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UNIVERSIDAD DE COSTA RICA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES ESCUELA DE PSICOLOGÍA

“FACTORES DE LA HISTORIA PERSONAL, FAMILIAR Y VÍNCULOS QUE CONTRIBUYEN EN LA GÉNESIS DE LA IDEA SUICIDA DE HOMBRES ADULTOS DEL VALLE CENTRAL DE COSTA RICA”

TESIS PARA OPTAR AL GRADO DE LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

DAGOBERTO SOLANO MARÍN

Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, Costa Rica

2008

A Manrique.

DEDICATORIA

AGRADECIMIENTOS

Al Señor, mi Dios, quien permitió que todo se realizara. A todas aquellas personas que contribuyeron para que este trabajo se llevara a cabo.

iii

iv
iv

TABLA DE CONTENIDOS

Dedicatoria ……… …………………………………………………………………………

ii

Agradecimientos ……………………………………………………………………………

iii

Hoja de aprobación ………… ………………………………………………………………

iv

Capítulo I …………………………………………………………………………………….

1

Introducción …………

2

Justificación ………

………………………………………………………………………

4

Capítulo II …

……………………………………………………………………………….

8

Marco de referencia ……………

9

Antecedentes ………

9

Marco teórico …………

14

Masculinidad hegemónica ………………

…………………………………………………

14

Suicidio ……

………………………………………………………………………………

32

Problema ………

48

Objetivos ……

48

Capítulo III …

……………………………………………………………………………

50

Metodología ………

51

Estrategia metodológica ………………

51

Sujetos de investigación ……………

51

Procedimiento de recolección de la información ………………………

54

Procedimiento ………

58

Análisis de los resultados ………………

60

v

Capítulo IV …

………………………………………………………………………………

61

Resultados ………

………………………………………………………………………….

62

Integración ………

100

Capítulo V ….………………………………………………………………………………

113

Conclusiones ……….………………………………………………………………………

114

Recomendaciones ……………………………………………………………………………

122

Referencias bibliográficas …………

127

Anexos …

133

vi

LISTA DE TABLAS

Personas Entrevistadas ……………………………………………………………

vii

Pág.

63

RESUMEN

La forma en que los hombres aprenden a vivir su masculinidad tiene una estrecha relación

con los estilos utilizados para afrontar sus conflictos más profundos a través de sus vidas.

La masculinidad hegemónica tiene como característica el hecho de imponer a los hombres

mandatos que les impiden manejar adecuadamente estos conflictos, ya que se les niega la

posibilidad de solicitar apoyo y hablar de aquellas cosas que les aquejan.

El hermetismo, la acumulación de todas aquellas experiencias displacenteras sin poderlas

conversar con nadie, la incapacidad para poder responsabilizarse por sus propias emociones

y la inexistencia de adecuadas redes de apoyo, hace que los hombres se vean expuestos a

manejos indebidos de sus conflictos, en donde el suicidio es una opción que es contemplada

cada día por más hombres de todo el mundo, acabando con la vida de miles de ellos cada

año.

A pesar de lo anterior, en Costa Rica no existen estudios que generen conocimiento acerca

de este fenómeno en la población masculina, y mucho menos programas de prevención del

suicidio en hombres adultos, población que va a la cabeza en suicidios en el mundo.

Por esta razón resulta fundamental elaborar trabajos que permitan conocer la dinámica de

las ideas suicidas en los hombres, aclarando las particularidades de este fenómeno a partir

del

género,

que

adecuadamente.

permitan

conocerlo

aún

más,

con

el

fin

de

poder

combatirlo

En el presente documento se ofrecen los resultados del escrutinio de 4 casos de hombres

que han contemplado el suicidio como una opción viable ante sus problemas, lo cual

viii

permite adentrarse en el imaginario de estos, y por ende, en sus elaboraciones frente al

suicidio.

A partir de los resultados alcanzados con este trabajo, se formula una serie de conclusiones

y recomendaciones que pretende ser un aporte al conocimiento de tan importante temática.

ix

1

CAPÍTULO I

2

INTRODUCCIÓN

En el presente documento, se presenta la síntesis y el análisis de los resultados obtenidos

durante la ejecución del trabajo final de graduación “Factores de la historia personal,

familiar y vínculos que contribuyen en la génesis de la idea suicida de hombres adultos del

Valle Central de Costa Rica”, para optar por el grado de Licenciatura en Psicología de la

Universidad de Costa Rica.

El presente trabajo tuvo como objetivo, determinar los factores de riesgo a nivel personal

que

propician

que

los

hombres

contemplen

la

posibilidad

de

suicidarse,

así

como

determinar cuales son los factores personales protectores que fungen en los hombres como

elementos inhibidores frente a la idea suicida.

Para esto, se realizaron estudios de caso de cuatro hombres participantes de los grupos de

apoyo

del

Instituto

Costarricense para

la Acción,

Educación

e

Investigación

de

la

Masculinidad, Pareja y Sexualidad (Instituto WEM), y que habían manifestado haber

contemplado la idea de suicidarse como una salida a sus problemas.

En el primer capítulo se presentan algunos datos que explican la importancia de trabajar el

tema de las ideas suicidas en los hombres adultos. En el segundo capítulo del presente

trabajo, se encontrarán los principales conceptos teóricos que dieron sustento al trabajo, los

cuales se presentan de forma detallada para su mejor comprensión.

En el capítulo III se detallan los objetivos propuestos dentro del trabajo, así como las

estrategias metodológicas empleadas para alcanzar estos objetivos.

3

En el capítulo IV se presentan los principales resultados obtenidos a partir de la ejecución

del trabajo de campo, dentro de los cuales resaltan la relación directa entre la incapacidad

de los hombres para manejar las fantasías de abandono, con la presencia de las ideas

suicidas.

Por último, el capítulo V contiene las principales conclusiones y recomendaciones surgidas

a partir de la ejecución del trabajo. Probablemente las más sobresalientes de ellas tienen

que ver con la influencia de la vivencia de la masculinidad y la necesidad de cumplir a

cabalidad con los mandatos del patriarcado, la incapacidad de los hombres para manejar sus

afectos y por ende, la constitución de crisis inmanejables para ellos, así como la presencia

de fantasías de abandono que determinan el estilo de relaciones que estos hombres

establecen con sus parejas.

4

JUSTIFICACIÓN

En los países de tradición patriarcal, dentro de los cuales se encuentra Costa Rica, la

violencia ha llegado a convertirse en un problema de salud pública (Campos y González

2002). Los hombres, que son quienes más realizan el ejercicio de la violencia como una

forma de mantener el poder, ejercen violencia en contra de los demás, de la naturaleza y de

ellos mismos, siendo esta última la más relevante para los efectos del presente trabajo.

La violencia contra sí mismo incluye las conductas autodestructivas o de riesgo, las cuales

son ejercidas por los hombres muchas veces como una forma de demostrar su desprecio por

el peligro, lo cual haría evidente la virilidad que están obligados a poseer para ser

considerados como verdaderos hombres tal y como lo señala Gilmore cuando dice que debe

mostrarse públicamente como una elección positiva, un gozo a pesar del dolor, porque

representa el compromiso moral de defender a la sociedad y a sus valores esenciales frente

a cualquier peligro (Gilmore, 1999).

Entre

estas

conductas

autolesivas

se

incluyen

el

abuso

de

sustancias

psicoactivas,

conducción temeraria, deportes de riesgo entre otras que no necesariamente implican la

muerte de forma súbita, sin embargo el suicidio es la máxima expresión de violencia contra

sí mismo.

Generalmente el suicidio ha sido relacionado con trastornos psiquiátricos que van desde la

depresión, hasta la esquizofrenia (Puentes, López y Martínez, 2004),

sin embargo existen

personas que cometen suicidio sin la presencia de este tipo de trastornos. Muchas personas

en algún momento de su vida contemplan la idea de suicidarse como una opción ante sus

5

problemas o ante sus crisis,

lo cual constituye un factor de riesgo para que se desarrolle

una depresión o se cometa suicidio.

Por tal razón, en la presente tesis se considera fundamental el estudio de la dinámica

existente en los hombres alrededor de la idea de suicidarse,

ya que esto podría ser un

aporte fundamental a la explicación de la existencia de una relación de esta idea con la

propia vivencia de la masculinidad.

En la actualidad,

entre el 3% y el 5% de población mundial mayor de 16 años comete

conductas autolesivas en algún momento de su vida, de las cuales

cerca de 1000

conseguirán suicidarse diariamente, y el 10% de los que en algún momento amenazan con

suicidarse, lo conseguirán en los 5 años siguientes. Según la Organización Mundial de la

Salud (OMS), citada por Chávez, Macías, Palatto y Ramírez (2004), sólo en el 2000, se

registraron cerca de 800 000 suicidios a lo largo del mundo, sin tomar en cuenta todos

aquellos suicidios no reportados, así como aquellos que ocurrieron en países que no los

cuantifican.

Para la OMS, el suicidio sería la décima causa de muerte en los países desarrollados, lo que

innegablemente lo convierte en un problema de salud pública y por ende se requiere de la

existencia de efectivas estrategias que permitan evitar que las personas contemplen el

suicidio como opción para su futuro.

Asimismo se estima que los hombres cometen suicidio de 2 a 4 veces más que las mujeres,

lo que los convierte en una población vulnerable, sobre todo en la edad adulta, donde la

incidencia aumenta considerablemente (Vega, Blasco, Baca y Díaz, 2002).

6

En el caso de Costa Rica, según cifras del Anuario de Estadísticas Policiales del 2004, del

Poder Judicial de Costa Rica (2005), sólo en el 2004, 322 personas se suicidaron en nuestro

país, de las cuales el 85.7% corresponde a hombres y el 93.8% a personas de 18 años en

adelante.

Por otra parte, el Instituto Costarricense para la Acción, Educación e Investigación de la

Masculinidad, Pareja y Sexualidad, ha reportado en su sitio en Internet, que en los últimos 7

años, en los que ha estado en funcionamiento su Línea de Apoyo para Hombres (Línea

ApH), la cual está destinada a brindar apoyo emocional a hombres con situaciones con

problemas de agresión o violencia en las relaciones de pareja y familia, dificultades con los

hijos e hijas y en el ejercicio de la paternidad, manejo de situaciones de divorcio y

separación, problemas con la sexualidad, autoestima, manejo del enojo, expresión de

afectos entre otras; que muchos de los casos que han atendido han sido por intentos o ideas

suicidas, situación que ha hecho indispensable el trabajo conjunto con otras instituciones

como el Ministerio de Seguridad Pública, Cruz Roja Costarricense, y diferentes hospitales a

nivel nacional, para que se pueda brindar la atención necesaria a estas personas (Instituto

WEM, 2008).

Tomando en cuenta que debido a la vivencia de la masculinidad hegemónica, los hombres

generalmente no se permiten expresar sus emociones, y sobre todo aquellas que denoten

vulnerabilidad, es sumamente importante la información que se logre conseguir acerca de

lo que ellos piensan en torno al suicidio y toda la dinámica que se experimenta alrededor de

la idea de cometerlo.

7

El presente este estudio pretende recolectar valiosos datos que faciliten elaborar estrategias

de trabajo para evitar que el suicidio sea contemplado por los hombres, y que, de darse el

caso, se logre la detección del riesgo suicida, lo que permitirá una oportuna atención de la

población en riesgo.

8

CAPÍTULO II

9

MARCO DE REFERENCIA

ANTECEDENTES

Después de hacer una búsqueda de información referente al suicidio en hombres, se logra

constatar que el estudio de esta problemática ha sido poco abordado en Costa Rica.

En 1993, Alpízar, Donini y Navarro, en su estudio “Intentos de Suicidio: análisis de

aspectos sociodemográficos, psicosociales y familiares de adolescentes consultantes del

Hospital Calderón Guardia” concluyen que el tema del suicidio se ha convertido en un

problema que en realidad no ha sido estudiado con la responsabilidad que amerita:

Se considera que el estudio de los suicidios o de las tentativas de suicidio se ha

convertido en un tabú en nuestra sociedad; se reconoce que esta situación ha

adquirido gran relevancia en nuestro país y en otras partes del mundo, pero se prefiere

hasta cierto punto silenciar y no mostrar interés en analizar cuales son las variables

que confluyen para la ocurrencia de este fenómeno en Costa Rica. (Alpízar, Donini y

Navarro, 1993: 210)

Sin embargo, cabe rescatar que el insuficiente intento por conocer la problemática se ha

dirigido en mayor medida a la población adolescente y a personas con padecimientos

psiquiátricos pese a que según el Poder Judicial, de todos los suicidios cometidos en el año

2004, solo el 6.2% corresponde a personas menores de 18 años y el 6.5% a personas con

padecimientos psiquiátricos. Por tanto, restringir el estudio a estos grupos excluye a la

población adulta, que en mayor medida comete suicidio (Poder Judicial, 2005).

10

Al mismo, Alpízar, Donini y Navarro, tiempo rescataron la influencia del ambiente familiar

de las personas que intentan suicidarse, ya que según ellas, la mala comunicación, el no

reconocimiento de los afectos y las figuras parentales ausentes influyen de manera

importante en la aparición de ideas e intentos suicidas de los adolescentes participantes del

estudio.

Granados (1997), en su estudio “Costa Rica, tendencias y características generales del

suicidio y distribución geográfica según aspectos demográficos asociados. 1980-94”,

rescata el hecho de que el acto suicida es más común en la población masculina, así como

que la atención de estos casos generalmente se centra en un concepto biologista y no en la

satisfacción de otras necesidades desde un tratamiento integral del problema, por lo que

consideró recomendable la determinación de la magnitud y la tendencia del suicidio en

Costa Rica y el trabajo que se hace desde las redes de apoyo institucional.

