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SEMANA DE GEOMÁTICA - 2005

Agosto 8 al 13 de 2005
Bogotá D. C., Colombia

SIG en el Contexto de la Geografía


Angel Massiris Cabeza
Docente Centro de Investigación y Desarrollo, CIAF – IGAC
Bogota, Colombia - massiris@yahoo.com

Resumen
En el presente artículo se realiza un examen de los sistemas de información geográfica en el contexto de la teoría
y práctica de la geografía. Se busca establecer las bondades, limitaciones y desafíos de los SIG frente a la
investigación geográfica, considerando la conceptualización del espacio, naturaleza de los hechos geográficos, las
nuevas teorías que hoy plantean nuevas explicacioes a la realidad social, natural y espacial y la nueva concepción
de la cartografía. Palabras clave: Sistemas de información geográfica, teoría geográfica, espacio, cartografía.

Abstract

On the present an assess of the systems of geographical information is carried out in the context of the theory and
practice of geography. It is looked to establish the kindness, limitations and challenges of SIG in front of the
geographical investigation, considering the conceptualization of the space, nature of geographical facts, the new
theories that today outlines new explications to social, natural and space reality and the new conception of
cartography. Words key: Systems of geographical information, geographical theory, space, cartography.

1. Introducción
La geografía como disciplina científica concentra sus esfuerzos en el estudio de las manifestaciones espaciales o
espacialidad de los fenómenos tanto naturales como sociales. Dicha espacialidad se examina a partir del estudio
de la distribución y variaciones de los fenómenos en el espacio, los cambios espacio-temporales, las relaciones y
vínculos espaciales (estructuras espaciales), las formas de organización espacial de los territorios y regiones,
entre otros.

Este carácter de la geografía hace del análisis y la síntesis espacial procedimientos centrales en los procesos de
investigación, utilizados en los estudios regionales, físico-espaciales, socio-espaciales y espacio-temporales.
Todos ellos entendidos desde diversos enfoques que corresponden a diversas concepciones filosóficas que han
influido en la historia del pensamiento geográfico. Cabe mencionar el enfoque geocientífico, idiográfico-regional,
el nomotético-espacial (cuantitativo), el enfoque crítico y el humanista.

En los procesos de análisis y síntesis espacial, la geografía hace uso de técnicas y herramientas de investigación
tales como la cartografía, la interpretación de imágenes de percepción remota, técnicas de cuantificación y
sistemas de información geográfica (SIG), entre otras. Existe, en este sentido, un vínculo muy estrecho entre la
ciencia geográfica y los SIG, vínculo que hay que entender en doble vía. La geografía como disciplina científica
desarrolla teorías, conceptos y conocimientos básicos y aplicados a la solución de problemas de la naturaleza, de

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la sociedad y de los vínculos existentes entre ambos campos de la realidad; que dan sentido a los SIG. Éstos, por
su parte, facilitan a los geógrafos la realización de procesos complejos de análisis y síntesis de datos tanto
estructural como espacial con rapidez, rigor y precisión.

En este contexto, la importancia de los SIG no está determinada por su desarrollo tecnológico intrínseco y sus
opciones para la presentación dinámica de mapas y tablas, sino en su capacidad para ayudar a encontrar
respuestas y soluciones a los problemas acuciantes de la sociedad y la naturaleza, los territorios y las regiones. De
este modo, es imprescindible una sinergia entre el conocimiento, la filosofía y los métodos ligados a un campo
del saber, en este caso la geografía, y el dominio de todas las posibilidades que ofrecen las herramientas de
manejo de datos, en este caso los SIG.

En el presente artículo se pretende documentar tres proposiciones: Primera: Que por un lado la teoría geográfica
da mayor sentido al análisis espacial realizado con apoyo de sistemas de información geográfica y dota al experto
en SIG de elementos de interpretación científica de los datos e información obtenidos y, por el otro, los SIG
constituyen una poderosa herramienta de apoyo al análisis y síntesis geográfica y a la realización de complejas
operaciones con datos espaciales que antes eran imposibles de realizar por parte de los geógrafos. Segunda: Que
las bondades de los SIG tienen un alcance limitado para los geógrafos relacionado con la expresión geométrica de
realidades geográficas complejas, dinámicas y diversas. Tercera: Que los SIG enfrentan hoy grandes desafíos,
relativos a las respuestas instrumentales y operativas a las nuevas teorías científicas que están generando nuevos
conceptos y nuevas explicaciones de la realidad y una nueva concepción de la cartografía.

Para lograrlo se desarrollan algunos fundamentos teóricos de la geografía y su relación con los sistemas de
información geográfica. Específicamente se examina interpretación filosófica y geográfica del espacio, la
naturaleza de los hechos geográficos y de los datos utilizados por los sistemas de información geográfica
señalando sus puntos de encuentro y desencuentros y, finalmente, los desafíos que los SIG tienen frente a los
avances científicos y tecnológicos de la geografía y la cartografía hoy.

