Sunteți pe pagina 1din 7
http://www.ojoizquierdo.pe/ http://www.lasopa.pe/ Ni renovación sin rectificación Ni rectificación sin renovación

http://www.ojoizquierdo.pe/

http://www.lasopa.pe/

Ni renovación sin rectificación Ni rectificación sin renovación

Comentarios al documento “Justicia social para todos los peruanos- Orientación política del PAP ante los nuevos desafíos” del Comité Ejecutivo Nacional del PAP.

Por la red virtual “El Ojo Izquierdo” Hugo Vallenas Enrique Valderrama Luis Zaldívar Ángel Montero Lima, 9 de septiembre de 2011.

El pasado lunes 5 de septiembre, en una reunión ampliada, el CEN del PAP ha convocado a debatir el documento “Justicia social para todos los peruanos-Orientación política del PAP ante los nuevos desafíos”. El documento está en manos de muchos amigos y colaboradores del PAP y ha sido difundido libremente en Internet.

Aquí tenemos la respuesta presentada por la Red Ojo Izquierdo al Secretario General Político de PAP, Jorge del Castillo, cuya discusión hemos iniciado el día viernes 9 de septiembre del 2011. Confiamos en que los presentes comentarios también estén al alcance de todos los amigos y colaboradores del PAP y sean parte de esta amplia discusión que el CEN ya ha iniciado.

Un documento escrito por encargo

Es evidente que el documento “Justicia social para todos los peruanos-Orientación política del PAP ante los nuevos desafíos” ha sido elaborado antes de las elecciones generales y por algún grupo de trabajo ajeno al partido y que incluso desconoce su terminología. Por su antigüedad, por su peculiar lenguaje y por los errores políticos que contiene —que veremos líneas más abajo—, resulta extemporáneo, excesivamente general y lleno de confusiones. No fortalece doctrinalmente a los militantes apristas ni los ubica ante los desafíos reales que el PAP tiene hoy en día para el período político

2011-2016.

La ideología aprista relegada a un lugar secundario

Algo tan triste como curioso es que el acápite 2 del documento, titulado “La ideología aprista como fundamento de este documento” no haya sido redactado y, según allí se indica, está siendo encargado a “un grupo de trabajo especial”.

No entendemos por qué el CEN del PAP no puede redactar un documento basado en la doctrina aprista y circunscribe el tema a un modesto párrafo que debe hacerlo otro grupo u organismo. Más aún, ¿cómo es posible que el resto del documento haya sido elaborado sin tomar una posición respecto a lo que entendemos hoy en día por actualidad y proyección estratégica de la doctrina partidaria?

Un título equivocado

Desde el inicio, el título “Justicia social para todos los peruanos” es redundante y equívoco. Semánticamente, es imposible suponer que exista una justicia social que no sea para todos los ciudadanos de un país. Contradice el principio democrático.

Por otra parte, no pertenece a la tradición aprista ese peculiar énfasis en “todos los peruanos”. Defendemos las libertades de todos pero tenemos como prioridad, porque somos un partido de izquierda democrática, defender los intereses de los más

necesitados. Lo correcto sería decir “justicia social pensando en los que menos tienen”

o una idea parecida. Al reemplazar la fórmula tradicional aprista por aquella de

“justicia social para todos”, en verdad estamos negando esa prioridad y nos estamos

deslizando hacia un bando político distinto al nuestro. Eso no es aprismo.

El Muro de Berlín le cayó encima a los comunistas no a los demócratas sociales

El

acápite uno, titulado “Autocrítica como línea de base” es absolutamente falso desde

el

comienzo hasta el final. Afirmar que “los cambios paradigmáticos ocurridos tras la

caída del Muro de Berlín […] la globalización y […] la crisis económica y financiera internacional, han afectado […] las estructuras y visiones […] de los partidos

progresistas en todo el mundo” es un absurdo.

Estos fenómenos han fortalecido la credibilidad intelectual y política de los partidos socialdemócratas del hemisferio norte y de los partidos democráticos populares del hemisferio sur. Y han revalidado su larga lucha ideológica y política contra el comunismo.

