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MANUAL

JUEIDICO

DEL

MATRIMONIO

CON ARREGLO A LAS NUEVAS LEYES

POR

LUIS A. VALENZUELA

ABOGAD O

O.

IMPRENTA

SANTIAG O

«VICTORIA,»

DE

H.

IZQUIERDO

Y

CA.

TS—Callo de San Diego—73

1884 .

INTRODUCCIÓN

Reunir las leyes vij entes relativas al ma- trimonio; ordenarlas; consignar algunas in- dicaciones prácticas sobre su intelijencia y aplicación; armonizar los preceptos del Esta-

do con las reglas de la Iglesia, para facilitar a las personas ajenas a la ciencia de las le- yes el cumplimiento de sus deberes civiles y relijiosos; presentar breves observaciones so- bre la tramitación de las causas matrimonia- les y dar algunas muestras de solicitudes y dilijencias judiciales para los varios casos

que puedan ocurrir: tal es el objeto

de la

presente obra. ' Viniendo la ley del Matrimonio Civil a im- plantar un réjimen desconocido entre nos- otros, y debiendo ser aplicada y cumplida, bajo severa sanción, por la clase social mé-

_

4

- -

nos ilustrada, hemos creído prestar un pe- queño servicio a esa parte de la sociedad emprendiendo este trabajo. Cúmplenos confesar que no es la labor del jurisconsulto, que examina los fundamentos, el alcance y la bondad de la ley la que hemos cargado sobre nuestros hombros: nuestra mi- sión es mas modesta. Nos hemos reducido a ser simples recopiladores, esplicando lo que a nuestro juicio podia ofrecer dudas o prestar- se a diversas interpretaciones, sin abrigar la pretensión de que el parecer que emitimos sea una regla absoluta e indiscutible. Nuestro manual podrá, pues, servir de guia a los que, no conociendo la ley ni los proce- dimientos en esta clase de negocios, necesi- ten, practicar dilijencias jnatrimoniales.

L. A. V,

MANUAL

MIDIGQ

PRIMER A

DEL

MATRIMONIO

PART E

LEYE S

VIJEÌVTE 8

CAPITULO PRIMERO

DEL MATRIMONIO

Y DE

LA AUTORIDAD

SUJETO

A QUE

I.—Del

matrimonio

ESTÁ

1—«El matrimonio es un- contrato solemne

mujer se unen

actual e indisolublemente, y por toda l a vi- da, con elfin de vivir juntos, de procrear y de ausiliarse mutuamente.» Artículo 102 del Código Civil.

por el cual un hombre y una

6 —

2—Esplicados en esta definición legal el objeto yla s condiciones del matrimonio, de- bemos establecer primeramente que la ley so- lo considera el lazo conyugal bajo su aspec- to de contrato, sin tomar en cuenta el sacra- mento. Todas las reglas y prescripciones que estudiaremos, se refieren a solo el con- trato y no al sacramento. Respecto de éste, subsisten en toda su fuerza las leyes ecle- siásticas, y las personas católicas pueden fá- cilmente cumplir por medio de los párrocos sus deberes relijiosos, del modo que se ha hecho hasta el presente. 3—Solo produce efectos civiles el matri- monio mismo, pero no las convenciones que, obligándose a realizarlo, hayan celebrado los esposos, o sea los esponsales. Estos que- dan sometidos a honor y delicadeza de los interesados . (1)

(1) Las prescripciones respecto de los esponsales, que contiene nuestro Código Civil, son estas: «Los es- ponsales o desposorios, o sea la promesa de matrimo- nio mutuamente aceptada, es un hecho privado, que las leyes someten enteramente al honor y conciencia del individuo, y que no produce obligación alguna -ante la ley civil.» «No se podrá alegar esta promesa ni para pedir que se lleve a efecto el matrimonio, ni para demandar in- demnización de perjuicios.» Art. 98, C. C. «Tampoco'podrá pedirse la multa que por parte de uno de los esposos se hubiere estipulado a. favor del otro para el caso de no cumplirse lo prometido.

— 7

4—«El matrimonio que no se celebre con

arreglo a las disposiciones de esta ley no pro-

duce efectos

ley de 10 de Enero de 1884, llamada «Del Ma- trimonio Civil.» No produciendo efectos civiles, se conside ra a los cónyujes como no casados: así es que no existe sociedad conyugal entre ellos; ni pueden heredarse abintestato; los hijos que proereen no son lejítimos, no tienen de- recho de heredar a sus padres; y éstos quedan libres de contraer nuevo matrimonio. Tales son las consecuencias del matrimonio cele-

brado sin sujeción a esta ley.

civiles.» Artículo l. u , inciso 1.°,

cPero si se hubiere pagado la multa no podrá pedirse su devolución.» Arfc. 99, ley citada. «Lo dicho no se opone a que se demande la restitución de las cosas donadas y entregadas bajo la condición de un matrimonio que no se ha efectuado.» Art. 100. «Tampoco se opone lo dicho a que se admita la prueba del contrato de esponsales como circunstancia agravante del crimen de seducción.» Art. 101. Son estas las únicas disposiciones que consigna el Código Civil en el tít. III de su lib. I respecto de los esponsales. Dos derechos tienen solo los esposos a causa de este contrato: el de retener la multa yá pa- gada por la no celebración del matrimonio, y el de cobrar los objetos donados por un novio al otro. No se pueden, pues, acusar de mala fé ni de engaño por la negativa para casarse. Véanse los números 58 y 182, donde se amplia esta doctrina.

8

5—«Es libre para los contrayentes sujetar- se o ao a los requisitos y formalidades que prescriba la relijion a que pertenecieren.» Art. 1.°, inciso 2.°, lei citada. El matrimnio civil será, en consecuencia, perfecto aunque no le haya acompañado nin-

relijiosa; pero los interesa-

os podrán, antes o después del acto civil,

celebrar relijiosamente su desposorio, de- biendo tener presente que el concurso de so- lo la autoridad relijiosa no surte ningún efecto civil. No tendrán valor para ante la ley todas las diligencias que antes practicaban los curas. Todas las disposiciones relativas a la juris- dicción de la Iglesia sobre la celebración de matrimonios, dispensa de impedimentos, de- beres civiles de los párrocos, declaración de divorcio y de nulidad, quedan derogadas por e l present e artículo . (1) «Pero no se tomarán en cuenta esos requi- sitos y formalidades para decidir sobre la va- lidez del matrimonio, ni para reglar sus efectos civiles.» Art. l.°, inciso 3.°, ley ci- tada. Establece lo que ya se ha espresado en el inciso segundo: esto es, que la ley no exije ninguna solemnidad relijiosa para reputar

f una ceremonia

en parte se han

; derogado en el Código Civil, son: 4,15, 38, 103, 117, •118 , 119 , 123 , 126 , 129 , 1G8 y 1G9.

(1)

Los artículos que totalmente

o

9 —

válido y perfecto un matrimonio celebrado con arreglo a ella. . 6—«Quedan vijentes las disposiciones del Código Civil en lo que no fueren contrarias a esta ley.» Artículo 39, ley citada. Esas disposiciones vij entes, sea del Código Civil o de nuestras otras leyes que se rela- cionan con el matrimonio, es lo que recopi- laremos en esta obra.

II.—Autoridades

a que

Matrimonio

está sujeto

Civil

el

7—Antes de ahora, según queda indicado en el párrafo anterior, las autoridades ecle- siásticas tenían bajo su jurisdicción, tanto la celebración del matrimonio, como todo aque- llo qu e con est e se relacionaba . (1) Por la ley promulgada en 10 de Enero de 1884, un empleado, llamado Oficial del Re- jistro Civil, se encargará de autorizar los matrimonios, debiendo sujetarse, tanto él co- mo los contrayentes, a las reglas que mas adelante se enuncian. 8—«El conocimiento y decisión de todas las cuestiones a que diere márjen la obser-

«Toca a la auto-

ridad eclesiástica decidir sobre la validez del matrimo-

nio que se trate de contraer o se ha contraído.»

(1)

Artículo 103 del Código Civil.

10 —

vancia de esta ley corresponde a la jurisdic- ción civil.» Art. 2.°, ley citada. «Corresponde también a la jurisdicción ci- vil el conocimiento y decisión de las cuestio- nes sobre divorcio o nulidad de los matrimo- nios contraidos antes de la vijencia de esta ley.» Art. 3.°, ley citada. Lasjestiones que se practicaban ante los párrocos y ante la curia quedan suprimidas para el efecto de contraer matrimonio civil.

Los juicios sobre divorcio, nulidad o diso- lución que se promuevan entre cónyujes, casados antes o después de la promulgación de esta ley, deben tramitarse por los tribu- nales civiles. Mas los pleitos definitivamente fallados por la autoridad eclesiástica no po- drá n revivi r par a l a judicatur a civil . ;1) Aquellos que estuvieren pendientes, se en- contmuarán ante estos últimos juzgados o se iniciarán de nuevo, sujetándose en todo a

la s leye s

9—No obstante, según los artículos tran-

sitorios de la ley de 10 de Enero, mientras no se dicte y ponga en vijencia la ley del Re- üstro Civil, subsistirán las solemnidades re-

lijiosas para

celebración del matrimonio;

de enjuiciamient o civil . (2)

la

(1)

ción.

(2)

Arts.

9

del Código Civil y 108 de la Constitu-

Art. 24, ley de 7 de Octubre de 1861.

— 1 1

mas solo la autoridad civil es competente para tramitar y resolver los litijios que res- pecto de los casamientos efectuados o que s e efectúen , pueda n surjir . (1)

I X y X X de esta parte en

que se trata de las formalidades y reglas del matrimo- nio relijioso.

(1)

Véanse los capítulos

Rejistro

Civil se promulg-ó con fecha 17 de Julio del presente año, y se encontrará en el apéndice a esta parte. Su vijencia principiará el 1." de Enero de 1885; en esa fecha tendrá toda su aplicación la ley sobre Matrimonio Civil.

NOTA AL CAPITULO.—La

ley sobre

DE

CAPITULO II

LAS

PROHIBICIONES

E

IMPEDIMENTOS

I.- Quienes

no

pueden

trimonio

contraer

ma-

10—Por regla jeneral, toda persona, cual- quiera que sea su clase y condición puede casarse, escepto aquellas a quienes la ley se lo prohibe. Esta prohibición existe en los ca- sos siguientes:

11—«No podrán contraer matrimonio:

«1.° Los que se hallaren .ligados por vín- culo matrimonial no disuelto.» Art. 4.°, ley de 10 de Enero de 1884. Este número se refiere tanto a los- que es- tuvieren ligados con ese vínculo por la Igle- sia antes de la vijencia de esta ley, como a los que se hubieren ligado posteriormente en conformidad a las prescripciones de ella; pe- ro no rije la prohibición respecto de los que solo se hubieren casado católicamente des- pués que la ley que estudiamos rija en su to-

13 —

talidad ,

o

se a

despué s

del

1.°

de Ener o d e

1885.

«2.° Los impúberes.» Art. 4.° citado.

b a

cumplido catorce años y a la mujer que rio ha cumplido doce. «3.° Los que sufrieren de impotencia per- petua e incurable.» Art. 4,° citado. Esta prohibición no será sino muy rara en la práctica, pues se necesita que el hecho de la impotencia esté perfectamente justificado. «4.° Los que de palabra o por escrito no pudieren espresar su voluntad claramente.» Art. 4.° citado. Están comprendidos los mudos, aun cuan- do se den a entender por medio de señas, y todos aquellos individuos que accidental o constantemente se encuentran imposibilita- dos para declarar su voluntad de palabra a por escrito, mientras dure la imposibilidad.

«5.° Los dementes.» Inciso final del art. 4.° citado. Cualquiera que sea el aspecto y las condi- ciones de la demencia y aun cuando haya intervalos lúcidos, siempre que la enferme- dad sea permanente y no pasajera, como su- cede en los accesos cerebrales, en cuyo caso la prohibición existirá mientras dure el ac- ceso.

12—Si se contrae matrimonio violando las

Llámas e impúbe r

(1) a l varó n

qu e

n o

(1) Alt. 26 del Código Civil.

14 —

prescripciones precedentes, se ejecuta un ac-

to

nulo, que

sujeta a sus ¿autores

a la san-

ción de la ley.

 

II. — Prohibiciones

absolutas

relati-

v a s

al

parentesco

13—«Tampoco podrán contraer matrimo- nios entre sí:

«1.° Los ascendientes y descendientes por consanguinidad o afinidad.» Art. 5.°, ley ci- tada. Consanguinidad es el parentesco fundado en la igualdad de orijen o comunidad de san- gre que exista entre dos personas; afinidad es el parentesco que liga a una persona con los consaguíneos de su marido o mujer, o ala misma con los consaguíneos de aquélla perso- na a quien haya conocido carnalmente. Am-

bos parentescos pueden ser lejítimos o ilejíti-

mos . (1) Comprend e est a prohibició n

los enla -

(I) Articulos del Código Civil que tratan de estos parentescos:

«Art. 27. Los grados de consanguinidad entre dos personas se cuentan por el numeró de jeneraciones. Así el nieto está en segundo grado de consanguinidad con el abuelo, y dos primos hermanos en cuarto grado de consanguinidad entre sí. «Cuando una de las dos personas es ascendiente de la otra, la consanguinidad es en línea recta; y cuando

bisabuelos, etc., le-

gítimos e ilejítimos, con hijos, nietos, bisnie-

tos, etc., y los de suegros con ras.

yernos y nue-

ees de padres,

abuelos,

las dos personas proceden de un ascendiente común, y una de ellas no es ascendiente de la otra, la consangui- nidad es en línea colateral o trasversal.

es

aquel en que todas las jeneraciones de que resulta han

entre

dos primos hermanos, hijos lejítimos de dos hermanos,

del abuelo co-

mún. «Art. 29. Consanguinidad ilejítima es aquella en que una o mas de las jeneraciones de que resulta no han sido autorizadas por la lei; como entre dos primos hermanos, hijos lejítimos de dos hermanos, uno de los cuales era hijo ilejítimo del abuelo común.

que existe entre

una persona que está o ha estado casada y los consan- guíneos lejítimos de su marido o mujer. «La línea y grado de afinidad lejítima de una per- sona con un consanguíneo de su marido o mujer, se califican por la línea y grado de consanguinidad lejíti- ma de dicho marido o mujer con el dicho consanguí- neo. Así un varón está en primer grado de afinidad lejítima, en la línea recta, con los hijos habidos por su mujer en anterior matrimonio; y en segundo grado de afinidad lejítima, en la línea trasversal, con los herma- nos lejítimos de su mujer.

«Art. 32. Es afinidad ilejítima la que existe entre

que han sido también hijos lejítimos

sido autorizadas

«Art.

28. Parentesco lejítimo de consaguinidad

por la ley; como el que

existe

«Art. 31. Afinidad

lejítima

es

la

—16 —

«2.° Los colaterales por consanguinidad, hasta el segundo grado inclusive.» Art. o.° citado. Este inciso se refiere solo a los hermanos lejítimos o ilegítimos, incluyéndose en esta última denominación jenérica a los natura- les, ya que solo los hermanos se encuentran en segundo grado civil, pues los tios están en tercero y los primos en cuarto. 14—Si se contrajese matrimonio entre personas ligadas con los parentescos referi- dos, los hijos que de él resultasen no serian lejítimos, sino incestuosos, según el artículo 3 8 de l Códig o Civil . (1) Adolece n tambié n d e

una de dos personas que no han contraído matrimonio y se han conocido carnalmente, y los consanguíneos

lejítimos

personas que están o han estado casadas y los consan- guíneos ilejítimos de la otra.» Ignoro por qué ha sostenido el señor Larrain Zañar- tu, en sus comentarios a la ley sobre Matrimonio Civil, que los primos no pueden casarse entre si, y que tam- poco es válido un enlace de tio y sobrina. El segundo grado colateral que menciona la ley debe entenderse civil y no canónico, pues, se trata de una disposición civil, y según ella, dos primos están en cuarto grado y tio con sobrino en tercero.

de dos

o ilejítimos de la otra, o entre

una

(1) El art. 38,es el siguiente:

los efectos civiles:

«Es

incestuoso, pura

17 —

nulidad semejantes enlaces y sujetan a sus

autores a las consecuencias y castigos que

espondremos en los capítulos

dad y

sobre las disposiciones penales relati-

vas a esta materia.

sobre la nuli-

III.—Prohibiciones

nacidas

de

delito

15—«El cónyuje sobreviviente no podrá contraer matrimonio con el asesino o cómpli- ce en el asesinato de su marido o mujer.» Art. 6.°, ley citada. Los cómplices en un asesinato son las per- sonas que, no considerándose autores de él,

«1.° El concebido eutre padres que estaban uno con otro en la línea recta de consanguinidad o afinidad; «2.° El concebido eutre padres de los cuales el uno se hallaba con el otro en el segundo grado 'trasversal de consanguinidad o afinidad; «3.° El concebido entre padres de los cuales el uno era hermano de un ascendiente del otro. «La consanguinidad y afinidad de que se trata en este artículo comprenden la lejítima y la ilejítima.» Parece que, con arreglo a la ley de 10 de Enero cita- da, la denominación de incestuoso solo debería aplicar- se a los hijos concebidos según los dos primeros núme- ros de este artículo, escluyendo la afinidad en el segun- do, i considerando derogado el número tercero, pues en dicha ley no se prohiben semejantes matrimonios.

2

18 —

cooperan a la ejecución del hecho por actos anteriore s o simultáneos . (1) Esta prohibición es sin perjuicio de la pe- na del delito, y a pesar de que esa pena se ha- ya cumplido. 16—«La mujer no podrá contraer matri- monio con su co-reo en el delito de adulte- rio.» Art. 7.°, ley citada. Esta prohibición no se estiende al marido; pero sí al individuo soltero o casado que ha- ya cohabitado con aquella; así es que el varón puede contraer matrimonio con la mujer sol- tera o viuda con quien hubiese cometido adulterio durante un enlace anterior: mas no si ésta era también casada en esa época. 17—Las nupcias celebradas por la mujer adúltera con su co-reo o por el asesino o cóm- plice en el asesinato del otro cónyuje son nulas, en los mismos términos espresados en los tres párrafos precedentes.

