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¿Influyen los probióticos en el estado emocional? El aparato digestivo se encuentra tapizado por una

¿Influyen los probióticos en el estado emocional?

¿Influyen los probióticos en el estado emocional? El aparato digestivo se encuentra tapizado por una red

El aparato digestivo se encuentra tapizado por una red de neuronas de muy amplio alcance que inclusive algunos científicos la han denominado “segundo cerebro”. Y según recientes estudios, ese segundo cerebro influye en el estado de ánimo, carácter y hasta en el ritmo de sueño.

Bonaz (1) explica que el aparato digestivo tiene un funcionamiento autónomo, pero también tiene una relación bidireccional con nuestro cerebro conocida como la interacción cerebro – intestino (Gut – brain – skin – axis). Esta comunicación está mediada por el sistema nervioso autónomo, es decir, el sistema nervioso simpático y parasimpático, con una diversidad de componentes aferentes y eferentes. El nervio vago, conocido como el principal componente del sistema nervioso parasimpático se encuentra compuesto en un 90% de fibras aferentes que tienen roles fisiológicos (funciones vegetativas). Pero también tiene propiedades anti-inflamatorias tanto a través del eje hipotálamo – pituitario – adrenal (a través de sus vías aferentes) y de la vía colinérgica – anti-inflamatoria (conductos eferentes). El sistema nervioso simpático tiene un efecto antagonista en el sistema nervioso parasimpático con la finalidad de lograr el equilibrio en condiciones normales.

El cerebro es capaz de integrar la información procedente del tracto digestivo a través de una red central autónoma organizada alrededor del hipotálamo, sistema límbico y la corteza cerebral, y en respuesta modificar las reacciones fisiológicas del sistema nervioso autónomo y el eje hipotálamo – pituitario – adrenal. Una disfunción de estas interacciones cerebro - intestino, favorecidas por el estrés, es altamente probable que se vean envueltas en la fisiopatología de enfermedades como el Síndrome de Intestino Irritable e inclusive enfermedad inflamatoria intestinal.

Irritable e inclusive enfermedad inflamatoria intestinal. Publicación del Departamento de Difusión de Yakult S.A. de

Publicación del Departamento de Difusión de Yakult S.A. de C.V. - Enero-Abril 2011 - Número 23 - Año 10

Por otro lado, según el Dr. Michael Gershon (2), el segundo cerebro (conocido temáticamente como sistema nervioso entérico) está compuesto por capas de neuronas ubicadas en las paredes del tubo intestinal, y que contienen unos cien millones de neuronas que funcionan en conexión con el cerebro, y que en parte define el estado mental y tiene un papel clave en determinadas enfermedades que afectan otras partes del organismo. Además de neuronas, en el aparato digestivo están presentes todos los tipos de neurotransmisores que existen en el cerebro. De hecho el 95% de la serotonina, uno de los neurotransmisores más importantes del cuerpo se encuentra en el intestino.

más importantes del cuerpo se encuentra en el intestino. En condiciones saludables, las interacciones entre cerebro

En condiciones saludables, las interacciones entre cerebro e intestino desempeñan un papel crucial en la regulación de los procesos digestivos, en la modulación del sistema inmune asociado al intestino, en la coordinación entre el estado físico y emocional general del organismo y la actividad del tracto gastrointestinal. Así mismo, las alteraciones en la interacción intestino - cerebro es probable que estén involucradas en la generación de síntomas en los trastornos funcionales del tracto gastrointestinal y en la modulación de la actividad inmunitaria en el Síndrome de Colon Irritable (SCI).

Pero la idea de un eje cerebro – intestino no es un concepto nuevo, los primeros estudios científicos sobre el tema se remontan a la década de 1960; pero el hecho de que la comunicación funciona en ambos sentidos y que el intestino “se puede comunicar con el cerebro” es un concepto más reciente. Aún más novedosa es la idea de buscar el papel de la microflora intestinal con la adición de probióticos en ese diálogo transversal cerebro – intestino.

Verdu (3) también documenta que el tracto digestivo funciona a través de una complicada red de conexiones y funciones integrativas, y que estas conexiones ocurren entre los sistemas inmune, el neuromotor, endócrino, la barrera intestinal y el contenido luminal. La función gastrointestinal es coordinada y controlada por el sistema nervioso central para asegurar la motilidad intestinal, la secreción, absorción e inmunidad de la mucosa. Y que por lo tanto es evidente que el intestino mantiene un equilibrio

entre los estímulos luminal, epitelial, inmunológicos y neurotransmisores con el fin de mantener la homeostasis. De ello se deduce que las perturbaciones de cualquiera de estos sistemas pueden conducir a disfunción intestinal.

