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La base del pensamiento del yo de Fichte está en su descubrimiento por la intuición intelectual de la Introducción de la doctrina de la ciencia y su expresión por el cuerpo como esfera de libertad en Fundamentación del derecho natural en la Doctrina de la Ciencia donde explica que el cuerpo pertenece a un yo material que se expresa como

persona en su Leib. Por tanto hay que empezar por describir qué entiende Fichte por intuición intelectual describiendo al yo recíproco que en realidad es acción en el tiempo,

y el cuerpo.

Según Fichte la intuición intelectual es la conciencia inmediata de que yo actúo y la actuación de cual se lleva a cabo, como lo que sé algo y por la actividad que llevo en eso. El problema es que esta intuición intelectual no se puede demostrar por medio del entendimiento en cuanto esta es sede de conceptos o categorías, recordando a Kant. La intuición es autoconciencia, algo que explica Heidegger sobre Descartes en el Nietzsche

y que es cada uno quien debe de encontrarla. Por lo tanto no es ni discursiva es decir,

que se puede encontrar en el razonamiento, no del entendimiento como lo presenta Kant, sino que es una sencilla y simple intuición de uno mismo[1]. Ahora bien, esta intuición intelectual si bien es el filósofo quien la descubre se puede mostrar dice Fichte que cada individuo la posee, ya que cada movimiento y acción depende de la conciencia de sí. Toda actividad que se atribuye a un yo depende de esta intuición intelectual, que en definitiva es ese yo, ya que ella es vida y sin ella muerte[2]. Esta intuición intelectual es un acto conjunto de intuición sensible y su bisagra el concepto, es decir, nunca se dan ellas mismas solas, sino que son un todo unido de relación. La intuición intelectual siempre se vincula a la intuición sensible por medio del concepto. Todo objeto, cosa

intuición es formada por el yo en la intuición intelectual con el concepto siendo todo un uno, la unión de una multiplicidad del que yo mismo soy consciente, cuya consciencia de ese yo nace de la intuición intelectual. Para ello dice Fichte toda representación de la que se es consciente, tiene una sucesión en el tiempo, pero el fundamento real de esa representación es porque se ha pensado en algo que es una consciencia que activa estas representaciones, que en suma es un vivir[3].

Para explicar que es posible la intuición intelectual, Fichte apela a la razón universal como ley moral y Yo general, este yo como principio activo de todo actuar sería el fundamento para la espontaneidad del yo propio como autoconciencia y libertad, ya que el principio de moralidad exige la plena espontaneidad y libertad de un yo, un yo que me soy dado. Ese yo como conciencia de sí espontáneo y libre que se define como yo soy solo activo, un yo propio y singular que parte de la espontaneidad absoluta como determinante de las cosas. Desde este punto de vista el posicionamiento del yo activo a partir de un Yo de razón como razón moral, empieza su conexión con Kant. Para Kant el problema de la autoconciencia como intuición no era correcta en cuanto que la intuición sensible se debe a la síntesis entre el entendimiento y la sensibilidad a través de las formas a priori del espacio y tiempo y de las categorías como conceptos del entendimiento. El yo empírico se forma a través de la experiencia del tiempo como sucesión y se percibe a través de su sensibilidad, aunque mi perspectiva no es así como ya presenté en los post del ánimo. Aun así hay una razón común de la que parte Kant para fundamentar el sentido interno y luego el ánimo. De esta misma razón universal pero dentro de una razón practica que solo es libertad y espontaneidad absoluta se encuentra la intuición intelectual que dará origen al yo mismo como propio, donde el concepto de actividad y sobre todo de actuar esboza Fichte en la Introducción a la doctrina de la ciencia.