El documento del CEN del PAP, al colocar al aprismo en el mismo campo de los contusos y confundidos por la caída del Muro, bajo el desafortunado rótulo de “partidos progresistas” (los comunistas nunca han sido “partidos progresistas”), nos arrincona con grupos ideológicamente fracasados y pone en cuestión nuestra doctrina.

El

antiimperialismo constructivo del aprismo, su concepto de la democracia funcional y

su

defensa de los pueblos-continente para una integración democrática a escala global,

vienen siendo convalidados por el mundo contemporáneo. Es lamentable que el

documento del CEN del PAP no aluda a la vigencia del pensamiento social de Haya de

la Torre y ubique al aprismo entre las corrientes de pensamiento golpeadas por las

megatendencias del nuevo milenio.

El PAP no puede asumir ni el activo ni el pasivo del gobierno de Alan García

El aprismo sólo puede basarse en la verdad, por dura que esta sea. Un balance que

oculta o maquilla la verdad es al fin y al cabo una mentira.

El documento del CEN afirma que “en ciertos momentos de los últimos cuatro años —el borrador del documento debe ser del año 2010— la sociedad peruana ha recibido dos mensajes apristas no siempre coincidentes, uno proveniente del Partido y otro proveniente del gobierno”, causando una “disonancia” que ocurre “a pesar de los nada despreciables éxitos de la gestión gubernamental”. Y a renglón seguido culpa al partido de dicha “disonancia”, que se traduciría en no saber “plasmar el mensaje ideológico” y no saber “cómo mejorar la percepción de la ciudadanía respecto a la política seguida” por el gobierno. Según el documento del CEN, el propio PAP tendría la culpa de ser visto como “un partido de derecha”. Esto es inaceptable.

El Partido no es culpable sino víctima de lo ocurrido bajo el gobierno de los años 2006- 2011. En realidad, el problema es uno y muy claro: el Presidente de la República, Dr. Alan García, organizó su gobierno prescindiendo en forma absoluta de la opinión del PAP, dio la espalda al Plan de Gobierno para las elecciones del 2006 que aprobó el Congreso del PAP, formó un gobierno nacional de amplia base sesgado hacia la derecha, donde tuvieron prioridad los grandes intereses económicos privados (las grandes empresas también necesitan luz eléctrica y carreteras en todo el país para poder invertir rentablemente) y dio la espalda a los trabajadores y clases medias de la ciudad y el campo, además de echar al olvido la reforma constitucional basada en la Constitución de 1979.

Ya se sabrá si hubo corrupción o no y en qué escala, pero en lo político, fue un gobierno ajeno y distante del Partido Aprista, un gobierno de centro-derecha, donde la plutocracia fue ampliamente beneficiada. Hubo espacios administrativos aislados de atención a la pobreza que no cambiaron el sentido general. Y dentro del gobierno y en relación con la representación aprista en el Congreso, el Presidente García mantuvo un estilo de trabajo autoritario.

No aceptamos que el nuevo gobierno del comandante Humala utilice lo que no supimos cumplir ni defender para disfrazar demagógicamente sus ambiciones militaristas. No aceptamos que se acuse al gobierno saliente de cosas que no han ocurrido, pero tampoco podemos defender lo indefendible.

El gobierno 2006-2011, con su política de centro-derecha, con su defensa del modelo minero exportador heredado de la época del fujimorismo, con sus TLC orientados a favorecer a los productos industriales del exterior (pudiendo estos TLC ser beneficiosos para nuestra industria en desarrollo), con su política rural orientada a la reconstitución del viejo latifundismo y con su total indiferencia hacia los derechos sociales, entre ellos el derecho a un empleo estable y justo, como se prometió en la campaña del 2006, ha sido visto con justa razón como un gobierno orientado a la defensa de los ricos y poderosos. El Partido no puede defender como suyo un gobierno en el cual ni el programa, ni las alianzas ni las políticas aplicadas fueron afines a sus decisiones

Pero el daño mayor ha sido hecho al partido en forma directa. El Dr. Alan García, investido del erróneo cargo de “Presidente del Partido”, ha permitido, por error y por omisión, que la organización partidaria se debilite a extremos nunca conocidos y cunda la anarquía.