De forma similar, Prado y Brenes (1998), lograron concluir después de realizar su estudio,

“Algunas de sus características sociodemográficas del paciente con intento de suicidio,

registrados en los hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social, durante el período

de 1991”, que no existen programas que se dediquen a detectar ni prever el intento de

suicidio en la población nacional, lo cual representa en problema del sector salud, ya que

estas personas requieren de atención médica en los servicios de emergencias y de consulta

externa y muchas veces de hospitalización prolongada.

Desde otro punto de vista, Hernández (1999), en su estudio “La adolescencia en tanto

encuentro con la muerte: Un estudio conceptual desde el psicoanálisis”, también pretendía

11

señalar el lugar central que ocuparía la reflexión por la muerte dentro de una lectura

estructural de la adolescencia en el psicoanálisis.

Hernández plantea en sus conclusiones que el conflicto del adolescente con la figura

paterna pasando por el complejo de Edipo y el complejo de castración, lleva a la muerte

simbólica de esa imagen paterna, de ideal, poseedor de la ley, lo que más tarde sería vivido

como la muerte del propio sujeto.

Asimismo, Hernández señala la importancia de que se realicen aportes de orden conceptual

a los programas de atención al adolescente, con lo que pretendía abrir un debate acerca del

tema, que pudiera instrumentar a las diferentes instituciones para el trabajo con esta

población.

Por otra parte, Conejo y Valverde (2000), al estudiar las “Representaciones de la muerte y

del

suicidio

en

adolescentes

de

un

colegio

público

del

área

metropolitana:

Una

aproximación

hermenéutica”,

concluyen

que

las

personas

participantes

presentaban

construcciones

que

mostraban

tener

su

mayor

sustento

en

los

planteamientos

socioculturales sostenidos por la religión, por los medios de comunicación y por la familia

en tanto instituciones socializadoras.

Finalmente,

Guevara

(2004)

en

su

tesis

“Dinámica

microsocial

del

suicidio

en

adolescentes: Un estudio de redes sociales”, coincide con Conejo y Valverde respecto a la

importancia de la estructura familiar en la dinámica suicida de los y las adolescentes, ya

que este concluye que los cambios en la estructura familiar afectan las redes tomando en

cuenta las modificaciones que se puedan dar en sus lazos y sus características, lo que

impide que se cubran las necesidades afectivas de los y las adolescentes.

12

Estos estudios, pese a que no hablan de la dinámica de la idea suicida en hombres adultos,

sí dan una panorámica general del fenómeno en tanto problema de salud pública, por lo que

es necesario que se tomen en cuenta para la presente propuesta de investigación.

En el intento por obtener información acerca de los servicios ofrecidos a los hombres para

atender sus conflictos emocionales, se constató que en Costa Rica sólo existe una

institución que se dedica al trabajo exclusivo de la población masculina, el Instituto

Costarricense Para la Acción, Investigación y Educación de la Masculinidad, Pareja y

Sexualidad (Instituto WEM). De acuerdo con la información interna de dicha institución, se

tiene que esta es una organización no gubernamental que desde hace ocho años se ha

dedicado

a

trabajar

con

hombres

los

procesos

de

constitución

de

la

masculinidad

hegemónica y la posibilidad de construir espacios de masculinidades alternativas en todos

los ámbitos y escenarios posibles. Además intenta facilitar el abordaje integral de la

sexualidad con diversos grupos etáreos y sociales, tanto desde una perspectiva pedagógica

como de intervención clínica. Asimismo la institución pretende propiciar el abordaje de la

vida de pareja integrando el área de la masculinidad y de la sexualidad (Instituto WEM,

2008).

El trabajo de este instituto va dirigido a los hombres de la población en general y también a

los hombres catalogados como “agresores”, para los cuales se ofrecen varios servicios,

siendo el de principal interés para este estudio el de la Línea ApH. Esta línea telefónica que

brinda el servicio de intervención en crisis, atendida por personal capacitado, que se dirige

a los hombres mayores de 18 años que están atravesando situaciones de crisis en su vida

personal o familiar. Los registros de las llamadas recibidas dejan ver como la consulta por

ideas suicidas ocupa un lugar muy importante en el tipo de llamadas atendidas. De las 1806

13

llamadas efectivas que se recibieron en el primer año de funcionamiento de la Línea ApH,

el cual comprendió las fechas entre el 13 de diciembre de 2002 y 12 de diciembre de 2003,

el 4% de ellas correspondieron al Código 120e, el cual correspondió a las consultas por

“depresión y suicidio”. A pesar de que los hombres tienen dificultades para hablar de sus

emociones

y pedir

ayuda,

que

dicha línea tiene escasos

espacios

de promoción

y

divulgación. Igualmente el espacio de atención es de sólo cuatro horas diarias, esta cantidad

de llamadas es sumamente significativa y representa una gran necesidad por parte de los

hombres de contar con espacios de escucha y atención (Moya y Quirós, 2006).

Lo anterior hace pensar en la importancia de tener conocimientos más especializados

referentes a las ideas suicidas en esta población en específico para que los usuarios reciban

un servicio de la mejor calidad.

14

MARCO TEÓRICO

MASCULINIDAD HEGEMÓNICA

Debido a que el presente trabajo trata acerca de las ideas suicidas en hombres, es muy

importante

contar

con

los

conceptos

que

puedan

aportar

las

teorías

de

género

y

específicamente de masculinidad, ya que es a través de los procesos de socialización que se

conforma

la

identidad

de

género,

determinando

gran

parte

del

imaginario

y

el

comportamiento de las personas y por ende de muchas de sus problemáticas.

Por tal motivo, cuando adelante en este documento haga referencia del término género, este

será entendido de la siguiente manera:

Género: se refiere a los aspectos psicológicos, sociales y culturales que se

adjudican a las personas, básicamente de acuerdo a su sexo. Alude a los procesos

de socialización de la masculinidad y la feminidad y a la construcción histórico

social de las identidades femenina y masculina, que se lleva a cabo en hombres y

mujeres. (Campos y Salas, 2002: 34)

Históricamente

se

ha

manejado

la

teoría

de

que

los

hombres

y

mujeres

poseen

características de comportamiento diferencial debido a su pertenencia a uno u otro sexo,

dándole un carácter natural o genético a esta diferenciación. Es importante aclarar que

según el estudio de género y las teorías actuales, la diferencia de género es más un factor

de socialización fomentado por un orden patriarcal, atribuyendo y reforzando diferentes

características a las personas de un sexo u otro. Al respecto, Fernández considera que:

15

El estudio de los papeles de género ha puesto de manifiesto que las características

sexuales anatómicas proporcionan un referente al que las distintas culturas pueden

Se

vincular un amplio espectro de diferencias sociales que, de hecho,

tienen poco

que ver con la anatomía. (Fernández, 1998: 27)

entiende

entonces

que

las

sociedades

han

jugado

un

papel

fundamental

en

la

diferenciación entre lo masculino y lo femenino, convirtiéndolos en polos opuestos y en

algunas ocasiones hasta antagónicos.

Se parte de lo anterior para entender el concepto de socialización de género, que para

Campos y Salas (2002) es:

… la forma cómo han sido criados los hombres y las mujeres; es decir, la forma

como la sociedad y la cultura les ha enseñado a vivir la masculinidad y la

feminidad. Este aspecto es determinante a la hora de establecer relaciones

interpersonales, tanto con varones como con mujeres, ya que apunta a aspectos

varios: cómo se distribuye el poder, la equidad de derechos intergenéricos, la

manera como se entiende el papel y el lugar de la otra persona según su género,

entre otros. (Campos y Salas, 2002: 22)

Entonces, la socialización de género opera de tal forma que brinda a los machos y hembras

de la especie, ciertos parámetros que les permitirá convertirse en hombres y mujeres,

brindando pautas que determinarán los comportamientos, sentimientos y roles laborales y

sociales según el sexo biológico con que se nace.

16

De este proceso de socialización se logra obtener lo que se conoce como identidad de

género, el cual pretende clarificar los procesos que fundamentan la identidad masculina, ya

que como lo mencionan Campos y Salas (2002):

Es la convicción, en el plano de las ideas y de los sentimientos, de que se es y se

pertenece a un sexo y no a otro. Se le llama también identidad sexual. Es una

autopercepción que constituye un núcleo inalterable; no es solo una creencia. Es

parte del núcleo primario o arcaico de las personas o, en otros términos, una de las

primeras nociones que los seres humanos tiene de sí mismos y que se mantiene a

lo largo de su vida: soy un hombre, soy una mujer. (Campos y Salas 2002: 50)

A este respecto es fundamental la información transmitida por los padres, la familia y los

grupos sociales acerca de las ideas de lo que es y debe ser un hombre y una mujer,

influyendo significativamente en el plano subjetivo del manejo de las emociones y

sentimientos, así como la forma de vincularse con personas de uno u otro sexo.

De esta manera, y según plantea Badinter (1993), las sociedades patriarcales conciben y

definen la masculinidad en términos de negar la feminidad, utilizando maniobras defensivas

ante el temor a lo femenino, temor a las mujeres, a mostrar cualquier tipo de feminidad,

ternura, pasividad y el temor a ser deseados por otro hombre, por lo que al contrario se debe

mostrar rudo, ruidoso, beligerante, maltratar a las mujeres y convertirlas en objeto de

fetichismo; buscar solo la amistad entre los hombres, al mismo tiempo que se detesta a los

homosexuales;

ser

grosero;

denigrar

las

ocupaciones

femeninas,

obligación para un hombre es no ser mujer.

Corsi (1999) coincide con esta idea cuando dice:

ya

que

la

primera

17

En el marco de la sociedad patriarcal, el varón se ve impulsado a construir su

identidad por la negativa, evitando todo lo que es culturalmente definido como

“femenino”. El miedo a la feminidad pasa a ser el eje alrededor del cual se va

estructurando lo masculino. (Corsi, 1999: 16)

Según Badinter (1993), los diferentes métodos utilizados por las culturas patriarcales para

lograr esta consecución de la identidad masculina, tienen tres puntos en común.

El primero consiste en la superación del umbral crítico; llegando a la adolescencia, el chico

debe salirse de la infancia indiferenciada para insertarse en la sociedad adulta. En el caso de

las niñas, esto sucede naturalmente con su primera menstruación, pero en el caso de los

niños es el proceso educativo el que sustituye al natural, siendo entonces la masculinidad

una fabricación social más que natural.

El segundo punto en común es la necesidad de aplicar pruebas que implican dolor físico y

psíquico para demostrar el valor como hombre y ciudadano; ya que el dolor se considera

como asunto femenino, al que los hombres no deben acercarse para no convertirse en

afeminados.

En tercer lugar, se menciona el papel nulo o relegado de los padres, ya que generalmente

son chicos mayores u otros padres los encargados de la masculinización de los más jóvenes.

Estos ritos tienen como objeto pasar del estatus de niño al de hombre, convirtiéndose en

una cirugía radical de socialización compuesta de tres etapas que son: la separación de la

madre y del mundo femenino, la transferencia a un mundo desconocido y el sometimiento a

unas pruebas dramáticas y públicas. En el caso de las pruebas, resulta necesario mencionar

que generalmente conllevan el derrame de sangre, con lo que los jóvenes demuestran su

18

valentía, su impasibilidad ante el dolor y su desprecio por la muerte; marcando el final de

su pertenencia al mundo femenino y el paso al mundo de los hombres, teniendo como

prueba de esto, las cicatrices que llevan los cuerpos. Este es el precio que hay que pagar

para pasar de un estadio de vulnerabilidad hembra al del macho poderoso (Badinter, 1993:

98).

Con esto coincide Gilmore (1994), quien en su estudio antropológico acerca de los ritos,

pruebas de aptitudes y resistencias que deben demostrar los hombres para conseguir su

identidad masculina, identifica coincidencias respecto de las pruebas que deben atravesar

los muchachos en diferentes culturas, coincidencias que generalmente se basan en el

enfrentamiento al peligro, desafío de la muerte y desprecio por la vulnerabilidad, lo que

muchas veces desemboca en el derrame de sangre e incluso en la muerte.

Por ejemplo, menciona como los jóvenes Amharas de Etiopía, son obligados a participar en

concursos de latigazos, donde sus rostros quedan lacerados, las orejas arrancadas, y

aparecen cardenales rojos y sanguinolentos, a la vez que deben marcar sus brazos con

ascuas, para lo que no deben dar ninguna muestra de debilidad o se verán avergonzados por

el

resto

del

grupo.

Del

mismo

modo

ocurre

en

culturas

no

militaristas

como

los

Bosquimanos Kung del suroeste de África, los Tox en Iowa, y los Tewa de Nuevo México,

que

siendo

tribus

pacifistas,

también

someten

a

sus

jóvenes

a

ritos

de

iniciación

caracterizados por la violencia y resistencia al dolor.

Lo anterior demuestra la necesidad de los hombres de ser reconocidos como tales, pero

sobre todo como hombres viriles, ya que según Gilmore la virilidad se diferencia de la

simple masculinidad:

19

…la

verdadera

virilidad

no

es

una

condición

natural

que

se

produce

espontáneamente por una maduración biológica, sino un estado precario o

artificial que los muchachos deben conquistar con mucha dificultad. Esta idea

recurrente de que la virilidad es problemática, que es un umbral crítico que los

muchachos deben cruzar mediante pruebas, se encuentra en todos los niveles de

desarrollo sociocultural, independientemente de cualquier otro papel alternativo

que se pueda reconocer. (Gilmore, 1994: 22-23)

En

los

países

industrializados,

según

Gilmore

los

ritos

de

iniciación

han

sufrido

modificaciones, dejándolos a cargo de escuelas militares, por ejemplo, pero en las

sociedades en las que no se logran notar los ritos, el cambio de un estado al otro es mucho

más problemático, ya que no existen pruebas evidentes.

En este mismo sentido, en las sociedades industrializadas, los ritos de iniciación y las

pruebas de masculinidad se han ido modificando hasta convertirse en pruebas deportivas,

cuyo objetivo es que los niños demuestren frente a los demás el desprecio por el dolor,

como controlan su cuerpo, su fortaleza frente a los golpes, su voluntad de ganar y derrotar a

los demás; evidenciando que no se es un bebé, ni una chica, ni un homosexual.