Dice Fichte que el concepto del actuar se hace posible solo por medio de la intuición intelectual del yo espontáneo que es el único que une el mundo sensible con el mundo inteligible[4]. A mi acción se le opone el mundo sensible y lo que surge por medio del obrar es el mundo inteligible, es decir, dice Fichte que de la pura actividad se produce un objeto, que se convierte en acto. Si se parte de una acción esta es la bisagra, el concepto, que une el mundo interior con el exterior, el sensible con el inteligible. Esta idea del yo como actividad es el un aristotelismo yoico que no alcanzó la escolástica. A partir del descubrimiento por Descartes del yo soy, que resultó ser tiempo, la actividad aristotélica que era la sustancia tanto como kinesis, como esencia y definición y base participativa del theos, la invención del yo y colocarlo como centro de la acción implica la relación de la razón con todos los yos que surgen desde esta perspectiva, y no como yos independientes o de sustancia derivadas de una teología racional como las tres sustancias de Descartes que recordaban las tres personas en una de la doctrina de la Iglesia.

Ahora bien esta conciencia de sí que es actuante y actúa es determinada y se determina por la conciencia de sí mismo, con lo que se presenta en la conciencia está fundado, dado producido por las condiciones de esa conciencia de sí. Esto significa que el yo es el que produce el concepto de las cosas, ya que la doctrina de la ciencia es una filosofía genética, donde el mismo Fichte se encarga un sistema fundado en la acción, en el concepto del actuar del yo mismo que produce lo que existe como bisagra entre lo externo y lo interno. Así dice Fichte que la determinado sigue de lo condicionado, que en este caso es las condiciones del yo mismo como autoconciencia de sí, que es la intuición intelectual. Para que surjan estas condiciones en la conciencia y que se fundamente en el yo hay que explicar la crítica del noúmeno de Kant y la cosa en sí para comprender la determinabilidad del yo sí mismo en el fundamento de la intuición sensible o del objeto. Ese noúmeno o cosa en sí es el fundamento de los fenómenos que es la intuición sensible en Kant, para llegar al conocimiento en Kant las categoría del entendimiento se transforman en pensar el objeto en la impresión de los fenómenos gracias también a la sensibilidad de la experiencia el mundo donde se dan los fenómenos[5]. Entonces se pregunta Fichte que pensar un fenómeno, según las leyes del pensar de toda la Crítica de la razón pura, basándose en una cosa en sí, que no entra dentro de ese pensar porque el noúmeno no se puede conocer, entonces ¿para qué se quiere seguir utilizando? Es decir, un pensar de una cosa en sí, que no tiene fundamento empírico es el fundamento de toda la filosofía del pensar de Kant. En realidad, para Fichte un pensamiento es el origen de otro pensamiento, y por lo tanto, el que actúa es el pensar, que es la razón libre y espontánea del yo general, que se explica a través del yo mismo, la realidad individual del yo que acabará con la definición de la individualidad del cuerpo. Entonces dentro de esta idea de que lo que se piensa está porque se piensa Fichte explica que yo soy y tengo intuición de mí mismo porque me pienso, es decir, pienso en mí a través de la intuición intelectual como algo que piensa en mí mismo. Es el yo cartesiano pero ya con la idea completa de autoconciencia y acción, es la evolución del pensamiento evolutivo para una sistemática genética de una filosofía de la acción en base al yo y al yo mismo.

La idea de una limitación de la razón como Yo general de una autoconciencia que se limita a sí mismo no implica separación en el pensamiento de Fichte, sino que es ponerse a sí mismo, que es una limitación primitiva en realidad son ambos es decir, el Yo general de la razón práctica y el yo limitado, cuya síntesis es la esencia de la individualidad. Como concepto de individuo dice Fichte el concepto de Yo en oposición

es la síntesis del yo consigo mismo, ya que lo que se pone es un yo, yo soy, por mí mismo, como un tú del yo general, cuya síntesis en realidad es el yo individuo[6]. Si abstraemos la síntesis del yo-tú queda la realidad del Yo en general, común a todos. Es la Yoidad que como actividad es un poner general no condicionada ni sintético que está fuera de nosotros del yo mismo, pero que se une en la síntesis del yo como individuo. Por eso explica que aunque exista una abstracción del yo individual al ser un yo sintético el fundamento es la actividad yoica, que es la yoidad como base del yo individual, aquel al que el vulgo conoce como yo. Por eso la realidad del yo es que a pesar de su limitación y autoconciencia la intuición intelectual percibe que este yo es sintético en relación con su Yoidad, pero que su filosofía es genética porque parte de este obrar de la actividad del yo que construiré el objeto[7].