Desde el 2006 hasta 2010 no hubo Congreso ordinario del PAP y es en ese período que desapareció el diario La Tribuna, colapsó la formación de cuadros y se vino abajo el liderazgo del Partido en los frente sociales, así como también se derrumbaron los organismos partidarios funcionales.

La escasa actividad partidaria estuvo entrecruzada con la formación, en distintos niveles de la estructura organizativa, de grupos de poder relacionados, con cargos gubernamentales de poca importancia, otorgados por el presidente, pero suficientes para crear un clientelaje vergonzoso.

Muchas culpas podrían señalarse hacia los dirigentes integrantes del CEN del período que concluyó el 2010 y también podemos hacer observaciones a la gestión del CEN actual, pero el hecho central es uno solo: la crisis actual del PAP, siendo responsabilidad del conjunto del CEN y de la Comisión Política, es fundamentalmente del presidente García. No debe haber un “Presidente” del partido.

Cinco ejes ajenos a una efectiva política partidaria popular

El documento del CEN tampoco define lineamientos programáticos. El punto 4, definido

como “Los eslabonamientos de un programa político de mayor valor agregado” tampoco está redactado. Sólo se ofrecen cinco lineamientos generales, abstractos e imprecisos, que bien podrían aplicarse a cualquier espacio-tiempo.

Estos cinco lineamientos poco o nada tienen que ver con el método político del aprismo. Y poco o nada tienen que ver con una lucha política partidaria efectiva, que va desde abajo hacia arriba, conduciendo las aspiraciones de los más necesitados. Lo que el documento ofrece es fundamentalmente un esquema que, como dice el propio documento, “sugiere elementos a tener en cuenta en el diseño de un programa de gobierno progresista”, es decir, un programa de gobierno basado en otros referentes doctrinales y no un programa de acción para construir aprismo.

El documento del CEN incluso desconoce la terminología y las propuestas del Acuerdo Nacional y del Plan Bicentenario del CEPLAN, donde el PAP ha estado representado. Este Plan es una importante herramienta política a la que el presidente García no ha dado ninguna importancia.

Democracia social, ¿sí o no?

El primer punto o eje general del documento del CEN se denomina “Democracia social

e institucionalidad política incluyente” pero no hace aporte alguno desde el punto de

vista de la democracia social. Sólo es una repetición de enunciados generales sobre el Estado de derecho moderno.

Este primer punto está en retraso respecto a las propuestas del Plan Bicentenario, donde se define como parte medular de la democracia social el moderno concepto de desarrollo humano formulado por Amartya Sen, Premio Nobel de Economía de 1998, concebido como el resultado de la búsqueda simultánea de mejor calidad de vida y mejores condiciones de libertad y gobernabilidad. Este concepto valora de manera especial la inversión en bienestar social y educación pública como parte de un concepto de rentabilidad de mediano y largo plazo.

El mismo punto del documento desconoce las Políticas de Estado del Acuerdo Nacional suscrito por el PAP y un conjunto de fuerzas políticas y sociales peruanas el 2002, que propone un conjunto de orientaciones económicas, políticas, sociales, culturales e institucionales, basadas en el concepto de justicia social como gobernabilidad (la capacidad real de los ciudadanos para influir con su opinión y su decisión en la marcha cotidiana del poder político) y desarrollo sostenible (lograr que los ciudadanos tengan

la capacidad real para gestionar su propia existencia en condiciones dignas, con igualdad de oportunidades y óptimo manejo ambiental).

Mientras los lineamientos del Acuerdo Nacional y del Plan Bicentenario (donde han participado representantes apristas) sí coinciden con una actualización del concepto aprista de democracia social y funcional, el abstracto párrafo del documento del CEN no nos lleva a ninguna parte.

¿Competitividad o justicia social?

Los tres puntos siguientes están organizados en torno al tema de la competitividad como una finalidad de las estrategias de los gobiernos populares y democráticos. Estos puntos están definidos así: “Competitividad económica y riqueza nacional equitativa”, “Competitividad social en el campo y la ciudad en un ambiente sostenible”; y “Estado competente en una nación segura y gobernable”.

