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Díaz Trejo Angélica

Hernández Carrillo Mirna


Hernández Sánchez Nancy

“La Generación Espontánea”

Después del descubrimiento de van Leeuwenhoek del mundo anterirmente


“invisible” de los microorganismo, la comunidad científica de la época se interesó
en los orígenenes de estos seres vivos diminutos.

La idea fundamental de la generación espontanea puede ser comprendida


muy fácilmente. Si se deja a la intemperie comida durante cierto tiempo, esta se
pudre. Cuando este material putrefacto se observa al microscopio se encuentra
que esta lleno de bacterias. ¿De donde vienen esas bacterias, puesto que no se
observan en el alimento fresco?; algunas personas opinaban que procedían de
semillas o gérmenes que entraban a los alimentos provenientes del aire, mientras
que otras pensaban que se originaban espontáneamente.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX muchos científicos y filósofos creían
que algunas formas de vida podían originarse de forma espontánea a partir de la
materia inerte como se explicó con anterioridad y denominaban a este proceso
hipotético generación espontánea. No mucho más de 100 años atrás las
personas consideraban que los sapos, las serpientes y los ratones podían nacer
del suelo húmedo, que las moscas podían emerger del estiércol y que los
gusanos, las larvas de las moscas, podían originarse en los cadáveres en
descomposición.

La generación espontanea se refiere a que la vida puede originarse a partir


de algo inanimado y mucha gente no podía imaginarse como algo tan complejo
como una célula viva podía originarse espontáneamente de sustancias inertes.

Un oponente firme de la generación espontánea, el médico italiano


Francesco Redi, demostró en 1668 que los gusanos no surgían espontáneamente
de la carne en descomposición. Redi lleno dos frascos con carne descompuesta.
El primero quedó abierto; las moscas depositaron sus huevos en la carne y los
huevos se desarrollaron hasta convertirse en larvas. El segundo frasco quedó
sellado y como las moscas no podían depositar sus huevos en la carne, no
aparecieron gusanos. Sin embargo, los oponentes de Redi no se convencieron y
afirmaban que se necesitaba aire fresco para la generación espontánea. Por ende
Redi concibió un segundo experimento, en el que un frasco fue cubierto con una
red fina en lugar de quedar sellado. En este frasco cubierto con gasa no
aparecieron larvas a pesar de la presencia de aire. Los gusanos sólo aparecían
cuando se permitía que las moscas depositaran sus huevos en la carne.
Los resultados de los experimentos de Redi representaron un duro golpe
para los que habían sostenido durante tanto tiempo que las formas complejas de
vida podían originarse en los elementos inertes. Sin embargo, muchos científicos
seguían creyendo que organismos pequeños como los “animáculos” de van
Leeuwenoek eran lo bastante simples para ser generados por materiales inertes.

El caso de la generación espontánea de los microorganismos pareció


fortalecerse en 1745 cuando el inglés John Needham descubrió que aun después
de haber calentado líquidos nutritivos (caldo de pollo y caldo de cereales) antes de
verterlos en frascos cubiertos las soluciones enfriadas eran rápidamente invadidas
por microorganismos. Needham afirmó que los microbios se desarrollaban
espontáneamente de los líquidos. Veinte años después Lazzaro Spallanzani, un
científico italiano, sugirió la probabilidad de que los microorganismos del aire
hubieran ingresado en las soluciones de Needham después de que fueran
hervidas. Spallanzani demostró que en los líquidos nutritivos calentados después
de haber sellado el frasco no se producía crecimiento microbiano alguno.
Needham respondió que la “fuerza vital” necesaria para la generación espontánea
había sido destruida por el calor y mantenida fuera de los frascos por el sellado.

A esta intangible “fuerza vital” se le otorgó más credibilidad poco después


del experimento de Spallanzani, cuando Anton Laurent Lavoisier demostró la
importancia del oxígeno para la vida. Las observaciones de Spallanzani recibieron
críticas basadas en que en los frascos sellados no había suficiente oxígeno como
para favorecer la vida microbiana.

El problema seguía sin resolver en 1858, año en que el científico alemán


Rudolf Virchow desafió la generación espontánea con el concepto de biogénesis,
la afirmación de que las células vivas sólo podían surgir de células vivas
preexistentes. Las controversias acerca de la generación espontánea continuaron
hasta 1861, cuando el problema fue resuelto por el químico francés Luis Pasteur,
cuyos trabajos acerca de este problema fueron de lo más precisos y convincentes.
Demostró que había estructuras presentes en el aire que recordaban a los
microorganismos que estaban en la sustancia putrefactas. Esto lo efectuó
haciendo pasar aire a través de filtros de proxilina en cuyas fibras se detenían las
partículas solidas.