2. Aproximación Física y Geográfica al Concepto de Espacio

Lo planteado antes pone en evidencia la existencia de una concepto que liga a la geografía y los sistemas de
información geográfica: el concepto de espacio. La geografía es la ciencia de la espacialidad de los fenómenos.
Los SIG producen, procesan y organizan datos e información espacial. En este contexto, es importante iniciar la
demostración planteada arriba haciendo una breve revisión de este concepto.

2.1. Aproximación física

El punto de partida de la conceptualización del espacio lo constituye el concepto proveniente de los físicos para
quienes el espacio al igual que el tiempo son formas de existencia de la materia, mutuamente inseparables. El
espacio expresa el orden de distribución de los objetos que coexisten simultáneamente (sincronía). El tiempo
expresa la consecutividad de los fenómenos que se sustituyen unos a otros (diacronía). La esencia de ambos es el
movimiento, de modo que entre tiempo y espacio existe una circularidad causal mediada por el movimiento de
los objetos, a partir de la cual se puede hablar de la temporalidad del espacio y de la espacialidad del tiempo. El
tiempo es, entonces, espacio en movimiento y el espacio es tiempo relativamente estable. A partir de esta
aproximación surge el concepto de espacio relativo que se contrapone al de espacio absoluto, ambos presentes en
las distintas escuelas de pensamiento geográfico. A continuación se examinan las escuelas más destacadas en este
sentido.

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2.2. Aproximación geográfica

El espacio ha sido concebido de diversas maneras entre los geógrafos. Existen al menos cuatro concepciones
correspondientes a sendas escuelas de pensamiento: la geografía tradicional, la geografía teórica, la geografía
crítica y la humanista.

Entre los geógrafos que podríamos denominar tradicionales1 se han dado diversas interpretaciones del espacio,
asociadas a distintas posturas filosóficas que han influido en el pensamiento geográfico. Como resultado,
surgieron conceptos como los de paisaje, región natural, paisaje cultural, género de vida y diferenciación areal,
ligadas a corrientes deterministas, posibilistas, culturales y regionales. Sin embargo, como lo considera Lobato
(1998: 23) el espacio no constituye un concepto clave en estas concepciones, el cual sólo está presente en las
obras de Ratzel (Antropogeografía) y de modo implícito en Hartshorne.

De acuerdo con A. Moraes (citado por Lobato, 1998) el espacio en Ratzel es visto como base indispensable para la
vida del hombre. En tal sentido, el dominio del espacio se transforma en elemento crucial en la historia del hombre.
Esta concepción de Ratzel se concreta en dos conceptos fundamentales con fuerte contenido ecológico: territorio y
espacio vital. El territorio es visto por Ratzel como apropiación del espacio por un determinado grupo. Es decir, el
espacio se transforma, a través de la política, en territorio. El espacio vital, por su parte, expresa las necesidades
territoriales de una sociedad en función de su desenvolvimiento tecnológico, de su tamaño de población y de sus
recursos naturales. La preservación y ampliación del espacio vital se convierte, en el pensamiento ratzeliano en la
razón de ser del Estado (Moraes, 1990, citado por Lobato, 1998:23).

En cuanto a la visión hartshorniana, el espacio está dotado de una serie de propiedades específicas, independiente de
los fenómenos. Se trata de un espacio absoluto que aparece como un receptáculo que contiene a las cosas. Es común
en Hartshorne referirse al espacio en términos de área, la cual establece relación con los fenómenos que contiene.
Influido por la visión idiográfica o corológica, Hartshorne define cada área como una peculiar combinación de
elementos físicos y humanos que han sido modelados históricamente y que están dotados de ciertos atributos (tamaño,
fisonomía, estructura, cultura), que le otorgan una personalidad propia y diferenciada. Junto a los atributos puramente
materiales, se señala la existencia de una comunidad cultural, de un sentimiento colectivo de pertenencia, que vincula
a los hombres entre sí y con el territorio que habitan.

Bajo la influencia de las ideas neopositivista, aparece en los años 50 la denominada “Revolución teórica” o
“cuantitativa” de la geografía que se expresa en la denominada “Nueva Geografía”, “Geografía Científica” o
“Geografía Teórica”. El principal gestor de esta “Nueva Geografía” fue Fred Schaefer quien criticó la concepción
corológica e idiográfica promovida por los geógrafos regionales clásicos (visión hartshorniana). Para Schaefer, la
visión idiográfica que centra su esfuerzo en la descripción de áreas excepcionales o únicas, elimina el contenido
científico de esta disciplina, pues, impide formular leyes y principios que, según él, es el único objetivo de la
ciencia. De esta manera, Schaefer promulga la Nueva Geografía, la cual en concordancia con el modelo científico
neopositivista, enfatiza en los problemas espaciales de los fenómenos físicos y humanos, adopta el método
hipotético-deductivo e intenta formular leyes. El método adoptado sigue el camino de lo general a lo particular
apoyado en problemas, modelos, hipótesis y técnicas de análisis matemático.

