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CUADERNOS DE

MARCHA
TERCERA EPOCA, AÑ O VI, SETIEMBRE 1990 N$ 1800 A 12000

¿A Q U E APOSTAMOS?
JOSE MANUEL Q U IJAN Ö

SOBRE LA LITERATURA C O LO N IA L
GUSTAVO VERDESIO
DEUTSCHLAND ÜBER ALLES!
AGAPITO MAESTRE
EL EXODO ORIENTAL
CARLOS FILGU EIRA
LA ID EO LO G IA DE LA IZQ U IERD A URUGUAYA (II)
HEBERT GATTO
M ELAN CO LIA FINAL
MARIA ESTHER CILIO
cuadernos
del claeh

LAS ELECCIONES DE 1989 EN


URUGUAY: UN SISTEMA DE
PARTIDOS EN TRANSICION
Pablo Mieres
LAS ELECCIONES
DE 1989 EN BRASIL
Waldo Ansaldl
SOBRE LA NATURALEZA DEL
DISCURSO BIOGRAFICO
Carlos Piña R.
"LA VIDA ERA SIEMPRE..."
Rosario Beisso y
José L. Castagnola
LA PRODUCCION NARRATIVA
EN LA SITUACION
DE ENTREVISTA
María Magdalena Chirico

REVISTA URUGUAYA DE CIENCIAS SOCIALES


Editada por CLAEH, 2^ Serie, Año 15, 1990/1
Sumario
¿A qué apostamos? 3
José M. Quijano

Las economías desarrolladas en cifras 8

Población y emigración
El éxodo oriental 11
Carlos Filgueira

La ideología de la izquierda uruguaya (II) 17


Hebert Gatto

Deutschland über alies! 29


Agapito Maestre

Entrevista a Natalia Guinsburg 39


Melancolía Final
María Esther Gilio

La literatura uruguaya colonial 43


Gustavo Verdesio

De Maracaná a la cultura del reciclaje 49


Hugo Achugar

Las ilustraciones de interiores son de Toño Salazar.


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¿a que
apostamos?

jóse m. quijano

^ C ontra lo que p ueda parecer a pri­ dado. Q uizá el dato que m ás alarm a causa,
m era vista, los cam bios vertiginosos que sobre todo a quienes ahí depositaban su s
vive el m undo está n llegando a tierras esperanzas, es el abandono y el desinterés
urug u ay as. No com partim os la idea de que de los países del norte por los problem as del
el país se h a quedado inmóvil en los últim os su r. Hace ap en as pocos días, en u n a re u ­
trein ta años. Se h a sacudido, y m ucho: su nión realizada en B uenos Aires para an ali­
sector in d u strial es otro: la agricultura se zar los cam bios en los países del este eu ro ­
h a transform ado; el sistem a financiero h a peo, escucham os a especialistas en Améri­
crecido de m an era anóm ala y costosa: el ca Latina de Alem ania Federal y de E stados
m ercado de trabajo h a visto la incorpora­ Unidos. La conclusión era la m ism a. En los
ción de la m ujer y de los m ás jóvenes (con­ seten ta n u e stra región era p arte del debate
secuencia, en parte, del descenso brusco internacional (“estab a ¿n", dijo uno de los
del salario real en los años sesenta); la conferencistas) y ah o ra e stá totalm ente
familia u rug u ay a ya no es la m ism a y los au sen te. A usente del diálogo Norte-Sur,
hábitos culturales de los uruguayos se h an porque éste h a dejado prácticam ente de
transform ado: el sistem a político h a a b a n ­ existir; a p a rta d a de los flujos de inversión
donado definitivam ente el bipartidism o. El extranjera directa; cada vez m enos gravi­
U ruguay del noventa es otro, m uy distinto, tan te en el comercio internacional; y tra n s ­
al del setenta. Pero todavía nos queda por firiendo recursos financieros, d u ra n te la
ver u n a transform ación regional de grandes década perdida de los ochenta, hacia los
dim ensiones y n u estro país no será ajeno a países centrales.
ella.
B asta analizar el comercio entre E stados
B uena p arte de lo que nos ocurre, nos viene Unidos y América Latina. E n los últim os
diez añ o s n u estra s ventas h acia el país del controles de precios internos y a la erradi­
norte, si bien h a n m ostrado cierto dinam is­ cación de aranceles y o tras b arreras no
mo, pierden participáción con respecto a arancelarias.
las exportaciones del resto del m undo hacia
ese m ercado. Además, con el descenso del Es difícil, todavía, realizar u n a evaluación
precio del petróleo en el segundo lustro de cuidadosa de las potencialidades de la
la década pasada, las ventas latinoam erica­ propuesta Bush.. Sí conocemos, no o b stan ­
n as de productos agrícolas y de bienes te. s u s m otivaciones m ás inm ediatas: pre­
m an ufacturados crecieron, pero concen­ sionar sobre los otros países desarrollados
tra d a s en pocos países. México, en prim er p a ra d estra b ar la R onda U ruguay del G att
lugar, increm enta sustancialm ente su p a r­ (en particular, con respecto al comercio de
ticipación regional en las ventas hacia E sta ­ productos agrícolas, a los servicios y a los
dos Unidos de bienes m anufacturados y controles referidos a la propiedad intelec­
productos agrícolas; Brasil au m en ta algo tu al),'cu y a finalización e s tá prevista para
s u participación en m anufacturados; y an tes de que concluya el año 1990; a b a tir el
Chile e n productos agrícolas. E so es todo. O persistente déficit comercial de Estados
al m enos todo lo relevante cuando se obser­ Unidos con m edia docena de países de la
v an cifras agregadas. región, coincidente con la política m ás
general de reducir dicho déficit con C anada,
Obsérvese, si se quiere a b u n d a r en infor­ la CEE y Japón: y generar “u n nuevo estí­
mación, la evolución de la inversión ex tran ­ mulo", al decir de uno de los asesores del
je ra directa de Alemania Federal en Améri­ presidente norteam ericano, en u n a región
ca Latina. En poco m ás de tres lu stro s se ha abatida por los problem as no resueltos y las
reducido a u n diez por ciento. O tras priori­ presiones externas.
dades están en el horizonte de los inverso­
res alem anes: la com unidad de los doce, el Alexander Wilde, de la Oficina p a ra América
este europeo y, ahora, la re unificación con Latina (WOLA), decía recientem ente que las
Alem ania Democrática. P réstese atención a energías estadounidenses están , creciente­
las prioridades de Jap ó n : persistente s u ­ m ente, volcadas a solucionar su s proble­
perávit comercial con los E stados Unidos y, m as internos. S u visión re su lta coincidente
sim ultáneam ente, flujos de comercio y de con la de Lawrence Klein (autor y prom otor
inversión directa altam ente dinám icos con del modelo LINK) p a ra quien las prioridades
los dem ás países del su d este asiático. de los E stados U nidos deben orientarse a
Desde las perspectivas germ ano federal y poner “la c a sa en orden". Sin perjuicio que
Japonesa, n u e stra región e stá en uno de los los acontecim ientos en Medio O riente y el
escalones m ás bajos de su s prioridades. increm ento en el precio del barril del petró­
leo serán, en tan to p ersistan, elem entos
seriam ente perturbadores para la econo­
m ía norteam ericana, el modelo de Klein
estim a que la s dos superpotencias se diri­
Jím á J Se dirá que la iniciativa del presi­ gen hacia u n program a acelerado de d esar­
dente B ush, lanzada en u n discurso el 27 de me. cuyo ritm o será m ás intenso del que
junio, pone o tra vez a América Latina sobre aparece en la s declaraciones públicas y los
el tapete. Un poco antes, el 22 de mayo, el com prom isos asum idos por B ush y Gorba­
Comité Económico C onjunto del Congreso chov.
norteam ericano habla destinado u n a a u ­
diencia a d estacar la im portancia económi­ El modelo estim a que cada 5 p u n to s de
ca de América Latina para E stados Unidos. descenso en el gasto m ilitar soviético cabe
Un testigo, alto ejecutivo de Goodyear, dijo: esp erar u n increm ento de 3 pu n to s en el
“Los países de E uropa O riental caen con gasto global de consum o. Gorbachov, dice
m ayor n atu ralidad dentro de la órbita de Klein, n ecesitará reducciones m uy d rá sti­
E uropa Occidental. Lo m ismo puede decir­ cas en el gasto m ilitar -por cierto, superio­
se de América L atina con respecto a E sta ­ res a los 5 p u n to s que tiene program ados-
dos Unidos". Otro testigo señaló que "he­ para satisfacer el consum o postergado de
m os presenciado d u ra n te los últim os 18 los soviéticos y otorgar viabilidad a su
m eses u n cambio hacia políticas económ i­ nueva política. Pari p a s s u E stados Unidos
cas m uy positivas" Se refería a la disposi­ irá reduciendo tam bién su gasto en arm a­
ción p a ra recibir inversión extranjera sin m entos. “Por lo tanto puedo prever -ha
restricciones, a las elim inaciones de los dicho Klein- sucesivas rondas de cortes en
el gasto m ilitar h a s ta llegar a u n a reducción déficit com ercial de ese país con la región.
tres o cu atro veces su p erio r a la que se h a De hecho, el acuerdo de Libre Comercio con
logrado h a s ta ahora" (abril 1990). En la C añada y el avance en la m ism a dirección
actualidad, los soviéticos destinan entre el con México y a m uestra, en 1989, u n d es­
13 y el 16% de su pro d u cto al program a de censo im portante del déficit de E stados
defensa y E stados Unidos entre u n 6 y 7%. Unidos con esos dos países.
U na enorm e m asa de recu rso s b u sc a rá otro
destino. ¿C uál? Así percibida, la p ro p u e sta del presidente
B u sh a la región es, tam bién, u n o de los
in stru m en to s p a ra poner “la casa en orden"
que se su m a a dos m edidas que le fueron
sugeridas a Reagan y que éste resistió
1" / Las opciones p ara E stados Unidos d u ra n te todo su m andato o b u e n a p arte del
son varias y. obviam ente, cabe im aginar mismo: el descenso program ado del dólar
u n a com binación m ás que u n sendero en con relación a las d em ás m onedas fuertes
u n a sola dirección. M enos gastos en arm a ­ para que se dinam icen las exportaciones
m entos perm itirían red u cir el déficit fiscal, norteam ericanas (que Reagan adoptó d u ­
de form a que E stados Unidos elim ine ese ran te su segundo período y B ush h a in ten ­
desequilibrio de s u s cu en tas tal como ellos sificado) y el increm ento de la carga trib u ­
aconsejan al resto del m undo; tam bién taria que el presidente rechazó expresa y
perm itirían aten d e r a la reconversión de la enfáticam ente d u ra n te to d a su cam paña
in d u stria de arm am entos h acia la produc­ pero que term inó adm itiendo a poco de
ción de bienes con destino civil, como se sen tarse en la C asa Blanca. En este contex­
hizo por ejemplo, al finalizar la segunda to, e s fácil percibir que no estam os an te u n
guerra m undial con las p lan tas de m ontaje “plan de ayuda" que E stados Unidos ofrece
de tan ques; en térm inos m ás amplios, d a ­ a América Latina. Dicho en otros térm inos,
rían paso a program as m ás am biciosos .de la propuesta de B ush -si prospera- no tiene
ciencia y tecnología los cuales, a su véz. n ad a que ver con la Alianza p a ra el Progreso
ap u n tala rían la reconversión en la in d u s­ del presidente Kennedy. Es, en verdad, u n a
tria y en ciertos servicios de forma que la iniciativa b astan te m ás interesante, porque
econom ía recu p erara competitividad con nos convoca a la negociación.
respecto a la CEE y Ja p ó n : asim ism o, existe
la posibilidad - au n q u e no m tiy a tono con
el gobierno republicano de B ush- de que se
fom enten políticas sociales, destin ad as a
aten d e r los núcleos de pobreza que se h an
extendido en la sociedad norteam ericana.

En cualquiera de los escenarios futuros no


cabe im aginar que el gobierno de los E sta ­
dos U nidos disponga de recursos a b u n d a n ­
tes p ara im p u lsar u n a nueva relación
hem isférica. Los m agros 100 millones
an u a le s com prom etidos por B ush para
canalizarlos h acia A m érica Latina por
m edio del BID, h ab lan a las claras de lo poco
que cabe esp e rar al respecto. E n el área del
comercio, u n a ola de reb ajas arancelarías
decretadas unilateralm ente por varios go­
biernos latinoam ericanos (m ientras el resto
del m u n d o negocia palm o a palm o en el G att
y las resistencias so n notorias, en el caso de
los p aíses desarrollados, a reducir el pro­
teccionism o en textiles y productos agríco­
las. p a ra m encionar ta n sólo dos puntos
sensibles p a ra el m u n d o subdesarrollado)
es posible que increm ente las ventas de
E stados Unidos h acia Am érica Latina y por
consiguiente, se reduzca o desaparezca el
dos perjudiciales p a ra la región (tanto en el
comercio con ese país como con el resto del
m undo). Se trata, y así debe ser, de u n a
Bien, pero sí se tra ta de u n a nego­ agenda abierta. Pero debería e s ta r claro,
ciación varios problem as emergen. an te s de sen tarse en la m esa de diálogo, qué
pretende o b ten er el Cono S u r con esta
Primero, ¿quién negocia? ¿Se tra ta de nego­ negociación y qué e stá dispuesto a ceder
ciaciones bilaterales, o de E stados Unidos p a ra obtenerlo.
con to d a Am érica Latina, o de E stados
Unidos con grupos de p aíses? No es necesa­
rio a b u n d a r dem asiado en las desventajas
de la negociación bilateral. Tampoco, cree­
m os, en la inviabilidad de u n a negociación / S i el desinterés del norte por los
en tre E stados Unidos, de u n a parte, y toda problem as de los países subdesarrollados
Am érica Latina, de la otra. Son los espacios es u n hecho (y en ese d esinterés engloba­
subregionales, que h a n ido surgiendo y mos tam bién a la Unión Soviética, acuciada
consolidándose por m últiples razones, los por su s problem as internos); si poco cabe
que ad quieren aquí u n a nueva relevancia. esp erar de la iniciativa de B ush aunque
Téngase en cu e n ta que el nuevo acuerdo abre quizá u n a in stan cia de negociación
en tre A rgentina y B rasil -el Acta de B uenos que no deberíam os desaprovechar; si el
Aires- se firm a ap en as u n a sem an a d es­ proceso de integración entre A rgentina y
p u és de que B u sh lan zara s u iniciativa B rasil se h a ido acelerando, h a sorteado
¿C uál e s la relación en tre am bos hechos? dificultades, y se h a convertido en objetivo
R esulta prem aturo av en tu rar u n a opinión, nacional por encim a de los gobiernos con­
sobre todo cuando no se dispone, aún, de tingentes, parece m eridianam ente claro
inform ación acerca de los tejidos diplom á­ que U ruguay debe ser p arte de ese acuerdo
ticos que está n en la som bra cuando ocu­ de integración (como, de hpcho, lo es luego
rren acontecim ientos internacionales de de la reunión de Brasilia a la que asistieron,
im portancia. El hecho cierto es que, dentro con b u en a dosis de realism o, n u estro C an­
de pocas sem an as Argentina, B rasil y U ru­ ciller y n u estro M inistro de Economía) y
guay, de u n a parte, y E stad o s Unidos, de la debe p rep ararse ya para dos negociaciones
otra, firm arán u n prim er protocolo en el que son vitales, pues transform arán acele­
m arco de la iniciativa B ush. radam ente su economía y su sociedad: la
negociación con su s vecinos y la negocia­
Segundo, ¿cuál es la agenda de la negocia­ ción de los tres (o de los cuatro, si en
ción? A prim era vista, algunas cosas re su l­ definitiva Chile se incorpora) con E stados
ta n obvias: el proteccionism o estad o u n i­ Unidos.
dense que afecta, sobre todo, a las expor­
taciones subregionales con m ayor valor Adm itam os, en esta hora de desaliento
agregado: las represalias o am enazas de nacional, cuando los problem as en lugar de
represalias que se h a n esgrim ido contra resolverse se acum ulan, que U ruguay p u e­
países de América Latina bajo la acusación de tener u n destino diferente al que le
u n ilateral de estim ular prácticas desleales ofrecen las fuerzas políticas que se h an
de comercio: la insoportable transferencia tu rn ad o en el gobierno. Aquí, tam bién, hay
por el pago del servicio de la deuda, la cual u n reto a la im aginación y a la audacia. Si,
e stá co n tra tad a m ayoritariam ente con como es deseable, los uruguayos querem os
bancos privados norteam ericanos. orientar la transform ación que se aproxi­
m a, prepararse implica tam bién construir
Pero h a y otros tem as, no m enos relevantes, el instrum ento político capaz de ofrecer esa
que tam bién deberían e sta r en la negocia­ orientación. Un in strum ento político des­
ción: la transferencia en Ciencia y Tecnolo­ pojado de todo dogm atismo: de los dogm a­
gía (informática, electrónica, energía n u ­ tism os de izquierda (que están haciéndose
clear, etcétera) donde los sucesivos gobier­ pedazos, afortunadam ente, en parte por los
nos norteam ericanos h a n tenido posiciones acontecim ientos en E uropa del este) y de
esquivas o francam ente negativas p a ra la derecha, que todavía nos atenazan y obli­
región; los espacios en el á re a de servicios gan al país a discusiones estériles, a desen­
que deberían reservarse p a ra la expansión foques garrafales, a m edidas desatinadas
nacional; la política in tern a de subsidios que nos debilitan a priori para las negocia­
que p ractica E stados Unidos con re su lta ­ ciones que tenem os por delante.
Adm itam os que el país y s u sistem a político ap u n te a reform as viables en los ám bitos
p u ed a n generar u n a corriente progresista, tributario, financiero y adm inistrativo y
de profundo sentido nacional, que apoyán­ que adm ita que, en las condiciones p re sen ­
dose en los enfoques com unes concretos tes, los equilibrios m acroeconóm icos b ási­
que y a se vislum bran a b ra paso a u n acu er­ cos y la coordinación de política económ ica
do político, program ático y electoral. Un con los vecinos son requisitos im prescindi­
acuerdo que erradique toda pretensión de bles.
hegem onism o (más bien, que milite contra
el hegemonismo), que obligue a trabajar -u n a pro p u esta de integración con los veci­
disciplinadam ente en com ún y que se pro­ nos (y de eventual negociación con Estados
ponga los siguientes objetivos: Unidos) de form a que la sociedad y la econo­
m ía u ru g u ay as obtengan al m áxim o p a rti­
-u n a radical pro p u esta de reform a electoral do -y am inórenlos efectos negativos- de los
que perm ita, dem ocráticam ente (en ningún nuevos escenarios regional e internacional,
caso m inim izando la representación pro­ -un com prom iso con la Justicia social que
porcional), co n stru ir mayorías. es, en definitiva, el objetivo prim ero y que
perm ea a todos los dem ás.
-u n a p ro p u esta de reform a educativa (y
aquí los sectores progresistas que tenem os Adm itam os que ese acuerdo político, pro­
n u estro origen en la izquierda no podemos gram ático y electoral es posible y que el
seguir apegados a lo que fue bueno, quizá, U ruguay necesita u n a nueva inyección de
hace varias décadas pero que hoy es un vitalidad que lo catap u lte h acia u n lugar
factor de rezago) que establezca los cim ien­ (modesto quizá, pero lugar al fin) en el
tos sólidos de u n esfuerzo nacional y regio­ m undo. M ucho está por cam biar en n u e s­
nal en ciencia y tecnología. tra econom ía y n u e stra sociedad. Quizá,
tam bién, la form a ru tin aria que tenem os de
-u n a p ro p u esta de política económ ica qpe aproxim am os a la política.

PABLO PICASSO
L a s e c o n o m ía s d e s a rro lla d a s e n c ifr a s *

CUADRO 1

LOS MAYORES INGRESOS PERCAPITA

Producto Producto T asa de Población


p er capita nacional bruto crecim iento (millones)
dol. de 1987 dol. corrientes an u a l del prod. 1989
(mil millones) 1984-89

E stados Unidos 17615 5234.0 3,45% 249:0


C añada 16375 547.8 3.86% 26:2
Noruega 15940 90.7 2.01% 4:2
Suiza 15403 176.6 2.71% 6:7
Luxemburgo 15247 6.6 3.55% 0:4
Dinam arca 15119 104.3 0.76% 5:1
Alemania Federal 14730 1203.0 2.91% 61:6
Francia 13961 957.4 3.06% 56:1
Hong Kong 13906 61.5 8.78% 5:7
Kuwait 13843 22.4 5.43% 2:1
Suecia 13780 185.0 1.80% 8:5
Islandia 13324 5.2 2.93% 0:3
Bélgica 13140 151.1 3.34% 9:9
Japón 13135 2834.0 4.43% 123:0
Finlandia 12795 112.2 3.57% 5:0
S ingapur 12790 28.4 7.86% 2:7
H olanda 12661 221.5 2.13% 14:9
A ustria 12386 125.9 2.77% 7:6
G ran B retaña 12270 833.2 3.88% 57:1
E m iratos A rabes 12191 23.8 4.08% 1:7
A ustralia 11782 280.8 3.44% 16:8
B ahrain 11142 0.5 1.75% 0:5
Italia 10682 866.1 3.22% 57:5
Nueva Zelandia 10541 40.3 0.19% 3:4
Israel 9182 40.8 3.55% 4:5

* La inform ación h a sido tom ada de “Fortune*, 30 de julio de 1990.


CUADRO 2

FLUJOS DE INVERSIÓN EXTRANJERA DIRECTA ENTOE PAÍSES DE OECD


(miles de m illones de dólares)

Principales Acum ulado Principales A cum ulado


exportadores 1961-1988 1988 im portadores 1961-1988 1988
de capitales de capitales

E stados Unidos 302.4 20.4 E stados Unidos 276.2 42.2


G ran B retaña 183.0 26.6 G ran B retaña 98.8 12.7
Ja p ó n 113.2 34.2 F rancia 43.8 6.7
A lem ania Federal 70.5 10.4 A ustralia 37.0 4.8
Francia 57.1 12.8 H olanda 30.9 3.2

CUADRO 3

INVERSIÓN Y AHORRO (mayores tasas)

Inversión fija como Ahorro b ru to como


Países % del producto % del producto
(promedio 5 años) (1989)

Ja p ó n 35.6% 34.4%
4 p aíses del su d este asiático* 29.2% 47.2%
M alasia 28.4% 35.0%
Tailandia 23.5% 30.1%
C. E. E uropea 21.9% 22.3%
Indonesia 21.2% 21.5%
India 20.0% 32.2%
E stados Unidos 17.0% 13.9%

• C o rea del S u r, T aiw an, S in g a p u r y H ong Kong.