Este yo consciente que es un sujeto para Fichte solo le conviene actuar, es el actuante, ya que el yo como para sí mismo necesita surgir fuera de él como acción. La conciencia del yo como sí mismo y la conciencia de algo están ligadas necesariamente como había dicho por medio del concepto, uno como condicionante, otro como condicionado, pero siendo lo mismo. Como explica Fichte el pensarse a sí mismo es la construcción de mí mismo, que es un volver hacia mí mismo entonces dice Fichte, yo soy para mí y me he producido en un actuar puesto que soy libre y por tanto me produzco en cada momento, ya que el concepto del actuar es el concepto del yo. Las cosas son así y así es la realidad mía y lo que me rodea porque actuó y lo hago, sería una paráfrasis del pensamiento de Fichte en relación al yo. Entonces es un yo construido, producido voluntariamente y libre. En realidad, esta producción es lo que tiene que entender el filósofo que contiene esa realidad siempre delante, fundada en ese yo que construye pero que tiene que intuir para formar esta filosofía, y que lo más importante es libre actúa y acaece en el

tiempo[8].

En resumen es el filósofo el que se da cuenta en el tiempo por medio de un esfuerzo de intuición intelectual, que lo que todo el mundo llama su yo se limita en un yo que es la razón de sí mismo. Como fundamento de esa limitación el yo es la actividad o yoidad, que es el fundamento de lo condicionado por el yo mí mismo, que se construye y construyo limitando a mí mismo y a los objetos de la intuición sensible. A través del concepto. Por una parte el concepto de individuo es la síntesis entre la yoidad como actividad yoica y el yo mismo limitado por mí, ya que el individuo son ambos. Por otra parte el Yo como actuar y acción dentro de la libertad y espontaneidad, que proporciona el mí mismo como acción se construye a sí mismo y a los conceptos y por tanto a los objetos. Estos son parte del yo mí mismo sin ser separados de él. Es lo que tiene que intuir el filósofo para construir su propia filosofía, a través de un yo genético basado en la limitación y en la síntesis del yo general de la razón práctica común a todos los yos y el yo mí mismo individual, que en realidad son ambos yos. Ahora bien este yo como individuo para poder expresar esa acción necesita de una esfera de libertad y esa es el cuerpo y es lo que explicaré en el próximo post.

En la filosofía de Fichte es el cuerpo quien define la individualidad, primero como yo material limitado y de sujeto de acción, y segundo por esa limitación deja claro lo que supone una Yoidad como sujeto de actividad de un yo individual. Así en la Fundamentación explica en el teorema IV que el ser racional no se puede ponerse a sí mismo como individuo activo sin tener un cuerpo material Leib y determinarlo. Según esto el carácter individual de un ser racional se tiene que expresar en una esfera de acción y libre y para que ello suceda tiene que existir el cuerpo. Ahora bien, Fichte

distingue entre el sujeto lógico de actividad en sí misma como forma al que llama Yoidad, que es la realidad general que se consigue en la abstracción de la individualidad, como expliqué en el post anterior, del fundamento de la síntesis entre la Yoidad y el yo. Entonces si esa Yoidad general como sujeto u objetividad subjetiva está limitada por esa esfera, si esta se limita en acciones libres limitadas, dando lugar a una esfera de limitación, entonces ese Yo formal de objetividad subjetiva se convierte en el yo material individual, que es la persona en el pensamiento de Fichte. Dos conceptos diferentes que se contrastan en sí mismos pero que en su síntesis es la individualidad del yo consigo mismo. Es la abstracción lo que generaliza el Yo general, la Yoidad, donde la esfera limitada por el yo es una parte del mundo, que a la vez pertenece al Yo porque lo pone él mismo.

