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El idio L a Tor re L a g a re s

Dd
En sayo de l v u e lo
mu est ra r i o a n t ológ i c o
Este libro se distribuye gratuitamente con fines promocionales
Prohibida la reproducción comercial de este libro.

Todos los derechos son del autor:

Embudo: poemas de fin de siglo


©1994 Elidio La Torre LAgares

Cuerpos sin sombras


©1998 Elidio La Torre LAgares

Cáliz
©2004 Elidio La Torre LAgares

Vicios de construcción
©2008 Elidio La Torre LAgares

Ensayo del vuelo


Premio de Poesía Julia de Burgos
1998 Elidio La Torre LAgares
Embudo: poemas de fin de siglo
1994

Dedicado a los ángulos de mi pirámíde


A Ana Ivelísse,
gradas por existir.
A RoshellyJoan,
casi mi hija.
A Rosa Maria,
pesa la cruz, madre.
apocalipsis

Y los hombres dijeron


Seamos dioses
Y su ambición les llevó a límites
Jamás pensados.
Y su codicia desembocó
En torrentes de sangre:
Y llevó la guerra a sus contornos:
Y así, a sus hogares:
Y ya no había familias;
Y ya no cargaba el air epalbras
Sólo la estática de la tele;
Y la fe en la vida se hizo material,
Y ese material, dinero,
Y el dinero se fundió en plástico
Y ese plástico se hizo plegaria
Y sus letanías se escucharon
En los centros comerciales
Capilla de neo-devoción.

Entonces, la existencia comenzó a decolorarse


Y el alma se quedó despintada
Y el corazón de aquellos hombres
Se hizo vulnerable y débil y frío
Y de pronto las horas fueron insípidas
Y los días cobraron una espantosa uniformidad
Y los hijos de los hombres ya no fueron sus hijos
Sino hijos de la adicción;
Hijos del palcer, del escapismo y del homocentrismo;

Hijos de la comodidad; del no pensar;

5
Hijos de la Era Personal
Y de todo lo que provea felicidad instantánea.
Y aquellos hijos de los hombres
heredaron el trono usurpado
y el presente no fue mejor que el pasado,
y ya no hubo más progresión
y ya nada se creaba:
tantas mentes y tanta nada;
y tuvieron que expiar las culpas
de la mortal estupidez humana;
heredando así el caos,
hicieron monolitos de basura
plasmados sobre el cemento,
respirando atmósfera contaminada,
cenando comida recalentada con radiación,
y sin agua para saciar la sed;
y sin árboles que cobijen con su sombra;
y sin capa de ozono que filtre el fuego,
se quemaron en vida
aferrándose al falso cetro
muriendo de grandeza
porque en el epicentro de su caja torácica
sólo queda vacío
sólo queda hastío,
y todo perdió sentido
todo careció de esencia
y vivieron más bien por acción biológica
y automática
inhalando y exhalando
como péndulo

6
y el Tiempo se hizo juez
y condena y prisión
y de pronto, las llamas
consumieron la faz de la Tierra.
Y todo fue nada;
Y la nada fue nada.
Sin embrago,
Entre las grietas de la tierra seca
Árida y quemada,
Apareció un ser
De suaves pétalos blancos
Y alegre brillante centro amarillo.

7
espejo

Mirate. Desnúdate.
Coloca tu orgullo sobre la mesa.
Rebana el furor de tu coraje.
Fragméntalo. lnténtalo.
Imagínate que llegas hasta aguas diáfanas; y sosegadas.
Hoy no existe nada, excepto tú y tu reflejo.
Enfréntate. Mírate.
Déjate caer por tus córneas
como suaves cascadas.
St tú mismo.
Deja a un lado, aunque sea por un instante,
tu coraje social tu disfraz de a1guien.
Deslígate de toda aflicción material:
después de todo, y al final,
todo lo que queda eres tú.
Bate el miedo que te provoca la soledad.
lrónico: nunca has estado solo,
sólo contigo, mismo.
A eso le temes.
Dices que te conoces y, sin embargo,
te huyes.
¿Distingues esa cara al otro lado?
Eres tú.
Imperfecto. Descomponiéndote día a día.
Comenzaste a agonizar desde que naciste.
Tu came se putrefacta y se degenera.
Tan sólo mírate.
Ya no eres un niño.
Creces. Envejeces.
Recorre tu vida y escúrrela en el embudo de tu mente;

8
drena todos esos recuerdos y pensamientos y sueños
y succiónalos a tu vado.
¿Qué ha sido tu vida?
Tu risa has reventado en templos de oro
que brillan ante tus ojos y viven en tu came.
Pero su frialdad es siempre fría.
Te has colmado el intelecto de cifras y cálculos,
te has vestido en hilo y seda;
Has bebido entre copas la aspereza de la envidia
y tu debilidad te impulsa a flagelar al prójimo.
¿Acaso eso te infla de grandeza?
Posiblemente, en este momento,
alguien se apreste a mutilarte.
Cuantas veces habrás fingido,
ya sea una sonrisa, o amistad. o simpatía, o deseo, o sexo.
Depositado en la flaqueza de tu plel,
te entregas inerte a otro cuerpo en muerte.
Copulas como bestia salvaje.
¿Acaso no has conocido la pasión?
Dudas su signifIcado y desconoces su fuego.
Sí.
Te has columplado muchas veces en el borde de alguna
cama
como quien perfila. un precipicio.
mientras consumes un intenso cigarrillo
acompañado de la cadencia Iluviosa de una ducha.
Todo se reduce al mismo principlo genérico
que rige tu vida
Igual que tu ropa, tu corte de cabello,
tu casa , tu trabajo, tus zapatos, tu auto,
tu corbata, tu comida, tus tragos, tus diversiones,
tu respiro, tu aliento

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y hasta tus pensamientos:
siempre algo que alguien pensó, quiso y dijo;
nunca tú.
Y lo único que ahora sientes
está muy, muy en tu adentro,
en ese lugar especial frágll y vital,
pero negado,
donde hay un eco que bosteza como una vorágine
en espiral
que resuelve en tu alma y sale por tu boca y te deja una
desabrida
desolación que hace tu corazón redoblar lentamente,
lentamente... y
tus párpados cayendo suavemente, suavemente...
final de una escena que culmina y que nadie ve.

10
prozac blues

El silencio se derrite
en los infernales adoquines:
San Juan hierve a 90 grados Farenheit,
a 90 grados prueba.
Sali a buscar no-sé-qué
como un cuerpo a su sombra.
Me detuve a hablarle
a las mudas murallas
sumisas hace 300 años.
Hoy desangran de tristeza.
En un instante, deseé detener las olas
y su infinito pendular cual somnifera nana:
yo cuelgo de sus pestañas.