CUADRO 4

MERCADO DE CAPITALES

dim ensión del m ercado ta sa a n u a l de


P aíses desarrollados (junio 1990) crecim iento
(en m iles de m illones de dólares) 1984-89

Ja p ó n 3482.0 46.80%
E stados Unidos 3067.1 13.48%
G ran B retaña 838.1 27.77%
Alem ania Federal 368.7 36.03%
F rancia 364.8 54.75%
Hong Kong 86.9 26.84%

Países em ergentes

Taiwan 155.4 88.77%


Corea del S u r 122.7 86.64%
M alasia 46.5 15.48%
México 41.2 59.32%
Brasil 26.8 8.88%
población y
emigración

el éxodo
oriental

PAUL CLAUDEL
carlos h. filgueira
9 Sabem os que la dinám ica de la po­
i l . La población del U ruguay crece m uy
poco y de m an ten erse las tendencias de los blación es resultado del juego de u n a serie
últim os años, po d rá llegar a u n crecimiento de factores. En sociedades cerrad as el cre­
cero. P ara 1970 se esperaba que el país cim iento de la población depende d e la
alcanzara por lo m enos la cifra sim bólica de relación entre los nacim ientos y las defun­
los tre s m illones de habitantes. El Censo ciones, o si se quiere, entre las ta s a s de
Nacional de 1975 frustró estas expectati­ natalidad y m ortalidad. En sociedades
vas; la población llegó a 2.788.429 h a b ita n ­ abiertas, depende tam bién de los movi­
tes. Lo m ism o ocurrió diez años después; en m ientos de población, o sea, de la relación
1985 el Censo registró 2:955.241 residen­ entre la inm igración y la em igración. La
tes en el país. Por o tra parte , las estim acio­ conquista, el expansionism o territorial y la
n es actu ales de CELADE-CEPAL p a ra 1995 anexión, son -aunque m enos frecuentes-
indican, p a ra la hipótesis media, que final­ procesos que alteran igualm ente el volu­
m ente se alcanzaría la m eta -veinticinco m en poblacional de u n país.
años d espués- con u n total poblacional del
orden de los 3.185.000 hab itan tes. Si se El crecim iento poblacional es, n atu ra lm e n ­
o p era con hipótesis m ás pesim istas respec­ te. m ucho m ás com plicado que la simple
to a la natalidad, m ortalidad y emigración, agregación de los efectos aislados de estos
los resu ltad o s indicarían u n crecimiento factores. E sta com plejidad deriva, en ver­
ap en as su perior a los 3 millones. dad, de la m u tu a interacción entre ellos. Así
por ejemplo, el núm ero de nacim ientos de
C om parativam ente con el resto de la región, u n país no depende sólo del núm ero de hijos
el U ruguay en cambio, es u n a sociedad nacidos vivos por m ujer (fecundidad), sino
cad a vez m ás pequeña. Rasgo, que por otra de la e stru c tu ra de edades de la población
p arte no es p a ra n ad a novedoso. -porcentaje de m ujeres en edad fértil-, la
cual a s u vez es función, entre otros facto­ plenam ente integrados a la dinám ica so­
res, de la e s tru c tu ra de edades de los em i­ cial.
g ran tes e inm igrantes.
Tal vez, sean e sta s “rigideces" las que con­
Por o tra parte, cada u n o de los factores tribuyen al desánim o, a la frustración o al
señalados obedece a dinám icas propias escepticism o, cuando la realidad se em pe­
dependientes de interrelaciones complejas cina en d em o strar que las tendencias po-
en tre variables socio-culturales y económ i­ blacionales del país no se revierten sino que
cas. V ariables que adem ás, operan en el se autoalim entan.
largo plazo y poseen p esad as inercias. El
tiempo ,en sí m ism o, es u n a variable fu n d a­ Por últim o, cabe agregar que la compleji­
m en tal p a ra la com prensión de los fenóme­ dad de la dinám ica poblacional, depende
n o s demográficos. tam bién de otros factores -exógenos- que
e stá n fuera del control de cualquier socie­
Volviendo a n u estro ejemplo, las inercias dad concreta.
alu didas se h a n m anifestado claram ente en
los in ten to s de a b a tir los nacim ientos en los En este sentido, las transform aciones ocu­
p aíses considerados “superpoblados". La rridas en el ám bito internacional, co n stitu ­
caída a b ru p ta de la fecundidad -núm ero de yen el referente de los m ovimientos de
hijos p or m ujer- tuvo efectos diferidos y no población. Con esto, aludim os a u n tópico
abatió significativam ente en el corto y de singular im portancia que será objeto de
m ediano plazo el núm ero de nacim ientos - lo que sigue a continuación.
natalidad-, dado que la “superpoblación" se
asocia a la ju v en tu d de la población y por lo
tanto, a u n a am plia “reserva" de m ujeres -
n iñ as y jóvenes- que no en tra ro n a ú n a la
edad reproductiva. E stas inercias opera­
Q
t Hace 17 años que iniciam os en
rían igualm ente si se quisiera increm entar C1ESU los prim eros estudios sobre la em i­
la n atalid ad en u n a sociedad como la u ru ­ gración internacional en el U ruguay. E ran
guaya. C u alq u ier política pro-natalista los prim eros tiem pos de la “gran diáspora"
d aría s u s frutos en forma diferida por u n a y en verdad, a ú n no sospechábam os la ver­
sencilla razón: s u p u n to de p artid a es ya dad era m agnitud que a la postre podría a d ­
u n a sociedad envejecida. quirir. De allí en m ás, el tem a se im puso por
la fuerza de los hechos. Dem andó, por u n a
Pero cualquier política pro -n atalista encon­ parte, la atención creciente de investigado­
tra ría rigideces derivadas de u n sistem a res e instituciones de investigación, dió
social operando “espontáneam ente". El lugar a la realización de m últiples estudios,
n úm ero de nacim ientos en toda sociedad diagnósticos y E n cu estas de Hogares
depende de factores estru c tu rales y obede­ (DGES), ocupó u n lugar destacado en la
ce a leyes o regularidades em píricas, las prensa, promovió el establecim iento de Co­
cuales, valga la trivialidad, por algo existen. m isiones Especiales, e involucró a organis­
El com portam iento reproductivo de u n a m os internacionales como el PNUD, OEA y
sociedad depende de las relaciones existen­ C1M en ciertos program as específicos.
tes en tre el nivel socio-económico de los
individuos y s u s actitudes, hábitos y valo­ En sum a, la em igración internacional a d ­
res con respecto a los hijos, y en sentido quirió, con justicia, el s ta tu s de u n “proble­
m ás lato, como horizonte general de vida. m a candente" que su p erab a su propia espe­
E stá determ inado por u n universo de ex­ cificidad. E n rigor, y así fue sentido por la
pectativas y aspiraciones de las unidades “conciencia colectiva", la em igración inter­
familiares, que no se generan en u n vacío nacional era expresión y sím bolo del dete­
social, q u e no se modifican fácilmente, y rioro, largam ente prolongado y a p a ren te­
que se trad u cen en p atro n es estables y m ente irreversible, de u n modelo de socie­
recu rren tes de com portam iento individual dad.
y familiar.
No obstante e sta s observaciones, existe
E n sum a: modificar los factores princi­ u n a ausencia notoria de políticas públicas
pales que h acen a la dinám ica poblacional en m ateria de población. I-a m agnitud del
im plica rem over o revertir “procesos socia­ problem a poblacional del U ruguay -su
les" de carácter “autosostenido" e inercial, indudable gravedad- y la form a como el
m ism o com prom ete el futuro del país, no presión de libertades, persecusión ideológi­
tuvo u n a re sp u esta acorde por p arte de la ca, etc. En cuanto a los “diferenciales”, los
esfera de decisiones políticas. No sería ejem plos m ás frecuentes son las opo rtu n i­
aventurado afirm ar que en los últim os dades de trabajo o los ingresos. En este
años, el tem a perdió totalm ente centralidad caso, es la diferencia relativa entre dos
h a s ta el pu n to de h ab e r salido virtualm ente contextos la que determ ina la emigración,
de la agenda política. Los partidos políticos no los atributos absolutos de cada contex­
no tienen pro p u estas, el silencio parlam en­ to. Desde este punto de vista, carecería de
tario es ostensible, y no se dispone al m enos sentido h ab lar factores de atracción y ex­
de u n paquete m edianam ente integrado de pulsión como causas de la emigración, sino
m edidas. de condiciones diferenciales de vida, de
trabajo, etc, que, en todo caso, inducen la
E n con traste con este inmovilismo. la em i­ expulsión y la atracción. Incluso los facto­
gración de u ruguayos al exterior parece res “p u ro s de expulsión" podrían se r asim i­
seguir adelante. La predisposición m igrato­ lados a los “diferenciales", en la m edida en
ria de los jóvenes es notoriam ente elevada, que sea posible establecer que el atributo en
y las condiciones estru c tu rales del país, vis cuestión -por ejemplo, libertad, pluralism o-
a vis la región y el m undo, continúan siendo tiene valores diferentes en cada sociedad.
favorables a la emigración.
Si se aplica este modelo m uy simple a la
Las dificultades p a ra conocer qué es lo que em igración de uruguayos, parece plausible
e stá p asan d o provienen de que no se dispo­ la hipótesis de que el país h a pasado g ra­
ne de inform ación confiable. Desde 1981 la dualm ente a tener diferenciales negativos,
DGEC no realiza E n cu estas sobre Em igra­ o si se quiere, expulsores. Si esto es efecti­
ción y h a b rá que a g u a rd a r al próximo vam ente así, y si las tendencias no se revier­
C enso Nacional p a ra disponer de inform a­ ten, las consecuencias que se derivan de
ción agregada. H asta tan to sólo caben.“im­ ello son n aturalm ente, preocupantes: el
presiones", conjeturas y estim aciones -m ás U ruguay co n tin u ará siendo u n a sociedad
o m enos fu n d ad as- que no harem os aquí. estru ctu ralm en te propensa a la em igra­
ción.

4 J L A continuación, interesa referim os


a los factores estru c tu rales que h a n sido to­
m ados en cu en ta p a ra explicar la em igra­
ción en el U ruguay. Se supone que con ellos
no se d a c u e n ta de la complejidad del fenó­
m eno y que, en el m ejor de los casos, ofrecen
u n a interpretación parcial de la em igra­
ción.

P ara en ten d er los m ovimientos de indivi­


duos en tre dos p u n to s (migración in tern a o
internacional) se h a recurrido con frecuen­
cia a m odelos interpretativos que identifi­
can factores de “expulsión" en la sociedad
de origen, y de “atracción" en la destino.
Algunos au to re s h a n agregado otra d istin ­
ción: factores de expulsión y atracción “p u ­
ros" y factores interrelacionados. Los pri­
m eros se refieren a efectos m igratorios
derivados de las características específicas
de cad a contexto, sin aten d er a s u s relacio­
nes. Los segundos, com prenden los llam a­
dos “diferenciales" en tre los p u n to s de
p artid a y de destino. Ejemplo de los prim e­
ros son ciertos acontecim ientos políticos
como golpes de estado y su s secuelas: s u ­
E n realidad, debem os d a r u n paso m ás. El relación al resto de los países y en particu lar
contexto general en el cual es posible a n a ­ con respecto a ciertas sociedades. De allí el
lizar los flujos m igratorios está constituido increm ento de los factores de “expulsión
p o r el sistem a internacional. Se puede a r­ internos" y de “atracción externos".
g u m en tar con b a sta n te justificación, que el
sistem a puede se r exam inado como u n En u n trabajo previo dedicam os alguna
conjunto de u n idades interrelacionadas atención a la trayectoria del U ruguay e n el
que intercam bian bienes m ateriales y cul­ sistem a latinoam ericano; aqui sólo será
tu rales, que se relacionan en térm inos de posible efectuar u n a breve referencia a los
poder económico, político, m ilitar, y que a c ­ indicadores m ás im portantes.
ceden diferencialm ente a posiciones de
rango en las dim ensiones de desarrollo En cuanto al volum en de población, el
económico y m odernización social. El U ruguay o cu p a u n a de las posiciones m ás
carácter dinám ico del sistem a internacio­ bajas en el sistem a internacional y en rela­
nal, perm ite ad em ás p resuponer que existe ción a la región. Con la excepción de los
u n movimiento relativo y continuo de las pequeños países del Caribe de origen no
unidades, perdiendo o adquiriendo posicio­ latino, el país com parte con tres sociedades
nes. centroam ericanas, el rango m ás bajo en
m ateria de población. A diferencia de éstos,
Si se consideran como unidades los países el U ruguay no se ubica territorialm ente
dentro de u n sistem a de rangos en diversas entre países de dim ensiones sem ejantes.
dim ensiones económ icas y sociales, los Por u n a parte, lim ita con A rgentina que lo
p aíses experim entan con diferente ritm o y su p era 10 veces en el núm ero de h a b ita n ­
velocidad, cierta movilidad ascendente o tes, con respecto a B rasil su relación es
descendente dentro del sistem a internacio­ aproxim adam ente de 1 a 40.
nal. E s precisam ente esta configuración y
su dinám ica, la que tiende a modificar los Adicionalm ente, las tendencias de largo
“diferenciales" entre países. plazo, m u estran que esta posición relativa
del país en el sistem a internacional, e s cada
Conocer la lógica de este sistem a y las vez m ás desfavorable.
p au tas que adopta el cam bio de la estratifi­
cación internacional, se vuelve u n a condi­ El factor “población absoluta" en verdad, h a
ción n ecesaria p ara com prender por qué los sido generalm ente negligenclado como v a­
individuos de u n país se m uevan a otro., riable relevante p a ra explicar la dirección y
cristalizando asi los flujos m igratorios in ­ el volum en de los flujos m igratorios inter­
ternacionales dom inantes en cada m om en­ nacionales. Tal vez por considerarlo u n
to. atributo ascripto, de lenta transform ación,
o bien por el hábito de operar con indicado­
La posición que logra adquirir u n pais en el res relativos y no absolutos.
sistem a m undial, será por lo tan to u n factor
relevante p ara poder entender su com por­ Sin em bargo, cualquiera sea la razón, es
tam iento y en p articu lar su s p a u ta s m igra­ indudable que la “población total" co n stitu ­
torias. De allí que el análisis com parativo a ye u n im portante diferencial entre países
nivel internacional p u ed a ofrecer el m arco que explica la propensión m igratoria relati­
de referencia m ás general, a p artir del cual va. A otros factores constantes, la capaci­
explicar los flujos m igratorios de u n país dad de absorción de no nativos por p arte de
determ inado. u n país, es función directa de s u tam año
respecto al país em isor. Esto implica, ex­
E n el caso uruguayo, re su lta por dem ás presado en o tra forma, que si la Argentina
evidente que cualquiera sea el indicador pudo absorver en tre u n 5 y u n 6 por ciento
que se adopte, el país venía perdiendo regu­ de la población del U ruguay y en unos pocos
larm ente, y a veces en form a acelerada, años, ello se vió facilitado porque para la
posiciones relativas dentro del sistem a in ­ población argentina el flujo de uruguayos
ternacional. No sólo en relación a todo el significó ap e n as u n crecim iento de u n 5 o 6
sistem a, sino tam bién con respecto al siste­ mil.
m a latinoam ericano. El proceso de “atim ia”
que caracteriza e sta pérdida de s ta tu s in ­ La urbanización ofrece otro ejem plo de la
ternacional, significó a la postre, u n a rever­ pérdida de posiciones del país, tan to en
sión de los diferenciales m igratorios con térm inos absolutos como relativos. Tradi-
cionalm ente el U ruguay siem pre estuvo en ces de movilidad ascendente m enores. Los
el orden de rango m ás alto del sistem a cam bios en la e stru c tu ra productiva sólo
latinoam ericano, con niveles de urbaniza­ produjeron u n a movilidad ocupacional
ción sólo com parables a la Argentina, pero ascendente que afectó al 1.7 por ciento de la
a s u vez, m uy distanciado del resto de la población activa, entre 1960 y 1970. En
región. Con el tiem po e sa brecha tendió a A rgentina y Brasil, para el m ism o período,
cerrarse. Países como Brasil, que en la las oportunidades abiertas por la movilidad
década de los cin cu enta eran aú n predom i­ ocupacional fueron, respectivam ente, del
n an tem en te rurales, e stá n hoy m ás próxi­ orden de 9.1 y 12.7 por ciento.
m os al U ruguay luego de haberse registra­
do u n rápido proceso de m igraciones de tipo E studios realizados a inicios de la década
ru ral-u rb an o . La región en s u conjunto es del sesenta, m ostraban que el país, com pa­
actualm ente u rb a n a y la diferencia especí­ rativam ente con Chile, A rgentina y Brasil,
fica de U ruguay y A rgentina tiende a a n u ­ se en co n trab a en tre las sociedades m ás /
larse. perm eables y ab iertas a la movilidad social.
La movilidad entre padres e hijos registraba
Por o tra parte, si se com para en térm inos que u n 32 por ciento de estos últim os
absolutos la micro-región de la cuenca h ab ían ascendido con respecto a su s p a ­
atlántica, Montevideo era en el año 1960 la dres, en virtud de los cam bios producidos
c u a rta ciudad en orden de rango. En 1970 • en la e stru c tu ra de estratificación. En
pasó a ocu p ar la séptim a posición y en 1980 1983, se verifica que este porcentaje había
la novena. E n cu an to a las ciudades in ter­ caído a u n 6.4 por ciento.
m edias, la com paración con Argentina y
Brasil, es a ú n m ás desfavorable. Con respecto a la educación, no cabe du d a
que el U ruguay h a continuado experim en­
Pero sin d u d a es el desem peño económico el tando u n proceso de expansión y cobertura
que m ejor m u estra el deterioro del país y su creciente. En este sentido, la educación es
pérdida relativa de posiciones en el sistelna la ún ica dim ensión que m u e stra u n com ­
internacional. El U ruguay, salvo cortos portam iento claram ente dinám ico, sobre
períodos de excepción, no pudo crecer eco­ todo en los niveles de enseñ an za m edia y
nóm icam ente en casi treinta años. A princi­ superior. No obstante ello, el crecim iento
pios de la década del cincuenta su perfor­ fue inferior al de algunos otros países lati­
m ance económ ica lo colocaba en u n a posi­ noam ericanos. En este caso tam bién, la
ción claram ente favorable respecto a la brecha se achicó respecto a la región.
región. De allí en m ás, y cerrado el ciclo de
su stitu ció n de im portaciones y an te el fra­ Por últim o, la com binación de estos movi­
caso del “modelo de desarrollo h acia ad e n ­ m ientos en las dim ensiones m encionadas,
tro", la econom ía e n tra en u n prolongado dió lugar tam bién a otra posición peculiar
período de estancam iento. En sólo diez del país en relación a la región. Si se m ide la
añ o s la caída del PBI es ta n a b ru p ta que “deprivación relativa" de la población u ru ­
solam ente tres países de la región tienen un guaya, se verifica que el país continúa sien­
desem peño peor que el Uruguay. En cuanto do u n a de las sociedades con m ayor “ten ­
al desarrollo in d u strial, sólo dos países. El sión estru c tu ra l”. En o tras palabras, que la
crecim iento del PBI y del PBI p er cápita relación entre expectativas y aspiraciones
en tre los decenios 1950-60 y 1960-70, de la población, y su s posibilidades reales
m u estran los m ism os signos: de u n total de
21 p aíses latinoam ericanos, U ruguay ocu­
p ab a las peores posiciones de rango (entre
la posición n úm ero 17 y 20 en am bos indi­
cadores respectivam ente). En 1950 se en ­
co n trab a en tre las posiciones m ás favora­
bles (tercero y quinto) respecto a la Inver­
sión B ruta, Bienes de Capital, y en el Ahorro
Nacional Bruto: en 1960 y 1970 se repite la
caída a las posiciones de rango 15 y 19.

Como consecuencia de este estancam iento


económico, la e stru c tu ra ocupacional se
hizo crecientem ente m ás rígida y las c h a n ­
am
de satisfacerlas, son m ás críticas en el E n E uropa O ccidental la internacionaliza­
U ruguay que en la casi totalidad de los ción de la econom ía viene acom pañada de
países de la región. E sta “tensión e stru c tu ­ procesos de integración que, en rigor, están
ra l” se expresa por ejemplo en los efectos de cam biando el concepto tradicional de sobe­
la E ducación y la Urbanización, como legi­ ranía. Las m igraciones internacionales
tim adores de aspiraciones, en contraste tienden a transform arse en m igraciones
con la rigidez de los Ingresos. internas. E n Am érica Latina es indudable el
im pacto de la creciente internacionaliza­
Un ejercicio de m edición de estas dim ensio­ ción; integración entre países, proyectos de
nes, indicó que en u n a escala de 0 a 100, el inversión conjuntos, obras binacionales,
U ruguay o cu p ab a a principio de los ochen­ program as de investigación cooperativa,
ta, u n a posición de “tensión estructural" son algunas de s u s m anifestaciones. C ual­
elevada (76). Otros países receptores de quiera de ellas tiene como efecto erosionar
m igrantes u ru g u ay o s evidenciaron en las fronteras nacionales -así se a en el plano
cam bio u n a “tensión e stru c tu ra l” m ás baja; psicológico- y facilitar la movilidad territo­
A rgentina 48, B rasil 16, Venezuela 13, y rial. Es probable que este proceso tenga
México, cero. A parentem ente, la movilidad como efecto reforzar las tendencia e stru c ­
internacional de uruguayos se establece en tu rales del país h acia la emigración, como
to m o a diferenciales relativos de la “depri­ tam bién debem os adm itir la posibilidad de
vación relativa". E sta p au ta, por otra parte, que el fenóm eno em igratorio se ab ra en u n
es m ás general y puede ser en u n ciad a al complejo abanico de “tipos de migración"
m enos como u n a regularidad empírica; (perm anente, interm itente, doble resid en ­
otros flujos m igratorios que se conocen en cia, etc.) que requiera de instrum entos m ás
América Latina, procedentes de otros paí­ afinados para su captación.
ses, registran la m ism a regularidad. Los
países de la región que “expulsan" pobla­ 5. P ara term inar: si el U ruguay no está
ción hacia polos de “atracción" (Chile, Boli- dispuesto a ab o rd ar u n a política inm igrato­
via y P araguay hacia Argentina; Colombia ria de vastos alcances, la población del país
hacia Venezuela, y C entroam érica hacia no crecerá. Además, la predisposición m i­
México), evidencian siem pre m ayores g ra­ gratoria co n tin u ará siendo elevada, y la
dos de “tensión estructural" que el país re­ migración real -con las oscilaciones del
ceptor. caso- co n tin u ará adelante. S uponer que las
b ases estru c tu ra le s de la em igración
E n la m edida en que el U ruguay continúe podrán se r rem ovidas espontáneam ente o
generando condiciones de “deprivación re­ con m edidas ad-hoc, es voluntarism o puro.
lativa" elevadas, y si este proceso se ad elan ­ E sp erar que el deterioro circunstancial de
ta al movimiento general de la región -o los países receptores contribuya a dism i­
eventualm ente del m undo desarrollado-, n u ir la “atracción" de uruguayos, es ap o s­
cabe esp erar u n a tendencia estru c tu ral ta r a la coyuntura.
hacia u n a propensión m igratoria, tam bién
elevada. Parece m ás razonable, asu m ir las im pli­
caciones que derivan de la posición que
4 E n u n análisis prospectivo, es necesario ocupa el U ruguay en el sistem a internacio­
to m a re n cu en ta por lo m enos, otro aspecto. nal, reconocer los cam bios m ás recientes
El m ism o se refiere a la creciente intem a- producidos por la internacionalización cre­
cionalización de la econom ía en u n sistem a ciente de la econom ía, y desarrollar políti­
m undial que funcional como u n id ad coti­ cas y m edidas parciales que contribuyan a
d ian a de los flujos de capital, de los m erca­ dism inuir la propensión m igratoria y a vol­
dos y de los procesos productivos y de ver beneficiosa -o m enos m ala- p a ra el
gestión. Desde cualquier punto de vista, país, la presencia de s u s nacionales e n el
económico, político, y social, el m undo se exterior. C iertam ente ello no resuelve los
e stá “achicando". Ello im plica por lo m enos graves problem as de la e stru c tu ra d e­
dos cosas: a) u n a creciente interacción físi­ mográfica del Uruguay. Algunas m edidas
ca de individuos, firm as, establecim ientos pro n atalistas podrán se r in ten tad as, y es
educativos, científicos, políticos, etc. y b) bueno que así sea, pero su s efectos no serán
u n a movilidad psicológica m ayor, estable­ suficientes para revertir el proceso a c u m u ­
cida en to m o a u n m arco de referencia de la lativo que d u ra n te m u ch as décadas h a
acción individual, constituido por el siste­ dado lugar a la actual e stru c tu ra dem ográ­
m a internacional. fica del país.
la ideología
de la izquierda
uruguaya (II)

hebert gatto

T J L n la prim era p arte de esta n o ta -


publicada en el núm ero anterior de Cuader­
nos d e Marcha -incursionam os en la génesis
e sta rá en las m ejores condiciones p a ra
su p e ra r su ac tu a l crisis de identidad y
afro n tar la ofensiva que desde o tras tiendas
y el desarrollo del pensam iento leninista, al se h a d esatado contra ella.
que definim os como u n populism o m esiáni-
co en gran m edida inconciliable con el El tem a, es especialm ente vigente, ahora,
m arxism o clásico. Un m arxism o que en su cuando sabem os que la libertad, laju sticia,
encu ad re soviético, al m ismo tiem po que la solidaridad y la confianza en que algo
perdía valor teórico, adquiría funciones re­ puede hacer la razón p a ra im plem entarlas
tóricas y de legitimación del populism o re­ socialm ente -que distingue a la izquierda
volucionario. de la derecha- no se confunde ni con recetas
económ icas sim ples, ni con perim idas filo­
E n e sta segunda parte, procuram os an ali­ sofías de la historia. A ese propósito de
zar la form a en que a p artir de la Revolución re p en sar u n pasado que no nos es total­
C ubana, e sta p articu lar concepción devino m ente ajeno, a p u n ta n las siguientes líneas.
la ideología hegem ónica de la izquierda
u ruguaya, así como las consecuencias, en
térm inos de pérdida de la dim ensión d e­
m ocrática, que este hecho supuso.

