de temas al cuaUiebéría av Qc.ars.e_Ja nuENa

:2~lJLflecht :

oación sistemática y organiza a e evenlr (F1echffieim 1972). En verdad, ~li.mÜó

genc.ii3
genc.ii3

Le preocupaba, en especial, la suerte dela c"ívilización en la época de reconstrucción

qliesiguió a la última guerra mundial. Ya en ese período es posible encontrar en Flechtheim tó­ picos y conceptos que más tarde habrán de merecer atención profunda. Por ejemplo, planteó preguntas sobre las posibilidades de que el crec ¡miento científico, tecnológico y económico con­ tinúe indefinidamente, a pesar de atonías episódicas y cíclicas, insinuando que si la respuesta

40

I

\

­

con­ tinúe indefinidamente, a pesar de atonías episódicas y cíclicas, insinuando que si la respuesta 40
era negativa habría de regresarse a una sociedad oscura, primitiva, rural, localista y violenta, sociedad
era negativa habría de regresarse a una sociedad oscura, primitiva, rural, localista y violenta,
sociedad "hobbsiana» que el historiador Sacco y otros (1973) vienen dilucidando. Como se ha co­
mentado en el capítulo anterior, la literatura sobre el "crecimiento cero" y sobre el ensancha­
miento irreversible de las brechas internacionales alude a una «re-feudalización" del mundo y 2i
probable declive de los valores seculares (Dobbel;:¡ere 1981).
·Ff )
~eim, -la f"tllrologia babría de descansar en [elaciones pr:.ob.abilisticas entre
i:leclto.s; caQrIa entonces repasar la historia para identificar, no las hazañas de los ~
·lLombres ".l.ficcióD didáctica If-empí rica q"e ocas ion Ó tendencjas totalitarias y-p.m.c.ep.cionas-sim~.
c 'Iilistas de la reaiidadl, sino las determínaciones estructurales, la acumulación c ntinuid8­
~~?"'-rles--krilias
-cas:.
yisioles. que remat
i
cualita'
.U>in embargo, esta revisión, t<{.
aunque necesaria, tendría consecuencias modestas, puesto que muchos de los grandes proble­
mas oue se Í!en planteado después de la última conflagraci<;5n ~.und.~ 1 carecen de antecedentes.
en ei nueve entorno, la sabiduría del pasado ya no puede aux~
f-;
Lr¡tre Los rartQros.que _ayudarían al surgimi ento de la futurología, Flechtbeffi;¡ a¡ll./ota eo
as­
í I a la planificación. Ya no es ésta ni rival intrínseco de la democracia ní «camino de serv!­
dumbre:=¡rraye 976, sino el guardián de la racionalidad social. Existiría un nexo causal entre
planificación y modelación del futuro. de suerte que los futuros podrían ser «reinventados» mer­
ced a herramientas suministradas por las ciencias sociales (Hodara 1968; Coser 1977).
Algo más. Fiechtheim puntualíza que si las excursiones de la prospectiva llevaran a COIl­
cluir que las enfe!"medades de la civilización son «terminales". el diagnóstico tendríéull valor
apreciable. Prepararía a la especie humana «para la muerte colectiva» o para la aceptación esto;­
ca de un mundo diferente. En otras palabras, la futurología tendría la aptitud psicológica y edu-
cativa. en este casG
de·rBdy¡;.ir-·tensiones
destructivas mediante la anticipación de virajes trans­
formadores. No se le ocurrió a Fiechtheim que la visión de catástrofes cercanas puede apresu­
rae ei desmantelamiento de la vida organizada y favorecer el nihilismo.
FlechtheimJJm[.aS
e.nta
tendencias hi<:tÓrjcas qlle se manifestaron en forma destructiva en
~;
.J9s
'lJTtirilas décadas y que tarDan imper¡;¡til/¡J la insp~66ión del porvenir pero es también la pros­
.oectiva una reaccióll
,previ<:jble
de' espíritll
científíco al lídiar con presentes complejos e insati~'­
factorio~En otros tiempos, el desasosiego colectivo se tradujo en utopías que constituyen, en
"esta textura, imágenes sobre futuros posibles y.probables
que
_criticansímbólicamente ai pre·
sente. ei espírítu científico captura el componente crítíco común a las utopías y le añade direc­
ciones operacionales, prácticas. No se limita a la simbología ni a la fantasía literaria, sino que
reclama la intervención en el curso de los acontecimientos (Amara 1978).
la conf!uencl.§~tretendencias_ol2ie1LY-ª.S
Y
e
s.Wr.itu
científico tlJiLo
d.QSJB.s.uI1.ados
-P-m:--ur'r
,,_o'
lado las imágenes flltllras
erentes o implícitas, enarboladas por al
unas ideolo
ías Y.--.li'llglg­
--,':lAS
laicas se debilitaron
. D81ismo
la burocratización y la
secularización
;:~:
quitaron validez a estas imágenes en cuanto «puntos de lIe
ada n
normas
ara
la
a
. 'J:l.
El mis­
H2srl"Yoes- aúno im¡:}Ql'-wnte--err,rtganas o subcu
turas pero carece de la universalidad epistemológi­
ca de la ciencía moderna. Sólo ésta ofrece un lenguaje común, transcultural, para admínistrar or­
ganizaciones y desequilibrios. El relativismo cultural no debe implicar relativísmo gnoseológico
(.""'" [Bunge 1981). Le diferenciación de las instituciones y el ímperativo de administrar tanto los már­
genes de latitud como el cambio org.aFlizacional conducen a un género de pragmatismo uní­
41