(1) Art. 10 del Código Penal. El art. 15 dice así:

«Se consideran autores: (de un delito) <tl.° Los que toman parte en la ejecución del hecho, sea de una manera inmediata y directa, sea impidien- do o procurando impedir que se evite. <2.° Los que fuerzan o inducen directamente a otro a ejecutarlo. «3.° Los que, concertados para su ejecución, facili- tan los medios con que se lleva a efecto el hecho, o lo presencian «in tomar parte inmediata en él.» Yéase también el párrafo I del capítulo XVIII.

19 —

IV.—Prohibiciones

tutores

i

impuesta s

curadores

a

los

18—«Mientras que una mujer, aun habili- tada de edad, no hubiere cumplido veinticin- co años, no será lícito al tutor o curador que haya administrado o que administre sus bie- nes, casarse cou ella, sin que la cuenta de la administración haya sido aprobada por el juez, con audiencia del defensor de menores. «Igual inhabilidad se estiende a los des- cendientes del tutor y curador para el matri- monio con el pupilo o pupila; aunque el pu- pilo o pupila naya obtenido habilitación de edad. «No habrá lugar a las disposiciones de es- te artículo si el matrimonio es autorizado por el ascendiente o ascendientes cuyo con- sentimiento fuere necesario paracontraerlo.» Art. 116 del Código Civil. Puede suceder que un tutor o curador ha- ya dejado la administración por haberse ha- bilitado de edad al pupilo, o por haberse nombrado a otro tutor o curador que ejerza esas funciones, o por cualquiera otra causa:

en todos estos casos está dentro de la prohi- bición legal. En la palabra descendientes están incluidos los hijos, nietos, bisnietos, etc., lejítimos e ilejítimos de dicho tutor o curador.

20 —

El matrimonio del curador con su pupila, o el de ésta con los descendientes de aquel podrá efectuarse sin la licencia de los ascen- dientes ni de otro curador; bastará que pre- ceda la aprobación judicial de las cuentas. 19—No es nulo el matrimonio en que se contravieue a lo preceptuado en este párra- fo, como lo es en caso de que se viole cual- quiera de los precedentes de este capítulo, pero los contraventores son penados con arreglo al acápite VIH del capítulo XV r III. La Iglesia reconoce también los referidos impedimentos, es'ccpto el cuarto del núm. 11, relativo a la imposibilidad de espresarse de palabra o por escrito; pero no es difícil obte- ner la dispensación de algunos, previos cier- tos trámites consignados en el capítulo IX.

prohibi-

ciones impuestas a los militares de cierta graduación, por creerlas fuera de nuestro plan. Las prohibiciones contenidas en los tres primeros párrafos, no admiten dispensa algu- na, y solo una ley podría derogarlas.

NOTA AL CAPÍTULO.—Omitimos las

CAPITULO III

LICENCIA

NECESARIA

PARA

EL

MATRIMONIO

20—«No podrá proccdersea la celebración del matrimonio sin el ascenso o licencia de la persona o personas cuyo consentimiento sea necesario según las reglas que van a espre- sarse, o sin que conste que el respectivo con- trayente no lia menester para casarse el con- sentimiento de otra persona, o que lia obte- nido el de la.justicia en subsidio.» Art. 105, Código Civil. Hai pues tres categorías de personas: 1." Aquellas que no necesitan licencia ajena;

deben obtenerla; y 3.° las

2. u aquellos que

que no pudieudo alcanzar dicho permiso, lo consiguen de la justicia. 21—«Los que hau cumplido veinticinco años no estarán obligados a obtener el con- sentimiento de persona alguna.» Art. 106, Código Civil. Esta facultad de casarse se entiende sin perjuicio de las prohibiciones contenidas en el capítulo anterior.

22—«Los que no hubieren cumplido vein- ticinco años, aunque hayan obtenido habilir-

— n —

tacion de edad para la administración de sus bienes, no podrán casarse sin el consenti- miento espreso de su padre lejítimo, o a fal-

ta del padre lejítimo, el de la madre lejítima,

ambos, el del ascendiente o as-

cendientes lejítimos del grado mas próximo.» «En igualdad de votos contrarios preferirá el favorable al matrimonio.» Art. 107, Códi- go Civil. Consentimiento csprcso significa que el obligado a prestarlo debe hacerlo por un ac- to personal y positivo declarando su volun- tad verbalmente, por escrito o por medio de procurador legalmente constituido. Tendrá lugar la computación de los votos cuando el menor que carece de padres nece- site pedir el consentimiento a dos o mas as- cendientes del mismo grado, como serian un abuelo materno y otro paterno. 23—«El hijo natural que no haya cumpli- do veinticinco años, estará obligado a obte- ner el consentimiento del padre o madre que le haya reconocido con las formalidades le- gales, y si ambos le han reconocido y viven, el del padre». Art. 108, Código Civil. Conviene recordar el significado de la es- presion hijo natural. Toda persona nacida fuera de matrimonio verdadero o putativo (1) de su s padres , se llam a hij o ilejítimo ; pe -

o a falta de

(1)

Véase el capítulo XII, respecto del

putativo.

matrimonio

ro aquellos, de estos hijos ilejítimos, a quie- nes su padre o madre o ambos hayan recono- cido y declarado por sus hijos en escritura pública o testamento, toman el carácter de hijos naturales, (i) A solo estos se refiere la disposición legal. Los que no han alcanzado ese benefìcio se consideran como sin padre, madre ni ascen- dientes para el efecto de la licencia. 24—«Se entenderá faltar el padre, madre u otro ascendiente, no solo por haber fallecido, sino por estar demente o fatuo; o por hallar- se ausente del territorio de la república y no esperarse su pronto regreso, o por ignorarse el lugar de su residencia.» Art. 109, Código citado. «Se entenderá faltar asimismo el padre que ha sido privado de la patria potestad por decret o (2) y l a madr e qu e po r s u mal a con - ducta ha sido inhabilitada para intervenir en l a educació n d e su s hijos.» (3) Art . 110, Códi - go Civil. En la misma condición se encuentra el pa- dre, madre o ascendiente que por enferme- dad o por cualquiera otra causa no pueda manifestar su consentimiento, como el mudo que no se sepa dar a entender claramente.

(1)

Arts. 35,

36, "37, 39,

40,

41 y 42 del Código

Civil.

(2)

Arts. 251, 262, 263 y 267 del Código Civil.

(8)

Véase el capítulo XIV, sobre el divorcio.

— 24 —

«A falta de los dichos padre, madre o as- cendientes será necesario al que no haya cumplido veinticinco años, el consentimien- to de su curador jeneral, o en su defecto el de un curador especial.» Art. 111, Código ci- tado. Todo menor adulto, que no esté sujeto a potestad de padre o de marido y qiie no ha- ya obtenido habilitación de edad, debe tener un curador jeneral para la administración de sus bienes. En caso de no tenerlo, estará obligado a obtener judicialmente el nombra- miento de un curador especial para el efecto de la licencia. El juez nombrará con este ob- jeto a la persona que tenga a bien, previa audienci a de l defenso r de menores . (1) 25—Parece, no obstante, que el menor ha- bilitado de edad no necesita el consentimien- to de curador cuando, siendo hijo lejítimo, carece de padres y ascendientes, y en todo caso si es hijo natural, pues la ley en el art. 111 trascrito no menciona espresamente a los habilitados de edad, como lo exije el artículo 297 del Código Civil.

(1)

Arts. 209, ley de 15 de

del Código Civil.

Octubre de 1875 y 494

LICENCIA

CAPITULO IV

JUDICIAL

ASCENDIENTES

EN

DEFECTO

DE

LA

Y

CURADORES

DE

LOS

26—«Si la persona que debe prestar este consentimiento lo negare, aunque sea sin es- presar causa alguna, no podrá procederse al matrimonio de los menores de veintiún años; pero los mayores de esta edad tendrán dere- cho a que se esprese la causa del disenso y se califique ante el juzgado competente.» «El curador que niegue su consentimiento estará siempre obligado a espresar la causa.» Art. 112, Código Civil. El juzgado competente es el juez letrado del departamento. En un capítulo siguiente tendremos ocasión de tratar de las autorida- des que entienden en cada una de las dili- jencias del matrimonio. En la parte práctica nos ocuparemos también del modo de trami- tar esta incidencia. Cualquiera que sea la edad del que desea casarse, el curador jeneral o especial deberá siempre espresar la causa de su negativa.

26 —

. 27—«Las razones que justifican el disenso no podrán ser otras que éstas:

«1.° La existencia de cualquier impedi- mento legal, incluso los señalados en los artículos 104 y 116.» Los impedimentos a que se refiere este nú- mero son todos los indicados en el capítulo se- gundo. «2.° El no haberse practicado algunas de las dilij encías prescritas en el título «De las segundas nupcias» en su caso. Dedicamos a las segundas nupcias el capí- tulo siguiente. «3.° Grave peligro de la salud del menor, a quien se niega la licencia, o de la prole.» El peligro debe ser inminente, como una seria enfermedad: en este caso puede oirse la opinión de facultativos. «4.° Vida licenciosa, pasión inmoderada al jueg'O, embriaguez habitual de la persona con quien el menor desea casarse.» «5.° Haber sido condenada esa persona a cualquiera de las penas indicadas en el artí- culo 267, núm. 4. ü » Ese artículo prescribe lo siguiente: «Se efectúa asimismo la emancipación judicial por toda sentencia pasada en autoridad de cosa juzgada que declare al padre culpable de un crimen a que se aplique la pena de esposicion a la vergüenza pública, o la de cuatro años de reclusión o presidio, u otra de igual o mayor gravedad.»

— 27

Según nuestra lejislacion actual no existe

la pena de esposicion a la vergüenza públi-

ca, pues no se encuentra consignada en el Código Penal; no obstante, hai penas que se

denomina n aflictivas . (1) Par a determina r l a correspondencia de las penas indicadas en el art. 267 con las que establecen las leyes

vii entes, es preciso tomar en cuenta la natu-

ralez a y duració n de aquellas . (2)

«6.° No tener ninguno de los esposos me-

dios actuales para el

competente desempeño

de las obligaciones del matrimonio.

En todo caso es preciso tomar en cuenta la posición y aptitudes de los contrayentes pa-

(1) Art. 37 del Código Penal: «Para los efectos

legales se reputan aflictivas todas las penas de crímenes

y, respecto de las de simples delitos, las de presidio, re-

clusión, confinamiento, estrañamiento y relegación me- nores en sus grados máximos.» La duración de este grudo es de tres años y un dia a cinco años. Art. 56 del mismo Código. Mas adelante tendremos ocasión de incluir este arti- culo.

art. 78 del Código Penal:

«Siempre que sea necesario, dice el artículo, determi- nar la correspondencia entre las penas de este Código

y las impuestas con anterioridad a su vijencia, se hará

tomando en cuenta la naturaleza de éstas y el período de su duración. Así por ejemplo, cuatro años de pre- sidio o de penitenciaria equivalen a presidio menor en

(2) J Asi lo prescribe el

su grado máximo.»

Véase el capítulo XVIII.

28 —

ra estimar los recursos que les sean necesa- rios. Al juez corresponde calificar la importan- cia de las razones por que se niega la licen- cia.

CAPITULO V

DE

LAS

SEGUNDAS

NUPCIAS

28—Debe entenderse por viudo o viuda tanto a la persona que habiendo sido casa- da, ha quedado libre por muerte del otro cónyuje, como aquella que por haberse de- clarado nulo su matrimonio puede volver a casarse, siempre que alguno de los contra- yentes haya estado de buena fé en el matri- monio nulo. 29—«Son obligatorias para la autoridad civil las disposiciones contenidas en los ar- tículos 126 y 129 del Código Civil.» Art. 8, ley de 10 de Enero de 1884. Esos artículos se refieren a las segundas nupcias y los insertamos en este capítulo.

I.—Del

viud o

30—«El varón viudo, que teniendo hijos de precedente matrimonio bajo su patriapo- testad, o bajo su tutela o curaduría, quisiere volver a casarse, deberá proceder al inven- tario solemne de los bienes que esté adminis-

— 29 —

trando y les pertenezcan como-herederos de su mujer difunta o con cualquier otro título. «Para la confección de este inventario se dará a dichos hijos un curador especial.» Art. 124, Código Civil. ,-El viudo puede ser curador de sus propios hijos, siempre que éstos se encuentren eman- cipados, y el padre no tenga inhabilidad legal para ejercerla tutela o curaduría (Tít. XI, lib.

el efecto del

inventario, el curador .deberá ser persona distinta del padre. 31—-«Habrá lugar al nombramiento de cu- rador aunque los hijos no tengan bienes pro- pios de ninguna clase en poder del padre. Cuando así fuere, deberá el curador espe- cial testificarlo.» Para efectuar la dilijencia del nombra- miento de curador debe solicitarse ante el juez letrado, espresándose que se trata de nacer inventarios; puede proponerse la per- sona que el viudo desee que desempeñe este cargo; pero el juez en su prudencia y previo el dictamen del Defensor de Menores, acep^- tará o no esa persona. En caso de no acep- tarla, se prefiere jeneralmente a los procura- dores del número porque no hai que dicer- nirle s e l cargo . (1)

1." del Código Civil)

32—Hecho el nombramiento se procede aL

inventario. Si ya se hubiese

efectuado la li-

(1) Arts. 494 y 495 del Código Civil.

30 —

quidacion y partición de la sociedad conyu- gal, bastará enunciar en dicho documento solo lo s biene s propio s d e los hijos . (1) particion no hubiese tenido lugar, se deberán comprender en el inventa- rio todos los bienes de cualquier clase que sean que se encuentren en poder del viudo, espresándose los créditos o deudas que tu- vier e l a sociedad . (2)

(1)

Arts. 249 y 250 del mismo Código.

(2) Art. 1725 de id. Trascribiremos algunas disposi- ciones del Código Civil relativas especialmente a la materia de inventario. «Art. 381. El inventario debe ser hecho ante escri- bano y testigos en la forma que en el Código de En- juiciamientos se prescribe. «Art. 882. El inventario hará relación de todos los bienes raices y muebles do la persona cuya hacienda Re inventaría, particularizándolos uno a uno, señalando colectivamente los que consisten on número, peso o medida, con espreaion de la cantidad y oalidad, sin perjuicio de hacer las esplicacioncs necesarias para po- ner a cubierto la responsabilidad del guardador.

Comprenderá asimismo los títulos de propiedad, las

escrituras públicas y privadas, los oréditos y deudas del pupilo de que hubiere comprobante o solo noticia,

libros de comercio o de cuentas, y en jen eral, todos

los

los objetos presentes, esceptuados los que fueren cono- cidamente de ningún valor o utilidad, o que sea nece- sario destruir con algún fin moral. >

«Art. 383. Si después de hecho el inventario se en-

contraren bienes de que al hacerlo no

o por cualquier título acrecieren nuevos bienes a la ha-

se tuvo noticia,

— 31

El inventario deberá ser hecho por un mi- nistro de fé piíblica, notario, juez de subde- legaron u oticial del rejistro civil y suscri- to por el viudo y el curador nombrado. 33—«La autoridad eclesiástica no permi- tirá el matrimonio del viudo que trata de volver a casarse, sin que se le presente cer- tificado auténtico del nombramiento de cu- rador especial para los objetos antedichos, o sin que preceda información sumaria de que el viudo no tiene hijos de precedente matri- monio, que estén bajo su patria potestad o bajo su tutela o curaduría.» Art. 126, C. C. Esta disposición es aplicable también a la autoridad civil. El certificado lo espedirá el secretario del juzgado en que se haya hecho el nombra- miento de curador. Corresponde rendir la información sumaria ante el oficial civil y se cumplirá con la de- claración jurada de dos testigos que espre- sen, o que el viudo no tiene hijos del prece- dente matrimonio, o que los que tiene no se encuentran bajo su patria potestad ni bajo

cienda inventariada, se hará un inventario solemne de ellos, y se agregará al anterior.» «Art. 384. Debe comprender el inventario aun las coses que no fueren propias de la persona cuya hacien- da se inventaría, si se encontraren entre las que lo son; y la responsabilidad del tutor o curador se estenderá a las unas, como a las otras.»

32 —

su tutela o curaduría, como por ejemplo cuando los hijos son mayores de edad.

II.—D e

l a

viud a

(1)

34—Las reglas relativas al varón no son aplicables a la mujer viuda, puesto que ésta

carec e d e patri a potestad . (2) Porqu e pue -

de ser guardadora de sus

hijos y como en

caso de quedar embarazada al tiempo de di- solverse el matrimonio, i pasase en ese estado a segundas nupcias, seria fácil que sur- jiesen dudas sobre la verdadera paternidad del hijo. Existen, no obstante, respecto de ella las siguientes prescripciones.

35—«Cuando un matrimonio haya sido di- suelto o declarado nulo, la mujer que está embarazada, no podrá pasar a otras nupcias antes del parto, o (no habiendo señales de preñez) antes de cumplirse los doscientos se- tenta dias subsiguientes a la disolución o declaración de nulidad.» • «Pero se podrán rebajar de este plazo to- dos los dias que hayan precedido inmediata- mente a dicha disolución o declaración, y en los cuales haya sido absolutamente imposi-

(1) Véanse los números 156 y 157, aplicables a la mujer recien viuda. (2) Código Civil, art. 240.