Por otra parte la esfera que es puesta por una actividad originaria y necesaria del Yo también es intuida por la intuición, lo cual se convierte en algo real por la misma manera que se construía el yo mismo de la autoconciencia. La esfera es la realidad del yo puesto por el Yo para el yo. Este intuir surge porque el yo va hacia la materia, pero se vuelve a sí mismo y esta acción, recíprocamente, constituye la intuición y lo intuido. La esfera de limitación depende mucho del ver, que es como una pintura de un cuadro. El esbozo es dimensionar las líneas de la extensión, dentro del campo de la esfera de libertad o más o menos es la proyección de la mirada y como esta va dibujando un cuadro. Así, la importancia del cuerpo en Fichte se debe al principio de libertad de acción. Solo bajo esta premisa el cuerpo puede actuar dentro de una esfera de limitación, ya que es causa pura de toda su voluntad que cada acción que contiene un fin equivale al querer. Pero para ello ese yo se tiene que moverse en el espacio y ser perdurable. Si el cuerpo no es espacio, sino que es una extensión entonces puede cambiar y moverse dentro de un campo de acción que limita sus fines como acciones, lo que equivale a decir que el cuerpo material es la esfera de las acciones libres[1].

Ahora bien, esta esfera de libertad donde el cuerpo modifica por el querer las acciones se desarrolla a través de conceptos, las bisagras del yo y lo sensible, en la materia. La materia es imperecedera dice Fichte y el cuerpo es materia., pero la materia es divisible y por tanto el cuerpo en cuanto supone partes de materia, que podrían cambiar. Me imagino que si a ese cuerpo le falta algún miembro es a lo que se refiere Fichte para explicar la modificación de la materia, pero si en Aristóteles la forma que constituye la esencia de la definición de un algo no cambia a pesar de la falta de elementos porque su esencia es intrínseca, en Fichte esta forma depende de la acción y la esfera de libertad del cuerpo y por tanto modificado el cuerpo se modifica la forma, ya que las partes constituyen la forma. De ahí que la esencia de la persona esté constituida por algo tan material como el cuerpo que es la expresión del yo individual como un principio de individualización del yo propio. Solo es importante que el cuerpo perdure sin que la separación de las partes anule la perdurabilidad del yo-cuerpo. Por eso el concepto de articulación que es el del movimiento de este cuerpo por la causalidad de mover los miembros de una manera primero singular y consciente y segundo completa total y articulada como una relación de partes es lo que Fichte considera como el concepto de articulación. Este concepto equivale a un todo cerrado y articulado de duración e identidad propia y personal donde se expresa esa voluntad singular del yo individual o persona. Esta claro que si se limita la materia y la forma se limita la esfera de libertad y por tanto las acciones del individuo. Por tanto la forma depende de la materia, y por tanto, la forma es individual casi como una haecceidad escotista. Esta articulación se expresa en el pensamiento de Fichte como una doble articulación de órganos superior e

inferior donde el inferior corresponde al sensible y el superior tienen una relación estrecha con la capacidad de actuar y la voluntad. Como el órgano superior es actividad entonces tiene la capacidad de actuar sobre la materia en cuanto que es capaz de formar las imágenes, que en el órgano inferior también modifica a la materia dependiendo de la modificación del órgano superior. El sujeto transforma la materia recíprocamente a través de estas dos funciones y es el origen de toda actividad del cuerpo, que es el mismo yo o sujeto individual, que se constituye en esos dos órganos de modificación. Esta reciprocidad sirve para que el órgano inferior fluya interiormente sin modificación para dirigirse a cierta dirección, que actúe cierta influencia, aunque se interprete como una limitación de la voluntad. Así se permite que lo que ha producido la persona no se lo adjudique a su propia actividad, sino a la actividad de un ser fuera de ella. En realidad, parece como si la actividad de la percepción se creara fuera de ella pero toda percepción de un ser racional es producido por él mismo, aunque parezca lo contrario.

