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Cuerpo de mujer y biopolítica

Una reflexión a propósito del 25 de Noviembre Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

DORIS LAMUS CANAVATE i

La sociedad moderna-patriarcal construye su poder mediante el control del cuerpo y de

la vida de las personas, a través de procesos de normalización que se inician con la

socialización primaria en la familiay que, según Foucault, se concentran en escuelas,

hospitales, ejércitos, fábricas, lugares en los que nuestros cuerpos dóciles 1 son

entrenados, acondicionados y controlados por especialista de distintas disciplinas:

médicos, psiquiatras, psicólogos, criminólogos, abogados, jueces, procuradores, entre

otros muchos.

En el caso de los cuerpos femeninos, el efecto de poder obedece a mecanismo de

producción de categorías que a la vez que hacen visible su existencia (madre, cabeza de

hogar, ama de casa, desplazada, mortalidad materna, aborto, fecundidad, etc.)

transforma individuos en sujetos, sujeto en su doble sentido: el de atado a su propia

identidad y el de sometido a otros a través del control y la dependencia 2 (es decir, nada

que ver con autonomía y capacidad de decisión). Esta subjetividad implica también una

doble operación: la de hacerlas visibles al hablar de ellas y sus cuerpos y en este

sentido hacerlas objeto de intervención y de políticas públicasy la de ocultar,

silenciar sus propias vidas, su existencia, su experiencia, tras las cifras, las metas, los

objetivos. Lo que definitivamente no cambia en estas operaciones es la naturaleza del

régimen de representación que las produce, la naturaleza patriarcal de éste. De este

singular poder de conducir conductas mediante una biopolítica 3 en este caso dirigido a

la población femenina de la sociedad, quisiera ocuparme en este ensayo.

1 Foucault, Michel, Vigilar y Castigar, capítulo 2.

2 Michel Foucault, El sujeto y el poder, en Revista Mexicana de Sociología, año L, No. 3, junio- septiembre de 1988, p. 7.

3 A partir del siglo XVIII la vida se instala en el centro de la política estatal y ya no depende de una decisión personal del soberano, ahora se trata de producir la vida y darle forma, hacerla más eficiente, más productiva, más regulada, menos sometida a las contingencias (Castro Gómez, p. 56, citando a Foucault, 2000:218).

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En sociedades como las iberolatinoamericanas en las cuales la modernidad ingresó de la mano de la Corona, la Espada y la Cruz, la Iglesia católica hizo su trabajo de “civilización” y extirpación de ideologías paganas. Accedimos a una modernidad presidida de una razón violenta y no secularizada, contrariamente a lo que han pretendido enseñarnos las ciencias sociales, acerca de una modernidad civilizada, ilustrada y racional. De este modo, nuestras naciones están cimentadas en principios religiosos aunque tengan, muy recientemente, declaraciones acerca de su laicidad. Así las cosas, la normalización de la sociedad pasa también por el control religioso (los especialistas en “el alma”). Paradójicamente, casi nadie quiere recordar que la expansión de la Cristiandad en el mundo fue una gran cruzada violenta, sangrienta y temeraria, la imposición de una verdad.

Por otro lado, la medicalización alude a esa influencia que la medicina ha tomado en casi todos los aspectos de la vida cotidiana en las sociedades moderno-occidentales; tiene, sin embargo, una acepción crítica en tanto subraya los efectos negativos y

contrarios al buen vivir 4 . La medicalización del lenguaje es la mejor expresión de esta expropiación por parte ya no sólo de la medicina sino por todo el que quiere dar a sus intervenciones carácter “científico”. De este modo, el saber-poder de la medicina establece un orden normativo que junto con el de la religión y el derecho, conforman una estructura que se ha investido de un halo de cientificidad, así como de un status profesional y político 5 .

así como de un status profesional y polític o 5 . 4 Me gustaría aspirar al

4 Me gustaría aspirar al buen vivir, Sumak Kawasay, conceptualizado en la Constitución de Ecuador, capí tulo segundo, Derechos del Buen Vivir. 5 Ver en José Alberto Mainetti, “La medicalización de la vida y el lenguaje”. También, Ética Médica. Introducción histórica, Cap. VII “La medicina moderna”, pp.57-69. La Plata, Quirón 1989. Y La crisis de la razón médica. Introducción a la filosofía de la medicina, Cap. I “La crisis de la medicina”, pp. 9-20. La Plata, Quirón 1988. Disponible en:

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Si por medicalización entendemos la influencia e influencia es poderde la medicina en todos los ámbitos de la vida en sociedad, por judicialización podemos entender los procesos mediante los cuales asuntos de la sociedad o de la política, o de cualquiera otra esfera de la vida, son trasferidos al ámbito judicial para su tramitación y eventual “resolución”; en este sentido, lo judicial toma un papel creciente y central en la vida de la gente y de la sociedad 6 .