Creem os -y lo creem os firm em ente- que


A
JL JL. comienzos de la década de los
m ien tras la izquierda no aju ste explícita­ sesen ta, la izquierda u ruguaya pensó que
m ente cu en tas con su pasado ideológico, no su sostenida crítica a la c u ltu ra política
nacional, o m ás precisam ente a u n a cosmo- evaluado en térm inos de visibilidad ideoló­
visión p en sad a y articu lad a de arrib a a gica y no de éxitos electorales, la tare a fue
abajo, estata lista y partidocéntrica, tra n ­ relativam ente m ás sencilla. Provisto de u n a
sad o ra y concesiva, encontraba por fin referencia d octrinaria fuertem ente estru c ­
audiencia. tu rad a, de u n m étodo para aplicarla y de u n
sujeto histórico p a ra en cam arla, las incer­
T erm inado el últim o im pulso balllista el tidum bres q u e a otros a sa lta b a n no consti­
p aís entero comenzó a tra n sita r u n a p en ­ tu ían su m ayor desvelo.
diente de inclinación progresiva que apenas
u n o s añ o s m ás tarde lo conduciría al final Form ado no com o u n partido autónom o,
despeñadero. Hoy es fácil de advertir como sino como u n a sección territorial de u n
el modelo de “revolución pasiva", donde el m acro partido de vocación m undial (se creó
estado asu m ía funciones protagónicas que como la sección uruguaya de la III In tern a­
la debilidad de los otros actores imponía, cional) s u s preocupaciones iniciales eran
tenía lím ites precisos que en gran m edida m ás de traducción y adaptación y de plegar­
trascen d ían n u e stra s fronteras. E ntre el se a u n entorno que ya com enzaba a s a ta ­
final de la “pax británica" y la guerra nizar al com unism o, que de conform ación
coreana, luego del fuerte envión del prim er de u n pensam iento político propio o de
batllism o, el U ruguay acom odó s u débil constituir sujetos que excedieran o comple­
an ato m ía a las concesiones, necesidades o m entaran la referencia clasista.
distracciones extranjeras p a ra d esp u n tar
u n a prosperidad frágil pero no m enos A penas si únicam ente los avatares in tern a­
atipíca, en el m arco de u n continente de cionales y la posición de la URSS.en ellos,
rezagos centenarios. exigían definiciones que evadían los este-
riotipos doctrinarios. En 1928 en el VI
Integrar el alud inm igratorio, em pujar u n Congreso de la Internacional, la Unión
crecim iento económico no espectacular Soviética, re su elta a liquidar la NEP y a
pero sí sostenido y a se n ta r a u n tiem po el im p u lsa rla revolución m undial m ediante la
ju ego de equilibrios y pactos políticos y estrategia de “clase contra clase", decidió
sociales que articularon la dem ocracia “descubrir América", como u n territorio de
u ruguaya, fue u n a tarea b asta n te inédita directa oposición al em ergente im perialis­
que el sector progresista del Partido Colora­ mo norteam ericano.
do . h a s ta la prim era m itad del siglo, cum ­
plió con solvencia. El fracaso chino de 1927, atribuido a la
defección de la burguesía nacional del
E s tam bién cierto que en e sta s décadas K uom itang y la lu ch a de N icaragua contra
constitutivas, el batllism o se representó las fuerzas invasoras de los E.E.U.U. ap are­
m ayoritartam ente a si mismo, fracasando o cieron como los detonantes internaciona­
no asum iendo -quizás an te la propia inm a­ les, de la nueva correlación de fuerzas a
durez d e la sociedad civil- el desafio de nivel m undial.
generar identidades sociales persistentes
donde an c la r su proyecto y otorgarle rele­ Los voceros de Bujarín, “el Colón rojo",
vos. No lo es m enos, que el desafio hegemó- ad elan tab an que en la América “dependien­
nico batllista, debió abrirse cam ino entre te" no existían burguesías nacionales con la
frenos y contrapesos que obstaculizaron su suficiente autonom ía como p a ra liderar
acción, otorgándole u n a dinám ica que en u n a revolución dem ocrática. C onsiguiente­
m uchos frentes fue m ás defensiva y tím ida m ente, razonaban desde Moscú, ella debe­
que las exigencias que el propio proyecto ría ser articu lad a m ediante u n a alianza
im ponía. obrero cam pesina im pulsada por el partido
del proletariado, en lo que en buen rom ance
Fueron quizás estos desm ayos los que sir­ , constituía u n a virtual repetición del m ode­
vieron de principal insum o a la joven iz­ lo revolucionario soviético.
quierda u ruguaya, que a través de los p ar­
tidos socialista y com unista, pu g n ab a des­ En ese espíritu, los com unistas proclam aba
de los añ o s veinte (1910 en el caso del David Alfredo Siqueiros, deberían tom ar las
Partido Socialista) por afirm ar su identi­ arm as de inm ediato, sin esp e rar m ás p a ra
dad. cu lm in arlas revoluciones inconclusas o co­
m enzar las m u ch as que América esperaba.
Para el Partido C om unista U ruguayo (PCU) “Las condiciones objetivas y subjetivas,-de-
cía el m u ralista m ejicano que ta n tem pra­ Más tarde, en 1939 p a ra desesperación de
nam en te em ulaba al Che- son francam en­ m uchos com unistas uruguayos, el pacto
te revolucionarias...", “tenem os cam ara­ Stalin-Ribentropp, im pondría u n tercer
d as, el prospecto de crear u n S andino en giro a la política soviética, de nefastas con­
cada región”*1. secuencias p a ra la “sección uruguaya". De
la gesta antifascista a la “neutralidad frente
Revolución de inspiración proletaria ya, o a la reb atiñ a im perialista", transform ada
apoyo a las b u rg u esías nacionales progre­ en “u n a su n to de otros", el PCU d u ra n te
sista s p a ra su p e ra r el sem ifeudalism o y la casi dos años, y con grandes costos in ter­
dependencia colonial, como hab ía sugerido nos, se movió a d istan cia y con “objetivi­
u n Stalin m enos e n tu sia sta en 1925, fue­ dad" frente a la ram pante irracionalidad
ron el intríngulis con que la voluntad in su ­ fascista.
rreccional d ebía enm arcarse en cada u n a
de las realidades nacionales. A fortunadam ente p a ra la coherencia de su
causa, invadida la URSS, la guerra de
América e stab a descubierta: ¿cómo y cu á n ­ otros, nuevam ente se trocó en la cruzada
do conquistarla? ¿Con qué ritmo y con qué por la razón y la dem ocracia. En 1943,
aliados?, seguía siendo el desafío táctico, en cuando S talin en m edio de la etap a an tifa s­
gran p arte condicionado a las necesidades cista, disolvió la Internacional, el PCU. se
de la gran patria soviética. hab ía negado sistem áticam ente a sec u n d ar
cualquier m edida sindical que p u siera a u n
Sin em bargo nuevam ente en 1935, la ca­ en rem oto peligro la ca u sa aliada y en esa
racterización de socialfascistas aplicada a posición -no siem pre explicable en térm i­
la izquierda no com unistas, se trocó súbi­ nos nacionales- se m an ten d ría inconm ovi­
tam ente en u n a consigna frentista y en la ble h a s ta el fin de la contienda. T an tas
desem bozada invocación a la colaboración m arc h as y contram archas, ta n ta su b o rd i­
de clases. nación a u n lejano proceso europeo, no eran
fácilm ente explicables a ojos uruguayos y el
El peligro fascista, la inm inencia del poder Partido m antuvo siem pre s u im pronta
del Reich sobre las fronteras de la “prim era extranjerizante.
revolución socialista" im puso el nuevo giro,
de algún modo tam bién reclam ado por Sin em bargo y en general, no era la obse­
m ínim os indispensables de coherencia cuencia la que d ictaba e sta política de
ideológica. La T ercera Internacional que acom odam iento a u n centro internacional.
con B ujarin h a b ía descubierto América, P ara los com unistas uruguayos su a d h e­
ah o ra con Dimitrov descubría la dem ocra­ sión a u n proceso de carácter supranacio-
cia. nal no era m ás que u n a consecuencia
práctica de la universalidad de la clase
E n ese m arco, dicen Rilla y C aetano2, “la obrera (los proletarios no tienen patria) y
d ictad u ra de Gabriel T erra podía ser fácil­ del proclam ado carácter planetario de la
m ente caracterizada como “fascista" y la revolución socialista. En esa lógica, ta n
estrategia del F rente Popular -que tuvo en el bien sim bolizada por la Internacional con
Partido C om unista U ruguayo u n im pulsor su llam ado a la unidad de los obreros del
de prim era línea- q u ed ab a asim ism o plena­ m undo y la universal ban d era con la hoz y
m ente h ab ilitad a”. El P.C.U. en el clim a de el m artillo, la ca u sa de la U.R.S.S., portavoz
lu ch a antifascista d a b a los prim eros e in­ de la prim era revolución obrera de la h u m a ­
su stitu ib les p asos en su proceso de uru - nidad, “am anecer de u n a nueva historia de
guayización, tarea que sin em bargo n u n ca ju stic ia e igualdad entre los hom bres",
pudo com pletar totalm ente. como proclam aba Stalin, era la de todos los
revolucionarios, por encim a de fronteras o
intereses nacionales, sim ples b arrera s eri­
gidas por las b u rguesías para m ejor e n c u ­
b rir su explotación nacional.
'C a b a lle ro , M anuel. La Internacional C om unis­
ta y la R evolución Latinoam ericana. E d it. N ueva M ientras la conducción soviética perm ane­
Sociedad, C a ra c a s 1987. ciera fiel a s u m isión de guía y vanguardia
de la clase obrera universal -y n a d a hacía
lRilla y C aetano. Trabajo Inédito, c o n su lta d o p o r presu m ir o tra cosa- todas s u s acciones,
g en tileza d e los a u to re s. au n las m ás incom prensibles, quedaban
legitim adas por la lógica histórica de su Con este bagaje y algunos indudables éxi­
misión. tos en la organización de la clase obrera, la
m itad de la izquierda u ru g u ay a se alistaba
“Si el proletariado es la fuerza en que se para ingresar en la década de los sesenta.
b a sa la sociedad revolucionaria -razonaba Probablem ente la m ás traum ática, la m ás
a ú n u n filósofo no com unista como Merleau ferm ental y la m ás trágica de todas las
Ponty- y si el proletariado es la clase univer­ tran sc u rrid as en el siglo. La m ism a que le
sal que describía Marx, entonces los intere­ otorgaría u n gran triunfo ideológico y que
se s de esta clase llevan los valores hum anos culm inaría, con la creación del Frente
en la historia, y el poder del proletariado es Amplio, en el m ayor éxito estratégico de su
el poder de la hum anidad". historia.

E n ese m arco ideológico y valorativo. que el


PCU h ab ía aplicado con esm ero y ortodoxia,
sobrevino el XX Congreso del PC.soviético.
El estalinism o, confundido e x p o st con la
Q
K —✓ i p a ra los com unistas uruguayos
trau m á tica e independiente sustitución de fue tare a m ás sencilla conform ar u n a iden­
Gómez por Arism endi, se inscribió en la tidad partidaria definida, p a ra el Partido
in o cu a dim ensión del erro r y la desviación Socialista el desafio fue sin d u d a difícil.
personal. C uriosam ente p a ra el p en sa­
m iento m arxista, el antihéroe a diferencia Aprisionados en tre el reform ismo batllista
del héroe, tenía virtualidades p a ra explicar que h a sta pasado el medio siglo m antuvo
la historia. u n a historia de logros tangibles y u n a iz­
quierda com unista legitim ada por su s éxi­
Tal como sucedió en la U.R.S.S., ningún tos internacionales, la individualidad so­
intento de revisar en profundidad doctrinas cialista, por lo m enos desde la revolución
y co n d u ctas emergió del acontecim iento soviética, estuvo siem pre en cuestión.
que sin em bargo ponía en cuestión treinta
añ o s de historia revolucionaria. Q uizás ello pueda explicar su accidentada
suerte electoral (donde al final term inó cla­
Los co m u n istas uruguayos arribaron a su ram ente aventajado por su rival en la iz­
XVII Congreso en 1958, con lincam ientos quierda) y los m arcados desniveles de su
tácticos y estratégicos, que constituían u n a perfil ideológico. Tanto que puede afirm arse
casi literal traducción del leninism o-estali- con rotundidad, pese a algunas continuida­
nism o soviético. Ni los acontecim ientos de des, la existencia de dos partidos socialis­
A lem ania en 1935, de H ungría en 1956, ni tas, separados por la cesura que para Lati­
las propias d enuncias de Jru sch o v , m ere­ noam érica significó la Revolución C ubana.
cieron nin g ú n com entario en los extensos
docum entos del Congreso, irónicam ente Real de Azúa en la Antología d el Ensayo
centrados en la repetida denuncia del im pe­ Uruguayo, analizando la trayectoria de
rialism o norteam ericano. Emilio Frugoni, afirm aba que el prim er
socialismo uruguayo se forjó tendencial-
m ente como “u n a agrupación política rela­
tivam ente en clau strad a en sí m ism a, om-
bliguisticam ente suficiente, p u ritan a m e n ­
te desabrida a todo contacto con los im pu­
ros y a u n con los d istin to s...”.

A p artir de u n m arxism o que el m ism o Real


tildaba de “desm onolitizado" y “abierto", la
visión del m undo de los socialistas u ru g u a ­
yos de entonces, se identificaba con en “la
ideología del liberalism o dem ocrático, rad i­
cal, laico, racionalista, europeo, intelec­
tual...", inscribiendo s u s valores m ás en ­
trañ ab les en “la Idea, la Ju stic ia , la Igual­
dad, la Libertad” invocativam ente h erm a­
nados con “la Dem ocracia, el E spíritu
H um ano, la H um anidad y la Dignidad
hum ana". Todo lo cual lo llevaba a valorar E scindir dem ocracia y nación, antim peria-
a este socialismo frugoniano, como el clási­ lismo y pluralism o, revolución y libertad,
co socialism o am ericano: “intelectual, u n i­ ju stic ia e individuo, fue -ahora lo sabem os-
versitario. doctoral, dem ocrático, raciona­ uno de los pecados de las urgencias de u n a
lista. econom ista, universalista, pacífico, época. R esca ta rla incanjeable singularidad
culto, u rb an o ...”. de la nación, engarzar la vigencia de lo
popular en la tradición histórica de los
T antos adjetivos, pese a la sagacidad y fine­ pueblos latinoam ericanos constituyó uno
za del analista, m ás califican el contexto de su s aciertos pese a que en este esfuerzo
discursivo de u n a época -el ensayo es de de inserción y rescate, no siem pre evitó,
1964- que a la natu raleza m ism a de su sino que a veces m ás bien propició, el riesgo
referente. del populism o y la simplificación o lo que es
m ás grave, la caída lisa y llana en los m oldes
E valuando desde los sesenta, en el clim a de prefabricados y ajenos que se propuso evi­
euforia revolucionaria de la época y en u n tar.
contexto de rescate de densidades naciona­
les e idiosincráticas, que el liberalism o En ese m arco ideológico el prim er socialis­
dem ocrático h ab ría borrado, las caracteri­ mo se distinguió del reform ismo b atllista
zaciones de Real, pudieron parecer a ju s ta ­ m ediante la reafirm ación de los valores de
das. Así por lo dem ás, lo creyeron los pro­ u n universalism o socialista (marxista,
pios socialistas, que por sim ilares m otiva­ h u m an ista, pluralista con dejos liberales)4
ciones críticas, term inaron por afiliarse a y e n su explicitación sistem ática, ordenada,
u n a profunda renovación ideológica. racional y docente. Se separó con m ás niti­
dez del PCU , por s u firme y proclam ado
V ista desde n u e stra ac tu a l circunstancia, anticom unism o m ilitante, y por s u indecli­
m arcad a por la trab ajo sa recuperación de nable defensa de los valores dem ocráticos.
valores dem ocráticos y liberales m uy cerca­
nam en te abrogados, no ya por la verboáa Por allí emergió o tra de s u s señ as de iden­
d en u n cia de la izquierda, sino por la m ás tidad. seguram ente la que m ás le costo
co n tu n d en te decisión de la reacción mili­ sostener en el m om ento de la eclosión del
tar, la crítica de los sese n ta re su lta sin duda espíritu revolucionario tercerm u n d ista y
d esaju stad a y ligera. M ucho m ás si p en sa­ que pasado el tiem po lo llevó a riesgo de
m os que la reclam ada peregrinación a las perder su individualidad histórica, a la
fuentes, por la que tanto clam ó el naciona­ fundación del segundo socialismo.
lismo revisionista, n a d a g anaba con perder
en el camino, n a d a m enos que a la dem ocra­
cia, a la razón, al sentido universalista de
s u s valores, o al pacifismo y a la laicidad que
h ab ía distinguido al pensam iento de los
prim eros m arxistas uruguayos.
n u a n d o en el m arco de u n a socie­
dad como la uruguaya, bloqueada y d esen ­
cantada por la pérdida de su anterior d in á­
Es cierto, o parcialm ente cierto, que el m ica de crecim iento y optimism o, se supo
socialism o ffugonista fue librecam bista que los guerrilleros cubanos, culm inando
cuando las necesidades del desarrollo n a ­ su gesta em ancipadora en tra b a n en La
cional im ponían el proteccionism o econó­ H abana, en la totalidad de la izquierda
mico: se reclam ó europeista cuando Améri­ emergió u n fuerte sentim iento de esp eran ­
ca p u g n ab a por afirm ar su individualidad za.
m ediante el rescate de historias y tradicio­
nes populares, y no su p o ser enfáticam ente U na pequeña nación, guiada por u n a gene­
antim perialista cu ando la defensa de la ración de jóvenes rom ánticos, de límpido
nación así lo imponía. idealismo, derrotaba, en las p u erta s de su s

Pero no acertab an los críticos sesentistas


cuando a c u sab an a Frugoni y a su partido
de so sten er “La noción de m ultiplicidad de
3R cal d e A zua, A ntología d el E n sa y o U m guayo
partidos, por ejemplo, fragm entando la C ontem poráneo, Tom o 1. U n iv ersid ad d e la
un id ad au tén tica del querer popular, (y R epública, M ontevideo, 1964.
defender) la libertad de prensa, tal como es
d isfru tad a p or los sectores oligárquicos...3" 4R eal de A zua. O bra cít.
propios dom inios, a la arrogancia del gen­ la de Carlos Quijano, desde MARCHA,
darm e imperial. señalaban que las declaraciones de C astro
conllevaban “ ...u n pueril sabor religioso.
E ra el principio del fin, así se creía, de u n La puerilidad de los catecúm enos, que se
siglo de hum illaciones; la reivindicación de creen capaces de llevar en el hueco de la
u n a dignidad nacional, étnica y cultura m ano todas las verdades y todas las expli­
m an cillad a, por la larga soberbia del gigan­ caciones"6.
te del Norte. Fidel, el Che, la juventud, la
entrega generosa, la voluntad revoluciona­ C astro no sólo se afiliaba al leninismo, sino
ria, la m ística del heroism o sin reticencias, que al tiem po y con el desprecio del conver­
con stitu ían los m ezclados símbolos del so hacia su an tig u a fe, en terrab a explícita­
nuevo d esp ertar de u n continente hum illa­ m ente al tercerism o, y deslegitim aba a
do. todos quienes creían que “América tiene un
cam ino propio... que n u e stra política inter­
E n 1961, cuando arrin co n ad a por la d es­ n a e internacional, debe aju starse a n u e s­
em bozada agresión norteam ericana, pero tra s necesidades, a n u estro s intereses, a
tam bién, no debe om itirse, por la arraigada n u e stra s conveniencias, y a n u estro s pla­
concepción com unista de algunos de su s nes... al deseo de p e n sa r con n u e stra s
líderes, C u b a se declaró m arxista-leninlsta, cabezas7".
el im aginario revolucionario latinoam erica­
no adquirió u n a precisa dim ensión ideoló­ Pero los se se n ta era n años de guerra y en
gica que en m arcaría todo s u futuro d e sa ­ ella los principios cedieron frente a la arro­
rrollo. A la “lu ch a arm ad a sin concesiones, gancia de los hechos. Si las revoluciones
la g u erra p opular h a sta la d errota del ejér­ querían triu n far y no n au frag ar en las
cito burgués, la revolución perm anente aguas chirlas del reformismo, tarde o tem ­
h a s ta el socialismo"5, que constituían la b a ­ prano debían optar, así se pensaba, por la
se del esp íritu guerrillero, se agregó u n a única ideología revolucionaria conocida.
ideología de corta pero venerable tradición: Hoy sabem os cuanto -confundiendo m e­
el leninism o erigido en arm a de guerra p rá ­ dios con fines, recetas con curas- se aleja­
ctica y teórica contra el yugo im perialista. b an de los valores del socialismo.

C uba ab an d o n ab a es cierto, la frontera


atractiva pero incierta del rom anticism o in­
surgente, de la creación sin a tad u ras, de un
latinoam ericanism o sin férreos com prom i­
sos ideológicos; g anaba en com pensación la
experiencia de u n a revolución victoriosa, la
E
- i- -A n u n a m irada superficial, p a ra el
Partido C om unista Uruguayo, la gesta
cubana, fuera de alg u n a razonable novedad
co b ertura de u n a teoría venerable, la g aran ­ en la m etodología revolucionaria, n ad a
tía geopolítica de u n a superpotencia. esencial ap o rta b a que no fuera la clam oro­
sa confiim ación de s u s tesis.
El im pacto de e sta definición ideológica
revolucionaria sobre la izquierda u ruguaya El Partido hab ía sostenido desde su fu n d a­
tuvo el efecto (en todos los sentidos) de u n ción (con el p aréntesis de la II Guerra) la
verdadero ciclón tropical. La sorda lu ch a de necesidad de la “unidad de los pueblos
hegem onías y su s correlaciones de fuerzas, la tin o am eric an o s c o n tra s u enem igo
q uedaron bruscam ente alteradas. C ada vez com ún"8. H abía proclam ado asim ism o que
fue m ás difícil defender la revolución y a
a ta c a r a s u num en inspirador, el cuerpo de
ideas que no en balde hab ía motivado a los
soviéticos, a los chinos y ah o ra al heroico 5Lowy, M. E l p e n sa m ie n to d el C he G u eva ra (ci­
pueblo cubano. ta n d o p a la b ra s d el Che) . Siglo XXI, A rg en tin a
1972.
Desde entonces, explícita o im plícitam ente, GQ u ijan o , C. E scritos Políticos 11. C u a d e rn o s de
como d iscurso articulado o como difuso M archa, M ontevideo, a ñ o I N° 3 , 1985, re p ro d u ­
su stra to referencial en la cita entrecom illa­ cien d o e d ito rial d e M arch a 8 /1 2 / 6 1 .
d a o en el doblegarse a n te la evidencia , la
izquierda fue m ayoritariam ente leninista. 7Q u ijan o , C. Obra cit.

U nicam ente algunas voces solitarias, como 8P.C.U. C ongresos y Docs. M ontevideo, 1988.
“E n la práctica de la lu ch a histórica por la fuerza condenaba cualquier atisbo de blan-
paz y la independencia de los pueblos se h a quism o o anarquism o, reafirm ando el
constituido u n g ran frente único in tern a­ “papel de las m asas en todos los aspectos de
cional, en tre los E stados socialistas enca­ la acción revolucionaria, inclusive en los
bezados p or la Unión soviética y los países planteam ientos tácticos inm ediatos"11.
que se h a n liberado o lu ch an por liberarse
de la opresión im perialista"9. Para los cubanos, acuciados, por el bloqueo
y la urgencia de afianzar su am enazada
E n la tradición de la III Internacional, el revolución, la estrategia era otra. El 10 de
Cominform, las C onferencias M undiales Agosto de 1967, Fidel C astro con b ru ta l
(1957/69) y Regionales de los Partidos claridad cerró la conferencia de la O.L.A.S.,
C om unistas (1969/76), y por encim a de recordando que la discusión sobre la vía
cualquier disidencia rápida y sistem ática­ pacífica o violenta p a ra la revolución e ra u n
m ente condenada, la defensa de la URSS diálogo de sordos “porque es lo que diferen­
h ab ía constituido el objetivo central de la cia a los que quieren im pulsar la revolución
política del PCU. N ada en el rutilante proce­ y a los que no la quieren im pulsar, los que
so urbano, co n trariab a esa sostenida fina­ quieren frenarla y los que quieren im pul­
lidad estratégica que claram ente aceleraba sarla. ¡Nadie se llam e a engaños!... nadie se
la crisis final del imperialismo. haga ilusiones de que conquistará el poder
pacificam ente en este continente". En
E s cierto sin em bargo que cuando el Che m inoría el P.C.U., presente A rism endi en la
G uevara invitaba a lu ch ar y a “m orir bajo conferencia no aplaudió la alocución. S u
las en se ñ as de Vietnam, de Venezuela, de silencio no significaba u n a callada defensa
G uatem ala, de Bolivia, de Brasil"10, los co­ de la dem ocracia (tan form al y bu rg u esa
m u n ista s uruguayos, pese a e star de siem ­ como para los cubanos) n i u n a ren u n cia a
pre convencidos en la revolución m undial, la violencia revolucionaria -la am bigüedad
celebraban verbalm ente su s llam ados de los docum entos partidarios no arrojan
au n q u e los diferían h a s ta que la ac u m u la­ du d as- sino u n llam ado a u n realism o
ción de fuerzas lo perm itiera. La acción d e­ pragm ático que n u n c a lo abandonó. Un
pred ad o ra de la política norteam ericana aviso que no siguió u n a gran p arte de la
h acia latinoam érica en esos años, con in ­ izquierda latinoam ericana, que al im pulso
tervenciones directas e indirectas, fortale­ cubano, regó con su sangre, selvas, m on­
cía e s a congruencia; la conocida prudencia ta ñ a s y ciudades del continente, an te la
del P.C.U. la difería. general indiferencia -cuando no la hostili­
dad- de los hum ildes y los desheredados
Pese a todo, las diferencias entre com unis­ por los que luchaban.
ta s u ru g u ay o s y cubanos, que en esos años
parecían im portantes, no era n de princi­ P ara bien o para m al el rom anticism o no fue
pios, se reducían, au n q u e entonces no se u n a virtud que ad o rn ara la práctica del
viera, al plano p u ram ente táctico. Partido C om unista de U ruguay. Su e stra te ­
gia, desde 1955 h a s ta los actu ales d erru m ­
Si crear dos, tres, m uchos V ietnam s, como bes, no tuvo alteraciones sustanciales.
pedía el Che, podía significar u n a vuelta a
las fu entes leninistas del prim er período de S u revolución, en su prim era fase, era ag ra­
la III Internacional, tam bién podía concluir ria y antim perialista y se procesaba m e­
en u n a florescencia incontenible de conflic­ diante la reform a antilatifundista y la ex­
tos difícilmente m anejables por el campo propiación de “ las grandes em presas in ­
socialista. d u striales y bancos en poder de los im peria­
listas o de los grandes capitalistas a n tin a ­
P ara el cauto Partido C om unista Uruguayo, cionales"; desde allí se avanzaba sin in te­
la revolución advendría (lo aseguraban las rrupciones hacia el socialism o. S u in stru ­
leyes de la historia en las que confluían
cubanos y orientales) pero m ientras ello no
ocurriera, la p rudencia exigía acu m u lar
fuerzas, a g u a rd ar los acontecim ientos y 9P.C.U. C it
refren ar aventurerism os peligrosos.
l0Lowy, M. Cit. (Che- M en saje a la T rico n tin en -
tal).
Y si bien el P.C.U. negaba todo evolucionis­
mo, gradualism o o reform ismo, con igual “ PCU, cit.
m entó e ra el partido com unista vanguardi- b a a la subjetividad de la clase y se m ani­
zando al proletariado, en alianza con el festaba como lu ch a de clases.
cam pesinado y -en papel subordinado- con
la b u rg u esía progresista, agrupados todos La contradicción fundam ental, enseñ ab a
en u n Frente Democrático de Liberación Trías, se m aterializaba m ediante u n a “plu-
Nacional. S u carácter y periodización: el de rid a d d e c o n tra d ic c io n e s co n c retas"
u n a revolución ininterrum pida que p asab a (U.R.S.S.- E.E.U.U.; im perialism o-colo­
sin solución de continuidad de las tareas nias; burguesía-proletariado), en tre las
económ ico-sociales dem ocráticas (que el cuales y en e sta etap a histórica u n a em er­
im perialism o hab ía impedido concluir) a la gía como principal : la que confrontaba al
etap a socialista-com unista. S u encuadre: im perialism o con el movimiento revolucio­
la revolución nacional, porción de la revolu­ nario liberador de las colonias y semi-colo-
ción an tim perialista latinoam ericana, p ar­ nias. Como consecuencia y por u n juego de
te de la revolución anticolonialista m u n ­ correspondencias, la resolución de la con­
dial, eslabón de la revolución socialista tradicción principal m ediante la d errota del
internacional. S u ideología: la de su v a n ­ im perialism o, conllevaba la ru p tu ra del
guardia, la de “Un partido monolítico, de equilibrio del sistem a con la dilucidación de
u n a sola ideología, la proletaria, el m arxis­ las re sta n te s contradicciones derivadas.
m o-leninism o"12. Vencer al im perialism o equivalía p a ra Trías
a asu m ir el socialismo, en tanto am bos
El m odelo regado con las infaltables apela­ aspectos confluían en u n único proceso
ciones a la dialéctica,, reproducía con sólo conceptualm ente divisible.
m ínim as alteraciones -apenas si en lo refe­
rido a la b u rg u esía nacional se m arcaba un Un socialism o que si bien no se su b o rd in a­
distingo- la m atriz leninista de 1917. Sólo b a a ningún centro hegemónico, y a no se
que ahora, a diferencia de entonces, la diferenciaba en su program a básico de su
presencia de la U.R.S.S. y del cam po socia­ sim ilar com unista.
lista, facilitaban u n a tarea que los soviéti­
cos h ab ían debido realizar por sí solos. A lo sum o y en la sen d a del pensam iento
cubano y del revisionism o histórico en to n ­
Antim períalism o y socialism o a la soviética ces en boga, se priorizaba la construcción
co n stitu ían u n a unidad inescindible, y des­ de la nación como m om ento de incorpora­
de entonces, cualquier otro cam ino q u ed a­ ción de las m asas a la lu ch a política m ien­
b a vedado p a ra siem pre. La Historia había tra s se descalificaba cualquier aporte de las
dicho s u veredicto, y la trilogía de propiedad burguesías nacionales. El conjunto consti­
e stata l en la economía, partido único en lo tu ía u n a curiosa mezcla, con u n núcleo
político y m aterialism o dialéctico en lo ideo­ central leninista, (revolución obrero-cam ­
lógico, eran el cam ino de salvación. pesina) u n a periferia tnaoista (toda la silo­
gística de las contradicciones) y u n a retóri­
A ese influjo trinitario tam poco escapó el ca m achaconam ente m arxista, con algunos
Partido Socialista, que en s u adopción resabios del tradicionalism o blanco.
decidida pretendió desbordar por la izquier­
d a a s u rival com unista. Con e sta decisión E n cuanto a los aspectos tácticos. Trias y su
toda la cu ltu ra de la izquierda -con m ínim as partido se m ostraban m enos ren u en tes que
excepciones- pasó a ten er com o eje u n a los m ás juiciosos com unistas. P ara los
m atriz com ún de inspiración leninista. socialistas el tem a de “las vías de tránsito"
que tan to desveló a la izquierda de esos
P ara Vivíán Trías que emergió a comienzos años, no adm itía m ayores d u d as. Vísta la
de los sese n ta como nuevo conductor del contradicción principal de n u e stra época -
Partido, s u época (1965), se caracterizaba dirá Trías que cita a Lenin y a su folleto
por u n a contradicción fundam ental (la que sobre La guerra d e guenillas- la cuestión de
oponía capitalism o a socialismo) que alcan­ “las form as de lucha n o es de principios, no
zab a su m ayor m adurez o su fase superior se atiende a ningún dogm a... el im perialis­
en la época del im perialism o, donde era mo em pleará todos los m edios a su alcance
reconocida por el proletariado. Con esta para im p ed irla revolución...". Como conse­
asu n ció n la contradicción objetiva se eleva­ cuencia y teniendo en cu e n ta su proclividad
a fabricar form as liránico-m ilitares, “ello
sólo.deja lugar a la insurrección, a la lu ch a
12PCU,cit. a n n a d a por Ja revolución nacional y socia*-

setiembre 1990 <•,


lista. E sta es la réplica que corresponde a ¿Qué puede h ab er m ás seductor frente a la
u n a situación irreversible creada por el opacidad de la realidad que u n a retícula
im perialism o en su fase de descomposición que la organiza en contradicciones (la fu n ­
y en su área critica". Todo esto, con la dam ental, la principal, las derivadas, las
seguridad de u n físico que mide la desinte­ antagónicas, las del seno del pueblo, las
gración del uranio, lo decía u n partido que tácticas y las estratégicas...), pero que
no alcanzaba el 3% de los votos y que con el adem ás, a cada u n a de ellas las ag ru p a por
aporte com unista (y a h í prácticam ente ter­ niveles (infraestructurales, su p erestru ctu -
m in ab a la izquierda uruguaya) no llegaba al rales, dom inantes...) al tiem po que las
7% del total. explica o m ás bien las cu e n ta en su génesis,
su desarrollo y s u superación final.