Así es el cuerpo el que constituye es la doble articulación entre el mundo sensible y el inteligible o de la voluntad, aunque él mismo ya es sujeto individual y no sé hasta qué punto podemos diferenciar. Creo que es parte de los dos mundos en cuanto contiene esa doble función, pero en realidad es la expresión individual de la ontología de Fichte en base a la libertad. La acción de este sujeto o yo propio es recíproca por esa doble función contenida en él, pero a la vez es la misma expresión de limitación del Yo general. Por eso explica Fichte que la actividad sobre la materia o el No-Yo parte del cuerpo como una misma limitación del No-Yo que es lo material. De esa forma la limitación o la transformación de lo limitado por la voluntad comienza en el mismo yo propio que es el cuerpo y para ello hay que cuidar esa esfera de libertad o el campo de la actividad de la síntesis individual. Para ello la cultura del cuerpo, su cuidado de sí, término que posteriormente usará Foucault para esto, es básico en la filosofía de Fichte. Además el cuerpo es un punto de encuentro y de reconocimiento de los otros individuos y personas que reconocen en él a la racionalidad o el Yo general. Si se reconoce el cuerpo se reconoce al Yo general contenido en todos los individuos que se relaciona con él, y gracias a esa interrelación el sujeto empírico o el yo-cuerpo puede mejorar su capacidad de desarrollo individual con la educación constante de sus facultades humanas.

Por ello dice Fichte que el individuo necesita de la interrelación para desarrollarse como proyecto debido a la indefensión con que nace. El hombre se ha de convertir en lo que debe ser dice Fichte, y por tanto, debe de apartarse de los intereses propios del animal. Como explicaba Aristóteles, el hombre es un animal racional, que en el caso de Fichte lo aparta definitivamente del animal para convertirlo en la expresión individualizada de la racionalidad práctica como Yo general. Así el encuentro de dos individuos humanos es el acceso a la racionalidad en cuanto es un mutuo reconocimiento como especie. Este punto es muy interesante en el pensamiento de Fichte, ya que la individualidad racional se reconoce además de la intuición intelectual como yo propio, la determinación y reconocimiento de esta racionalidad se da en el momento de ver al otro. De esa forma a la vista del otro se ve al propio Yo general que se comparte individual y universalmente. Por eso, cualquier máxima categórica moral se basa en determinar y expresarse por medio de la actividad individual de cada uno de la racionalidad compartida y universal del Yo. Así dice Fichte es por la mirada cuando se reconoce al cuerpo del otro y por tanto al individuo racional que hay en él y que comparte el Yo general. Ese encuentro de dos cuerpos y dos individualidades se realiza con la idea del respeto a la libertad mutua compartida y racional que se piensa dentro de ese Yo general de la razón

práctica, espontánea y libre. Sería entonces el ideal del destino de las dos individualidades que marcharan juntas a realizar el ideal práctico dentro de la libertad del Yo general y la del yo empírico individual de cada yo propio-cuerpo. Pero como bien dice Fichte esto es una idealidad ya que la mayoría de las veces la asociación de dos individualidades en grupos se establece con la pretensión de apropiarse de la libertad y espontaneidad del otro, cuyo caso más claro es el Estado. Por eso Fichte admite la idea del desarrollo del destino del yo propio dentro de una utopía sin estado,

ya que el que se respeta a sí mismo respeta la libertad del otro y no necesita de órdenes

ni

apropiación de la espontaneidad individual. La meta final de Fichte es el no Estado o

la

disolución del Estado como instrumento de coerción de la libertad del individuo, ya

que esta es expresión de la racionalidad que por abstracto es individual o individualizadora en cuanto que su expresión es por la actividad limitadora del yo-

cuerpo.

Dice Fichte que el concepto del tiempo es decisivo en su sistema de idealismo crítico, dentro de la Doctrina de la ciencia, ya que lo que interesa es ver de qué manera se puede unificar lo diverso dentro de la acción de la voluntad. Ahora bien, me sorprende ver cómo yo llego a la misma conclusión que Fichte y que exponía en el post del ánimo de Kant, explicando que existía en éste dos formas de ver el tiempo[1]. Según Fichte, Kant comprende que el tiempo es en sí, que es el propio del yo trascendental, y el tiempo de

lo diverso y sucesivo que es el tiempo que entiende el yo empírico para comprenderse.

