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9. RASGOS DE LA CULTURA ARGENTINA EN LA DECADA DE 1950* ONTORNO “Rasgos” es el voeablo preciso para un titulo defen- sivo, Primero, porque el proyecto originario de centrarse en la franja que aqui Uamamos “denunelalista” se abrié répidamente hacia otros discursos sin los cuales los pri meros parecan girar en el vacio; pero entonces el campo de los fenmenos analizados se amplié inusitadamente. Luego, porque la seleccién operada sobre ese corpus pudo estar excesivamente librada no sélo a las dudosas virtudes de la propia intuicién, sino también de las no ‘menos dudosas ventajas del historiador de las ideas que puede ain recordar un tiempo que coincide con su memoria personal. Del vértigo no sélo tedrieo que estas circunstancias producen reo que restan algunos testimo- nios en la escritura de lo que ahora va a leerse, donde se deseriben una serie de nticleos ideolégices constituldos en la cultura argentina del periodo 1950-1959, cuyo significado suponemos considerable para In comprension del eardcter que adquirié la cultura politica en los afios No se trata por clerto de buscar en aquellos saberes de os aitos cincuenta un “germen” que desde entonces no habria hecho més que desplegarse hasta florecer © realizarse en acontecimientos posteriores, Semejante + Este trabajo fur gealzado dentro del marco de une bee sancedida en 1089 Dor el Conseio Latinosmerieano de Ciencias Sociales @LAGSOD 198 398 Oscar Tern apelacion al mito de los origenes pecarfa groseramente contra la evidencia de fenémenos culturales anélogos que 5 produjeron en otras regiones —inclusive de Latinoa- ‘mériea— sin haber desemboeado empero en coyunturas tan eritieas como ta argentina, Esta evidencia nos oblig6 a remitimos, asi fuere lateralmente, aun eonjunto de circunstancias que eseapan al campo cultural ~pero que ‘operan sobre I~ y que llegaron a Tusionarse con algunos Ssegmentos de este ditimo para generar ciertas modalide- des de intervencién en Ie politiea por parte de los inte- lectuales y que s6lo serian notables en un periodo poste- ior al aqui seleccionado, Por otra parte, ubicar como antecedente central de aquella modalidad de interven- cin # clertas pricticas culturales de los cincuentas impli- aris. consumar simulténeamente unos reduccionismos ante los cuales quisiéramos reseatar la inoeencia del empirismo v al mismo tiempo negamos a la asuncion de la historia como un destino, para no conceder de paso la az6n a quienes supusieron que la emergencia de tna cultura eritica en un pais como la Argentina estaba tan Inescindiblemente atada a efectos de ingobernabitidad que debia sor euidadosamente reprimida y exoreizada, Mis bien, podria suponerse que la cancélaciOn de los expacios demoeratieos actus en no poeas circunstancias ‘como una especie de profecia autorrealizada de aquellos sectores que, provenientes del mismo campo intelectual, terminazon también ellos por esencializar io que no eran sino Tos rasgos coyunturales de una crisis mucho menos “natural”. Nos hemos dotenido en la cultura de ese poriodo que tematiz6 problemas nacionales, tratando de privile- Fiar a aquellos sujotos portadores de simbolos diseursivos, fue por Ia posicion que ocupazon en la red social opera ton efectos ideologicos sobre ese mismo campo. Desde esta perspectiva, parece sencillo seialar a uno de ios gru- pos que asumird una tarea critica dentro de aque entra- mado cultural y que desembocaré como uno de los aMfluentes fundamentales en la cultura de los sixties: ol que ha venido constituyéndose hacia 1950 desde el Cem tio de Estudiantes de Filosofia y Letras (CEFYL) de la Universidad Nacional de Buenos Aires, cuyas posiciones centie 1951 y 1959 pueden seguisse a iravés de las revis: tas Centro y Contomo. Dentro de ese decenio, el derro- Fn busca de la ideologia argentina 197 camiento del peronismo y la actitud posterior de los sectores Iiberales hacia el movimiento entonces mayori: lario actin dentro de esta fraccién cultural como un nitido parteluz, ya que hasta 1956, si bien las distanci de esve grupo con ol peronismo son obvias ¥ tajantes, no ‘ecuree 10 mismo respecto de la zona liberal de la cultura lurgentina. Después de todo, Centro es expresamente la continuadora de la revista Verbum, euyo ultimo y céle- bre niimero 90, aparecido en 1948, inclufa en lugares relevantes a colaboradores como Guillermo de Torre y Héctor A. Murena, que a su vez pertenecian al grupo Sur, Esta coineidencia se anudaba mediante la comin posicién a Ia politica cultural oficial, preponderante- mente en manos de los sectores catdlicos, nacionalistas, y tradicionalistas, lo que en el caso de la Universidad de ituencs Aires queda suficientemente testimoniado en la vista editada por dicha institueién alo largo del perio. lo, ilustrando aquel pasaje ‘“de In sacristia a las aulas” dentro de una entonacién propia del “espanolismo fran- quista”.* La implantacion de una cultura dirigida desde 1 Estado, la expulsién de numerosos docentes, su rem- piazo por profesores en general dudosamente eapacita los y ta represién policiol contra los estudiantes oposi- totes corrfan pareja, por lo demés, con la intolerancia hacia las précticas que pretendian plantear otro tipo de sltemativas a la mediocre cultura universitatia oficial.’ En ese primer lustro previo a la caida del peronismo no aparecera por ende una zona de escisién abrupta ‘ntze el proyecto de quienes formaran luego dentro de lus filas contestalarias y los representantes del liberais. ‘mo cultural tan brillaniemente encarado en Sur. Por el vontrario, entre ambos espacios existiran incluso puentes lunto teméticos como personales. La figura de Murena es este altimo sentido emblemitica, ya que garantiza Iiperontsmo, Buenos Aes, Caslos Peter, 1965, 9.148. 2 Un testimonto do a époce del modo como uso de esos pro- Inoores dsplazadior caracterissba es proceso pact halve el sic publica ea 1940 aot inet Front on Caodernoe Americanos, Mexico, Nuevs'Tevaten-CEESTEM. Véase tambien O'Mancome’y Jk. Wisley: Unturisad 9 peronimio (1046°1985), hhuenor Aire, Ceuteo Balior de-Amésien ina, 164, 198. Oscar Ter simulténeamente esa comunieacion con el grupo diigido por Vietoria Ocampo y la presencia del tema ameri fanista dentro de un tatamiento expresamente mar- feado por la ensayistica de Martinez Estrada” pero también por la inclusion de cierto registro existencialista. Ta reivindiencion americanista constituye una linea temética no exenta de curiosidad, ni bien se piensa que 5 uno de los escasos territorios donde coineiden expre- siones provenientes de la cultura peronista, del liberalis- imo, de Ta equierda y también de la franja denuncialste, En ‘igor, Sur nace signada por la “preocupacion ameri cana’ ¥ el protagonismo de Waldo Frank en su emergen- fia habla alas claras de una zona donde el americanismo podia englobar un amplio registro que, hacia la izquier- fa, se comunieaba inclusive Muidamente con ol socalis- mo del peruano dose Carlos Mariategui. Y si ‘coexis- ten en Str de estos primeros afios un americanismo opti- Inista y uno pesimista; un ainericanismo confiado en le juventud yep la realizacion de la promesa que estas regiones arrojan hacia el futuro (Ocampo, Frank) y un Jmericanismo preocupado por los obsticuios reales que persisten como marcas historieas del continente”, no es menos cierto que “en ambas flexiones el americanismo hho se hace cargo de la desigualdad y la violencia que Sseparan a América Latina de Estados Unidos”.* De ali Gue el punto central de ruptura entre el americanismo liberal y la izquierda critics vaya a operarse cuando aquella tolalidad geogréfica se escinda tebricamente fntze un Norte dominador y un subcontinente expotiado {los que Ia historia, la economia y la cultura no habrian Sino desagregado, Entonces sera cuando la larga saga del antimperialismo latinoamericano se reintroduzca en el discurso contestatario, recuperando una presencia antes obnubilada por la polities proaliada durante ia segunda guerra, En ese momento, ese élan antimperialistaforma- 9 Sobre ot tema de la “culpa” en Martinez Batrada puede ver sc el etinlante artiewo de Carlos Real de Azua, “Los males i inonmericanos ¥ tu save. Blspas de uns reflesi6n’ en Mictorss Uble'e hatoriserotoriat:personaice 9 laves del debate latino mericano, Montevideo, Aves /Caleant9, 1973 4, Satlo, “La perpectiva americana de los primeros anos de ‘gua’ ta Punto de ucts, Buonos Aires, num, VTy abriiio de 1989. 3. En busca de la ideotogta argentina 199 ba parte de la herencia semiclandestina de los siempre reducidos contingentes troskistas 0 de ciertos nuclea- jentos nacionalistas que proseguian la prédica que, iniciada con el cambio del siglo y continuada como efec: to de ia primera guerra mundial ~cuando entroneara con la Reforma Universitaria~, habia aleanzado un punto de privilegio en los afios treinta. Ya en 1950, ademas, era claramente agitada por los Grganos del Partido Comunis- ta Argentino, que abandonaba la politica globalmente aliadofila nacida con ia invasién alemana a la Union Sovietica y la remplazaba por una actitud consecuente con el realineamiento producido por la guerra fria y el enfrentamiento bélico en Corea. Bste viraje desde el ame- ricanismo de Amaro Villanueva en 1946 hasta los articu- los violentamente antinorteamericanos que ya se insi nian @ partir del aio siguiente puede seguirse puntual mente a través de publieaciones como Expresién (nueve niimeros entre 1946 y 1947), las cuatro entrogas del quincenario Nueva Gaceta (octubre y noviembre de 1949) y Cuadernos de Cultura, desde agosto de 1950. Sin embargo, aiin en 1953 el eneuadramiento dentro del antimperialismo Iatinoamericanista no ha sido una ‘opcion recurrida por Ia franja de intelectuales que ya para ese aio crearan la revista Contorno, Algunos de ellos, que también participaban de Centro ~como David Vitias, F. J. Solero o Carlos Correas—, iban incluso a colaborar en el tinico nlimero de Las ciento y una, ditt gida por Murena y cuyo subtitulo —“Revista de la real dad americana” prefiguraba toda una proclama. ¥ en general el murenismo —come lo reconocerd Ismael Vifias afios més tarde~ cubre los intentos de comprension de la, realidad en esos primeros aiios de este grupo. Dentro de la inspiracion martinezestradista del “intuicionismo onto- Iogico”, el autor de EI pecado original de América modu- laba su americanismo con algunos temas tastreables en el existencialismo sartreano. Pero si on Murena esta dltima Influencia resultaria prontamente bloqueada por su pro- ‘gresiva indlinacion hacia un tratamiento teol6gico de sus temas, no ocurriria 10 mismo con otro autor de Sur ‘como Jutan José Sebreli, que luogo sera uno de los pun- tos de pasaje para Contorno y de ruptura con el grupo liberal, y que entonces animé los cinco niimeros de la revista Existeneia,