El sol en mi cénit y llegó Malena,


melena suelta al viento
y sobriedad en su cintura.
Desfilamos por la navaja de fuego sin hablar, secos.
En el camino encontramos unos amigos;
fingir es un arte dorado.
Sonreímos. Todo anda bien.
¿Acaso no lo leíste en El Nuevo Día?
¿O me perdí que lees el Star?
Nos despedimos.
Continuamos la marcha
hasta la cápsula japonesa y una vez adentro,
nos aislamos en la artificial atmósfera.

Recorrimos la avenida
hasta Ilegar a Hato Rey.

11
moderno.
Entre la oleada encorbatada,
vi tantas sonrisas torcidas,
vi tanto simbolo de grandeza material:
vi el Alpha de nuestra generación.

Conté los semáforos


como cuentas en un rosario,
como paradas en via-crucis
hasta que en el horizonte
como la promesa de un amanecer
se levanta Plaza Las Américas.
Y me pregunté
si había vida más allá de esto
Malena adora el dinero plástico
que la hace des-comunal,
sobre-humana,
y le Ilena sus vacíos.
Ella no me lo ha dicho.
Pero me lo ha comunicado con sus ojos.
Ella vive atormentada,
pues no puede detener las olas.
Su cara se va ajando.
Cubre los surcos del tiempo, pomadas y polvos
que la convierten en artificio de la vanidad
Yo sólo soy su compañía
Sin perturbar su soledad
Debe ser que somos
dos soledades distintas.
La mía vive en un albúm de fotos
las cuales miro, observo, y toco
como si sostuviera el pasado en mis manos.

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Allí, Gustavo, Juan y Carlos
aún batallan en una selva en Vietnam.
De los que sobre-vivimos
muchos no hemos regresado.
Pero no importa..
Mi nepente Ilega por correo
cual aguas del Leteo-
mi bálsamo en Gilead.

Y no me siento culpable.
San Juan consume píldoras como si fuesen M & M’s.

Mientras surco la nave


de esta gran estructura consurnista,
entre tantas caras distintas,
pero iguales
desconocidas,
y tan familiares,
me queda una sensación insipida,
pero conocida
de una indómita aridez
que tiene cualidades de infierno
que conflagra en mi cabeza
incinerando mi mente
donde bailan mil demonios
por todo mi cuerpo
y por toda mi existencia.

Malena aprovecha y me recuerda


que es hora de mi Prozac.

13
minutos de piedra

Minutos de piedra
columpiándose entre
anillos de humo
ondeando en mi mirada
entre su centro
buscando luz en mi adentro.

He visto todo:
y no he visto nada
visto de negro
por los sueños fallidos:
por lo que son
y no han sido.

Cara de hiedra: solidificación


del alma en hielo
y sin embargo,
aún fluye caliente
entre
mis venas.
Decenas de veces
he intentado atrapar
las estrellas que caen
del ciclo,
y siempre caen en el mar...
son lágrimas en el mar..

14
Cuerpos sin sombras
1998

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fundamentalmente

Un hombre es dos cosas:


lo que hace y lo que sueña,
no lo que dice.

Un poeta es cosa aparte,


porque sueña lo que hace,
dice lo que sueña . . .
aunque uno que otro, hace que dice.
En esto se parece al hombre,
que a veces dice que hace.

Pero un hombre es
un mero mortal que juega a ser Dios;
el poeta
simplemente es Dios.

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abriendo surcos

Antes de sembrarte luz por los poros,


quiero desnudar los secretos bajo tu lengua,
apretar tus pétalos de miel, prensar tu piel de agua,
y embeber la calma inquieta de tu sonrisa.
Cara a cara, pecho a pecho,
beso el horizonte, sin penetrarte.
En la cintura del tiempo,
tú, de pie, y yo, sentado,
con el sigilo de la espuma,
mis labios de sol bañan
la flor túrgida de tus pechos,
y no te rehusas- no, no te rehusas.
Inclinas sobre mí tu catedral
para que mi enredadera
se deslize por tus cúpulas de carne,
mientras por tu paladar se desbocan
las palabras que galopan entre los pliegues de tu voz.
Le prendemos novas al rocío de prisma.
Frotando nuestros seres
en la oscuridad unificadora,
sosegados suspiros de llamas
en la sangre brotan en tu garganta.
Te oprimo contra la ciega pared,
presionando mi voluntad erecta
contra tu oscura flor de fuego.
Buscas besarme.
Enlazas tus brazos
alrededor de mi cuello de tallo,
y te aferras a mi espalda ramificada,
y te derramas,

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te cuelgas como una liana:
mi pie izquierdo sobre tu pie derecho;
tu pierna derecha haciéndome de cinturón,
y me trepas,
y nos hacemos enredadera;
nos hacemos ajonjolí y arroz.
Me impulso con firmeza
entre tus paredes de azúcar.
Te halo por la ónix caída de tu cabello-
y te rasgo y te muerdo-
y te abro el cielo en tus venas,
soplo de viento inmóvil bajo el vientre-
y atrapo tu aliento entre mis dientes-
y te abro como un loto-
y en la redondez de mis dedos
esparzo las hojas de tu puerta al Cosmos.
Aspiro este anhelo de agua y leche.
Intento insertar mi labio entre tu boca,
sin querer prenderme de ella.
Te esquivas.
Me buscas.
Te esquivas.
Tu labio inferior tiembla
en ondas involuntarias.
Con la noche bordada en tus córneas,
te derramas en llanto de luna glaseada,
nos succiona el delirio pélvico,
una luz se prende en nuestras pupilas,
y le abrimos surcos al Infinito.

Dios
debe estar cerca.

18
silencio

El silencio tiene un par de alas de cristal


que bate con la parsimonia de las vacas.

Su multiplicidad es un vertedero
donde se personalizan los desechos.

El silencio es una máscara,


es un tintero.

El silencio transmuta,
escucha los latidos,
hace eco a las ideas secretas.

El silencio es camaleón-
es higo-
es serpiente-
es árbol de la sabiduría.

El silencio es caracol.
El silencio es mar.

Hay hombres bicéfalos- cabeza y televisor-


que le temen-
y le temen tanto como a la oscuridad,
porque
para ellos,
el silencio
es imagen de lo desconocido-
es el reflejo negado-
es la voz
de sus miedos.

Desde entonces,
existe el ruido.