En el contexto de la “Nueva Geografía” el espacio se considera bajo dos formas no excluyentes: por un lado la
noción de planicie isotrópica y por el otro su representación matricial. En la planicie isotrópica se hace abstracción

1
Se entiende aquí como geografía tradicional el conjunto de corrientes que caracterizó a la geografía en el período
comprendido entre 1870 cuando, aproximadamente, se institucionalizó la geografía hasta 1950 cuando se surgió la revolución
teórico-cuantitativa.

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de la realidad para establecer unas condiciones físicas y socioeconómicas en términos de homogeneidad o


uniformidad, en las cuales existe una racionalidad económica fundada en la minimización de los costos y la
maximización de las ganancias. La circulación en esta planicie es posible en todas las direcciones y la distancia es la
variable más importante, la que determina la diferenciación espacial. Fue bajo esta concepción que surgieron
diversos modelos explicativos de la organización del espacio entre las que se destacan los anillos concéntricos en el
uso de la tierra de von Thünen, las jerarquías de los lugares centrales de Christaller, la teoría de la localización
industrial de Weber, el esquema centro periferia de los economistas espaciales, así como la teoría de valor–utilidad y
la ley de rendimientos decrecientes de los economistas neoclásicos (Lobato, 1998:26).

En esencia, se trata de un espacio relativo, tal como lo señalaba David Harvey en 1969, entendido a partir de las
relaciones entre los objetos, relaciones que implican costos (en dinero, tiempo, energía) para vencer la fricción
impuesta por la distancia. Dentro de este contexto la geografía se convierte en una ciencia espacial, en la cual tanto
ríos como lugares centrales podrían examinarse con un mismo método y un mismo lenguaje: el lenguaje de la
geometría como lo postulara Harvey en su “Explanation in Geography” (Lobato, 1998:26).

En la década de años setenta surge la denominada geografía crítica como reacción tanto a la geografía tradicional
como a la geografía teórica. Su fundamento teórico proviene del materialismo histórico y la dialéctica. Es Henri
Lefebvre quien comienza la elaboración del concepto marxista de espacio. Para Lefebvre (1976:25) el espacio
“desempeña un papel o una función decisiva, en la estructuración de una totalidad, de una lógica, de un sistema”. En
este contexto, el espacio no constituye un espacio absoluto, sino un espacio social, el cual, según Lefebvre (1974;
citado por Ortega, 2000:360), no responde a las condiciones naturales, ni a la historia o cultura presente en un lugar,
sino que es el resultado de un proceso ligado al desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de
producción.

Los planteamientos de Lefebvre fueron adoptados y desarrollados en la vasta obra de Milton Santos, para quien no es
posible concebir determinada formación socioeconómica sin recurrir al espacio, pues tanto el modo de producción,
como la formación socioeconómica y el espacio son categorías interdependientes. Textualmente afirma “Los modos
de producción se convierten en concretos en una base territorial históricamente determinada...las formas espaciales
constituyen un lenguaje de los modos de producción” (Santos, 1977:5, citado por Lobato, 1998:30). De aquí surge el
concepto de formación socioespacial o formación espacial, mediante el cual se explica teóricamente que la sociedad
sólo se concreta a través del espacio que produce y el espacio sólo es inteligible a través de la sociedad (Lobato,
1998:30).

Para Santos (1984; citado por Méndez, 1988:13), “el espacio debe considerarse como un conjunto indisociable en el
que participan, por un lado, cierta combinación de objetos geográficos, objetos naturales y objetos sociales y, por el
otro, la vida que los colma y anima, es decir, la sociedad en movimiento. El contenido (la sociedad) no es
independiente de las formas (los objetos geográficos), y cada forma encierra una fracción de contenido. El espacio,
por consiguiente, es un conjunto de formas, cada una de las cuales contiene fracciones de la sociedad en
movimiento”.

En su concepción, Milton Santos establece una diferencia entre las formas espaciales y el espacio. Las formas las
asume como paisajes que son animados por el hombre, dándoles un contenido, una vida. En este contexto, una
casa vacía o un terreno baldío, un lago, una selva, una montaña en cuanto formas no constituyen un espacio, pues
le falta su contenido social. Se vuelve espacio porque es forma-contenido. “La sociedad se geografiza a través de
esas formas, atribuyéndoles una función que, a lo largo de la historia, va cambiando. El espacio es la síntesis,
siempre provisional, entre el contenido social y las formas espaciales...Cuando la sociedad actúa sobre el espacio,
no lo hace como realidad física, sino como realidad social, es decir, como objetos sociales ya valorizados a los
cuales la sociedad busca ofrecer o imponer un nuevo valor” (Santos, 2000:91).