En el sistem a, de carácter fuertem ente


axiomático, todo en cu en tra u n lugar aprio-
nielam os e sta s y a dem asiado la r­ rísticam ente determ inado. Las divisiones y
gas reflexiones, procurando dem ostrar subdivisiones descriptivas de los procesos
como el leninism o, ideologia básica de la (el ejemplo de las clases es paradigm ático)
izquierda en este siglo, constituía la im pro­ generan la ilusión de la explicación, cuando
bable tare a de realizar u n a revolución en realidad se lim itan únicam ente a nom ­
socialista en las periferias capitalistas en brar, descom poniendo los conceptos en
nom bre del marxismo. m icrocategorías (clase, subclase, fracción,
m icrofracción, grupo, subgrupos e indivi­
Más de cu a ren ta añ o s después de experi­ duos), que aparecen retóricam ente como
m ento soviético, la izquierda latinoam eri­ correlaciones o hipótesis causales.
cana, acuciada p or el estancam iento y la
abyecta m iseria de las grandes m ayorías del Algo parecido sucede con la distorsión de
continente, lo adoptó como ideologia de'Ja los conceptos de “representación" y de
em ancipación y la Justicia. C uando lo hizo, “intereses objetivos", utilizados ad n a u ­
y a esa ideología, transform ada en la seam en toda explicación del pasado o en
U.R.S.S. y adyacencias en u n a verdadera cualquier prognosis histórica. M ediante
“ideocracia", h abía exterm inado y vejado a ellos, las clases (descriptivam ente defini­
decenas de m illones de seres hum anos. das) ap arecen dotadas de “intereses" y de
“m an d an te s” que las guían, y vanguardizan
Lo que m ás sorprende de ese proceso, m ás en la consecución de presu n to s intereses
allá de su esquizofrenia ética, es la sim pli­
cidad, el terrible esquem atism o con que la
izquierda (la n u e stra y la ajena) pretendió
no sólo com prender la realidad sino tam ­
bién transform arla.

M ás allá d e los valores que proclam aba -y


que la p ráctica desm intió- no es fácil, expli­
carse pese a s u rú stica sim plicidad, la in­
discutible fascinación de este modelo de
pensam iento.

A lgunas de s u s v en tajas son conocidas, y


las com parte con o tras ideologías. Por un
lado identifica al enemigo: los im perialistas
( de nom bre, apellido y geografìa determ ina­
da), las grandes burguesías, las oligarquías
antinacionales, etc. con u n grado de nitidez
e inequivocidad que despeja toda am bigüe­
dad. Por otro ordena la realidad en u n e s­
qu em a abarcativo donde todos los sucesos
(desde los nim ios a los fundam entales, de
los colectivos a los individuales) encuen­
tra n s u lugar, s u jerarq uía, s u im portancia
analítica y s u calificación valorativa.
n atu rales. M ediante ese artilugio u n a ca te­ teoría social y que explica -creo- s u enorm e
goría estática como la clase o cualquier otro poder m ovilizados
grupo o institución estru ctu ralm en te defi­
nido adquiere u n a dinám ica y u n a función Hace ya m uchos años, Marcel G ranet
social que no surge del análisis empírico m ostró como la civilización china estab a
sino de u n a atribución arb itraria de la ideológicamente e stru c tu ra d a sobre dos
teoría. Obvio es que en ese plano n ad a fuerzas antagónicas, el Yin y el Yang, en
re su lta m ás fútil que preguntarse lo que los tan to Levi-Bruhl generalizó la oposición -
hom bres y m ujeres concretos que com po­ tam bién rastreable en la teorización gnósti-
n en tales colectivos analíticos, realm ente ca- a todo el pensam iento primitivo.
sienten, quieren o p iensan que son su s
intereses. Ello, en cualquier caso lo sabe el Un cam ino sim ilar siguió la izquierda a
partido, que como intérprete de la verdad no p artir del pensam iento de Lenin, con el
está lim itado por los deseos de su s repre­ agregado, en el caso latinoam ericano, de las
sentados. trivialidades chinas aportados por el inefa­
ble “filósofo" Mao Tse Tung. Redujo la dia­
Pero m ás allá a ú n de e sta s anom alías, el léctica hegeliana -fuere cual fuere s u valor
m arxism o-leninism o tiene u n a particulari­ intrínseco- a u n a serie de obvios lugares
dad ú nica, que explica su éxito y s u difu­ com unes de resonancia escolar, (la vida
sión. Nos referim os a su capacidad de d es­ espiritual y m aterial es movimiento oposi­
agregarse -como u n verdadero hologram a- ción y lucha; n ad a puede concebirse a b s ­
en visiones de la realidad cada vez m ás tractam ente; todo es heterogéneo y desi­
sencillas, sin perder totalm ente su poder gual; las particularidades deben pensarse
explicativo, n i su coherencia retórica. Una en su s m últiples relaciones; el todo es in ­
cualidad que no com parte con ninguna otra concebible sin las p arte s y las p artes sin el
todo; las determ inaciones adm iten retroac­
ciones etc.) elevadas al estatu to de leyes
NOVEDAD científicas, y creyó que con ello descifraba la
realidad y deducía la correcta estrategia
L A C R IS IS D E LA política para la em ancipación de la h u m an i­
DEUDA EXTERNA dad.
ORIGENES, SITUACION ACTUAL
En los hechos confundió al m aoism o con la
Y PERSPECTIVAS
filosofía, al leninism o con la teoría política y
Danilo Astori a Fidel C astro con Jo sé Martí, invitando a
C O M PILAD O R lu ch ar y a m orir en a ra s de ese entrevero.
I. El s is te m a fin an ciero In tern acio n al co m o
m a rc o g en eral d e la d eu d a e x te r n a . C é s a r La izquierda negaba la ética en tan to com­
F attaché -C IE D U R b atía no por valores (la m oral -Lenin dixit-
II. L a n e g o cia ció n d e la d e u d a e x te rn a latin o a­ no era m ás que retórica pequeño burque-
m e rica n a a partir d e la c r is is d e 1 9 8 2 . D a n ilo
sa) sino por el progreso histórico. S im ultá­
A s to ri - CIEDUR
III. E s tra te g ia y tá c tic a d e la b a n c a a c r e e d o r a .
neam ente generaba certezas tan arraiga­
das, que estab a n m ás allá del diálogo y la
J u a n M a nu e l R od ríg u e z - C.U.I.
IV. C a ra c te rís tic a s g e n e r a le s del en d eu d am ien ­
controversia. El resultado fue u n sistem a
to u ru g u ay o co n el e x te rio r. W a lte r C a n c e la - de certidum bres (que confundió con la
CLAEH ciencia) que elim inaba de la vida social toda
V. L a d e u d a e x te rn a del U ru g u ay : u n n e g o cio contingencia y opacidad. Dado que de an te­
p ara p o c o s . G u s ta v o A r c e ; J o s é R o c c a ; H é c to r m ano, y leyendo a M arx con anteojeras,
T a ja m - PRIES S.C. U R U G U A Y conocía a los actores (patricios y plebeyos,
VI. D euda e x te m a y p o lítica e n el U ru g u ay ; 1 9 8 5 señores y siervos, b u rg u eses y proletarios)
- 1 9 8 9 (D e la s p a la b ra s a lo s h e c h o s ). J o rg e
y que sabía la precisa dirección de la h isto ­
S o la ri- C.U.I.
ria, s u función revolucionaria se redujo a*
EDITA Y DISTRIBUYE a p re su ra r lo inevitable. Con ello, como
Lenin m ostró, no eliminó al voluntarism o,
\im\ FUNDACION DE CULTURA sólo lo hizo m ás confiable colocándolo bajo
la tu tela de la ciencia.
g g w | UNIVERSITARIA
25 de mayo 568-Tel.96 11 52 Con estas prem isas,¿qué lugar podía caber
a u n a dem ocracia concebida como u n con­
ju n to de reglas d estin ad a s a generar preca­ que hoy suscribiera, de uno de s u s repre­
rios acuerdos sociales y a los m udables sen tan te s m ás lúcidos. A comienzos de los
actores sociales de los m ism os? Es obvio setenta, el poeta cubano Heriberto Padilla
que ninguno. hab ía realizado s u “autocrítica" de claro
sab o r estalinista, an te la que algunos in te­
Los sistem as de certezas pueden ten er que lectuales -todos ellos h a s ta entonces defen­
ver con el pensam iento religioso, n ad a con sores de la revolución- reaccionaron en u n
la dem ocracia que por definición, en su Manifiesto. Como re sp u esta, Mario Bene-
clave m ás profunda, no puede, sin d estru ir­ detti, sin d u d a expresando el sen tir de la
se a sí m ism a, afiliarse a ningún dogma. m ayoría d e la izquierda uruguaya expresó:
“Q uienes escriben lite ratu ra subersiva
Nada m arca m ás u n a época que la creencia dentro del m undo capitalista, en su m ayo­
de grupos, partidos o individuos de encon­ ría d an por sentado que, u n a vez subvertido
trarse en posesión de la verdad, de ser ese orden y reem plazado por el revoluciona­
portadores de la solución del enigm a de la rio su m isión de subversión e sta rá cum pli­
histo ria y de en co n trar audiencia para reci­ da. C o n tin u ar trata n d o de subvertir u n
b ir s u revelación. orden que entonces sería socialista signifi­
caría sencillam ente p a sa r a m ilitar en la
En esos periodos es cuando prosperan contrarrevolución. Es u n a región de m íni­
(porque existir siem pre existieron), los re­ m a coherencia: sólo los negadores profesio­
p re sen tan tes de las totalidades, los cronis­ nales pueden no entenderlo. D entro de la
tas de las certezas indubitables, las águilas revolución cabe perfectam ente la literatu ra
m etafísicas que de u n a sola y com pleta crítica y sobre todo u n a actitud crítica, pero
m irad a desde la altu ra, ab a rca n la comple­ siem pre dentro de la revolución y no fu era
jidad de lo real. de ella, como y a lo advirtió Fidel, no ahora,
sino en 1961, en s u s Palabras a los intelec-
Aquellos que con Hegel, piensan “que enJos luales.",3-
acontecim ientos de los pueblos dom ina ü n
fin últim o” y que en la historia universal hay
u n a razón no sólo em pírica sin ética, que
ellos -y únicam ente ellos - conocen y pueden
tran sm itir a su s fieles. P uesto que su cir­
cunvisión es la de los ángeles, su m isión es
la de los pueblos de los que se sienten carne,
su sta n c ia y futuro.

S u concepción de la ju stic ia es la que debie­


ra n s u s te n ta r todos los hom bres -aunque
ellos no lo sepan- y si alg u n a vez se identi­
fican con u n a ca u sa concreta, su adhesión
es la del converso que hace del fanatism o la
señ al cotidiana de s u entrega sin condicio­
nes.

E sa fue, a izquierdas y derechas la cu ltu ra


política y no política de los años sese n ta en
el U ruguay y exacerbada al límite la de su
trágico epílogo en los setenta, cuando al
arm a de la crítica lo sucedió la crítica de las
arm as.

P ara sólo citar u n caso en la izquierda, de


ese clim a de certezas encontradas, valga la
reacción -que es prototípica- y que dudo

“ B enedetti, Mario, MARCHA, N°1546, 4 de ju n io


d e 1971.
Todo está aquí, la subordinación del arte a identificadas con el m esianism o, apostaron
la política, la obsecuencia an te el lider revo­ a la salvación castrense.
lucionario que advierte a los escritores su
lu g ar en el proceso, la descalificación de los Ya por la m ística del honor y del rescate de
inconform istas como “negadores profesio­ la nacionalidad agredida, y a p o r la ilusión
nales", la revolución como u n bien absolu­ de que la lu ch a de clases atravesaba el
to, que no adm ite u n afuera, etc. ejército y que la confrontación no era entre
pueblo y ejército sino entre pueblo (al que
El texto no im porta en sí mismo; si a ú n pertenecían los soldados) y oligarquía, m uy
in teresa es como m u e stra acab ad a de u n a pocos se sintieron llam ados a defender la
actitu d profundam ente arraigada en la dem ocracia. Años de denostarla, no habi­
izquierda: la asunción de u n sistem a de litaban p a ra ese ejercicio.
certezas que conform a al pensam iento
fu n d am en talista y la pérdida en él de toda Con la d ictad u ra se cerró u n período de u n
dim ensión dem ocrática. U na carencia ori­ cuarto de siglo de historia de la izquierda,
ginada en no advertir que los valores -aun tran sc u rrid a bajo el influjo de la Revolución
aquellos consustanciales a la izquierda, C ubana y de la insurgencia -y la esperanza-
como la libertad, la ju stic ia y la solidaridad- tercerm undista.
sólo p u eden im plem entarse im perfecta­
m ente sobre la tierra y que en cualquier Socialistas y com unistas con el aporte de
caso esa práctica instituyente es obra de otros grupos m ás tarde, se enfrentaron
hom bres, h a s ta donde la quieran y cómo la desde s u posición de m inorías a la em ergen­
quieran. Ese y no otro es el secreto últim o de cia de u n pensam iento conservador y pro­
la dem ocracia, u n secreto que la izquierda gresivam ente autoritario. Tuvieron m ás
confundiendo m edios con fines, term inó éxito en la defensa de los valores de solida­
por abandonar. ridad y ju stic ia y en la organización de los
m ás débiles, que en su em peño por p reser­
Cierto es, por cierto que sí lo es, que la v ar libertades e instituciones públicas, en
actuación de los últim os gobiernos, la evi­ las q u e en gran m edida no creían.
d ente parálisis de las instituciones y la
creciente desesperación a n te la su erte de El fundam entalism o ideológico de la iz­
los m arginados que el sistem a creaba -y quierda y su ilusoria creencia de que las
crea- e n n úm ero creciente, no alen tab a al b ases del socialism o coincidían con la pro­
pensam iento dem ocrático de la izquierda. piedad estatal a la soviética, donde por
Tam poco lo h acía el fundam entalism o de añ ad id u ra se estaría construyendo el socia­
signos opuestos, que propiciaba u n a con­ lismo, constituyeron su m ayor desventura.
frontación que n u n ca ignoró se resolvería
en su favor.

La aparición en la izquierda de grupos


guerrilleros, que ni siquiera apelaban a un
proyecto ideológico -por m ás que in tern a­
m ente se sin tieran los depositarios de la
histo ria verdadera, en u n a su erte de poten­
ciación del fundam entalism o am biental- en
n a d a contribuía a la distensión que no
m u chos querían.

La creación del F rente Amplio en 1971, con


u n proyecto que si por u n lado constituía
u n a reacción de autodefensa frente a los
desbordes de la derecha, por otro recogía,
pese a ciertos recaudos, u n program a
enm arcado en la ideología revolucionaria
clásica, en poco alteró u n a dinám ica enfila­
d a h acia el abism o.

C uando en 1973, el ejército irrum pió en el


escenario, izquierdas y derechas, am bas
deutschland
über alles!
agapito maestre*
T
-1 — J a fu tu ra Alem ania u n id a constitui­ aquella sim pleza que in ten ta hacem os cre­
rá en u n futuro próximo la m ayor am enaza er que las suspicacias an te la inm inente
p a ra la integración política y económica de unión alem an a h a rá n resu rg ir el naciona­
la C om unidad Europea. Sin embargo, p a ra ­ lismo germ ano m ás violento. La incom pren­
dójicam ente, los gobiernos y autoridades sión de las naciones occidentales a n te s las
políticas eu ropeas m u estran u n optim ism o expectativas de los alem anes fue, según la
ta n exagerado a n te el proceso de unifica­ interpretación de Keynes, la explicación del
ción de las dos A leinanias que, si no me surgim iento y desarrollo del Nacional-so­
equivoco, pudiera se r m ás fruto de u n a cialismo. E sta controvertida hipótesis del
táctica cínica que de u n análisis sosegado pasado sim e actualm ente a políticos como
de la realidad. Efectivamente, m ás allá del Kissinger, y a mil y u n com entarista político
m ensaje retórico del conservador Kohl que le siguen en s u diagnóstico, para esca­
acerca de que la unificación alem ana se m otear los problem as decisivos que están
llevará a cabo en el proceso de integración d etrá s de la cuestión alem ana. Unos pro­
europeo, u n m inim o repaso a determ inados blem as que, desde que gobierna el país la
acontecim ientos ideológico-culturales en coalición de conservadores y liberales, m ás
los últim os a ñ o s en la REA, así como u n a allá de resolverse h a n venido a sum ársele
ráp id a prospectiva al modelo económico otros nuevos, que como intentaré m o strar a
exp an sio n ista alem án, h a rá com prensible lo largo de este trabajo son la expresión de
no sólo los recelos intelectuales sino u n u n a crisis encubierta de legitimación del
cierto m alestar cu ltural en los ciudadanos sistem a político de la R epública Federal de
europeos an te la Alem ania que viene. Alemania.

Se trata , pues, de ju stificar sin alarm ism os Tres líneas fundam entales de investigación
catastro fistas ese pesim ismo, para lo cual podrían escu d riñ arse p a ra ju stificar ese
n ad a m ejor que com enzar descalificando pesim ism o que m u estran algunos grupos
intelectuales en la propia RFA y en E uropa
* A g a p ito M a e s tre e s m iem b ro del In stitu to de en general. En prim er lugar, en el ám bito
Filosofía d el C onsejo S u p e rio r d e Investigacio­ ideológico cultural, y m ás concretam ente
n e s C ientíficas. en la esfera de la historiografía alem ana, se
debe an alizar h a s ta qué p u n to el revisionis­ 1982, que accede al gobierno la coalición
m o histórico de la derecha alem ana consti­ liberal-conservadora, h a lim itado ese deba­
tuye no sólo u n elem ento decisivo en u n a te a los estrechos m árgenes de u n a posible
nueva autointerpretación de u n E stado conciencia histórica de los alem anes como
surgido de la II G uerra M undial, sino u n a donadora de sentido de todos los problem as
ru p tu ra decisiva en la cu ltu ra política de los alem anes. Asi, para S türm er, famoso histo­
añ o s ochenta de la RFA. En segundo lugar, riador de Erlangen y consejero del canciller
podría vincularse el objetivo últim o de este Kohl, la historia depende de quién la in ter­
revisionism o histórico, que no es otro que preta: "La historia perm ite indicar la identi­
re su cita r u n patriotism o alem án, elim inan­ dad. Si nosotros no conseguim os ponem os
do cualquier “so m bra de nazismo", al surgi­ de acuerdo sobre u n plan de enseñanza
m iento de u n nuevo nacionalism o producto elem ental de la cultura, que siga creando
del fam oso modelo económico alem án de continuidad y consenso en el país , y que
postguerra. Y, finalm ente, es posible di­ reencuentre la m ediday el centro del patrio­
señ ar, en función de los resu ltad o s de los tismo. entonces la RFA podría h ab e r sobre­
an álisis anteriores, las dos principales pro­ pasado la m ejor p arte de su historia”. La
p u e sta s de unificación de los dos estados verdad y los m étodos crítico-científicos
alem anes que, a s u vez, corresponderán a para alcanzar la verdad histórica im portan
las dos interpretaciones m ás im portantes poco p a ra este historicism o, lo decisivo es el
de la Ley Fundam ental d e Bonn. Me cen tra­ efecto político: “U nicam ente quien llene el
ré en el prim er punto propuesto. recuerdo, m arque los conceptos e in terp re­
te el pasado gan ará el futuro".Si se tiene en
R e v is io n is m o h is tó r ic o cuenta, según m antienen los conservado­
res, lo necesitada que e stá la RFA de esa
A diferencia de Norteam érica y Francia, el donación profunda de sentido, que en la
surgim iento del estado m oderno en Alema­ sociedad postindustrial ya no puede ofrecer
n ia no fue u n in stru m en to de la ilustración la religión, entonces se en ten d erá m ucho
y de la revolución, sino que siem pre fue mejor la función de la historia como direc­
visto como la encarnación m istificada de la triz de la vida pública. Efectivam ente, sólo la
contrailustración y de la contrarrevolución. nación y el patriotism o o m ejor dicho, la
La república dem ocrática n u n c a fue la historia que llena de sentido a la nación y al
m anifestación de u n acto de liberación sino, patriotism o pueden su stitu ir a la religión.
como h a expresado J . Seifert, u n tributo de
derro tas -piénsese en la República de Wei- La historia, pues, como sustituto de la
m ar o en la ac tu a l R epública Federal como religión sintetiza con fidelidad el program a
productos de la I G uerra M undial y de la II de ofensiva ideológica llevado a cabo por
G u erra M undial, respectivam ente-. Sem e­ el gobierno de Kohl para crear identidad
ja n te concepción au to ritaria del estado nacional y consenso político. M as como
constituye, todavía hoy, uno de los lastres la historia sólo adquiere s u especificidad
m ás pesados de la RFA. H aberm as h a sin ­ con el historiador, a éste le com pete u n a
tetizado m uy bien ese m alestar al decir: “En tarea política decisiva, e incluso casi mili­
esto s decenios se h a form ulado u n a con­ tar: debe o cu p ar el cam po de b atalla
ciencia do u n a claridad casi m eridiana de enemigo y llenarlo con contenidos política­
que n u e s tra república, a los c u a ren ta años m ente orientados. De ah i que sea en el
de s u existencia, sigue teniendo los pies de ám bito histórico donde se produce la m ayor
b a ñ o y de que hay que defenderla frente a fractura en la cu ltu ra política de la RFA,
quienes no se avergüenzan de decir que hay especialm ente las discusiones sobre la his-
excesiva democracia". torización del período nazi h a n pu esto en
evidencia que no sólo h a finalizado la etap a
del consenso an tifascista explícito entre las
fuerzas políticas dom inantes de la RFA,
sino que tam bién h a sido puesto en c u e s­
Í e las p alab ras de H aberm as se d e ­ tión lo que h a sta finales de los seten ta fue
duce que la fam osa cuestión alem ana ú n i­ considerado u n consenso tácito entre las
cam ente puede resolverse en la “cuestión fuerzas de la d erecha y de la izquierda, a
dem ocrática", pero, al m argen de cómo se saber, únicam ente a p artir de la apropia­
resuelva este com plicado a su n to no sólo ción crítica del pasado se podría crear u n a
p a ra Alem ania sino p a ra toda Europa, la conciencia nacional. Auschwitz ja m á s po­
derech a alem ana, especialm ente a p artir de dría ser justificado.
la guerra fría. La teoría de la d ictad u ra
Q totalitaria sugería que el fascism o en gene­
ral, pero sobre todo el nacionalsocialism o,
in embargo, en la últim a década h a no podía se r concebido como u n género
proliferado u n tipo de historiador conserva­ absolutam ente excepcional, sino que era
dor-académ ico dispuesto a legitim ar horri­ u n a m anifestación entre otras de u n fenó­
bles tradiciones, a la p ar que ofrece directri­ m eno m ás amplio y siniestro, llam ado to ta­
ces ideológicas que ponga u n punto final al litarism o del siglo XX. E sta linea de in ter­
período que va de 1933 a 1945 con el ánim o pretación fue inm ediatam ente aceptada
de estim ular y reforzar, a través dé “u n a por casi todos los historiadores alem anes
s a n a conciencia de identidad y u n a san a que ja m á s hab ían abandonado s u s cáte­
conciencia de la historia nacional, las fuer­ d ras por la llegada de Hitler al poder. Por
zas autoaflrm adoras del pueblo". Mas, fren­ supuesto, algunos de estos profesores,
te a ese “pasado que no quiere pasar" del efectuaron considerables modificaciones
conservador Nolte, n o parece fácil hallar respecto a lo que en señ aro n an te s de 1945,
u n a solución o pu nto final de la época pero siem pre les resultó b astan te fácil
nacionalsocialista, porque, como h a co­ ad ap tarse a la nueva teoría porque su con­
m entado inteligentem ente Dubiel, esta cepción nacional conservadora de la histo­
m entalidad desactivadora del recuerdo ria ap e n as variaba con esta interpretación.
peligroso tiene los m ism os problem as que Lo que m ás les interesaba de la in terp reta­
aquellos que b u scan u n vertedero para los ción am ericana era el acercam iento entre
residuos nucleares, a saber, no en cu en tran las form as de gobierno del nazism o y del
u n cem enterio seguro donde enterrarlos. bolchevismo. Muy pronto com enzaron a
eq uiparar el Lager con el Gulag; m ás tarde,
C iertam ente, desde el fin de la II G uerra en los añ o s ochenta, se irá m ás lejos y
M undial, la E scuela Histórica A lem ana h a Auschw itz será interpretado como u n a
pasado por distintos avatares, pero todo re sp u esta a cualquier posible Gulag.
ellos se caracterizan por u n procesó de
adaptación a la línea de autocom prensión
oficial de la RFA. Ello obedecía a razones de
tipo táctico y a características teóricas de la
propia historiografía alem ana tradicional.
Respecto a las prim eras, hay que recordar
que gran parte de los historiadores alem a­
EM J t s a vulgar equiparación de la teoría
de la “d ictad u ra totalitaria" em bellecida con
alguna declaración “antifascista", co n stitu ­
n es an tes de la g u erra estuvieron ligados a yó la m ás firme plataform a ideológica para
los intereses del E stado autoritario, prim e­ aislar y crim inalizar cualquier pretensión
ro, y, después, al Nacionalsocialismo. En izquierdista en la RFA, a la p a ra que se
todo caso, la historiografía académ ica ale­ reforzaba el tradicional anticom unism o,
m an a refleja b asta n te bien las contradic­ seguido del desprecio por los intelectuales
ciones y relaciones de poder en la RFA, y los judios, que desde los tiem pos del
especialm ente si se observa con u n mínimo Imperio, como diría H aberm as, h a ejercido
detenim iento las interpretaciones que h a u n a gran fuerza de atracción sobre el espí­
llevado a cabo del nacionalsocialism o. ritu de los alem anes. D entro de la tradicio­
nal continuidad, ya po stu lad a por F. Mei-
H asta la década de los ochenta, la historio­ necken en s u D eutschekatastrophe (1946),
grafía conservadora alem ana ac ep tab a la de la historia alem ana, el III Reich e ra u n
inhum anidad del régim en nacionalsocialis­ paréntesis, obra ún ica de u n seductor
ta, y si bien se reconocía e sta singularidad, dem oniaco que im puso al pueblo la peor de
ella era concebida como u n a inhum anidad las tiranías. De este modo, indirectam ente,
m ás dentro de u n a am plia corriente an tid e­ se disculpaba de su s responsabilidades a
m ocrática del período de enlreguerras y de las élites políticas y económ icas, de am plia
postguerra. E sta reserva de los conservado­ orientación conservadora, en el surgim ien­
res procedía de u n a nueva interpretación to y estabilización de la d ictad u ra nacional­
del fascism o su rg id a inm ediatam ente des­ socialista. D espués de todo, e stas élites
pu és de la II G u erra M undial, y que obtuvo podrían arg u m en tar que ellas no hacían
desde EEUU y a través de la obra del o tra cosa que obedecer los “sacrosantos"
conservador Brzezkinsky, Totalitarian Dic­ dictados del Estado. E ste era el m om ento
tatorship, s u m ayor divulgación m undial, oportuno en el que los historiadores conser­
alcanzando u n g ran éxito en el contexto de vadores utilizaban los m ejores argum entos
de s u propia tradición: el historicism o, que do todos los in stru m en tales crítico-científi­
se ad a p ta b a b astan te bien a la teoría de la cos a su alcance, el historicista afirm ará
d ictad u ra totalitaria. que en el proceso histórico aparecen u n a
m ultitud de historias aisladas singulares,
cuyo sentido no se puede reconocer. “De