Al disolverse la proxilina en una mezcla de alcohol y éter las partículas que


estaban atrapadas precipitaban al fondo del liquido y podrían ser analizadas en
una preparación microscópica. Pasteur descubrió que en el aire ordinario
estaban presentes constantemente varias estructuras sólidas. Muchas de estas
estructuras recordaban a las esporas de los mohos comunes, los quistes de los
protozoarios y otros tipos de células microbianas. Pasteur concluyó que los
organismos que se encontraban en las sustancias descompuestas se originaban
de los cuerpos organizados presentes en el aire. Postuló entonces que estos
cuerpos estaban depositándose constantemente sobre todos los objetos y sus
conclusiones fueron correctas, a saber, que si la comida era tratada para destruir a
todos los organismos vivos que la estaban contaminando no habría putrefacción.

Pasteur empleo el calor para eliminar los contaminantes puesto que ya se


sabia que el calor destruía los organismos vivos. Los que apoyaban la generación
espontanea criticaban tales experimentos, declarando que el aire fresco era
necesario para la generación espontanea y dentro de un frasco sellado era
modificado de alguna manera por el calentamiento, de modo que ya no era capaz
de producir la generación espontánea. Pasteur resolvió esta objeción de una
manera simple y brillante, construyo un frasco con la boca en forma de cuello de
cisne, que este en la actualidad recibe el nombre de “matraz de pasteur”. En tales
recipientes las sustancias en putrefacción podían ser calentadas hasta la
ebullición y después de que se enfriaban podía entrar el aire nuevamente, aunque
las curvas en el cuello evitaban que pudieran penetrar hacia el interior algunas
partículas como bacterias u otros microorganismos. Las sustancias utilizadas en
aquel matraz no se descomponían y ningún microorganismo aparecía, siempre y
cuando el cuello del frasco permaneciera intacto, incluso después de meses. Si
era roto se representaba la putrefacción y el líquido rápidamente se llenaba de
organismos vivos. Este experimento tan simple sirvió para terminar con la
controversia que rodeaba a la teoría de la generación espontanea.

Pasteur demostró que los microorganismos pueden estar presentes en la


materia inerte, en sólidos, en líquidos y en el aire. Además demostró de modo
concluyente que la vida microbiana puede ser destruida por el calor y que pueden
idearse métodos para bloquear el acceso de microorganismos transmitidos por el
aire a medios nutritivos. Estos descubrimientos constituyen la base de las técnicas
asépticas, técnicas que impiden la contaminación por microorganismos no
deseados y que en la actualidad representan el fundamento de la práctica habitual
en el laboratorio y de muchos procedimientos médicos. Las técnicas asépticas
modernas figuran entre los pirmeros y más importantes métodos que aprende un
microbiólogo principiante.

La investigación de Pasteur proporcionó evidencias de que los


microorganismos no pueden originarse en fuerzas subyacentes a los materiales
inertes. En cambio, toda aparición de vida “espontánea” en soluciones inertes
puede atribuirse a microorganismos que ya estaban presentes en el aire o en los
líquidos mismos. En la actualidad los científicos consideran que es probable que
haya existido una forma de generación espontánea en la Tierra primitiva cuando
comenzó la vida, pero coinciden en que esto no sucede en las condiciones
actuales.

Experimento de Pasteur que refuta la


teoría de la generación espontánea.

a) Pasteur virtió caldo de carne en un matraz de cuello largo. A continuación calentó el cuello del matraz y lo dobló
en forma de S; después hirvió el caldo durante varios minutos.
b) En la solución enfriada no aparecían microorganismos, ni siquiera después de periodos prolongados.
c) Cuando el matraz era ladeado, los microorganismos se presentaban por tiempos cortos, ya que el polvo con
microorganismos presentes contactaba con el líquido estéril.

Bibliografía:

• Gerard J. Tortora; Berdell R. Funke; Christine L. Case “Introducción a la


Microbiología” 9a ed.- Buenos Aires: Médica Panamericana, 2007. Páginas:
7-9.

• Thomas D. Brock “MICROBIOLOGIA” 4a ed.- edición: Prentice-Hall,


páginas: 6-9.