19
mi soledad

Mi soledad, la que lleva fuegos en su cabello,


lleva el sol pintado en su frente.
Ella tiene el cielo por paladar.
Sus dientes separan los horizontes.
Su lengua sabe a estrellas,
y su aliento huele a constelación.
Mi soledad tiene bosques en sus cejas,
y sus ojos son de nubes.
Mi soledad tiene mejillas de arena,
y su cuerpo es un violín de mar-
su cuerpo es un sueño de verano-
su cuerpo tiene el movimiento delicado de un reloj-
su cuerpo es silencioso como una piedra.
Sus hombros sostienen la noche-
sus brazos son puentes de lunas-
sus muñecas son puertas de luz-
sus dedos son pensamientos.
Mi soledad tiene páramos en su espalda.
Ella tiene salinas en sus caderas-
y ríos de azúcar en su sexo de mangle.
Mi soledad tiene muslos de alga,
rodillas de coral
y tobillos de espuma.
Sus pies son ciudades iluminadas.
Mi soledad es sangre y gemido,
reflejo y voz.
Mi soledad es mi soledad,
y ella es fiel,
aunque duerma contigo esta noche

20
el último gran poeta

¡Venid, venid, venid!— el correr del tiempo jadea— La hoz es una


media luna de hostia— Venid, señoras y señores, que el último
gran poeta, en su famélica insatisfacción, produce el terciopelo
de los sueños— El último gran poeta es viejo aunque es joven—
Pasen, pasen amigas y amigos y vean al último hombre que le
habla a otros hombres— El traductor del mundo— Sus labios
son de agua— Su sangre es de arena— Su corazón es un eclipse—
Pasen, pasen y admiren al hombre que pinta marineras con el
verbo— El de emociones undecasilábicas — El amigo de los
amaneceres— El que no vio al hormigón comerle sus ojos—
El que prefirió limitarse a sus fracasos sentimentales y a su
agobiante melancolía— Pasen, y admiren al hombre que le
cantaba a una patria 50 años más joven— Ideal— Pasada— y
sin regreso— Venid, venid y apreciad al último gran poeta,
cuya obra es su distintivo de clase, su Rolls Royce de las letras,
su Dom Perignon de las artes, el Mont Blanc de las ideas—
El último gran poeta— El del lirismo etéreo y estéril— El que
se negó a los relojes— El Peter Pan de los signos— El de la
ultracorrección— No se lo pierdan— Tal vez mañana sea tarde—
Tal vez mañana ni siquiera habrá un mañana— Ésta puede ser
la última vez que usted vea y escuche al hombre que caminaba
con los dioses— El de los paseos por el Parnaso— El ángel de la
palabra— El que definió una sola manera de hacer poesía— El
que evitaba el lenguaje vulgar, común, y prosaico— El escultor
de imágenes— Solamente imágenes— Puramente imágenes—
El que quería hablar como los querubines en plena decadencia
terrenal— El que se preguntaba porque nadie lee poesía—
Venid y entended vosotros mismos porque las generaciones
venideras no tienen voz y no se conectan con lo que leen, si
leen, cuando leen— Venid que la ciudad se convierte en un

21
gran arrabal— Venid, que las balas aran el espacio y abren
surcos que sangran la tierra santa— Venid, que la violencia es
polilla en nuestros caballitos de madera— Venid, que cuando
se le acaben los sueños bonitos a nuestro último gran poeta la
tierra temblará de soledad, porque pronto no habrá arbolitos
ni ríos ni coquíes ni casitas en el campo; porque ya no habrá
más campo para respirarnos la evasión de la realidad— Venid,
venid y ver a un hombre que por vivir en el pasado castró al
futuro— Venid a ver a un hombre que simplemente retó a la
ley natural de la sobrevivencia: la evolución— Venid y llevad
como obsequio un frasco de la última imaginación del mundo—
Venid, venid que el correr de los tiempos jadea, y el lenguaje
en constante cambio nos sorprenderá con su nueva propuesta.

22
Cáliz
2004
[continuidad]

La calma sin freno caía desde la montaña,


la mañana se encendía, pero no calentaba;
el café entorchaba el aire denso,
el naranjo pintaba la suave brisa.
Golondrinas de agua al borde del tejado
trinaban lonjas de música quieta;
en la mesa recurrían las raíces
de sutiles enredaderas de recuerdos—
la nana frágil endulzaba en la casa
mi madre tejía el pasado trasquilado
mi sangre en sus brazos se mecía tierna
como una extensión de la memoria.

25
Luz

Luz por la montaña.


Oro que matiza los verdes.
que se hunden en la silueta
de mi mirada

II

¿Quién tornea la luz?


Nada más veloz que su verbo.
Nada más amplio que su voz.
Cóncavo y convexo
en una misma forma y esencia.

III

La luz se consume
—brasa, estrella, despertar—,
y se abre como un huevo
—fuego, sol, sueño—.

IV

Padece de ceguera la luz.


Se asienta en las cuencas,
ciega de tanto ver.
Padece de ceguera la luz.

26
cambio de piel

Se han agotado las palabras


como cuando se le cierra el paso
a la lluvia que rema hacia el vientre del sol.
El mundo se ha hecho distante y paralelo
mientras mi corazón, que es un horno,
come leña de las memorias.
Las últimas brasas de unos besos
se extinguen
y entonces me percato
de que todavía tengo labios.

La lluvia cae lentamente


como el vuelo de un velo
mientras las nubes tejen perezosamente
cada escuálida gota de agua.
La luna se prende como un talismán
y el sol la corteja y se posa sobre ella
en celebración del solsticio.
En algunos libros,
es una cópula aciaga;
en otros,
un evento circunstancial del aparato cósmico;
pero en todos
se fija la prueba
de que nada es acíclico.

Desde mi ventana
Veo los estambres de una flor
bailar como ninfas en celo
y el viento se une al ágape.

27
En el cáliz, el pedúnculo espira
criptogramas de nebulosas
que se repiten
como las estrellas mismas.
Es un poema que está
en constante construcción.
Es el lenguaje de las estaciones.
El idioma consubstancial
de todas las cosas.
Es la frágil música de los espirales
que revuelve en su curso—
la soledad muda de la eternidad—
la espera inmortal por la ascensión
de todos los silencios—
la calma de los sueños
donde se criban las palabras
y se beben los poemas
como desde un río.

De orilla a orilla,
suele tenderse
una gran sinalefa
que los humanos
hemos denominado tiempo,
que sólo hace de sufijo cuando se sueña
y de prefijo cuando se recuerda.
De lo contrario,
es un signo en presente participio,
el dinamo que riega
las huertas de esperanza
donde quiera que existe
un corazón a medias.

28
Huertas de esperanza, pido,
a lo largo del camino
que la voz enclavija el aliento
para hacer brotar vergeles
desde las tierras
más sequizas del alma.

Ya llegará el momento de la vendimia.


No será hoy.
Tal vez no sea mañana,
pero llegará.
Y todo será nuevo.

Yo estaré en las esporas de los helechos.


Yo estaré en la brisa que seduce las palmeras.
Yo estaré en la lluvia de los días grises.
O simplemente seré hombre de arena.

Prendido de un sueño,
me he sentado a escuchar
al cielo crujir como el acero
que se debilita en el fuego,
mientras los poemas caen
como dioses de agua
en su ínsito nacer
y con mi mirada de aguja
persigo el final del cielo.

Ya antes yo había
calzado los amaneceres
y había vestido los crepúsculos;
y hasta pretendí envasar los recuerdos

29
como luciérnagas en un frasco de cristal,
pero la vida fluye—
un torrente eléctrico—
incontenible, siempre cambiante—
y su estela se imprime
como un tatuaje de historias,
evocación
a lo que
deja de ser.