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David Harvey sistematiza los planteamientos de Lefebvre en su obra The Limits to Capital de 1982. En dicha
obra esta autor integra la producción del espacio con el proceso de producción social. En la interpretación que de
esta obra hace Ortega (2000:362-363), el espacio aparece como un capital fijo vinculado al proceso de
producción, afectado tanto por las inversiones de capital como por la circulación de los mismos. Dicho capital
fijo se corresponde con el espacio inmobiliario que agrupa desde propietarios del suelo, rentistas y promotores
que participan de la renta del suelo, hasta constructores que obtienen beneficios empresariales y financieros. La
renta del suelo constituye el componente que dirige al capital y al trabajo, modelando la división geográfica del
trabajo y la organización espacial de la reproducción social. En consecuencia, la dinámica de concentración,
polarización y diferenciación espacial, a diversas escalas, se inserta en la propia dinámica de los procesos de
reproducción social del capitalismo. Más recientemente Harvey profundiza en este tema en su libro The Condition of
Postmodernity, en el cual sustenta entre otros, la conexión existente entre las prácticas espaciales y temporales con la
estructura social, a partir de la cual el tiempo y el espacio se definen a través de la organización de prácticas sociales,
generalmente conflictivas y cambiantes (Harvey, 1990).

Simultáneo a la aparición de la geografía crítica surge en los años setenta la denominada geografía humanista, cuyos
fundamentos provienen de la fenomenología y el existencialismo. La geografía humanista, contrario a la objetividad
de las concepciones críticas y teórico-cuantitativas, privilegia la subjetividad, la intuición, los sentimientos, la
experiencia y el simbolismo o significado. En lugar de buscar explicaciones intenta comprender el mundo real. El
lugar se constituye en el concepto clave y el espacio adquiere el significado de espacio vivido (Capel, 1981;
Estébanez, 1990; Lobato, 1998).

El espacio geográfico visto desde la geografía humanista es entendido como sentimientos espaciales, como la
percepción que las personas y grupos tienen del mismo a partir de la experiencia. Yi Fu Tuan, uno de los principales
exponentes de estas ideas, plantea que existen distintos tipos de espacio: el espacio personal, el espacio grupal y el
espacio mítico conceptual, este último no ligado a la experiencia. El lugar lo entiende a partir de sus significados,
textualmente afirma que “los monumentos, obras de arte, ciudades o naciones son lugares, porque organizan el
espacio y constituyen centros con significación” (Tuan, 1978: 213; citado por Estébanez, 1990:127). En esta misma
dirección, Relph (1980; citado por Estébanez, 1990: 127) afirma que el lugar puede entenderse como “focos con
significación o intenciones, determinados cultural o individualmente”.

Una idea compartida por los geógrafos humanistas (Tuan, Relph, Buttimer) es la de desatacar la importancia de los
lazos que unen el hombre al lugar. Creen que cuando son sólidos y afectivos confieren al grupo una cierta estabilidad,
lo que no ocurre en los “no-lugares”, asociados a la tendencia tecnológica actual que lleva a un ordenamiento
territorial que configura un paisaje uniforme, despersonalizado y sin carácter, lo cual produce fuertes tensiones
especialmente en la población urbana (Estébanez, 1990: 127).

Las relaciones tanto positivas como negativas que establecen los hombres con los lugares a partir de sus lazos
afectivos llevan a Yi Fu Tuan a considerar diversos tipos de lazos: llama topofilia al sentimiento placentero frente
al lugar, topolatría cuando el lugar despierta un sentimiento reverencial y mítico, topofobia cuando produce
miedo. Entre la topofilia y la topofobia puede presentarse la toponegligencia o tendencia a perder el sentido del
lugar (Estébanez, 1990: 127).

3. Naturaleza de los Hechos Geográficos

La diversidad de concepciones del espacio manifiestos en el apartado anterior dejan ver cierta complejidad para
la comprensión e interpretación de los datos espaciales manejados por los sistemas de información geográfica. Es
indudable que detrás de las líneas, puntos y polígonos que sirven de base al análisis espacial, así como los datos

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alfanuméricos mediante los cuales se expresan los atributos de los objetos espaciales, existen fenómenos y
situaciones que deben ser interpretadas a la luz de ciertos conceptos, principios, teorías y leyes. Los hechos
geográficos son, en este sentido, mucho más que líneas, puntos y polígonas, son realidades complejas y
dinámicas que se manifiestan como espacios (lugar, región, territorio, cuenca hídrica, unidad de paisaje, ciudad,
vereda, barrio, finca) o como elementos naturales o sociales (río, carretera, viviendas, suelo, clima) vistos en su
espacialidad, es decir en su morfología, relaciones y dinamismo espacio-temporal.

Los espacios geográficos presentan un mayor o menor grado de complejidad, dinamismo y diversidad, en
función del número y tipo de elementos que interactúan en la determinación de las estructuras espaciales.

La complejidad y dinamismo se puede entender mejor en el contexto de la interacción sociedad-naturaleza, la


cual parte del reconocimiento de la existencia de elementos, estructuras y procesos naturales y sociales que se
interpenetran generando diversos tipos de estructuras espaciales (Ver Figura 1). Tanto los elementos como las
estructuras y procesos mencionados hay que entenderlos como algo más que simples atributos u objetos
geográficos; son ante todo, fuerzas naturales y fuerzas sociales constructuras de espacio. A diferencia de los
planteamientos de los geógrafos críticos, aquí no cabe el determinismo económico y tecnológico que subvalora la
capacidad de las fuerzas naturales para configurar el espacio geográfico, lo cual es evidente tanto en Lefebvre
como en Milton Santos para quienes las condiciones naturales son un elemento pasivo en tal producción, subordinado
al poder constructor y transformador de las fuerzas productivas, en especial las técnicas, y las relaciones sociales de
producción.