A

partir de lo anterior y siguiendo los postulados de Gilmore, se puede ver como el cuerpo

se

llega a concebir como una herramienta, una máquina o un arma que sirve para derribar y

derrotar a los otros, reduciéndolos a objetos, lo que haría pensar que este cuerpo pierde

valor cuando no es funcional para conseguir estos objetivos de la masculinidad.

Según

Gilmore, esta concepción

de

la masculinidad

dificulta el

establecimiento

de

relaciones íntimas entre hombres, por lo que los deportes en equipo constituyen una

20

oportunidad de tocarse y abrazarse sin que se ponga en duda la orientación sexual de las

personas;

convirtiéndose

en

relaciones

eróticas

inconscientes,

por

lo

que

podría

considerarse que los deportes competitivos y violentos, son un sinónimo de virilidad que

vienen a establecerse debido a la ausencia de esos ritos de iniciación que permitan la

adquisición de la identidad masculina.

Por otro lado, según Badinter, la preferencia sexual es otra de las características que

prueban la masculinidad. La sexualidad masculina se asocia al hecho de poseer, tomar,

penetrar y dominar, pero únicamente a las mujeres, pues lo contrario, es decir, poseer,

tomar y penetrar a otro hombre, sería enfermedad.

Según esta autora, lo anterior guarda estrecha relación con la necesidad de demostrar que

no se es homosexual, por lo que se puede considerar que la homofobia es parte significativa

de la identidad masculina, ya que desde esta perspectiva un homosexual no es un hombre

que mantiene relaciones sexuales con otro hombre, sino que en definitiva, y por adoptar un

papel pasivo, es visto como una mujer.

Ante esto, los hombres intentan demostrar que no son homosexuales o mujeres adoptando

conductas agresivas para evidenciar el asco que les produce la homosexualidad; pero que lo

que en realidad sucede es que la homosexualidad despierta en los hombres sus propios

deseos homosexuales inconscientes que son considerados como signo de debilidad y que

por tanto deben ser reprimidos de esta manera para poder cumplir con el papel social de

acrecentar la autoconfianza al ganarse la aprobación de la mayoría.

Badinter reconoce cuatro imperativos del ideal de virilidad. En primer lugar el hombre no

debe ser afeminado y estar limpio de toda feminidad, lo que inevitablemente mutila parte

21

importante de su humanidad. El segundo imperativo responde al éxito, poder y superioridad

frente a los demás. Por otro lado, el tercer imperativo indica que es indispensable que un

hombre sea independiente y que nunca muestre sus emociones, ya que estas son signo de la

debilidad femenina. El último imperativo del ideal de masculinidad se refiere a la

obligación de ser más fuerte que los demás, recurriendo a la violencia y a correr riesgos si

es necesario, con lo que debe demostrar que es audaz y agresivo.

El hombre que se somete a estos cuatro imperativos es el supermacho que

durante mucho tiempo ha hecho soñar a las masas, que ha sido representado a la

perfección por la imagen del hombre Marlboro (The Marlboro Man), que ha

recorrido el mundo entero. Es el hombre duro, solitario porque no necesita a

nadie, impasible, viril como nadie. Todos los hombres, en un momento dado, han

soñado ser como él: una bestia sexual con las mujeres, pero que no se ata a

ninguna; un ser que no se trata con sus congéneres masculinos si no es en el

campo de la competición, la guerra o el deporte. En definitiva, un duro entre los

duros, un “mutilado de afecto”, preparado más para la muerte que para el

matrimonio y el cuido de los hijos. (Badinter, 1993: 161)

La carrera constante en la búsqueda de alcanzar un ideal de virilidad imposible de

conseguir, llena de inseguridad a los hombres pues es inevitable que aparezca la sensación

de ser un hombre inacabado e incompleto. Es por esto que este ideal de virilidad se llega a

convertir en una obsesión para los hombres, quienes al final deben recurrir a la simulación

de la supervirilidad, utilizando una mascara que esconda la verdadera vulnerabilidad.

A este respecto Corsi (1999) menciona que:

22

Desde la temprana infancia se aprende que un “verdadero hombre” tiene que

mostrarse fuerte, seguro de sí mismo, competitivo,

ganador (en definitiva, una

imagen cercana a la omnipotencia). Ese modelo de masculinidad también incluye

prohibiciones: no llorar, no mostrarse débil, temeroso o inseguro, no fracasar…

Es como si el hombre debiera estar permanentemente ofreciendo pruebas de su

masculinidad ante un tribunal examinador constituido por todos aquellos que

están más allá de las fronteras de su núcleo familiar más íntimo. (Corsi, 1999: 14-

15)

Este autor advierte dos procesos psicológicos simultáneos que se convierten en mandatos

para la identidad masculina. En primer lugar el hiperdesarrollo del yo exterior y la obsesión

por los logros y éxitos; y en segundo lugar la restricción de la esfera emocional y la no

expresión de sentimientos como el dolor, temor o tristeza, teniendo que mantener un

estricto autocontrol que le permita mantener un balance entre estos dos procesos, lo que en

realidad se convierte en un grave problema a la hora de que los hombres deben enfrentar su

crisis, ya que se ven imposibilitados para reconocer sus sentimientos y tienen más

problemas aún a la hora de expresarlos, ya que esto los acercaría a la vulnerabilidad

femenina tan temida y evitada.

En este sentido, tal y como lo plantea Kimmel (1997), esta demostración de la virilidad

debe hacerse de forma constante ante la mirada de los demás, ya que los otros fungen como

jueces y son los que dan la aprobación de que se es hombre. Es esto lo que hace que sea tan

necesario que los hombres, cumplan con ese hiperdesarrollo del que habla Corsi, ya que al

alardear de la propia masculinidad, se consigue esa aprobación de los otros tan necesaria

para acceder al mundo masculino.

23

La búsqueda de esta virilidad es llamada por Badinter como ideal de hombre duro, la cual,

al no ser alcanzada, es motivo de múltiples frustraciones que se traducen en violencia

contra los demás y contra sí mismos. Los hombres se ven empujados a correr riesgos y a

tener conductas autodestructivas como símbolo de su virilidad, al tiempo que ejercen la

violencia personal o colectivamente.

Al respecto, Campos y Salas (2002) hacen un breve resumen de los mandatos que según

Brannon (citado por Valdés y Olavarría, 1997) conforman la identidad masculina, los

cuales son:

Nada con asuntos de mujeres: la masculinidad es el repudio implacable de lo

femenino.

Sea el timón principal: la masculinidad se mide por el poder, el éxito, la riqueza y

la posición social.

Sea fuerte como un roble, la masculinidad depende de permanecer calmado y

confiable durante una crisis, con las emociones bajo control, no se muestran

emociones.

Mándelos al infierno: ser arriesgado y ser agresivo.

En cuanto a la sexualidad:

Siempre listo para tener sexo.

Siempre con el pene erecto, que “funciona” siempre.

Siempre durando mucho para eyacular.

Siempre dando satisfacción sexual a las mujeres (como nadie lo hace).

24

Y en otros ámbitos:

Nunca rechazado o traicionado por una mujer.

Exitoso en el trabajo.

Exitoso en lo económico.

Con parejas que lo admiren, obedezcan y cuiden.

Mediante el desafío permanente del peligro.

Mediante conductas de descuido personal.

Mediante la negación maníaca de los procesos de duelo.

Por

su

parte,

Campos,

indica

que

los

mensajes,

encargos

y

características

de

la

masculinidad también están presentes en los cuentos, tradiciones y leyendas de los pueblos

y culturas (Campos, 2007: 57). Para él, la cultura fabrica determinadas imágenes que

determinan la virilidad de un hombre, lo cual estaría asociado con los que Karl Jung llamó

arquetipos.

Campos indica que los arquetipos de la masculinidad hacen referencia a esas imágenes de

la masculinidad que son representadas en los mitos, cuentos y leyendas presentes en el

imaginario de la cultura popular. En este sentido, es como si esas imágenes presentes en los

personajes viriles presentes en las tradiciones populares, cobraran una gran importancia y

operando como ideales de masculinidad que se convierten en un ideal por seguir por parte

de los demás hombres, como mandatos que estos incorporan para actuar según esos

modelos.

25

En este sentido, aquellos hombres que crecen en la cultura patriarcal, son marcados por los

arquetipos referentes a la masculinidad hegemónica, los cuales se resumen en cuatro estilos

diferentes de vivir la masculinidad, los cuales se describen a continuación:

Arquetipo del Rey

Para Campos, el arquetipo del rey es uno de los más estimulados en las sociedades

patriarcales, ya que para él, desde que los hombres nacen son tratados como reyes y se les

estimula que ellos se comporten como tales.

Una de las principales características de este arquetipo tiene que ver con el ejercicio del

poder y del control, ya que por lo general buscan que las demás personas se sometan a su

autoridad mediante la obediencia, lo cual es fomentado socialmente.

Arquetipo del Guerrero

Con respecto al arquetipo del guerrero, Campos dice que este se caracteriza por la

necesidad permanente de proteger y defender su territorio. De esta manera, al hombre

guerrero se le exige que sea frío e inexpresivo de sus sentimientos más profundos, sobre

todo aquellos que estén relacionados con las vulnerabilidades, ya que por el contrario debe

ser valiente, fuerte y duro para que pueda defender lo que cree que es suyo, aun utilizando

la violencia cuando así lo crea necesario.

Arquetipo del Mago

Por su parte, el arquetipo del mago hace referencia a la sabiduría que se supone deben tener

los hombres. En este sentido, Campos dice que el hombre mago es aquel que todo lo sabe y

26

que siempre tiene la razón, por lo que es distinguido por ser un excelente solucionador de

problemas.

Arquetipo del Amante

Por último, Campos refiere que el arquetipo del amante es aquel que sobrevalora la

sexualidad y organiza su vida alrededor de las aventuras sexuales.

El hombre amante se involucra en problemas debido a su comportamiento sexual, ya que

puede mantener relaciones de pareja con varias mujeres al mismo tiempo. Como no piensa

lo que va a hacer, se deja llevar por el impulso, por el deseo sexual, sin medir muchas veces

las consecuencias. (Campos, 2007: 63)

Todo lo anteriormente descrito, empieza a ser cuestionado en los 70 por los movimientos

feministas, por lo que surge un dilema difícil de resolver por parte de los hombres. Después

de ser empujados socialmente a cumplir con estos estereotipos de la masculinidad y la

virilidad, llegan a un punto en que más bien se les censura la forma en que manejan su vida,

por lo que además de enfrentarse contra la temida feminidad, el hombre ahora también debe

enfrentarse contra su virilidad censurada.

Es en este momento en que se empieza a diferenciar entre lo que Badinter (1993) llama el

hombre-duro

y

el

hombre-blando.

El

hombre-duro

responde

al

ideal

masculino

obsesionado por la competición, las hazañas intelectuales y sexuales, sentimentalmente

desvalido, satisfecho y seguro de sí mismo, agresivo, alcohólico e incapaz de implicarse

con los demás; mientras que el hombre-blando es el que renuncia voluntariamente a los

27

privilegios masculinos, el que abdica el poder, su tendencia agresiva y coloca a su pareja e

hijos en un papel predominante y por encima de las ambiciones profesionales.

Sin embargo, es necesario rescatar que todo este proceso por el cual se atraviesa para

conseguir la masculinidad, tiene un precio muy alto. En este sentido Kaufman plantea que:

En términos más concretos, la adquisición de la masculinidad hegemónica (y la

mayor parte de las subordinadas) es un proceso a través del cual los hombres

llegan a suprimir toda una gama de emociones, necesidades y posibilidades, tales

como el placer de cuidar de otros, la receptividad, la empatía y la compasión,

experimentadas como inconsistentes con el poder masculino. Tales emociones y

necesidades

no

desaparecen;

simplemente

se

frenan

o

no

se

les

permite

desempeñar un papel pleno en nuestras vidas, lo cual sería saludable tanto para

nosotros como para los que nos rodean. Eliminamos estas emociones porque

podrían restringir nuestra capacidad y deseo de autocontrol o de dominio sobre los

seres humanos que nos rodean y de quienes dependemos en el amor y la amistad.

Las suprimimos porque llegan a estar asociadas con la feminidad que hemos

rechazado en nuestra búsqueda de masculinidad. (Kaufman, 1997: 9-10)

Según este autor, todas estas situaciones son vividas por los hombres con una gran carga de

dolor reprimido y nunca expresado como tal, ya que los hombres podrían dirigir su dolor

escondido contra sí mismos en forma de autoodio, autodesprecio, enfermedad física,

inseguridad o adicción. A veces este fenómeno está relacionado con el primero.

Queda entonces claro que los hombres deben buscar constantemente la consecución de un

ideal de masculinidad imposible de cumplir, ya que sus requerimientos implican la

28

mutilación de la persona. En este intento, los hombres deben invisibilizar sus partes

vulnerables, ya que admitir debilidad o fragilidad, implicaría ser visto como un afeminado

dificultándoles la identificación y el reconocimiento de sus emociones (Kimmel, 1997).

Lo anterior está estrechamente relacionado con esta actitud de grandeza y omnipotencia

adoptada por lo hombres, los cuales están llamados a valerse por sí mismos y a negar el

dolor sin adoptar conductas de autocuidado (Tylor, 2007), ya que esto sería visto como una

debilidad, lo cual, tal y como se mencionó anteriormente, está vedado para los hombres.

De esta manera, los hombres tienden a negar cualquier actitud que pueda ser considerada o

interpretada como de autocuidado, lo cual dificulta el que pueda recibir apoyo por parte de

los otros, y más bien tienden a mostrarse agresivos y despreocupados por su propia

seguridad y bienestar.

Es así como pareciera que para los hombres es más fácil y más honroso morir, que llegar al

punto de reconocer sus vulnerabilidades y solicitar apoyo de otras personas.