Yo recuerdo cuando mis manos


eran quirománticos mapas
de maravillas inconmensurables.
Con ellas, yo convertía los minutos
en flecos de paz—
pilotaba las nubes—
retallaba los árboles—
tendía los mares—
y cada gran respiro parecía poblar
el mundo de silfos,
hasta que llegó el día
en que tuve que cruzar la frontera
de la ciudad de los espejos resquebrajados—
y el alma, como una flecha,
voló disparada a ciegas
sin la posibilidad del retorno
o del arrepentimiento—
simplemente el cumplimiento
de un orden constante
que gravita de la manera
que el mar esculpe los arrecifes.

30
De aquel mundo,
sólo queda la favila—
las nubes secas como pasas—
los árboles yertos como columnas—
los mares reducidos a lama.

De lo centrípeto
a lo centrífugo,
han pasado días
en que me he arropado de profundas tinieblas
y noches
en que me han sobrado las estrellas.

Hoy mi sangre se ha vuelto fría


como la de los reptiles.
Pronto dejaré atrás
esta piel que llevo
que ya, en algunas partes,
cuelga como el telón
de un teatro abandonado,
o como el lienzo asesinado
de una pintura que nadie verá.
Dormiré sobre una roca
hasta que la luz del febo
se canse de entibiarme.

Inevitablemente,
me haré de cruces
con mi transparencia
preguntándome sobre
la forma de las cosas,
hasta que descienda

31
el camino diamantino
con la única respuesta.

Hoy, de alguna manera,


sé que me transfiguro.

Venga la muerte.

Hágase la luz de nuevo.

32
Orión

We could plan a murder,


or start a religion
-Jim Morrison

Preparemos mi muerte,
tierna como la pulpa de las frutas::
la sangre espesa sobre la piedra,
el acero truena en mis huesos,
el vuelo de las palomas,
sobre las heridas::
bajo la sombra del escorpión
que duerme sobre mi frente,
mal vino que humedece mis labios.

Cuando el sol se siembre en su cenit,


mis ojos se ahogarán
en la espuma del mar.

Yo me adheriré a la concavidad del cielo.


Me devolveré en lluvia.

Y comenzaremos una religión.

33
mabón

flamboyán de ceniza, eco del fuego,


leso misterio de la despedida::
flama boyante del viento que es viejo::
simetría inválida de mi cuerpo::
lacra mutuante del agua pasada::
la impedancia entre el entorno y el alma::
el fuego encrestado encora el canto
y en mi piel se apagan viejos luceros::
aquí se acaba la carne; se acaba,
pero la voz se criba entre los versos
avejigada en las grutas del tiempo::
el maná falaz desecho en mi boca
como mentiras de azúcar y hojaldre
se imposibilita entre las estrellas//

las constelaciones son jedas vacas::


las constelaciones, mi verbo en gueto::
piedra de sílice, alúmina y flúor;
amarillo alfeñique del mismo sol::
baile ritualista por los desiertos
de las palabras pronunciadas muertas
y arrojadas con estolidez fatal
para estiomenar el centro del pecho
como un responso clavado al aliento::
los días se ensanchan hasta reventar
como muertos solos a la intemperie,
el bilioso amargo de la imperfección::
el tiempo geminado en noche y día,
su gas desgastado en el largo viaje//

34
La caída del cielo

Acudamos a la caída del cielo,


allá, donde los bardos clavaron sus almas.
Veamos a la noche Mozambique
perder sus plumas;
allá, donde desembocan todas las lágrimas
y la nostalgia rima y reina::
efluvio de musas endémicas::
misas famélicas::
mortecinos ángeles de maravillosa ternura
que se deshuesan en el rojo horizonte
de este pálido planeta.

Caminemos lentos y desnudos


que el tiempo se encarga de acortar los pasos.
Nuestros cuerpos visten todos la misma tristeza
de la materia que se queda a medio sueño.
Celebremos la majestuosidad humana
porque en su nombre hemos sacrificado
a nuestros hijos y a los hijos de esos hijos.

Acudamos a la caída del cielo, ¿por qué no?


Hagamos hogueras con sus pedazos
y escuchemos los poemas crispar en el fuego::
un verso por cada beso perdido::
un verso para cada madre desdichada::
que la sangre es el vínculo, el misterio único
desde el primer sol de donde partieron los espejos.
Vayamos prendados de oraciones,

35
y el recorrido será menos solitario
porque hasta tal vez le encontremos
uso a las palabras.

II

Traga la noche hundida en mi boca::


oculta en la arena perlada en mi lengua
donde el tiempo desgrana estrellas
que nunca colman el fondo de la oscuridad.

Alguien podría llamarle maldición;


otros le llamarían castigo.
Mis labios sólo sangran.

Mi voz se descarrila a tu oído


cayendo sedosa en blancos suspiros,
secretos guardados en mis ojos de azogue
y que se conforman con las fauces de tu silencio.

Observa como se queman los bosques.


Observa como se secan las montañas
mientras tocamos la lira.

Es un maleficio no saber olvidar


cuando el dolor es un sabor
con oficio en la memoria.

Tus besos han de entibiar mi piel morada


y podrás escribir tu nombre en mi sangre
y bajo las miradas de los ángeles y arcángeles,
serafines y querubines,

36
me levantarás de entre los muertos.

El tiempo de los bueyes de oro ha pasado.


En el lagar de la esperanza,
tal vez queden los remanentes del vinagre
que saciará nuestra sed
antes que el velo del templo
se parta en dos
como un talismán de barro
mientras rotamos sobre el caparazón de una tortuga
que se hunde en el infinito.

III

Un día caminaba yo
por las magras costas de la oscuridad,
cuando una doncella
destelló ante mis ojos,
se despojó de sus vestiduras
y me sonrió como una luna,
pero me trago como una serpiente.

Su nombre era Falsedad.

Dormité en su vientre
hasta que ella, aburrida,
me expelió como algo indeseable.

Vagué aturdido
hasta que llegué a un hostal,
en donde declamé la flaqueza de mi alma,
la hambruna de mi carne,

37
la necesidad de mi deseo.

Y una mujer desnuda,


cubierta tras el cuerpo de una guitarra
a la que ella acariciaba
y hacía gemir con musicalidad,
me cantó acerca de la más ardiente hembra
que jamás haya dado fuego a un hombre,
a quien todos buscaban y nadie encontraba,
y que respondía al nombre de Verdad.

Ilusionado, pregunté
dónde podría encontrar a tan maravillosa creación.

La mujer me sirvió vino de una ánfora


en cuya superficie
titilaban imágenes de mi vida pasada,
y me dijo que Verdad vendría
escoltando la falda del sol.

La mujer me dijo que


su nombre era Ilusión
y que esa noche, si quería,
ella sería mía.

Y lo fue.

Al otro día, esperé por Verdad,


pero Ilusión me dijo:
—Te dije que vendría mañana.
—¿Cuándo es mañana?— pregunté.
—Mañana es mañana— contestó.

