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Las vanguardias

La etiqueta de Vanguardia se emplea para nombrar la cadena de experimentos artísticos producidos en Europa durante buena parte del siglo XX, cuyo objetivo común es innovar las artes y destruir los restos del arte y la literatura antiguos. Aunque algunos de los ismos nacen muy temprano (el cubismo, por ejemplo, en 1907) su periodo de auge se da entre las dos guerras mundiales. En esos años se da una aglomeración y una vertiginosa sucesión de movimientos, muchos de ellos de vida efímera.

Los principales movimientos de vanguardia, también llamados ismos, europeos son el cubismo, el futurismo, el dadaísmo, el expresionismo y el surrealismo.

El Cubismo es un movimiento esencialmente pictórico. El cubismo literario incluye a Apollinaire y sus caligramas o poemas donde distribuye tipográficamente los versos para formar imágenes visuales.

El Futurismo desde su comienzo (1909) proclama su antipasadismo (es decir, la ruptura radical con el pasado) y alaba el esplendor geométrico del mundo, la civilización mecánica y las conquistas de la técnica. El Futurismo es antirromántico, destierra los sentimientos humanos como materia de arte: El dolor humano no es más importante que el que siente una lámpara eléctrica en un cortocircuito (Marinetti). Sus escritos tratarán de la belleza de las máquinas o de la emoción de la velocidad.

El Dadaísmo fue el movimiento más radicalmente destructivo. Su nombre, elegido al azar, abriendo las páginas de un diccionario con un cuchillo, es como el balbuceo de un niño: no significa nada. Fue fundado en Suiza en plena guerra, en 1916, por Tristan Tzara. Dadá va contra todo, es la negación absoluta. Frente a la razón propugna liberar la fantasía, crear un lenguaje incoherente.

El Expresionismo ofrece un signo diferente al de los otros ismos, así como mayor duración y extensión. Para el Expresionismo , la literatura debe ser un reflejo de las tensiones espirituales internas y un arma de combate contra la sociedad. De ahí el tono pesimista, inquietante y rebelde de sus escritos.

Es el Surrealismo el movimiento de vanguardias más revolucionario y de mayor alcance. Nace en 1924, cuando su líder, André Breton, publica el primer Manifiesto del Surrealismo. Su carácter revolucionario se advierte e su deseo de cambiar la vida del hombre: la verdadera vida está oculta y aplastada y no se podrá descubrir mientras el hombre no alcance la libertad absoluta. El modo de lograrlo es liberar los impulsos reprimidos por el subconsciente y liberarse de la esclavitud impuesta por la sociedad burguesa. Del mismo modo, la creación artística también debe realizarse en libertad. De las técnicas empleadas, la más llamativa es la escritura automática: el escritor debe transcribir fielmente lo que ocupa su mente mientras se halla en un estado cercano al sueño. Otra técnica empleada fue el collage, unión de palabras recortadas de periódicos, folletos, etc., siguiendo oscuras sugerencias.

Las inquietudes renovadoras europeas se conocieron casi inmediatamente en España, especialmente gracias a la labor difusora y al ejemplo creativo de Ramón Gómez de la Serna, creador de las greguerías.

Los ismos hispanos son el Creacionismo y el Ultraísmo. Ambos movimientos presentan la característica común de despreciar la materia sentimental y subjetiva. Su negación de la trascendencia de la literatura es una manera de mostrar su carácter autónomo: nada hay de valor en la literatura fuera de sí misma.

El creador del Creacionismo fue el poeta chileno Vicente Huidobro. Para el Creacionismo, el arte no debe imitar la realidad, la Naturaleza, no actuar como ella, creando: El poeta es un pequeño dios, dirá Huidobro.

El Ultraísmo presenta muchos puntos coincidentes con el Creacionismo. En sus creaciones desaparece la anécdota y se unen imágenes y metáforas irracionales en poemas de verso libre y disposición tipográfica a modo de caligrama. Entre sus representantes sobresalen Guillermo de la Torre y el argentino Jorge Luis Borges.

(Adaptación de Lengua y literatura 2 Ed. Editex)