A esto yo explicaba que pertenecían al concepto del tiempo griego del Aión como

presente continuo del yo trascendental y a la taxis como orden y sucesión de las cosas.

Para Fichte la limitación en sí dentro del yo es la eternidad, idea que corresponde a ese sentido griego de una eternidad del presente continuo donde mas allá del presente como pasado y futuro no existe el yo. Ahora bien el aprehender la limitación es parte del yo mismo, y por tanto, parte del tiempo comprendido supone que exista en el yo mismo, el yo individual. Esa limitación del sentido del tiempo ya pertenece al fundamento del yo.

Si el tiempo no perteneciera al fundamento de este yo limitado mí mismo ese yo sería

un objeto contemplado por algo externo y separado de sí dice Fichte, ya que lo diverso no sería un uno para mí. Esto es debido porque entonces lo contemplado por otro sería un universal que no está en mí mismo. Si la filosofía de Fichte se comprende que sujeto y objeto son lo mismo un objeto que está fuera del tiempo se contemplaría con el sentido de un universal fuera de mí mismo y eso sería dogmatismo. Así si esto tuviera lugar, solo para una inteligencia fuera de mí sería un yo uno, como un mero objeto de lo diverso que se hace uno para esa inteligencia fuera de mí[2].

Fichte explica que el concepto del tiempo tiene que quedar como fundamento allí donde tenga lugar un cambio. Esta idea coincide plenamente con lo que Aristóteles concibe del tiempo como cronos, como percepción del cambio y no como un sencillo número en movimiento. Esto ya lo he explicado repetidamente en el blog, en el pensamiento revisado de Aristóteles con respecto al sentido del tiempo. La idea es que si en Aristóteles es el alma como psiqué la que percibe el cambio, en una especie de Yo absoluto no descubierto aún, Fichte se encarga de dirigir ese concepto del cambio a la intuición intelectual. Así dice Fichte que para comprender la unidad de lo diverso, que

es esa sucesión y cambio dentro de la unidad, hay que presentarse el uno del pensar y

esto es la intuición intelectual. Así la intuición intelectual del querer que se repite y se piensa varias veces en diversos momentos pertenece a ella. A través de un pensar discursivo de todo lo que deviene y cambia permanentemente surge el tiempo dice Fichte, explicando que el pensar es en el tiempo y todo pensar permanece la intuición

del querer, que es la intuición intelectual. El tiempo es la intuición intelectual que deviene sensible o se convierte en sensible acogiendo la forma del tiempo dice

Fichte[3].

Por eso el tiempo surge de la causalidad del querer, ya que si bien existen muchos sentimientos dentro del yo sobre lo diverso de una forma aprehendidos por el yo, necesitan ser expresados por mi querer dice Fichte, es decir, que mi voluntad es quien pone lo diverso en uno bajo la forma del tiempo. Comprender el tiempo es comprender la bisagra, el concepto de unión entre lo sensible y lo inteligible, entre el órgano superior e inferior entre la intuición intelectual y la intuición n sensible. De esa unidad surge el tiempo. Concluye Fichte que el tiempo es el miembro intermedio entre lo inteligible y lo sensible, lo que los une[4].

Fichte comprende que hay un yo que piensa en una acción de un Yo, que soy yo mismo como un pensar que actúa y comprende que existe un cambio de un Yo ilimitado a un yo limitado, siendo esta limitación por el cambio el tiempo. Si en Kant existía una apercepción empírica, que intuía de un modo sensible una sucesión del sentir interno, que se manifestaba en una síntesis de lo diverso, a través de la forma de intuición a priori del tiempo en la forma de ese ánimo o yo empírico, el problema estaba en que era un conocimiento a posteriori de un sistema filosófico que se pretendía construir. Para Fichte el tiempo es la percepción del cambio que se intuye en la reflexión-recíproca del yo mismo en cuanto es fundamentado por la limitación del Yo general que en realidad es cuerpo. Ese yo limitado como yo mismo concebido por la intuición intelectual y expresado individualmente por la esfera de sus acciones de libertad en el cuerpo, comprende el tiempo sobre todo en esa articulación de los órganos sensible e inteligible que construyes lo material del cuerpo. La expresión del cambio de lo individual será el concepto dice Fichte que en realidad es la articulación de lo sensible y lo inteligible y se podría considerar el cuerpo mismo como esa expresión modélica del tiempo como síntesis de los diverso en uno.

