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Afuera de la feria había un señor vendiendo juguetes y

frascos de burbujas
Para festejar que ya había acabado la escuela, Aída y su
mamá fueron a la feria y a la salida compraron un frasco
de líquido preparado para hacer burbujas. Aída destapó el
frasco y empezó a hacer burbujas
Cada burbuja era diferente: unas grandes, otras pequeñas,
unas redondas, algunas ovaladas, otras con formas raras.
Unas se rompían inmediatamente y otras duraban mucho
tiempo antes de romperse.
En algunas se reflejaba la luz, en otras se reflejaba Aída
Aída se alegraba con cada burbuja diferente y dijo: “Cada
una es única, cada una tiene algo especial.”
“Igual pasa con las personas”, contestó su mamá, “hay
niños altos y niños chaparritos.”
“Gorditos como un globo y delgaditos como un palillo.”
“Otros a los que les gusta leer, mientras que otros
prefieren los números y a otros les gusta cantar.”
“Hay niños que les gusta sonreír y otros que son serios.”
“Niños que son cariñosos y otros que prefieren no serlo.”
“Niños a los que les gusta estar solos y otros con amigos.”
“Niños distraídos y niños atentos.”
“Pero cada uno tiene algo especial, algo único, algo
diferente; por eso cada uno de nosotros es importante.”
“Aída dijo feliz: “Qué bueno que somos como las burbujas,
cada uno es algo especial.”
¿Tú en qué eres diferente a los demás?
¡Tú eres muy especial!