Si bien este puede ser un debate pertinente en Colombia, mi preocupación no es no por poco importantesi se incrementan las demandas y se saturan los juzgados y colapsa el sistema. Propongo mirar la judicialización como analizábamos la medicalización, es decir, como un proceso creciente de invasión de los espacios de “libre desarrollo de la personalidad” y otros derechos en que la sociedad puede y debe plantear y dirimir sus controversias, sin tener que ajustarse a los esquemas de ley, con el grave riesgo del empapelamiento indefinido, de quedar en el limbo del procedimiento, del juego de ping pong de la burocracia judicial, de la técnica jurídicaque entienden solo los “expertos”, sobre todo cuando sabemos que los problemas los sufren y los lloran millones de seres que ven reducidas sus expectativas a una infinitamente prorrogada o abortada, según la conveniencia institucional, decisión judicial, siempre sujeta al poder económico.

Aquí hablamos entonces de la visión que la sociedad nuestra sociedadtiene del papel de la justicia en relación con el de otras instancias de ella, tales como la intermediación política y de la sociedad civil. La pregunta es si en aras de una eficacia del sistema eficacia que evidentemente no logra a pesar del incremento de sus costos de sostenimiento burocrático, quedamos atrapados con nuestros problemas más sentidos e inmediatos, en esa maraña tecnocrática de los expertos que hacen abstracción de la gente, limitándose al dominio de lo técnico-jurídico. Alguien me podría decir con razón que en eso consiste la cientificidad del asunto, del efecto verdad y poder.

6 Oscar A. Bottinelli, politólogo Director de Factum, publicación virtual uruguaya de análisis político

http://www.factum.edu.uy/estpol/anapol/2003/anp03037.html

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De hecho, la medicalización y la judicialización del lenguaje es la mejor expresión del poder que tienen los discursos de estas disciplinas en la vida cotidiana. Cada individuo tiene que apropiarse de esa jerga para reclamar sus derechos o, en su defecto, pagar a un experto para que medie en la comprensión inútil de la diatriba en innumerables códigos, leyes, artículos, versículo, incisos; o la denominación “científica” de la patología que todavía no diagnostican se le da un nombre raro a padecimientos frecuentesy la mayoría de las veces constituye una infinita adivinanza 7 . En el entretanto el paciente, es decir el que tiene la paciencia o la necesidad de someterse a los trámites de la EPS , de la ley 100, de la objeción de conciencia del uno y del otro, se enferma de veras o llega a término un embarazo incompatible con la vida. Sin embargo, cuando al “sistema” le interesa, traduce para “el pueblo” la jerga técnica a un lenguaje “fácil” con lo cual además manipula y transforma el mensaje y su contenido. Ya no es la clínica para la mujer o la pedagogía sobre la sentencia que despenaliza el aborto en tres circunstancias específicas; es la cínica y la cátedra del aborto, o la manipulación de una discusión tan profunda e interminable como la del inicio y el fin de la vida, como proponían recientemente los cofrades godos civiles y religiosos de este país.

Así las cosas, tenemos que confesar para seguir con el discurso religiosoque cuando los beneméritos patriarcas controlan la nación, la justicia, los púlpitos, tienen tanta influencia en los medios de comunicación y presencia en plazas y calles de las principales ciudades de este país, el temor que nos asalta a las mujeres es que deje de operar la justicia en un Estado supuestamente laico y de paso a la Santa Inquisición a la cual se rinden cuentas de pecados, no de delitosy volvamos a la hoguera simbólica por pecadoras, herejesy abortistas. Es posible que nos estemos contagiando del ambiente conspirativo que existe hoy en la región, pero creemos tener razones suficientes para sentirnos amenazadas.

