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ENSAYO:

VOZ Y QUEBRANTO

Inclusión y exclusión educativa

Una perspectiva compartida

BASES PSICOPEDAGÓGICAS PARA LA INCLUSIÓN DE ALUMNOS CON NECESIDADES EDUCATIVAS ESPECÍFICAS Profesora: Marta Sandoval

María Molina López Grupo 201

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Si comenzamos fijándonos en el subtítulo de la lectura que vamos a comentar, “inclusión y exclusión educativanos dice mucho sobre el tema que nos plantea Gerardo Echeita. Analizando este subtítulo me ha parecido adecuado sacar a colación esta cita de Tedesco (2005):

La exclusión no sólo tiene que ver con ser pobre sino con la ausencia de un proyecto de vida, con no estar inserto en la sociedad, por lo que es urgente crear un ambiente social que incluya a los excluidos.”

Esta reflexión engloba en gran medida el contenido del texto “voz y quebranto” del que a continuación pretendo mostrar sus ideas fundamentales.

Me gustaría poder comenzar afirmando que la educación está siendo en la actualidad un potente instrumento de movilidad social y que está logrando contribuir a la igualdad de oportunidades, pero no es así. A pesar de los esfuerzos realizados en materia educativa la educación según la autora Rosa Blanco “está reproduciendo e incluso acentuando las desigualdades de origen de los alumnos.Hoy en día tanto los niños/as de países desarrollados como subdesarrollados son víctimas de un proceso común que Echeita denomina “exclusión educativa”. Creemos o nos gustaría creer que en occidente procesos de este tipo suceden en menor medida, pero no es así.

Definamos la inclusión educativa como una práctica poliédrica fundamental para acabar con los procesos de exclusión. Una de sus caras muestra que todos/as desean sentirse valorados y tomados en consideración y si esta inclusión no existiera sería injusto para los más vulnerables; y una segunda cara nos avisa del peligro que supone aplicar este tipo de medidas inclusivas sólo a grupos “especiales o singulares”. La inclusión educativa se lograría favoreciendo un aprendizaje con significado y sentido para todos/as. Hay que lograr una escuela para todos/asy para conseguirlo comparto con Echeita la idea de que se deben tomar medidas de manera urgen, por ejemplo modificando el currículo escolar para que la calidad y la equidad estén siempre presentes.

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Otro fenómeno a tener en cuenta a la hora de analizar la situación actual es el de la discriminación positiva” es realmente frecuente y perjudicial, obliga a determinados niños/as a asistir a determinados centro, aulas o dispositivos especiales o singulares para ayudarles a superar sus dificultades escolares. Pero estas medias aparentemente positivas encierran una trampacomo opina Echeita, debido a que en la mayoría de los casos este tipo de iniciativas encasillan a los niños/as bajo una falsa etiqueta y se les relega a formar parte de una especie de gueto.

El término discriminación positiva podría entonces equipararse al de trampantojo, técnica pictórica que intenta engañar a la vista jugando con la perspectiva y otros efectos ópticos. En una primera aproximación los procesos de discriminación positiva parecen favorecer a aquellas personas en situación de vulnerabilidad pero en realidad no se está actuando de forma efectiva. Para hacerlo como defiende Echeita se deberían apoyar políticas preventivas y sistémicas destinadas a evitar que la gente caiga en las situaciones de exclusión. Se deben poner medidas para impedir el origen del problema en lugar de ir poniendo parches o peor aún barrerasque invisibilicen los conflictos. La inclusión educativa deja ver esas barreras que limitan la presencia, el aprendizaje o la participación de algunos alumnos en condiciones de igualdad con sus iguales en los centros. Se enfrenta a lo que la mayoría no quiere ver, visibiliza las necesidades de los más desfavorecidos y propone modificaciones de varios niveles.

Las acciones orientadas a lograr esta inclusión escolar deben afectar a todos los componentes de un sistema educativo; currículo, formación del profesorado, supervisión, dirección escolar, financiación, etc. Rosa Blanco añade que estas políticas deben ser intersectoriales que aborden las causas que generan desigualdad fuera del sistema educativo y me parece interesante que haga especial hincapié en que estas políticas educativas deben fortalecer la escuela pública, ya que en la actualidad se está tendiendo peligrosamente a todo lo contrario.

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Echeita sostiene algo fundamental a tener en cuenta como futuros educadores en la sociedad actual en la que nos ha tocado vivir:

Que tu aula y tu centro sea un microcosmos de ese otro mundo posible que algunos deseamos”.

Actuemos de forma local pensando globalmente, creemos pequeños espacios, íntimos y seguros en nuestras aulas donde realicemos experiencias que favorezcan la inclusión y compartamos y comparemos los resultados con otros profesionales de nuestro mismo centro, de otros cercanos y también más lejanos. Realizaremos experiencias educativas que conlleven procesos a largo plazo, lentos y orgánicos que se adapten y respeten los ritmos naturales. Es imposible generar cambios constructivos en una sociedad basada en el consumo de bienes materiales y constituida por individuos que basan sus vidas en viajar de un país a otro realizando experiencias educativas puntuales de forma frenética, alejados de la calma y la reflexión.