Figura 1. COMPLEJIDAD Y DINAMISMO DEL ESPACIO GEOGRÁ


GEOGRÁFICO

ESPACIO GEOGRÁFICO
ELEMENTOS, ESTRUCTURAS ELEMENTOS, ESTRUCTURAS
Y PROCESOS NATURALES Y PROCESOS SOCIALES
Asociados a cualidades Asociados a características
geológicas, hidrogeológicas, geodemográficas, políticas,
geomorfológicas, climáticas, culturales, productivas, de
hidroclimáticas, pedológicos vivienda, infraestructura,
y biogeográficos servicios y de organización
funcional del espacio
FUERZAS FUERZAS
NATURALES SOCIALES
CONTEXTO HISTORICO
PROCESOS GLOBALES

ORGANIZACIÓN DEL ESPACIO


Estructuras espaciales ordenadas:
localizadas, interrelacionadas
funcionalmente y jerarquizadas

ESCALAS ESPACIALES

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Si bien a cada modo de producción le corresponden unas formas socioespaciales o espacio social determinado,
este espacio está condicionado, en mayor o menor medida, por los atributos naturales inherentes al espacio
geográfico. Atributos que en función de la correlación de fuerzas existentes entre la sociedad y la naturaleza
pueden también explicar ciertas formas socioespaciales. Es indudable, en este sentido, que los patrones de
distribución espacial de la población no son iguales en espacios con topografía plana que en espacios con
topografía montañosa.

En esta dirección, Méndez (1988:12-13) considera que el espacio geográfico, entendido como espacio social,
aparece siempre ordenado, organizado por unos agentes concretos en función de unos intereses y unos valores
también objetivables, dentro de las limitaciones impuestas por los condicionantes naturales y las fuerzas
materiales disponibles. Las condiciones ecológicas o el espacio natural constituyen una materia prima que ofrece
una resistencia y unas posibilidades variables a la ocupación y la explotación humanas, sobre las cuales actúa la
sociedad para lograr sus objetivos.

Por su parte, Arrieta (1982: 19) considera que las condiciones naturales explican, en muchos casos, la utilización
de ciertos instrumentos de trabajo y ayudan a entender por qué en un período histórico determinado, es posible o
no, en un lugar específico (especialmente en los países periféricos) elevar la composición orgánica de capital.
Pone como ejemplo, el hecho de que la maquinaria agrícola tiene un uso y un rendimiento diferencial de acuerdo
al ángulo de pendiente de los terrenos agrícolas que pone al empresario a dudar de su utilización en algunos
casos. De la misma manera, según el autor en comento, los soportes físicos permiten o no la realización del
capital en uno u otro sector de la economía de acuerdo a los cálculos de rentabilidad, lo que lleva a un desarrollo
diferenciado del espacio.

A lo anterior, cabe agregar que la naturaleza no sólo constituye una fuente de recursos y un elemento
condicionador de la organización espacial, sino que también es una fuerza constructora y destructora del mismo,
que no se debe desdeñar en la producción social de espacio. Dicha fuerza es evidente en los movimientos
sísmicos, erupciones volcánicas, movimientos de masa, inundaciones, movimientos atmosféricos (huracanes,
tornados, etc.), entre otros, capaces de modificar los espacios sociales existentes y condicionar la ocupación
humana. Cuando tales fuerzas se manifiestan con intensidad no hay poder humano capaz de controlarla,
quedando al hombre, la única opción de rezar, ponerse a salvo y reconstruir el espacio afectado2.

En tiempos geológicos, ha sido la naturaleza la creadora de las formas espaciales que antecedieron a la aparición
del hombre y de la sociedad y, si bien el hombre poco a poco ha ido adquiriendo poder constructor y destructor
del espacio geográfico, este poder lo ha tenido la naturaleza siempre. El desarrollo tecnológico y social no
elimina la vulnerabilidad del ser humano y de sus creaciones frente a las fuerzas naturales.

Es evidente, entonces, que en la producción de espacio que realiza la sociedad, aunque domina el carácter social
que es evidente en el tiempo histórico, este carácter es relativo en el tiempo geológico, donde las fuerzas
naturales transforman las formas espaciales y definen nuevas configuraciones geográficas para la acción social.
Aún en el corto tiempo de existencia de una generación es posible observar los cambios espaciales que produce la
naturaleza. En 1985, los colombianos contemplamos asombrados la desaparición de a ciudad de Armero con sus

2
Un terremoto grado 8 causó la muerte a 750.000 personas en Tangshan, China, en 1976. La explosión del volcán Krakatoa
en 1883 proyectó cenizas que llegaron hasta los 80 km de altura. Éstas rodearon el planeta en el plazo de dos semanas,
produciendo una reducción en la energía solar que llegaba a la Tierra y ocasos espectaculares durante varios años. Un huracán
tropical causó la muerte a 500.000 personas en Bangladesh en 1970, mientras que el desbordamiento del río Yang-tsê, en
China, tras una serie de tifones, produjo entre 40 y 50 millones de muertos a mediados del siglo XIX ("Desastres naturales."
Enciclopedia® Microsoft® Encarta 2001).