En la revisión que realiza Verdu, plantea la hipótesis general de que el contenido intestinal es crucial para determinar lo que se considera la fisiología gastrointestinal normal, y por

lo tanto que la alteración en el contenido luminal mediante la

manipulación de la dieta, antibióticos y probióticos puede dar lugar a cambios en la función intestinal.

La capacidad de la microbiota intestinal de comunicarse con el cerebro y por lo tanto modular la conducta, se está convirtiendo en un concepto interesante en materia de salud

y enfermedad. La microbiota intestinal interactúa con el

huésped para mantener la homeostasis y es entonces razonable que cuando hay una disminución de las bacterias benéficas en el organismo se pueden presentar deterioros en la función gastrointestinal, neuroendócrina e inmune y traducirse en enfermedad. De ahí la importancia de realizar estudios que se centren en el impacto de la microbiota intestinal en el huésped y en particular con el sistema nervioso central.

el huésped y en particular con el sistema nervioso central. Como explica el Profesor Stephen Collins

Como explica el Profesor Stephen Collins de McMaster University Medical Centre (Canadá) “La microbiota intestinal tiene profundos efectos sobre las funciones del huésped y deben tomarse en cuenta en una conceptualización moderna del eje intestino – cerebro. En este modelo, los cambios en las respuestas del cerebro, como el estrés o la ansiedad influyen en la fisiología del intestino, alterando el hábitat de la microbiota; y ésta a su vez, influye en la fisiología y en la inmunidad de la mucosa intestinal, y dicha perturbación según estudios recientes, influye en el comportamiento del individuo…”

de la mucosa intestinal, y dicha perturbación según estudios recientes, influye en el comportamiento del individuo…”

Hasta ahora la mayoría de los probióticos han sido documentados por su papel en la salud y funciones digestivas: en humanos prevención de diarreas, inflamación intestinal, regulación del tránsito intestinal, intolerancia a la lactosa, y más recientemente se han estudiado también sus interacciones con el sistema inmunológico.

Para los animales criados con métodos modernos de producción, el estrés es un tema recurrente, y los probióticos se utilizan cada vez más como una solución natural para el control de patógenos o para optimizar los resultados zootécnicos. Por ejemplo, se ha documentado que durante el parto un momento importante de estrés para las cerdas y crítico para el ciclo de producción induce a un cambio drástico en su microflora digestiva. No obstante, en las cerdas que recibieron diariamente Saccaromyces boulardii I-1079 durante tres semanas antes del parto, la microflora digestiva se vio menos afectada por el estrés indicando un cierto grado de estabilización. Se llegó a la conclusión de que la levadura puede ayudar a estabilizar la microflora intestinal durante los periodos de estrés, reduciendo potencialmente la proliferación de agentes patógenos oportunistas, y además, contribuyendo a la mejora de la salud y de los resultados zootécnicos (4).

Por otro lado, el estrés tiene un impacto importante en la fisiología intestinal y puede afectar el curso clínico de enfermedades gastrointestinales. En una revisión realizada por Lutgendorff (5) centrada en la microbiota y la mucosa intestinal durante el estrés así como en el uso de probióticos para tratar de contrarrestar los efectos nocivos del mismo documenta que:

normalmente los microbios de la flora intestinal desarrollan un relación simbiótica con el huésped. Sin embargo, el estrés puede reducir el número de microorganismos benéficos como Lactobacillus y al mismo tiempo se pueden ver incrementados los patógenos gram-negativos (E. coli y Pseudomonas). Además las bacterias intestinales tienen la capacidad de “detectar” los niveles de estrés y regular sus factores de virulencia cuando la situación así lo requiera. Los probióticos pueden contrarrestar los cambios inducidos por el estrés:

función de la barrera intestinal, sensibilidad visceral y la motilidad intestinal. Estos efectos son en base a una cepa específica y la capacidad del sistema humoral del huésped. Los mecanismos de acción incluyen la competencia con los patógenos por los nutrientes esenciales. Además la reducción de la percepción del dolor ha demostrado ser mediada por los receptores canabinoides. Por lo que se concluye en esta investigación que, en base a los estudios revisados, hay una justificación para el tratamiento con probióticos en pacientes con trastornos intestinales relacionados con el estrés. Sin embargo el reto es poder elegir la combinación precisa de las cepas bacterianas o componentes para cada situación clínica.

Ballabriga (6), reporta que los mecanismos de acción de los probióticos pueden ser de diferentes tipos: un mecanismo directo con producción de sustancias antibacterianas o bien otro indirecto, a través de la estimulación de la respuesta inmune.