Aunque muchos de los avances en la vida de la sociedad moderna han permitido un mayor y mejor posicionamiento de las mujeres en las distintas esferas de actuación pública; aunque los niveles de escolaridad y profesionalización sean hoy también significativos e importantes, no es posible decir lo mismo con respecto a algunos problemas inscritos en la cultura y en las creencias más arraigadas de la gente: la

7 Véase la serie de televisión Dr. House, por ejemplo.

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violencia con sus múltiples rostros que encuentra en el cuerpo de las mujeres el objeto de todas las irracionalidades la guerra la peor de todasdel sistema patriarcal. Y lo que más preocupa es el ambiente confesional que se generaliza en la “institucionalidad”, y el eco que tiene en amplios sectores de la “sociedad civil”.

Con respecto a las cifras, si bien tenemos serios reparos a la terminología en uso para referirse a las diversas manifestaciones de la violencia específica de la que son objeto las mujeres 8 por cuanto este mismo lenguaje oculta el efecto de poder que contiene, es preciso recurrir a las denominaciones “oficiales” para dar cuenta del estado de la cuestión en cualquier país.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia registró durante 2010 un total de 89.436 casos de violencia intrafamiliar, 4.426 menos que en el 2009, año en el que se conocieron 93.862. La tasa nacional fue de 196,53 por cada cien mil habitantes. La distribución porcentual según sexo mostró cómo las mujeres en su gran mayoría, son las víctimas más frecuentes, con el 78% frente a los hombres con el 22%. El rango de edad comprendido entre los 25 a los 29 años fue el más afectado con el 17,7% seguido del de los 20 a 24 con 17,2%. La violencia de pareja fue el contexto del hecho que ocupó el primer lugar con el 64,7% de la violencia entre otros familiares; seguido de la violencia a niños, niñas y adolescentes y, por último, la violencia al adulto mayor (Forensis, 2010,100). Así mismo, en Colombia mueren cada cinco días, aproximadamente, una mujer en manos de su pareja o ex pareja. Las organizaciones de mujeres de todas las ciudades de Colombia denuncian permanentemente estos hechos que han empezado a identificarse, en muchos casos, como feminicidos 9 o asesinatos a mujeres por el hecho de serlo.

9 Violencia de género: http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/un-tercio-de-las-mujeres-son-

forzadas-a-tener-relaciones-sexuales_8128446-4

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/violencia-de-pareja-se-inicia-a-los-11-anos_8123201-4

Feminicidios:

http://www.comuna8.org/spip.php?article264

http://www.redsemlac.net/web/index.php?option=com_content&view=article&id=139:colombia-tres-

acepciones-de-feminicidio-un-solo-delito-sancionable&catid=53:violencia-de-genero&Itemid=72

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Es necesario señalar que el prolongado conflicto armado que vivimos en Colombia ha inscrito en el cuerpo de las mujeres las huellas indelebles de décadas de confrontación armada, en cuyo contexto, como en el de toda guerra, ellas sufren las consecuencias

directas e indirectas de tal situación, son tomadas como botín de guerra, como objeto de escarmiento culturalpara los hombres y de intimidación para unas y otros, sin que se presenten diferencias en la conducta de los actores armados, todos actúan de la misma brutal manera. Las cifras en estos casos son no sólo de poco interés para la “institucionalidad”, sino que suelen manejarse con un franco y burdo desconocimiento

de

las sutilezas 10 de los dolores de nuestros cuerpos; ojalá les doliera una mujer en todo

el

cuerpo, como ha escrito Florence Thomas 11 . Han sido las organizaciones de mujeres

las encargadas de denunciar, desde hace varias décadas, la vergüenza de una guerra que,

como todas, convierte la vida y los cuerpos de las mujeres en blanco de destrucción y perversión.

Sin embargo, nuestros temores no hacen más que reforzar una tenaz lucha llevada a cabo a lo largo de varias décadas, por defender lo que no requeriría discusión alguna: El derecho a una vida libre de violencia. Con la intención de modificar prácticas milenarias han venido trabajando organismos como Naciones Unidas, prácticamente desde su creación. La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer fue aprobada por la a Asamblea General de Naciones Unidas el 18 de diciembre de 1979, en Nairobi. En Colombia es ratificada mediante la Ley 51 de 1981 y reglamentada mediante Decreto 1398 de 1990.

