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LA PERVERSIÓN Todo inicia con nuestra inseguridad, de igual modo, culmina con el dolor del
LA PERVERSIÓN
Todo inicia con nuestra inseguridad, de igual modo, culmina con el dolor del prójimo y
el
sin sentido de nuestra vida.
Bajo la incertidumbre nacen los malos pensamientos, senderos, radicalidades;
aquellas opciones que cumplen el fin de nuestro egoísmo, la felicidad. Una presión
invade nuestra fragilidad, opacando nuestra paciencia y reduciendo nuestra voluntad.
Si
escuchamos la voz de Dios, no podemos responder a su llamado, la libertad se hace
pequeña dejándonos a la merced de placeres y pequeños dulces de felicidad.
Comúnmente respondemos a las demandas de la sociedad, no todo es bueno pero
tampoco es malo; respondemos a prejuicios, corrupciones, deshonestidad,
individualismo, morbosidades, intolerancia, status, arrogancia, etc. Pensamos que con
todo esto, obtenemos el éxito, la admiración de los otros, prestigio social y hasta en
ocasiones pensamos, la vida eterna.
La perversión es un estado que está movido por nuestro egoísmo y nuestra necesidad
de reconocimiento, así mismo, es aquello que nos hace ir en contra del proyecto de
Santidad al cual Dios nos ha convocado, es decir, las cosas moralmente cristianas que
no son dignas ante los ojos de Dios.
Como humanos, estamos llenos de incertidumbre sobre cómo actuar en momentos de
crisis, por ejemplo ante el robo de alguna propiedad, el despido de nuestro trabajo, la
falta de dinero, la incomodidad física y espiritual, entre otras. Para cada una de estas,
siempre hay soluciones, pero no todas respetan la dignidad y la libertad de nuestro
hermano, en cambio están atentando constantemente frente a estas.
¿Qué hacer? Es lo que más nos preguntamos, pues no queremos hacerle daño a nadie
o
en ocasiones no somos consientes del daño que podemos realizar. Tomar una
decisión o no hacer nada, son nuestras únicas opciones, pero, ¿Qué es lo correcto?
Quizás nuestra impaciencia es la más afecta; pues del mismo temor de no saber cómo
actuar, nos apresuramos sin ser consientes, sin mirar las consecuencias que con lleva
nuestra decisión. Lo correcto, es todo aquello que es inspirado por Dios, y a su vez
todas las cosas que NO atenten contra la dignidad y la libertad de nuestros hermanos.
Estamos llamados a la Santidad, haciendo todas las cosas desde Dios y viviendo como
Cristo vivió, de este modo, estamos convocados a vivir Jesúsmente, es decir, acatando
los valores evangélicos que el mismo Cristo nos enseño, la humildad, la piedad, la
responsabilidad, la honestidad, en ultimas viviendo el máximo de los mandamientos,
el
mandamiento del amor, amando a tu hermano, como el mismo Cristo nos a amo. De
este modo sobremos como actuar ante la adversidad del mundo.
Luis Nelson Parra Sánchez