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HACIA EL PERFECCIONAMIENTO DE LOS SANTOS.

Los santos deben ser perfeccionados para la Obra del ministerio y para la
edificación del cuerpo de Cristo. Esta verdad tan claramente expresada en Ef.
4:12 quiere decir que, tanto la tarea del servicio como la edificación del
cuerpo de Cristo, deben ser llevadas a cabo por todos los santos, y no
solamente por los ministros de la Palabra.
Esta acción de los santos comprende todas las áreas de la vida de la iglesia y,
por tanto, también la reunión de la iglesia. Ahora bien, a la luz del N.T.
podemos establecer que la iglesia se reunía, a lo menos, en dos formas
distintas. En la primera de ellas, la reunión tenía el sello de la “mutualidad” y,
por esta razón, podemos denominarla reunión de la iglesia propiamente tal. En
la otra, la iglesia participaba fundamentalmente como una audiencia frente a
un expositor; en nuestro caso, frente a un predicador. Esta reunión podemos
describirla diciendo que era de corte más apostólico.
Ejemplo de estas reuniones tipo conferencia son las predicaciones de Pedro en
el día de Pentecostés (Hch. 2:14), en el Pórtico de Salomón (Hch. 3:12) y en la
casa de Cornelio (Hch. 10:34). Las reuniones eran realizadas tanto para
incrédulos como para creyentes (Hch. 5:20,21,42; 2:46; 5:12). Otro ejemplo
de una reunión de este tipo realizada en medio de creyentes es Hechos 20:7:
“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan,
Pablo que tenía que salir al día siguiente, les enseñaba, y alargó el discurso
hasta la medianoche”
En rigor, esta reunión era originalmente para ser llevada a cabo por toda la
iglesia. Era la reunión para partir el pan. Pero como estaba presente Pablo y
tenía que marcharse al otro día, la reunión se transformó –por esta razón- en
una de tipo apostólico. De hecho, como la reunión fue interrumpida por el
accidente que sufrió Eutico, se aprovechó de celebrar la Cena del Señor y
después Pablo continuó hablando hasta el alba. En resumen, aquí tenemos los
dos tipos de reuniones juntas.
En cambio, las reuniones de la iglesia propiamente tal, vale decir, aquellas
realizadas por los santos, siguen el principio de 1 de Corintios 14:26...
“Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene
lengua, tiene revelación, tiene interpretación”
¿Te das cuenta? Aquí cada uno contribuye con su parte. Esto no significa que
todos tengan que hablar, pero potencialmente, todos lo pueden hacer. El
Espíritu Santo será el que determinará quien lo haga esta vez y quien lo hará la
siguiente vez. En esta clase de reunión se cumple lo que dice Hebreos 10:25:
“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino
exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”.
La expresión “exhortándonos” quiere decir “exhortándonos unos a otros”.
Por lo tanto, es nuestra intención que en lo sucesivo –mientras los santos van
siendo perfeccionados- se vayan perfilando poco a poco estos dos tipos de
reuniones entre nosotros. De esta manera los santos también realizarán -en
medio de las reuniones- parte de la edificación del cuerpo de Cristo. Amén.