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25.000 habitantes, sepultada por una avalancha asociada a la actividad del Volcán Nevado del Ruiz. Para los
pobladores de Centroamérica y de la península de Yucatán no es necesario ser muy explícitos para que
comprendan la incidencia de las fuerzas naturales sobre el espacio. Todos los años viven experiencias de
huracanes devastadores, situación que ha hecho considerar en su visión del ordenamiento territorial tales
fenómenos.

Mientras que en el pasado algunas corrientes del pensamiento geográfico sobrevaloraban las fuerzas naturales en
la explicación de las diferencias espaciales (determinismo geográfico), en el pensamiento de los geógrafos
críticos es clara la sobrevaloración las fuerzas sociales en la explicación de las formas socioespaciales, lo que
manifiesta otra forma de determinismo: el técnico-científico, que es evidente en el pensamiento de Santos
(Delgado, 2001:56). La apropiación social de la naturaleza (natural) no significa el dominio sobre la misma, ni
mucho menos la desaparición de su poder.

Una explicación más apropiada es la consideración de la relación dialéctica que existe entre las fuerzas sociales y
las naturales. En esta dirección, Coraggio (1979: 2) desde hace dos décadas, consideraba que en el espacio social,
la naturaleza y la sociedad no son solamente dos entidades que interactúan, sino que se articulan en un complejo
social en el que se conjugan tanto categorías sociales como categorías naturales, ya que estas últimas constituyen
una condición de existencia del todo social.

Coraggio ve entre la sociedad y la naturaleza una relación dialéctica. Textualmente afirma, “tanto las relaciones
como los procesos sociales se realizan por medio de entes que tienen un sustrato físico y biológico, y cuando se
alude a formaciones sociales concretas nos estamos refiriendo a complejos estratificados de naturaleza social y
también natural que tienen su propia espacialidad que es indirecta en lo que a lo social se refiere porque está
mediado por los soportes físicos correspondientes” (Coraggio, 1979:6). Más adelante afirma que la espacialidad
social no puede ser reducida a la espacialidad física, pero tampoco puede pretenderse que sea puramente social,
sin complicaciones con determinaciones naturales (Coraggio, 1979:8).

Omar Arrieta retoma estos planteamientos teóricos para elaborar su concepción del espacio geográfico. Para este
autor el espacio geográfico es el “resultado de las formas particulares que adquiere el movimiento de los
fenómenos sociales pero incluidos los soportes físicos en que los primeros se desarrollan. Este espacio geográfico
es concreto porque se plasma en las dimensiones que adquieren las relaciones sociales de producción” (Arrieta,
1982:18).

En esta misma dirección, Méndez (1988) concibe el espacio geográfico como un espacio humanizado, concreto,
relacional; resultado de las formas del movimiento de los fenómenos sociales incluidos los soportes físicos en que
se desarrollan. Tal espacio, plantea Méndez, constituye un conjunto articulado de elementos biofísicos,
socioeconómicos, técnicos, culturales y político-administrativos, ordenados, es decir, sometidos a una cierta
lógica en su distribución y organización e interrelacionados entre sí, funcionalmente, a diversas escalas
jerarquizadas, que formalizan unas determinadas estructuras o formas socio espaciales cambiantes en el tiempo.

En cuanto a la diversidad del espacio geográfico, como resultado de la interacción de las fuerzas sociales y
naturales es posible diferenciarlo en espacios naturales primigenios, espacios naturales poco transformados,
espacios sociales marginados y espacios sociales altamente transformados, entre cuyas categorías pueden existir
innumerables formas.

Los espacios naturales primigenios son espacios inexplorados o poco conocidos, marginados de la actividad
productiva y cuya organización es determinada por factores físico-bióticos, entre éstos pueden mencionarse
algunas selvas, fondos marinos, casquetes polares, áreas de ultramar, áreas insulares, espacio aéreo. Los espacios
naturales poco transformados carecen de población estable y se encuentran débilmente articulados a los

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procesos productivos, su organización es determinada por factores naturales, aunque se manifiestan en éstos
influencias sociales indirectas, se mencionan aquí algunas selvas, áreas pantanosas, desiertos, zona de navegación
marítima, y la órbita geoestacionaria. Los espacios sociales marginales están habitados por grupos humanos
estables pero escasos y marginados, su organización es resultado de la acción humana, aunque conservan muchos
vestigios naturales; pueden incluirse aquí las áreas campesinas marginales, zonas de colonización, áreas de
comunidades indígenas, zonas mineras, etc. Los espacios sociales altamente transformados se encuentran
densamente poblados y directamente involucrados en procesos productivos, su organización es determinada por
fuerzas socio-económicas; pueden mencionarse aquí a las ciudades, áreas metropolitanas, espacios
industrializados, áreas agroindustriales y de agricultura tecnificada, entre otros.