Es por tanto muy probable que al aparecer sentimientos de frustración y desvalía, estos no

sean reconocidos a tiempo, lo que impediría un adecuado manejo de las crisis por parte de

los hombres adscritos a la masculinidad hegemónica.

Esta situación se vio reflejada en un anterior trabajo en el que se trabajó con 58 hombres

que solicitaron los servicios del Instituto WEM. En ese trabajo se evidenció como el

70,69% de los usuarios manifestó que pese a que sus problemas se venían presentando hace

mucho tiempo, nunca habían pensado en consultar a profesionales en psicología (Solano,

2008), lo cual está estrechamente relacionado, primero con esa incapacidad por parte de los

29

hombres de reconocer sus crisis, y en segundo lugar, una vez que han sido reconocidas, la

dificultad para aceptarlas y recurrir a buscar apoyo por parte de otras personas.

Esto lleva a la conclusión de que estos hombres no buscan una ayuda preventiva

que les permita evitar sus problemas, sino más bien buscan un tipo de ayuda que

les permita revertir situaciones que ya se están presentando, situación que

coincide con lo manifestado por Campos y Salas (2002), lo cuales reconocen que

los hombres tienen dificultades para solicitar y recibir ayuda, por lo que por lo

general, cuando buscan ayuda, lo hacen al enfrentar situaciones muy críticas.

(Solano, 2008: 116).

Es así como los hombres tienden a acumular presiones, frustraciones y dolores que en algún

momento son exteriorizados, tal y como lo mencionó Kaufman (1997), ya sea contra las

demás personas o contra sí mismos. Entonces la violencia es una de las formas más nefastas

utilizadas por los hombres para exteriorizar esas emociones que no se les han permitido.

Por su parte, Salas (2005), en su trabajo “Hombres que rompen mandatos: la prevención de

la violencia”, refiere que los hombres deben responsabilizarse de cumplir con todos los

mandatos impuestos por la sociedad, los cuales, como ya se ha discutido, llevan a los

hombres a descuidar se sí mismos, o a retomarse pero en aspectos que atentan contra la

solidaridad y el bienestar suyo y del prójimo.

En el Instituto WEM, son constantes las experiencias relatadas por los hombres

que acuden al “Grupo de los jueves”, en las que la necesidad de dar respuesta

satisfactoria a esas exigencias, en múltiples ocasiones, los hace lucir inadecuados,

toscos o imprudentes. Situaciones que van desde la típica puesta en juego de

30

mecanismos violentos para resolver situaciones hasta privarse de ver a seres

queridos –hijos, por ejemplo- simplemente por “no dar el brazo a torcer” frente a

ella. La cuestión es aparecer como el que tiene el control, ordena, dispone o bien

no necesita de otros/as (aunque en reiteradas ocasiones, el proceso interno indica

otra cosa). (Salas, 2005: 99-100)

En este mismo sentido, Salas lanza una hipótesis que él mismo cataloga como arriesgada, al

decir que la imposibilidad de los hombres para mantenerse vigentes en los roles que el

patriarcado les ha impuesto, podría propiciar que estos se lancen a ejecutar conductas

violentas dentro de sus hogares como una forma de afianzarse, a la fuerza, en esa posición

que la misma sociedad le ha impuesto (Salas, 2005).

Es así entonces, como la violencia de género se tiende a validar como un mecanismo para

mantener el control y ejercer el poder sobre las demás personas, a pesar de que haya

perdido el poder en otras áreas, como por ejemplo ante la imposibilidad de mantener el rol

de

proveedor, de amante o de o cualquiera de los otros ya discutidos anteriormente.

Y

tal y como Salas (2005) lo indica, esto se convierte en una contradicción, ya que esta

agresión sería ejecutada por aquella persona que más bien debería, según lo establecido por

el patriarcado, protegerlas.

Por otro lado, resulta fundamental para los efectos del presente trabajo, no perder de vista

que el suicidio es una forma de violencia contra sí mismo, pero también una forma de

violencia doméstica, sobre todo

si

tomamos

en

cuenta la definición

propuesta por

Claramunt, quien dice que la violencia doméstica es todo acto u omisión que resulte en un

31

daño a la integridad física, sexual, emocional o social de un ser humano, en donde medie un

vínculo familiar o íntimo entre las personas involucradas (Claramunt, 1997: 7).

Es decir, que cuando el acto suicida, tiene como finalidad el castigar al otro u otra, en este

caso a la pareja, causando un impacto emocional en ella, este acto de autoagresión se

convierte también en un acto de violencia contra la otra persona. De igual manera sucedería

si el objetivo sería realizar un gesto o amenaza suicida con el fin de manipular a la otra

persona, ya que esto se convertiría en expresión de violencia emocional para mantener el

control de la otra persona mediante el miedo o la culpabilidad que se le pueda generar con

la fantasía de muerte.

De esta manera, el suicidio llega a convertirse en una forma, si bien extrema, viable

utilizada por los hombres para solucionar problemas, ya sea mediante el escape de ellos con

la muerte, como con la consecución del poder mediante el temor que la muerte genera en

los demás.

Es por esta razón, que los párrafos siguientes son destinados a presentar algunos elementos

que si bien no pretenden ser exhaustivos, sí permitirán entender adecuadamente aquellos

elementos que rodean al suicidio, como tema central de la presente investigación.

32

SUICIDIO

Tomando en cuenta todas las particularidades descritas de la masculinidad, y reconociendo

que el suicidio es una de las conductas de autodestrucción utilizadas por los hombres,

llegando a convertirse en un verdadero problema de salud pública, es que en este apartado,

se explican las principales características de este fenómeno.

Si bien se podría tender a pensar que el suicidio es un fenómeno producto de nuestra

sociedad actual, lo cierto es que el suicidio ha acompañado el desarrollo de las diferentes

culturas.

Según algunos estudios, el suicidio ha estado presente desde la existencia del hombre,

presentando características y manifestaciones diferentes de acuerdo con la cultura y la

estructura

socioeconómica

existente,

y

su

complejidad

como

fenómeno

de

origen

multicausal ha hecho que este sea objeto de interés investigativo desde diversas áreas

sociales, antropológicas, biológicas, ecológicas, etc. (Ortiz, et al., 2002)

Talvez uno de los suicidios más famosos y recordados de la historia es el de Judas, el cual,

según el Evangelio según Mateo, se autoeliminó al darse cuenta de las consecuencias de sus

actos:

Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de

remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los

sacerdotes y a los jefes judíos. Les dijo “He pecado: he entregado a la

muerte a un inocente.” Ellos le contestaron: “¿Qué nos importa eso a

33

nosotros? Es asunto tuyo.” Entonces él, arrojando las monedas en el

Templo, se marchó y fue a ahorcase. (Mateo 27: 3-5)

Pero pese a que el suicidio ha formado parte de la historia de la humanidad, no siempre ha

sido percibido de la misma manera. Antiguamente, el suicidio era considerado como un

crimen contra la naturaleza, el poder divino y el Estado, por lo que se repudiaba al punto de

que a las personas que lo ejecutaban, se les negaban los derechos de los Santos Óleos o el

ser sepultados en camposantos (González, 2001).

En la antigüedad, pensadores como Platón consideraban el suicidio como un acto que

ofendía al orden de la sociedad, aunque él reconocía la existencia de algunas excepciones

cuando este era debido a situaciones difíciles de soportar. Por otro lado, el pensador

Aristóteles lo rechazaba absolutamente al considerarlo un acto de cobardía (Vega et al.,

2002).

Durante el imperio Romano, el suicidio (González, 2001) se consideraba como un acto de

honorabilidad entre los políticos e intelectuales, mientras que Cicerón lo condenaba, con

las excepciones del acto heroico y un sacrificio de sí mismo en defensa del honor.

Está claro entonces que la cultura ejerce una influencia directa sobre la forma en que las

personas asumen la vida y la muerte, por lo que el suicidio también va a tener diferentes

representaciones según la cultura y los elementos que en esta se contengan.

En la sociedad occidental, las actitudes hacia las personas que cometen suicidio van desde

la lástima y la compasión, hasta juicios dirigidos a la cobardía, locura y pecado (Fonnegra,

2001).

34

Respecto de este último punto, es importante mencionar que uno de los elementos con

mayor influencia sobre la representación cultural del suicidio, tiene que ver con la religión,

ya que esta forma parte fundamental del imaginario de las personas.

La religión cumple un papel regulador del comportamiento de las personas, ya que desde

esta se dictan lineamientos del actuar, sentir y pensar de los individuos.

En este sentido, resulta fundamental tener presente que el suicidio es visto por las

religiones monoteístas como un acto de pecado en contra de Dios, siendo el hinduismo el

más tolerante con los rituales suicidas con fines de expiar pecados y ganar honor para la

familia (Vega el al., 2002).

Entre los cristianos, el suicidio es considerado un pecado y una desobediencia ante Dios, ya

que para ellos, Él es el único dador de vida, y por lo tanto el único facultado para quitarla

(Fonnegra, 2001).

A esta dimensión religiosa hay que agregarle la dimensión política, ambos en conjunción

ejercen una influencia directa sobre muchas personas que cometen suicidio, sobre todo

cuando el suicidio es utilizado como un arma terrorista.

Buscando factores explicativos, Croitoru analiza el terrorismo suicida en un

contexto histórico-cultural más amplio y lo sitúa en dos planos, el de arma

táctica y arma estratégica. Lo primero, argumenta, sería verificable en las

guerras de Corea y Vietnam, donde si bien no fue utilizada masivamente, sí

ocurrió con mucho mayor frecuencia de lo que suelen reconocer los estudios

militares. Y, anteriormente, el empleo de kamikaze en la Segunda Guerra

35

Mundial es para Croitoru un ejemplo muy ilustrativo de un culto al martirio,

que ayudaría a explicar su uso como arma táctica. (Witker, 2005: 239)

Sectas judías como los zelotes utilizaron el terror suicida como arma política en contra de

los romanos (I d.C.), grupos musulmanes como los Ismaelitas o Hashashiyun (XI y XII, y

de donde proviene la palabra “asesino”) y los grupos religiosos hindúes Thugs (siglo

XVIII) hicieron otro tanto, aunque los registros apuntan a un uso restringido (Witker,

2005).

A partir de lo anterior, se tiene claro que el suicidio es un fenómeno que ha estado presente

a lo largo de la historia de la humanidad, y por ende, en la historia de los hombres. Y pese a

que ha sido un tema de numerosos estudios, no hay consenso en su definición. La palabra

suicidio, es una voz formada a semejanza de homicidio, del latín sui, de sí mismo, y

caedere, matar.

Después de hacer una revisión de la terminología en torno al suicidio, se concluye que:

Se podría definir como toda aquella conducta, generalmente consciente, que va

encaminada hacia la autodestrucción –por acción u omisión- del propio sujeto,

aunque sea difícil comprobar la intencionalidad e independientemente de que la

persona sepa o no el móvil de su conducta suicida. (Vega et. al. 2002, p. 2)

A partir de lo anterior, en la presente propuesta se entenderá suicidio como la acción de

matarse a sí mismo, tomando en cuenta que existe una intención y una premeditación.

Debido a la complejidad de la temática, esta se ha intentado explicar desde múltiples

lugares. Ya desde el XVII se abordaba el problema desde una orientación psiquiátrica,

36

considerando al suicidio como una manifestación producto de enfermedades mentales, las

cuales hacen que las personas se comporten inadecuadamente. Un par de siglos después,

empiezan a surgir explicaciones desde la medicina, la epidemiología y la sociología. (Vega

et. al.).

Para el psicoanálisis, el suicidio puede explicarse como el resultado de la pulsión entre Eros

y Thanatos. Freud consideraba que todas las personas en su interior tienen el impulso de

procurar la vida, pero también la muerte, como parte integral del individuo, impulso que

fue llamado pulsión de muerte.

Sigmund Frued considera la muerte como la consumación de fuerzas internas a la

vida misma en cada ser humano. No es sólo un límite último, sino un basamento

previo a la vida, que regresa a él por sus medios y caminos propios; no un fin que

se deplora o desea, sino el cumplimiento de una pulsión que efectúa el retorno a lo

inanimado, al silencio. La vida surge y se despliega contra ese fondo, al cual

regresa; lleva a la muerte y lleva a su marca viviente. Las fuerzas que conducen a

ellas son internas a la vida misma y se ejercen en cada uno más allá y a través de

su existencia individual. Todos los fenómenos vitales “derivan de la acción

conjugada y antagónica” de las pulsiones sexuales y la pulsión de muerte.

(Poissonnier, 1998: 20)

En este sentido, el suicidio sería de una u otra forma, la culminación de esta pulsión entre

dos fuerzas complementarias, la vida y la muerte.

Lo cierto es que, alrededor del hecho de matarse a sí mismo hay múltiples manifestaciones

que, si bien tienen a la muerte como común denominador, no corresponden a actuaciones ni

37

objetivos iguales. Es por esta razón que se ha hecho necesaria una diferenciación de las

conductas

que

se

podrían

considerar

como

suicidas

independientemente

de

que

desemboquen o no en la muerte, lo que hace al suicidio como un fenómeno sumamente

complejo cuyas manifestaciones han sido esquematizadas de la siguiente manera por

autores como Vega (2002), Anthony (1991) entre otros:

El deseo de morir: esto se relaciona estrechamente con la insatisfacción con el modo

de vida que experimenta la persona.

La representación suicida: se refiere a los pensamientos o imágenes mentales del

individuo respecto a su propio autoasesinato.