33 —

ble el acceso del marido a la mujer.» Art. 128, Código Civil. A la justicia ordinaria corresponde califi- car esa imposibilidad y el tiempo que. haya durado para abreviar o declarar terminado el plazo. Conviene observar que es preciso que la

imposibilidad sea absoluta, como la residen-

de uno de los cóuyujes a tal distancia

del otro que haya sido materialmente insal- vable durante el tiempo que se desea des- contar del plazo. La prueba délos hechos que constituyen la imposibilidad consistirá en una información de tres testigos por lo me- nos y en los informes y certificados de facul- tativos cuando fueren necesarios, atendida la naturaleza de las circunstancias que se aleguen, a menos que haya oposición de par- te, que entonces se seguirá el juicio por to- dos sus trámites. 36—«La autoridad eclesiástica no permi- tirá el matrimonio de la mujer, sin que por parte de ésta se justifique no estar compren- dida en el impedimento del artículo prece- dente.» Art. 129, Código Civil. Como según la lei de 10 de Enero que nos ocupa, esta disposición es aplicable a la au- toridad civil, al oficial encargado de los ma- trimonios es a quien mas tarde corresponde- rá cumplirla.

cia

3

34 —

La viuda, pues, está obligada, para con- traer nuevo matrimonio, a probar que ha trascurrido el plazo de doscientos setenta dias desde la disolución de su enlace ante- rior. La información sumaria de testigos an- te el oficial civil será suficiente con este ob- jeto, sino pudiere justificarlo con documen- tos, como la partida de defunción o la sentencia de nulidad. 37—«La viuda, que teniendo hijos de pre- cedente matrimonio, que se hallen bajo su tutela o curaduría, 'tratare de volver a casar- se, deberá sujetarse a lo prevenido en el ar- tículo 511 del Código Civil.» Art. 130, Códi- go Civil. «Si la ascendiente lejítima o madre natu- ral, tutora o curadora quisiere casarse, lo denunciará previamente al majistrado para que se nombre la persona que ha de suce- derle en el cargo; y de no hacerlo así, ella y su marido quedarán solidariamente respon- sables de la administración, estendiéndose la responsabilidad del marido aun a los actos de la tutora o curadora, anteriores al matri- monio. » Art . 511 de l Códig o indicado . (1) Las delijencias que está obligada a prac- ticar la viuda, son las mismas que hemos in- dicado para el nombramiento de curador.

tía

viuda que fuere albacea de su marido difunto deja de serlo por el hecho de pasar a otras nupcias.»

(1)

El art. 1274

del Código Civil dispone que

35 —

Núms. 24 y 31. Si a la madre o ascendiente no se hubiere discernido el cargo, deberá ejecutar estas mismas jestiones y las relati- vas a la facción de inventarios de los bienes, siempre que haya administrado los intereses del hijo o descendiente o de la sociedad con- yugal.» Véase el número 2'2. 38—«Cuando por haber pasado la madre a otras nupcias se dudare a cual de los dos matrimonios pertenece el hijo y se invocare una decision judicial, el. juez decidirá to- mando en consideración las circunstancias,

y oyendo ademas el dictamen de facultati-

vos, si lo creyere conveniente.» Art. 200, Código Civil.

Estas circunstancias podrán ser entre otras

la salud y el estado de las relaciones entre

los cón-yujes; el hecho de haber tenido hi- jos; la distancia de sus respectivas residen- cias y todas aquellas que hagan probable o improbable la procreación en el primero o en el segundo matrimonio. También se aten- derá al desarrollo que haya alcanzado el re- cien nacido.

3 9 —Se presume , sin admitirs e prueb a en

contra, que la concepción ha precedido al nacimiento no menos que ciento ochenta dias cabales, y no mas que trescientos con- tados hacia atrás desde la media noche de aque l e n qu e principi e éste . (1) Un a viud a

(1) Art. 76, Código Civil.

Se -

que se haya casado a los uoventa dias des- pués de fallecido su primer consorte y tenga un hijo a los doscientos dias después de su segundo matrimonio, se encontrará en el ca- so deque se ocupa la ley. Ese hijo podrá per- tenecer a los dos matrimonios, pues no ha- brán trascurrido trescientos dias desde que se disolvieron las primeras nupcias, y por tanto se presume que el hijo se na concebido en ellas, y han pasado mas de ciento ochenta desde la' celebración de las segundas, y el hijo puede pertenecerles. Esta es la dificul- tad que la ley desea evitar.

CAPITULO VI

DEL

MATRIMONIO

EN

PAÍS

ESTRANJERO

40—«El matrimonio celebrado en pais es- tranjero en conformidad a las leyes del mis-- mo pais, producirá en Chile los mismos efec- tos que si se hubiese celebrado en territorio chileno. Sin embargo, si un chileno o chilena con- trajere matrimonio en pais estranjero, con- traviniendo a lo dispuesto en los «rts. 4.°, 5.°, 6.° y 7.° de la presente ley, la contravención producirá en Chile los mismos efectos que si se hubiese cometido en Chile.» Art. 15, ley de 10 de Enero. 41—Los estranjeros casados legalmente fuera de nuestro territorio, conservan su ca-

— 37

rácter de casados, siempre que se hayan so- metido a las leyes del pais donde se desposa- ron, aun cuando ellas sean enteramente contrarias a las que rijen en Chile.

Los chilenos que contraen matrimonio en otro pais se encuentran, en jeneral, en el mis- mo caso que los extranjeros; les cumple res- petar las leyes de la nación en que se casan; pero se les niega el derecho de burlar las prohibiciones que hemos mencionado en los tres primeros párrafos del capítulo segundo. Si apesar de existir alguno de esos impedi- mentos proceden al matrimonio, en Chile se- rá este considerado nulo para todo lo que se relacione con los derechos civiles de los cón- yujes y de su descendencia y que se quisiera hacer valer en nuestro territorio.

los.

artículos 15 y 119 del Código Civil, que aun- que modificados en parte por la disposición que precede, pueden tener todavía alguna aplicación.

42—Por

lo

demás

conviene

recordar

«A las leyes patrias que reglan las obliga- ciones y derechos civiles, permanecerán su- jetos los chilenos, no obstante su residencia o domicilio en pais estraujero:

de las perso-

nas y a su capacidad para ejecutar ciertos actos que hayan de tener efecto en Chile, «2.° En las obligaciones y derechos que- nacen de las relaciones de familia; pero sola

«1.° En lo relativo al estado

38 —

respecto de su cóuyuje y parientes chilenos.» Árt. 15, C. C. «El matrimonio celebrado en pais estran- jero en conformidad a las leyes del mismo pais o a las leyes chilenas, producirá en Chi- le los mismos efectos civiles que si se hubie- ra celebrado en territorio chileno. «Sin embargo, si un chileno o chilena, contrajere matrimonio en pais estraujero, contraviniendo de algún modo a las leyes chilenas, la contravención producirá en Chi- le los mismos efectos que si se hubiese co- metido en Chile.» Art. 119, Código Civil. No obstante, este' último ineiso está res- trinjido por la ley de 10.de Enero a solo la contravención de las prohibiciones antes mencionadas. El matrimonio sea de chileno o de extran- jero celebrado en pais estraño, con arreglo a las leyes chilenas, aun cuando se quebrante las del pais en que se contrae, produce efec- tos civiles en Chile. 43—Este es el único caso en que tendrá valor ante la ley nacional el matrimonio pu- ramente relijioso de un chileno; pero solo sí en el pais en que se efectúe se reconocen efectos civiles al enlace autorizado única- mente por la autoridad eclesiástica.

CAPITULO VII

DE

LAS

DILIJENCIAS

PRELIMINARES

CELEBRACIÓN

DEL

MATRIMONIO

A

LA

44—«Los que intentaren contraer matri- monio lo manifestarán por esento o verbal- mente al Oficial del Rejistro Civil del domi- cilio o residencia de cualquiera de ellos, es- presando sus nombres y apellido paterno y materno; el lugar de su nacimiento; su esta- do de solteros o viudos y en este caso el nombre del cónyuje y el lugar y fecha de la muerte; su profesión y oficio; los nombres y apellidos de los padres, si fueren conocidos; los de las personas cuyo consentimiento fue- re necesario, y el hecho de no tener impedi- mento o prohibición legal para contraer ma- trimonio. «Se tendrá por lugar de la residencia aquel en que cualquiera de los contrayentes haya vivido los líltimos tres meses anteriores a la fecha de la manifestación.» Art. 9.°, ley de 10 de Enero. 45—La esposicion que requiere el artícu- lo trascrito puede hacerse personalmente o por medio de representante.

— 40

Si fuese imposible reunir todas las indica- ciones que se exijen, como si se ignorase al- guno de los apellidos o el lugar del naci- miento, se espresará así en la manifestación verbal o escrita. Algunas de ellas, como el nombre de los interesados, su estado actual o el nombre de la persona cuyo permiso sea necesario, tienen el carácter de esenciales, y su omisión haria inadmisible la manifesta- ción. En los capítulos anteriores liemos indicado qué personas son las que necesitan consenti- miento ajeno para casarse y a quien corres- ponde otorgar este permiso; también se han enunciado los impedimentos que retardan o se oponen al matrimonio. Sienda escrita la manifestación, se presen- tará firmada por los contrayentes, o sus re- presentantes, o a ruego de aquellos en caso de no saberlo hacer. 46—Si ninguno de los esposos hubiere vi- vido tres meses por lo menos en el distrito del oficial civil ante quien se ocurra para ue autorice el enlace, habiendo antes resi- ido en otro punto, corresponderá entonces

la dilijencia al oficial en Cuyo territorio ha- ya vivido alguno de ellos, y solo éste podrá desempeñar las funciones de tal. Una ausen-

o menos larga del lugar en que se

cia mas

tiene el domicilio, siempre que se conserve en él el hogar doméstico y el asiento prin- cipal de los negocios, no cambia la residen-

41 —

cia.' El lugar donde un individuo está de asiento o donde ejerce habitualmcnte su pro- fesión u oficio, determina su domicilio civil

o vecindad , (1) La mera residencia hará las veces de do- micilio civil respecto de las personas que no tuvieren domicilio civil en otra parte (2), pe- ro para el efecto del matrimonio la residen- cia deberá exceder de tres meses. 47—"Si la manifestación fuere verbal, el oficial del rejistro civil levantará acta com- pleta de ella, que será firmada por él y por los interesados, si supieren y pudieren, y autori- zada por des testigos." Art. 10, ley de 10 de Enero. Si los interesados o sus representantes, le- galmente constituidos no supieren o no pu- dieren firmar, se espresará en el acta esta circunstancia. Los testigos que autoricen tendrán las con- diciones necesarias para serlo, según se de- terminará mas adelante. 48—"Se acompañará a la manifestación, constancia fehaciente del consentimiento pa- ra el matrimonio, dado por quien correspon- da, si fuere necesario según la ley y no se prestare verbalmente ante el oficial del re- jistro civil." Art. 11.

(1)

Arfc. 62 del

Código

Civil. Véase el tít. I, lib. I

de este código. (2) Art. 68 del Código Civil.

Constancia fehaciente es la copia autoriza- da por un ministro de fé pública de la escri- tura de consentimiento en caso de que se otorgue de ese modo. Este se prestará de alg-una de estas tres maneras: 1." Verbal- mente ante el oficial civil, en cuyo caso la persona que lo concede firmará también el acta, que para la manifestación se levante; 2.° Espresando su asentimiento en otrosí o nota de la misma manifestación o escrito. Creernos que el ascendiente o curador deberá firmar ante un ministro de fé o ante el mis- mo oficial esa nota para que se considere como constancia fehaciente; y 3.° Por últi- mo, podrá también concederse la licencia por medio de un instrumento público, otor- gado ante el correspondiente notario. 49—"En el momento de presentarse o ha- cerse la manifestación, los interesados rencli- -v rán información de dos testigos por lo me- nos, sobre el hecho de no tener impedimen- tos ni prohibiciones para contraer matrimo- nio." Art. 12, ley de 10 de Enero, citada. La discusión habida en la Cámara de Senadores a propósito de esta disposición le ha atribuido un significado que no se armo- niza mucho con los términos en que el artí- culo está redactado. En efecto, para evitar nulidades en los matrimonios por deficiencia de alguno de los testigos, es preciso que sean tres las perso- nas que declaren respecto de los impedimen-

por deficiencia de alguno de los testigos, es preciso que sean tres las perso- nas que

43 —

tos o prohibiciones que viciarían el contrato matrimonial. Esto se deduce de la espresion

La frase "en el momento de presentarse o hacerse la manifestación," no significa que el examen de los testigos deba seguir nece- sariamente a ella, sino que éstos serán admi- tidos después, si los contrayentes lo exijie- ren, aun cuando parece que el plazo dentro del cual serian ellos aceptables se considera incluido en los noventa dias que señala el artículo siguiente (ntím. 51). 50—En caso de que a los esposos no les fuese posible presentar dos personas idóneas en el lugar mismo donde se vá a celebrar el matrimonio, tienen derecho para solicitar que sus testigos sean examinados en otro departamento de la república por el juez le- trado respectivo o por la persona a quien és- te cometa la dilijencia. Se necesitará para esto que los esposos de- duzcan por escrito su petición, o en caso de hacerlo verbalmente, que el oficial civil le- vante acta de ella, y dirija exhorto al juez 4etrado correspodiente, en el cual se inserta- rá la indicada solicitud y la manifestación. 51— "Inmediatamente después de rendi- da la información y dentro de los noventa dias siguientes, podrá procederse a la cele- bración del matrimonio. Trascurrido este plazo no poará procederse a la celebración del matrimonio, sino después ae repetidas las

44 —

formalidades prescritas en los cuatro artícu- los precedentes." Art. 13, ley de 10 de Enero. Los cuatro artículos a que esta disposición se refiere son los esplicados en este capítulo. Ligando esta prescripción con la anterior, es fácil persuadirse de que lo que la ley quiere es que las dilij encías preliminares de que nos ocupamos se efectúen conjuntamen- te en cuanto sea posible, o por lo menos sin que medie un considerable espacio de tiem- po entre la manifestación de los interesados y el examen de los testigos. Concede un tér- mino de noventa dias, contados desde este último acto, para que se celebre el matrimo- nio, pero, si por la demora en la presentación de las personas que hayan de declarar, tras- curriese un tiempo notablemente mas pro- longado entre la fecha de la manifestación y el acto mismo del matrimonio, el oficial civil no debería autorizarlo, sin que se cum- pliese previamente con el requisito del con- sentimiento necesario para los menores de edad, pues la voluntad de la persona a quien compete otorgarlo puede haber variado. 52—Tales son las únicas jestiones exijidas para el matrimonio civil: una manifestación, que contenga las indicaciones que antes se han enumerado, la declaración de tres testi-

f os legalmente hábiles y el consentimiento e uno o mas ascendientes o de un curador

en ciertos casos.

D E

LA

CAPITULO

CELEBRACIÓ N

Vili

DE L

MATRIMONI O

I.—Del matrimonio

personal

53—"El matrimonio se celebrará ante el oficial del rejistro civil en el local de su ofi- cina pública, o en la casa de alguno de los contrayentes, y ante dos testigos parientes o estraños." Art. 16, ley de 10 de Enero. Creemos que el local que fija la ley para la celebración del matrimonio no es de tal mo- do esencial y obligatorio que precisamente el acto deba efectuarse en alguno de esos dos lugares, la oficina del oficial civil o la casa de alguno de los contrayentes. Talvez las palabras del artículo significan solo que es libre para los interesados casarse en esa ofi- cina o en una casa particular. Seria suficien- te para que una habitación fuese considera- da por el oficial civil como de alguno de los contrayentes el hecho de encontrarse éstos

— 46

allí en el momento de efectuarse el enlace. De otra suerte se obligaría al encargado de autorizar el matrimonio a indagar si tal pro- piedad es o nó la casa de alguno de los es-

el espi-

ritu de la ley y con el buen sentido. Juzgamos también fuera de duda que el contrato matrimonial no puede ser autoriza- do en otra oficina o en otro lugar destinado al público, como una plaza, una calle, una iglesia. 54—Siendo, según el art. 1.°, núm. 5, li- bre para los contrayentes sujetarse a las ce- remonias relijiosas que tengan a bien, los que deseen casarse católicamente pueden nacerlo en su casa, en presencia del oficial civil que los declara desposados en nombre de la ley, y del párroco que los une en nom- bre de la relijion. 55—Los testigos llamados a presenciar el acto, lo mismo que los que se exijen para la información sumaria de que hemos hablado antes, no son hábiles si no reúnen las condi- ciones que indicaremos en el capítulo XIX. 56—"El oficial del rejistro civil, presen- tes los testigos y delante de los contrayentes, dará lectura a la manifestación de que habla el art. 9.° y a la información sumaria a que se refiere el art. 12. "Preguntará a los contrayentes si consien- ten en recibirse el uno al otro como marido y mujer, y con la respuesta afirmativa de ám-

posos; interpreti

47

bos, les declarará casados en nombre de la ley." Art. 17, ley de 10 de Enero, citada. "Inmediatamente el oficial del rejistro civil, levantará acta de todo lo obrado, la cual será firmada por él, los testigos y los

^J\JL

^J- J

JLVJO

l/l g

fi: rmar, y

procederá a hacer la inscripción en los libros

del Rejistro Civil en la forma prescrita por el reglamento respectivo." Art. 18, ley citada. Será pues indispensable la presencia del oficial civil, de los contrayentes y de los tes- tigos, tanto durante la lectura de la mani- festación e información como en el acto de espresar los esposos que se reciben por mari- do y muj er. La falta o ausencia de cualquiera de las personas indicadas al tiempo de hacerse esta última declaración anula el contrato, siendo indiferente el motivo de la ausencia. 57—La ley no fija una fórmula precisa para la pregunta que corresponde hacer al oficial civil, ni para la contestación que a los interesados cumple dar. Son indiferentes, pues, las palabras que se usen por una y por otra parte; basta que ellas encierren la idea espresada por el art. 17, mím. 56. No obstan- te, para evitar dudas y malas intelij encías, convendría talvez valerse de los mismos tér- minos que emplea la indicada disposición. 58—El matrimonio queda realizado con la respuesta afirmativa de los cónyujes: una vez dada, no hai derecho de retractarla; mas

supieren

y

pudieren

48 —

aquellos son libres hasta ese momento para consentir o nó, y en caso de negativa el ma- trimonio quedará sin efecto. Su asentimiento anterior constituye meros esponsales: los interesados poseerán solo las acciones que este contrato les confiere res- pecto de las donaciones y regalos que en consideración al proyectado enlace se hayan hecho. Núms. 3 y 182.