De todas formas, el tiempo es el concepto lo que forma el objeto a través del sujeto que causa por la acción de la voluntad los sentimientos interno del querer. Si el yo es reflexivo o necesita ser reflexivo para comprenderse a sí mismo desde el primer momento el yo como intuición intelectual que se piensa es tiempo trique es cambio. La idea aristotélica del tiempo como cambio, que en descartes aparece como el yo mí mismo ya que es un yo era, en Fichte el tiempo es lo recíproco del yo que se piensa sí mismo. Los conceptos de reciprocidad de Anaximandro que lo reciproco es tiempo y la psique como percepción del cambio, son fragmentos que componen el concepto del yo recíproco que es tiempo y se refleja en el cuerpo individual. Para Kant el tiempo pertenece a la sensibilidad como una forma de intuición pura a priori y por tanto de la cosa. A pesar de que forme parte del ánimo y que se pueda expresar simultáneamente en cuanto que se necesita para la apercepción empírica, el tiempo es de la cosa o de los hechos de la experiencia. Existe en cuanto es una a priori y por tanto una función de la experiencia para el conocer se de lo sensible. En cambio en Fichte es la base del sistema del idealismo crítico ya que es lo que forma la bisagra del mundo sensible y o inteligible. Si en Aristóteles el tiempo es la percepción del cambio y esto se consigue por la psique que es capaz de comprender el número y por tanto el cambio, esto se traduce en una unidad estructural de cambio a partir de la materia dinámica como posibilidad de cambiar en un sustrato. Esta idea es el cronos que se traduce como lo extático en cuanto es un cambio extrínseco de lo intrínseco del sustrato

que contiene la posibilidad de ello. En Fichte el Yo general es dinámico en cuanto tiene esa posibilidad de activarse y limitarse recíprocamente para dar lugar a una estructura determinada de forma en la materia del No Yo. Esa idea coincide con el fragmento conceptual aristotélico salvo que la psique no es comprendida bajo un yo aunque tenga connotaciones yoicas. El yo general es la universalización del sujeto cartesiano como sustancia-sustrato que contiene la capacidad o posibilidad de cambio y eso es tiempo general. El tiempo en sí mismo o es aquel que pertenece al yo individual que estructura lo diverso en la unidad bajo el prisma de la subjetividad individual del yo-cuerpo, o de la intuición intelectual que intuye lo sensible y estructura la forma de la materia en esa unidad que constituye la cosa ya subjetivada. Esta cosa es sujeto y objeto a la vez en cuanto como concepto es tiempo.

En Fichte aparecen multitud de fragmentos conceptuales que se auto refieren a partir del Yo. El concepto de reciprocidad en cuanto el Yo se limita y se pone a sí mismo en el yo, que se piensa a sí mismo como autoconciencia, el impulso, el anhelo, el sentimiento, la razón general y así muchos fragmentos que recuerdan conceptos cuyos retazos se refieren por sí mismos en el caso de Fichte. Ahora bien, la idea de un Yo general compartido a través de muchos yos individuales y que cada uno se desarrolla a sí mismo en una esfera de acción individual de libertad a través del cuerpo y que eso es tiempo, se adelanta y a la vez cierra muchos de los conceptos que darán lugar a la fenomenología y al pensar el tiempo de Husserl y Heidegger. En los próximos post hablaré sobre el yo de Husserl como sujeto trascendental y por supuesto el ser-ahí de Heidegger como trayecto hasta el Yo EXTático, casi similar al yo de Fichte, pero antes haré un inciso en el concepto de naturaleza de Schelling y su relación con el Yo como identidad y diferencia