Las ideas suicidas: consisten en los pensamientos de acabar con la vida propia, las

cuales pueden ser:

o

Idea suicida sin un método específico: responde a los deseos de matarse pero

la persona no sabe cómo hacerlo.

o

Idea suicida con un método inespecífico o indeterminado: consiste en el

deseo de matarse, pero la persona no ha pensado en un método específico y

cree que puede hacerlo de cualquier manera.

o

Idea suicida con un método específico no planificado: es cuando la persona

tiene claro con qué método quitarse la vida, pero no ha planeado los hechos

ni tomado en cuenta aspectos como fecha, lugar, hora, etc.

o

El plan suicida o idea suicida planificada: en la que el individuo desea

suicidarse, ha elegido un método habitualmente mortal, un lugar donde lo

realizará, el momento oportuno para no ser descubierto, los motivos que

sustentan dicha decisión que ha de realizar con el propósito de morir.

38

Amenaza suicida: es la expresión verbal de las intenciones suicidas ante una

persona generalmente significativa, la cual puede ser considerada como una llamada

de auxilio.

Gesto o simulación suicida: a diferencia de la amenaza, el gesto suicida incluye un

acto o ademán suicida, que si bien no constituye daños serios para la persona, si

deben ser muy seriamente considerados.

Intento suicida: también se le conoce como parasuicidio, tentativa de suicidio,

intento de autoeliminación o autolesión intencionada. Consiste en hacerse daño a sí

mismo intencional y deliberadamente sin conseguir el resultado de muerte.

El suicidio frustrado: es el acto suicida que no termina en muerte por situaciones

fortuitas, casuales e inesperadas.

El suicidio accidental: es el realizado con un método del que se desconocía su

verdadero efecto, o con un método conocido, pero del cual no se pensó que

provocara la muerte, la cual no era deseada por la persona al realizar el acto. Incluye

las complicaciones no previstas por autoagresiones cuyo fin no era necesariamente

la muerte.

Suicidio intencional: es cualquier lesión autoinflingida deliberadamente por una

persona cuyo deseo es morir y cuyo resultado es la muerte.

Como se puede ver, no todas las conductas suicidas tienen como objetivo último la muerte

propia, por lo que es válido considerar que algunas de estas conductas tienen como objetivo

la consecución de ganancias secundarias al hacer evidente un deseo de muerte que puede

ser así entendido por personas especialmente significativas para quien las contempla. Pese a

estas múltiples manifestaciones del comportamiento suicida, son las ideas suicidas, el

39

intento suicida y el suicidio consumado las que se encuentran más frecuentemente y con

mayor facilidad en las personas que experimentan situaciones de crisis.

De igual manera, es importante recordar que el suicidio, como fenómeno multifactorial,

puede estar influido por múltiples elementos que podrían empujar a las personas a

cometerlo, dentro de los cuales se encuentran los factores biológicos, psicológicos,

cognitivos y ambientales.

Entre los factores desencadenantes de los pensamientos suicidas más importantes están los

relacionados con desórdenes mentales, los cuales podrían influir en no menos de nueve de

cada diez casos de suicidio en Estado Unidos de América (Cerda, 2006).

Para esta autora, entre los problemas de tipo mental que influyen en el que una persona se

quite la vida están: la depresión, la esquizofrenia, los delirios crónicos, los estados confusos

oníricos, las demencias, la epilepsia, la neurosis, las desadaptaciones, los problemas

relacionados con las toxicomanías, el retardo mental y los problemas relacionados con

afecciones del sistema nervioso central.

Con ella concuerda Jiménez (2002), quien indica que entre los factores de riesgo más

importantes para incurrir una conducta suicida se debe contemplar la presencia de

trastornos mentales concomitantes tales como: trastornos del estado anímico, abuso de

sustancias psicoactivas, esquizofrenia, trastornos de la personalidad o síndromes mentales

orgánicos, sin embargo lo anterior no exime a las personas que no presentan estos

trastornos de que en algún momento de su vida hayan pensado en el suicidio como una

opción ante sus problemas.

40

Esto se ve reforzado con el planteamiento realizado por Fonnegra, la cual indica que el

suicidio, lejos de tener como única intención la muerte, es más bien un intento por salvarse

de aquellas situaciones que le resultan insoportables. Aunque suena irónico, lo que el

suicidio busca es aliviar su sufrimiento, anular los conflictos que le parecen insolubles o

que se siente incapaz de resolver. El suicidio es, entonces, la derrota de la esperanza.

(Fonnegra, 2001: 51).

En este sentido, podríamos decir entonces, que el suicidio, más que un deseo de morir, es

un deseo por dejar de sufrir.

Al hablar de suicidio, generalmente los autores lo hacen definiéndolo como una gran

epidemia o

un

grave

problema social, sin

embargo

es

importante

cuestionarse

esa

aseveración tomando en cuenta que el suicidio no necesariamente constituye el problema en

sí mismo, sino más bien el síntoma de innumerables situaciones que pudieron provocar que

una persona lo contemplara.

A este respecto, Anthony plantea que hay razones por las cuales los jóvenes se suicidan, al

igual que hay razones por las cuales los jóvenes utilizan la cocaína. Señalar el suicidio y las

drogas como el problema, nos impide dirigirnos al verdadero motivo escondido debajo de

la superficie. (Anthony, 1991: 108)

Esto podría cobrar sentido si entendemos que una característica de la masculinidad

hegemónica consiste en una personalidad reactiva que hace que los hombres actúen en

forma impulsiva, y muchas veces violenta, como una forma de afrontar situaciones que se

les salen de las manos. En la mayoría de los casos, los hombres tienden a agotar sus

posibilidades de resoluciones de conflictos antes de reconocer que necesitan apoyo, ya que

41

la mayoría de ellos lo buscan hasta el momento en que sienten que no pueden soportar más

la situación que les está afectando, por lo que en ese momento ya experimentan una gran

carga afectiva en torno a la misma (Solano, 2008).

Por tanto, tampoco podemos ignorar el hecho que muchos de los hombres, si no es que la

mayoría de ellos, no reconocen la necesidad de recibir apoyo de otra persona, por lo que el

suicidio puede ser una opción más real e incluso más digna que la de solicitar ayuda

abiertamente.

En este sentido Clare se hace un cuestionamiento que es retomado en este trabajo: ¿Podría

ser esto porque lo que se valora típicamente en los hombres es el control emocional, la

reserva, el estoicismo, la independencia y la invulnerabilidad? (Clare, 2002: 120).

De hecho, el suicidio constituye la segunda causa de muerte en Europa de hombres entre

los 15 y 44 años, siendo tres veces mayor que en las mujeres. Al mismo tiempo es

importante mencionar que la tasa más alta de suicidios se da entre los hombres de 25 a 34

años. (Vega et. al., 2002).

Es importante retomar que uno de los factores de riesgo más importantes para cometer una

conducta suicida es la presencia de trastornos mentales pero que esto no exime a las

personas que no presentan estos trastornos de que en algún momento de su vida hayan

pensado en el suicidio como una opción ante sus problemas, por lo que es importante

conocer la dinámica de las crisis que puedan desencadenar en una idea suicida y por ende el

aumento de los factores de riesgo para que se presente alguna de las acciones suicidas de

forma activa.

42

En este estudio se partirá del concepto de crisis aportado por Slaikeu, quien indica que una

crisis es un estado temporal de trastorno y desorganización, caracterizado principalmente

por una incapacidad del individuo para manejar situaciones particulares utilizando métodos

acostumbrados para la solución de problemas, y por el potencial para obtener un resultado

radicalmente positivo o negativo. (Slaikeu, 1999: 16)

La manera en como se experimenta una crisis varía en cada persona, ya que en ella influyen

elementos como la intensidad del elemento precipitante, recursos internos y recursos

externos con los cuales el individuo puede contar para intentar superar el estado de crisis.

Este aspecto se relaciona estrechamente con la manera en que experimentan los hombres

las situaciones de crisis, ya que como se mencionó en el apartado anterior, uno de los

principales mandatos hacia la masculinidad es tener la capacidad de solucionar sus

problemas y los de los demás sin la necesidad de solicitar ni recibir ayuda.

Con

lo

anterior

coincide

Sinay

(2002),

quien

manifiesta

que

en

nuestras

culturas

patriarcales, los hombres no están entrenados para hablar de sus cosas, sus sentimientos y

temores, y es preferible ocultar todo aquello que pueda ser valorado como vulnerabilidad.

A los hombres se nos ha enseñado a ocultar nuestros sentimientos como si fueran

póstulas del alma. La mayoría de los varones adultos de hoy no vimos manifestar

a nuestros padres su mundo emocional. Y somos hijos de madres que se sentían

más tranquilas si sus hijos (varones) no eran demasiado “débiles” o “indefensos”.

(Sinay, 2002: 25)

Es por tanto común que los hombres no se preocupen por buscar redes de apoyo a las

cuales acudir en situaciones difíciles, pues dentro del pensamiento masculino no se

43

contempla la pérdida de control como algo real hasta el momento en que la situación es tan

apremiante que se hace evidente que las estrategias de afrontamiento no son suficientes ni

adecuadas, esto limita las posibilidades de recibir apoyo oportunamente y más bien

aumenta la experimentación de sensaciones de incapacidad o impotencia para resolver los

problemas, lo que a su vez se traduce en una intensa frustración por no poder cumplir con el

mandato masculino que lo obliga a resolver los problemas por sí mismo.

Si este estado de tensión y de crisis se extiende por largos periodos en los que la persona ha

fracasado en sus intentos de resolución, puede provocar la aparición de una visión túnel, en

donde la persona no ve opciones y siente que sus posibilidades se van reduciendo, hasta el

punto en que siente que ya no tiene alternativas para resolver sus problemas y se crea un

escenario en el que el suicidio se presenta como una opción real para escapar de la

situación. Es como si muchos hombres prefiriesen morir que admitir que necesitan ayuda y

prefiriesen tomar la decisión personal definitiva –la autodestrucción- antes que admitir que

van a la deriva. (Clare, 2002: 122).

Según Anthony, las personas que están pensando en el suicidio como una opción se

caracterizan por presentar cuatro factores dominantes, los cuales son: sentimientos de

inutilidad, desarraigo, descuido y soledad, y sentimientos de no ser comprendidos ni

apreciados, lo cual coincide con lo planteado con Rubio, quien indica que:

El suicidio es un acto personal, que se realiza por diversas causas con el

denominador común de no poder más, talvez de descansar del infierno que se está

viviendo o simplemente de no saber como afrontar la situación que se nos

44

Aunque estos factores pueden aparecer en cualquier persona, pueden verse maximizados en

los hombres, ya que estos carecen de habilidades que les permitan reconocer lo que sienten

y por ende les dificulta la expresión de sus emociones, por lo que puede hacer más fuerte el

sentimiento de incomprensión de sí mismo y por ende de los demás, lo que a su vez crea

una desesperanza en la efectividad de las redes de apoyo social, justificando así la no

búsqueda de ayuda, lo cual es legitimado socialmente al no contar con políticas públicas

que propicien la existencia de centros de apoyo psicosocial a la población masculina.

Pese a esto, la información proporcionada en el sitio web del Instituto WEM, hace

referencia que un número importante de las personas que llaman a la Línea de Apoyo para

Hombres, lo hacen con ideas suicidas, es fundamental hacer hincapié en el hecho de que

generalmente estas están relacionadas con pérdidas en las relaciones de pareja.

Este punto es sumamente importante, ya que tal y como lo menciona Caruso, el sentimiento

del “no-más”, cuando se refiere a algo o a alguien, sentido como esencial para la identidad

del Yo, es uno de los sentimientos más terribles que pueda sufrir el hombre (Caruso, 1987:

41). Para este autor, este sufrimiento es más profundo, cuando la relación de dependencia

está más arraigada, lo cual está relacionado con las fantasías de abandono absoluto y de

soledad total, que es cuando se experimenta la pérdida como la propia muerte en la

conciencia del otro.

Desde la teoría psicoanalítica es posible entender la dinámica intrapsíquica que gira en

torno a las angustias producidas por la separación de la pareja y su relación con actos o

tendencias suicidas.

45

Para Caruso (1987) en el proceso de separación se produce una muerte de la conciencia, ya

que el desarrollo sincrónico o complementario del Yo, se pone en tela de juicio durante la

separación de la pareja. El Yo vive este evento de separación como una amenaza mortal.

Para este autor, se ha derrumbado una ‘identidad’: la propia identidad por identificación

con el otro.

Expresado en forma más exacta, la identidad sucumbe más o menos lenta y

dolorosamente, porque la identificación que funda aquí la propia identidad no puede

abandonarse y ser sustituida por otra, de un día para otro (Caruso, 1987: 37)

A través de la compañera(o), según Caruso los sujetos en la relación de pareja sueldan y

recubren sus propias grietas biográficas y constituyen una identidad reparatoria, de allí que

la desidentificación no pueda realizarse de manera inmediata.

Esta pérdida del objeto de

identificación amenaza realmente a la propia identidad, constituyendo una vivencia de

muerte.

Siguiendo a este autor, las cargas libidinosas flotantes de lo denominado sexualidad

madura, y los puntos biográficos que el sujeto carga como heridas narcisistas en su vida,

son, en una solución de compromiso, reparados, compensados o vividos mediante la pareja,

creando una identidad Yoica a través de la pareja.

Aún más, la catástrofe de la separación repite todas las separaciones tempranas del hombre,

representándolas y totalizándolas. Por ello, quien ha sido afligido por ella ‘regresa’

conturbado a aquellos estadios en los cuales la separación, aun inconciente y, de todos

modos, mal elaborada, hirió para siempre al Yo incipiente” (Caruso, 1987: 139)

46

El proceso de separación hiere la consistencia yoica en dos frentes, tanto en el proceso de

construcción de una identidad como, por la invasión y falta de recursos para afrontar la

simbolización de las pérdidas bajo una forma totalizante.

En este proceso de “aniquilación o muerte de la conciencia” se ponen en marcha

mecanismos de defensa que Caruso esquematiza de la siguiente forma: la indeferencia, la

agresividad, la huida hacia delante y la ideologización.

La indiferencia corresponde al efecto de la represión mediante la cual el sujeto, según

Caruso, transforma la angustia de separación en la forma: “Me importa un bledo”.

La huida hacia delante, está determinada, según este autor, por el Superyó, con miras a la

conservación del Ideal del Yo manifestándose básicamente como huida de la actividad,

escape de la situación.