59—Si después de haberse frustrado un matrimonio por desistimiento de cualquiera de los contrayentes, quisiesen éstos por se- gunda vez efectuarlo, no serán necesarias nueva manifestación ni nuevos testigos, siempre que no hubiese trascurrido el plazo de noventa dias que señala el art. 13, inser- to en el capítulo anterior, núm. 51, debiendo tenerse en cuenta las reglas que se han indi- cado para estimar la estension de esc plazo. 60—El instrumento o acta que levantaría el oficial civil, contendrá una esposicion del ac- to, espresándose que se ha dado lectura a las la ley exije, que se ha pregunta- do a los esposos si se reciben por marido y mujer, que éstos han contestado afirmativa- mente, que el encargado de autorizar el en- lace les declaro casados en nombre de la ley y que el contrato se celebró ante los testigos correspondientes, enunciando sus nombres. Se hará mension igualmente de el por qué

o los dos contrayentes y

no suscribe alguno

49 —

alguno © los dos testigos, si es por no saber, no querer o no poder. El hecho de que cualquiera de estas per- sonas no firme el documento no anula el ma- trimonio, pues el acta no tiene otro objeto que dejar constancia de una dilijencia que ya se ha realizado. 61—El oficial civil inscribirá en sus libros el contenido del acta. Esta es una jestion que a él solo incumbe; pero a los interesados convien e cerciorars e d e s i s e h a inscrit o o no* el matrimonio, pues esa inscripción es la prueba que pueden exhibir de haberlo efec- tuado. Corresponde al reglamento respectivo, que aun no se ha dictado, determinar el modo y forma de las inscripciones. Como hemos di- cho, éstas son de esclusiva obligación del oficial civil. A los particulares interesa solo imponerse de si se ha llenado o no* ese requi- sito. También está obligado el oficial civil a dar gratis un certificado del hecho del matrimo- nio y de su inscripción, aun cuando los inte- r'esados n o lo pidan . (1)

(1) Art. 19 de la ley de 17 de Julio de 1884, in- serta cu el apéndice de esta parte. Podrán también los interesados pedir cuantos certi- ficados quiei - an; pero deberán satisfacer los derechos que en esa misma ley se espresan.

4

II.—Del

— 50 —

matrimonio

por

poder

62—Todo negocio, de cualquiera naturale- za que sea, puede ejecutarse personalmente por el interesado mismo o por un tercero en quien éste delegue sus facultades, escep- tuándose solo aquellos actos respecto de los cuales la ley prohiba espresamente la consti- tució n d e apoderado . (1) En lo tocante al matrimonio no existe tal prohibición legal, ni paralas dilijencias pre- liminares de que hemos hablado, ni para su. celebració n misma . (2)

(1) Art. 2,116 del Código Civil. (2) El señor Larrain, en la obra citada, (núm. 13), considera suprimidos estos matrimonios por poder; se funda en que el art. 18 de la ley de 10 de Ene- ro, exije que los cónyujes firmen el acta del desposorio. Creemos equivocada esa opinión, porque para privar a las personas de que ejecuten actos por medio de repre- sentante, es preciso que la ley lo diga espresamente, lo que no sucede en este caso. Cuando la ley manda al here- dero que haga inventario, al comprador que firme la escritura de compra, y a cualquier individuo que prac- tique tal o cual dilijencia, no declara que esas jestiones pueden efectuarse por medio de representante, y así se hace, sin embargo, obedeciendo a la regla jeneral, no modificada espresamente en esas prescripciones espe- ciales. Lo mismo sucede en lo tocante al matrimonio. No hai razón ninguna para que se les juzgue suprimidos. En el Senado, al discutirse la ley, se dijo, y nadie lo objetó, que el enlace por poder subsistía.

-

51 —

Puede, pues, un apoderado representar a cualquiera de los cónyujes en las jestiones matrimoniales y casarse a nombre de su co- mitente. En todos los trámites en que jestio- ne espresará que procede a nombre ajeno.

que fuese suficien-

te el poder con que procediera el mandatario en semejante caso debería otorgarse por es-

63—Creemos que para

critura pública, (i) pues

el acto es solemne,

equiparable a los que tienen lugar ante la justicia . (2) 64—Para dejar constancia en los antece- dentes, tanto de la constitución de represen- tante como de las facultades con que éste se encuentre investido, el oficial civil deberá agregar el instrumento de poder al acta que levante respecto de la celebración del matri- monio, en Ta cual será preciso hacer constar la circunstancia de que uno de los contra- yentes ha procedido a nombre ajeno.

Recuérdese lo que se ha dicho en el núm. 46, respecto del domicilio. Ambos cónyujes podrán otorgar poder para desposarse; pero

«Instrumento pú-

blico o auténtico es el autorizado con las solemnidades

ante

protocolo o rejistro pú-

blico, so llama «escritura pública.»

de Octubre de

1875, sobre organización y atribución de los Tribu- nales.

legales por el competente funcionario.—Otorgado

escribano e incorporado en un

(1)

Art. 1699

del

Código

Civil.

(2)

Véase el art.

395

de la ley de

15

el enlace se celebrará precisamente en el lu- gar donde resida alguno de ellos.

CAPITULO IX

DE LA ACTUAL CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO Y DE LAS FORMALIDADES QUE SE OBSERVARÁN HASTA QUE SE ESTABLEZCA EL REJISTRO CIVIL

I.—De la

ley

matrimoni o

relijioso y de s u actua l vijencía an-

te la

celebración

civil

del

65—Todas las disposiciones legales que basta aquí hemos comentado, se encuentran vij entes en la actualidad, siendo obligatorio s u cumplimiento ; (1) ma s n o as í aquella s con- tenidas en los dos capítulos precedentes, dis- posiciones relativas a las ceremonias y for- malidades para el matrimonio. Estas, no obstante de constituir la innovación mas esencial de la ley, no se han puesto todavía en práctica. «Mientras se establece el Rejistro Civil, subsistirá la vijencia de las leyes actuales en lo concerniente a las formalidades para la celebración del matrimonio.» Art. 1." de los transitorios. Ley de 10 de Enero.

(1) Esta

obligación

tiene

como sanción

la

que

hemos recordado en el núm. 4. (Yéase el cap. XX.)

53 —

El Rejistro Civil no se establecerá hasta el

de Enero de 1885; por tanto , permanecer á

en suspenso esa parte de la ley. Rijen pues, por ahora, aun bajo el aspecto puramente civil, las prácticas y leyes ante- riores. Creemos innecesario fuera de nuestro propósito recordarlas por estenso, pues ellas están en conocimiento de todos, y en caso de ignorancia o dificultad, los párrocos, encar- gados de aplicarlas, las dan a conocer a sus íeligreses.

66—Es sabido que para casarse, si es en

1.°

el asiento de la diócesis o arquidiócesis, uno de los interesados, comunmente el novio, o ambos reunidos se presentan a la curia ecle-

siástica, y si es

roco. En el primer caso se hace una solicitud por escrito dirijida al Provisor, en la cual se contienen casi todas las indicaciones mensio- nadas en el capítulo VII. Teniendo los inte- resados bienes de fortuna, se pide también dispensa de proclamas, ofreciendo pagar la cuota acostumbrada por tales dispensas. Se ofrece ademas la información de dos testigos respecto de la libertad de los contrayentes para contraer matrimonio.

fuera de ese lugar, al pár-

El Provisor, encontrando arreglada la soli- citud, manda recibir la información ofre- cida.

El notario eclesiástico examina a los testi-

los

gos, hace

constar

el

consentimiento

de

contrayentes, pudiendo pedir ese consenti- miento a cualquiera de ellos en su casa, si no quisieren venir a prestarlo en la secreta- ría de la curia, y-hace constar también la concesión del permiso o licencia que sea ne- cesari o segú n l a ley ; (1) hech o lo cua l e l provisor libra un decreto, autorizando al pár- roco para celebrar el desposorio, y conce- diendo la dispensa de proclamas, previo el pago indicado. Si los interesados son parientes en cual- quier grado, hasta el cuarto canónico (2), se necesita obtener igualmente dispensa del pa- rentesco. Esta petición se liará en el mismo escrito en que se ofrece información o en otro separado, prometiendo solventar la cantidad que por la dispensa se le fije. Esta suma se regula, atendiendo a las posibilidades de los cónyujes, a su posición social, a la cercanía del parentesco, y a las circunstancias que hacen mas o menos necesaria la concesión. Si alguno de los contrayentes fuese católi- co y el otro perteneciese a una reiijion dis- tinta, se exije también que se obtenga dis- pensa de este impedimento, la cual es seme- jante a la de parentesco, debiendo observarse que se concede con mucha dificultad y solo cuando el cónyuje no católico ofrece permi- tir al otro educar religiosamente a los hijos.

(1) Véanse los capítulos III y IV de esta parte. (2) Véase el capítulo XX.

55 —

La autorización se comunica al cura! por medio de un oficio firmado por el Provisor y por el actuario de la oficina curial, oficio que se entrega a uno de los interesados. 67—Si las jestiones son ante el párroco la tramitación es igual con la especialidad de que ordinariamente este mismo se encarga

de dirijir a la curia respectiva las solicitudes sobre dispensa de proclamas, de parentesco

y de diferencia de relijion. La información la

acepta él por sí y examina los testigos, pu- diendo proceder a la ceremonia sin necesi- dad de autorización de sus superiores. Para todas esas jestiones debe el cura ser acompañado por un notario eclesiástico o en s u defect o po r dos testigos . (1) 68—Cuando los esposos son completamen- te desheredados de la fortuna, se publica su pretensión de casarse durante tres dias fes- tivos a la hora de la misa parroquial. Esta publicación, conocida con ei nombre de pro-

clamas, consiste en leer el nombre de los futu- ros consortes y los de los padres de éstos, y pedir al público que si conoce algún impedi- mento entre los que desean casarse, lo mani- fieste. Concluida la tercera lectura se efec-

a l a ceremonia . (2)

(1) El Párroco no puede proceder a celebrar un ma- trimonio por poder, sin previa autorización del Obispo. (2) Si los desposados residieren en distinta parro- quia, en ambas se publican las proclamas.

56 —

Esta es tan universalmente conocida que omitiremos describirla. Recordaremos solo que la parte esencial es la pregunta que el párroco hace a los contrayentes en presencia de los testigos sobre si se reciben por marido y mujer, la contestación afirmativa de ám- sacerdote. Los disi- dentes están obligados a esta sola solemni- dad, esceptuando la bendición. 69—Este matrimonio relijioso está recono- cido por la ley como matrimonio civil, mientras no se establezca el rejistro corres- pondiente. Y la - partida que el cura asienta en sus libros de haber tenido lugar un enla- ce produce prueba suficiente ante los tribu- nales chilenos. Sin embargo, la subsistencia de esas leyes y prácticas antiguas ha recibi- do ciertas limitaciones que vamos a indi- car . (1)

II.—Casos en

que

se

puede

celebrar

desde luego matrimoni o

civil

70—«En caso que la autoridad eclesiásti- ca se negare a la celebración del matrimo- nio, el juez de letras del respectivo departa- mento, procederá a dicha celebración, con

(1)

Véanse el arfc. 118 del Código Civil y las Institu-

Americano, por el Iltmo.

ciones de Derecho señor Donoso.

Canónico

— m —

arreglo a las disposiciones de esta ley.» Art. 2.° de los transitorios. Ley de 10 de Enero. Existe, por consiguiente, desde luego el matrimonio civil con sus formalidades pro- pias, en el caso que la autoridad eclesiástica se niegue a celebrar nupcias relijiosas, cua- lesquiera que sean las causas de su negativa, siempre que no se funde en falta déla s for- malidades que hemos mencionado en el pár- rafo anterior, con la salvedad contenida en el míinero siguiente. 71—Las proclamas son una verdadera for- malidad, y que por eso los contrayentes están obligados'a obtener dispensa de ellas o a per- mitir su publicaeion; pero no se encuentran en el mismo caso las reglas relativas al pa- rentesco v a la diferencia de relijion, pues és- tas constituyen impedimentos para contraer matrimonio y de ninguna manera una solem- nidad. Creemos, pues, que la negativa del Provisor o del Párroco basada en la no dis- pensación del parentesco o de la disparidad de relijion podría considerarse ilegal ante la autoridad civil, y habría por consiguiente derecho para solicitar que esta autoridad aceptase un matrimouio en esas condiciones, siempre que entre los novios no existiese la consanguinidad o afinidad espresada en el cap. II. 72—Llegando para cualquier interesado la oportunidad de poner en práctica el derecho de casarse civilmente por negarse

58 —

a hacerlo el párroco, no siendo en los casos re- feridos, se observará el procedimiento que hemos indicado en los capítulos Vil y VIII, considerando al juez letrado como oficial del rejistro civil. Podrá seguirse esta tramitación. Ambos contrayentes, o uno de ellos, hará una soli- citud por escrito ante el juzgado de letras en lo civil del departamento donde se de- see celebrar las nupcias, en la cual se enun- ciará la circunstancia de haber ocurrido

a la autoridad relijiosa y de haber sufrido

un rechazo de ésta, espresando las causas en que lo haya fundado; y se pedirá que se

dirija oficio al funcionario eclesiástico para que informe sobre la electividad de esos he- chos, a fin de poder presentar al juzgado la manifestación requerida por la ley.

silen-

cio de ese funcionario, dado caso de negarse

también a evacuar el informe que se ic pida,

el juez declarará aceptable la manifestación

ofrecida. Podrá evitarse el oficio y el infor- me por medio de un certificado del secreta-

rio eclesiástico, o del párroco, del cual conste la negativa. Se cumplirán entonces los re- quisitos que se han enumerado respecto de

Con la respuesta afirmativa

o con

e :

la

manifestación escrita ante el oficial civil;

el

juez examinará personalmente los testigos

y

procederá a la celebración del matrimonio

en los mismos términos y del mismo modo que antes se ha dicho.

En el capítulo XIX damos algunas nocio- nes, tanto sobre la constitución del Poder ju- dicial, como sobre la tramitación de los nego- cios que ante él se ventilan. 73—Poseen, pues, este recurso para lejiti- mar desde luego ante la ley su unión aque- llas personas a quienes el párroco no puede o no debe casar. En este sentido está vijente en Santiago desde el 17 de Enero, en su to- talidad, la ley sobre Matrimonió Civil, pues fué publicada con fecha 10 de ese mismo mes en el Diario Oficial. 74—Conviene no olvidar que la subsisten- cia de las leyes antiguas es solo por lo que toca a las formalidades para la celebración del matrimonio y nó en lo relativo a los im- pedimentos y prohibiciones, ni a los juicios que se promuevan en negocios conyugales. Será, por consiguiente, nulo civilmente un enlace prohibido por la nueva ley y realizado después de su vijencia, aun cuando ante la Iglesia sea perfectamente válido. Es útil pues, que las personas que deseen casarse tengan presente esta circunstancia para que, si les obsta alguna prohibición legal, no eje- cuten un acto civilmente inválido que las sujetaría ademas a las consecuencias que mas adelante consignaremos.

CAPITULO X

DERECHOS

Y

OBLIGACIONES

DE

LOS

CÓNYUJES

75—De dos clases son los derechos y obli- gaciones que competen a los individuos ca- sados: unos nacido de la esencia y naturale- za misma del matrimonio y otros que les corresponden en virtud de la comunidad de bienes, llamada sociedad conyugal, que se

contrae entre ellos, de la cual nos ocupare- mos después. Estos se refieren directamente

a los bienes, aquellos solamente a las perso- nas.

I, — Derechos cónyuje s

y

deberes

entr e

s í

(1)

de

los

76—Los cónyujes están obligados a guar- darse fé, a socorrerse y a ayudarse mutua-

mente en todas las circunstancias de la vida. «El marido debe protección a la mujer, y

la mujer obediencia al marido, t Art. 131, C. C. La obligación mutua de guardarse fé con-

(1)

En el número

1

se ha dado

la

definición legal

del matrimonio:

ahí están indicados los principales de-

rechos y deberes

de

los

esposos.

El contenido de este

párrafo es solo una esplicacion del precepto.