Desde 1981, en fecha propuesta por las asistentes al Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia, se conmemora el 25 de

noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres 12 . Desde entonces, en esta fecha, en cada ciudad del continente latinoamericano

y del Caribe, miles de mujeres realizan múltiples manifestaciones de denuncia y

demanda por su dignidad y respeto. La Asamblea General de Naciones Unidas, el 17 de

10 Olga Amparo Sánchez Gómez José Nicolás López Vivas - Diana Rubriche Cárdenas - María del Pilar Rengifo Cano (2011) Casa de la Mujer, Primera encuesta de prevalencia. Violencia sexual en contra de las mujeres en el contexto del conflicto armado colombiano, 2001-2009 Campaña violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra. Bogotá. 11 http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/florencethomas/ojal-les-duela-una-mujer-en-todo-el-

cuerpo_10545406-4

12 http://www.un.org/depts/dhl/spanish/violence/index.html

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diciembre de 1999, mediante resolución 54/134 ha ratificado el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

En Colombia, la Constitución de 1991 introdujo una serie de conquistas importantes para las mujeres 13 ; sin embargo, muchas de ellas quedaron inscritas en el ámbito familiar. De tal manera, la Ley 294 de 1996, desarrolla el artículo 42 de la Constitución Política y se dictan normas para prevenir, remediar y sancionar la violencia intrafamiliar. Luego vendrán otras normas:

Ley 575 de 2000, por medio de la cual se reforma parcialmente la Ley 294 de 1996. Las modificaciones introducidas son el establecimiento de competencia para las Comisarías de Familia en la atención a víctimas de violencia intrafamiliar, la ampliación de las medidas de protección para las víctimas y la imposición de sanciones por incumplimiento de dichas medidas.

Ley 1142 de 2007, por medio de la cual se reforman parcialmente las Leyes 906 de 2004, 599 de 2000 y 600 de 2000 y se adoptan medidas para la prevención y represión de la actividad delictiva de especial impacto para la convivencia y seguridad ciudadana. Con esta Ley el delito de violencia intrafamiliar deja de ser querellable, se aumenta la pena de prisión de 4 a 8 años y se agrava la pena cuando la conducta recaiga sobre un menor de edad, una mujer, una persona mayor de sesenta y cinco (65) años o que se encuentre en incapacidad o disminución física, sensorial y psicológica o quien se encuentre en estado de indefensión. No obstante los avances allí logrados tuvieron un penoso retroceso frente a la no querellabilidad, que seguirá siendo objeto de debate en el las siguientes normas.

Por último, la Ley 1257 de 2008 por la cual se dictan normas de sensibilización, prevención y sanción de formas de violencia y discriminación contra las mujeres, se reforman los Códigos Penal, de Procedimiento Penal , la Ley 294 de 1996 y se dictan otras disposiciones, con la cual el asunto de la violencia de género, queda nuevamente en el centro del cuestionamiento. Es un delito. Mientras revisábamos la versión final de

13 Lamus Canavate, Doris. De la Subversión a la Inclusión: movimientos sociales de mujeres de la

segunda ola en Colombia, 1975-2005. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, Icanh, Bogotá,

2010.

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este ensayo, la bancada de mujeres del Congreso radicó un proyecto de ley, en uno de cuyos parágrafos quedó consignado que “en todos los casos en que se tenga conocimiento de la comisión de conductas relacionadas con los delitos de violencia intrafamiliar e inasistencia alimentaria, las autoridades judiciales investigarán de oficio”. Con ello se busca establecer que los procesos de violencia contra las mujeres podrían iniciarse de oficio, sin conciliación; también se incluye la inasistencia alimentaria, que al igual que la violencia intrafamiliar está tipificada en los artículos 229 y 233 del Código Penal.

La Ley 1257 es tal vez la más avanzada en esta historia de leyes, con la particularidad de haber sido propuesta y debatida por la bancada de mujeres del Congreso de la República con la cual se inauguran como bancada femenina, así como de haber sido discutida también por las organizaciones sociales y del movimiento de mujeres 14 , quienes llevan décadas luchando por el reconocimiento de su derecho a no ser maltratada, humillada, mutilada, violada, explotada y subyugada, hasta por el más íntimo 15 .

Y esto último hay que subrayarlo, las leyes no son concesión graciosa del legislador.

Son las referidas a la condición jurídica de las mujeres, una conquista de sectores influyentes de la sociedad civil que se organizan para obtener lo que les corresponde:

derechos, reconocimiento, protección, seguridad, calidad de vida, respeto. Habría que insistir así mismo en que si bien la existencia de normas jurídicas nacionales e internacionales constituyen un importante instrumento, tenemos que tener bien presente que las normas por sí mismas no modifican la cultura la mentalidad patriarcal, el machismo, las tradicionesy que, además, como intentamos argumentar al inicio de

este escrito, operan dentro de la lógica biopolítica del poder dominante.