La definición de términos es una labor delicada ya que es fácil caer en la tentación de convertirlos en una mera etiqueta más. La inclusión educativa se puede asimilar a la idea de “educación de calidad para todos” pero es mejor no emplear mucho esfuerzo en buscar un término concreto y centrarnos en transformar nuestro contexto cercano, porque es la mejor estrategia para avanzar hacia cambios más globales y sistémicos. Cada comunidad educativa define cómo se debe de pone en práctica los valores y principios de la inclusión educativa y este proceso de deliberación consiste en una búsqueda y un compromiso singular y honesto con valores democráticos. Pero esta deliberación encierra ciertos riesgos a la hora de definir la educación inclusiva. Por una parte podría tenerse sólo en cuenta la opinión de los académicos dejando de lado el criterio de los educadores. Por otra también sería un problema que estos últimos decidieran solos ya que como opina Echeita podrían volver a resurgir los términos del pasado, como son, educación especial o la compensatoria.

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El carácter dilemático del proceso de inclusión es uno de sus aspectos definitorios. El proceso de exclusión e inclusión educativa mantiene una relación dialéctica. En numerosos casos se avanza en la inclusión de algunos alumnos/as y se retrocede en la de otros. Este carácter, según el autor, debería obligar a las comunidades educativas implicadas a dialogar, negociar y re-construir su significado en cada momento y lugar. Ante esta dilemática el profesorado debe contar con condiciones escolares apropiadas que le permitan probar alternativas de acción que ayuden a la hora de resolver los posibles conflictos que van surgiendo en la práctica.

Echeita entiende la inclusión como “un proceso de reestructuración escolarque motiva a poner en marcha proyectos de innovación y mejora. Este tipo de proyectos de investigación constituyen siempre una opción ideológica, un compromiso educativo. Se necesita un mayor apoyo investigador, documentar de forma teórica un mayor número de experiencias prácticas de inclusión escolar, en concreto en el ámbito de la educación infantil. Desafortunadamente se habla mucho de lo positivo que sería trabajar de forma colaborativa pero luego no se acaba llevando a la práctica o se logra con mucha dificultad.

El profesorado debería estar preparado para no entrar en pánico en situaciones graves y encontrar modos y recursos para abordar problemas difíciles, como aconseja Fullan. Pero en muchos casos esto no funciona así, la falta de formación y las carencias de los centros educativos no favorecen los procesos de inclusión. Hargreaves opina que se debe generar una nueva cultura, la escolar en la que el profesorado debe fomentar la escucha de sus estudiantes. Es necesario recoger y amplificar sus aportaciones. Son sujetos activos y competentes, una poderosa herramienta de cambio. Y al mismo tiempo se deberían establecer amplias y sólidas redes de colaboración, interdependencia, ayuda y apoyo mutuoen el interior de los centros y entre éstos y su comunidad educativa y local.

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Gracias a la realización de este ensayo he aprendido a diferenciar con claridad el término de inclusión educativa del anteriormente utilizado, integración escolar. El primero supera las limitaciones inherentes al segundo. La integración se ha contemplado como un asunto técnico que tiene que ver con unos pocos alumnos, los considerados con necesidades educativas especiales. Estos alumnos pasan a ser parte de los centros ordinarios siempre y cuando se acomoden a los patrones culturales de la normalidad imperante. Mientras que la inclusión educativa siguiendo a Booth (2006) sería la tarea de promover cambios educativos sistemáticos para llevar nuestros valores declarados a la acción.Recojo aquí la interesante aportación de Rosa Blanco a la hora de diferencia ambos término, la principal preocupación de la inclusión es transformar las culturas, las prácticas educativas y la organización de las escuelas para optimizar el aprendizaje y la participación de todos, asegurando la igualdad en respuesta a la diversidad del alumnado. A diferencia de la integración, donde se ha hecho hincapié en la atención de las necesidades específicas de los alumnos integrados y se han mantenido inalterables los sistemas educativos.

Escudero (2006) nos advierte que como fututos/as educadores/as tenemos la responsabilidad de alfabetizarnos en valores, conociendo mejor cómo se aprenden, enseñan o refuerzan nuestros valores y nuestra ética profesional. La tarea fundamental según Booth y Ainscow (2002) es la de analizar de forma sistemática los contenidos y las formas de las culturas, las políticas y las prácticas escolares que pueden ayudar a trasladar los valores inclusivos a la vida cotidiana de los centros escolares.

En síntesis una educación equitativa según el criterio de Rosa Blanco, es aquella en la que todos los alumnos tienen la posibilidad de acceder a escuelas con similares recursos materiales y humanos, y en la que se diversifican las estrategias de enseñanza para lograr que todos sin excepción alcancen el máximo progreso en función de sus distintas capacidades e intereses.

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Desafortunadamente a pesar de existir un amplio desarrollo normativo sobre temas de inclusión escolar me uno a Rosa Blanco cuando afirma que queda mucho por hacer para pasar del ámbito declarativo y de las buenas intenciones a la estructuración de medidas y mecanismos efectivos que hagan realidad el derecho a una educación de calidad para todos. Como educadores tenemos la responsabilidad de que el trabajo en el aula logre ser parte de la solución y no parte del problema de la exclusión social, como aconseja Echeita.

Para finalizar me gustaría compartir una reflexión que he realizado a partir de la letra de la canción Tiempo y silenciode la recientemente fallecida Cesárea Evora. Me gustaría pensar que algún día muy próximo el tiempo va a dejar de pasar en balde para los oprimidos relegados al silencio, sus gritos se volverán cantos, los cielos se llenarán de besos diversos y los quebrantos de los excluidos se volverán voz clara, llena de vida e ilusión. Volvamos a empezar, nazcamos de nuevo de la risa en la escuela para todos y crezcamos a partir del llanto generador del necesario y urgente cambio social.