61 —

siste en que coloque el uno en el otro toda su confianza y afecto, no pudiendo dividirlo en varios hombres la mujer, ni en varias mu- jeres el marido. El adulterio, que és la vio- lación de este precepto, es severamente cas- tigado por nuestras leyes; éstas también señalan penas, mas o menos graves, por la resistencia a cumplirlos deberes conyugales, por los malos tratamientos y por el abando- no entre dos consortes. El mutuo socorro a que están obligados los cónyujes significa que los recursos de que dispongan, los medios con que cada uno cuente para la satisfacción de sus propias necesidades se conceden también al otro en toda ocasión, y principalmente en las situa- ciones difíciles de la existencia. La ayuda que prescribe la ley se refiere a los servicios personales de todo jenero que entre sí pue- dan prestarse. Este socorro y ayuda tendrá lugar en todas las circunstancias y en todos los momentos de la vida, sin mas limitación que aquella que fija la misma ley. 77—La protección de parte del marido en favor de la mujer y la obediencia de ésta, es lo que distingue con mas claridad el distinto rol que desempeñan los esposos en el matri- monio. Esa protección es ordenada por la natura- leza misma, pues, si el hombre posee la fuer- za y es el jefe de la familia, justo es que la proteja y la defienda. No solo respecto

62 —

de recursos pecuniarios o materiales corres-

ponde hacer efectiva la protección, sino per- sonalmente, rechazando toda ofensa de obra

o de palabras contra la mujer, como si se

dirijiese contra el mismo marido. La obediencia exijida a la mujer no es tal que llegue a convertir a la compañera del hombre en una máquina inconciente; esa sumisión es indispensable para que exista el orden y la armonía en la sociedad doméstica,

y será obligatoria a la esposa en las circuns-

tancias ordinarias; pero si los mandatos del marido fuesen contrarios a la ley, a la moral

o a la vida de la mujer, ésta tendría facilitad de resistirlos. 78—«La potestad marital es el conjunto de derechos que las leyes conceden al marido sobre la persona y bienes de la mujer.» Art. 132, Código Civil. «El marido tiene derecho para obligar a

su mujer a vivir con él y seguirle donde quiera que traslade su residencia. «Cesa este derecho, cuando su ejecución acarrea peligro inminente a la vida de la mujer.» Art. 133 del Código Civil. Para que la mujer pueda escusarse de la obligación de seguir al marido es necesario que abrigue fundado temor de que peligra

su vida, como en caso de enfermedad, de una

guerra, etc. Si ese peligro amenazase a solo los intereses de la mujer, ésta no podría elu- dir su deber; pero las leyes le conceden en

63 —

ciertos casos el recurso de la separación, co- mo después lo veremos. Juzgamos que tampoco podría compelerse a la mujer a seguir a su esposo fuera del territorio de la República. 79—«La mujer por su parte tiene derecho a que el marido la reciba en su casa.» Inciso final del art. 133 citado. La ley quiere que marido y mujer habiten una misma casa, por eso obliga al primero a

y a ésta a seguir a su

recibir a la segunda,

esposo. Cesa también este derecho de la mu- jer en caso de divorcio. 80—«El marido debe suministrar a la mu- jer lo necesario, según sus facultades, y la mujer tendrá igual obligación respecto del marido, si éste careciere de bienes.» Art. 134, Código citado. Debe también el marido representar judi- cialmente a su mujer y proporcionarle los recursos necesarios para sus defensas, aun cuando sea en contra de él mismo; pero de esto nos ocuparemos al tratar de la sociedad conyugal. Durante la sociedad conyugal, es ésta la obligada al conveniente mantenimiento de los cónyujes; pero una vez disuelta, subsis- tiendo el matrimonio, aquel de los esposos que posea recursos mayores debe proporcio- narselos al que no los tenga. Por lo demás, existiendo la sociedad con- yugal, al marido, como jefe de ella, corres-

64 —

poude suministrar a su mujer lo necesario para su alimeuto, vestido y para el lleno de sus demás necesidades, incluso las de la fa- milia, en la medida de sus facultades. Si aquel fuere avaro hasta tal punto que causa- se a su esposa graves sacrificios o privacio- nes, ésta poseería facultad de solicitar ju- dicialmente que se fijase la cantidad que, atendido el haber social, debiera entregar el marido para sus gastos. Tendría también derecho de pedir divor- cio temporal. El. marido, salvo en el caso de divorcio o de litigarse la nulidad del ma- trimonio, no está obligado a dar alimentos a

l a muje r qu e s e nieg a a vivi r co n él . (1)

• 8 1 — En caso de separación de bienes,

los cónyujes están obligados a prestarse ali- mentos congruos, esto es, que habiliten al alimentario a subsistir modestamente, de un modo correspondiente a su posición social. Solo se estingue ese derecho cuando ambos poseen recursos bastantes para su conve- niente sostenimiento; pero sufre modificacio- nes entre los esposos divorciados, según lo observaremos mas adelante. «Mientras se ventila la obligación de pres- tar alimentos, podrá el juez ordenar que se den provisoriamente desde que en la secuela

(1) Véase en la Gaceta de los Tribunales del ano 18G0, la sentencia 1135, en que so resolvió una cues- tión en el sentido indicado.

65 —

del j uicio se le ofrezca fundamento plausi-

ble. En la tasación de los alimentos se debe- rán tomar siempre en consideración las fa- cultades del deudor y sus circunstancias domésticas.» Podrá también mandar que se coloque en un banco un capital, cuyos intereses sirvan para el pago de las mesadas alimenticias, que serán anticipadas y se deberán desde la demanda . El* qu e h a percibid o cantidade s por vía de alimentos, solo estará obligado a devolverlas cuando no venza en el juicio si

h a procedid o con malicia . (1)

II.—Derechos y obligaciones

de los hijos

lejitimos

respecto

espira-

dos los cient o ochent a dia s (2] subsiguiente s

y

al matrimonio, se reputa concebido

tiene por padre al marido.» Art. 180, C. C.

82—«El hijo que nace después

de

en

él

(1)

Véanse los títulos VI y XVIII , lib. I del C. C.

(2) Podrá objetarse la lejitimacion del hijo nacido en esa época, probándose que durante el tiempo en que debe presumirse la concepción, el marido ha estado en absoluta imposibilidad física de tener acceso a la mu- jer; pero si a ésta se justifica adulterio, se admitirá prueba de cualquiera hecho conducente a establecer la ilejitimidad. La confesión déla madre de haber conce- bido el hijo en adulterio no hace fé. Solo el marido si vive tendrá derecho de objetar la lejitimidad dentro de

5

66 —

Son también hijos lejítimos los concebidos en matrimonio putativo y aquellos que, con- cebidos cuando sus padres no eran casados, han recibido la lejitimacion por matrimonio posterior, siempre que se llenen los requisitos que la ley exije. 83—«Los hijos lejítimos deben respeto y obediencia a su padre y su madre; pero es- tarán especialmente sometidos a su padre.» Art. 219, Código Civil. Están también obligados a cuidar a sus padres en su ancianidad, en el estado de de- mencia y en todas las circunstancias de la vida en que necesitaren de sus ausilios. Les deben asimismo alimentos congruos, en caso de pobreza de los padres. 84—Toca de consuno a los padres o al pa- dre o madre sobreviviente el cuidado perso- nal de la crianza y educación de sus hijos

sesenta dias desde quo tuvo noticia del parto; si él lo reconoce no habrá lugar a controversia: si fallece el marido dentro del plazo, sin reconocer al hijo, los he- rederos de aquel podrán ejercitar la acción en los mis- mos sesenta dias desde que supieron la muerte. Si el hijo nace después de los trescientos dias de disuelto el matrimonio, podrá declararse ilejitimo, a solicitud de cualquier persona que tenga interés en ello, debiendo iniciarse la acción dentro de sesenta dias después que tuvo conocimiento del parto: si el marido hubiese esta- do en absoluta imposibilidad de tener acceso a la mu- jer, los trescientos dias se contarán desde que principió la imposibilidad.

lejítimos. Podrá el juez, en el caso de inha- bilidad física o moral de ambos padres, con- fiar el cuidado personal de los hijos a otra persona o personas competentes. En la elec- ción de estas personas se preferirá a los con- sanguíneos mas próximos y sobre todo a los ascendientes lejítimos. «No se prohibirá al padre o madre, que no tengan el cuidado personal de sus hijos, que los visiten con la írecuencia y libertad que el juez estime conveniente.» 85—Los gastos de crianza, educación y establecimiento de los hijos lejítimos perte- necen a la sociedad conyugal, en caso de existir ésta. Disuelta la sociedad, correrán los gastos de cuenta del marido, contribu- yendo la mujer en la proporción que fijare el juez; pero, si algún hijo tuviere bienes pro- pios, se sacarán de ellos las costas de su es- tablecimiento, y en caso necesario las de su crianza y educación, conservando íntegros los capitales, en cuanto sea posible. Muerto uno de los padres, al sobreviviente corres-

E onde hacer los gastos en la parte que los abcres del hijo en la herencia del difunto

no

alcancen a satisfacerlos. 88—El padre tendrá el derecho de correjir

y

castigar moderadamente a sus hijos, y

cuando ésto no alcanzare, podrá imponerles

la pena de detención hasta por un mes en un

establecimiento correccional. Bastará al efec-

to la demanda del padre, y el juez, en virtud

- 68 —

de ella, espedirá la orden de arresto. Pero si el hijo hubiere cumplido diez y seis años uo ordenará el juez el arresto, sino después de calificar los motivos, y podrá estenderlo has- ta por seis meses a lo mas. El padre tiene derecho de hacer cesar el arresto cuando quiera. Las facultades concedidas al padre se estienden en ausencia, inhabilidad o muerte del padre, a la madre o a cualquiera otra persona a quien corresponda el cuidado per- sonal del hijo; pero nunca se ejercerán con- tra el hijo mayor o habilitado de edad.

El padre o en su defecto la madre, tendrán e l derecho de elejir el estado o profesión fu- tura del hijo y de dirijir su educación del modo que crean mas conveniente para él; pero no podrán obligarle a casarse contra su voluntad, ni llegado el hijo a la edad de veintiún años podrán oponerse a que abrace una carrera honesta, mas de su gusto que la elejida para él por su padre o madre. 87—Todos los derechos jespresados, escep- to el de visitas, cesarán respecto de aquellos padres de cuyo poder, por mala conducta, se

subsistirán las

havan sacado

los hijos;

pero

•obligaciones. Carecen de todas

dan espuestas los padres para con aquellos hijos que hayan abandonado en la "Casa de Espósitos;" pero, cuando solo hubiesen con- fiado su crianza a otra persona, deberán pa-

las

facultades

garle las costas que haya tenido antes de retirarlo s de s u poder . (1) Estos derechos y deberes varian en los ca- sos de divorcio y nulidad.

III.—Herencias

entre

cónyujes

88—El matrimonio concede al cónyuje so- breviviente ciertos derechos en los bienes del que haya fallecido; derechos que son dis- tintos según sea que el difunto haya dejado descendientes lejitimos o que haya muerto sin esta clase de sucesión. En el primero de los casos indicados el viudo o viuda solo tendrá derecho a la porción conyugal, si careciere de bienes; pero si los que posee son inferiores a los que como por- ción conyugal le correspondan, podrá renun-

ciarlos i exijir toda esa porción, o retenerlos y pedir a este título solo el complemento, o sea aquella parte que unida a la cantidad de que es dueño o que le pertenezca por cual-

a uiera otra causa en la herencia del consorte ifunto, vendría a formar una suma igual a

la

cado si no hubiese tenido recurso alguno. El cónyuje que al tiempo del fallecimiento del otro careció de derecho a esa porción por poseer fortuna, no lo adquirirá después aun- que caiga en pobreza, asi como el que lo tu-

conyugal le habría to-

(1)

Tífc. VII y IX dellib. I del Código Civil.

YO, no lo perder á

quezca. La porción conyugal, habiendo descen- dientes lejítimos, es la lejítima rigorosa de un hijo. La mitad de los bienes partibles se divide en un número de partes superior en una al número de hijos, aun cuando esté re- presentado cada uno de éstos, en caso de ha- ber fallecido, por su descendencia lejítima. Ese aumento esporel sobreviviente, pues és- te se cuenta en el número de k;.; hijos. Una de esas partes, considerada como lejítima ri- gorosa de aquellos, es para el viudo o viuda la porción conyugal. 89—Cuando no existen tales descendien- tes, los derechos del sobreviviente son mas cuantiosos: si el difunto ha testado, podrá solo llevar su porción conyugal, salvo que le convenga mas aceptar la herencia o legado con que se le haya favorecido, renunciando di- cha porción, o que acepte ésta y renuncie la herencia o legado, o, por fin, que reciba éstos y pida el complemento. Si la sucesión no es testamentaria, el cónyuje es también herede- ro por otro título, según lo veremos en el número siguiente. La porción conyugal, no habiendo hijos lejítimos, exista o nó testamento, es la cuar- ta parte de la sucesión del difunto. Es tam- bién indispensable el requisito de la pobreza en los términos que quedan indicados, y ri-

despué s enri -

au n

cuand o

71 —

jen tocias las reglas que se han espuesto en

el número anterior.

90—En caso de haber fallecimiento intes- tado, el otro consorte posee todavía derecho a la herencia en estos términos: concurrien- do ascendientes lejítimos, cónyujes e hijos naturales, la herencia se dividirá en cinco

partes: tres para los ascendientes, una para

el cónyuje y otra para los hijos naturales;

faltando estos últimos, pertenecerá al viudo

o viuda, una cuarta parte; si no hubiere as-

cendientes, pero sí hijos naturales y herma- nos lejítimos, le tocará una tercera parte, si

falta alguno de éstos, la mitad, y si no hai ni hermanos ni hijos naturales, llevará el sobreviviente toda la herencia. 91—En caso de que el viudo o viuda ten- ga derecho a porción conyugal y a suceder

al difunto intestado, podrá eiejir cualquiera

de los dos derechos, o adoptar las resolucio- nes insinuadas en el núm. 89, pues respecto de la herencia que la ley le concede por fal-

t a

Un ejemplo aclarará esta doctrina. Se tra-

ta de una herencia intestada que vale diez

mil pesos. No hai hijos lejítimos, pero con- curren ascendientes c hijos naturales. La porción conyugal es la cuarta parte, o sean

de

testamento , n o necesit a ser pobre . (1)

lib. III del Có-

digo Civil, que tratan de las materias comprendidas

en este párrafo. •

(1)

Véanse los títulos II

y

IV del

— 72

dos mil quinientos pesos; como herencia in- testada correspondería al cóayuje sobrevi- viente la quinta parte, dos mil pesos; si po- see como bienes propios mil pesos, o si esos mil pesos le tocan como gananciales o por cualquiera otra causa, le convendría renun- ciar a la porción conyugal y preferir la he- rencia, ya que así tendrá tres mil pesos. No pocas veces la renuncia de los bienes propios es el partido mas conveniente, porque agregándose éstos a la masa partible, au- mentan la porción conyugal.

CAPITULO XI

DE

LA

SOCIEDAD

CONYUGAL

92—No corresponde a nuestro propósito

enumerar todas las disposiciones del Código Civil respecto de la sociedad conyugal; se- mejante pretensión nos llevaría mui lejos.

ánimo es solo dar una idea de la

constitución de esta sociedad, a fin de com-

Nuestro

93—Por el hecho del matrimonio y en el instant e mism o d e celebrars e (1) s e contra e sociedad de bienes entre los cónvujesy toma el marido la administración de los de la mujer y de los de la sociedad. Se forman tres entidades en lo tocante a los intereses;

(1)

Arfc. 1718 del Código Civil.

— 73

el marido, la mujer y la sociedad, correspon-

derechos

y afectándoles ciertas obligaciones.

diendo a cada una de ellas

ciertos

I.—De la

constitución

de

la

sociedad

94—Antes o al tiempo del matrimonio, los contrayentes pueden celebrar las convencio- nes que tengan a bien respecto de sus bie-

nes, por escritura pública. Estos contratos se denominan "Capitulaciones Matrimoniales"

y rijen la administración y, mas tarde, la di-

visión de la sociedad conyugal. A falta de tales estipulaciones se entenderá constituida la sociedad con arreglo a los preceptos lega- les, que a continuación espondremos. 95—El haber social se compone de todo lo . que los cónyujes adquieran a cualquier títu- lo, escepto de herencia, legado o donación gratuita, durante el matrimonio. El dinero y todas las especies muebles que éstos apor- tar •fenecen también a ese haber, de- biendo la sociedad devolver las especies o su valor. Formarán también el haber o fondo social los bienes raices de la mujer, siempre que en las Capitulaciones Matrimoniales se les haya fijado su precio; pero dichos inmue- bles serán de la sociedad, quedando ésta obli- gada a devolver al cónyujé que las aportó las propiedades mismas o la suma en que hayan sido apreciadas. Por último aumentan

74 —

el haber social las minas descubiertas por

cualquier a de los

98—El peculio propio de cada cónyuje se forma con los inmuebles aportados a la socie- dad durante ella, y'con aquellos objetos que en las capitulaciones se haya convenido que se restituyan en especie, y los aumentos que acrezcan a los inmuebles; con el valor de los bienes raices apreciados; con el dinero y con el precio de ios bienes muebles que hubiere introducido cualquiera de ellos al matri monio, des haya adquirido por herencia, legado o donación, aunque ésta sea remune- rativa, con tal que los servicios que con ella s e remunere n no de n acció n par a cobrarlos . (2) El haber de cada uno de los conyujes se forma también con los hallazgos de dinero u objetos con que la suerte le haya favorecido; pero si el hallazgo se ha realizado en terreno de la sociedad, corresponderá a ésta la mi- tad. Los productos de cualquiera especie que provengan de los bienes sociales o de los de cualquiera de los esposos pertenecen a la so- ciedad, escepto los aumentos materiales que acrezcan a los inmuebles, como el mayor va- lor por el trascurso del tiempo. En jeneral, se mirarán como pertenecientes a ella, todos

esposos . (1)

(1)

Véanse los arts. 22 y 25 del Código de Minería,

y el'arfc. 1730 del Código Civil. (2) Arts. 1433 a 1435 del Código Civil.

— 75

los bienes de cualquiera clase que sean, que existan al tiempo de la disolución en poder

de la sociedad y de los esposos; pero se ten- drán como propios de la mujer sus vestidos

y los demás objetos de su uso personal nece-

sario. Por lo demás a los cónyujes toca pro- bar su dominio respecto de lo que les perte- nezca o se les deba. En esta prueba no vale la confesión de ninguno de los interesados, n i de ambo s juntos . (1)

II.—Administración

de

la

sociedad

97—El marido es jefe de la sociedad con- yugal y como tal administra libremente sus propios bienes, los sociales y los de su mu- jer, debiendo someterse a las prescripciones

legales y a los pactos celebrados en las capi- tulaciones. Cuando el marido fuere menor de veintiún años necesitará curador. Este en su caso administrará la sociedad como lo haria con los bienes de cualquier pupilo. La mu- jer, aun cuando sea mayor de edad, es inca-

pa z

98—Respecto de terceros el marido es dueño de los haberes sociales, y con ellos y con sus propios bienes le corresponde cum- plir las obligaciones suyas, las de su mujer

de ejerce r esa cúratela . (2)

(1) Véase el digo Civil.

párrafo

2.°, tít. XXII, lib. IV del Có-

(2)

Art. 499 del Código Civil.

— 76

y las de la sociedad; debiendo estas últimas pagarle, después de la disolución de la co- munidad, lo que por ellas haya desembolsa- do de su propio peculio. Los intereses de la mujer no entran a solventar otras obligacio- nes que las espresadas en el núm. 103. Aun cuando los contratos, de los cuales nazcan las obligaciones, hayan sido celebra- dos por la mujer, con autorización espresa o tácita del marido o de la justicia, el marido será siempre responsable ante terceros con sus haberes propios y con los sociales. 99—El marido, no obstante, no puede hi-

potecar, gravar ni enajenar los bienes raices de la mujer, sino con el consentimiento de ésta y autorización de la justicia, debiendo para obtenerla acreditar alguna de las si- guientes causales: facultad concedida para ello en las capitulaciones matrimoniales, o necesidad, o utilidad manifiesta de la mujer. Tampoco tendrá derecho de arrendar los pre-

la mujer por mas de ocho

años, y los urbanos por mas de cinco, a me- nos que ambos convengan que el espacio de tiempo del arrendamiento sea mas dilatado. Le es también prohibido enajenar los ob- jetos que en las capitulaciones se haya esti- pulado devolver en especie, a menos que la mujer consienta en la enajenación o que se obtenga autorización del juez. • Aparte de las restricciones que preceden, el marido posee completa libertad en la ad-

dios rústicos de

— 77 —

ministracion

de

los

haberes

de

su

con-

sorte.