En lo concerniente a la agresividad: Estudios psicoanalíticos anteriores comprobaron que la

aflicción considerada en general como ‘no egoísta’, contiene en realidad una gran dosis de

agresividad y esconde el reproche: ‘¿Cómo pudiste abandonarme?’ (Caruso, 1987: 20)

Para Caruso, la agresividad origina la desvaloración de la parte ausente, ya que el

compañero respondía a esperanzas de fortalecimiento o constitución de un ideal del Yo.

Siendo entonces que

ahora el otro deba ser desvalorado para que el Yo sacudido pueda

reconciliarse con el Ideal del Yo y continuar viviendo.

Finalmente, la ideologización que constituye la racionalización que se hace de la necesidad

(entendida para Caruso literalmente a partir de la catástrofe del Yo) una virtud: filosofía

estoica, autoconciencia heroica, escepticismo moderado, devoción religiosa.

47

De fallar estos mecanismos de defensa, el proceso de aniquilación es actuado bajo la forma

de un acto suicida o una ideación suicida, no siendo otra cosa que el propio drama subjetivo

del sujeto.

Para Caruso y concerniente al acto suicida,

cuanto mayor sea la identificación entre el

sujeto y su pareja, más atroz es el drama del Yo y la puesta en escena de mecanismos de

defensa más agresivos. La separación inocula en la identificación un elemento de venganza:

‘muero’ porque ‘Tú no estás del todo conmigo’. Si tú ya no existieras, yo estaría de nuevo

íntegro (Caruso, 1987: 42).

Haciendo bajo esta lógica, una movilización del deseo de

muerte del compañero separado mediante un acto de autoagresión.

A esto es preciso agregarle lo plateado por Bravo (2000), quien indica que al afrontar una

pérdida, se experimentan fuertes emociones de enojo, miedo, culpa y depresión, situaciones

que inevitablemente son factores de riesgo para que se precipite la ideación suicida.

48

PROBLEMA

Tomando en cuenta que los hombres son quienes más cometen suicidio, es importante

aclarar cuál es la dinámica que gira alrededor de este fenómeno que acaba con la vida de

mil personas todos los días alrededor del mundo. Por tal motivo, se plantea el siguiente

problema de investigación:

¿Cuáles son los factores personales, familiares y vinculares que contribuyen a la génesis de

la idea suicida en cuatro hombres adultos del valle central de Costa Rica?

OBJETIVOS

Objetivos Generales:

1.

Conocer

los

factores

de

riesgo

personales

contemplen la posibilidad de suicidarse.

que

propician

que

los

hombres

2. Determinar, los factores protectores que fungen en los hombres como elementos

inhibidores frente a la idea suicida.

Objetivos Específicos:

1.1 Identificar los factores biográficos personales que propician la precipitación de la idea

suicida en hombres adultos del valle central de Costa Rica.

1.2 Conocer las ansiedades, angustias y manejo de las emociones referentes al suicidio que

poseen los hombres.

49

1.4 Conocer los factores que inhiben el suicidio en hombres que lo han contemplado como

opción.

50

CAPÍTULO III

51

METODOLOGÍA

ESTRATEGIA METODOLÓGICA

Tipo de estudio:

La presente investigación corresponde a una investigación de tipo cualitativo basado en el

estudio

de

casos.

A

esto

responde

que

las

técnicas

propuestas

pretenden

rescatar

información a profundidad acerca de las temáticas específicas planteadas. Se pretende

lograr

información

acerca

de

las

experiencias,

vivencias

y

subjetividades

de

los

participantes, que faciliten la posterior formulación de procesos para prevenir o abordar el

fenómeno formulado (Hernández, Fernández y Baptista, 2002).

En este caso en particular, se presenta un panorama del estado de las crisis que presentan

los hombres adultos que contemplan la posibilidad de suicidarse como una salida viable

ante sus problemas en relación con la masculinidad.

SUJETOS DE INVESTIGACIÓN:

Las personas que participaron como sujetos de investigación, brindando información para

alcanzar los objetivos planteados, fueron cuatro hombres adultos que solicitaron atención

por medio de la Línea de Apoyo para Hombres (Línea ApH) y (o) a los grupos de apoyo del

Instituto WEM y expresaron expresado haber tenido la idea de suicidarse.

Se utilizaron los siguientes criterios de inclusión:

Hombres.

52

Mayores de 18 años.

Costarricenses.

Que vivieran en el Valle Central de Costa Rica.

Que solicitaron apoyo por medio de la línea de Apoyo para Hombres (Línea ApH)

y/o grupos de apoyo del Instituto WEM.

Que manifestaran haber tenido ideas suicidas.

Que

expresaron

su

anuencia

a

participar

en

el

estudio

y

que

firmaran

el

consentimiento informado.

 

Y aquellos criterios de exclusión que fueron tomados en cuenta:

 

Menores de 18 años.

 

Extranjeros.

 

Que

tuvieran

antecedentes

por

 

tratamiento

u

hospitalización

psiquiátrica

por

depresión o intento suicida en el último año.

Que tengan ideas homicidas.

Que no acepten participar del estudio.

Los participantes debieron cumplir con estas características, ya que estas dieron cierto

grado de control sobre la investigación. De la misma manera, se contó con el respaldo que

pudo brindar la línea de apoyo para hombres (Línea ApH) y los grupos de apoyo del

Instituto WEM a la hora de contactar con la población, realizar la convocatoria de esta,

brindar el espacio físico y la logística para realizar el proceso, así como la supervisón

institucional. Para seleccionar a los participantes, se revisaron los registros de la Línea ApH

y de los grupos de apoyo y se seleccionaron a las últimas cuatro personas que hubieran

53

manifestado la idea de suicidarse y que cumplieran con todos los criterios de inclusión, ya

que

esto

permitió

obtener

una

información

de

una

experiencia

que

se

estaría

experimentando en aquel momento o en momentos recientes, favoreciendo la recolección

de datos reales y actuales.

Una vez identificados se les hizo una llamada telefónica y se les dio la siguiente

información: “Con el propósito de realizar el proyecto final de graduación para optar por

el grado de licenciatura en psicología en la Universidad de Costa Rica, el señor Dagoberto

Solano Marín estará realizando una investigación dentro del Instituto WEM, la cual

pretende obtener información que aporte conocimiento acerca de la dinámica que

experimentan los hombres a la hora de pensar en el suicidio como una salida a sus

problemas.

Tomando

en

cuenta

que

usted

ha

solicitado

ayuda

en

dicho

instituto

manifestando que ha pensado en la opción del suicidio, sería muy importante contar con su

colaboración. Para estos efectos se le pediría que participara de no menos de dos sesiones

de entrevista con el investigador proponente del estudio. De aceptar participar en la

investigación se guardarían todos los valores éticos profesionales pertinentes, procurando

su seguridad y bienestar, a

la vez que se le

proporcionará un consentimiento informado

en el que se explica cual sería su participación y las responsabilidades del investigador. Si

producto de su participación en el estudio se hiciera necesaria alguna intervención

profesional, esta sería proporcionada por el investigador o en su defecto se le haría la

referencia al servicio pertinente”.

Después de habérseles dado la información sobre el estudio a quienes aceptaron participar

en él se les facilitó el consentimiento informado para que fuera firmado.

54

PROCEDIMIENTOS DE RECOLECCIÓN DE LA INFORMACIÓN

Técnicas:

Como técnica empleada durante la recolección de datos se realizó no menos de dos

entrevistas psicodinámicas a cada uno de los participantes con el fin de obtener toda la

información requerida para cumplir con los objetivos planteados.

Instrumento:

Se utilizó como base en la entrevista psicodinámica propuesta por Isabel Díaz Portillo

(1989), la cual

permitió recolectar una amplia cantidad de información que se consideró

apropiada para alcanzar los objetivos propuestos. Díaz define la entrevista psicodinámica

de la siguiente manera:

La entrevista clínica psicodinámica, encuentro entre un paciente o grupo de

pacientes y un entrevistador, o quipo de

entrevistadores, es el procedimiento

técnico tendiente a desarrollar un proceso de comunicación, en el seno de un

vínculo interpersonal, cuya meta es el establecimiento de una relación de trabajo,

a través de la cual se busca esclarecer los conflictos psíquicos, presentes y

pasados, que perturban el equilibrio actual del o los entrevistados. (Díaz, 1989:

28-29)

Para la autora, este tipo de entrevista permite recoger datos sobre el estado de los

procesos mentales y afectivos de la persona entrevistada. Además permite investigar

las pautas de conductas repetitivas y significativas que podrían ser conflictivas,

55

motivando al mismo tiempo a que la persona explore las condicionantes inconscientes

de tales conductas.

Los rubros que contiene la entrevista fueron los siguientes:

a) Datos básicos: se refiere a los datos personales de la persona entrevistada.

b) Historia familiar: información referente a la dinámica relacional de la familia de

origen del entrevistado.

c) Historia personal: se refiere a toda la información relacionada con la historia del

desarrollo de la persona entrevistada.

d) Pareja actual: tiene que ver con la información referente a la vida afectiva y la

dinámica de la relación de pareja de la persona entrevistada.

e) Historia de la idea suicida: se refiere a toda la información relacionada con la

dinámica de la idea suicida de la persona.

Por otro lado, en los casos que se consideró necesario, se utilizó la Escala de Riesgo

Suicida de Plutchik en su versión española validada por Rubio, Jáuregui, Villanueva,

Casado, Marín y Santo-Domingo (1998), la cual es una prueba autoaplicada que a lo largo

de 15 ítems evalúa el riesgo suicida (Anexo 3). La escala fue corregida e interpretada de

acuerdo con las indicaciones que ella misma aporta como parte de las implicaciones éticas,

para descartar una posible intervención a nivel institucional en los casos que se creyera

oportuno a partir de los datos aportados en la entrevista.

56

Confiabilidad:

Con el propósito de respaldar la investigación, es importante asegurar su confiabilidad. Para

asegurar la confiabilidad del análisis realizado, se llevó a cabo un ejercicio de triangulación

del análisis, lo cual implica que otros investigadores utilicen las mismas reglas para ver si

toman las mismas decisiones respeto a las unidades, las categorías y los temas de análisis.

Con esto se esperó que hubiera una coincidencia en el análisis llevado a cabo por el

investigador y los dos expertos en el trabajo con hombres y con ideas suicidas que

conforman la triangulación, principalmente con respecto a las categorías principales, los

temas

y

las

conclusiones

más

importantes

que

se

desprenden

de

la

investigación

(Hernández, Fernández y Baptista, 2002). Para esto se contó con la colaboración de

psicólogos del Instituto WEM.

Por

otro

lado,

para

asegurar

la

confiabilidad

de

los

resultados,

se

solicitó

una

retroalimentación directa de los sujetos de investigación, lo cual significa pedirles que

confirmen o refuten las interpretaciones realizadas para comprobar que se capturaron los

significados

que

ellos

querían

transmitir,

así

como

si

las

descripciones

fueron

los

suficientemente

completas

y profundas,

que

forma

para

del

método

estipulado

por

Hernández, Fernández y Baptista (2002).

Además, todas las sesiones de entrevista fueron grabadas en audio para que se cuente con la

mayor cantidad de datos posibles y no se excluya información producto de los juicios de

valor del investigador. Del mismo modo se contó con una bitácora o cuaderno de campo, en

la cual se anotaron todas las impresiones que surgieron al investigador, tanto de las sesiones

de entrevista, como del proceso de análisis de los datos.

57

Por último, para asegurar la confiabilidad se contó con las diferentes categorías de análisis

que permitieron una codificación y ordenamiento de los datos y por tanto una mejor

interpretación.

Validez:

A partir de la rigurosidad con que fue realizado todo el trabajo de campo y el posterior

análisis de los datos, se considera que todo lo que en ella se contiene es válido, ya que

trabajo de investigación se logró mediante la participación directa del investigador durante

todo el proceso de recolección de datos. Para tales efectos, el investigador llevó a cabo la

sesiones

de

entrevista,

permitiéndole

esto

un

acercamiento

real

con

el

objeto

de

investigación y por tanto una mejor comprensión de los datos obtenidos.

Además de lo anterior, y siempre manteniendo los criterios de confiabilidad, se utilizó la

información recopilada en la bitácora con el fin de incluir toda la elaboración subjetiva del

investigador, así como la información referente a la duración y frecuencia de las sesiones,

la participación de los sujetos de investigación, etc.

Por último, se realizó un trabajo de comparación entre los datos obtenidos mediante las

sesiones de entrevista y lo recopilado en la bitácora de trabajo, lo cual facilitaría la

identificación de contradicciones y la evitación de falsas interpretaciones.

58

PROCEDIMIENTO:

El

proceso

investigativo

sistematización.

está

Etapa I

Esta

primera

etapa

consistió

dividido

en

una

en

cuatro

exhaustiva

etapas

para

búsqueda

de

un

mayor

control

y

información

a

nivel

bibliográfico, acerca de temáticas como teoría de género, intervención en crisis y teoría del

suicidio; la cual se buscará desde la base de datos del Sistema Universitario de Bibliotecas

de la Universidad de Costa Rica, así como en Internet.

Además se buscó información mediante entrevistas a expertos en las diferentes temáticas,

los cuales fueron miembros del Instituto WËM, lo cual dio una visión más objetiva de las

temáticas correspondientes. Dichos expertos fueron profesionales en Ciencias Sociales o

Ciencias Forenses, psicólogos(as), sociólogos(as), o psiquiatras y que tenían al menos tres

años de laborar el área de masculinidad, intervención en situaciones de crisis o suicidio

según sea el caso, lo cual dio seguridad de que estas personas tenían amplios conocimientos

acerca de la temática en que se les abordó.

Etapa II

La segunda etapa consistió en la identificación de los

posibles participantes de la

investigación, para lo que se revisaron los registros de la Línea ApH y los grupos de apoyo.