','ersal que rivaliza con (o se yuxtapone al) relativismo de alguna traalCtO" o cuitura_ A la ( " prospectiva le cabe ofrecer herramientas congruentes con este pragmatismo.

Adviértase que esta premisa no significa invalidar «lo sagrado» ni despreciar ¡as emociones colectivas que presiden a diversos grupos culturales o ideológicos. Antes al contrario, algunos '. aJtares anticipan el reverdecimiento de formas religiosas (ceremonias, cultismos, ritos de tran­ sicióil) ya sea como complemento, ya sea como reacción, al racionalismo contemporáneo. Ex­ pres¡ones de este nuevo equilibriD comunitario se advierten en países (como en irán de estos dias; y en grupos seJectos no n.ecesariamente religiosos (como en agrupaciones terroristas).

_segundo resultado es el empalme de la prospectiva con los mecanismos de decisió".

Cuando se hace hincapié en la distribución de probabilidades que configura el curso de los acon­ tecimientos es importante identificar cómo esta distribución se modifica en el tiempo. Este ejercicio es muy diferente de la "búsqueda de leyes» y del «culto a los grandes hombres» que

ado las filosofías clásicas de la historia (Berlín 1980); impíica-más bien la incursió¡;

~af! nor

act\\'c, e!? ;os ambientes y "Iibretosn (o códigos áe conducta) que regulan las relaciones de i,,­ certidumbre. Así, lecturas del futuro pueden aconsejar la postergación de acciones o bien pro­ mover ajustes adaptativos conforme a la evaluación secuencial que esas lecturas entrañan. La "~-V

'prospectiva invita, en definitiva, a un proceso de aprendizaje organizaciona! (VValters-Hilborn

1978}.

Ouizá un ejemplo ayude a esclarecer estas ideas complejas. Piénsese en las economías sub­ desarrolladas petroleras que han gestado nueVas relaciones de incertidumbre a causa de 18 importancia centrJlI de las exportaciones de hidrocarburos en la secuencia expedita de! desarra­ no. Pero la bonanza relativa de esas economías puede ser traicionera (Hadara 1977). La liquidez excesiva,1a corrupción en cascada, la quiebra de la agricultura, el fin de la economía mixta, un grave endeuda-miento externo: éstas pueden ser las consecuencias de una administración des­ atinada del petróleo. Ahora bien: cada una de estas variables comporta una distribución de pro­ babilidades que es importante determinar con vistas a administrar la conducta del sistema. Así, por ejemplo, los precios reales que se vislumbren en ¡as exportaciones del petróleo habrán de sTectar ,a estas distribuciones o compondrán diferentes «escenarios». En cualquier caso, las an­ ticipaciones no pueden desligarse de las medidas tangibles. Si se renuncia a este maridaje de la prospectiva con los mecanismos de operación, factores exógenos habrán de fijar, conforme a sus intereses, las relaciones de incertidumbre.

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.Uno de ellos es la visualización de opciones y «w!lbrales de ruptura
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lID dato inconmQ\{ibJB sjnO.J!OiU@~S'=de­ (que se transforma a S!l vez en el curso del tiempo).

(que se transforma a S!l vez en el curso del tiempo). d~~so

¡a j'1formación ertinente de la flexibilidad institucional ara absorber las transformaciones .

institucional ara absorber las transformaciones . M¿;.;ico. Parece claro qué-e! crecimiento po aClOnal

M¿;.;ico. Parece claro qué-e!

crecimiento po aClOnal presenta una gama de variaciones probables, en función de las estructu­ ras y ritmos demográficos existentes, de la información acerca de las «entradas» (nacimientos, cOf'figuración por edades) y «salidas» (mortalidad, emigración), y de las políticas aplicadas (control directo o indirecto de la natalidad, estímulos a la emigración, convenios con Estados