100—Eu caso de que el marido por de- mencia, prodigalidad o por otra causa haya caido en interdicción, o si se hubiere ausen- tado, posee la mujer derecho para solicitar la cúratela del interdicto o del ausente, y en virtud de este cargo administrará ella la so- ciedad. Si no pudiese o no quisiese obtener esa curaduría, se nombrará otra persona para que, ejerciendo el cargo, dirija^y sirva la administración de la sociedad. ' Administrando en este caso la mujer, procederá con las mismas facultades que hemos insinuado para el marido; esto es, plena libertad respecto de todo acto y con- trato administratorio, pero para enajenar y gravar sus propios inmuebles o los de su ma- rido necesitará la autorización de la justicia, ue no se concederá sin justificación previa e las causales espresadas en el núm. 99. También será autorizada por el juez para aceptar o repudiar una herencia deferida al marido. Tampoco podrá arrendar, sino por el tiempo que antes hemos indicado los inmue- bles de propiedad de su esposo. Todos los actos legales de la mujer obliga- rán los bienes del marido y los sociales, pero nó los de aquella; no obstante, si ésta abusa

-de sus facultades

administratorias,

obligará

— 78 —

solo sus bienes

de s resultante s de l acto . (1)

propios a las

III.—La

mujer

en

la

responsabilida-

sociedad

101—La mujer, por el hecho del matrimo- nio, pierde casi en todo caso su personería

civil. Carece de derecho para presentarse en juicio, sea demandando o defendiéndose, es- cepto cuando la autoriza el marido, y en las causas criminales o de policía en que se

rócese & lamujer y en los litijios

entre am-

os esposos. De igual modo ella no puede, sin esa autorización, celebrar contrato algu- no, ni desistirse de un contrato anterior, ni remitir una deuda, ni aceptar o repudiar una donación, herencia o legado, ni adquirir a título alguno oneroso o lucrativo. La auto- rización deberá constar por escrito si no in- terviene el marido espresamente en el acto. Todas estas restricciones no existen cuan- do la mujer es administradora estraordinaria de la sociedad conyugal. En este caso solo rejirán respecto de ella las reglas contenidas en el núm. 100.

102—No obstante, la mujer tiene facultad para disponer por testamento de sus bienes, y solicitar autorización judicial para cual- quier acto o contrato, en caso de que el ma-

(1)

Véanse los párrafos

IV del Código Civil.

S.° y

i.°

del tít.

XXII , lib.

vido no pueda o no quiera concedérsela y de ello se le siga perjuicio. Se ha insinuado también el derecho de la mujer para litigar contra el marido y para defenderse en jui- cios criminales y de policía en que se proce- da contra ella. Por líltimo, si la mujer carece de facultad para celebrar contratos, puede ejecutar actos que produzcan obligación en un tercero en favor de ella o de la sociedad representada por el marido o afecten la responsabilidad d e ést e en provech o d e es e tercero . (1) 103—Los bienes de la mujer durante la sociedad no responden de ninguna obligación, sea que haya sido contraída por ella misma o por el marido, escepto solo en estos casos:

1.° Cuand o l a muje r proced e con autoriza - ción del marido o de la justicia, concedida esta última por impedimento de aquel en casos urientes, compromete sus bienes pro- pios hasta concurrencia solo del beneficio particular que haya reportado del acto. Be- neficio particular es aquel que redunda en provecho esclusivo de los intereses de la mu- jer, como el pago de deudas anteriores al matrimonio, o de los gastos que demande el establecimiento de un hijo habido por ella antes de casarse, o de los que sean necesarios

par a

e l cobr o de su s biene s propios . (2)

(1) Art. 2820 del Código Civil.

(2)

Arts. 140 y 1745 a 1748 del Código Civil.

— 80

2.° Cuando fuere autorizada por el juez contra la voluntad del marido, obligará sus bienes propios a los resultados del acto o contrato, y el haber social y el de su esposo

solo en la cantidad en que éstos se beneficiaren

a caus a de él . (1) 3.° Si la mujer, autorizada por el juez pa-

beneficio de inventario, se constituirá res- ponsable con sus propios bienes a las resul-

ta

4.° La mujer que comercia con autoriza- ción espresa o tácita del marido obliga los bienes de éste, los sociales y los suyos pro- pios, a menos que aquel, hubiese limitado l a autorización , a solo los de l a mujer . (3) 5.° Se imputarán a los bienes propios de la mujer, las espensas que se hicieren para educar o establecer un descendiente común, cuando no teniendo peculii el des- cendiente, ella, autorizada por el marido o por la justicia en subsidio, haya querido qu e as í s e haga . (4) 6.° La mujer casada es responsable a la sociedad conyugal por todos los pagos que ést a hag a en favor de los bienes ele aquella , no siendo de aquellos gastos necesarios para

s d e l a aceptación . (2)

(1)

Arfc. 146 citado.

(2)

Art. 146 y párrafo 3.°, tít. VI,

lib. I,

C.

C.

(3) Art. 15 del Código de Comercio.

(4)

Art. 1744, C. C.

81 —

la producción, sino de los que aumentan el

valor de la cosa; por toda erogación gratuita

y cuantiosa en favor de un tercero que no

sea descendiente común; por los perjuicios

que le haya causado con dolo o culpa grave,

y por las inultas y reparaciones pecuniarias

hayan sido sa-

tistechas con fondos sociales. 7.° Si administrando la mujer la sociedad conyugal, vende o grava sin autorización judicial los bienes de su marido o acepta sin beneficio de inventario una herencia deferi- da a éste, obliga a las resultas sus propios bienes. 8.° En los negocios personales de la mujer, como el establecimiento de uu hijo habido en anterior matrimonio. 9.° Cuando se enajenan o gravan los bie- nes de la mujer, según las reglas dadas en el ntím. 99, dichos bienes pasan a poder de terceros, y ella solo tendrá derecho a reco- brar su valor, en caso que no hayan sido con- sumidos en su particular provecho. 104—Hemos espuesto que la mujer es una persona, que poseyendo todos los derechos civiles, es incapaz de ejercerlos por sí mis- ma: necesita autorización del marido; mas, hai ocasiones en que semejante autorización no es indispensable, porque la lei la presu- me. Así sucede en las compras al contado que haga la mujer de objetos muebles, y en

a que fuere condenada

J.;_J> .

-1

-

r

82 —

aquellas que efectúe al fiado, pero solo res- pecto de las cosas destinadas al consumo

de joyas ni al-

hajas. Igual autorización se presume en fa- vor de la mujer que ejerce alguna profesión u oficio o que es comerciante, en los actos o contratos propios de su jiro siempre que no haya precedido reclamación del marido, no- tificad a a l públic o po r avisos . (1)

ordinario

de

la

familia,

no

IV. — Cargas

de

la

sociedad

105—La comunidad de intereses entre los cónyujes tiene por objeto que aquellos sean administrados por una sola persona a fin de que ésta atienda al sostenimiento de los con- sortes, de sus descendientes y al aumento de ellos, cuyo aumento, cuando se obtiene, toma el nombre de gananciales. La sociedad deberá, pues, hacer los gastos del mantenimiento de los esposos y de los descendientes comunes, los de educación y establecimiento de estos últimos, y los de to- da carga de familia, como los alimentos que los socios deban a sus ascendientes, descen- dientes, hermanos e hijos naturales.

a la sociedad pagar

deba ella o ios

las pensiones e intereses

También corresponde

que

socios, las deudas

y

obligaciones

sociales o

(1)

Arts.

147,

150

y

151 del

Código

Civil y art.

11 del Código de

83 —

la de los cónyujes; pero si han sido contrai- das en negocio personal de alguno de ellos, se sacarán de los bienes comunes las canti- dades u objetos que sean necesarios para sol- ventarlas, quedando beneficiado ante la sociedad: también es de cargo social todo gasto usufructuario que demanden los bienes comunes o los de los socios en los términos del núm. 103. 106—Puede la sociedad ser acreedora o deudora de los cónyujes, o éstos tener igual carácter respecto de aquella. Sucederá lo pri- mero, cuando uno de los esposos haya dis- puesto de bienes sociales para objetos distin- tos de aquellos que se consideran como car- ga esclusiva de la sociedad, y será deudora siempre que ella haya recibido bienes pro- pios de algún cónyuje, estendiéndose su res- ponsabilidad al valor de esos bienes, o a su conservación este obligada a restituirlos en especie . (1)

V.—De la

separación

de

bienes

107—La separación de bienes o sea la en- trega que de ellos se hace al cónyuje a quien pertenecen es una de las causas de la disolu- ción de la sociedad. Cuando ella se efectúa cada uno de los es- posos administra libre y separadamente los

(1)

Véase el párrafo 2.°, tít. XXII , lib. IV, C. 0.

suyos, salvas las escepciones espuestas en este párrafo y en el cap. XIV. 108—Los únicos casos eu que tiene lugar esa separación son los siguientes:

1.° Cuando la decretare el juez por insol- vencia o administración fraudulenta del ma- rido, o porque los negocios de éste se en- cuentren en mal estado a causa de erróneas .o descuidadas especulaciones; pero en esta última hipótesis, puede el marido impedir la separación, dando fianzas o hipotecas sufi- cientes. La lei prohibe a la mujer la renun- cia de este derecho. 2.° Los casados en pais estranjero y que pasaren a domiciliarse en Chile, se mirarán como separados de bienes, siempre que en conformidad a las leyes, bajo cuyo imperio se casaron, no haya habido entre ellos socie- dad conyugal. 3.° Por el divorcio perpetuo se efectúa la separación, según las reglas del capítulo XIV. 4.° Existirá separación parcial, o de una parte de los bienes, cuando la mujer acepta- re legalmente una herencia, legado o dona- ción que se le haya hecho bajo condición de que el marido no administre tales bienes. 5.° En las capitulaciones matrimoniales los esposos tienen derecho de estipular separa- ción total o parcial de intereses. 6.° En caso de interdicción o ausencia del marido, si la mujer no quiesiere administrar la sociedad, podrá pedir la separación.

85 —

109—Iniciado el juicio de separación, cor- responde a la mujer solicitar las providen- cias conservativas en favor de sus bienes, si teme que peligren. Las que ordinariamen- te se decretan son las prohibiciones de ven- der o gravar inmuebles; el nombramiento de interventores y depositarios. En la litis de separación, siempre que se funde en el mal estado de los negocios del murido, la confe- sión de éste no nace prueba. Disuelta la sociedad se hará la división de sus haberes con arreglo al párrafo VI. 110—La mujer separada de bienes hace suyos todos los administración adquiera. El marido goza de ig*ual beneficio. Ella no necesita autorización aiguua para su administración separada; tiene facultad de ejecutar los actos y celebrar los contratos que quiera, escepto presentarse en juicio ci-

vil o criminal en calidad de actora. Deberá en estos casos obtener el permiso de su marido,

y en su defecto, el de la justicia.

Es también responsable con sus intereses

a las consecuencias de su administración. Tampoco le es permitido, no obstante su condición de separada de bienes, vender o gravar sus inmuebles sin los requisitos men- sionados en el núm. 99: esto es, permiso del marido y autorización del juez.

comercio, siendo de mayor

libremente sus propie-

lo

Si ejerciese el

edad, podrá enajenar

dades y presentarse

en juicio

para

todo

— 88

relativo a sus especulaciones mercantiles, siempre que hubiese inscrito en el Rejistro d e Comercio l a sentenci a de separación . (1) La mujer de menor edad edad necesita cu- rador para la administración de los bienes que le correspondian en la división.

111—En el estado de separación, ambos cónyujes proveerán a las necesidades de la familia común a proporción de sus faculta- des. El juez, en caso necesario, reglará la contribución. Respecto del mantenimiento de los esposos y de sus descendientes nos basta recordar lo espuesto en los núms. 81 y 85. Subsisten todas las obligaciones y derechos personales enunciados en el capítulo IX.

112—Por el solo hecho de presentarse la mujer casada litigando (2), sea contra su marido, sea en aquellas causas en que posee facultad de defenderse por sí misma, o en las •que necesita autorización de su esposo, si procede con ella o con el permiso de la justi- cia, tiene derecho para obligar al marido a •que le suministre los recursos necesarios pa- ra sus defensas judiciales. El juez reglará la cantidad. Decretada la separación, cesa esta obligación, si la mujer tiene fortuna.

<(1) Código de Comercio, arts. 17 y 18. <2) Párrafo 3.», tít. YI, lib. I del Código Civil.

VI.—De la

— 87

disolución

de

y

distribución

la

sociedad

113—La sociedad conyugal se disuelve

siempre por la disolución del matrimonio; de ello nos ocuparemos en el capítulo XVI; por la separación de bienes que acabamos de es- tudiar, por el divorcio perpetuo, según lo

veremos en la sección

por la declaración de nulidad del contrato matrimonial, si por lo menos hubiese existido matrimonio putativo.

114—Llegado el caso de la disolución, se hará un inventario y tasación solemnes de todos los bienes que la sociedad administra- ba. Se observarán las reglas del núm. 32. La mujer retirará primero todos los inmue- bles y valores que hubiere aportado, incluso los objetos que deben restituírsele en especie y aquellos que por presunción legal le perte- necen, como sus vestidos y las cosas de su uso personal necesario. Dicho pago se hará con los dineros y de- mas bienes, sin escluir los raices, de la socie- dad; pero si ellos no alcanzasen, se completa- rá con los haberes del marido. Este retirará en seguida sus respectivos aportes. Lo que quedare, aumentado con las cantidades que los socios

2. a del capítulo XIV, y

tes lo hemos

indicado

(uúm. 106),

forma el

— 88

-

haber social, que servirá primero para pagar todas las deudas y obligaciones qué lo afec- ten, y para distribuirlo después por iguales partes entre los dos socios, salvo que la mu- jer renuncie los gananciales, pues entonces todos ellos pertenecerán al marido.

Los herederos de cualquiera de los cónyu- jes, en caso de faltar alguno de estos, ejerce- rán en la liquidación y distribución de la so- ciedad todos los derechos que ejercería la persona a quien representan si viviese y obrase por sí misma. Les afectarán también todas las obligaciones correspondientes. (1).

115—Los créditos de la mujer contra la sociedad y el marido, provenientes de apor- tes matrimoniales, deben ser pagados con preferencia a los acreedores comunes y aun a ciertos créditos privilejiados de cuarta cla- se, como los de los hijos contra sus padres o los de los pupilos contra sus curadores, sien- do que el matrimonio haya precedido al na- cimiento del hijo o al discernimiento de la guarda. Gozan de esta preferencia aun las mu- jeres casadas en pais estranjero respecto de Jos bienes situados en Chile. Aquellas que hayan contraído matrimonio antes del año

IV,

C. C, de los que hemos procurado hacer un estracto para dar idea de la sociedad conyugal.

(1)

Véase

el tít.

VI, lib. I

y tít. XXII,

lib.

89 —

las pro-

piedade s sociale s y sobr e la s del marido . (1)

CAPITULO XII

1857 poseen hipoteca jeneral sobre

DEL

MATRIMONIO

PUTATIVO

116—«El matrimonio nulo, si ha sido cele- brado con las solemnidades que la ley re- quiere, produce los mismos efectos civiles que el válido respecto del cónyuje que de buena fé y con justa causa de error, lo con- trajo; pero dejará de producir efectos civiles, desde que falte la buena fé respecto de am- bos cónyujes. «Las donaciones o promesas que por causa de matrimonio se hayan hecho por el otro cónyuje al que casó de buena fé, subsistirán, no obstante la declaración de nulidad del matrimonio.» Art. 122, Código Civil. No basta alegar buena fé en el matrimo- nio putativo; para probarla es indispensable que haya existido justa causa de error de parte de uno o de ambos esposos; sin este re- quisito esencial, no se causarán los efectos civiles propios de este contrato. Así sucedería si ambos contrayentes supie-

eran

se o no pudiesen

Durante el tiempo en que uno de

menos

de saber

que

hermanos.

(1)

C. C ,

arts. 2481

a

2486; ley

de prelacion de

1854.

— 90

-

ellos permaneció de buena

trimonio todos los efectos civiles consiguien- tes , ta l como s i fuese válido . (1) 117—«Es hijo lejítimo el concebido en ma- trimonio putativo, mientras produzca efectos civiles, según el art. 122.» Art. 179, C. C. 118—Los efectos del matrimonio putativo se refieren no solo a los bienes, sino que tam- bién a los hijos. Respecto de los primeros se establece entre los consortes sociedad con- yugal en los términos que antes hemos es- presado.

fé surtirá el ma-

La única diferencia digna de observarse es que si uno de los esposos estaba de mala fé al tiempo de casarse, declarada la nulidad del matrimonio, no tendrá derecho a las do- naciones que el que obraba de buena fé le hubiere hecho; mientras éste llevará todas las donaciones que se hayan otorgado en su favor.

concebidos en matri-

monio putativo, no existe limitación alguna:

todos se reputan lejítimos. En el núm. 39 se han espuesto las reglas legales para colejir de la época del nacimien- to la fecha de la concepción: conviene tener- las presente siempre que se desee averiguar si una persona ha sido concebida dentro o

Respecto de los hijos

(1) Véase el número 182, sobre la revocación de las donaciones hechas por los cónyujes o por estrafios.

91 —

fuera de matrimonio y antes o después de perderse la buena fé. Cualquiera que sea la causa de la nulidad o el motivo que haya viciado un contrato matrimonial se producirán los efectos indi- cados , (1) con l a sol a condició n d e l a buen a fé por parte de uno siquiera de los cónyujes; pero en el acto en que ésta no exista en nin- guno de ellos, la unión dej enera en concubi- nato: termina la sociedad conyugal; y tanto a los esposos como a los hijos concebidos des- pués de la pérdida de ese requisito les son aplicables las prescripciones legales que es- pondremos en el capítulo XV, sobre la nulidad.