Una vez identificados los posibles participantes se descartaron según los criterios de

inclusión y exclusión, así como de su disposición para participar en el estudio.

59

Etapa III

Esta etapa consistió en la recolección de datos mediante las sesiones de entrevista

psicodinámica a los participantes de la investigación. Se realizaron sesiones de entrevista

semiabierta donde se abordaron diferentes temáticas que permitan conocer los diferentes

pensamientos y emociones, así como los factores personales, socioculturales y de contexto

que estos hombres tenían o experimentaban acerca de su condición tanto de hombres como

de personas que han pensado en suicidarse. Para tal efecto se utilizó la técnica descrita con

el fin de que existiera una real coherencia entre las actividades de las sesiones y los

objetivos planteados.

Las sesiones se llevaron a cabo en las instalaciones del Instituto

WËM, para lo cual se estableció comunicación con la Junta Directiva, con el fin de

coordinar los espacios necesarios.

Etapa IV

La última etapa consistió en el análisis de los resultados. Los datos fueron analizados a la

luz de ejes temáticos preestablecidos de acuerdo con la temática trabajada en las sesiones.

Se realizó un análisis del contenido de las sesiones

y del material

que

de

ellas se

desprendió. Este análisis se realizó de acuerdo con lo planteado en el apartado de “Análisis

de los Resultados”.

Por último, en esta etapa se elaboró el informe escrito de todo el proceso investigativo,

donde se expone paso a paso cada una de las fases de la investigación que se siguieron

hasta llegar a las conclusiones que constituyen la presente tesis.

60

ANÁLISIS DE LOS RESULTADOS

El

procedimiento

que

se

utilizó

para

realizar

el

análisis

de

los

resultados

de

la

investigación, fue el análisis de contenido, el cual está basado en una lectura científica de

los datos obtenidos a través del instrumento.

Debido a que el análisis de contenido requirió de una selección previa de los datos, estos

fueron sistematizados en categorías preestablecidas, lo cual permitió integrar y ordenar los

datos de tal manera que se impidió la exclusión de cualquier información relevante así

como

evitar

las

falsas

interpretaciones

producto

de

juicios

de

valor

propios

del

investigador. Para tales efectos, se procedió a realizar una trascripción de las sesiones, para

ser luego sistematizadas y ordenadas.

La categorización de los datos responde a la necesidad de realizar un análisis a profundidad

que

logre

ser integrador,

sistematización.

Categorías de análisis:

con lo

que al

mismo tiempo se alcanza su control y su

1.

Historia familiar y relaciones vinculares tempranas.

2.

Redes de apoyo dentro de la familia y manejo de relaciones emocionales y de

pareja.

3.

Manejo de las emociones: ira, dolor, frustración y pérdidas significativas.

4.

Defensas y ansiedades.

5.

Estrategias de afrontamiento y elementos inhibidores del acto suicida.

61

CAPÍTULO IV

62

RESULTADOS

En el presente capítulo se ofrecen los principales resultados obtenidos en las entrevistas

realizadas a los participantes de la investigación, los cuales son participantes de los grupos

de apoyo del Instituto WEM.

Con el fin de proteger la confidencialidad de las personas entrevistadas, se utilizarán

nombres ficticios para referirse a ellos en el presente trabajo. De ahora en adelante, el

Sujeto 1, será llamado Eduardo, el Sujeto 2 será llamado Gerardo, para el Sujeto 3 se

utilizará el seudónimo de Manrique, y para el Sujeto 4, el de Roberto.

Además es necesario mencionar que, si bien en el presente apartado se utilizan solamente

algunos extractos de las entrevistas, estas se facilitan completas en el Anexo 4.

El material fue trabajado abordando los casos, primero desde sus ideaciones o actos

suicidas, analizando sus características y detonantes, sus factores inhibitorios y su relación

con la subjetividad de las personas que participaron de la investigación.

Posteriormente, se ahondan en las particularidades de la historia biográfica de estos

hombres, sus relaciones con sus figuras parentales.

Finalmente, se analizan los factores

inherentes a la masculinidad hegemónica, presentes en cada uno de ellos.

Así mismo, y a modo de introducción del presente apartado, a continuación se ofrece una

tabla que presenta algunas de las características principales de las personas entrevistadas.

63

Tabla 1. Personas entrevistadas

Seudónimo

 

Eduardo

Gerardo

Manrique

Roberto

Edad

 

27 años

45 años

45 años

49 años

Estado civil

Casado

Unión Libre

Casado-

Casado-

separado

 

separado

Formación

 

Universitaria

Secundaria

Secundaria

 

Universitaria

Académica

incompleta

incompleta

incompleta

Tipo

de

Fantasías

Intento Suicida

Fantasía y plan suicida

Intento suicida

manifestación

suicidas,

ideas

suicida

 

suicidas

 

Desencadenante

Desatención por parte de la pareja y por parte de jefes

Dificultades

en

Fantasía

de

Fantasía

de

de

la

idea

las

relaciones

abandono

por

abandono

suicida

según

de pareja

parte

de

la

entrevistado

pareja

A lo largo de la vida de todos estos hombres, la idea suicida está permeada por una

sucesión de eventos y relaciones cuyas soluciones están dadas por la idea del suicidio. Se

analizará en primera instancia

detalle.

desde los casos individuales para entrar un poco más en

64

Eduardo:

Eduardo es un hombre de veintisiete años, el tercero de tres hermanos. Actualmente trabaja

en una empresa privada como técnico en un área de mantenimiento de la planta. Además

Eduardo se encuentra casado, y no tiene hijos.

Eduardo es participante del Grupo de Apoyo para Hombres del Instituto WEM, al cual

ingresó en junio de 2006 con el objetivo de solucionar los problemas de pareja y sobre todo

como una forma de abordar lo que él llama una depresión.

En el caso de Eduardo, su ideación suicida está mediada por sus vinculaciones laborales, así

como por las relaciones de pareja que él establece.

En el caso de la primera, se puede

observar como la falta de promoción y superación

en el ámbito laboral median en una de

las estructuraciones suicidas.

Bueno las circunstancias era que estaba con un poco de desmotivación en el

trabajo porque

hubieron ahí unos ascensos que fueron injustos ¿verdad?, a mi

parecer, porque yo estuve ahí calificando para muchas cosas… personas que ni

siquiera tenían los requisitos fueron promovidas ¿verdad?

La segunda idea suicida, presente en el relato, se vincula con el rompimiento de la relación

de pareja.

Pero igual sí comprendí

que era el hasta aquí ¿verdad?, entonces el estar

intentando

mediar

ese

hasta

aquí

¿verdad?,

que

me

pusieron,

yo

estuve

intentando llamar ¿verdad?, estuve con mucho diálogo interno ¿verdad?, que me

hizo bastante mal también, porque estuve pensando en cosas que diay… eran de

65

mi imaginación sobre ella, sobre otras personas ¿verdad?, relaciones de ella con

otras personas y también,

¿verdad? de intentar yo por ejemplo llamarle para

hablar con ella y en realidad ella… yo debí haber comprendido que ella no

quería hablar conmigo, entonces ella era bastante cortante en ese sentido y yo

eso todo lo tomaba como que ya era de poco valor ¿verdad?, que me estaba

dando a mi más bien ¿verdad?, entonces una de las soluciones ¿verdad?, dado

que esto con parejas anteriores ya me había ocurrido, entonces ya era como lo

mismo de siempre, entonces yo dije “ya yo estoy cansado de lo mismo…”

¿verdad?, “…ya yo no quiero seguir con lo mismo… y muchas cosas que he

intentado hacer, y que son cosas buenas, y cosas positivas, y de nada ha servido

entonces yo creo que no estoy haciendo nada aquí”, eso fue lo que yo pensé

básicamente.

El rompimiento con su pareja conlleva para el sujeto montos de angustia difíciles de

manejar. A partir de esta separación se atraviesa por un proceso subjetivo que va desde el

desarrollo de la idea celotípica hasta la creación de la fantasía suicida. Esta última, aparece

para el sujeto como una solución efectiva a la dinámica de pareja. La vivencia psicológica

de Eduardo de la separación de su pareja está dada por una percepción de un sentimiento

sádico de ella hacia él, en donde él experimenta la distancia de la pareja, producto de la

separación, como un recurso para causarle un daño.

El suicidio es por tanto, una forma

violenta de responder a la misma violencia con la que el sujeto vive este distanciamiento.

Se ve como, los elementos planteados por Caruso (1987), presentes en el apartado de

Marco Teórico, son aplicables en este caso. A partir de la separación Eduardo experimenta

la “catástrofe del Yo”, ya que en la construcción de la identidad su propio Yo se nutre del

66

de su pareja.

Por esto es que la vivencia del distanciamiento es vivido como un daño de

ella, ya que no se cuentan con los recursos psíquicos para la reparación Yoica.

Siguiendo los postulados de Caruso, dicha relación de pareja, estuvo marcada por una

fuerte dependencia emocional por parte del sujeto hacia su compañera, en donde más allá

de la figura real, se hace una depositación masiva, perteneciente más a sus propias

carencias afectivas, que a las posibilidades reales que ella le pudiera ofrecer:

Diay… yo creo que fue un apego emocional muy grande, mío, así como de que me

enganché muy rápido con ella. Talvez me ofreció un poquillo de cariño y yo,

como tenía la autoestima bastante baja respecto a eso ¿verdad?, a recibir cariño,

me enganche muy rápido, a pesar de que habían muchos signos de que la cosa no

estaba bien ¿verdad?, a mí eso no me importó, no lo quise ver, y me enganché

con ganas, creo que es eso.

Muchas de las vivencias de desprecio por parte de la pareja que Eduardo experimenta, están

fuertemente asociadas también a la construcción de la masculinidad hegemónica. Por

ejemplo, queda clara la importancia que él otorga a la imagen de mujer sumisa y abnegada

para las labores de su hogar y él como centro de sus vidas:

Diay sinceramente yo me ponía triste, yo decía “¿cómo puede venir cansada,

pasar con sus amigos y todo, estar vacilando hasta tarde y todo, ir a tomar café a

todo lado, y conmigo no?” ¿verdad?, y yo era diario con esos “¿porqués?”

Y

con la comida igual, por ejemplo, a veces uno se sentaba y tal vez

estaba

dormida, y llegaba un amigo de ella, se levantaba, le hacía comida y todo, y yo

siempre pasaba solo comiendo, y a veces, diay,

tenía que ver que hacía para

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comer y eso, yo me quedaba triste, y yo decía “¿por qué estar solo, si con unas

personas lo hace y conmigo no?”, ¿verdad?

A nivel interno de la relación de pareja este hombre percibe las crisis familiares como

agresiones dirigidas hacia su ser. El sentimiento de daño que el otro le genera:

No me sentía realmente solo, ¿verdad? lo que me sentía era como gorreado, algo

así, como que me estaban dando entre muchos, algo así. Sí, porque en realidad yo

siempre he sido una persona que me he manejado mucho solo, desde carajillo, y

todo… he vivido solo y todo ¿verdad?, no, no en eso no he tenido problemas yo.

Ya en otras relaciones de pareja, la idea del suicidio había aparecido como una solución por

el rechazo del otro hacia él y el patrón relacional a través del cual el sujeto no puede

descolocarse de situaciones en donde vive constantemente rechazado por su pareja:

…por ahí anduve con una muchachilla ¿verdad? que conocí, que la muchacha

era buena gente y todo pero como que tenía una rebeldía muy grande ¿verdad?

por todo… llegó un punto en que ella me dijo que jalará mejor, y yo jalé

¿verdad? yo la estuve buscando por mucho tiempo y me… despreciando y

despreciando ¿verdad?, la misma historia hasta que lo que pasa es que en ese

entonces, que ya después de una rato a mí, lo que me daba era como que me

entraba como una furia de orgullo, yo decía “ok ,está bien… paso eso y a la

mierda, me hacía de otra y usted me viene a rogar y olvídese, usted me viene a

llorar y le podía escupir la cara si quería”, ¿verdad?

68

Una escena es particularmente ilustrativa en la conjunción de los dos factores antes

expuestos, la falta de realización personal en el trabajo como las dinámicas de pareja

entabladas por Eduardo en donde prima la agresividad entre ambos, en dicha conjunción, se

patentiza la idea suicida, como solución final a todas estas situaciones que el Yo del sujeto

no puedo restablecer. Es manifiesto como existe una descompensación desde los encargos

de la masculinidad del hombre proveedor.

También, se aprecia como él utiliza el ámbito

sexual como medida para sostener la relación de pareja.

…me fui a vivir con una amiga de mi hermana a la casa de ella, con ella conviví

como que, como dos años casi, y ahí fue un despiche también… una pura

gritadera y todo ¿verdad? igual la misma vara, esa muchacha, y con esa

muchacha, digamos, lo que era la relación sexual y eso me llevaba mejor, y ahí

iba, y ahí básicamente más… era como el estrés mío, que estaba sin trabajo a

veces, y de que pasaba mucho tiempo metido en la casa, y que no podía encontrar

como un trabajo más estable, y todo eso, y que como todo eso, yo me sacaba el

clavo con ella cuando llegaba, porque ella si breteaba, tenía un muy buen puesto

¿verdad?, como tenía muchos años de trabajo de ella, y la plata, y de todo,

entonces también ahí.

El único extracto narrativo que el sujeto realiza referente a sus manifestaciones suicidas

incluyen la conducción temeraria y la irresponsabilidad a la hora de dicho ejercicio. Aún

ahí, se enfatiza que la elección de un automóvil como medio para ejecutar el acto incluyen

ámbitos en donde la masculinidad se filtra.

69

Entonces una de las maneras que yo probaba era manejar a toda velocidad, a

toda velocidad sin importar si había altos, si había semáforos, si había nada, tuve

mucha suerte porque no me maté.