El uso del concepto competitividad es equivocado, o en todo caso contrario al aprismo. Los Objetivos del Milenio de las Naciones Unidas y el Plan Bicentenario del CEPLAN definen la competitividad como un resultado de la inserción exitosa en las nuevas megatendencias del comercio mundial. Pero no como un factor activo de ese resultado. Definir la política social como competitiva y definir al Estado como pro competitivo es parte de una concepción neoliberal.

Por esta razón el Acuerdo Nacional aprobó el año 2002 un conjunto de Políticas de Estado que se agrupan en cuatro ejes temáticos: Democracia y Estado de Derecho; Equidad y justicia social; Competitividad del país (no del Estado) y un Estado eficiente, transparente y descentralizado.

Gran ausencia, la planificación democrática

Es lamentable, una vez más, que el documento del CEN del PAP se aferre a conceptos foráneos y de escasa efectividad y desconozca como eje del concepto aprista de justicia social la planificación democrática. Este concepto se relaciona con la metodología de consulta y participación democrática de los productores propuesta por el aprismo en la fórmula del Congreso Económico Nacional. Ambas ideas son la médula del concepto aprista de democracia funcional y hoy están ampliamente convalidadas por la experiencia contemporánea reciente.

La planificación democrática fue propuesta en 1931, con singular énfasis, por Víctor Raúl Haya de la Torre, jefe y candidato presidencial del Partido Aprista Peruano, en cuyo discurso programático del 23 de agosto de 1931 planteó al país “La necesidad de adoptar inmediatamente un plan reorganizador que debería basarse, científicamente, en la investigación cuidadosa de nuestra realidad económico-social y en el análisis integral de sus diversos factores”.

La planificación democrática incluye estrategias de diálogo con los grandes centros mundiales de poder político y económico. Implica el antiimperialismo constructivo (otra omisión del documento del CEN del PAP). La planificación democrática da su lugar dentro de un gran proyecto nacional a todos los actores sociales organizados. Es un modelo mucho más participativo y eficaz que el esquema neocomunista de la “inclusión social”, que crea espacios subsidiados y discriminatorios para los más pobres.

El Indoamericanismo aprista olvidado

El quinto punto, denominado “Un sólido bloque de naciones integradas de América Latina” tiene un contrasentido evidente. Tener como objetivo un bloque significa tener como meta una alianza no un proceso de integración. Y proponer que el Estado peruano “lidere posiciones consecuentes con su filosofía de Estado” en todos los organismos regionales sin señalar nada concreto acerca de ellos, es simplemente proponer una política acomodaticia.

Finalmente, proponer que el aprismo se vincule con otros partidos “progresistas” (sin decir cuáles son) y sin sentar posición frente a las posiciones ya existentes, como la del entorno del llamado “chavismo”, es lo mismo que no decir nada. El aprismo tiene que recuperar su liderazgo pro indoamericanista entre los partidos populares del continente con una plataforma clara basada en lineamientos de integración democrática y de antiimperialismo constructivo.

¿Qué proponemos hoy en día?

El aprismo necesita, en primer lugar un documento redactado en forma completa. Que explique ante qué situación estamos y de qué manera nuestros principios se deben traducir en una estrategia concreta ante problemas y desafíos concretos.

No basta desear, como señala el Plan Bicentenario, una sociedad democrática en la que prevalece el Estado de derecho y en la que todos sus habitantes tienen una alta calidad de vida, con iguales oportunidades para desarrollar su máximo potencial como seres humanos. Ni un Estado moderno, descentralizado, eficiente, transparente, participativo y ético al servicio de la ciudadanía; y donde existen mecanismos redistributivos para propiciar la equidad social y los recursos naturales se aprovechan en forma sostenible, manteniendo una buena calidad ambiental.

Podemos desear esto y traducirlo en metas cuantitativas de mediano plazo pero igual seguiremos sin política aprista. Debemos darnos cuenta que los resultados de la segunda vuelta electoral del 5 de junio, que mostraron una derrota contundente del aprismo, nos imponen serias responsabilidades para preservar en nuestro país la paz, la estabilidad económica y la democracia. Es en ese marco que debemos renovar y rectificar la política y la organización de nuestro partido. Ni renovación sin rectificación política ni rectificación sin cambio generacional a fondo.