CAPITULO

XIII

D E L

MATRIMONIO

PAR A

LEJITIMAR

A

LOS

HIJOS

119—Se llaman también hijos leiítimos aquellos que se han concebido antes del ma- trimonio y se lejitiman por el que posterior- mente contraen sus padres; pero hai casos en que semejante unión no produce la lejiti-

(1) Las nupcias relijiosas no constituirán, después del 1.° de Enero, matrimonio putativo, pues para que

hubiera buena fé seria necesario un errcr de derecho,

que según

Por consiguiente, el error de hecho es el único que se muede alegar para que se considere como putativo un patrim onio nulo.

hace presumir mala fé.

el

art.

706, C. C ,

92 —

macion y hai

tas dilijencias para que se produzca. 120—No lejitima a los hijos, concebidos antes de celebrarse el matrimonio nulo, ni el putativo, ni pueden lejitimarselos hijos adul- terinos, aun cuando sus padres al concebirlos ignorasen su condición de casados.

121—Quedan lejitimados por el solo hecho del matrimonio, no estando comprendidos en

las escepciones precedentes, los hijos conce- bidos antes y nacidos después de él, y aque- llos que hayan sido reconocidos con anterio- ridad por ambos padres en escritura pública

o en testamento como sus hijos naturales.

122—Para que los demás hijos nacidos antes del matrimonio queden lejitimados es reciso que en el acto de casarse, o treinta ias después, en caso de grave impedimento, ambos esposos declaren por escritura pública su voluntad de lejitimarlos. Este instrumento debe ser notificado, para su aceptación, a los hijos que se lejitiman.

cier-

otros en que se necesitan

Si

fueren menores de edad o mujeres casadas

la

notificación se hará al marido o al curador

jeneral, o, no teniéndolo los hijos, a uno es- pecial nombrado con este objeto.

El hijo o su representante legal espresará dentro de noventa dias, también por escri- tura pública, si acepta o repudia, pudiendo elejir uno y otro estremo; si nada espusiere en ese plazo se entenderá que acepta; pero

93 —

los curadores no tienen facultad de aceptar

o

repudiar sino con autorización judicial. 123—La designación de "hijos lejítimos"

y

aun la de "nacidos de lejítinlo matrimo-

nio" usada en las leyes, actos testamenta- rios o contratos, comprende a loslejitimados, salvo que espresamente se les esceptúe.

de lejitimacion, des-

el

pués de aprobada, Rejistr o Civil . (1)

CAPITULO XIV

NOTA.—La

escritura

deberá

inscribirse

en

DEL DIVORCIO

124—Divorcio es la separación personal de los cónyujes durante un tiempo determi- nado o por toda la vida. Puede ser tempo- ral y perpetuo; y aun cuando tiene por fin principal la división de los esposos en cuan- to al lecho y habitación, trae también consi- go derechos y obligaciones especiales res- pecto de los hijos y de los bienes; pero en ningún caso una persona divorciada tendrá facultad para contraer un nuevo matrimo- nio, mientras no se disuelva el anterior.

17

de Julio del 84. El reconocimiento

de hijo natural por escritura pú-

blica obedece a los mismos trámites que hemos insi- nuado para la lejitimacion.

(1)

Tít. VIII, lib. I

del Código

Civil,

y ley

de

94 —

«El divorcio no disuelve el matrimonio,, sino que suspende la vida común de los cón- yujes.» «El divorcio es temporal o perpetuo.» Arts. 19 y 20, ley de 10 de Enero. 125—El juicio de divorcio compete, según lo hemos manifestado (núrn. 8), a la autori- dad civil y solo sus fallos producen efectos civiles, respecto de todo matrimonio anterior o posterior a la ley de 10 de Enero. 126—-«La acción de divorcio corresponde únicamente a los cónyujes y no podrá dedu- cirse contra el cónyuje inocente.» Art. 21. Ningún estrano, aunque sea padre o madre de un esposo, tendrá facultad de promover este juicio, y aun aquel de los consortes que haya dado causa al divorcio carece de derecho pa- ra solicitarlo, pues esa facultad pertenece solamente al otro; pero si ambos lo han moti- vado, la acción podrá instaurarse por cual- quiera de ellos, o por ambos a uu tiempo. 127—«La acción de divorcio es irrenun- ciable.» «Sin embargo, el derecho de pedir divorcio por causa existente y conocida pue- de renunciarse, y se entiende renunciado cuando ha seguido cohabitación.» «Esta pre- sunción de renuncia se estiende aun al caso de existir juicio pendiente.» Art. 25. Seria absolutamente nulo todo convenio

cualquiera

de ellos renunciase su derecho a solici- tar divorcio por los actos del otro que en

entre

marido

y

mujer,

en

que

95 —

concepto de la lei constituyan causal sufi- ciente; pero ejecutado uno de esos actos, si el marido o la mujer tienen conocimiento de él, la renuncia que hagan de su derecho se- rá válida. La cohabitación, no significa habitar en una misma casa, sino participar de un mis- mo lecho. El cónyuje inocente que cohabita con el culpable, sabiendo que lo es, renuncia tácitamente su derecho a pedir divorcio, sal- vo que haya mediado violencia o intimida- ción. Si hubiere juicio pendiente, por el he- cho de la cohabitación queda terminado, y los cónyujes deberán volver a reunirse. Una nueva acción solo tendrá lugar si se funda- se en causa posterior a esa renuncia. 128—«El juez oirá el dictamen del minis- terio público en el juicio sobre divorcio.» Art. 27, ley citada. (Véase el cap. XIX.)

DEL

SECCIÓN

I

DIVORCIO

TEMPORAL

129—«La duración del divorcio temporal no pasará de cinco años.» Art. 20, inc. 2.° «El juez atendida la naturaleza de las cau- sales probadas y el mérito del proceso, fijará la duración del divorcio temporal.» Art. 23. El tiempo de la separación de los esposos en este divorcio nunca podrá exceder de cin- co años; pero el juez está facultado para dis-

96 —

minuir este plazo discrecionalmente y redu- cirlo al que estime bastante para que se regularice la conducta del culpable y se res- tablezca la tranquilidad del hogar.

I.—Causa

del

divorcio

temporal

130—«La s causale s 5.", 6.% 7. a , 8. a y 12 del artículo anterior (art. 21) no son suficien- tes para pedir y decretar divorc'o perpetuo.» Art. 22, ley citada. El artículo y los incisos a que el preceden- te se refiere, son éstos:

«El divorcio procederá solamente por las

siguientes causas: (de modo

aleguen otras mas graves que las que la ley señala, no obtendrán sentencia favorable.) «5. a Avaricia del marido, si llega hasta privar a la mujer de lo necesario para la vi- da, atendidas sus facultades.» Conviene distinguir las cosas necesarias para la vida de aquellas que lo son para cor- responder a la posición social que se ocupa:

la avaricia en este último sentido no daria derecho al divorcio; pero lo tendría aquella mujer que no recibiera de su marido los re- cursos suficientes para vivir con la comodi- dad y decencia que corresponde a su fortu- na. Así, la esposa de un millonario podria solicitar divorcio si su marido la obligase a vivir con escasez, mientras que la de un po-

que, aunque se

97

bre, carecería de este derecho aun cuando sufriese necesidades y privaciones. «6. a Negarse la mujer sin causa legal a seguir a su marido.» Esas causas legales son las del núm. 78. «7. a Abandono del hogar común o resis- tencia a cumplir las obligaciones conyuga- les, sin causa justificada." Esta causal es relativa a los dos cónyujes. El abandono se refiere a que uno de éstos re- sida, sea en el mismo pueblo o eu otro, en casa distinta a la que habita su familia, sin ánimo de reunirse a ésta; salvo que esa sepa- ración sea obligada por uña necesidad; o que se mantengan las relaciones domésticas en- tre los consortes y sus hijos, pues entonces no habria abandono.

Las obligaciones conyugales comprenden todas las que se orijinan del matrimonio y que hemos detallado en el capítulo X; pero la ley parece referirse principalmente al cui- dado de la familia y a los deberes consigna- dos en el núm. 1, referentes a vivir juntos, procrear y ayudarse mutuamente. «8. a Ausencia sin justa causa, por mas de tres años.» Se considera ausente a una persona, cuan-

paradero,.o cuando ha deja-

do se ignora su

do de estar

(1)

con los suyos.

La le y parec e referirs e a tod a residenci a

en comunicación

(1)

Art. 473, Código Civil.

7

98 —

fuera del territorio de la República. Al juez corresponde estimar si la causa de la ausen- cia es o no justa. Podria tenerse por motivo lejítimo la atención de los negocios, el cui- dado de la salud y otros semejantes. «12. Malos tratamientos de obra inferidos a los bijos, si pusieren en peligro su vida.» Como castigos inmoderados, superiores a la edad y fuerza del hijo, golpes o heridas inmotivadas así en el caso de embriaguez de cualquiera de los padres, como cuando por carácter irascible de éstos o por otras cir- cunstancias desahogan su cólera en los mismos seres a quienes han dado la existen- cia, siempre que haya temor de que con esos golpes o heridas peligrare la vida del hijo. 131—Pudiendo renunciarse la acción de divorcio, también puede renunciarse la per- petuidad de éste. Todas las causales que la ley considera bastantes para el divorcio per- petuo, pueden invocarse como motivos sufi- cientes para el temporal, siendo que el inte- resado desee renunciar la perpetuidad; pero parece que aun en este caso el término de ese divorcio no excedería de cinco años que como máximun de duración fija la ley.

II.—Efectos del divorcio

temporal

132—Por el hecho del divorcio temporal

se suspende la vida común entre los consor-

tes; cada cual podrá residir

donde

quisiere.

— 99

Se suspenden también los derechos y obliga- ciones nacidas del precepto de ayudarse mu- tuamente. Ese ausüio personal y diario en todas las circunstancia de la vida no es com- patible con el estado de separación. 133—No obstante, la sociedad conyugal subsiste bajo la administración del marido. El divorcio temporal no produce efecto algu- no por lo que respecta a los bienes de los cónyujes o de la sociedad. Todo permanece como si éstos continuasen unidos. Las reglas del cap. XI conservan su vigor respecto de las personas temporalmente divorciadas. No se estingue por consiguiente la obliga- ción que tiene el marido de suministrar a la mujer los recursos necesarios para la subsis- tencia. Su cuantía será determinada por el juez, atendiendo a las facultades de aquel, a su posición social y al número y necesidades de los hijos que la mujer conserve a su lado. Deben suministrarse por mesadas anticipadas. Lo que se ha dicho en los núms. 80 y 81, son aplicables a la separación por divorcio temporal.

SECCIÓN^ II

DEL

DIVORCIO

PERPETUO

134—La separación indefinida o perpetua

de los cónyujes es lo que propiamente se lla-

ma divorcio.

de la necesidad

Trae su oríjen

— 100 —

de evitar peligros

los dos esposos que, por una

de

han hecho imposible la vida conyugal. Siendo gravísimas las consecuencias que produce el divorcio perpetuo, nos inclina- mos a creer que una persona casada, no re- currirá a esta acción sino en el último es- tremo, cuaudo habiendo puesto de su parte todos los medios posibles para armonizar su matrimonio, no baya obtenido buen éxito, y tema serios peligros para su propia vida o para la existencia de sus hijos. 135—Hemos visto (núm. 124) que el di- vorcio no disuelve jamas el vínculo matri- monial. Repetimos, pues, que los divorciados no podrán desposarse con distinta persona mientras viva el otro consorte.

mistad

o males serios a

cualquiera

uno

o a

declarada ene-

de ellos,

o por culpa

I.—Causales

del divorcio

perpetuo

136 El divorcio procederá solamente por

las siguientes causas: (ya hemos indicado (núm. 130) que aun cuando se aleguen moti- vos mas graves que los señalados por la ley, si no se espresa alguno de éstos, el juez de- berá rechazar la demanda. No obstante esos motivos podrían ser útiles para dar mayor fuerza a una causa legal. «l.° Adulterio de la mujer o del marido.»

«Cometen adulterio la mujer casada que

101 —

yace con varón que no sea su marido y el

casada,

palabra

que yace con

aunque sea nulo el matrimonio.

ella, sabiendo

definición

legal

que

de

es

la

Tal

es

la

adulterio; pero creemos que en este caso esa espresion es mas comprensiva, pues desigma tanto a la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, como al hombre casado que ejecuta igual acto con quien no sea su mujer. Este es el sentido natural y obvio preferible a la definición legal recordada, que parece ser solo aplicable en materia cri- minal, pues para ella fué dictada.

«2.° Malos tratamientos graves y repetidos de obra o de palabra.» Art. 21, citado. Los malos tratamientos se entenderán re- petidos cuando se hayan efectuado mas de una vez en corto espacio de tiempo; y gra- ves, cuando espongan la salud o la vida del cónyuje ofendido, o denigren públicamente su honor o reputación. «3.° Ser uno de los cónyujes autor, insti- gador o cómplice en la perpetración o pre-

E aracion de un delito contra los bienes, la onra o la vida del otro cónyuje.» Art. 21.

Ya en el núm. 15 hemos determinado quie- nes se consideran como autores y quienes como cómplices de un delito. Se comprende en la definición de autor o cómplice al insti- gador, según las circunstancias. La palabra preparación que emplea el artículo es equi- valente a la tentativa de nuestra lejislacion.

— 102 —

«Hai tentativa cuando el culpable da prin-"

cipio a la ejecución

lito, por

mas para su complemento.» Delito es toda acción u omisión voluntaria penada por la lei, y se divide en crímenes, simples delitos y faltas. Creemos que a las faltas no se refiera el inciso que examina- mos, sino que a solo los crímenes y simples delitos. Véase el cap. XVIII.

para prostituir

del crimen o simple de-

directos, pero faltan uno o

hechos

«4.° Tentativa

del marido

a su mujer.»

No necesitamos comentar esta disposición; cualquier acto del marido que tienda a pros- tituir a su mujer, faculta a ésta para solici- tar divorcio perpetuo; pero es preciso que tales actos miren directamente a ese fin para que se verifique la tentativa.

embria-

guez o disipación.»

Esta causal se refiere a los dos cónyujes. Se podrá considerar arraigado en una per- sona cualquiera de estos vicios, cuando se entregue a ellos ordinariamente, desaten- diendo sus negocios i el cuidado de su fami- lia; pero no cuando juegue, se embriague o ejecute actos de disipación en largos inter- valos de tiempo. Si por encontrarse en seme- jante situación, una mujer casada careciere de derecho para solicitar divorcio y desease salvar sus intereses que juzga en peligro en

Art. 21, citado.

«9.° Vicio

arraigado

del juego,

Art. 21, citado.

— 103 —

poder de su marido, podrá recurrir a la sepa- ración de bienes. (Núm. 108). «10. Enfermedad grave, incurable y con- tajiosa.» Art. 21, citado. Suponemos que el afecto mutuo que de ordinario existirá en los esposos, los hará abstenerse de solicitar divorcio por esta cau- sa, pues no les será difícil encontrar medio de evitar el contajio a los peligros de vivir bajo un mismo techo. No obstante, habrá ocasiones en que la salvación de la propia vida les obligue a recurrir a la justicia. Po- cas son, entre nosotros, las enfermedades que presentan los tres caracteres de graves, incurables y contagiosas. Talvez los males venéreos reúnen esas condiciones. «11. Condenación de uno de los cónyujes por crímenes o simples delitos.» Art. 21. Toda condena que recaiga sobre un indi- viduo, será por crimen o simple delito cuan- do el castigo que se le aplique sea superior

a la pena de uno a sesenta

cien pesos, pues éstas solo son propias de las faltas. Para que tenga lugar la acción de divorcio es preciso que la sentencia con- denatoria haya quedado ejecutoriada, de modo que no exista recurso legal contra ella. Creemos que el indulto de la pena, no qui tando al reo el carácter de condenado, deja rá subsistente la acción.

prisión, cuya duración es de dias, o a la de multa de uno a

«13. Tentativa para corromper a los hijos,

— 104 —

o complicidad en su corrupción. (Inciso final del artículo 21 citado). Nos referimos a lo que hemos indicado en la causal 4. a Aquélla se refiere solo a la pros- titución, y ésta comprende todo iénero de corrupción, como el juego, la embriaguez, el libertinaje y mui principalmente la ejecu- ción de crímenes o simples delitos. 137.—Fuera de las causales enumeradas, que la ley fija absolutamente, no existen otras. Una sola de ellas bastará para obtener resolución favorable; pero si el cónyuje que pretende el divorcio posee varias caüsafes, podría hacerlas valer todas en un mismo jui- cio. Cuando es solicitado por ambos consor- tes, no es necesario que uno y otro se haya hecho culpable de una misma falta. Así, aun cuando la mujer pretendiese divorciarse por adulterio del marido, éste tendría derecho de pedirlo por otro de los motivos legales en que aquella hubiese incurrido.

II.—Efectos

del

divorcio

perpetuo.

138.—Por el divorcio perpetuo quedan los consortes en la misma libertad personal que si no fuesen casados, con la única restricción de no poder celebrar nuevas nupcias. Se es- tinguen las obligaciones y derechos que en- tre ellos habia creado el matrimonio, sub- sistiendo solo las que espresaremos. 139.—«Tampoco podrá entablarse acción

105 —

eri caso de divorcio per-

petuo, por los actos ejecutados mientras éste subsista.»

140.—«El marido que ha dado causa al

divorcio conserva la obligación de contribuir

a la congrua y decente sustentación de la

mujer divorciada: el juez reglará la cantidad

y forma de la contribución, atendidas las

circunstancias de ambos.» (Art. 174, C. C.)

la mujer no tenga

bienes o cuando los que posea no le basten para su congrua y decente sustentación; pues, podiendo subsistir de ese modo con sus propios recursos, el marido no tendría obligación de contribuir. Se entenderá por sustentación congrua, aquella que permita vivir a la mujer cómodamente, con arreglo a su posición social.

«Aunque la mujer haya dado causa al di- vorcio, tendrá derecho a que su marido le provea de lo que necesite para su modesta

sustentación; y el juez reglará la contribu- ción como en el caso del artículo anterior, tomando en especial consideración la cuan- tía de los bienes de la mujer que administre

penal de

adulterio

Esto

es en

el

caso

que

el

marido, y la conducta que haya observado

la

mujer antes y después del divorcio.» (Art.