Un elemento interesante es como la angustia por todas estas situaciones es vivida como una

forma parasitaria de la cual el sujeto debe desprenderse, el cuerpo, todo, está involucrado

en lo que Eduardo denomina circulo vicioso. Además, se viven todos los demás intentos

“por arreglar las cosas” como buenas intenciones no comprendidas por las demás personas.

El sujeto acepta irremisiblemente esta falta de comprensión y piensa en ponerle fin a su

vida.

…lo que si sabía es que yo quería desaparecer de eso, quitarme eso que… eso

que estaba pasando, ese problema, como ese círculo vicioso grande en que

estaba, de que estaba haciendo las cosas y por más que intentaba hacerlas bien,

siempre caía en lo mismo; vos siempre estás en una situación que me pasaban

muchas desgracias.

Pese a esto, es interesante como Eduardo reconoce a su madre como el único agente

inhibidor del acto suicida:

Lo único, por ejemplo, que me detuvo en mi, de hacer eso, digamos, talvez un

poco, es el pensamiento de la culpa que podía sentir mi mama si yo hacía eso

¿verdad? talvez eso fue como el dolor, talvez, que me sostuvo un poco, no sé. El

problema es que ya llega un punto, como al decir quince días después de que

había pasado la separación, ya yo me levanté sin importarme también eso

¿verdad? ya yo estaba tomando mas decisión en eso porque no me estaba

70

interesando tampoco lo de mi mama, yo dije “la verdad es que sí, pobrecita, va a

sufrir, pero a mí que me importa; el que tiene que importarme soy yo…” digo yo,

“…importarme soy yo, pero dejar de sufrir… no de que le tenía importancia y

valor a mi vida en realidad…

Se deja ver en su relato como para Eduardo, es importante las consecuencias que sus actos

puedan tener en la estabilidad emocional de su madre, lo que de una u otra manera se puede

ver como el asumir la responsabilidad de no hacer sufrir a la persona que hasta ese

momento había fungido el papel de contención y apoyo para con él.

Por otro lado, Eduardo manifiesta que cuando se enteró de la existencia del Instituto WEM,

y de la posibilidad de recibir apoyo emocional, decidió hacer la prueba, tomándolo como

una última opción para su vida:

Diay… lo único que yo pensé, sinceramente, que este era el último chance que yo

me iba a jugar antes de matarme. Si esto no sirve, me mato; tengo esas dos

opciones, eso fue lo que pensé yo.

Queda claro como para Eduardo, el suicidio es visto como una alternativa para abandonar

el sufrimiento más que para abandonar la vida. La idea del sufrimiento cumple un papel tan

importante en su imaginario, que incluso al pensar que él podría producir sufrimiento en su

madre, es un elemento que le carga de angustia al punto que lo hace desistir de la idea de

suicidarse, al menos por un tiempo.

De igual manera, resulta significativo el hecho de que cuando él valora el apoyo del

Instituto WEM como una alternativa para trascender ese sufrimiento, modifica la estrategia

71

de afrontamiento, inscribiéndose en los servicios ofrecidos por dicho Instituto en lugar de

mantener sus ideas suicidas.

Repasando algunos episodios de su historia biográfica se encuentran datos interesantes para

la comprensión de ciertos comportamientos como carencias afectivas.

Su

padre

es

una

figura

de

hombre

hegemónico,

con

problemas

de

alcoholismo

y

agresividad. La imposición de los límites y la autoridad está mediada por la violencia física

y emocional. Este padre, no funciona para el sujeto como una figura protectora sino como

alguien abandónico.

Sí mucha violencia y gritos, mucha tiradera de cosas… al principio, carajillo,

había golpes ¿verdad?, entonces muchas veces ¿verdad?, vi a mi papá golpeando

a mi mamá ¿verdad?, cuando venía en sus tandas de guaro, llegaba, la sentaba

en una silla, y le empezaba a pegar… eso en general casi de ritual, bastante

desagradable, eso…

gritadera, abandono de casa ¿verdad?, porque mi tata a

veces se iba de tanda y eran tres días y no aparecía, y cosas de esas ¿verdad?

Respecto a su madre, ella es también forjada dentro de la tradición machista, mujer sumisa

para con su pareja y dependiente de la voluntad de su esposo.

…y mi mamá ¿verdad? que más bien es demasiado sumisa en muchas cosas,

entonces como que no ha despertado, incluso con discusiones muy fuertes, eso…

A nivel de la relación de pareja de sus figuras parentales la dinámica gira permanentemente

en torno a relaciones de poder ejercidas por el padre por medio de la violencia:

72

Digámoslo así, un porcentaje de unos cinco días al mes, y el resto entre

arreglando broncas y en broncas.

Se puede observar como sujeto reproduce roles de su infancia en sus relaciones de pareja y

como sus

figuras

primaras

están

mediadas

por la construcción

de

la masculinidad

hegemónica. Aún más, esta dinámica entre los padres repercute a nivel psicológico por

medio de una vivencia de abandono que ayuda a la comprensión de sus carencias afectivas,

ya que ni el padre ni la madre pueden ejercer la función de cuido para con él.

Además, él reproduce el rol impuesto por el patriarcado y

al parecer, no puede mantener

esa posición de hombre dominante frente a su pareja, situación que podrá señalarse entre

los factores que generan la crisis, ya que implica el declive del arquetipo.

Al final la casa se quedaba muy sola ¿verdad?, que ni el tata ni la mama estaban

nunca.

Y agrega:

De hecho yo me crié más con las muchachas de servicio ¿verdad?, casi todas las

fotos de carajillo eran con muchacha de servicio.

Sus figuras primarias no son presencias afectivas en su vida y generan carencias que el

sujeto resiente y lleva marcado en su propia subjetividad:

Como un gran ejemplo de líder yo no tengo, yo creo que los límites me los puse

yo mismo, yo no seguía mucho los límites de mi casa.

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Su infancia es vivida dolorosamente entre el permanente anhelo de “hogar feliz” y la

amenaza permanente de abandono si sus padres se divorciaran.

Es una vinculación

ambivalente la cual se le ofrece al sujeto dentro de su hogar:

Pero habían días que a uno le daban ganas de que estallara la vara, es raro

¿verdad? incluso yo carajillo… a mí me dolía mucho, me dolía mucho que fuera a

sufrir mi tata, pero cuando mi mama decía “yo creo mejor, que su tata que se

vaya”, yo me ponía a llorar porque no quería que mi tata se fuera. Pero diay, es

raro porque por un lado quería que se fuera, pero por otro lado no ¿verdad?

En síntesis, es manifiesta la institucionalización de la violencia a nivel de estructuras

familiares, tanto desde los roles de género propios de la masculinidad, como a nivel

subjetivo en el impacto que estas tienen, transformados bajo la forma de amenaza de

abandono del sujeto.

Estas fantasías primarias son revividas en sus relaciones de pareja

frente a los rompimientos y vividas por el sujeto con montos inmanejables de angustia, ya

que según la teoría psicodinámica con la cual se analizan estas situaciones la tentativa de

solucionar las propias carencias inconscientes, son depositadas en el ámbito de la pareja, de

tal forma, que la perdida de esta última, hace imposible la reelaboración de todas las

anteriores.

La conjunción de ambas están presentes en muchas de sus ideas suicidas. Dicho acto es el

último recurso, -agresión hacia sí mismo- para mostrarle al otro la intencionalidad de sus

actos y el propio daño que esa separación implica para él.

Sus propias carencias

afectivas arrastran secuelas que se desencadenan tanto en la

adolescencia como en su vida adulta. Se observa además una desestructuración subjetiva a

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partir del declive en el cumplimiento del ideal de la masculinidad por parte de la sociedad

patriarcal (Campos y Salas, 2002), lo cual se refleja en su vida laboral, ya que su

experiencia en el trabajo, lejos de darle estatus y una posición de poder, se convierte en una

experiencia en donde Eduardo se siente carente de atención por los demás y en especial por

la jefatura, subestimado y donde no se le da el reconocimiento que él cree merecer,

situación que genera una crisis importante en su vida.

Sin embargo, el suicidio no se convierte en el fin último para él, sino más bien en un medio

para apartarse de lo que él llama un “sufrimiento insoportable”. Esta situación nos da luces

del drama vivido a nivel del Yo, tanto por la falta de puntos de referencia narcisistas de

construcción de la identidad trazados mediante la pareja, como por el declive de la

identidad que brinda la masculinidad hegemónica en la construcción del “ser hombre” .

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Gerardo

Gerardo es un hombre de cuarenta y cinco años, y es el tercero de diez hermanos.

Es un hombre divorciado, y quien mantiene una unión de hecho hace varios años con una

nueva pareja. Él tiene cuatro hijos de su antiguo matrimonio, y dos hijas de su relación

actual, los cuales todos viven con él, así como los cuatro hijos que su actual pareja tenía

cuando se unieron.

Gerardo trabaja para una institución pública desde hace cerca de treinta años, donde es

peón.

Gerardo acude al Grupo de Apoyo para Hombres del Instituto WEM desde julio de 2006, al

cual fue referido por la médico del EBAIS al que asiste, para que se le trataran sus ideas

suicidas y sus conductas violentas.

En el caso de Gerardo igual que en Roberto, el cual será descrito más adelante, la ideación

también tiene como desenlace un intento suicida fallido. En su caso, el acto está

estrechamente relacionado con las relaciones de pareja.

Es a partir de la separación con su pareja que Gerardo presenta la idea de cometer un daño

contra sí mismo.

Anteriormente, en su adolescencia el sujeto había atravesado una crisis

similar y cuya respuesta fue igualmente un intento suicida.

Que sé yo, si fuera el caso mío, en el caso mío yo tomé una decisión una vez de

quitarme la vida en dos ocasiones pero eso fue por mi primera mujer… Yo pensé

en el suicidio más o menos hace como unos catorce años

como unos catorce

76

años, si porque yo no vivía con la señora que vivo actual ahora, eh

esa vez,

llegué y me tomé un vaso de, de, de, de un veneno que daban para los piojos y me

lo mandé y me trajeron para el hospital y me tuvieron veinticuatro horas en

cuidados

en lavativas durante todo el día y parte de la noche, haciéndome las

lavativas, pero gracias a Dios que no pasó a más… Después, en una ocasión lo

hice también colgándome de una cerca, pero también en la plaza del barrio.

También, porque la muchacha de quien yo estaba enamorado no quería nada

conmigo, entonces yo intenté quitarme la vida… Y ahora, ahora que he tenido

muchos problemas con mi compañera.

Siguiendo un orden cronológico respecto a su historia de vida, de esta primera experiencia

el sujeto extrae la conclusión de un rechazo radical sobre su ser a partir de la negación de

esta mujer para entablar una relación con él, la cual se desprende de su propio relato:

Yo me enamoré de una chiquilla, de una muchachilla como de trece años. Yo

tenía como veinticuatro años, imagínese. Me enamoré de esa chiquilla y esa

chiquilla fue la que me dio el sufrimiento más grande

que ahí fue donde tomé

dos decisiones de tomar la decisión equivocada, esa decisión de quitarme la vida,

por culpa de esa mujer

porque me enamoré de una forma de que

de, de, de

que yo le permitía a ella; ella me llevaba a llamar por teléfono al novio que ella

tenía, o al exnovio que ella tenía, y ella le hablaba cosa maravillosas al otro

muchacho y yo escuchando, y yo a todo le

para mí era normal. Pero era ese

amor ciego que yo tenía hacia ella, un amor que no me correspondía aunque mis

papás me lo decían a mí, que no era una mujer para mi, y sin embargo yo por la

terquedad y por la juponada mía, yo seguí con ella; y con ella sufrí, con ella comí

77

mierda, y anduve montones de cosas que a la vista está que cada vez que se me

iba, me junté con ella y en la unión viví casi trece años con ella.

Nótese como Gerardo encuentra el motivo de su sufrimiento en el afuera, responsabilizando

a la mujer de su sufrimiento, lo cual da pie para pensar que él experimentaba esta situación

como un rechazo y una acto lesivo directo hacia su persona. A pesar de esto, él no se puede

visualizar como un agente activo capaz de evitar su propio sufrimiento, sino por el

contrario culpabiliza a las demás personas, y en este caso a la mujer de la cual estaba

enamorado.

De esta manera, de la vinculación también se puede inferir una tendencia al establecimiento

de relaciones atravesadas más por su ansiedad que a las posibilidades reales que el otro le

pueda ofrecer. Parece que se juega más

la necesidad de suplir carencias afectivas

inconscientes (Caruso, 1987), que un deseo por forjar una relación estable, ya que a pesar

de la historia antecesora, el sujeto en años posteriores mantendrá una relación con esta

mujer, relación de la cual al parecer solamente podrá recoger dolores emocionales.

Con la actual pareja, ante la cual él realiza un acto de carácter suicida, es señalado como

producto de los dolores causados por su pareja. Como desencadenante señala la medida

cautelar que ella interpone en su contra, la cual es vivenciada como un acto de agresión de

ella hacia él.

Diay, cuando me sacaron a mí me entró una desesperación que, que fue cuando

se me vino a la mente quitarme la vida, por eso, porque yo me sentí tan agredido

por eso, por algo que yo no había hecho

Y menos que me bajaran por la calle

principal del pueblo, esposado y todo eso, donde nunca me lo habían hecho…

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Diay, desesperado al colmo que ella había llegado de ponerme una demanda que,

que por agresión que yo nunca había cometido, menos arriarle.

¿Entonces qué

fue lo que hice yo después? Intenté suicidarme pero después me puse a pensar

que no, que no valía la pena. Que no valía la pena.

Al respecto agrega

Una vez, porque yo vi que ella no quería nada conmigo, que ya no, no, no quería

una relación conmigo; entonces, un modo para yo

tenerla a ella era hacer que

me iba a suicidar para que ella viera que el amor que le tenía era, era sincero

un amor puro para ella, cosa que a ella no le importó.

Aquí se le da un carácter pasional al acto suicida. Este hombre se daña para demostrarle a

su pareja “el amor”. La agresividad como mecanismo de defensa (Caruso, 1987) es puesta