E * fectivam ente, los distintos progra­


m as de reestructuración histórica que ha
ningún modo científico se podría h ab lar de
dónde y a dónde v a la historia". (Erdmann).

llevado a cabo el pensam iento conservador


en A lem ania siem pre h a n estado inspirados
por la batalla política iniciada por el histori­
cismo alem án desde el siglo XIX con la obra
de L. von Ranke. Como es sabido, p a ra el
EA, s ta s últim as p alab ras del presidente
de la “Asociación de H istoriadores Alema­
nes", entre 1962 y 1967, y presidente del
historicism o el sujeto determ inante del “Consejo de Form ación S uperior Alemana",
proceso histórico es el E stado, e n cuya entre 1966 y 1970, e stá n pronunciadas en
acción debe el historiador concentrar toda el año 1970, y sup o n en la prim era reacción
su atención. El poder y s u desarrollo es la de la historiografía académ ica contra los
esencia del E stado, de a h í que éste se m étodos y técnicas de las ciencias sociales
defina, sobre todo, en la política exterior y en el ám bito de las ciencias del espíritu. La
en la guerra. El Estado, pues, ja m á s puede prim era reacción, pues, contra los cam bios
se r culpable de n ad a porque sigue s u fin institucionales y académ icos producidos
existencial que no es otro que el afán de en la RFA como consecuencia de las revuel­
poder. Pero, adem ás, y esto re su lta in su p e­ ta s del 68 es u n a reacción contrailustrada
rable p a ra los obedientes seguidores del en la que poco im porta la historia como
E stado nazi, el E stado rep resen ta la etici- ilustración, es decir, la reflexión herm enéu­
d ad (Sittlichkeit) del pueblo, convirtiéndose tica sobre los m étodos para conocer e inter­
en u n fin en sí m ism o por encim a de los p re ta r el pasado críticam ente. Antes al
individuos. Por este cam ino, como h an contrarío, se tra ta m ás bien de u n a “cons­
p u esto en evidencia los trabajos m ás re­ trucción narrativa" que. al m argen de lo
cientes de historiadores como Nolte, Hlll- verdaderam ente sido, cortada, como dice
gruber, Gillessen, Hofmann, Fest, Hílded- H aberm as, al talle del propio colectivo,
b ran d y otros, m uy ligados todos ellos a la pueda su m in istra r perspectivas de futuro
política conservadora de Kohl, y a no se orientadoras de la acción, a la p ar que
relativizan los crím enes nazis, sino, algo puede cubrir la necesidad de afirmación y
m ucho peor, se banalizany se le contextúa- autoaflrm ación nacional. U na vez m ás, el
liza en u n ám bito de norm alidad al m argen conservadurism o n acio n alista cede el
de las poblaciones, de los intereses sociales puesto de las pretensiones de explicación
y, en general, de las fuerzas políticas que teorética a la m era, si no falsificadora,
h ab ían sostenido y desarrollado el régimen exposición n arrativ a d e los acontecim ien­
de Hitler. tos.

EJL xiste u n a segunda razón por la que


el historicism o sirve b astan te bien p a ra re-
lativizar el nazism o, a saber, u n o de su s
F
- A . rente a la historia reducida a u n juego
en m anos de los conservadoras, a u n o no le
queda o tra alternativa que reclam ar la h is­
principios afirm a que los acontecim ientos toria como ilustración, que, m ás allá de
históricos y personalidades son "únicos" y cualquier teleología de “progreso" histórico,
“singulares”. De ahí se deriva, primero, que no sólo se negará a h ab lar de leyes explica­
Hitler y el nazism o son únicos en la historia tivas de la historia, en el sentido del m arx­
de Alemania, por tanto no se necesita pre­ ism o m ás ortodoxo, sino que negará cínica­
g u n ta r por su m ás que posible continuidad m ente la posibilidad de predecir la historia
desde etap a s anteriores; en segundo lugar, científicam ente. Más quien se niegue a
se concluye que con la caída de Hitler h a explicar coherentemente los procesos h istó ­
caído definitivam ente el problem a; y, en ricos no sólo e stá renunciando a todo tipo
tercer lugar, frente al historiador que p re­ de racionalidad, y con ello a lo m ejor de las
ten d a u n m ínim o de “explicación", utilizan­ ciencias sociales, sino que se e stá abando-
n ando a los poderes de u n a filosofìa de la aquella, su p u esta, exigencia perm anente
historia de d u d o sa c a ta d u ra m oral y políti­ por parte de los vencedores de u n a concien­
ca, anclada, por su puesto, m ás en intencio­ cia y confesión de culpabilidad. E sta acti­
nes políticas que científicas. tu d ganó adeptos con el crecim iento de u n a
generación que no participó en el período
nazi, y a sí no sólo oscurecía la verdad

E
i * ^ sa s m ism as intenciones políticas se
m anifiestan cuando se habla de la “singula­
rid ad ” del nazism o, que tiende a diluir la
histórica sobre el nazism o, sino que p re p a­
ra b a el suelo p a ra u n a ideología m ás reac­
cionaria y de corte nacionalista. J u s ta m e n ­
te aquí, en esta falsa tesis de la culpabilidad
colectiva, fu ndam enta el nuevo nacionalis­
verdadera singularidad del m ismo -una m o s u argum entación: el pueblo alem án,
m ezcla explosiva de estatism o autoritario, como cualquier otro, tiene b u en as razones
debilidad de la b u rg u esía y poder de las para desarrollar y reconocer s u identidad
élites tradicionales- al considerar que fue nacional; por tanto, h a de ponerse fin a esos
todo el pueblo alem án el culpable del nacio­ continuos reconocim ientos y confesiones
nalsocialism o. E sta extraña tesis, frecuen­ de culpabilidad.
tem ente vinculada al reconocim iento de u n
carácter nacional alem án, sirvió m uy bien
p ara cu b rir d eterm inadas lagunas ideológi­
cas del conservadurism o alem án, porque,
por u n lado, se pudo suprim ir la sospecha
de culpabilidad de las capas dirigentes, que
todavía en Nurem berg habían estado en el
E M n el período de los ochenta, la ofen­
siva ideológica iniciada por el gobierno de
Kohl tiene s u objetivo final en la creación de
banquillo de los acusados, au n q u e m uy u n a nueva autoconciencia nacional, que
pronto ocuparon cargos de responsabilidad tendría, por u n lado, en los rendim ientos
en la RFA; pero, p or otro lado, y esto sí que económ icos y tecnológicos del modelo de la
h a resu ltad o efectivo p a ra reprim ir determ i­ RFAy en el oluido del nazism o, por otro, su s
n ad a s reivindicaciones socio-políticas de m ejores p u n to s de apoyo. Sin lugar a duda,
corte progresista, culpabilizando a todo el el nacionalism o alem án casi siem pre fue la
pueblo se ponía en danza u n a sospecha co bertura ideológica del expansionism o
general co n tra cualquier actitud popular económ ico-m ilitar y, ahora, por razones
que exigiese, de u n modo u otro, "más obvias, únicam ente económico; por tanto,
dem ocracia". Así, el nazism o era in terp reta­ sería Ingenuo p en sa r en u n nuevo nacio n a­
do como el resu ltado de u n superávit de lismo alem án sin el apoyo económico. Más
dem ocracia, que h ab ía sido introducido en lo que sí supone u n nuevo paso cualitativo
Alem ania bajo la presión de la calle y de las respecto de la cuestión de la superación del
fuerzas occidentales, al que era necesario pasado es el olvido propuesto por el gobier­
poner límites. Por este camino, en los años no de Kohl y, en general, por la historiogra­
sese n ta y seten ta en la RFA, el poder estatal fía revisionista y el pensam iento neoconser-
fue fortalecido en contra de determ inados vador alem án, que en algunos casos tende­
derechos ciudadanos. E sta posición ideoló­ rían no sólo a relativizar y poner entre
gica alcanzó, en 1972, su punto culm inante p arén tesis el período nazi, sino a legitim ar
con la aprobación e n el Parlam ente de la y culpabilizar a los otros de los crím enes
Radikalenerlass, que prohibía ejercer u n a nazis, como intentaré m o strar m ás tarde.
profesión por m otivos ideológicos. La voz de salida de e sta nueva estrategia fue
d ad a por el renegado socialdem ócrata H.
Así pues, esa descabellada tesis que culpa- Lübbe, quien en el Congreso celebrado en el
biliza a todo el pueblo alem án del nazism o, Reichstag, con motivo del cincuenta aniver­
iricapaz de distinguir entre culpa indivi­ sario de la su b id a de Hitler al poder, el 30 de
dual y responsabilidad colectiva, h a sido enero de 1983, m an ten ía que “callarse so­
m uy bien utilizada por el neofascism o de los bre el fascism o constituía la base necesaria
añ o s sese n ta y p o r los actu ales republica­ de la consolidación política y de la reconci­
nos, sin d esc artar los grandes provechos liación hacia el interior de la RFA". C allar­
que de ella h a sacado y continúa sacando el se “com unicativam ente" sobre el pasado
gobierno de Kohl. Efectivamente, esta teo­ nazi e ra p a r Lübbe el prim er deber del
ría h a logrado calar en am plios sectores de ciudadano de la RFA, ese silencio, pues, y
la población alem ana, que dirigidos por la no el recuerdo crítico y antifascista del
propaganda conservadora se defiende de pasado, debía “m arc ar u n cierto estilo y u n

cuadernos de marcha
medio psico-político y social p a ra transfor­ prim era república alem ana, la R epública de
m ar a n u e stra población de la postguerra Weimar, fue considerada, por lo m enos
en la ciudadanía de la RFA". h a sta d esp u és de la Dem ocracia de los
Cancilleres, u n a experiencia abocada al
La línea ab ierta por Lübbe sobre la in ter­ fracaso, cuyo desarrollo interno, reducido
pretación del período nazi constituye el a u n a “dem ocracia de papeletas de voto"
comienzo de u n a ru p tu ra decisiva en la (;Stimmzetteldem okratie), la h ab ría llevado
c u ltu ra política de la RFA- El adversario desde u n a etap a de libertad h a s ta el totali­
ideológico de la RFA y a no es el nazism o, tarism o.
sino el antifascismo, siem pre dirigido,
según los conservadores por el com unism o.
Ya no se tra ta de revisar la concepción de la
historia, sino falsificarla; ciertam ente, el re­ Q in em bargo, desde los añ o s sesen ta
visionism o de las décadas anteriores a los
och en ta condenaba, lo cual y a era algo, el en adelante se abre u n a línea de investiga­
racism o, el antisem itism o, los cam pos de ción histórica que se c e n tra en la e stru c tu ra
concentración y la guerra de agresión interna del sistem a de dom inación nazi,
com enzada en el 39 por el III Reich, pero buscando an te s q u e n a d a aquellos factores
ah o ra se tra ta de falsificar y colorear la políticos y sociales m ás alejados que posibi­
sangre, el terror, la guerra, el genocidio, etc. litaron la tom a del poder por p arte de los
Precisam ente éste es el p u n to donde debe nacionalsocialistas. E sta corriente de in ­
situ arse el pu n to de p artid a del famoso vestigación1, especialm ente d esarrollada
d eb a te d e los historiadores : y a no se tra ta en los ám bitos de la historia social y de la
de la rehabilitación de u n com ponente historia de la vida cotidiana, a c e n tú a no
ideológico del fascismo o del nacionalism o, sólo la continuidad de los objetivos bélicos
sino de u n a valoración total del mismo. El en la historia de Alem ania, es decir, la
gobierno de Kohl h a seguido la línea de continuidad de objetivos entre la Prim era y
Lübbe: “Mejor no h ab lar de ello". Pero an tes la S egunda G uerra M undial, sino que si­
de e n tra r en e s ta cuestión, auténtico caba­ tú a n al nazism o en la continuidad de la
llo de b atalla p a ra la fu tu ra Alemania, seria evolución económica, social y política de
conveniente hacerse eco de otra línea de Alem ania desde m ediados del siglo XIX,
interpretación ilu strad a del fenómeno nazi, especificando las fuerzas y clases sociales
co n tra la que h a reaccionado el revisionis­ que favorecieron la extensión del partido
mo contem poráneo. nazi, a la vez que indagaba los débiles lazos
de Alem ania con la tradición parlam entaria
D e m o c ra tiz a c ió n f r e n te y racionalista de la E uropa occidental2.
a n a c io n a lis m o

Las prioridades im puestas por la norm ali­


zación de la vida cotidiana en la postguerra
im pidieron, en el mejor de los casos, u n T J a im ágen de la historia alem an a de
auténtico an álisis de los orígenes sociales, corte nacionalista, que in terp retab a el n a ­
políticos y económicos del nacionalsocialis­ cionalsocialism o como u n hecho aislado,
mo. E n el peor de los casos, esa s priorida­ tem bló por vez prim era, en los años sese n ­
des, ju n to a la política exterior desarrolla­ ta, con las investigaciones de F. Fischer3 y
d a por EEUU contra la URSS, hicieron
posible tal y como estoy analizando aquí, no
sólo u n a falsificación de los orígenes del
nazism o, sino de s u propio desarrollo. Esa
im agen falsificada pretendía, sobre todo, 1 A quí s e p o d ría n c ita r a u to r e s com o K ocka,
p re sen tar al nazism o como u n hecho aisla­ W ehler y R osenberg, pero ta m b ié n a u to re s
do, al m argen d e la continuidad de la histo ­ m a rx ista s d e c o rte ortodoxo com p R K u eh n l, A.
ria alem ana, e interpretado como u n poder G a lk in y M. V ajda.
extraño inducido desde fuera. Así, por * D. GRÖH: Le S o n d e rw e g d e l ' historie a llem a n ­
ejemplo, p a ra los conservadores hubiera de: M yth e o u réalité? e n A n n a le s E. S. C. 3 8 -2 -
sido imposible la “tom a del poder" por Hitler 1983, p á g s 1 166-1187.
sin los efectos de la crisis económ ica m u n ­
dial y el consecuente paro m asivo de los 3 Cfr. F. F IS C H E R G riff n a c h d e r W e ltm a c h t
prim eros añ o s treinta. Por lo dem ás, la D u esscld o rf, 1961.
s u escuela. Efectivam ente, esa imagen Ese corte alcanzó en los años seten ta u n
en c a m a d a por la concepción histórica de significativo carácter crítico. Valga la pena
la CDU-CSU, que pretendía re sc a ta r “mil recordar las en señanzas de au o tres como
añ o s de s a n a historia alem ana” al m argen H. U. Wehlwer, J . Kocka, W. J . Mommsen,
del nacionalsocialism o, defendió siem pre H. Mommsen, M. Broszat, K. Paetzold, etc.
que el ascenso del nacionalsocialism o era Todos estos trabajos incidían m ás en la
la consecuencia de la acción conjunta de historia social que en la política; re su ltab a
los resu ltad o s del T ratado de Versalles y la im presionante, por ejemplo, la investiga­
crisis económ ica de la época de Weimar. ción de Kocka sobre los trabajadores de la
Sin em bargo, a p artir de los m ateriales fábrica Siem ens, autén tica prim icia en la
encontrados en los archivos estatales, Fis- RFA sobre las clases sociales, o los no
cher y s u s discípulos pudieron vincular los m enos enjundiosos análisis de W ehler
objetivos expansionistas de los m edios fi­ sobre las funciones y las form as de la polí­
nancieros alem anes con los del gobierno y tica bism arckiana y su posterior influencia
los del estado m ayor del ejército. Por ah í se en la vida política y social de Alem ania. En
pudieron com probar las continuidades este clim a intelectual, com enzaron a ser
en tre los objetivos de Guillermo II y de im portantes las investigaciones sobre el rol
Hitler, es decir, el imperio bísm arckiano y del capital en la destrucción de la R epública
s u objetivo de elim inar m edia E uropa era el de Weimar, el asentam iento de la d ictad u ra
anteced en te directo del nacionalsocialis­ fascista y el papel del ejército en la realiza­
mo. Pocos años m ás tarde tam bién se pudo ción de la politica fascista. Especial a te n ­
com probar que las capas dirigentes de ción se le prestó a la realidad del trabajo
B ism arck fueron las que arru in aro n la forzado, a la historia de los cam pos de
dem ocracia de W eim ar y se unieron al P ar­ concentración y al papel de la in d u stria
tido Nacionalsocialista; de este modo la iz­ d u ra n te la guerra.
quierda tuvo ocasión de p lan tear con serie­
d ad u n debate sobre las cá u sas socioeconó­
m icas de la disolución de la República de
W eim ar y la creación de la coalición conser­
vadora y nacionalsocialista de 1933^
P
JL. aralelam ente a ese desarrollo cientí­
fico, en las dos últim as décadas hubo u n a
No cabe la m enor d u d a que ese tipo de creciente concienciación dem ocrática an te
estudios fueron, por u n lado, u n acicate el fascism o, p u e sta de relieve, por ejemplo,
p ara recu p erar tradiciones que hab ían sido en la movilización y pro testa generalizada
estigm atizadas por la derecha, especial­ cuando, en 1979, el y a fallecido derechista
m ente la República de Weimar, que de ser F. J . S lra u ss fue propuesto como candidato
considerada, en la inm ediata postguerra, a la cancillería de la RFA. Del m ism o modo
u n experim ento condenado al fracaso d es­ optim ista deben se r consideradas las d is­
de s u s inicios, después del éxito económico tin ta s movilizaciones contra el estaciona­
y político de la dem ocracia de los cancilleres m iento de los m isiles de alcance medio en la
pasó a se r u n referente, au n q u e m uy com ­ RFA, el fuerte m ovimiento pacifista en los
plem entario y siem pre por debajo de la prim eros años ochenta, la pérdida del
superioridad de la R epública de Bonn, de m onopolio de algunos partidos tradiciona­
legitimación de la R epública Federal. Pero, les, etc. En general, la RFA alcanzó en ese
por otro lado, ese tipo de trabajos, entre los período u n nivel dem ocrático significativo
que tam bién cab ría recordar los de la Teoría en el orden científico y político. En resum en
C rítica o los desarrollados en EEUU por se podría decir que d u ra n te la década de los
H ans Rosenberg, constituyeron, ju n to a la sese n ta y seten ta el pensam iento conserva­
revuelta estu d iantil del 68, u n corte en la dor perdió credibilidad, especialm ente en la
visión de la historia del Tercer Reich que, órbita de la historiografía que cedía puestos
como h a visto m uy bien Mommsen, consi­ an te la ciencia social y, sobre todo, frente a
guieron que “la sensibilización frente a la
herencia nacionalsocialista se abriera paso
cad a vez m ás, en la conciencia política de
las generaciones m ás jóvenes, que pronto
com enzaron a reprochar abiertam ente a la * Cfr. H. MOMMSEN: A u fa rb eitu n g u n d V erdaen-
generación p atern a s u negativa a acusar, gung, p a g s 7 4 a 88, e n Is t d e r N a tionalsozialis­
su indiferencia m oral y su oportunism o m u s G eschichte? H erau sg e g e b e n v o n D an D iner.
político4". F isch er, F ra n k fu rt/M . 1987.
. N
agapito m aestre

la ciencia política, que, fuertem ente en rai­ m endado, desde el p u n to de vista pedagógi­
zad a en las tradiciones intelectuales de EE co, en la escuela, F est m antiene que el error
UU, era considerada como u n a “ciencia capital de Hitler consistió en que la guerra
dem ocrática". La historia de corte conser­ contra la URSS no movilizó a todas las
vador quedó, finalm ente, enfrentada a la fuerzas europeas a s u favor. El segundo
sociología. E sta se p resen tab a, u n a vez libro es obra de otro periodista, S. Haffner,
m ás, como ciencia em ancipatoria, consti­ escrito en 1978, fue lanzado tam bién con
tuyéndose en elem ento vertebral de u n a gran publicidad, y valora, por encim a de
historia de las ideas donde las dim ensiones todo, m uy positivam ente el milagro econó­
h istó rico-estructurales y sociales predom i­ mico d u ra n te la época de Hitler. Pero a u n ­
n ab a n sobre aquel otro tipo de historia cen­ que estos dos libros fueron m uy criticados
tra d a en las acciones m ás im portantes de por los especialistas, a excepción de Hilde­
los estados. La hegem onía ideológica del b ran d e H illgruber -dos de los historiadores
conservadurism o hab ía sido p u esta en claves en la rehabilitación m oral del nacio­
cuestión no sólo política sino científicam en­ nalsocialism o en las años ochenta-, que los
te. La d erech a tenía que desarrollar nuevas celebraron m uy positivam ente, lo decisivo
estrategias p a ra defenderse de esa oleada es que aparece en ellos, desde u n a n ti­
progresista, s u reacción no se h a ría espe­ bolchevismo de base, u n a nueva valora­
rar. ción positiva del período nazi, que re su ltará
decisiva para la ofensiva conservadora de