175, Código citado). La modesta sustentación no significa que

la mujer haya de vivir con pobreza sino con .

modestia relativamente a la posición que

106 —

ocupa eu la sociedad, a los bienes que posea

y a los recursos de su marido. Las reglas contenidas en el núm. 133 son también aplicables al divorcio perpetuo. Lo es igualmente lo que hemos enunciado respecto de las espensas que el marido está obligado a proporcionar a la mujer para sus defensas judiciales, sea contra él o contra terceros, mientras pende el juicio de divor- cio; pero terminado éste, tales espensas solo tendrán lugar cuando el marido continúe administrando los bienes de la mujer. 141.—«El marido que se encuentra en in- dijencia tiene derecho para ser socorrido por

la mujer, en lo que necesite para su modesta

sustentación, aunque el sea el que ha dado

motivo al divorcio; pero eu e.;te caso el juez,

al reglar la contribución, tomará en cuenta

la conducta del marido.» (Art. 176, Código citado).

En ningún

caso los derechos del marido,

que no administre los bienes de su mujer di-

respecto de

ésta, que a obtener el sustento. 142.—Cualquiera que haya sido la culpa del marido o de la mujer, tendrán facultad uno y otro de solicitar alimentos; pues, ape- sar de la regla consignada en el artículo 325 sobre que en caso de injuria atroz cesa la obligación de alimentar, siendo ésta la regla jeneral y aquélla la especial, y no estable- ciendo la lei en esta parte semejante escep-

vorciada,

se

estenderán a mas,

107 —

cion, creemos que debe prevalecer la dispo- sición de los artículos 175 y 176, copiados en los dos números anteriores. Art. 13, C. C.

III.

Efectos

del

divorcio

perpetuo

respecto

de los

bienes.

143.—«En virtud del divorcio perpetuo se restituyen a la mujer sus bienes, y se dispo- ne de los gananciales como en el caso de la disolución por causa de muerte, sin perjuicio de las escepciones que se van a esponer.» (Art. 173, Código Civil). Se efectúa, por consiguiente, una separa- ción jeneral de bienes, en la cual rejirán las reglas del cap. XI, § VI. Todas las conse- cuencias de esa separación tendrán lugar en- tre los cónyujes divorciados. La mujer no adquirirá desde entonces derecho alguno a las utilidades que consiga su marido, ni éste a las ganancias de aquélla. 144.—«La mujer divorciada administra con independencia del marido los bienes que ha sacado del poder de éste o que después

del divorcio ha adquirido.»

En virtud de esta administración separada podrá la mujer presentarse enjuicio sin au- torización de su marido, celebrar contratos, adquirir, enajenar sus bienes muebles; y considerándose esta separación como en el caso de disolución de la sociedad conyugal por causa de muerte, podrá también vender

(Art.

173, C. C).

108 —

e hipotecar sus inmuebles como si fuese sol-

tera, no obstante que sobre este punto la ju- risprudencia de nuestros Tribunales no es uniforme; pero si la mujer fuese menor de edad, no podrá celebrar contratos sino como un menor de edad. En este caso deberá tener

curador para la administración de sus bienes,

a menos que siendo mayor de veintiún años

obtenga la habilitación, que entonces quedará sujeta a los preceptos relativos al habilitado.

Tendrá también facultad de comerciar la mujer divorciada sin autorización alguna, haciendo inscribir en el rejistro de comercio, que es llevado por uno de los notarios de cada departamento, la sentencia de divorcio. Esta inscripción deberá efectuarse dentro de quince dias, a mas tardar, desde que la mu- jer haya principiado a ejercer el comercio, y en el rejistro que corresponda al lugar en que jira . (Arts. 16 a 23, C. de C.) 145.—«Si la mujer hubiere dado causa al divorcio por adulterio, perderá todo derecho

a los gananciales, y el marido tendrá la ad-

ministración y usufructo de los bienes de ella, escepto aquellos que la mujer adminis- tre como separada de bienes y los que ad- quiera a cualquier título después del divor- cio.» (Código Civil, art. 171, inc. l.°)

Continuará en este caso el marido gozando

de los bienes de su mujer, como si el divor-

cio no

de proporcionarle el sustento. Pero, si la mu-

sin mas obligación que la

existiera,

— 109

-

jer estuviese administrando a la fecha del divorcio, por separación de bienes anterior,

todos o una parte de sus haberes, continuará

en

esta administración con la independencia

de

mujer divorciada. Eu igual situación es-

tará respecto de los que adquiera después. 146.—«En el caso de administración frau- dulenta del marido, tendrá derecho la mujer para que se pongan los suyos a cargo de un curador de bienes; y lo mismo será si peli- graren por una administración imprudente y descuidada; pero en este caso podrá el ma-

rido retenerlos prestando fianzas o hipotecas que aseguren suficientemente los intereses

de su mujer.»

El fraude consiste en la intención positiva de inferir daño eu la propiedad ajena. Ha- brá, administración fraudulenta cuando el marido tenga voluntad de perder o dilapidar

los intereses de su mujer; y será imprudente

o descuidada cuando no se emplee aquella

dilijencia y tino que los hombres acostum-

bran ordinariamente en sus negocios propios.

(Art. 171 citado, inciso 2.°)

(C.

C ,

art. 44).

Para obtener el nombramiento de curador de bienes se necesitará que en juicio plena- rio se pruebe y califique el fraude, la impru- dencia o el descuido. 147.—«El cónyuje inocente podrá revocar las donaciones que hubiere hecho al culpable,

hubiere dado causa al di-

vorcio por adulterio, sevicia atroz, atentado

siempre

que

éste

110 —

contra la vida del otro eónyuje u otro crimen

de igua l gravedad.» (Art.

172, C. C.)

Están comprendidas por tanto las causales 1. a y 2. a de las enumeradas en el párrafo an- terior, y creemos por lo menos de igual gra- vedad las 3. a y 4. a

Parece que para que haya derecho a la acción revocatoria, es preciso que el crimen sea de un eónyuje contra el otro; así es que no juzgamos aludidas las causales 11 y 13. Los ejemplos que enumera la ley, inducen a sostener esa opinión. El artículo 1428 del •mismo Código, que establece que las dona- ciones son revocables por ingratitud y consi- dera como tal cualquiera hecho del donata- rio que le hiciera indigno de heredar al donante, corrobora nuestro parecer.

148.—«Si la criminalidad del eónyuje contra quien se ha obtenido el divorcio fuere atenuada por circunstancias graves en la conducta del eónyuje que lo solicita, podrá el juez moderar el rigor de las disposiciones precedentes, sea concediendo a la mujer la restitución de una parte o el todo de sus bie- nes, no obstante lo dispuesto en el artículo 171 (núm. 145), sea denegando las acciones revocatorias concedidas en el artículo 172 (núm. 147), sea modificando el valor de las contribuciones ordenadas por los artículos 174, 175 y 176, sea adoptando la regla del artículo 170 (núm. 143), sin escepcion algu -

na

(Art. 177, Código citado).

I l i

Esta disposición es aplicable también cuan- do ambos consortes solicitan el divorcio o prueban causales suficientes. El juez posee facultad para apreciar la conducta de los cónyujes y para elejir cual- quiera de estas medidas, tomando en cuenta el mérito de las causas alegadas.

SECCIÓN III

DE

LOS

HIJOS

EN

CASO

DE

DIVORCIO

I.—De la

tenenci a

de

los

hijos

' 149—«A la madre divorciada, baya dado o

nó motivo al divorcio, toca cuidar personal- mente de los hijos menores de cinco años sin

hijas de toda

edad. Sin embargo, no se le confiará el cui- dado de los hijos de cualquiera edad o sexo, cuando por la depravación de la madre sea de temer que se perviertan, lo que siempre sucederá «i ha sido el adulterio de la madre lo que ha dado causa al divorcio. «En estos casos o en el de hallarse inhabi- litada por otra causa, podrá confiarse el cui- dado personal de todos los hijos de uno y otro sexo, al padre.» Art. 223, C. C. Según la gravedad que encierran las cau-

casi siempre que

la madre haya dado

distinción de sexos y de las

causa a él,

habrá

dere-

— 112

-

che- para separar a los hijos de su lado, pues en unos casos, como son los que se indican

la 1. a , 2. a , 3. a , 9. a , 11 y 13, existe verda- dera depravación, y en los otros, que son los ue menciona la causal 10 habrá inhabilidad

e parte de la madre. 150—«Toca al padre durante el divorcio

el cuidado personal de los hijos varones des- de que han cumplido cinco años, salvo que or depravación del padre o por otra causa

e inhabilidad, prefiera el juez confiarlos a la madre.» Art. 224, C. C.

que acabamos de hacer

son aplicables al padre, agregando que la causal 4. a hace presumir depravación; no obstante, el adulterio del padre no será en muchas circunstancias motivo suficiente pa- ra sacar los hijos de su cuidado personal. 151—«Podrá el juez en casó de inhabili- dad física o moral de ambos padres confiar el cuidado personal de los hijos a otra persona o personas competentes.» «En la elección de estas personas se preferirá a los consanguí- neos mas próximos.» Art. 225. «El juez pro- cederá para todas estas resoluciones, breve y sumariamente , oyend o a lo s parientes. » (1)

en

Las observaciones

(1) «En los casos en que la ley dispone que se oiga a los parientes de ana persona, se entenderán compren- didas en esa denominación, elcónyuje de ésta, sus con- sanguíneos lejítimos de uno y otro sexo' mayores de edad, y si fuere hijo natural su padre y madre que lo

113 —

Art. 226. «Al padre o madre de cuyo cuidado personal se sacaren los hijos, no por eso se pro- hibirá visitarlos, con la frecuencia y libertad que el juez estimare conveniente.» «El juez fijará el lugar, número y condiciones de las visitas.» Art. 227, C. C.

de familia podrá so-

licitar que se le saque del lado de sus pa-

dres, si éstos se encuentran comprendidos en alguna de las inhabilidades precedentes, en

correspondiente

cuyo caso el juez le dará el curador.» Art. 257, C. C.

152—«El mismo hijo

II.—Crianza y educación de los hijos

153—«En el estado de separación ambos cónyujes deben proveer a las necesidades de la familia común a proporción de sus faculta- des. «El juez, eu caso necesario, reglará la contribución.» Art. 160, C. C.

ni el padre, a pesar de corres-

ponderle la tenencia de alguno o de todos sus hijos estará obligado a su crianza y edu-

hayan reconocido, y sus hermanos naturales mayores de edad. A falta de consanguíneos en suficiente número serán oidos los afines lejítimos. «Serán preferidos los -descendientes y ascendientes a los colaterales, y entre éstos los de mas cercano parentesco. «Los parientes se- rán citados y comparecerán a ser oidos verbalmente en la forma prescrita por el Código de Enjuiciamiento.» Art. 42, C. C.

La madre

8

114 —

cacion por sí solo; debe concurrir el otra cónyuje según sus facultades. Aun cuando al tratar de la sociedad con- yugal heñios dicho algo sobre esta materia, agregaremos que los gastos de crianza y educación correrán de cuenta del marido, contribuyendo la mujer en la proporción que el juez designare, y estará obligada a con- tribuir aun la mujer divorciada que no haya dado causa al divorcio.

«Pero si un hijo tuviere bienes propios, los

caso ne-

po-

íntegros

gastos de su nesario, los drán sacarse

los capitales en cuanto sea posible.» 154—Ambos padres para garantir el pago de la contrib el juez les haya fija- do pueden solicitarla medida precautoria de que se imponga un capital equivalente en una caja de ahorros, para que los intereses satisfagan la cuota que corresponda, tal co- mo hemos indicado en favor de la mujer y del marido en la sección precedente.

establecimiento y, en

de

su

crianza y educación,

de ellos, conservando

III.—Hijos concebidos

en

divorcio

155—El hijo concebido

durante

el

divor-.

ció temporal o perpetuo no tiene derecho pa- ra que el marido le reconozca, a menos que pruebe que ha intervenido reconciliación privada entre los cónyujes; pero el marido podrá prestarle libremente su reconocimiento.

156—Cuando la mujer que solicita o que ña obtenido divorcio se crea embarazada, deberá denunciarlo al marido y a falta de és- te a uno de sus consanguíneos mayores de edad prefiriendo a los ascendientes lejítimos, dentro de treinta dias contados desde que se separó de aquel; pero si hubiere retardo en la denuncia el juez podrá, con justa causa, declararla aceptable. Entonces el marido o el pariente indicado tendrá derecho de en- viar a su costa a la mujer una compañera y una matrona que inspeccionen el parto, y a «¡xijir que su esposa sea colocada en el seno de una familia honesta y de su confianza; pero la mujer, si tuviere fundadas razones para no aceptar las personas o la familia ele- jidas por el marido, podrá pedir al juez que le señale otras. 157—Realizándose la guarda e inspección de la compañera y de la matrona o no exi- jiéndolas el marido o sus consanguíneos, es- tarán obligados éstos a aceptar el hecho y circunstancias del parto, pudiendo, no obs- tante, objetarse la lejitimidad del hijo con ar- reglo a la ley. Si por culpa de la mujer no se realiza la guarda e inspección, deberá ésta o el hijo probar inequívocamente en juicio contradictorio el hecho y circunstancias del parto . (C. C. tít . VII, lib . 1.)

-11 6

SECCtON IV

PRESCRIPCIÓN

Y

TERMINACIÓN

DEL

DIVORCIO

I.—De la

prescripción

158—«La acción de divorcio prescribe en un año, contado desde que se tuvo conoci- miento del hecho en que se funda.» Art. 26, ley de 10 de Enero. Caen bajo una misma regla el divorcio temporal que el perpetuo; vencido el año desde que se tuvo conocimiento de la causal se estingue por completo la acción, y para la ley es lo mismo que si esa causa no existie- ra. No obstante, aquellos hechos que se re- piten, como las tentativas de prostitución autorizan el divorcio cada vez que se efectúan. 159—En la prescripción de las acciones civiles y de algunas criminales hai suspen- sión e interrupción; en ésta no las esta- blece la ley. El año corre seguidamente, pu- niendo solo interrumpirlo la acción misma instaurada contra el culpable: y aun en este caso si se ha paralizado el juicio por mas de tres años, también se entenderá prescrita. 160—Acaso es equiparable esta acción con la criminal por adulterio, y en el silencio de la ley respecto del tiempo durante el cual pueda alegarse ignorancia del hecho que ori- jin a el divorcio, talvez seria aplicable la re-

— 117

-

gla de que

acción después de cinco años contados desde

caso se admitirá esta

en

ningún

qu e se

efectuó ese

hecho . (O. C ,

377.)

II.—De la

terminación

del

divorcio

concluye por la espiración del tiempo durante el cual tué decretado. El temporal y el perpetuo terminan igualmente, (núm. 127) por renuncia, sea del derecho de pedirlo, o sea del divorcio mis- mo ya decretado. La reconciliación de los cónyujes, o sea la renuncia tácita, pone tér- mino a la separación de los divorciados. Se entiende que hai reconciliación cuando ha mediado cohabitación. «El divorcio y sus efectos cesarán cuando los cónyujes consin- tieren en volver a reunirse.» 162—«Se esceptiía de lo dispuesto en el

inciso anterior, el caso de divorcio sentencia-

do por las causales 4. a y 13. a del art. 21.»

27, ley de Enero citada. Véase el núm. 136.

ÍSTo habiendo sentencia, la renuncia y re- conciliación pone fin al divorcio, cualquiera que sea la causa que lo motiva. No existe en ese caso la escepcion precedente. Dictada resolución definitiva, no se consideran por la ley como legalmente reunidos los consortes, que se hubieren divorciado por las causales

restablecerá.

Art.

4. a y 13. Por consiguiente, ni se

— 118 —

la sociedad

obligados a continuar viviendo juntos.

163.—Los cónyujes que no estén com- prendidos en las dos escepcioues indicadas, y quieran legalizar su nueva unión, deben cumplir el siguiente precepto del Código

Civil: «Si se reconciliaren los divorciados, se restituirán las cosas, por lo tocante a la so- ciedad conyugal y a la administración de los bienes, al estado en que antes del divor- cio se hallaban, como si no hubiese existido el divorcio. Esta restitución deberá ser de-

cretada por el juez a petición

yujes, y producirá los mismos efectos que el restablecimiento de la administración del marido en el caso del artículo 165» (Art. 178).

La disposición a que este artículo se refie- re, aplicada al divorcio, determina que el restablecimiento de la administración del marido restituye las cosas al estado anterior, como si el divorcio no hubiere existido; pero valdrán todos los actos ejecutados lejítima- mente por la mujer mientras fué divorciada. El marido, para poner a cubierto su respon- sabilidad, hará constar por inventario solem- ne los bienes de la mujer que entren de nue- vo a su administración.

conyugal

entre ellos, ni estarán

de ambos cón-

164.—El

divorcio

termina ademas por la

declaración

de

nulidad

y

por la

disolución

— 119

-

del matrimonio,

los dos capítulos siguientes.

materias que trataremos en

NOTA.—Toda sentencia que declare el di- vorcio perpetuo deberá ser inscrita en el Re- jislro Oioil del departamento o ciudad en que se hubiere dictado. (Ley de 17 de julio).

CAPITULO XV

D E

LA.

NULIDA D

DE L

MATRIMONI O

(1)

al a iglesia correspondía fijar

las causales de nulidad de un matrimonio y conocer de los juicios que respecto de ellas se promovieran. Pero la ley sobre matrimo- nio civil ha quitado a la autoridad eclesiásti- ca estas atribuciones, y se las ha concedido a la autoridad civil, de modo que solamente los fallos de ésta producen efectos civiles y pueden hacerse cumplir con el auxilio de la fuerza pública.

165.—Antes

I.—De las causales de

nulidad.

166.—El matrimonio celebrado con cual- quiera de los impedimentos designados en los artículos 4.°, 5.°, 6.° y 7.°, es nulo.» (Art. 29, ley de 10 de enero. V. los núms. 11 a 16). Estos impedimentos se han estudiado en

(1)