El mecanismo de los probióticos para prevenir la acción de los patógenos puede realizarse de los siguientes modos:

Algunos ácidos excretados por los microorganismos de los probióticos bajan el pH intestinal por debajo del nivel que toleran los patógenos.de los patógenos puede realizarse de los siguientes modos: Efecto competitivo que puede ser mediado por

Efecto competitivo que puede ser mediado por la ocupación de los lugares de colonización y mejoría de los mecanismos barredores nutricionales.intestinal por debajo del nivel que toleran los patógenos. Capacidad de secreción por parte de los

Capacidad de secreción por parte de los lactobacilos y bifidobacterias de antibióticos naturales (bacteriocinas) que pueden tener un amplio espectro de actividad como lactocinas, helveticinas, lactactinas, etc.y mejoría de los mecanismos barredores nutricionales. Asimismo, la administración bacteriana oral, va a tener una

Asimismo, la administración bacteriana oral, va a tener una relación con el sistema inmunológico del intestino y abre posibilidades para:

Competición con receptores y competición en la adhesión a la mucosa intestinalinmunológico del intestino y abre posibilidades para: Inhibición del crecimiento de algunas especies de

Inhibición del crecimiento de algunas especies de enteropatógenosy competición en la adhesión a la mucosa intestinal Competición para nutrientes de la flora intestinal

Competición para nutrientes de la flora intestinaldel crecimiento de algunas especies de enteropatógenos Prevención de translocación bacteriana Aumento en la

Prevención de translocación bacterianaCompetición para nutrientes de la flora intestinal Aumento en la secreción de mucina Inmunomodulación por

Aumento en la secreción de mucinade la flora intestinal Prevención de translocación bacteriana Inmunomodulación por parte de la respuesta GALT.

Inmunomodulación por parte de la respuesta GALT.para nutrientes de la flora intestinal Prevención de translocación bacteriana Aumento en la secreción de mucina

de translocación bacteriana Aumento en la secreción de mucina Inmunomodulación por parte de la respuesta GALT.

Además, diversas investigaciones han revelado que las citocinas – proteínas liberadas por el sistema inmune

en respuesta a una infección y que generan el letargo,

la falta de concentración y la falta de apetito - afectan

los nervios que transmiten señales al cerebro y también

juegan un rol clave en cuadros inflamatorios que llevan

a la depresión. “Por ejemplo, los obesos son entre

dos a tres veces más propensos a deprimirse y su tejido adiposo es una potente fuente de citocinas inflamatorias” Pero la acción de estas proteínas no es totalmente perjudicial, ya que expertos de la Universidad de California han demostrado que ciertas toxinas bacterianas estimulan la producción de un tipo particular de citocina que activa zonas cerebrales relacionadas con la empatía.

En opinión de John Bienenstock, uno de los futuros caminos a explorar es el de los probióticos, ya que en estudios experimentales los probióticos afectan el ánimo, la conducta y la química cerebral e interfieren con los efectos de ciertas infecciones. Así, influyen en la memoria, la ansiedad y las conductas depresivas (7).

Aunque todas estas investigaciones arrojan resultados benéficos con el consumo de probióticos en padecimientos relacionados con el estrés, la inflamación y el dolor, hacen falta muchos más estudios que puedan definir el tipo y la cepa específica a utilizar en los diferentes cuadros clínicos en los que se presenta la enfermedad.

cuadros clínicos en los que se presenta la enfermedad. Referencias Citocinas Inflamatorias 1. Bonaz B. Brain-gut

Referencias

Citocinas Inflamatorias

1.

Bonaz B. Brain-gut interactions. Rev Med Interne. 2010 Aug;31(8):581-5. Epub 2010 May 21. French.

2.

Michael Gerson. The second brain. 1998

3.

Verdú EF, Bercik P, Collins SM. Effects of probiotics on gastrointestinal function: evidence from animal models. Therap. Adv. Gastroenterol. 2009 Jul:2(4): 31-5

4.

Conferencias del Institute Rosell – Lallemand’s Scientific Exchange en producción-animal.com.ar

5.

Lutgendorff F. Akkermans LM. Soderholm JD. The role of microbiota and probiotics in stress- induced gastro-intestinal damage. Curr. Mol. Med. 2008. Jun:8(4):282-98

6.

Ballabriga, A. 2004. Probióticos en Neonatología. En se.neonatal.es Departamento de Pediatría, Universidad Autónoma de Barcelona. 1-16

7.

Interview with Professor John Bienenstock, Director of Brain-Body Institute, McMaster University en .dairyreporter.com/Formulation/Could-probiotics-affect-behavior.