n ahí que, sim ultáneam ente al d esa­


rrollo de esa s tendencias dem ocráticas, se
m anifestase u n a contraofensiva conserva­
d o ra que en el orden historiográfico, retro­
los ochenta y de la que Kohl hace gran gala
no sólo cu an d o com para a Goebbels con
Gorbachov, sino tam bién cuando en las
reuniones sobre la unificación alem ana ya
no hab la de potencias vencedoras e n la II
G uerra M undial, sino de países signata­
rios.
tra ía s u s intereses históricos a los siglos
XVII y XIX, in ten tando recrear u n a concien­
cia nacional germ ano occidental apenas t ?
existente, siem pre partiendo de ese orgullo
nacional obtendio gracias al famoso m ila­ i J n este contexto, el 24 de julio de
gro económico alem án de postguerra. Así 1980, el FAZ publica por pirm era vez u n
pues, en con traste con la actitu d de los artículo de E. Nolte que p a sa desapercibido,
ciudadanos, la derecha a p u e sta por u n pero que posteriorm ente , en 1986, consti­
nacionalism o encerrado en los viejos idea­ tu irá la b ase de u n a tesis que hace depen­
les del E stad o autoritario. Se contraataca, d er el nazism o del bolchevismo: “¿Acaso los
pues, in ten tan d o crear u n a in fraestru ctu ra nacionalsocialistas y Hitler com etieron u n
ideológica y científica que fundam ente la acto asiático sólo porque se sintieron como
política que, posteriorm ente, llevará a cabo víctim as potenciales o reales d e u n acto
el famoso gobierno del “cambio" a p artir de asiático?".
1982. Un im portante núm ero de periódi­
cos, revistas, editoriales, publicacions ac a­ Sin em bargo, quien señaló el verdadero
dém icas y congresos de historiadores e p u n to de arran q u e del conocido debate de
intelectuales se ponen al servicio de ese los historiadores fue, como decía m ás a rri­
objetivo "nacionalista”, que ten d rá en pre- ba, H. Lübbe. Se tra ta de u n a valoración, si
i se n ta r a Hitler y a su sistem a con u n rostro no rehabilitación, total de nacionalsocialis­
' m ás h u m an o u n a de su s tare as m ás im por­ mo. Globalm ente visto, el nacionalsocialis­
tan tes. mo representó los verdaderos intereses de
Alem ania e incluso de E uropa. Entonces
como ahora, luchó contra su verdadero
enemigo, el E ste. A p artir de ese enjuicia­
m iento se pierde de vista la atrocidad del
L a s dos obras m ás representativas de crim en nazi y la fecha del 8 de mayo de 1945
este período en la RFA son dos libros sobre no significa la liberación de Alem ania sino
Hitler. El prim ero es de J . C. Fest, editor del la derrota de toda E uropa. Las potencias
influyente diario Frankfurter Allgemeine aliadas con la URSS se situ aro n en la parte
Zeitung, titulado Hitler, W est-Berlin (1973), falsa. ¿Seguirán aquéllas en el futuro a la
fue en su época u n best seller y m uy reco­ actual Alemania?
U n ific a c ió n a le m a n a y d e b a te d o ra d e p o sicio n es h isto rio g rá fic a s.
d e lo s h is to ria d o re s M ommsen lo apreció certeram ente al reco­
nocer que, d esp u és de h ab e r alcanzado la
Con la consigna u n nuevo nacionalismo REA u n enorm e peso económico y m ilitar -
alemán, el gabinete de Kohl abrió, segura­ sólo carece de la bom ba atóm ica-, se tra ta
m ente sin pretenderlo, u n debate decisivo de u n a reestructuración de la d erecha a
sobre u n período de la historia contem porá­ nivel de pensam iento histórico-político,
nea, q u e puede oscurecer o alu m b rar el pues, a diferencia de lo que sucede en el
p resente no m enos que el futuro. El debate, cam po económico y político, la re e stru c tu ­
pues, sobre la historización, o mejor, la ración en ese nivel se produce a u n ritm o
relectura del pasado nazi h a pretendido ser m ás lento. Con ello puede explicarse el
zanjado y a varias veces por los conservado­ por qué este debate acerca de la con­
res alem anes; p o r ejemplo, el cardenal ciencia histórica de los alem anes surge en
HoeíTner de Colonia exigió u n punto final u n m om ento caracterizado m ás por el e s­
sobre el fascismo: “No deberíam os cargar­ tancam iento político que por u n cambio
nos con la culpa p a sa d a y u n a injusticia acelerado6*, fiel reflejo de u n a crisis latente
m u tu am en te ca u sa d a de forma to rtu ra n ­ de legitimación política, a la que a c tu a l­
te". Sin em bargo, la historiografía crítica y m ente la d erecha in ten ta ponerle remedio
la cu ltu ra ilu strad a alem an a no sólo h an paradójicam ente, adaptándose, cuando no
cuestionado aquella c u ltu ra del olvido que im prim iendo u n ritm o endiablado, al pro­
preconiza Ltlbbe, sino que no desea poner ceso de “unificación-anexión” de las dos
pu n to final a u n a su n to donde parece defi­ Alem anias, provocado por los cam bios en
nirse el fu tu ro de E u ropa y, por supuesto, los países del Este. M as dejaré esto p a ra
de Alemania. o tra ocasión, p a ra reto m ar algunos arg u ­
m entos revisionistas del pasado nazi que
Las revisiones de las posiciones histo- bien pudieran tener infuencia en las d iscu ­
riográficas en u n sentido neoconservaijlor siones sobre la unificación, o mejor, “a n e­
son dem asiado peligrosas como para dejar­ xión", encubierta de la RDA por la RFA.
las pasar. Efectivam ente, en el centro de ese
debate hay un objetivo poli tico determ inan­ La ofensiva de la derecha contra la historio­
te, hoy m ás acen tu ado que ayer a n te el grafía crítica la centraría en cuatro puntos:
proceso de unificación, la creación de u n
nuevo nacionalism o. El método, evidente­ 19) la leyenda sobre Auschvvitz. Nolte y F est
m ente, es, siguiendo al historicism o clásico no sólo equiparan bolchevism o y nazism o,
alem án, la historia como “ciencia" directriz sino que h acen depender los cam pos de
ideológica. T anto el objetivo como el método concentración del Culag soviético. Hillgru-
tienen u n fin, prim ero, crear u n a imagen ber, otro im portante apologeta del período
histórica que banalice los crím enes del nazi, resu m ía y suavizaba así la tesis de
nazism o y los sitú e en u n ám bito de n orm a­ Nolte: “S ingularidad y com paración no se
lidad histórica; en segundo lugar, aquellos excluyen. El genocidio de los ju d ío s es sin ­
crím enes que no p u ed an se r ¿analizados, gular si se tom a como m edida el ‘m undo
h ay que legitm arlos poniéndolos al servicio occidental’ (...). Pero si incluim os en la
de u n a b u e n a causa; y tercero, si no se com paración a la R usia bolchevique, e n to n ­
consiguen los dos objetivos anteriores hay ces podríam os decir que el genocidio de los
que oscurecer la p arte m ás crim inal del kulakos a principios de los años treinta, el
nazism o haciendo caso om iso de las estru c ­ genocidio de los cuadros dirigentes del ejér­
tu ra s causales que pudieran explicarlo y cito rojo en 1937-38, y el genocidio de los
tran sform ar en principios de explicación oficiales y nobles polacos que en septiem bre
científica lo que no son m ás que legitimacio­ de 1939 cayeron en las m anos de los sovié­
nes de actores históricos5.

5 Cfr. W. F. HAUG: D er h ilfo se A n tifa sc h ism u s.


n B erlin, 1989, c a p ítu lo s 5 ,6 y 7. Cfr. r. K uehnl
on todo, y quizá a e stas a ltu ra s del (Hrsg): S tre it u m s G eschichtsbild, K oeln, 1987,
p ág s. 2 0 0 y ss.
trabajo huelgue e s ta m atización, no se tr a ­
ta, frente a lo que p u edan p en sar los m ás ®H. MOMMSEN: S u c h e n a ch d e r ‘verlorenen G es­
pesim istas, de u n a lectura neonazi de la chichte'?, p ág s. 156 y 157, e n líisto rid erstreit.
historia, sino de u n a revisión neoconserva- Piper, M ü n ch en , 1987,
ticos, no p u eden se r valorados de modo que intente exponer lo sucedido desde la
distinto que el genocidio en el Tercer Re­ perspectiva de los afectados lo cual es d is­
ich7". Winkler, H abem ias, Jaeckel, Kocka, cutible m etodológica e ideológicamente,
H. M om m sen y Broszat h a n reaccionado sino que pretenden integrarse dentro de los
críticam ente frente, sobre todo, a esa difu- esfuerzos de historiadores progresistas, por
m inación de diferencias entre bolchevismo ejemplo, H. M om m sen y M. B roszat con
y nazism o: no sólo queda por explicar en relación a otros cam pos de la historia del
qué m edida las decisiones nazis, en rela­ Tercer Reich. La últim a posición h a sido la
ción con el genocidio, h u b ieran podido m ás contestada tan to desde el punto de
e s ta r influidas por la experiencia bolchevi­ vista científico como político. R. Augstein,
que, sino que el antisem itism o hitleriano por ejemplo, el editor de Der Spiegel llegó
era an terior a los cam pos estalinianos. Por h a sta el p u n to de a c u sa r a Hillgruber de
lo dem ás, como dice Jaeckel: “El asesinato nazi constitucional, indicando que si u n
de los ju d ío s por los nazis fue singular en m aestro ex p resara y defendiera cosas
esto: n u n c a an tes u n E stado h ab ía decidido com parables a la s del “gran" historiador
y proclam ado por la au to rid ad de su líder Hillgruber tendría que se r expulsado de su
responsable que u n grupo de hom bres, a c tiv id ad pedagógica. E fectivam ente,
incluidos viejos, niños y recién nacidos, según Hillgruber, la liberación del 8 de
h ab ría de m orir, y que e s ta decisión debería mayo de 1945 no sólo significó la catástrofe
llevarse a la práctica con todos los medios de Hitler sino que “toda E uropa fue la per­
estatales posibles8". dedora”. Acaso por eso, ahora, el 8 de mayo
de 1990, no h ay a m erecido p a ra las au to ri­
29) E n la línea del libro del filósofo social E. dades alem anas ni u n solo recuerdo. En
Topisch Stalins Krieg, al redactor del FZAG. 1985, el órgano de opinión de la CSU, el Ba-
Gillessen y el director científico del d ep a rta­ yem kurier, m anifestaba que “celebrar el
m ento de investigación de historia m ilitar cuadragésim o aniversario del fin de la gue­
de Friburgo, J . Hoffmann, m antienen que rra sería blasfem o e indigno, sería u n auto-
desde 1941 la guerra contra la Unión Sovié­ rrebajam iento nacional, u n a idiotez inútil
tica no puede ser considerada como u n a en el sentido de Lenin. Sólo la URSS tenía
g u erra de agresión sino de defensa. La razones p a ra celebrarlo". Cinco años m ás
debilidad de esa tesis era ta n grande que no tarde, con la m ism a derecha en el poder, el
mereció dem asiados com entarios por los m uro derrum bado, la p ro n ta desaparición
historiadores m ás serios, au n q u e B. Pie- de dos estados alem anes, gran parte de
trow, del In stitu to de H istoria del E ste de E uropa entregada al modelo económico
E u ro p a de la Universidad de Tubinga, y G. alem án y cierta fiebre nacionalista por las
R. U eberschaer no dejaron p a sa r la o portu­ calles, Kohl y su gobierno com ienzan a
nidad p ara responder. E ste últim o, por im poner ese “silencio callado” del que h a ­
ejemplo, recordó que esa tesis ya había sido blaba Lübbe.
utilizada p or los dirigentes nazis emo in s­
tru m en to de propaganda y agitación contra A la izquierda europea le quedan pocas
la URSS. opciones, sobre todo si co n tin ú a ag arrad a a
esa falacia que es la E uropa de los m ercade­
3 9) A p artir de los libros y artíclos de A. res, pero si h a de em pezar por algo será por
Hillgruber, al que siguieron H ildebrandt, la b ú sq u ed a de u n discurso coherente que
S tu rm er y otros, se tra ta de relativizar los comience discutiendo seriam ente qué es
crím enes de los nazis en el frente del Este, Europa. C om enzando por cuestionar, a n ­
ac en tu an d o los terrores soviéticos y propo­ tes que o tra cosa, aquella tesis neoconser-
niendo u n a im agen positiva de los m ilitares vadora que eleva la situación geográfica de
alem anes. Lo que d a idea h a sta qué punto Alem ania a categoría determ inante del pro­
e sta s “e x tra ñ as” tesis son peligrosas no es ceso histórico m undial. El destino alem án
no es sólo el de s u geografía, pues sin quitar
im portancia a e sta hipótesis, que com ienza
7 A. HILLGRUBER: F ür d ie F orschung g ib ls e s a h acer estragos en el proceso de unifica­
k e in Fragebot?, c n H istorikerstreit, op.cit. pägs. ción, explica, sin em bargo, m uy poco si se
2 3 5 y 236. com para la historia ten-orifica del Tercer
Reich con la de otros países que ocupan u n a
* E. JÄCKEL: Die e le n d e Praxis d el Unterstellcr.
D as E inm alige d e r n a tio n a lso zia listisch en Ver­
posición sim ilar geográficamente, pero que,
brechen la e s s t nich t le u g n e n c n D ie Zeit, 12-9-
en ningún caso, com parten con Alemania
1986. historias ideológicas paralelas.
entrevista a natalia guinsburg en roma

melancolía
final

maria esther gilio

N ^ atalia G uinsburg... Primero con­


seguir su teléfono. No es fácil conseguir el
teléfono de alguien que no quiere que lo
nas. A las once y veinticinco com enzam os a
su b ir las escaleras de piedra gris h acia el
últim o piso de aquel auténtico palazzo con
llam en. C uando finalm ente uno lo tiene, y trescientos años de historia que en algún
llam a, la voz que aparece del otro lado, m om ento h ab ían dividido en ap a rtam en ­
lejana y apática, confirm a la sospecha de tos.
que e sa p ersona no quería ser llam ada y
que. m ás aú n , no entiende bien p o rq u é hay N atalia abrió la p u e rta y entram os. G randes
alguien que quiere verla... S us inflexiones cuadros en las paredes, m uebles antiguos,
m u estran sobre todo incredulidad an te el objetos de arte sobre las m esas, m uchos
en tu siasm o del otro. Algo así como: “Es libros, y revistas por todas partes. Con
curioso que u sted desee tan to conocerme. am plios pasos N atalia nos señ alab a el
No lo entiendo”. En los hechos sólo dijo: camino -u n a m ujer e n los setenta, alta,
“Llámeme el m artes a las nueve”. El m artes m orena, canosa, vestida de oscuro y que
a las nueve se m ostró sorprendida: “Ah, la ap en as sonreía-.
periodista. Llámeme m a ñ a n a a la m ism a
hora", dijo. Y lo repitió u n o a uno todos los De pie ju n to a la chim enea de m árm ol dijo
días subsiguientes h a sta llegar a doce. El levantando levem ente s u m ano derecha:
día núm ero trece en que pensé que me daría “Fotos no, por favor". Me volví, Flora hab ía
u n a disculpa, y an u laría para siem pre em palidecido. Desde hacía veinticuatro h o ­
ja m á s e sa entrevista ta n poco deseada, dijo: ras sólo hab lab a de esas fotos. Pero ah o ra la
“venga m añ an a a las once y m edia”. A las modelo decía “no". Se sobrepuso: “No estoy
once y quince la fotógrafa y yo esperábam os interesada en prim eros planos. No traje
en la vereda de enfrente m irando su s v en ta­ teleobjetivo, no traje flash", -dijo m intien­
do- E sta luz es suficiente". N atalia se enco­ sonriendo, o casi sonriendo-. Prefiero que
gió levem ente de hom bros. Le parecía Irre- se los vea vivir.
levante lo que Flora decía, pero debe h ab er
presum ido el desencanto que s u negativa -¿Habría allí alguna influencia d e los objeti-
ocasionaba porque dijo: “Bueno", y se sen ­ vistas franceses?
tó.
-No creo, no, no creo. Yo reconozco... he
Me miró, miró el reloj. T en e m o s m edia leído, m e g u sta m ucho C esare Pavese. Que
hora", su su rró , esbozando s u a rd u a son­ tam poco b u sca d etrá s de los actos. Y me
risa. De golpe me vino a la m em oria u n a g u sta Chéjov, ta n an terio r al objetivismo
entrevista con Clarice Lispector h acía m ás francés. Me g u sta Chéjov, todo Chéjov que
de diez años. La m ism a m elancolía, el m is­ tam poco explica. S u ironía, al tiem po que la
m o desinterés, debajo del cual, sin em bar­ piedad, la h um anidad. Los hom bres sim ­
go, se p re sen tía calidez y cansancio. Ese ples debatiéndose en medio de problem as
presentim iento, que h ab ía nacido no a trem endam ente complejos, y hablo de toda
p a rtir de gestos y p alabras, sino de u n a s u obra. No sólo de los cuentos, tam bién el
m irad a que llegaba desde m uy hondo, per­ teatro.
m itía p e n sa r que, a p esa r d e la apariencia,
la com unicación no e ra imposible. - Usted ha escrito teatro.

-¿Por qué tan to interés en entrevistarm e? -He escrito teatro que h a sido representado.
E s im portante esa diferencia. No e s posible
-¿Usted no sa be que en Chile, Uruguay y sab e r definitivam ente si u n a obra de teatro
Argentina e s m u y conocida? vale o no h a s ta que se la ve representada.

-Si lo sab ía lo he olvidado. -Nunca he visto nada su yo e n teatro, pero uí


en cine s u “Caro Michele“. ¿Le gustó la
-Yo pienso que e s m ás conocida aun que versión?
Seiascia, el cual no ha sido m uy leído a p esa r
d e m u y bueno. -En parte sí, y en p arte no. M aría Melato no
me pareció bien elegida. E s exageradam en­
-Sí, u n escritor excelente. te bella, exageradam ente vistosa, tom a
dem asiado espacio. Yo hab ía pensado en
- Usted e n general, en su s novelas m uestra a u n a persona m enos d eslum brante, m ás en
s u s personajes inmersos en u n m undo don­ el estilo de la gente m arginada. Ella tiene
d e lo político decide conductas, fo rm a s d e dem asiada personalidad.
vida.
-M uchas veces los escritores dicen que escri­
-No sé si tanto. Claro, cuando u n o escribe ben p ara entender el mundo. Que describirlo
b u sc a reflejar no sólo los personajes sino su e s entenderlo.
entorno.
-No. no es m i caso, yo escribo sólo para
-E s verdad pero en u sted e se entorno tiene com unicarm e. No pretendo entenderlo. El
siem pre una presencia m u y viva. Pienso en m undo se h a transform ado en algo incom ­
“Querido Miguel“, “Todos nuestros a yeres“. prensible. Ya vim os la estupefacción de
S artre, Kafka, C am us frente al ab su rd o del
-Pero esto ocurre con todos los escritores. m undo. No intento entenderlo, no. Sola­
m ente describirlo,-dijo, y se distrajo m iran­
-H ay escritores que enfocan fu n d a m en ta l­ do el teléfono que so n ab a pero que no
m ente lo interno. atendió. Parecía h ab e r olvidado a Flora que
leve como u n a som bra giraba en p u n ta s de
-Yo no hablo ja m á s de psicología, no co ­ pie alrededor de ella sin acercarse n u n c a a
m ento psicológicam ente m is personajes. m ás de dos o tres m etros. Y tam bién parecía
No m uestro los m ecanism os internos que haberse olvidado de mí, que seguía su
determ in an s u s conductas. J a m á s descri­ m irada esperando u n gesto de recomienzo.
biría hechos de s u infancia b u scando expli­ El gesto vino finalm ente cuando el teléfono
c a r co n d u ctas de hoy -dice llevando leve­ dejó de sonar: “E ntonces...", dijo.
m ente la cabeza h acia a trá s, como si quisie­
ra alejarse de esa m era posibilidad, pero -Recuerdo un libro su yo donde relata lo que
parecen ser experiencias personales. La -No es por esto no, que no escribo. Acabo de
búsqueda d e una ca sa para vivir, la vejez. p ublicar u n libro, tengo que ten er u n a
Uno podía concluir que la vejez la angustia­ nueva historia que desee contar. No se tra ta
ba mucho. de se n ta rse y p reguntarse a uno m ism o ¿y
ah o ra qué cuento? De cualquier modo,
-Sí, claro. Yo en cu en tro que la vejez no es cuando no escribo a m enudo realizo u n a
algo alegre. tarea vinculada a la escritura: traduzco.
-Algunos escritores hablan del fra ca so fin a l -Del francés.

Yo no hablo del fracaso pero sí de e sta r fuera -Sí, sólo del francés. He traducido a Proust,
de la vida, fuera del m undo. E s como si la dos tomos, a Flaubert, M adam e Bovary.
vida con breve em pujón nos m an d ara a u n A hora tengo g an as de tom ar a M aupassant
desvío que no conduce a ninguna parte. Un al que am o m ucho y m e parece u n poco
cam ino sin paisaje y sin sorpresas. olvidado.

-Pero u sted no está fu e ra del mundo. S u -He visto su firm a en algún artículo periodís­
último libro “Mai d evi dom andarm i" ha pro­ tico.
ducido una avalancha d e elogios. Crítica y
público lo aplaudieron unánimemente. -Sí, escribo a m enudo sobre tem as que
surgen y me interesan. C osas ocurridas en
-Sin em bargo ese hecho no nos perm ite la cám ara, hechos de la vida cotidiana que
se n tir que estam os en tre los que m ueven el me conm ueven.
m undo, -dijo y quedó m irando, au n q u e tal
vez sin verla a la m u cam a que iba y venía, -Muchas personas querrían estar fuera d e la
prep aran d o la m esa del alm uerzo en un vida d e la m anera en que u sted lo está.
rincón del living.- E s in ten sa la sensación
de que el m undo sigue adelante sin noso­ -Posiblem ente. Qué puedo decir. Se tra ta de
tros. u n sentim iento. El sentim iento de h ab er
quedado afuera.
-¿Cree u sted que el escritor como tal tiene
alguna responsabilidad?

-Tiene la responsabilidad de escribir lo


m ejor posible. Si es u n bu en escritor su
capacidad de ren u n cia será viva y fuerte.
Por m ás belleza que tenga u n a frase, por
m ás que lo colme de placer, deberá re n u n ­
ciar a ella si sólo e stá allí p a ra producir
efecto. Ahora... que luego, como persona, él
sien ta que hay u n a responsabilidad... ese
es otro discurso. Se tra ta de su responsabi­
lidad como se r hum ano, no como escritor.
La p ersona puede, como tal, com prom eter­
se con e sta o aquella idea, el novelista no
debe hacerlo.

-E s importante que u sted lo diga, y a que e s


diputada. El compromiso personal existe.

-Sí, au n q u e debo decirle que no soy u n ser


político. Voy, voto... Todo eso me lleva su
tiem po. Pero no m e ap asio n a no, el Parla­
m ento. A unque lo h ag a lo m ejor que pueda.
He sido d esig n ad a dos veces. C uando ter­
m ine e sta legislación, basta.

-¿Es por esto que no ha com enzado a ú n otro


libro?
-¿Sí tuviera que salvar d e la destrucción a profundas. A veces en esos m ateriales d es­
uno sólo d e su s libros cuál seria el elegido? conocidos encontram os las revelaciones
m ás deslum brantes.
-Léxico familiar. Ahí están personas que he
am ado y que h a n m uerto. Mí m adre, m is -¿Cuándo s e dió cuenta d e que era una
herm anos.-dijo echando u n a ráp id a m ira­ escritora, que s u m ás importante trabajo en
d a a algunos retratos sobre la chim enea- la vida era escribir?
Sín d u d a ese sería el libro que salvaría. Allí
está n las voces, los gestos de las personas -Usted dice con m u ch a seguridad que mi
que form aron p arte de mi vida. m ás im portante trabajo en la vida es escri­
bir.
-Usted, seguram ente ha vuelto a leer por lo
m enos algunos d e su s viejos libros, cuáles -Usted p u ed e desm entirm e.
so n los cam bios que registra en ellos, las
diferencias entre aquellos primeros y los que -No, no la desm iento, a p esa r de que no lo
vienen luego? sé. No sé si este es mi m ás im portante
trabajo en la vida. Pero le diré que yo
-No registro m ás cam bios que los que co­ em pecé a escribir cuando era m uy p e­
rresponden a la edad. Los prim eros son queña. C uentos, historias. En la adolescen­
m ás... espontáneos, frescos. Los otros ¿tal cia, en cambio, escribía poem as.
vez son m ás profundos, m ás melancólicos?
Los libros cam bian con la edad como cam ­ -¿Siente que h a y un gran p a so entre la
biam os los seres hum anos. poesía y la prosa?

-H ay escritores que para construir un perso­ -Ezra P ound decía que hab ía que b u sc a r los
naje miran hacia adentro d e sí mismos. Hay ritm os de la poesía e n el lenguaje hablado.
tam bién los que miran a s u alrededor, los Yo le digo que no sé dónde leí: “Nadie
que registran gestos, reacciones d e las p er­ escribiría hoy b u e n a poesía si se ignorara
sonas del entorno. S tendhal y Flaubert".