38
Esa noche volví a dormir con Ilusión.

Y la noche después.
Y la noche después de esa.
Y la noche después de la después de esa.

IV

Bajo la sombra de un cuervo


que volaba sobre mi cabeza,
llegué a una ciudad en ruinas::
la profundidad de la desolación
congelaba el aire,
mientras mi corazón trepidaba
en las calles y callejones
en un perfecto compás.

Osamentas de acero
callaban como evanescentes columnas
supuestas alguna vez
a sostener la carpa del cielo.

Entré a una antigua catedral,


donde un grupo de viejos
adoraba, ante un altar dorado,
una cruz que alguna vez debió sostener
algún Cristo crucificado.

Pregunté si alguien había visto a la mujer
que daba el más placentero calor a los hombres
y a quien llamaban Verdad.

39
—Todos esperamos por Verdad—dijeron.
Y se sumergieron de nuevo en su oración muda.

Entonces, me senté
al pie de una fuente seca
a mirar como se ponía el sol por la sangre del mar.
Los ríos eran manos que rasgaban la tierra
en búsqueda de soporte para sostener el universo.

Yo miraba el silencio
el espino de voces que no dicen nada;
yo miraba la multitud y en ausencia de luz,
muy bien sobraban los ojos.


En las riberas coaguladas,
un olor a óxido bailaba al anochecer.
Era  un olor sólido.
Era un olor singular.
Era el olor de una virgen perdida.
Era la sangre de la Verdad asesinada.

La tarde se fundía en el crisol de la noche


y la tristeza llegó
como un mándala plomizo.

Entreténgannos, dije entonces.


Diviértannos.
La hora de los comediantes está aquí.
Recibamos a los malabaristas del tedio

40
Queremos comer carne. Celebrar la carne.
Reírnos de la carne. Aborrecer la carne.
Queremos sacrificios humanos
de desgracia y fatalidad.

Que entren los payasos del dharma-


los ilusionistas de la vanidad-
necesitamos fantasías
que engorden la libido::
hosannas de sexo::
pasión en las tinieblas::
libélulas en pasarela::
queremos morir en la carne
en un orgasmo asesino
y de delirio amnésico.

Entreténgannos, dije.
Que nos bailen las ganas de ser algo::
que las florestas vaginales se abrirán
en su fértil humedad
para dejarnos clavar
el cetro inmanente::
la soberanía totémica::
de la espada de fuego.

Atontémonos, claro,
con el redoble de los cuentos de hadas::
la maravilla de un vacuo ensueño
con el alma muerta a contratiempo::
que nos queda la mortalidad de la piel::
fino acontecer de momentos cáusticos::
que apesadumbran al tiempo en un tatuaje.

41
Entreténgannos, digo,
que la noche es larga y los rosarios son cortos.

Entreténgannos, repito.
Todo parece
inmaculadamente
espectacular.

VI

La noche giraba como un vasto domo


sobre mi cabeza
donde la luna irradiaba como
un osario de platino.
Sombras poblaban las calles
cual fantasmas viajeros
por esta ciudad
de caricatura en carboncillo.


Al final, de todos modos,
mi cáliz esperaba una vaga lepra del alma.

Una mujer pasó por mi lado


pero sus ojos estaban perdidos
en la enajenación de la soledad.
Su traje parecía flotar sobre la acera.
Llevaba flores en las manos
que no despedían aroma.

Ella no me miró.
O no me vio.

42
No supe quién era el muerto.

VII

Extrañé el rumor incesante


y cristalino del viajero río,
las ramas pretenciosas y las hojas sibilantes
del árbol,
el peine dorado del sol acariciaba la mañana
el canto de los pitirres después de la lluvia::
la lluvia cayendo en mi rostro mientras mis brazos reciben su
precipitación::
y supe que ya había perdido todas esas cosas.

Ruge con el océano, mon frere,


que las conchas son los oídos del mar y te escuchan.

Lástima que no hablen.


Nos dirían tantas historias disueltas
en sal y agua.

Hasta podrían acertar a decir:


—Esta es una lágrima tuya.
—Y esta también.
—Y ésta.
—Y esta otra.

Cuerpo de agua que del agua proviniste


y en el agua amniótica de un vientre viviste,
hoy quieres volver a todo lo que fue tuyo
todo lo que te compuso; todo lo que te hizo,
pero nunca hubo un todo.

43
La memoria nada en cardúmenes.
Siempre vuelve a su océano,
como la memoria del tiempo.

VIII

Madre, ¿quién tiró los corazones al azufre?


¿Quién trazó latitudes desde mis costillas?
Hoy vengo a cantar visiones en un mar sordo
mientras el silencio nos unge los labios.

Madre, ¿quién dejó el pan en la lluvia?


¿Quién bebió la leche de las estrellas?
Hoy vengo a fingir una fe,
una gran infusión de poder,
un resquicio de catecismo,
un postulado de orden.

Y las piedras siguen siendo piedras, madre,


pero yo te daré copias de copias de peces.

Oh, Madre, ¿quién se robó el vino del


futuro?
¿Quién malogró la carne del cordero?
Hoy llego beato y beodo
a la puesta de este sol negro
en el resplandor de otra muerte,
a quemar mi corazón en las mentiras.

Madre, dejaste una nana inconclusa::


Madre, compusiste un incompleto::

44
madre, dejaste besos sin llegar::
y yo, la espuma de mi padre,
el escupitajo de una fiebre,
la sucesión de la sangre,
inconcluso,
y peor aún,
consciente.

IX

Hoy no viniste a cenar, padre,


cuando todos los niños lloraban
de hambre y de terror
nos volviste a dejar solos, padre::
hoy nos quedamos nuevamente
en el umbral de la grandeza
vasta y extensa como el final de la luz::
hoy sólo nos consuela el mar::
nos quedamos esperándote,
cuando estábamos descalzos
y teníamos frío.

Qué largo el camino


de regreso a casa, ¿eh, padre?
Nos quedamos con
el corazón purulento
latidos en mano::
nos quedamos con la oración
podrida en la boca::
nos quedamos con la brújula rota::
nos quedamos sin pan y sin vino::
nos quedamos vacíos:: no llegaste, padre::

45
maldita sea tu promesa,
no llegaste a reparar nuestras alas::
y todo este tiempo te esperamos
con un vaso y plato limpios para ti, padre::
y la mesa se quedó servida::
te esperamos a través de los soles::
te esperamos a través de las lunas::
te esperamos todos los lunes::
hasta que poco a poco nos empezamos a deshojar
y tuvimos que racionar nuestra angustia
atenazando la espera al corazón,
para no desvanecernos en un suspiro.

¡Qué grandiosa sonaba la promesa


de tu regreso!
Maldita sea tu boca de mentira.
o maldito sea el que te la dibujo,
cuando tú ni siquiera pareces
tener lenguaje, padre::
porque no me entiendes.
nos hiciste vomitar el olvido a plazos
hasta que teníamos más cosas
que olvidar que cosas por las que vivir.