las políticas aplicadas (control directo o indirecto de la natalidad, estímulos a la emigración, convenios con
Jo;. Unidos sobre la fuerza migrante). Es importante determinar estas variaciones. pues un &scenso pob!acionai
Jo;.
Unidos sobre la fuerza migrante). Es importante determinar estas variaciones. pues un &scenso
pob!acionai descompensado puede agravar los cuellos de botella (desempleo: cOiT'unicaciones:
desnaciona!ización fronteriza) de este país (Hodara 1978; Business Internationai Con:;oratic:¡
1981) .
Aoarte de visua!izar opciones es necesario comprender la lógica contra- i ntuit;v2 oei :::rs­
cimiento exponencial (Meadows 1972) que gobierna la mayor parte de las variables que oetermi­
nan la viabH¡dad de largo plazo de sistemas complejos (población. tecnología, comercio exterior,
endeudamiento, ai¡mentos y otros). Este tipo de crecimiento entraña que los márgenes de 'ibero
tad y de intervención se encogen en el curso del tiempo. Lo que es factible hacer hoyes imposi·
ble hacer mañana. El tiempo corre contra los mecanismos de decisión derrotándolos al rina:: éste
es ei mens&je lúgubre de la curva exponencial.
ti
terce, criterio normativo es
el
despejamiento de sorpresas mediante
!a detección
de,.~:;:;
¿ev21"n" t"''''~''"''M@s,;Qla instalación de "sistemas
de alarma» Que indiquen la probab i e?2"§':" :.t.it
_r¡clón de "kiUna amenaza tl!o supone, desde luego, un conocimiento previo sobre iO que se ;:~'~J
, pretende obtener o impedir, así como el establecimiento de códigos para interpretar sigras :c:,.:l:'),
'.~~,:':,.iI.:.,),
:.:.~.~.· ~_;,:·
~:~:'t
portafltes
Supóngase, PEor ejemplo, el surgimiento de un Estabdo dio.tda¡¡t~rioen cJ:""¡ cCiltex':::; de
momente denocratico.
ste
_ :: ~?~'.
a caus3 oe: carácter
total
proceso reconoce etapas. Las posi j l j a es latentes eXisten Y3 sea
del Estado moderno, pues domina fuentes de informació" y oo;-;trol
"T'
i .
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~:.,_~;.~:~.~.~c-~':
en grades considerables, ya sea por el "monopolio del terror» o de la "violencia legal, que si Es-
".k.
.,.,,:;:
tado posee
(
vishai 6
1979).
Pero esta
capacidad latente necesita eventos precipitantes, ·:::ataíi-
_
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zad'Jres, para manifestarse p!enamente. Inflación galopante, desorganización sociai. pror,unciaaa,
inn"nencia de ataques extemos: estos factores pueden desencadenar el proceso. ldenti+jcac¡ón '_ !' 1~j
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proceso. ldenti+jcac¡ón '_ !' 1~j ¡,:,¡~". op,rt:;~:: ':' ;:::0:

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~DS actores interesados activan cuando

lo~ acontecirnientos

oresenta:--l

gir8s

cnga~¡z2t¡\jOS que

irreguiares y 'iO recurrentes. La elaboración de estos planes es en si misma un pmceso de cp~e,,­ dizaje Que ¡¡sva a atenuar las sorpresas. Ejemplos de estos desplegamierrtos continge"ci8;es sor:

ja capacitación de unidades anti-terroristas especiales o la flexibilización constante de ¡ss ,asas de interés en una economía mixta que padece incertidumbres inflacionarias.

Ceetamente iosactorbs que 3nticipanactos contingenciales deben definir con claridad no

o capacidad de reacción de íos sistemas ~ue diri.

gen. Pera regresar a íos ejemplos anteriores: el entrenamiento de unidades antHerrcristas S;j· pone la aptitud de aprender e internalizar ,ola lógica terrorista" (Laqueur 1978) con ei Gsjeto ce conteneda, As! también los climas inflacionarios que suelen arrastrar la devaluaci6n exter'l3 de la moneda exigen sistemas de intermediación financiera ágiles, dotados de "reflejos" "epdos.

s6'o SeOS :Jceiaci:me:: sino las "elasticidades

s6'o SeOS :Jceiaci:me:: sino las "elasticidades la ap!icación feliz de estos criterios depende del armado

la ap!icación feliz de estos criterios depende del armado de modelos de comDcrtar:iento relativamente complejos. Estos modelos ya no pueden descansar solamente en lui ios intuitivos, sino que raquieren la observación organizada. Al describir con razonable precisión a realidad, es­ tos mode!os puede:: esbozar la distribución de probabilidades que norma la aparic ón de un cam­ bio cill'liitativo.

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3.2. Hacia un Marco Teórico rr.-f: 1 }\ =1 lenguaje denota predilecciones,-Palabras como «cambio», «equilibrio»,
3.2. Hacia un Marco Teórico
rr.-f:
1
}\
=1 lenguaje denota predilecciones,-Palabras como «cambio», «equilibrio», «catástrofe», «con-.
~cta hobbsiana», etcétera, implican juicios de valor,;. No son descriptores neutr
o.s-.d.e~J
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Las ciencias SOCjaJES DO pueden desprenderse de las preferencias normativas; y menos to­