A las mujeres de Colombia, como a las del resto del continente y del mundo occidental

y buena parte del oriental, les ha correspondido enfrentarse a sus congéneres varones por el reconocimiento de sus derechos. Sin ir más atrás, por lo menos desde la

14 Claudia Ramírez, “Crónica del proceso de formulación y aprobación de la ley sobre violencia contra la mujer”. Corporación Sisma Mujer. Experiencia de la mesa por la ley, diciembre de 2008. El proyecto en su formulación inicial incluyó un artículo sobre la no querellabilidad, pero fue eliminado durante el trámite pues la ley 1142 de 2007 conocida como ley de Seguridad y Convivencia Ciudadana que tenía un trámite más adelantado en el Congreso, previó la no querellabilidad de estos delitos.

15 López Yolanda, ¿Por qué se maltrata al más íntimo?, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,

2002.

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Revolución Francesa, estamos en esta tarea. Afortunadamente algunos avances se han conseguido. Pero hay dos temas o dimensiones de la vida humana que resultan muy poco permeados por los cambios, tal vez porque son el núcleo duro de la subordinación a la que la cultura moderna y patriarcal ha sometido a las mujeres: uno, el asunto de la participación política en los cargos de dirección, elección, representación y decisión de la vida nacional. El segundo es el de la violencia en todas sus formas, ambos profundamente implicados en una cultura androcéntrica.

En el primero de los asuntos pueden aparecer diversas justificacionespara excluir a las mujeres de los procesos políticos-electorales. Todavía puede oírse la voz de los revolucionarios franceses diciendo: “no es por ser mujer que se las excluye de la política, es por no ser ilustradas” 16 . Pero, en el segundo caso, ¿cuál es la justificaciónpara que se maltrate a una mujer? Y no es invocando la fragilidad, la debilidad de la “naturaleza femenina” (“… ni con el pétalo de una rosa”) como razonamos acerca de lo inconcebible de un acto de esta clase. Detrás de la violencia contra las mujeres hay machismo, misoginia, miedo, abuso de poder y de fuerza, brutalidad, ignorancia, estupidez humana de la más osada. Naturalización, conveniencia, utilización, soberbia; creencias antiguas, de siglos de existencia y, por lo mismo, inscritas en las prácticas culturales, en las mentalidades y en los libros sagrados. Por ello también la inoperancia de normas, convenciones, tratados y similares.

El cuerpo, nuestro cuerpo, es el bien más preciado y el único que tenemos. Debemos cuidarlo, protegerlo, respetarlo y exigir el respeto debido por parte de los demás, personas e instituciones, pero ante todo, de los varones. Cuidarlo para nuestra vida y para la salud de la sociedad, no para complacer o satisfacer a otros. Las musulmanas ocultan sus cuerpos porque según sus preceptos religiosos, son una tentación para los santos varones. En occidente, no ocultamos el cuerpo, incluso el mercado y la moda hace presa fácil de los cuerpos de muchas mujeres, pero las violaciones y apreciaciones sobre los cuerpos de las mujeres tienen tras de sí, los mismos argumentos: ¿para qué se viste así?, está buscando lo que no se le ha perdido. Inclusive, suelen ver en cualquier acto de autonomía de las mujeres, simple y burdo “libertinaje”. Hoy que está

16 Condorcet, Sobre la admisión de las mujeres al derecho de ciudadanía, No. 5, Journal de la Société de 1789, julio de 1790. En Sazbón, José, Cuatro Mujeres en la Revolución Francesa (Apéndice), Editorial Biblos, Buenos Aires, 2007 pp. 201-211.

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planteado el debate sobre la calidad y los costos de la educación superior, es necesario incluir en éste, las consideraciones de género en los procesos educativos no sólo en la universidad, sino desde la socialización familiar y en el preescolar, pasando por primaria y secundaria. Sólo cambiando mentalidades y prácticas desde su origen podemos aspirar a un mundo libre de violencias contra la mitad de la humanidad.

Referencias bibliográficas

contra la mitad de la humanidad. Referencias bibliográficas Bottinelli, Oscar

Bottinelli, Oscar A.http://www.factum.edu.uy/estpol/anapol/2003/anp03037.html

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i Docente e Investigadora IEP.UNAB. Cofundadora de Fundación Mujer y Futuro, Bucaramanga, Colombia. Dirección electrónica: curramba25@yahoo.com