Tú, que le pusiste relojes a las metáforas,


no llegaste, y punto:: te consumiste
en la mínima posibilidad de tu yeso::
tu silencio es la voz
que ratifica tu ausencia::
los timbres del pesaroso desconcierto.

46
Padre, que ya no nos queda cielo que mirar
sólo mugimos heridos a tu luna de mierda.

Yo soy el eco del Lázaro,


venido de los muertos,
el lóbrego ciervo del claroscuro
hoy plasmado en la sombrilla de una voz.

Un río de almas me baña la garganta


y mi corazón
es un zarzal que arde con magníficas historias
y cansancio.

Yo soy la refracción de un sueño perdido


un código cuyo patrón
ha quedado sin espacio::
la sinestesia sin signo::
la prueba de que el sonido
nunca sobrepasa la luz.

Yo soy la alusión
la elusión:: la ilusión::
esta carne prestada
se antoja de frotarse contra el tiempo
que sangra en sus llagas.

Yo he cruzado el río
y he tocado sus dos orillas.
Yo conozco el frío
de la sangre::

47
y mi corazón habita en una caverna.
Yo vengo del lugar
al que nos dirigimos::
yo vivo prisionero en este cuerpo::
yo soy el eco del Lázaro,
venido de los muertos.

XI

Tú y yo,
que nos hemos topado miles de veces
el uno con el otro sin saber que existíamos,
trazamos nuestra propia geografía.
El mundo expele esta noche
sulfúricas cenicientas que peregrinan
en maravillosas carrozas de topacio y turmalina,
pero tú y yo nos encontramos
al otro lado del espejo.

Tú y yo
hemos convivido en la soledad
que maldice a los poetas en las entrañas
de los sueños a oscuras::
y en la sal del sudor fosforece en la frontera
que cose nuestras pieles
hasta que tu cuerpo, desnudo sobre mí,
se amolda al mío
y entonces somos
dos mitades de una misma ostia,
una luna de pan
que se deshace en la saliva cálida
de nuestras inquietantes lenguas.

48
Tú y yo
no necesitamos conformarnos
con la imperfección.

Tú y yo hemos tocado algo sagrado.



XII

Hablemos bajo el ala del crepúsculo


de la densa presencia de los sueños a flor de palabra
de la manera en que el corazón se cansa
hasta que enmudecen los latidos.
Hablemos de todas las cosas que callamos
con la dulce hipocresía del silencio.
Hablemos de los sentimientos despoblados
de la sonrisa avejentada, del cauce seco
de las lágrimas;
hablemos de bellas ciudades distantes
que no estén en otra parte que no sea
la gruta del alma.
Hablemos de altares inmaculados
donde encendamos recuerdos como velas;
hablemos del lado oscuro de la mirada,
donde se desechan los besos desabridos.

A mí también se me ha muerto
el amor en las manos.

XIII

Tomemos la duda
como la única certeza que resplandece

49
en la majestuosidad de la noche.
Aullemos versos
en la cripta lunar
si los pies no nos alcanzan
para caminar sobre el agua.

Cuervos de hogueras
vuelan por el velo del paladar
donde el espacio se enrancia
con el suero mordicante
del nunca-llegar.

Vistamos blancas túnicas


camino del último altar,
hacia nuestras nupcias con el olvido.

XIV

Quién diría que ésta es la hija del mar y el sol.


Quién diría que este pudo ser principio del origen.
Los peces se han vuelto panzas arriba.
Las voces se quedan con las mamas secas.
Escudo y cordero, ampáranos de la lluvia negra,
que no cabe más pena en mi corazón preso.
Mañana, a saber qué será el sol;
a tomar de la hiedra de la tinta.
Mañana, a saber a dónde llevarán los ríos;
a saber que puerta nos dará la salida.
El viejo de los candelabros seguirá en la esquina
pidiendo limosnas para la carta del juicio.
Las campanas repicaran con su péndulo.
La conclusión de otra rotación del tiempo.

50
Los rosarios rodarán en su letanía feudal
y la carne se secará como hojas caídas.
¿Quién lamerá el rocío de los perdones?
¿Quién le dirá a la muerte
que nos han quitado la vida?

XV

La ciudad se enterró
en un flujo mercúrico
como el aguijonazo
de un escorpión::
todo fue oscuro::
todo fue silencio::
alguien liberó al tiempo
de su botella
y los ángeles descendieron,
carentes de sexo,
entre jades y esmeraldas,
para permutar agonías
por glorias en desuso.

La ciudad que una vez


fue níspero de añoranzas
se despintó
con la llegada
imponente de la madrugada::
las flores quiméricas::
arias lánguidas
y melancólicas::
añoranzas de un tiempo
volcado en algún

51
intersticio desértico
del recuerdo
la frágil memoria.

Y de pronto hubo
sed de amores::
sed de obliterar
los recintos escondidos
de la voz que clama
por tocar la eternidad::
la sed de ahogarse
en el dulce ardor
de un beso
como en el principio
del primer latido.

Y de pronto hubo
un deseo eterizado,
como la calma de las praderas::
y nuevos salmos brillaron
bajo el neón misterioso
para iluminar
la búsqueda anónima y silenciosa
de nuevas verdades::
nuevos himnos::
el vino prestado de la ilusión::
el vino de sangre en una nueva comunión::
un placer íntimo::
como hacer el amor
con Dios ausente.

52
De pronto hubo lágrimas
y de pronto hubo un vacío::
de pronto añoramos
algo puro y virgen::
algo no tocado por la palabra::
algo inmaculadamente divino.

Y supimos
que ya nada sostendría el cielo.
Todo fue tan crudo::
todo fue tan cruel,
que finalmente
alguien gimió una elegía
y todo fue inmaculadamente
es-pec-ta-cu-lar.

53
Vicios de construcción
visitación de la Muerte

la Muerte llega
se sienta
se sirve de mi whiskey
enciende un cigarrillo

te lo dije, Elidio La Torre Lagares, dice

para alcanzarte
no hacen falta brazos

estás hecho de tierra, mar


y olvido

cansada de mí,
ahora bebe del pozo
de mi sangre

la Muerte
me arroja un beso
que duele
y no puede ser desecho

mi piel prestada
abriga tormentas
y humecta poemas
de piedra
que hacen la verdad
más llevadera
la Muerte