A cada uno de estos tipos de espacios corresponde una lógica espacial y un contexto en el cual la lectura de los
datos espaciales cambia. De hecho no tiene el mismo significado un río en un espacio natural a este mismo río en
un espacio altamente transformado, igual ocurre con las viviendas, carreteras y demás atributos sociales o
naturales del espacio geográfico.

4. Alcances y Desafíos de los Sistemas De Información Geográfica Frente al


Conocimiento Geográfico y la Nueva Cartografía
Los sistemas de información geográfica tienen como insumo esencial de sus procesos los datos espaciales. Estos
presentan tres componentes fundamentales: espacial, temático y temporal. El componente espacial se fundamenta
en el lenguaje geométrico a partir del cual los elementos y fenómenos de la realidad se expresan por puntos,
líneas, áreas o polígonos, con los cuales se realizan diversos análisis y síntesis que conducen a la producción de
información geográfica. Otro elemento del componente espacial de los datos utilizados por los SIG es la
georreferenciación mediante la cual se determina la posición o localización de los objetos. El componente
temático hace referencia al tipo de atributos que definen un hecho geográfico: color, tipo de ocupación o uso,
población, vegetación, cultura, etc. El componente temporal establece los cambios de los fenómenos en el tiempo
en términos de evolución, regularidad, etc.

Los SIG constituyen una poderosa herramienta de apoyo al análisis y síntesis geográfica y a la realización de
complejas operaciones con datos espaciales que antes eran imposibles de realizar por parte de los geógrafos. No
obstante, tales logros tienen un alcance limitado y no pueden obnubilar los grandes desafíos que estas
limitaciones plantean a los geógrafos usuarios de SIG y a los expertos en SIG usuarios de conceptos geográficos
o estudiosos de problemas de esta naturaleza. Podemos mencionar al menos tres desafíos: el primero relacionado
con la expresión geométrica de realidades complejas; el segundo, relativo a las respuestas instrumentales y
operativas a las nuevas teorías científicas que están generando nuevos conceptos y nuevas explicaciones de la
realidad y el tercero a las respuestas instrumentales y operativas a la nueva cartografía.

Los datos espaciales de los SIG aunque reconocen algunos atributos geográficos tales como los de localización,
extensión, distancia, movimiento, densidad, distribución, relación, asociación, regularidad, etc. Simplifican la
realidad desconociendo su complejidad y diversidad, al reemplazar la conceptualización geográfica por la
geométrica. Tal situación plantea al geógrafo usuario de SIG el peligro de perder de vista la naturaleza de la
observación de los lugares geográficos, como espacios complejos muy distintos a la simplicidad de los espacios
geométricos. A este respecto De Castro (1988) se pregunta: “¿se ha sopesado suficientemente que los lugares
geográficos, como objetos de observación, tienen una entidad distinta frente a los elementos de la geometría?” y
seguidamente se responde planteando que “está claro que los elementos geométricos no son siquiera piezas de
observación del mundo natural sino unas construcciones enteramente apriorísticas; son ni más ni menos
creaciones matemáticas al igual que el álgebra o los sistemas numéricos”. Se observa en estas opiniones un

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llamado de atención a los geógrafos usuarios de SIG en el sentido de no olvidar su papel de observadores y
analistas de un mundo empírico y lo que significa la representación de este mundo empírico mediante el uso de
un lenguaje formal. Para De Castro (1988) “el uso de modelos geométricos no brota de la naturaleza; por el
contrario debe considerarse una iniciativa que busca encajar la realidad observada a un lenguaje creado por la
razón. Esta labor de encaje es la que se echa en falta entre los geógrafos, ya que ellos se sitúan plenamente en el
lado de los saberes empíricos”.

A las limitaciones de los SIG para facilitar el conocimiento de los espacios geográficos en su complejidad,
dinamismo y diversidad se le suma el desafío que le plantean las nuevas teorías científicas y paradigmas que
atraviesan a las ciencias sociales y naturales y están llevando a una reconceptualización de las mismas. La teoría
de la complejidad de Edgard Morin, complementada por teorías como la del caos, le geometría fractal y la lógica
difusa, han puesto a temblar los cimientos del pensamiento y método científico que aceptábamos sin mayor
discusión hasta hace 10 años. Como lo plantea Morin (s.f):

“El modo de pensamiento que se nos ha inculcado obedece esencialmente a principios de disyunción, reducción y
abstracción. Aísla unos de otros los objetos de conocimiento, por lo que hace difícil la aprehensión de las
solidaridades, interacciones e implicaciones mutuas que unen a estos objetos. Privilegia el conocimiento de las
unidades de base o de las partes que constituyen los sistemas, sin incitarnos a realizar el vaivén cognitivo de las
partes al todo y del todo a las partes. Disjuntamos y ventilamos en diferentes disciplinas los fragmentos de los
conjuntos organizados cuya unidad ha roto nuestro modo de pensamiento. La hiperespecialización que trocea el
tejido complejo de los fenómenos en ultima instancia deja ver como lo único real su fragmentación arbitraria. Por
otra parte, la abstracción incontrolada tiende a considerar las fórmulas y las ecuaciones como la única realidad. Se
alcanza una inteligencia ciega que aísla los objetos, los sustrae a su entorno, desintegra los conjuntos, sistemas y
totalidades. De este modo, cada vez estamos mas ciegos ante los fenómenos concretos, las realidades globales y los
problemas fundamentales. Además, este modo mutilante de organizar nuestro pensamiento nos ciega tan
profundamente como el error de observación o la incoherencia lógica”.