La ajustada victoria electoral del ex militar Ollanta Humala sólo fue posible mediante una desbordante demagogia y una complicada red de alianzas que incluyó personajes y grupos tan disímiles como el laureado escritor Mario Vargas Llosa y el ex presidente Alejandro Toledo con la plana mayor de su partido Perú Posible, todos ellos enemigos entre sí y enemigos jurados del humalismo, con los cuales el candidato se acomodó a última hora.

El precio de estos pactos fue eliminar todas las medidas radicales del plan de gobierno original que lo hacían semejante al que aplica el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela; por ejemplo desconocer los TLC (Tratados de Libre Comercio), cambiar las reglas de juego a los inversionistas extranjeros en minería y petróleo, restringir la libertad de expresión y de comunicaciones, reemplazar el Congreso ya elegido por una Constituyente, etc.

Luego de jurar sobre la Biblia que no hará nada de lo que anunció y prometió desde la primera vuelta electoral (antiguas promesas que al principio le permitieron seducir a los grupos comunistas y a unos pocos apristas confundidos), el candidato Humala aseguró que su agrupación Gana Perú ya no cuestiona “el modelo económico neoliberal” que se atribuye al gobierno del Presidente Alan García. De un día para otro afirmó que ese modelo está bien, el país “debe seguir creciendo” (como decía Toledo en su campaña) y que sólo necesita “mayor inclusión social” y que “la gente lo sienta en sus bolsillos”.

Nada de esto es garantía de un gobierno serio. Los acomodos de la segunda vuelta electoral demuestran que para gobernar y asegurar que sus socios financistas

obtengan lo que ambicionan (esos socios son el cuestionable empresario Lerner Ghitis

y sus amigos; las congresistas vinculadas a los cultivos ilegales de coca que el

humalismo protege; el militar retirado Villafuerte y sus amigos, antiguos hombres fuertes del montesinismo, entre otros que ya se irán descubriendo), el presidente electo seguirá dando virajes imprevistos y defraudando a sus ingenuos aliados.

Lo cierto de todo esto es que no estamos ante ningún gran cambio del modelo económico social. Ni siquiera ante un reordenamiento moderado. Estamos, simplemente, ante un grupo de recién llegados al poder que no tiene equipo de gobierno ni claridad de ideas para orientarlo y sí, muchas ambiciones.

Deseamos sinceramente que el gobierno de Ollanta Humala tome forma, cualquiera que sea, pero que nos garantice un mínimo de orden y eficiencia en la gestión del Estado. Y que la ignorancia no ocasione corrupción.

Contra el neoliberalismo reciclado bajo máscara populista y contra el peligro autoritario en ciernes, demandamos la más amplia unidad en defensa de la democracia y de una auténtica reforma redistributiva fiel a los lineamientos del Acuerdo Nacional y siguiendo el marco orientador de la Constitución de 1979.

La mini bancada parlamentaria aprista se ha visto fortalecida casi por accidente con la inclusión de Carlos Bruce, expulsado de Perú Posible y Renzo Reggiardo, ex Cambio 90

y ex Solidaridad Nacional, formando el grupo Concertación Parlamentaria. Su labor

legislativa y fiscalizadora será fundamental para ayudar a clarificar el rumbo del

proceso político en curso.

También competen tareas importantes al Partido Aprista Peruano. Un partido es sobre todo un referente de orientación política. Y en este caso es fundamental formar equipos que puedan hacer un seguimiento minucioso y de alto nivel profesional en cada sector del Poder Ejecutivo. Recordemos el libro magistral editado por Manuel Seoane en 1936, Autopsia del Presupuesto Civilista, con participación de Enrique Cornejo Koster, Andrés Townsend y Hugo Otero, entre otros especialistas. Fue el primer gabinete en la sombra de la historia del Perú, que elaboró denuncias y fijó propuestas concretas para resolver los problemas nacionales en cada ramo de actividad y cada nivel de gestión. Es un buen ejemplo a seguir en este momento.

Finalmente, y no en último lugar, es decisivo orientar y canalizar las demandas populares como auténtico Partido del Pueblo. El aprismo debe salir a las calles a reencontrarse con sus orígenes como partido defensor de los trabajadores y de la juventud.