-No m e doy cu e n ta que realice esa b ú sq u e­ -¿Cómo s e le presentan los argum entos d e
d a en mí m ism a. C uando busco en mí. su s historias, hay algo que quiera decir y
n u n ca es p en sando en la lite ratu ra sino por busca la historia que le perm ita decirlo o
u n a necesidad de en co n trar re sp u estas que com ienza visualisando la historia?
son necesarias en mi propia vida. Tampoco
observo a los otros. Si me p reg u n tara si soy -De pronto visualizo u n lugar, u n am biente
u n a p ersona observadora respondería que donde em piezan a p a sa r cosas. Los que
no. Sin em bargo al escribir su rg en tantos aparecen en ese am biente, los que hablan,
detalles, los personajes aparecen a m enudo sufren, ríen, son personas que conozco.
a través de descripciones ta n verosímiles, Familia, am igos, claro, con cam bios, -dijo,
ricas, m inuciosas, que esto me lleva a y miró el reloj, au n q u e no directam ente,
p en sa r que se graban en mí cosas de las que sino con el púdico disim ulo con el que lo
no soy consciente. hacen los psicoanalistas. D entro de uno o
dos m inutos nos diría que la entrevista
-¿Esto significa e n algún sentido, que dice había llegado a su fin. p u es la m edia hora
m á s d e lo que quiere decir? ¿H ay veces en concedida h acía y a u n ra to que hab ía p a sa ­
que se siente sorprendida por u sted misma? do.
¿Veces en que s e desconoce?
-Los escritores, hoy no quieren explicarlo
-Sí, sí, es así. Veces en que me pregunto a todo, mostrar las telas y las entretelas d e las
mí m ism a de dónde salió esto. Porque ni conducías d e s u s personajes. Dejan zonas
siquiera recuerdo haberlo escrito. en som bras, verdaderos agujeros negros
sobre los que se m uestran inocentes. Usted
-E s curioso como les p a s a eso a muchos también lo hace.
escritores.
-Sí, es verdad. Pero ju ro que soy inocente,
-Y ocurre que a veces e stá n allí, en esos que yo tam poco sé, -dijo, y suspiró profun­
párrafos, los m ejores hallazgos. La m irada dam ente, m irando ah o ra el reloj sin disim u­
parece h ab er llegado h a sta las zonas m ás lo.
Prolegómenos para un estudio

sobre la literatura
uruguaya colonial

gustavo verdesio

Pero lo cierto e s que yo nunca vi una vaca

Los Tontos

J ^ a m ayoría de las h istorias de la blem ente e sta es u n a p regunta que esta


lite ratu ra u ru g u ay a com ienzan alrededor pro p u esta de trabajo no pretende ni puede
del añ o 1811. Es el año fundam ental de la responder. Primero, porque p a ra poder d a r
gesta artig u ista y de s u poeta: Bartolomé cu e n ta de tan inteligente cuestionam iento,
Hidalgo. Los Cielitos de éste últim o son el h ab ría que elucidar previam ente el alcance
inevitable p u n to de p artid a de la literatura del térm ino “nación": segundo, porque
de este país. Las posibles ca u sas de ésto son tam bién h ab ría que d ejar claro que se e n ­
fáciles de deducir: primero, la im portancia tiende por “lite ratu ra”. De modo que para
de la p atriad a artig u ista en la formación de prevenirnos de tan difícil em presa, y al
la nacionalidad oriental (o uruguaya); se­ solo efecto de dotar de m ayor flexibilidad
gundo. la su p u e sta inexistencia de textos a n u e stra labor de investigación, propo­
literarios (en el sentido restringido de “b e­ nem os su stitu ir la prim era y conflictiva
llas letras") producidos en fecha anterior en noción (“nación") por la de com unidad im a­
estas tierras. E stos p re su p u esto s (no siem ­ ginada y la segunda (“literatura") por la de
pre explicitados, a u n q u e sí asum idos por discursos coloniales.
los historiadores de la lite ratu ra uruguaya)
p u eden y. me parece, deben se r revisados.
Lo que concretam ente se propone es
incluir nuevos (viejos, en realidad) textos,
de fecha an terior a 1811, dentro del Corpus
• E ste a rtíc u lo e s u n a esp ecie d e a d e la n to de
de n u e s tra literatura. La inquietud que la te s is d o c to ra l e n q u e el a u to r e s tá tra b a ja n d o
podría su rg ir aquí es si puede hablarse de p a ra o b te n e r s u P h D e n L ite ra tu ra L atin o a m e ­
u n a lite ratu ra u ru g u a y a a n te s de la exis­ ric a n a y L ite ra tu ra C o m p a ra d a (como se g u n d a
tencia de n u e stra nacionalidad. L am enta­ especialidad).
Com unidad Imaginada dado desde n u e s tra situación actual, desde
Con respecto al concepto “nación" (y n u e stra com unidad im aginada tal y como la
s u s derivados tales como “nacionalidad"), vivimos hoy.
partim os de la b ase de que es u n artefacto La hipótesis que se m aneja es la de
cu ltu ra l1. E s algo construido, no algo dado. que esos periodos y hechos históricos, des­
De ahí que p ueda decirse que u n a naciona­ de la introducción de la ganadería en el
lidad es m enos u n d esp e rtar a la autocon- U ruguay h a sta la gesta artiguista, por
ciencía que u n a invención. La nacionalidad ejemplo, contribuyen a producir las condi­
seria entonces algo construido por u n a ciones p a ra la formación de u n a peculiari­
com unidad determ inada. Y como bien d ad oriental o uruguaya. El p u n to de
a p u n ta B enedict Anderson, es u n a com uni­ p artid a escogido no e s ta n antojadizo como
d ad im aginada, dado que a u n en el país parece, dado que si pensam os al U ruguay
m ás pequeño, es imposible que todos su s tal como lo conocem os hoy, habrem os de
m iem bros se conozcan en tre sí: de modo concluir que no podem os im aginárnoslo sin
que la com unión de todos los m iem bros ganadería. P ara que la República Oriental
existe ta n sólo en la m ente de ca d a uno de del U ruguay sea lo que es, tuvo que ocurrir
ellos2. Y es im aginada, adem ás, en tanto algo: la introducción del ganado. De lo
que com unidad, entendiendo como tal u n a contrario obtendríam os, acaso, u n país
especie de relación de tipo horizontal (por pesquero y consum idor de cervatillos.
encim a de las desigualdades de clase, rela­ La com unidad im aginada que hoy
ción de tipo vertical), que im plica u n a esp e­ somos, es incapaz de pen sarse a sí m ism a
cie de fraternidad lim itada. Decimos com u­ sin la existencia de la vaca.
n idad (relación horizontal) lim itada porque
n in g u n a “nación”, por m ás grande que sea,
puede confundirse a sí m ism a con el resto
de la h u m an id ad (o sea, el conjunto de las D iscursos colon iales
o tras com unidades que conform an eso que Otro propósito d e estos prolegóm e­
llam am os hum anidad). nos es precisam ente el de, m ediante el
El concepto de com unidad im agina­ análisis y revisión de los p resupuestos cita­
d a puede entonces sernos de utilidad para dos m ás arrib a (cuestión de la nacionali­
ab o rd ar la formación de lo que llam am os dad, noción belleletristíca de literatura),
h ab itu alm ente la nacionalidad oriental (o proponer u n a nueva forma de ab ordar la
uruguaya). Puede a y u d a m o s a detectar las lite ratu ra uruguaya, así como tam bién fijar
d istin tas etap a s en que la com unidad a la nueva fecha p a ra s u nacim iento. La nueva
que hoy pertenecem os se h a ido autogene- perspectiva que se propone es la de conside­
rando. ra r la lite ratu ra desde u n p u n to de vista
E sta reconstrucción del proceso de m ás amplio, que perm ita incluir en su
form ación de n u e stra com unidad im agina­ corpus textos h a sta ah o ra no considerados
d a será, inevitablem ente, otro constructo; como literarios. Los historiadores literarios
u n a reorganización de textos previam ente uruguayos m ás conspicuos (y tam bién los
interpretados ( bien dice D errida que la m ás oscuros) coinciden por lo m enos en
escritu ra genera inevitablem ente esc ritu ­ u n a actitud, que podría describirse como
ra). E sto no debe esp a n ta r al lector bienin­
tencionado, y a que todo trabajo histo-
riográfico es u n a reorganización de datos.
Es u n a labor de interpretación. De esta
opinión es, entre otros. Cornejo Polar, que 'B e n e d ic t A n d erso n Im a g in ed Cornmuni-
s u b ra y a “... la naturaleza agudam ente ideo­ ties (London: V erso, 1983) 13.
lógica de las operaciones que fijan la im a­
gen del pasado y d iseñ an la ru ta que condu­ 2A n d erso n 15.
ce, desde él, h a sta el presente, nuestro
presente."3 3A ntonio C ornejo P o lar La fo rm a c ió n d e la
tradición literaria e n el Perú (Lima: CEP, 1989)
Adem ás, n in g u n a interpretación es
15. Y c o n tin ú a e n la m ism a página: “De a lg u n a
inocente: responde a las condiciones y al m a n e ra e s ta e s la tradición: c o rre sp o n d e a la
lugar desde el que se la enuncia. La n u e s­ h isto ria , pero a u n a h is to ria p a sib le d e s e r
tra, qué remedio, ten d rá como locas a s u m id a com o p ro p ia... la tra d ic ió n e s el p ro ­
n u estro hicet nunc: el U ruguay de hoy. Esto d u c to de e s t a le c tu ra q u e no so la m e n te e sta b le c e
quiere decir que el proceso de formación de el se n tid o del p a sa d o sin o ta m b ié n - y a veces
n u e s tra com unidad im aginada será abor­ m á s - el d el p resen te."
belleletrística: sólo las bellas letras (ficción, son tare as de descubrim iento, conquista o
poesía, teatro, etcétera) son rep u tad as población de territorios habitados p o r ab o ­
m anifestaciones literarias. La principal rígenes. E n m últiples ocasiones en co n tra­
consecuencia de e sta p o stu ra es que los m os las expresiones “encuentro con los
textos que no en cajan en los apretados y naturales", “los n atu rales se hab ían rebela­
restringidos lim ites de la C ultura (en sen ti­ do", y otras del m ism os tenor, lo que nos d a
do restringido y no antropológico), tales la idea de la vida agitada que llevaba aquél
como docum entos historiográficos, tra ta ­ que introdujera el ganado en n u e stra s tie­
dos filosóficos, de agricultura, etcétera, no rras. S us correrías se extendieron a lo largo
m erecen se r estudiados. La exclusión de y a lo ancho de b u en a p arte de lo que era la
estos docum entos h a impedido, h a s ta ah o ­ gobernación del Plata.
ra, la existencia de estudios de lo que podría P ara n u estro pesar,descubrim os que
denom inarse u n a lite ratu ra u ruguaya colo­ debido a su larga carrera de conquistador y
nial. poblador, en la relación de servicios no
Pero si llevamos los orígenes de la aparecen m uy frecuentem ente los nativos
lite ratu ra u ru g u ay a h a s ta la época colonial, de n u e stra tierra. Pero cuando los nom bra,
encontrarem os (ya hem os encontrado) un éstos se nos p resen tan como guerreros:
determ inado corpus de textos de los que
h a b rá que d a r cuenta. Los docum entos: ... y aviendole m uerto y ca u ti­
ca rta s de relación, relaciones, etcétera, vado al dicho adelantado los
serán p or fin el largam ente postergado indios ch a rrú a s m uchos sol­
objeto de n u estro estudio. Por ello, y para dados en el dicho puerto de
evitar equívocos, parece conveniente su sti­ S an graviel p a ra ase g u rar la
tu ir el térm ino lite ratu ra (al m enos proviso­ dicha arm ad a se aventuro con
riam ente) p o r el de d iscursos coloniales, doce soldados de a caballo que
como propone W alter Mignolo4. Al igual que tray a en su com pañía y se
n u estro s colegas latinoam ericanos, tendre­ m etió con ellos en ciertos vaje-
m os o p ortunidad de e stu d ia r informes a la les y atravesando el rio de
corona, relaciones de servicios, ca rtas de p a ra n a tuvo vatalla con los
relación, y toda la gam a de textos coloniales dichos indios c h a rrú a s que
que com ponían el universo discursivo era n m as de dos m il los quales
d u ra n te la ocupación española de estas por e sta r victoriosos por h ab er
tierras. Los uruguayos quedarem os habili­ m u erto m u ch o s españoles
tados a an alizar n u estro s Colones y C orte­ peleaban con m ucho a n i­
ses: p o r ejemplo, los inform es de H ernando mo..-6
Arias de Saavedra sobre s u s expediciones a
“las tierras del Uruay" (que así se las llam a­ Claro que, como surge del texto, a
b a a principios del siglo XVII). p esar de se r los m ism os ch a rrú a s que
h ab itab a n el territorio de lo que hoy es
Uruguay, el encuentro relatado se produjo
en u n a de las riberas del Río P araná.
H em andarias de Saavedra P ara e n c o n tra r referencias m ás
El in tro d u cto r de la ganadería en el ab u n d a n te s a n u e stro territorio y s u s po­
U ruguay venía de u n a estirpe conquistado­ bladores será necesario d ejar e sta relación
ra (hijo de u n in teg ran te de la “arm a d a y y p a sa r a revisar la carta de relación escrita
com pañía" de aquel “govem ador" de nom ­ por H em an d arias a S u M ajestad el 2 de
bre premonitorio: Alvar Núñez Cabeza de
Vaca). Así nos lo inform a en u n docum ento
que Azaróla Gil fecha en 1612.5 En realidad
no nos lo inform a a nosotros sino a “V. M.", 4 W a lte r Mignolo “La le tra , la len g u a , el
a cuyo “Real servicio” se encontraba. Y de territorio". D ispositio XI, # 2 8 -2 9 (1986). 137-
servicios, precisam ente, es la relación que 157.
nos ocupa, si hem os de ad o p tar la taxono­
m ía p ro p u esta por Mignolo. “A zaróla Gil, L uis Los orígenes d e M ontevi­
d eo 1 6 0 7 -1 7 4 9 (B uenos A ires: “La F acu ltad ",
E n dicha relación se m encionan di­ 1933) E ste d o c u m e n to e s tá ed ita d o com o p a rte
versas actividades desem peñadas por el del a p é n d ic e d o c u m e n ta l e n el libro de A zaróla
funcionario H em andarias. A prim era vista, Gil, y a s u edición n o s rem itim os.
pocas son relevantes p a ra u n estudio desde
u n p u n to de v ista uruguayo. C asi todas “A zaróla Gil 205.
julio de 1608. En ella se refiere el ... este puerto de S ta Lucia
descubrim iento de la V anda del norte que e sta ra tr.a leguas d esta ciudad
es la co sta de los charrúas..."7- Los detalles tiene u n rrio que baya- y u n a
del “descubrim iento", de la cam p añ a de ysla pequeña en m edio de la
exploración, no nos son escatim ados ahora: e n tra d a que le abriga y asegu­
la can tid ad de hom bres con que partió, el ra de todo Genero de vientos y
cam ino que siguió, las diferentes zonas capaz de tener d entro gran
geográficas que recorrió, etc. La a b u n d a n ­ su m a de naos que pueden
cia de d ato s proporcionados en la carta venir a e n tra r a el a la Vela por­
relatoria nos revelan a u n hom bre observa­ que no ay baxios a la en tra d a y
d or y aplicado, como luego veremos. tien e de h o n d u ra n u e u e
Por ejemplo, nos dice sobre el río bragas todo lo qual pude son­
Uruguay: d a r m uy a mi satisfacion por
que alie alli algunas canoas de
“La noticia que desde rrio los n atu ra les de aquella costa-
nom brado U ruay traxo esta y en su m a me parece u n o de
G ente- que vaxo rrio abaxo fue los m ejores puertos y de mejo­
se r el rilo apasible de b u en a res calidades que deue de
navegación y m uy agradable y h a u e r d e sc u b ie rto porque
de b u en a s tierras y partes dem as de lo dicho tiene m ucha
p a ra población au n q u e alia­ leña y pueden e n tra r los
ron pocos n atu ra les entiénde­ nauios m uy cerca de tierra y la
se que ap artad o s del rrio en Velleza de aquel rrio la tierra
otros m as pequeños los hay adentro es grande y capaz de
porque h au ia fuegos y hum os ten er m uchos pobladores con
y la fuerga de los del dho rrio grande aprouecham iento de
e s ta de s a n ta fe para a rriu a 8. labranga y crianga por la gran
vondad y calidad de la tie­
El beneplácito del explorador crece a rra...9
m edida que se in tern a en el territorio u ru ­
guayo, y a que v a descubriendo m ás y m ás La alabanza de n u e stra s tierras va
bondades n atu rales en n u e stra geografía: in crescendo, como se puede apreciar en el
“La costa es b u en a y de m uchos pu erto s y pasaje que cito a continuación:
de m uchos rrios que vienen de la tierra
firme a la m ar.” ... b u en as para lauores que
A p e sa r de que no llega a lo que con hauellas m uy b u en a s en
propiam ente podríam os llam ar Montevideo esta Governacion nin g u n as a
(el C erro y s u s alrededores), queda m uy aquellas, porque se d a todo
satisfecho con el río que b autiza S anta con grande ab u n d an cia y ferti­
Lucía, por h ab e r llegado a él el día de la lidad y b u en a para todo G ene­
S anta. Las virtudes del m ismo tam poco se ro de ganados y de m uchos
le escapon: arroyos y q u eb rad as y rria-
chuelos sercanos u n o s / de
otros y de m ucha leña y m ade­
ra de gran com odidad para
edificios y estan cias en que se
criaran gran su m a de G a n a­
dos...10

7A zarola Gil 207.

•A zaróla Gil 208.

•A zaróla Gil 209.

'•A zaróla Gil 209.


El elogio progresivo desem boca, observación y espíritu de em presa lo lleva­
como no podía se r de o tra m anera, en la ron a la conclusión de que esa gran pradera
sugerencia que, h ech a proyecto, converti­ que era (y es) el Uruguay, estab a desperdi­
ría a H em an d arias en u n personaje central ciada. A dem ás de s u s consideraciones de
de n u e s tra histo ria (o proto-historia, si se tipo económico, lo anim aban o tras de tipo
quiere). geopolítico: “... con el cuydado que lleuaua
El observador funcionario de la coro­ de descubrir puertos de m ar para poner
n a tiene u n a calculadora en la cabeza: espías p a ra que e sta ciud pudiese ten er por
ellos auiso de los corsarios / q.e según se
y siruiendose V. mag. d de que entiende se an de arrim ar siem pre a aquella
se pueble e sta tierra en pocos V anda como lo hizieron este año p a sa ­
as0vendria a ser m uy prospera do..."12 E sta doble finalidad que an im ab a la
y de m ucho prouecho porque em presa de H em andarias, así como la for­
por la b u en a com odidad de la m a en que enu n cia s u s proyectos y a sp ira ­
tierra y b u en a y fácil nauega- ciones, pueden sugerirnos algo sobre su
cion de ella a esos Reynos de forma de ver n u e stra geografía y n u estro s
esp añ a y al bracil se podrían habitantes.
n au eg ar los frutos della y
su m a de coram bre de que no
vendria daño al bracil ni a
esp a ñ a sino m ucho prouecho H e m a n d a ria s y el O tro
y la rreal corona le tendría, e La agudeza política de n u estro au to r
yria en aum ento de m as del sa lta inm ediatam ente a la vista. Su a b n e ­
gran seruicio que se haría a gación como súbdito de la corona tam bién.
dios nro Señor en que los n a ­ Pero hay u n p a r de cosas m ás que quedan
tu rales sircunvezinos se fue­ claras a p artir de su carta relatoria. U na de
sen atrayendo al conocimiento \ ellas e s el espíritu m ercantil con que se
de n ra S ta fe católica que la enfrenta a la nueva geografía. Su m irada
tierra adentro ay su m a dellos= parece que, al recorrer ríos, arroyos y p ra ­
y para que d esta población se deras. va convirtiendo lo que ve en posibles
siguiera otro gran bien y seru i­ riquezas. U na m irada q u e no es la del
cio a dios h au ian de ser solte­ científico n atu ra lista sino la del hom bre de
ros los m as de los que se estado y, si se nos a p u ra u n poco, la del
em biasen a ella y hom bres de m ercader. Al igual que el prim ero de su
castilla que se acom odasen a laya, el rapaz Colón, ve en todo lo que le
la lab ran za y crianza los qua- rodea la eventualidad de u n provecho.
les se p udieran c a sa r con las Claro que, m ás lúcido y honesto que el
hijas de conquistadores desta Alm irante, s u objetivo y a no es el descubri­
prouincia del paraguay, qua- m iento de m etales preciosos, sino el de
les todos les d arían sum a de tierras fértiles. Más realista (quizá debido al
G anados que tienen que por tiempo tran scu rrid o desde el viaje del Almi­
e sta r tan atra sm a n o metidos rante), sabe que a la larga, la verdadera
en la asum pcion y ta n fuera de riqueza de Am érica es su tierra.
trato no son de prouecho y De ahí que exam ine cuidadosam ente
trayendolos a e sta prouincia cada palm o de la geografía que se le ofrece.
serían de m ucho lo qual no Una geografía a la que no disfraza o adorna
seria dificultoso por e star en s u discurso (como sí lo hicieran tantos
abiertos o a lo m enos d escu ­ europeos participantes de la em presa d e­
biertos los cam inos que yo he predad ora que fue la conquista). D ispuesto
h echo...11 a ver el Nuevo M undo tal como es y no como
lo au g u rab an Marco Polo o Plinio, su s
De m odo que H em andarias, con gran im presiones sobre n u e stra tierra parecen
visión de futuro, previo (y signó) nuestro b astan te adecuadas.
destino agropecuario. S u capacidad de Pero este escrutinio geográfico m inu­
cioso no e n c u en tra su contraparte en u n a
descripción ad ecu ad a del poblador origina­
“A zaróla Gil 210. rio de estas tierras. Por el contrario, la
presencia de los ch a rrú a s en am bos textos
“A zaróla Gil 208. de H em an d arias es m ás bien exigua. La
p in tu ra que le m erecen es no sólo b astan te parece se r a través de acciones bélicas. Por
incom pleta, sino absolutam ente incidental. lo que se percibe, el bu en o de H em an d a­
A diferencia del jefe de s u padre. Alvar rias, sum ido en pleno etnocentrism o, no
N úñez C abeza de Vaca, que describió a los parece se r la fuente m ás ad ecu ad a para
indígenas norteam ericanos de diversas em paparse de inform ación sobre nu estro s
zonas con u n criterio casi antropológico, su nativos.
interés por el poblador nativo es casi infe­ Sin em bargo, el objetivo de estas lí­
rior al de u n Colón (al m enos este último se n eas no es el de m eram ente den o star a
preocupó en m entir y en elaborar u n a espe­ H ernandarias. E s m ás bien el de com enzar
cie de esquem ita que sep arab a los buenos y la tare a de revisar los textos en que se
cobardes de los m alos y guerreros). De registra el choque cultural (típico de la
modo que H em an d arias se nos presenta conquista e invasión de América) que tuvo
como u n caso m ás de aquellos conquista­ lugar en n u estro territorio. Lam entable­
dores (a p esa r de su origen criollo) que m ente, tenem os sólo la voz de los vencedo­
ignoraban o reducían a su m ínim a expre­ res que, en general, son los que escriben la
sión al Otro, es decir, al integrante de u n a historia oficial. Más lam entablem ente au n ,
cu ltu ra ajena a la propia. En n u estro caso, textos como los arrib a referidos, no nos
no sólo los ch a rrú a s, sino toda la gam a de ofrecen d em asiada inform ación sobre los
etn ias nativas que poblaban esta zona de la vencidos. Sin em bargo, es acaso posible
gobernación del Plata. que la c u ltu ra oprim ida, el Otro silenciado,
Si tom am os como m edida de la rela­ pueda infiltrar o inficionar el discurso del
ción con el otro dos de los tres ejes propues­ que tiene voz. Si es cierta la intuición de
to s por Todorov en La conquista d e América, D errida (y yo tiendo a creer que sí), u n
(l)axiológico: consideración del Otro como discurso no es u n todo homogéneo, el polo
su perior o inferior; 2)gnoseológico: conoci­ dom inante de u n a oposición logocéntrica
m iento real de la c u ltu ra del Otro); verem os no es im penetrable. Los discursos colonia­
que H ern an d arias se sitú a en u n solo extre­ les que proponem os e stu d ia r deben de
mo de tales ejes; su desdén por el nativo es ten er alg u n a rendija, alguna rajadura, por
evidente, de modo que lo considera inferior; la que se filtren las trazas de lo postergado,
s u conocim iento de la alteridad a la que se de lo silenciado. E s esta presunción u n a
en fren ta no surge por ningún lado en los (aunque no la única) de las que anim a el
docum entos que poseemos. Por otro lado, trabajo de investigación del que e stas
s u ú n ica form a de relacionarse con el otro líneas son u n adelanto.
>

Apuntes para una reflexión sobre las


culturas en el Uruguay contemporáneo

de maracaná a la
cultura del reciclaje.

hugo achugar

• U na cultu ra, m uchas culturas. en u n a form ulación generalizante, de u n i­