57
termina el trago
termina el cigarrillo
termina conmigo

en efecto,
para alcanzarme
no le hacen falta brazos

58
sábado en el Recinto Sur

ya qué:
inventar otro veneno necio

para iniciarnos en el ritual—


dormirnos a tientas

donde se fractura la aceral—


decirnos otro insulto

con elegancia
[la voz es un conductor térmico]

sentarnos sobre la ilusión


en esta ciudad, que es pequeña,

ignorar
que entre tanta muerte

sea improbable
que no tropecemos con algún fantasma

crear treguas de vino


en algún restaurant

y al final de la noche,
permanecer anónimos

59
inercia

sus ojos acatan


el lenguaje interior

del cuerpo— la posibilidad


se mueve en verbos

silentes— sonríe
a medias como si tentara

abrirse en mundo— sus pestañas


abanican el retazo

de su mirada— me ahogo,
me dice

y su rostro se aja
como el papel

mojado— arrójate hacia mí,


escucho— toma mi vacío

pero sólo puedo


mirarla desde la orilla

60
pérdidas
Melancholy is useful. Use yours
-Li Young Lee

admiro un remolino de hojas


que barre la acera
cual falda de bailarina

el árbol desnudo
permanece impávido
insufrible, indoloro

las hojas se alejan

el árbol, es obvio,
no las extrañará:
no tiene recuerdos
pese a que se hace en el tiempo

el árbol, he de decir,
no sabe poesía

es condición del lenguaje


evocar una ausencia:
la poesía es la memoria de las palabras

el árbol, seguro,
no tiene necesidad
de reparar por sus pérdidas

61
memoria
From pain you suffered, pain had set you free
-Howard Moss

te he ahogado todas las noches,


todas las noches menos una, cuando tú me ahogaste a mí
y ahora los peces comen de tu cuerpo
henchido por el verde del río
tus ojos sin párpados le hacen de isla a los cangrejos
y yo te observo, escupiendo mi silencio al viento
que arrastra hojas y memorias
perceptiblemente dolidas
por la forma que se entierran
en la arena negra y mojada
con la que una vez
adosaríamos aquellos castillos
de los cuales siempre hablábamos y nunca construíamos

qué me queda, si no una liviandad de conciencia


desovando el misterio, ya no hay causalidad,
sólo consecuencia

te he matado tantas veces, para que no te mueras


para que la vejez del arrepentimiento
no llegue a tu rostro ni al mío,
manjar flotante para las garzas
que llegan entre el manglar

por fortuna te reducirán


a lo irreconocible, pero no indefectible;

62
a lo temporal, mas aun ininteligible
contenida, mas aun continente
en la geografía de la memoria

63
priceless

Bouquet de rosas rojas $45.00


Cena para dos en restaurante caro $225.00
Botella de Dom $150.00
Un poema escrito en
servilleta que no le cala no tiene precio

Desayuno al otro día $25.00


Caja de cigarillos que fumas en
silencio $4.25
Café adicional para despertar
el ánimo $1.50
Descubrir una extraña al otro
lado de la mesa no tiene precio

Viaje en taxi $25.00


Maleta para libros y algo de ropa $95.00
Renta de un cuarto de hotel $65.00
Abrazar tu libertad mientras lloras
el adiós de tu hijo no tiene precio

De veras que…
hay cosas en la vida
que no sabemos
cómo pagar

64
my avatar

presumo que a ella le atrajo


mi manera de hacer sentido con el mundo

que llegué a ella


de la forma que asciende un pensamiento

que se planteó la posibilidad


de besar mis tenaces pectorales

que deliró con el sueño


de sumergir sus dedos entre mi blonda cabellera

que mi rostro era un espejo


donde refractaba su mundo

que por un momento


blanquecería entre sus piernas

que mis palabras enlabiaban como dulces salmos


que liberaban los sonidos aprisionados
en su secreta voluntad, como el sol al claroscuro
mientras se mira al cielo hundirse en negro

y debió sentir el mundo disolverse a su alrededor


como cuando uno encuentra el amor de su vida,
todo esto, sin saber
que esa no era mi foto

65
vicios de (cons) tr[u] CC ión

salute. and having worshipped for my doom


pass ignorantly into sleep’s bright land
-e.e. cummings

duraante la época de lluvia,


mi abuela y yo
nos sentábamos en la sal [A] (zul)
paraguas en mano,
a mirar las gotas colarse
por las grie tas en el techo
de cemen to

—son vicios de (cons) tr[u] CC ión—


decía mi padre—,
hay que vivir con es
o

después,
nosabandonó,
aun(que Re gresó

mi madre
pasa
bala
tarde
amasando buñuelos,
sus ojos endulzados
en el sirope de arce
sobre las de
formes

66
:bo
las:
de
/ha
ri
na/
du
ra

las gotas integraban, mientras tan to


una clepsidra
(sad) ica
que nunca llegaba a ahogarnos

a. (fuera) b. (dentro)
la casa la pintura
se empantanaba se descascaraba

treinta años van:


el pasado lame el húmedo vien to
y se acurruca al pie de la ven tana

la niebla, sedentaria, arropa la casa:


mi A vuela no está, pero me dejó su paraguas

mi madre Ruth siente el río Jano


y hace buñuelos en Re cuerdo/
mi padre es rusiente riojano
y bruñe soles que se astillan en sus manos
y cuan Do llueve,
toda

67
vía
caen
go
tas
en La
sa
la

Si
qué le
vamos
a ser

¡mesdifícildecirtodoesto!
¿mesdifícildecirtodoesto?
mesdifícildecirtodoesto

pero, al fin,
son [¿solo?]
vicios de (cons) tr[u] CC ión

68
Ensayo del vuelo
2008

Premio Julia de Burgos


De la Fundación Nilita Vientós

69
70
Los hombres vivimos colgados del lenguaje
-Niels Bohr,
Premio Nóbel de Física

Todos los demás viajes y progresos no son sino el emblema


y la contraseña del viaje de las almas
por las grandes rutas del universo
-Walt Whitman, “Canto del camino abierto”

71
I. El primer vuelo

el deseo
precedió a la palabra
antes que las cosas
tuviesen nombre,
en aquel tiempo
cuando éramos
dos islas distantes,
irrespectivamente
de la consecuencia
de una en la otra

previo al sonido,
no podía existir el silencio,
hasta que transigimos
una moneda de cambio,
un lenguaje
para entender
el suelo común:
una metáfora
que aunara
todo lo que somos,
que siempre,
de alguna manera,
es lo que nunca fuimos

73
II. Del origen del vuelo

hueco el hueso
y liviano el cuerpo,
las mandíbulas
y dientes
se convirtieron
en pico
y la cola
se afinó
en timón

las extremidades
anteriores
fueron
formando
el ala

del origen
del vuelo,
se piensa
que nace
de una
avidez
por la vida,
esa
condición
de la muerte

me ha parecido
que un destino

74
muy similar
ha superado
en mí
la poesía

75
III. El vuelo al cuerpo muerto

I buried my father
in my heart
-Li Young Lee

desenterré a mi padre
moldeado en el cemento
donde los nómadas
transitan este mi suelo prestado,
y me acosté a su lado

lo extraje de su tumba
de olvido

desenterré a mi padre
y vestí su chaqueta
y calcé sus zapatos
para pasear
por la memoria

lo destilé desde la lejanía


y de las palabras
no dichas
me hice una excelente corbata

comí de su carne
pesada y putrefacta
como si almorzara
tiempo viejo

y bebí el café

76
de la noche
dulcorizado de estrellas
y templé versos
de otra imaginación
visto
con otros ojos:
un delirio frío
que proclama
la posesión de un cuerpo
reconocible, mutable,
la forma perfecta
para mi voz sin vida