Frente al diagnóstico anterior Morin propone la aproximación a la realidad desde la complejidad y el pensamiento
complejo, al respecto plantea:

“La complejidad es una pregunta, no una respuesta. La complejidad es un desafío al pensamiento y no una receta
para el pensamiento. La complejidad no es la exhaustividad sino el reconocimiento de las incertidumbres y las
contradicciones. El pensamiento complejo no intenta anular las ideas claras y distintas, los determinismos, las
distinciones, las separaciones, sino integrarlas. El pensamiento complejo comporta en si el principio de las
solidaridades e implicaciones mutuas entre objetos separados y aislados arbitrariamente. Apela a que las partes y el
todo, el todo y las partes se remitan mutuamente. Se esfuerza por reconocer, allí donde estén en acción, las
dialógicas de orden/desorden/organizacion. Concibe la inaplicación mutua entre sistemas y ecosistemas. Plantea sus
objetos de conocimiento como el producto de una cooperación entre una realidad objetiva y las operaciones
mentales de los observadores/conceptuadores (Morin, s.f).

Es destacable en los planteamientos de Edgar Morin el llamado principio hologramático con el cual busca superar
el principio de “holismo” y del reduccionismo. El holismo según él no ve más que el todo; el reduccionismo no
ve más que partes. El principio hologramático ve las partes en el todo y el todo en las partes.

Los planteamientos de Morin se complementan con la llamada Teoría del Caos, Geometría Fractal y la Teoría de
la Lógica Difusa como llaman algunos o conjuntos borrosa como la llaman otros. La primera estudia las
irregularidades que aparecen en un sistema y que a primera vista parecen conducirlo al desorden y a la
imprecisión total. Bajo esta irregularidad aparente puede subyacer también un nuevo orden a otro nivel. Las dos
últimas constituyen instrumentos analíticos cualitativos de los sistemas caóticos. Ambas teorías hacen referencia
a la medición de las formas complejas bajo el criterio de que a mayor información sobre el objeto o hecho, mayor

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imprecisión o difusidad sobre el mismo. Es decir que como lo dijera el autor de la teoría de la lógica difusa Lofti
Zadeh, en 1972:

“A medida que aumenta la complejidad de un sistema, nuestra capacidad de hacer enunciados precisos y
significantes sobre su comportamiento decrece hasta un umbral más allá del cual la precisión y la significatividad (o
pertinencia) se vuelven casi características mutuamente excluyentes. ...A modo de corolario hay un principio que se
puede enunciar sucintamente así: Cuanto más de cerca se mira un problema del mundo real, tanto más borrosa se
vuelve su solución” (Kosko, 1995: 147, citado por Ruano, 1997).

Estamos pues frente a una realidad compleja, caótica, incierta, indeterminada y difusa con tendencia al desorden
como forma ordenada de expresión. Frente a esto ¿Dónde queda la precisión, y rigor matemático-geométrico con
el cual los SIG analizan los hechos geográficos?. ¿Cómo desarrollar algoritmos o procedimientos de análisis para
procesar datos o atributos de fenómenos espaciales caóticos y difusos?, son interrogantes que deberán instar a los
desarrolladores de estos potentes instrumentos a nuevos avances que los hagan eficaces frente a estos desafíos.

Como si los desafíos hasta ahora mencionados no fueran ya gigantescos, los SIG enfrentan también los avances
en la concepción de la cartografía. Se puede afirmar en este sentido que estamos frente a una nueva cartografía y
un nuevo concepto de mapa, entendido como un medio de comunicación de información espacial, que permite la
comprensión del espacio y de las relaciones dinámicas y procesos que se desarrollan en él. Concomitantemente,
la Cartografía se vincula con la denominada “Visualización Científica” (VC), que se define como el uso de
complejas tecnologías informáticas (audio vídeo, realidad virtual) para crear imágenes visuales, a fin de facilitar
la comprensión y resolución de problemas. La VC supera la percepción visual tradicional por una percepción
multisensorial, redimensionando las posibilidades comunicacionales de los mapas (Bosque Sendra y Zamora,
2002). A partir de la VC surge la Llamada Visualización Geográfica (VG), definida como el proceso de
representación de información sinóptica, con el propósito de reconocer, comunicar e interpretar patrones y
estructuras espaciales. La VG vincula el procesamiento de datos espaciales a través de SIG, las tecnologías de
información visual desarrolladas por la Visualización Científica y la Cartografía.

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