Q uisiera com enzar precisando el plural dades culturales a nivel nacional. El plural,
utilizado al h ab lar de “las cu ltu ras en el entonces, implica: por u n lado, la inexis­
U ruguay contem poráneo”. En general, se tencia de u n a única cu ltu ra nacional y, con­
h a u sad o y se u s a el singular p a ra h ab lar secuentem ente por el otro, la coexistencia
de la c u ltu ra nacional. Ello supone u n a de varias cu ltu ra s nacionales.
u n id ad y u n a hom ogeneidad de la sociedad, No me refiero, en este artículo, con el
de la com unidad cu ltu ral y de la integración térm ino cultura a lo que en general term ina
nacional. E s posible que tal unidad haya reduciéndose a la literatura, las arte s vi­
existido en el algún m om ento de n u e stra su ales, al teatro y a la m úsica. Tampoco se
historia, -quizás d u ra n te la llam ada “patria trata, estrictam ente, de u n a concepción
vieja"-, au n q u e u n a hipótesis pasible de antropológica -aunque quizá algunos le
se r exam inada podría p o stu lar que la tal podrán considerar cercana-; ni m ucho
m en tad a un id ad u hom ogeneidad nacional m enos a la c u ltu ra como u n a especie de
n u n c a existió; al m enos, de modo absoluto. revelación epifánica de u n su p u esto se r
O tra cosa sería afirm ar que d u ra n te ciertos nacional a-histórico, su p ra clasista y su p ra
períodos de n u e stra historia pudo haberse generacional. El aspecto de la cu ltu ra que
dado la hegem onía de ciertos “constructos" pretendo considerar en esta oportunidad
lo que perm itiría hablar, eventualm ente y a p u n ta al conjunto de fenómenos, tan to a
nivel de producción como de circulación y dad salvo en las descripciones que de épo­
consum o, que están regidos o constituyen cas, sociedades y civilizaciones los seres
la “com unidad im aginada", en el sentido de hu m an o s h a n gustado de realizar a lo largo
B enedict Anderson. del tiempo. La postulación de la existencia
Dicha com unidad im aginada, o im a­ de sociedades su p u estam en te hom ogé­
ginaria, es al m ismo tiem po u n a “com uni­ neas, como la de la E uropa occidental
d ad interpretativa", en el sentido de Stanley d u ra n te la E dad Media, suele se r desm en­
Fish; es decir, u n a com unidad que com par­ tida cuando el conocim iento y el estudio de
te no sólo u n im aginario social sino u n a dichas sociedades se profundiza. E s m ás
serie de reglas y valores que le perm iten así como h ay u n a com unidad in terp retati­
tan to la producción sim bólica como la inter­ va que se n u tre de u n medio de com unica­
pretación d e d icha producción. E s en el ción m asiva como CX8 hay otra u o tras que
sentido de lo desarrollado anteriorm ente se n u tre de CX20 o de Radio Sport.
que creo posible h ab lar de u n a pluralidad Se podría decir o contra argum entar:
de c u ltu ra s coexistentes en n u e stra socie­ “pero h ay u n a m an era de se r uruguayo o
dad. Por su p u esto , el fenómeno no es priva­ uruguaya" a nivel cultural que e s com ún a
tivo del U ruguay ni de la m ayor p arte de toda la sociedad y si no e s perm anente a lo
Latinoam érica. largo de n u e stra su p u e sta corta historia, al
La noción de cu ltu ra que se m aneja m enos posee cierta estabilidad d u ran te
en este caso, pues, incluye adem ás de períodos im portantes. ¿Pero de cuál u ru ­
las llam adas “bellas letras" y dem ás m an i­ guayo o u ru g u ay a hablam os? No es igual el
festaciones artísticas tradicionales aquellos hurgador de b a su ra que el estu d ian te de la
elem entos discursivos que configuran la ORT, no es el m ism o uruguayo el que
autoim agen que u n a com unidad ofrece de consum e video-clips que p resen tan can­
sí m ism a. Im agen que, por cierto, no sólo se ciones escritas en u n idioma que el espec­
concreta en poem as, canciones, videos, tador, no siem pre, puede com prender o
esc u ltu ra s sino tam bién en m urgas, dichos trad u cir que el que asiste a los bailes orga­
y p in tad as o graJUtis; en expresiones sim ­ nizados por el Coco B entancourt. La serie
bólicas de todo tipo que vehiculizan la de oposiciones, que no es por cierto binaría,
im aginación, el deseo, de u n a com unidad podría continuar. ¿Q ué tienen en com ún la
y tam bién en el modo en que dichas pro­ jovencita ru b ia n a tu ra l u oxigenada que
ducciones sim bólicas circulan y son con­ asistió a la reciente R ural del Prado y que
su m id as o interpretadas. hace el “B acho”en el Lycée F rançais con el
Planteado en térm inos m ás concre­ peón que por las noches es u n payador? Por
tos el argum ento a p u n ta al hecho de que, supuesto, e sta s oposiciones son fáciles y,
digam os, la com unidad real que son los reconozco, que pu ed an quizás h a s ta llegar
h u rgadores de b a su ra de n u e stra capital a se r “facilongas".
(o los pescadores de Rocha o el estudiantado E stá, como acervo com ún, el conjun­
universitario, etc) constituyen a la vez u n a to de símbolos: Artigas, el Exodo, Obdulio
com unidad interpretativa que postula u n a Varela, M aracaná, etc. E stá tam bién el
com unidad im aginada o im aginaria de la m ate, a pesar de ser regional, y la to rta frita.
que ellos se ven como form ando parte. La E stá, por sobre todo eso, el h ab er vivido o el
descripción de dichas com unidades, -cuyo vivir en la m ism a sociedad. Pero, y esto
factor ag lu tinante puede ser la clase, la p arte central de m i argum entación, el vivir
región, la edad, la ocupación o inclusive o el h ab er vivido u n a m ism a historia, el
u n conjunto de esos m ism os u otros facto­ com partir ciertos sím bolos, el vivir conjun­
res-, y en p articu lar la descripción de la tam ente los sucesivos auges y m iserias de
c u ltu ra de dichas com unidades, en las tres la economía u ru g u ay a no im plica u n a ho­
vertientes: producción, circulación y consu­ m ogénea interpretación de los m ism os y
mo-, perm itiría quizás ten er u n a idea ac a­ m uchísim o m enos el com partir proyectos
b ad a de su funcionam iento. de país.
Por o tra parte, no creo que, por su er­ El U ruguay que im aginan los diver­
te, los factores unificantes que operan o sos actores o sujetos sociales de las diver­
p odrían o p erar como tales en n u estro país, sa s com unidades cohabitantes del espacio
-educación, radio, televisión-, logren la ho- social y geográfico llam ado U ruguay no es
mogeneización y la integración cultural del siem pre el mismo. Más aú n , en este m o­
U ruguay en u n a totalidad coherente. Tal m ento y de cara al siglo XXI, los proyectos
tipo de totalidad, en verdad, es u n a a b stra c ­ de país, el im aginario que alienta y que
ción que no en c u en tra su sten to en la reali­ producen las diversas com unidades, son.
digam os, varios. En e sa linea de p e n sa ­ discurso y tal presu p u esto es producido
m iento es posible h ab lar de ideologemas, - desde la clase m edia o, m ejor aú n , desde
en el sentido de ideas o dram atizaciones u n a perspectiva hegem ónica en la clase
pro d u cto ras de narraciones-, que organi­ m edia que, a nivel ideológico, no puede o no
zan ciertos discursos. quiere saberse diversa y plural: desde u n a
Así, el d iscu rso cotidiano del "irse", - perspectiva que h a reiterado h a s ta el ca n ­
que m erece reflexiones como el reciente sancio el mito de la “europeidad” de la
artículo d e Tom ás Linn “Los m uchachos se sociedad u ruguaya tan to a nivel étnico
n o s van"-, perteneciente a u n a com unidad como cultural. De u n a perspectiva que no
cuyo corte atrav iesa clases sociales y ed a­ puede en ten d er su propia sociedad como
d es diversas e s posible desde u n im aginario integrada heterogéneam ente; perspectiva
o desde el U ruguay entendido como u n a que por su p u esto se autocaracteriza o es
com unidad im aginada donde al viejo dicho caracterizable como “blanca, m ascu lin a y
"Como el U ruguay no hay" se le agrega la heterosexual". El uruguayo y la uruguaya
expresión “p ’a dirse". La cultura producida que son interpelados por esa perspectiva o
o propia de la com unidad integrada por “los por ese discurso ideológico no pueden reco­
que se van" p o stu la a nivel del im aginario nocer, salvo como enferm os o extraños, las
algo terrible: la im posibilidad de vivir en la com unidades culturales integradas, entre
com unidad im aginada que la educación, la o tras posibles de se r enum eradas, por los
radio, la televisión y el arte de aquellos que m ulatos, los negros, los m estizos, las m uje­
tienen el poder cu ltu ral y social proponen. res no m achistas y los g a ys uruguayos.
E s decir, propone la negación del deseo de La o tra argum entación a considerar
im aginar como viable la com unidad imagi­ sostiene o podría sostener que la diversidad
n ad a que es la nación o que le proponen que existe pero que el grado de tal diversidad no
es la nación. Claro e stá n tam bién, como u n es tal como para poder h ab lar de c u ltu ra s o
su b g ru p o o u n a subcom unidad, aquellos su b cu ltu ras dentro de la sociedad u ru g u a ­
que se van pero fosilizan el im aginario.por ya. Sostiene o sostendría que, en definitiva,
medio de la nostalgia y conservan o siguen la c u ltu ra uruguaya es u n a y que el énfasis
siendo interpelados por u n discurso que en la diversidad atiende a lo no significante.
a p u e sta a la uruguayidad. Esos son los que Incluso, en alg u n a variante de tal tipo de
en el extranjero, como se puede observar en argum entación, es posible en co n trar a
alg u n a zona del estad o de Nueva Je rse y en aquellos que sostienen que, hablando en
los E stados Unidos, in ten tan reproducir las plata, la c u ltu ra u ru g u ay a es claram ente
condiciones de vida del país o del “paisito". identificable con el p arn aso (claro no utili­
Pero incluso en tre esto s últim os la n ostal­ zan e sta term inología p u es al h a b ita r ellos
gia, la fosilización, la mitificación del lar m ism os el sagrado espacio de la cultura
ab an d o n ad o term ina p or producir y co n su ­ lau re ad a no se d a n cu e n ta que hab lan en
m ir u n a c u ltu ra q u e o tras com unidades, prosa) y que referencias a lo popular, a lo
existentes en tre los que se quedan, y a no m arginal o a lo m inoritario (las m ujeres son
quieren o inten tan cam biar. m inoría: au n q u e sí es cierto y h ay que
Por últim o, d esearía considerar dos reconocerlo que las m ujeres no m achistas
argum entaciones. U na que sostiene o po­ son minoría) indica u n a preocupación cul-
d ría so sten er que, en definitiva, toda socie­ tu ra lista o casi antropológica indigna o
d ad o toda c u ltu ra p resen ta los rasgos de lo im propia de quienes deberían ocuparse de
descrito anteriorm ente como indicador de los orgasm os (otra palab ra que no utiliza­
diversidad de cu ltu ra s y que, en realidad, la rían) propios o inherentes a los tran sp o rtes
tal diversidad no es o tra cosa que el p lu ra­ de la poesía, la autorreferencia del artefacto
lismo, la riqueza y la heterogeneidad inhe­ lingüístico o plástico, o los m eta-m eta-m eta
ren te a toda sociedad organizada. Más aún, discursos del discurso que d is/c u rre pero
que la heterogeneidad cultural propia de no corre y n ad a m ete a p esa r del im perativo
países como el Perú, E cuador, G uatem ala, m eta-m eta. La diversidad, p a ra e sta a rg u ­
etc. no e s n i rem otam ente com parable a el m entación, es anecdótica y, como es sab i­
caso del Uruguay. Tal argum entación se do, la anécdota es falaz y trivial. Lo único
apoya en el p resu p u esto ideológico, -es trascen d en te es aquello que navega en el
decir, m itificante e inconciente-, de que la océano de la c u ltu ra de la m ano del ab so lu ­
sociedad u ru g u ay a es hom ogénea. Todos to espíritu hegeliano. E sta m ism a a rg u ­
som os iguales, m ás ricos o m ás pobres, m entación, m al que le pese, se m ueve d en ­
pero al fin y al cabo todos som os lo mismo. tro de u n a com unidad interpretativa e
Creo, y no es m ás que u n a hipótesis, que tal im aginaria que está constituida p o r la
>

m ayoría (hay por su p u esto m u chas excep­ cu ltu ra u ru g u a y a hegem ónica h a visto el
ciones) de la intelligenizia uruguaya, -blan­ desarrollo de d istin ta s im ágenes -ideologe-
cos, colorados, frentistas, pegepistas y etc, m as- que h a n expresado o configurado, s u ­
todos ju n to s, todos mezclados-, au n q u e no puestam ente, la particularidad de n u e stra
por la m ayoría de las com unidades c u ltu ra­ sociedad. E n tre las m u ch as im ágenes ela­
les u ru g u ay as que m uchas sino la m ayoría boradas por d istintos sectores de la cu ltu ra
de las veces producen y consum en simboli­ nacional hegem ónica cabe señ alarse la
zaciones -cu ltura, bah- sin te n e r noticia de serie: M aracaná y utopía, restau ració n y
la existencia de los grandes valores nacio­ reciclaje. C abría analizar, adem ás, el p re­
nales de La C u ltu ra U ruguaya. P ara ellos, sente estancam iento de la c u ltu ra u ru g u a ­
ese sector de la intelligenizia uruguaya, por y a hegem ónica. E sta s im ágenes condensan
su p u esto , la historia y la ju stic ia estético- sentim ientos y proyectos m ás o m enos
cu ltu ral b o rrará toda e sta ch ách ara de los colectivos, m ás o m enos inclusivos de los
locos y enferm os (a p esa r de que algunos sectores rectores de la sociedad o de la
h a n leído a Foucault) que in ten tan descons­ cultura. E s cierto que n i a n te s ni ahora
tru ir el d iscu rso tradicional y hegemónico dicha totalidad fue algo m ás que u n a expre­
del estam en to ilustrado uruguayo. Por si sión de deseos, u n constructo derivado del
q u edan d u d a s de adonde estoy ap u n tan d o w ishfull thinking m ás que de la observación
quiero decir que m ucho culto escritor y de la realidad social.
lector de “B recha”, “B úsqueda”, “20/21", “M aracaná” o “U ruguayos cam peo­
“P unto y aparte". “La dem ocracia", “La nes" o “Como el U ruguay no hay" tuvo su
hora", “El país”, “El día", “Mate amargo", concreción histórica en o h acia 1950 con el
“Zeta", “Alternativa", “La república" y por triunfo histórico y em blem ático de n u e stra
qué no, C uadernos d e Marcha, etc. com par­ h azañ a futbolística. E s cierto que, en parte,
te el espíritu de lo afirm ado por el Ministro venía de a n te s no sólo por los anteriores
de C u ltu ra G a rd a C osta cuando, eufórico, éxitos futbolísticos o por la autocom placen-
prom etía volver a los fastos de la cu ltu ra cia m esocrática del U ruguay batllista sino
u ru g u ay a d u ra n te la década del 60. R estau­ tam bién por u n a producción cu ltu ral hege­
ración nostalgiosa dixit. m ónica que tendía a m irarse el ombligo.
E s en el m arco de lo señalado a n te ­ En la orgullosa euforia im plícita en el
riorm ente que me gu staría reflexionar sobre “todo lo podemos" que desencadenó M ara­
ciertas p ro p u estas em an ad as desde diver­ ca n á estuvo, d entro de los lim ites de la
sa s individualidades o com unidades c u ltu ­ entonces insurgente generación del 45, la
rales u ru g u ay as con respecto al desarrollo Imagen paradójica de que la c u ltu ra u r u ­
de la c u ltu ra nacional. Y. en especial, por el guaya hered ad a no e ra particularm ente
hecho de q u e las p ro p u estas que atiendan valiosa salvo la explosión del 900. Torres
m ás que a re sta u rar, a crear, a producir, a G arcía y s u gente hizo tab la ra s a de la
construir la c u ltu ra u ru g u ay a del presente m ayoría de la p in tu ra anterior, los críticos
y de ca ra al próximo siglo XXI son escasas y literarios y cu ltu rales en s u m ayoría, con­
poco articuladas. denaron el siglo XIX y la generación o
generaciones interm edias en tre ellos y el
900 como de escaso o nulo valor, -por
su p u esto con las excepciones de siem pre-.
El U ruguay im aginado, la c u ltu ra u ru g u a ­
l l • De Maracaná a la cultura del re­ ya debía m edirse por parám etros de valor
ciclaje. A ntes de ingresar en la segunda universales. Si eram os cam peones de
parte de este ensayo quiero a c la rar que se América y del M undo la c u ltu ra u ru g u ay a
tra ta de u n a p ro p u e sta que seguram ente tenía que se r universal (esto con indepen­
puede no s e r com partida y que, m ás im por­ dencia de tem áticas regionales o universa­
tan te qún, no se tra ta de u n a lectura “cien­ les, entrañavivistas o universalistas). Todo
tífica" d e la o las cu ltu ra s uruguayas. Es lo podíam os. Eram os diferentes que el resto
u n a opinión, u n a m ás, n a d a m ás y n ad a de América Latina y, sobre todo, eram os
m enos. E s m uy posible que otros valoren mejores.
algunos hechos de o tra m anera, -ojalá así En u n m om ento posterior, otro sec­
sea-, y que incluso tom en e n cu e n ta hechos tor u o tra com unidad, tuvo como im agen
que este ensayo deja de lado u “olvida" y discursiva central el “asalto al cielo”, el
que perm itirían o tras opiniones. U ruguay como la com unidad que podía
D u ran te el período com prendido, hacer realidad la utopía social. E sa com u­
aproxim adam ente, en tre 1960 y 1990 la nidad cultural se nutría, básicam ente, de
aquella producción sim bólica que reafirm a­ vas tecnologías, etc; piensan que h a n here­
b a s u pertenencia al credo y a la religión de dado el viento y que deben construir un
los utópicos. Todo, o casi todo, lo que no U ruguay nuevo o que deben dejarlo caer y
fuera o convergiera h acia el asalto al cielo ab a n d o n ar el barco.
era silenciado, despreciado o considerado La cu ltu ra de e sta s com unidades se
desubicado. Seguía siendo válido el volun- nutre, fundam entalm ente, de lo extranjero
ta rista “todo lo podemos" pero ah o ra con y m uy selectivam ente de lo nacional. Des­
u n a carga m esiánica particular. E ste sector conociendo la tradición y la historia de la o
o com unidad dom inada por la utopía se las cu ltu ra s nacionales que nadie h a d es­
articuló con otros sectores sociales y con crito o investigado (o que si h a sido hecho no
o tras com unidades a nivel cultural. Es h a sido enseñado) rechazan la anquilosada
decir, intentó in terp elar o de hecho interpe­ figura em blem ática críollista del gaucho
ló individualidades pertenecientes a otras por no ten er ninguna vigencia, rechazan la
com unidades cu ltu rales e ideológicas. Fue autocom placencia de la im agen de “a te ­
tiem po de cam bios y de pases; de cruces y nienses del plata" por sab e r que la inform a­
m ezclas. ción y la tecnología contem poránea que
La gran c u ltu ra de ese entonces, por circula en el p laneta ap en as si llega a n u e s­
la que su sp irara recientem ente el señor tra s costas y desean u n U ruguay, im aginan
M inistro de C ultura, fue en su inm ensa u n a com unidad, m oderna o m odernizada
m ayoría producida e in terp retad a desde tan to da. que no logra arran car, que no
u n a com unidad cu ltural que im aginaba u n logra se r in stru m en tad a, que se estan c a en
U ruguay totalm ente distinto al de aquellos este presente de em pate cultural, ideológico
sectores en el gobierno aunque, paradójica­ y político que parece vivir el conjunto de la
m ente, en gran parte detentores del poder sociedad.
cultural. Es im portante recordar que expo­ Hay entonces ju n to a la c u ltu ra de la
n en tes m ayores de la com unidad cultural restauración o tras culturas: u n a cultura
dom inada por el todo lo podem os utópico del irse, u n a c u ltu ra de la im portación, u n a
fueron hacia el final del período encarcela­ c u ltu ra del reciclaje. Ya va dem asiado largo
dos, cen surados y desterrados. este artículo como p a ra proceder a u n a
E ntre este m om ento y el presente de consideración m inuciosa de cada u n a de
restau ració n y reciclaje m edian los años de estas y o tras cu ltu ras en el U ruguay con­
la d ictadura. No voy a considerar en esta tem poráneo. Pero no resisto u n a m ínim a
oportunidad la o las cu ltu ra s del U ruguay caracterización incom pleta.
de la d ictadura. E n la historia de la o las La cu ltu ra del irse se n u tre, fu n d a­
cu ltu ra s u ru g u ay as la dictadura desem ­ m entalm ente, de dos elem entos: uno
peña, sin embargo, u n papel fundam ental. nostálgico que salva del naufragio aquellos
T an fundam ental que el presente de re s­ elem entos que h a b rá n de com poner el
tauración y reciclaje es porque la dictadura m useo de la m em oria y que ab an d o n a todo
fue. No señalo sólo lo obvio sino que adem ás intento de construcción, todo intento de
trato de a p u n ta r el hecho de que todavía conjugar colectivam ente los verbos en fu tu ­
vivimos conm ocionados por el terrem oto ro en relación a la com unidad que ab an d o ­
que fue la d ictadura. Y los tem blores y los na. Otro que abre u n universo simbólico
destrozos siguen en tre nosotros. Tanto si­ donde visas, idiomas, certificaciones, p a ­
guen que el propio discurso de la re sta u ra ­ sajes son factores claves y que evidencia la
ción, ese ideologema de nosotros que todo lo disposición a la transculturación. La c u ltu ­
podíam os porque eram os los cam peones ra del irse no es nueva, y a en plena época
del m undo todo lo seguim os pudiendo, fue del “todo lo podem os” estab a vigente y la co­
central en el d iscu rso de Tarigo como ahora m unidad cultural utópica ofreció u n d is­
lo es en el de G arcía Costa, fue central en curso v o lu n tarista y esperanzado que decía
gran p arte de la izquierda como lo es alguna “H erm ano no te vayas, a ú n queda u n a espe­
que o tra com unidad cultural. La com uni­ ranza". ~ —-
d ad cu ltu ral hegem ónica a p u n tó y ap u n ta La c u ltu ra de la im portación, de
a la restauración; e s decir, a la recons­ larga d a ta tam bién en el U ruguay, en su s
trucción sin m ayores modificaciones del aspectos m ás relevantes se articula hoy en
antiguo régim en cu ltural pero h ay o tras co­ día con la form ulación universalista y pla­
m unidades. Una, eventualm ente, podría n etaria que el desarrollo de la com unica­
e s ta r configurada por quienes: jóvenes d e s­ ción vía satélite hace posible. El p lan eta es
em pleados y fu tu ro s m igrantes, em presa­ u n a aldea y el sim ulcast u n a realidad coti­
rios dinám icos, rep resen tan tes de las n u e ­ diana. P ara qué producir telenovelas o cine
si es m ejor y m ás b arato im portarlos. Por to volver a lo de a n te s que co n stru ir lo de
qué prohibirse de M adonna o del espectácu­ m añana. Se reciclan antiguos funcionarios
lo de “The W a lt en Berlín si eso es lo de hoy. y no se em plean a los jóvenes; a estos se les
P o rq u é in sistir en la producción nacional si invita a irse. La c u ltu ra del reciclaje es
no tiene nivel artístico o tecnológico. Por qué realista. Qué hacem os con los viejos, qué
establecer u n dilem a de hierro entre lo hacem os con la b asu ra, qué hacem os con
nacional y lo im portado si se puede gozar las las casa ru in o sas. ¿Los desperdiciam os?
dos cosas. La c u ltu ra de la im portación Tiene potencial el viejo funcionario, tiene
term ina m u chas veces por d arse la m ano potencial la b asu ra, tiene potencial el viejo
con la c u ltu ra del irse y ap u n ta, en m uchas Ford T, tiene potencial la casa antigua.
oportunidades, a la estética del sim ulacro. ¿Qué hacer con ellos? Los reciclam os. Y
La feria o festival de la comida que se realiza está bien que así sea pero no puede dejar de
en el Parque Rodó, los sh o w s y grafittis en observarse que el esfuerzo por reciclar
inglés, las decoraciones y arq u itectu ras son supone u n a postergación del fu tu ro y u n
m u ch as veces sim ulacros. La copia vale volver al pasado. Supone la necesaria y
tan to como la cosa. E s el aire de estos ju s ta revaloración de la tradición y del
tiem pos postm odernos y el fenómeno no es pasado pero supone tam bién retacearle
exclusivam ente uruguayo pero tam bién rubros a la dificultosa construcción del
indica u n a c u ltu ra que tiene su propio futuro.
universo simbólico. E s cierto tam bién que el En la caracterización de lo anterior
sincretism o cultural latinoam ericano se hay m ucho m ás de lo señalado; h ay ta m ­
articuló y se articu la sobre la importación. bién cierto em puje vehem ente que debería
Im portación m uchas veces caótica y decidi- se r tam izado y repensado o reform ulado.
dad por los im portadores m ás que por los Hay adem ás: an g u stia por u n país que
consum idores. Y es cierto que el sincretism o sigue a la deriva y que, como en el cuento de
d a como resultado u n a c u ltu ra diferente a la Quiroga, parece e s ta r dando vueltas sobre
im portada. Pero no es m enos cierto que la sí m ismo en u n riesgoso remolino. Y hay:
com unidad im aginada e im aginaria que conciencia de que la problem ática de las
produce y consum e u n a cu ltu ra de im porta­ cu ltu ra s uruguayas, y por-lo tan to de la
ción puede se r creativa o puede se r m era­ nación, necesita de u n exam en y sobre todo
m ente reproductora. En todo caso, en lugar de u n a acción que p u ed a d a r c u e n ta del
del todo lo podem os, esa c u ltu ra afirm a el presente y m uy especialm ente de ese siglo
com prem os todo lo que podam os lo que XXI que se nos sigue viniendo encim a ine­
realizado sin proyecto o salvajem ente puede xorablem ente.
no se r positivo.
Por últim o, la cu ltu ra del reciclaje
abarca, en algunos aspectos, tan to a la
cu ltu ra del h urg ad o r de b a s u ra como a la
cu ltu ra de alguna comisión de patrim onio M IIIRIRIA T M M I I R I A
que recicla ca sas y tugurios. Es, en definiti­
va y a la vez, la c u ltu ra de la pobreza y la
c u ltu ra de la recuperación de la memoria.
Es u n a c u ltu ra am bigua y am bivalente que
HUMECTO s . a .
tan to vuelve a trá s a los desechos de la
historia p ara “reciclarlos" como se vuelva
sobre los desechos del presente tam bién
p a ra “reciclarlos". Reciclar, la onda es reci­ MOKTEVK3EO:
clar. Se reciclan an tig u as ca sas p a ra resi­ ANDES, 1332-T E L 90 28 72
dencias de ancianos donde los uruguayos 18 DE JULIO, 1408 - TEL 98 72 60
de la tercera edad tienen que su b ir escaleras 18 DE JUDO, 1644 MS
y so rtear innum erables obstáculos propios
de viviendas que fueron p en sad as para
seres h u m an o s en la plenitud física. Se
recicla “C apítulo Oriental" escrito hacia PUNTADO. ESTE
finales de los sese n ta como si el conocim ien­ GALERIA SHOPPING CENTER
to sobre m uchos de los tem as no hubiera
crecido o mejorado. Se recicla porque no LOCAL 23
tenem os m edios para co n stru ir o crear
cosas nuevas. O peor, porque es m ás b a ra ­
Lasartes, la cultura,
el paísy el mundo, en

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[corresponsales y los protagonistas Benavides, Ornar Ryner García, Juan
Ique siempre han estado en PRI­ 'A rturo Grompone, Daniel Lillo, Hilia
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Pero ahora, con nuevas propuestas, con Sutz y Marcelo Viñar, entre otros nuevos
tiempo para hablar de deportes, medi­ protagonistas de PRIMERA FILA.
cina, televisión, libros, historia, espectá­ Contaremos con la especial partici­
culos, ciencia, tecnología, psicología, cien­ pación de CRISTINA MORAN. Y un
cias sociales, empresas o ecología. Con equipo periodístico de PRIMERA FI­
tiempo para hablar del futuro inme­ LA, integrado por Ana Pañela, Ana
diato del Uruguay, un tema de hoy, cuan­ María Mizrahi, Ib más Vera y Marga­
do estamos a sólo 10 años del siglo XXI. rita Larriera.
Compartiremos las mañanas con Rodrigo

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con ISMAEL BLANCO y DAINA RODRIGUEZ
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