77
VI. Sabotear el aire

un eco detona sin remedio


entre la vejez del viento
y viaja con violenta calma

ante la ausencia de alas,


mi oído se conforma
con escuchar,
capacidad que,
como el volar,
sucede al aire

la palabra
es respirar
el sonido
sabotear el aire
trizarlo,
romperlo,
para luego
hacer suturas
de poemas,
esos insistentes
y fútiles
intentos
por levantar el vuelo

78
VIII. Vuelo gris

a veces sueño que vuelo


por espacios grises
donde un viento barre
el pasto amarillo

nunca hay nubes en el cielo


que siempre parece de plomo

una voz modula


y se impone
como el insomnio

me templa como un arpa

en mi cuerpo,
soy la nulifación
del cuerpo

aquí, en el hueco del pecho.


puedo adentrar mi mano
y tocar el cieno del corazón

entonces,
cuando despierto,
tiemblo
en el espanto
de un frío nido

79
X. El vuelo imposible

there is silence instead of a name


-Mark Strand

la luna de invierno,
en cuya blancura
se rompe tu silueta,
ha ascendido entre migajas
de cielo, donde prendamos
los ojos buscando el titilar
de la memoria, ese remanente
intangible del cuerpo,
que intentamos superar
con las palabras abortadas
al filo de nuestras pupilas,
en los momentos suspicaces
salpicados de odio y polvo,
entre archipiélagos de humos
que salen de nuestras bocas,
un lenguaje silencioso
que toma el lugar
de las palabras
ahogadas
en la distancia

80
XI. Charles Lindbergh alza vuelo

una densa
oscuridad
lo recibía
entre
la niebla
algodonada
del Atlántico
sobre Cape Cod
y Nueva Escocia

el rumor
de las
estrellas
se confundía
con el motor
de la nave

la nada
deglutía
la luna

como si se
deshilara el viento,
los fantasmas
traspasaban
el fuselaje
de la nave
con sus voces
humanas,

81
familiares,
espectrales,

eran
voces
venidas
desde el vacío,
de lo intocado
e inalcanzado
a punto de
ceder

82
XII. Venidos en vuelo

en la oscuridad
no había otro camino
que tocarnos

su cuerpo tibio
asechaba
entre sombras
y derrumbaba
el silencio
con sus vaporosos
respiros

un tajo de luz
marcaba su rostro

se condensaba
el sudor
en sus pechos

luego se vertió
sobre mí
como condición
inefable
de espacio

soltó un gemido blanco

transformamos dos sangres


equívocas

83
en un mismo movimiento
y fuimos menos
venidos a más

84
XIII. Apolo 8

a falta
de técnicas
de medición
más precisas,
el astronauta
levantó su dedo pulgar
y lo fijo en la ventana

la nave,
en su elíptica,
emergía
entre la totalidad sorda
del lado oscuro
de la luna

en el horizonte,
una canica azul
amanecía

frágil
solitaria

danzaba en torno
a su propio centro

a su alrededor,
cantaba el silencio
y tras el dedo pulgar,
un botón de planeta

85
le revelaba al astronauta
toda la grandeza
de nuestra minucia

una espantosa
soledad
de Dios lejano
enmudeció
el cosmos

86
XVIII. Movimiento del vuelo

Vemos la luz del atardecer anaranjada y violeta


porque llega cansada de luchar contra el espacio
y el tiempo.
-Albert Einstein

el atardecer, cansado,
llega con su rostro
tangerino y violeta y frío

pasa un cardumen de estrellas


nadando entre estelas
de ciudades preñadas
de luz y movimiento
entre edificios doblegados
por flores de salitre
y el tránsito de cuerpos
que comercia las horas

las erratas en el pavimento


alucinan una discontinuidad
evidente e imperfecta
entre árboles eléctricos
sediciosos y llenos
de temerosos pájaros

entre las mallas del ruido,


vuelan condiciones
que la noche va devorando

si todo, triunfalmente,

87
acata el paso del aire
en un éxtasis
que nos brinde el sosiego,
hasta que llega nuevamente la luz
penetrando suavemente
el espacio y el tiempo

88
XX. La promesa del vuelo

la lámpara
desmembra
el último
vahído
radiante
en este cuarto
arrendado
a la muerte

la piel
transcribe
la voz
calmada
de los huesos

toco tus
lunares
como un
braille
secreto

es lo indisoluble
lo que queda
de tu cuerpo:
un alfabeto fugaz,
la materia del lenguaje
que poetiza
todo lo que falta,
al marcharte,

89
recoges las alas,
y arrastras contigo
la promesa
de tu cielo

90
XXII. El último vuelo de Amelia Earhart

We must be on you, but cannot see you. Gas is running low.


—Amelia Earhart, última comunicación radiotelefónica

abordo del Electra,


el cielo es una rosa
en la arquitectura
de la eternidad

ya cruza
el abismo
entre quien conoce
y lo que se conoce

—esto nunca lo apartaran de mí:


ni mi sonrisa, ni mi sombrero,
ni la memoria de todo esto

después del verbo,


lo que resta es
la tenacidad

y ahora la nave
se adentra
en una densa ceguera

el vuelo desentona
en la nada

—estabas en lo correcto, Bob


—puedo sentirlo

91
ya en caída irreversible,
se acerca al entendimiento
de la última Verdad

la noche
se hace el día
visto
desde el otro lado

92
XXIII. Vuelo nocturno

caminar la ciudad
mientras enciendo
el acuartelado aire,
sin poseer fuego

perturbar la oscuridad
con la fricción
del cuerpo necio
entre el leso vacío

carecer de otra soledad


que no sea
el satori fugaz
de la constante brevedad

querer elevarse
sobre los billboards
y combustionar
lentamente con las estrellas

añorar la esperanza
en una esquina
despoblada
en una oscura avenida

abrir la jaula
del sufrimiento
para caducar
en algún deleite

93
borrarme en el silencio
que queda al despojarme
de mi memoria,
y en la ausencia, envejecer

94
XXV. Vuelo final

…sabe el hombre donde nace


y no dónde va a morir…
-Juan Antonio Corretjer

agotado por la vida,


de sobra densa y palpable
enfrento el enigma
de las cosas por conocer

en esta tarde
donde los rascacielos
han tomado
la silueta de las montañas,
el vértigo y el éxtasis
se asientan como alas
tras el vuelo del alma

en este momento solitario,


anónimo y circunstancial,
me alcanza
la eternidad y la paz

y soy tan nada dentro de todo,


y soy todo dentro de nada

ya vivido, ya balanceado,
en caótica armonía,
sumado por la experiencia
y sustraído por el tiempo,
mudo el plumaje de la memoria

95
y me preparo para mi último vuelo:

cobijaré
aquello que tenga
que aprender de la muerte

96